Inuyasha y sus personajes son propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei.
Yo solo los uso para cumplir mis mas alocadas fantasías.
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Paso 2
Podría decirse que todo comenzó a finales del frio invierno de ese año. Como todas las cosas que suelen pasar en la vida, ocurrió con algo bastante simple; Miroku tenia cupones.
Se los había regalado una hermosa jovencita mientras caminaba por la calle. Realmente solo los había aceptado para conversar con la repartidora, así que se sorprendió cuando se dio cuenta que se trataba de una degustación gratis de ramen por la inauguración de un nuevo local cerca de su Universidad.
Se había pasado casi todo el día invitando a alguna de sus atractivas compañeras a comer con él, pero cuando tienes la reputación de Miroku y especialmente cuando ya saliste con la mitad de ellas, las cosas tendían a complicarse.
Si... veces la vida de Miroku era dura.
—Oye, Inuyasha… —le había dicho a su amigo esa tarde, cuando salieron de clases— ¿Quieres ser mi cita hoy?
Naturalmente la reacción de Inuyasha fue una negativa rotunda que terminó con su bolso estrellado en la cabeza de Miroku.
—Con un simple no habría bastado… —suspiro el ojiazul acariciando el lugar maltratado por el golpe.
—No molestes, Miroku, estamos en temporada de exámenes. No tengo tiempo para eso.
El ojiazul se llevo una mano a la barbilla, reflexivo.
—Ah. Esa fue la respuesta que me dieron al menos tres chicas hoy…
Inuyasha lo miró molesto y volvió a estrellar su bolso contra él.
—Auch, ¿Por qué fue eso? —normalmente Miroku creía saber la razón de los golpes que recibía, pero estaba seguro de no entender este ultimo.
—No todos somos unos cerebritos como tu. Algunos debemos estudiar — respondió el peliplata. Estaba de mal humor y ahora se sentía ofendido— ¿Y podrías dejar de utilizarme como tu ultima opción de cita? Por qué rayos siempre haces lo mismo…
La brisa corría fría y a pesar estar a eso de las seis de la tarde el sol ya estaba ocultándose. Era increíble lo cortos que solían ser los días durante el invierno.
Miroku podía ver el vapor que salía por la boca de su amigo mientras continuaba quejándose. Si, el frio era una de las cosas que lo ponía de mal humor. Y él disfrutaba molestarlo.
Rodeo a Inuyasha por los hombros con su brazo y le dirigió una intensa mirada con sus profundos ojos azules.
—Inuyasha… — el aludido abrió sus orbes doradas algo incomodo por la repentina cercanía de Miroku y aquel brillo en sus ojos que resaltaba con el anaranjado atardecer— No eres mi ultima opción de cita. Debes saber… que siempre serás el primer chico en mi lista.
El peliplata cerró sus ojos fuertemente sintiendo una vena palpitante en su sien. Como odiaba a Miroku ¿Por qué diablos seguía juntándose con ese idiota?
Se escuchó otro golpe, seguramente producto del bolso de un molesto Inuyasha chocando con alguna parte del cuerpo de su único amigo.
Tras la discusión que siguió a eso y luego de que Miroku juntara las palabras ramen y gratis en la misma oración, Inuyasha terminó por aceptar y acompañarlo.
Ya había oscurecido para cuando finalmente llegaron al recién inaugurado local y no fue de extrañar que hubiese una larga fila de espera. Miroku subió su bufanda cubriendo su nariz, la sentía congelada y tardarían un rato en entrar. Por el rabillo del ojo observo a su amigo, tenia la nariz enrojecida por el frío y los brazos cruzados en su pecho indicaban que estaba molesto. No le dio importancia, se le pasaría cuando comiera algo caliente.
—¿Por qué no invitaste a Sango? —preguntó el peliplata de pronto.
— ¿Eh? —Miroku le dirigió una mirada sin entender — Bueno… los cupones eran solo para dos personas… —respondió como si fuera lo mas evidente.
—¡No te hagas el tonto conmigo! Sabes que no me refiero a eso… —mascullo Inuyasha molesto. Podía parecerlo, pero él no era tonto y sabia que algo pasaba entre esos dos.
Miroku solo se limito a sonreír, aunque a Inuyasha le pareció que en realidad había algo de tristeza en él. No pudo seguir preguntando porque en ese momento fue su turno para entrar.
El lugar se encontraba bastante lleno, la gran mayoría eran estudiantes como ellos. No era muy grande, era mas bien pequeño y acogedor, con la tradicional decoración japonesa y una iluminación cálida. Tomaron asiento en un lugar cerca de la ventana. La mesera no tardo en llegar, era de contextura delgada y de baja estatura, parecía algo nerviosa y torpe, aun así, era bonita o eso le pareció a Miroku porque comenzó con su habitual cortejo mientras la chica anotaba su pedido.
Inuyasha solo se limito a rolar los ojos ante las idioteces de su amigo, a veces sinceramente no lo entendía. ¿Realmente le gustaban todas esas mujeres? ¿O solo estaba acostumbrado a obtener la atención de cuanta chica bonita viera? Por su puesto él no tenia esas mañas, la verdad era que la gran mayoría de las muchachas le resultaban algo irritantes. Y aunque no lo pareciera, en el fondo, era bastante tímido. Sabia que le llamaba la atención a algunas de sus compañeras, había recibido mas confesiones de las que le habría gustado a lo largo de su vida escolar y después de haber entrado en la edad en la que el sexo opuesto irremediablemente comienza a parecerte atractivo, había salido con algunas. Sin embargo sus relaciones no solían durar mucho mas que un par de citas. Las chicas eran exigentes y se volvían demandantes al poco tiempo, para alguien como Inuyasha cuya paciencia era nula y su genio difícil de soportar incluso para sus amigos… bueno, era bastante obvio que no funcionaban.
— Las meseras de este lugar son bastantes lindas ¿no crees? —dijo Miroku suspirando como una colegiala, con su mentón apoyado en la mano y todo. — ¡Oh! Creo que se verían aun mejor con un traje de maid o tal vez con un de esos trajes de conejitas… no me molestaría venir aquí todos los días…
—No vendremos todos los días solo para que tu mires chicas, Miroku — a Inuyasha le estaban entrando las ganas de golpearlo, aunque normalmente ese era el trabajo de Sango— ¿Cómo es que aun no recibes una orden de alejamiento por acoso?
—Entre mirar y acosar hay una gran diferencia, mi querido amigo. —aclaro él, adoptando su tono serio y respetable.
—Suena a lo mismo para mi — le repuso entornando los ojos. —De todas formas ¿Por qué alguien perdería su tiempo en algo así? — dentro de las actividades diarias de Inuyasha sus prioridades se centraban en entrenar y comer y no había encontrado hasta el momento algo que le interesara mas que eso. Claramente espiar a meseras torpes no entraba ni siquiera en la lista.
—Inuyasha… —comenzó Miroku con algo de suspicacia en su tono, acariciando su barbilla— Siempre me he preguntado si tu poco interés por las chicas se deberá a… bueno, nunca has pensando que quizás tu… ya sabes…
El peliplata enarco una ceja, sin comprender a donde quería llegar su amigo.
—¿Qué estas insinuando, Miroku?
—No te alarmes, soy tu amigo. Y quiero asegurarte que si en algún momento decides que te gusta mas espiar a chicos meseros vestidos con trajes de maid o conejita, lo que tu prefieras. — Miroku acerco su mano a su pecho con dramática solemnidad— Yo, en nombre de esta amistad que nos ha unido durante años, te acompañare felizmente. Aunque claro, entenderé si prefieres ir con Sango…
El ojidorado quedó helado durante unos momentos, observando a su amigo que ahora aseguraba que no se enfadaría si de repente Inuyasha le confesaba que había estado secretamente enamorado de él durante todos esos años.
—…Quiero decir, tengo un gran atractivo y soy tu único amigo, seria bastante normal. Pero no te aflijas, yo seguiré siendo tu amigo….
Inuyasha sintió un tic a la atura de su ceja y sus puños cerrarse fuertemente. La sangre se le subió a la cabeza desatando sus mas bajos instintos asesinos. Su mente barajo las diversas posibilidades sobre como cometer un homicidio, desde la mas simple y con coartada hasta la mas sanguinaria con desmembramiento de extremidades y todo eso. Y ya que estaba bastante hambriento, si, quizás también podría incluir algo de canibalismo.
—… así que bien, dime ¿Serias activo o Pasivo? —inquirió Miroku de lo mas inocente, como si le preguntara si prefería lo dulce o lo salado.
Fue ahí que el chico explotó, golpeando la mesa con sus palmas al tiempo que se ponía en pie, completamente dispuesto a tomar a Miroku por el cuello y estrangularlo hasta la muerte. Ahí mismo.
—¡Oh, no!
Se escucho un gritito ahogado, como el pequeño chillido de un ratoncito.
—Oh, no… —comento Miroku, algo nervioso. Un sudor frio bajo por su nuca. Sabia que había llevado su juego muy lejos, pero es que enfadar a Inuyasha era uno de sus pasatiempos favoritos, solo que ahora…
El cabello plateado de su amigo estaba cubierto de fideos y algunas verduras, además de estar húmedo. Se había parado bruscamente sin notar que la mesera venia con dos grandes platos de ramen en la bandeja, los cuales ahora estaban desparramados sobre él. Y debían haber estado bastante calientes.
La reacción no tardo en llegar.
—¡¿Pero que demonios?! —rugió Inuyasha a la mesera— ¡¿Cómo puedes ser TAN torpe?!
La chica se encogió, atemorizada, parecía un animalito indefenso, intentando esconderse detrás de su bandeja. Sus grandes ojos castaños lo miraban asustados.
—y-yo… ehm… r-realmente lo siento.
—¡Lo sientes! ¡Eso estaba jodidamente caliente! ¡Y ahora estoy cubierto de fideos! —continuo, tocando su cabello y encontrándose con desagradables verduras húmedas— ¡¿Y que rayos es esto?! —estaba sosteniendo entre sus dedos un cuadrado de algo que parecía una masa misteriosa.
—C-creo que es t-tofu. —respondió ella parpadeando nerviosa.
—¿Tofu? — Inuyasha observo el cuadrado con el ceño fruncido — ¡Nosotros no ordenamos tofu!
Miroku se llevo una mano a la frente, intentando ocultar su rostro ante las curiosas miradas que los gritos de su amigo atraían de las otras mesas. ¿Por qué Inuyasha siempre lo hacia pasar esa clase de vergüenzas cuando salían? Como sea, debía intervenir, su amigo seguía desquitándose con la pobre chica y eso no estaba bien.
—¡Oye! ¿Podrías dejar de gritar? No puedes hablarle así a Rin, fue un accidente. —exclamó una fuerte voz femenina.
Una joven caminaba acercándose rápidamente a su mesa y como cual madre leona defendiendo a sus cachorros, se paro frente a él, mirándolo desafiante con su grandes ojos chocolate interponiéndose entre él y la torpe chiquilla.
—¡¿Y quien rayos eres tu? — exclamó él molesto— el asunto no es contigo. Piérdete.
Los ojos de la muchacha centellaron con furia. No parecía mucho mayor que la mesera a su espalda, quizás era un poco mas alta y definitivamente no estaba para nada asustada.
—¡Estas comportándote como un idiota con mi compañera, por supuesto que es mi asunto! — Inuyasha reparo en las ropas de la chica. Ah, también era mesera.
—¡Por si no te has dado cuenta estoy cubierto de fideos! —apunto acusatoriamente con el dedo a Rin — ¡Por ella!
—¡Fue un accidente!
—¡Me quemó!
—¡Y se disculpo!
—¡Mi cabello esta lleno de jodida comida!
La chica abrió su boca para continuar discutiendo, pero la pequeña mano de Rin tironeo su manga.
—Kagome, esta bien — la chica no quería que su amiga se metiera en problemas por defenderla — hay un baño al fondo, y-yo podría lavar su cabello si quiere…
—¡De ninguna manera tus torpes manos me tocaran!
—¡Te dije que dejaras de gritar! —exclamó Kagome.
—¡Tu también estas gritando! — se defendió él.
Kagome se masajeo la frente con los dedos, le dolía, había sido un largo día de atender personas y ya estaba agotada. Lo que menos necesitaba era una discusión con un cliente y especialmente cuando todos en el local tenían la vista puesta en ellos. Estaban armando un desagradable escandalo.
—Esta bien — decidió, mirando a Inuyasha fijamente — Acompáñame, te ayudare a limpiar tu cabello.
La voz de la joven mesera sonó demandante y antes de que él pudiera oponerse, Kagome ya había tomado su mano, jalándolo hacía -él suponía- el baño.
—Inuyasha —regañó la voz de Sango — ¿Estas escuchando?
—Ehm… si —mintió él. Intentando volver al presente, con sus amigos, en la sala de estar de su casa.
Sango lo conocía y sabia que a veces la mente de su amigo volaba lejos, como ahora. Soltó un suspiro agotado.
—Bien, el concierto es mañana. Le diré a Kagome que tuve un imprevisto y que Miroku… uhm… tiene diarrea.
—¿Qué? —Miroku forzó una sonrisa y pregunto cordialmente; — ¿Por qué yo debo tener diarrea?
—Porque si tienes diarrea no puedes ir a un concierto ¿no?
—No me refería a eso…
—Como sea —lo corto Sango— Inuyasha, así quedaras solo con ella. Sera tu oportunidad. No lo arruines ¿De acuerdo?
El chico asintió con la cabeza, dócilmente. Dudaba que esa noche pudiese dormir, su estomago se revolvía en una mezcla de nervios y ansiedad. Ansiedad de al fin poder salir con ella y… nervios. No podía evitarlo, estaba nervioso, porque conociéndose, seguramente lo arruinaría.
Otra inspiración nocturna, así que dejo otro cap por aquí, ojalá les guste.
Gracias por leer y sus reviews! me hacen feliiz y me animan a continuar escribiendo jiji
Nos leemos prontooo, cariños c:
