I. A de ANTOJOS:
Ya con la comida calentándose en el rústico microondas de la pequeña cocina, Natsu se permitió; aunque sea, unos segundos de sueño. Era la cuarta vez que lo despertaban en la noche, había llegado de una misión exhausto, soñoliento, y con ganas de simplemente dormir como un dragón en pleno invierno y no levantarse hasta la primavera, así como hacía Igneel en ocasiones.
Placer el cual no podría realizarse por el hecho que simplemente; los capullos de flores florecían desde ya una semana atrás, lo sabía porque al pasar por los parques su nariz le picaba. Primavera era bella a cierta distancia solamente. Sin embargo y para su suerte; podía evitar una futura alergia si no caminaba muy seguido por las concurridas calles de Magnolia y seguía el camino de helechos y musgos al Gremio que tanto le encantaba.
Oh, como le gustaba ese camino. La vegetación adhiriéndose a su calzado. El recuerdo de Lucy y él haciendo una caminata, un día de pesca ─y otras cosas indecorosas─ a la vista de las estrellas sobre el suave césped cubierto de rocío; un suspiro de placer escapó de sus labios. Le recordaban tanto a su cama, tan mullidita, tan calientita y suave que…
El pitido del microondas lo sacó de su ensoñación haciendo que su cabeza chocara con la mesa, confuso abrió la puerta del aparato.
─ Ya hace un poco de fresco en las noches Natsu. Asegúrate de que llegue lo suficientemente caliente para no pescar un resfrío.
Recordando las palabras de la rubia; probó la sopa de fideos artificial, a su paladar estaba perfecto. Subió las escaleras y tras evitar caerse unas dos veces, tocó la puerta de la alcoba, otra manía ─ estúpida a su parecer ─ que había tenido que adoptar si no deseaba un Lucy- kick directo en sus partes nobles cuando la rubia y él empezaron a convivir ya formalmente si quería tener todos sus beneficios.
─ ¡Te habías tardado! ─ al cerrar la puerta, Natsu no le contestó y una mesa tallada en madera hizo su aparición sobre el vientre casi plano de la rubia. La olfateó, cuidadosa de que sea el sabor marisco con maní que específicamente había pedido. Su nariz se había afinado en esos dos meses, Natsu pensaba que su magia ya era contagiosa y maldijo a Igneel por ello y a su mala suerte de ser un esposo tan considerado.
Vio una luz cuando los ojos de Lucy centellaron al primer bocado de esa supuesta sopa, más parecía una masa gelatinosa por la mantequilla de maní que le tuvo que poner.
─ Está deliciosa ─ Natsu se recostó aliviado a su cama, cerró los ojos al primer toque de la almohada.
Había pegado el ojo por alrededor de media hora cuando sintió la voz inquieta de Lucy hablándole entre sueños.
─ Natsu, Natsu… ─ al ver que el pelirrosa no respondía decidió usar algo más drástico: la exageración. Algo común en ella ─ ¡Es de vida o muerte idiota!
─ ¡R-rugido del dragón del fuego!
Lucy se asustó, se cubrió todo el cuerpo con la sábana para evitar las llamas; pero cuál fue su sorpresa al ver que ninguna lama salió de la boca de su esposa, y este la miraba cansado. Boqueó como un pez hasta que recuperó la capacidad del habla; dispuesta a gritarle que era un idiota y en su estado no debía recibir sustos de ese tipo; pero el rugir de su estómago la hizo volver a su actitud dulce.
─ Tengo hambre.
Su tono meloso sólo significaba venganza. Porque sí, Lucy era vengativa; y más si se daba cuenta que algunas llamas se le habían escapado directo a algunas ropas ─ la mayoría de la rubia ─ que se encontraban en la silla frente a la cama.
─ Lucy… son las tres de la mañana ─ dijo ojeando el reloj de pared ─ No creo que el supermercado de Magnolia siga abierto a estas horas, ellos también tienen que dormir. Todos, tenemos que dormir.
Tras eso, se acostó a su lado; acariciándole la cabellera dorada en un intento inútil por dormirla. Un hipido obtuvo en respuesta.
─ Y-yo entiendo que esto, no te guste; a mí tampoco me gusta hacerte enojar ni molestarte… ─ ella trataba inútilmente de callar sus sollozos mientras Natsu abría los ojos angustiados.
─ ¡Lucy espera! No llores… yo, eh; te compraré lo que quieras tú sólo pídeme.
─ ¿Lo harías, no crees que soy molesta? ─ su mirada tierna le clavó directo en su corazón.
─ P-para nada ─ En realidad siempre eres así ─ No me tardo, tú sólo espera.
Saltó por la ventana mientras Lucy se acomodaba entre las sábanas, con una sonrisita malvada.
El intendente de la reconocida nueva cadena de mercados Magicwart terminaba al fin su turno en la sede ubicada en Magnolia. Estaba por cerrar la oficina con llave cuando un empleado irrumpió en la puerta visiblemente nervioso.
─ ¿Qué sucede? ¿No ha llegado todavía el envío de sodas? ─ un estruendo alertó a los dos presentes ─ ¡¿Qué demonios fue eso?!
─ ¡Los camiones descargaron hace quince minutos señor! El problema es un sujeto con aparente cabeza de chicle que acaba de entrar a la fuerza ─ confundido, el mayor en cargo logró divisar como dos agentes de seguridad intentaban inútilmente de impedir la entrada a un hombre aparentemente joven, quien desesperado, pasaba tres objetos por la caja registradora y arrojando el dinero en el proceso ─ ¿Qué hacemos señor?
─ Pues, al parecer ha dejado el dinero correspondiente por los productos. No parece ser un ladrón, y si lo es, uno muy estúpido. Ahora déjame salir que mi esposa me está esperando en el mejor motel de la ciudad.
Acto seguido, sintió como el piso debajo de él se desvanecía junto con su cuerpo. Jadeante, furioso y dispuesto a realizar una demanda vio cómo su preciada tienda estaba casi destruida por completo.
─Lo siento mucho. Mi esposa está embarazada. ¡Quejas y sugerencias a la puerta del gremio!
─ ¡FAIRY TAIL! ─ gritó al reconocer la insignia enmarcada en la pared junto con la demás escritura hecha a fuego. Ya en casa, el Maestro sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo en medio del sueño. Se abrazó a sí mismo con más fuerza.
Mientras, en una casa en medio del bosque; Lucy disfrutaba el pastel de fresa que Natsu le había traído. Lo vio cabeceando, exhausto; y no pudo evitar que su corazón se encogiera. Natsu había cumplido con cada uno de sus antojos y cambios de humor al pie de la letra ese día en especial; cuando después de una pelea ella le había reclamado duramente que el bebé también era su responsabilidad y que todo no era un camino de rosas. Se sintió culpable tras lamer lo último que quedaba de crema, y le incitó a Natsu a recostarse juntos.
─ Muchas gracias por todo, Natsu ─ le dio un besito en la nariz ─ Eres el mejor esposo que cualquier mujer podrías desear.
─ Y lo hago porque sólo te deseo a ti. ─ bostezó ─ Pero Lucy, en verdad necesito dormir…
─ Claro, ven acuéstate conmigo.
Juntos y acurrucaditos, se dieron un beso de buenas noches, apagaron la luz, y Natsu al fin destensó sus músculos para dormir aunque sea, un par de horas.
Pero su demanda nunca fue escuchada; pues a los pocos segundos, un peliazul interrumpió la puerta principal como alma que lleva el diablo.
─ ¡Natsu dime por favor que te ha sobrado aunque sea una migaja de pastel de fresa!
Al parecer Lucy no era la única con antojos esa noche.
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