Capítulo 2
Al salir Sora de la ducha, se resbaló cayendo al suelo y se golpeó la cabeza. En cuanto Riku escuchó el estruendo fue corriendo a ver lo que había pasado encontrándose al castaño tirado en el suelo y quejándose mientras se sobaba la cabeza
- ¿Qué ha pasado? – preguntó curioso.
-Me he resbalado- respondió el castaño. El mayor no pudo evitar reírse y le ayudó a levantarse tomándolo por el brazo, pero rápidamente Sora se libró de su agarre.
-¿Qué te pasa? – preguntó Riku sorprendido.
-¡Nada! – Exclamó molesto – vete que me estoy cambiando – dijo para poco después echar al mayor del baño mientras cerraba la puerta con un golpe seco.
Riku estaba algo molesto, no sabía qué podía haber dicho o hecho así que decidió esperar que saliese del baño para hablar con él. Quince minutos más tarde, finalmente Sora salió del baño.
-Creí que te ibas a quedar a vivir en el baño- dijo Riku burlonamente. Sora simplemente le ignoró y comenzó a caminar en dirección a la que durante el fin de semana sería su habitación. En cuanto llegó a esta, Riku, que lo había seguido, lo tomó por la muñeca obligando al castaño a mirarle
-¿Se puede saber qué te pasa? – pregunto cansado del mal ambiente
-N-nada –respondió Sora desviando su mirada
-Mentiroso, dime qué te pasa – Riku lo acorraló contra la pared cortándole todas las posibles salidas de escape. – ¿He dicho o hecho algo que te haya molestado? – Sora no respondió - ¡Háblame! – El castaño seguía mantenido su mirada fija en el suelo, estaba algo sonrojado y a punto de romper a llorar. El mayor hastiado lo tomó por la barbilla y sin mediar palabra lo besó suavemente. Minutos más tarde él mismo puso fin al beso y habló de muevo - ¿Qué te ocurre?
Sora tenía la vista clavada en la mirada de Riku y estaba completamente sonrojado.
-N-no deberías haber hecho eso
-¿Por qué? – preguntó con una media sonrisa
-P-porque si la chica que te gusta se enterase de esto seguramente no querría salir contigo – dijo mientras su tono iba disminuyendo
-¿Y quién te ha dicho que me gusta una chica? – Sora lo miro impactado
-Tú mismo lo dijiste antes… que había alguien que te gustaba…
-Y lo hay – le confirmó sin cambiar en ningún momento la postura en la que se hallaban
-¿Entonces no te gusta ninguna chica? – Riku negó con la cabeza – es decir que te gusta un chico, ¿no? – de nuevo le respondió sin mediar palabra alguna, pero esta vez de forma afirmativa - ¿P-puedo saber quién es?
-¿Tú qué crees?
-M….- dijo pensativo – no lo sé, en nuestro colegio hay muchos chicos. ¿Es Tidus? No te lo aconsejo, le gusta otro – comento tristemente
Riku no pudo evitar el pasarse una mano por la cara, no podía ser que le gustase alguien tan extremadamente tonto.
-Baaaaaaaka – le dijo a la vez de que golpeaba la frente con un dedo
-¡¿Por qué me pegas? – exclamó molesto
-Porque eres baka - respondió – no me gusta Tidus, ¿sabes?
-¿A no? Entonces… ¿Quién es el chico que te gusta?
Riku comenzaba a desesperarse, parecía que si no se lo decía no lo iba a pillar nunca
-Tú – dijo finalmente – eres tú ese chico que me gusta, baka – Sora se sonrojó nuevamente pero esta vez de forma más intensa
-D-de verdad… - Riku, cansado de dar explicaciones besó nuevamente a Sora y poco a poco lo fue guiando hasta la cama, Sora era algo torpe en el tema, pero aún así respondió gustoso al beso, en cuanto llegaron a la cama, Riku acostó a Sora en ella y dejó sus labios para bajar a cuello, Sora respiraba entrecortadamente y de vez en cuando dejaba escapar algún que otro gemido. Ambos estaban cada vez más excitados; Riku apenas podía controlarse y Sora a pesar del miedo no le detuvo. El peli plateado comenzó a desabrochar la camisa que se había puesto Sora cuando repentinamente sonó el timbre.
Fue difícil pero finalmente Sora logro quietarse de encima a Riku y fue a abrir la puerta.
-Hola Sora – lo saludó una mujer de mediana edad que llevaba de la mano a un niño de cuatro años más o menos con ella - ¿está Riku?
-Em... Sí deme un segundo – rápidamente, fue a avisar a su compañero que estaba en la habitación calmándose para que su notable erección bajase un poco y pudiese estar algo más presentable. Una vez estuvo listo, se dirigió a la puerta encontrándose con la señora.
-Hola tía, ¿qué ocurre? – ella lo miró aliviada.
-Verás sé que es un poco repentino pero mi hermana necesita mi ayuda y tengo que viajar, por lo que me sería de gran ayuda si pudieses cuidar de Roxas –ante la mirada atónita de su sobrino siguió hablando – por favor, no tengo a nadie más a quien pedírselo.
Tras varios instantes de silencio, Riku aceptó finalmente encargarse de él.
-Gracias, gracias; cielo te vas a quedar unos días con el primo, así que sé bueno, ¿de acuerdo?- Roxas asintió – Nos vemos cielo – y tras darle un beso en la frente lo dejó y se marchó. En cuanto Riku cerró la puerta, habló de nuevo.
-Roxas – lo llamó – este es Sora – lo presentó.
-Hola Sora-nee – exclamó el pequeño saludándolo y provocando que el mayor se riera.
-Soy Sora-nii – lo corrigió.
-Sora-nee – insistió el pequeño.
-Roxas, ¿por qué no ves la tele un ratito? – le sugirió Riku viendo que iba a ser una batalla algo larga.
-¡Bien! ¡Tele! – gritó este alegre. En cuanto quedó absorto, Riku cogió a Sora y lo llevó de nuevo a su habitación retomando lo que le habían interrumpido.
-E-espera, no deberíamos hacer esto – exclamó – hay un niño en la casa.
-Déjalo está viendo la tele – comento arrojando al castaño de nuevo en la cama y acostándose sobre él, para poco después comenzar a besarlo apasionadamente. Riku introdujo su mano bajo la camisa del menor acariciando su vientre y haciéndole jadear nuevamente. Apenas pudieron hacer poco más ya que fueron interrumpidos por una vocecita proveniente de la puerta.
-¡Yo también quiero jugar! – exclamó Roxas subiéndose en la cama con ellos y aplastando a Sora quien, divertido comenzó a jugar con él. Mientras tanto, Riku se unió también al juego tras maldecir varias veces su suerte. Iba a ser un muy laaaargo fin de semana y sólo acababa de comenzar. –"En fin" –pensó Riku – "ya me las apañaré de algún modo para que Sora sea mío". Fue lo último que pensó antes de que sus pensamientos fuesen abruptamente interrumpidos por culpa de un cojín que impactó de lleno en su rostro.
