Era su segundo año en ese país, había sido muy bien recibido por celestino y sus nuevos compañeros. Le tocó compartir pieza con Pitchit, un chico tailandés que logró ganarse su confianza, cosa difícil pues el japonés era muy reacio a sociabilizar.

Este pudo haber sido un día como cualquier otro, y digo pudo, porque algo cambió su rutina por completo.

- hoy no habrá entrenamiento, Celestino está con fiebre por lo que tenemos el día libre.

- ya veo – respondió Yuuri – podemos pasar el día haciendo algo distinto – dijo de manera animada, aunque ni siquiera se dio cuenta del pequeño sonrojo que formó en las mejillas de pitchit. Nunca se daba cuenta, ya que el tailandés se recomponía rápido.

- está bien ¿qué quieres hacer?

- podemos ir al cine, hace tiempo que no vamos, o también al museo de arte contemporáneo, escuché que hay una nueva colección, sino al parque de diversiones.

- no alcanzaremos a hacer las tres juntas, así que lo dejaremos a la suerte – acto seguido tomó un dado que tenía sobre la mesa – si sale 1 o 2, vamos al cine, 3 o 4, al museo, 5 o 6 al parque.

- ok – esa era la manera habitual de resolver sus problemas, ese dado había sido compañero de decisiones los últimos cinco meses, desde que a Pitchit se le ocurrió para acelerar el proceso de selección, pues Yuuri solía ser muy indeciso.

- 6, el parque será.

Se alistaron para ir, no quedaba muy lejos, por lo que no estaban apurados. Lo primero a lo que subieron fueron los autitos chocadores, ambos eran grandes fans de ese juego donde aprovechaban de descargas su ira contra otros jugadores inocentes que estaban haciendo lo mismo que ellos.

Salieron divertidos del lugar, lo siguiente fue un tobogán de agua, hacía mucho calor y la atracción te mojaba un poco, pero no lo suficiente como para ser incómodo. Salieron riendo por la cara de uno de los pasajeros que Pitchit alcanzó a fotografiar.

Siguieron subiendo a juegos dentro de todo suaves, y el tailandés iba publicando en redes sociales todo a su paso. De alguna u otra manera quería hacer ver a todos que la persona más cercana a Yuuri era él.

De pronto, vieron a unos niños de más o menos 12 años en una fila no muy larga, les llamó la atención porque un guardia los estaba regañando, y solo por curiosidad se quedaron viendo.

- por favor, déjenos subir

- no pueden hacerlo, lo siento, son demasiado pequeños.

Los dos niños se fueron frustrados, hasta que se fijaron en ellos. Sus caras se iluminaron de un segundo a otro.

- ¡ustedes pueden ayudarnos!

- ¿por qué? – preguntó pitchit algo extrañado ¿en qué podían ayudar?

- lo que pasa es que si subes a esa montaña rusa al final te darán esas camisetas – con razón tanta gente tenía la misma.

- y prometimos a dos personas que se las regalaríamos, pero no podemos subir ¿pueden por favor ir?

- por supuesto – dijo el tailandés - ¿vamos Yuuri?

Pero de vuelta solo recibió una mirada de horror total, las alturas no eran su fuerte, y ese recorrido tenía muchísimas caídas libres y vueltas rápidas, por lo menos en ningún momento terminabas de cabeza.

- n-no est-toy seguro

- por favor, se los pedimos – le dijeron los niños, finalmente por insistencia de los tres terminó accediendo. No muy convencido, pero al final terminó esperando en la fila a que llegara su turno.

Durante la fila ya estaba muy pálido, y fue peor cuando se subió al carro, apenas la atracción se empezó a mover sintió que la protección sobre su cadera no era suficiente, y como sus manos sudaban el fierro de adelante se le resbalaba de las manos. Su sorpresa fue mayor cuando pitchit, quien hasta el minuto quería impresionarlo con su valentía, estaba en sus mismas condiciones. Pero ya no había vuelta atrás, la atracción subía y subía.

Finalmente, se quedaron unos segundos en la cima, para empezar a bajar a toda velocidad. Fue instintivo, se abrazaron con la mayor fuerza que tenían, como si ante un accidente sirviera de algo. Estaban pegados uno al otro, pecho con pecho, mejilla con mejilla. Subían, bajaban y daban vueltas. De vez en cuando el peso de Yuuri quedaba sobre Pitchit, y otras veces todo lo contrario, pero ni se daban cuenta por la velocidad a la que iban.

Por fin minutos después todo se detuvo, debido a la adrenalina tenían el cuerpo algo adormecido, iban a mirarse sin recordar que estaban abrazados. Para cuando se dieron cuenta sin querer se estaban besando. Suavemente, sin ningún movimiento, pero beso al fin y al cabo.

Yuuri no se atrevía a hacer ningún movimiento, la impresión era demasiada. En cuanto a pitchit, con suerte podía mantenerse tranquilo al hacer su sueño realidad, era tal y como lo había imaginado, y se limitó a disfrutar el máximo tiempo posible el contacto, mirando cómo se sonrojaban las mejillas de su amigo.

No pudo resistirlo mucho tiempo más, con su mano tocó la mejilla de Yuuri e inició un liero movimiento, revolviendo todavía más los pensamientos de éste hasta que por fin la barra se levantó, se separaron y salieron como si nada hubiese pasado.

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- Días después pitchit me confesó sus sentimientos, pero yo lo rechacé, durmió en otra habitación unas semanas, hasta que lo olvidó y volvimos a dormir juntos.

- entonces ese fue tu primer beso

- y el de pitchit también

Se quedaron mirándose, la luz de la mañana de colaba por la cortina, y la almohada era demasiado cómoda como para alejarse de ella.

Si Yuuri se lo contaba de esta manera tan simple, entonces debía ser cierto ¿no? Pitchit superó esos sentimientos y nada más pasó, sino se lo contaría. Pero algo en su mente no estaba tranquilo ¿y si en verdad nunca lo superó?

Siempre que se lo encontraban en alguna competencia el tailandés abrazaba de manera efusiva a su novio, más que a cualquier otro patinador. Tiene sentido pues son mejores amigos, pero Yuuri, al igual que todo buen japonés, no suele hacer muestras de afecto en público ¿por qué pitchit es la excepción? Víctor debía esforzarse mucho para recibir cuanto mucho un abrazo o un simple roce de labios, y por lo general venían de parte propia, no del japonés.

Segundo. Pitchit vivía subiendo fotos con Yuuri. Es verdad que su instagram estaba lleno de fotos de los lugares que iba, las cosas que comía, y de él mismo, pero habían muy pocas con amigos, cuanto mucho alguna con celestino o con Chris, el resto eran todas con Yuuri. La explicación nuevamente podía ser que eran amigos, pero de todas maneras no se convencía.

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Habían pasado unos cuantos meses, muchos patinadores habían sido convocados para una exhibición de patinaje, no era una competencia, pero de todas formas era un evento importante y debían dar lo mejor de ellos mismos. Yuuri volvió a seducir a todo su público, Pitchit los alegraba y Chris daba hemorragias nasales a cuanta mujer se le cruzara por delante.

- debemos prepararnos para volver a hasetsu – le dijo Yuuri. Era algo tarde y debían preparar todo, era de mañana y el vuelo salía en algunas horas más.

Prepararon las maletas, guardaron todo lo que tenían en el baño, se ducharon rápidamente y pidieron el taxi. Iban saliendo cuando se encontraron con pitchit y Chris bajando por el mismo ascensor.

- Yuuri – saludó Pitchit - ¿a qué hora sale tu vuelo?

- a las 12

- el mio a las 12:30 vamos juntos al aeropuerto

- el mío también sale a las 12:30 – dijo Chris

- compartamos el taxi entonces – dijo Yuuri, sin notar que los celos empezaban a invadir a Víctor otra vez, pues pitchit no había dudado en tomarse una foto con él con la excusa de "foto de despedida del hotel". Durante toda la exhibición Pitchit se había mantenido pegado a Yuuri, como si quisiera estar a solas con él, pero Víctor siempre encontraba excusas para estar con ellos y no dejaros solo ni un momento, estaba seguro de que Yuuri era demasiado inocente como para darse cuenta que el tailandés seguía tras suyo.

Cuando el taxi llegó tampoco dudó un segundo en sentarse al lado de Yuuri, el japonés quedó en medio del tailandés y el Ruso, mientras que el suizo se quedó adelante. Hablaron de trivialidades todo el camino, no había más interesante que hacer tampoco.

La espera de los distintos aviones no fue mucho mejor tampoco, Pitchit se llevaba a Yuuri de un lugar a otro, como si quisiera alejarlo de Víctor, eran las 11:30, faltaba media hora todavía para el despegue del avión con destino a Japón. Lo único que pensaba Víctor es que tenía que soportar esa tortura solo 15 minutos más, pues debían abortar tiempo antes de la hora.

Podía notar en sus ojos la frustración del tailandés al no tener tiempo a solas con Yuuri ¿¡por qué acaparar su atención de esa manera!? Pensaba Víctor

Faltaban 10 minutos para el abordaje. Pitchit se acercó al ruso mientras que Yuuri miraba unos peluches de recuerdo.

- Víctor ¿me puedes prestar a Yuuri un momento? Necesito decirle algo importante – a ojos de Víctor su sonrisa era algo sínica ¿cómo le pide tiempo para confesarse otra vez al novio de esa persona?

Iba a replicarle, pero Chris lo llamó, no quería revelar su estado anímico en ese minuto, y no tuvo más remedio que ir con él. Estaba hecho una furia, y su mejor amigo era capaz de notarlo a simple vista.

- ¿por qué tan mala vibra? – le preguntó el suizo

- estoy seguro que pitchit va a confesarse a Yuuri – sus celos excesivos no le permitieron escuchar la corta risa de su amigo, iba a decirle lo que en verdad estaba pasando, pero decidió que sería más divertido que lo descubriera por su cuenta.

"los pasajeros del vuelo a Japón de las 12:00, por favor dirigirse al embarque"

Yuuri y pitchit iban saliendo de la tienda, se despidieron, y por fin abordaron. Yuuri no mencionaba al respecto. Finalmente, y como si se tratara de un deja vú, le preguntó a su pareja:

- ¿qué te dijo pitchit? – intentó sonar natural, pero el japonés, que ya tenía algo de experiencia con los muchísimos celos de su pareja, se dio cuenta que estaba celoso, probablemente por lo que le había dicho meses atrás. Pensó por un momento en dejarlo con la duda igual que la última vez para divertirse con sus reacciones, pero no quería hacerlo sufrir (de nuevo) tal vez a la próxima, de todas maneras había una forma molestarlo sin llevarlo al límite.

- me dijo que se había conseguido un novio. Intentó decírmelo durante todo el viaje pero siempre estabas cerca – miró por el rabillo del ojo como su novio se sonrojaba muchísimo por el malentendido que él mismo se había creado en su cabeza.

- y-ya veo

- te dije que pitchit lo había superado

- ¡lo sé! Pero no se despegaba nunca de ti

- porque desde un comienzo no nos diste ni un minuto a solas y no me podía decir su noticia más importante.

Víctor volvió a enrojecer, y Yuuri se reía interiormente por todo, mostraba al mundo su más linda sonrisa. En parte le gustaba que Víctor fuera así de celoso.

- y… ¿con quién?

- creí que él te lo había dicho

- nadie me dijo nada

- su novio es Chris

Víctor se quedó completamente sorprendido, y ahora que lo pensaba mejor, más detenidamente, y con un poco más de lucidez menal, cuando le mencionó a su amigo acerca de pitchit y Yuuri, éste se había reído en silencio.

Una notificación en el celular de cada uno interrumpió la conversación. Ambos abrieron sus respectivas redes sociales, pero ni de lejos esperaban encontrarse eso. era una foto de Yuuri durmiendo en un autobús con toda la cara pintada con distintos dibujos. La había subido Pitchit.

- ¡me dijo que la había borrado!

Víctor no podía parar de reírse, en especial por lo que ponía debajo. Minutos después le llegó un mensaje, ahora por privado.

"esto es por no guardar secretos"

bueno gente, eso fue todo, lol, espero y que les haya gustado. no suelo hacer cosas de humor, pero ya saben que cuando inspiración chan llega aparecen cosas geniales... hasta que decide irse y dejar las cosas a la miad U.U pero este no fue el caso :D

hasta la próxima