Caminaban juntos, estaba nevando, era una escena que podría considerarse linda, excepto por una cosa, el rostro de resignación de ella, Levy.
Ella aún lo repudiaba, podía aceptar que se hubiera unido al gremio, pero no que se intentase juntar con ella. Ella, aún odiaba a Gajeel.
No hablaban, ella no quería hablar, se supone que el la acompañaría hasta su residencia en un modo de caballería, no podía dejar a una chica caminar sola por la calle a más de la media noche, ella odiaba ese comportamiento de parte de él, solo era su método de enmendar sus acciones pasadas, eso odiaba.
Empezó a caminar rápido, quería que terminase lo más pronto posible, él, aumentó su velocidad en respuesta.
Al fin había llegado, su residencia, el edificio departamental del gremio. Se despidió y entró lo más rápido que pudo para no tener que seguir viendo a quien le había hecho daño.
Comenzó a recordar por su culpa los eventos de Phantom Lord. La principal imagen que recordaba de ello, era la del Slayer de fuego asaltando la base móvil enemiga, un escena que aún la emocionaba, pocos sabían la verdadera motivación de él aquella vez, cobrar venganza contra el otro Slayer por lo que le habían ello a ella misma, una cosa que adoraba de él... ... ... Cuanto extrañaba al Slayer de fuego.
En cuanto a la relación de aquella vez, aun se arrepentía de haberla cortado. Aún recordaba los tibios abrazos que tan solo él le podía proporcionar, lo mismo con todas sus muestras de afectó... ¿Cómo fue que esa relación terminó? ¿En qué momento se le había ocurrido cortar tan bella relación?
–Fui una tonta – estaba recostada en su cama rodeada de libros, se colocó una almohada en la cara y comenzó a dar patadas mientras repetía en voz alta lo mismo una y otra vez. Una vez se cansó de alegar, fue capaz de recordar el por qué lo había hecho; fue en una disputa, la única que tuvieron en ese más de año de noviazgo, fue tras la muerte de Lissana, el había quedado muy dolido, se resentía y se culpaba, ella, fue incapaz de entender su dolor, por su mente solo pasaba el que él le prestaba menos atención, fue un: "por que no te mueres y te lamentas con ella y no conmigo"... ... ... Esa frase había cortado su relación, durante los siguientes meses, él había intentado volver con ella tantas veces, ella se negaba. Para cuando ella estaba dispuesta a aceptar su propuesta, él, ya se había rendido. Ambos aun a día de hoy se seguían queriendo, mas ninguno sabia si el otro aún sentía lo mismo... ... ... No, ella sabia que él aun la amaba, pero hasta que se perdonase por sus acciones de aquel entonces, no intentaría volver con él.
Él los había visto salir juntos, desde que llegó ese tipo, perdía cada vez más sus esperanzas de volver con ella... ... ... Aun se arrepentía de haberlo dejado con vida aquella vez. Solo de dos cosas era capaz de arrepentirse; de dejar de intentar volver con ella y de haber dejado a ese maldito con vida. Bebió un poco más en el gremio y se retiró ates de llegar a emborracharse.
En su casa, poco podía hacer, cerró la puerta principal detrás de sí y se sentó en el suelo. Golpeó el piso ligeramente con su puño ardiendo y se maldijo para luego maldecir al otro.
–si le haces algo te mataré, bastardo –
Él sólo se digno a repetir con su espalda en la puerta ese "te mataré" al aire, cada vez, con más ganas de cumplir con ello, se levantó una vez se resignó y miró por la ventana, empañada por la húmeda nevada, inhaló y abrió la puerta, exhaló, cerró y salió corriendo, si ella estaba en su casa, iría a repetirlo por milésima vez, necesitaba reafirmarle, que la amaba.
Ella se levantó, se abrigó y salió corriendo de su apartamento, no podía pasar el resto de su vida arrepintiéndose, necesitaba volver a verlo y decírselo.
Por el camino que siempre usaban para ir de la casa de uno a la de otro, el camino más largo para pasar el mayor tiempo posible juntos, ahora no importaba el largo, solo querían llegar a su destino y verse. Un camino que evocaba recuerdos en ambos, un sendero lleno de todas las emociones y situaciones por las que habían pasado juntos, no importaba la nieve, la hora, no importaba nada. En el centro del recorrido, la plaza por la que siempre pasaban, una plaza que los había visto juntos infinidad de veces, cruzando la plaza, justo en el puente sobre el pequeño lago de esta. A un lado llegaba él, agotado; en el otro ella. Disminuyeron su velocidad al verse colocaron sus manos en sus rodillas y tomaron aire, venían cansados, cada uno de cada lado del corto puente de madera, una vez recuperaron el aliento, caminaron para encontrarse frente a frente a menos de un metro. Se sonreían, aún con la respiración agitada y con las bocas abiertas tomando aire, las piletas del lago se activaron junto con las luces de los faroles, cerraron sus labios y se dispusieron a hablar,... ya sabían como hablarle al otro, sabían lo que el otro iba a decir, aun así, necesitaban decirlo por ellos mismos, necesitaban decirlo para no dejar dudas ni en el otro ni en ellos, necesitaban decirlo, tres palabras, eso querían, eso deseaban.
Ocurrió a la vez, ambos querían decirlo primero.
–¡Natsu! ¡Te amo!
–¡Levy¡ ¡Te amo!
Sonrieron, ya lo habían dicho, ya estaba zanjado, ya no había arrepentimiento, ya no había nada malo, solo... ... ... ¿cariño? No, amor, eso era.
Se acercaron lo que más pudieron, ella, traía ese dulce sabor a labial, él, el agrio sabor a cerveza, pero no importaba, aun así querían.
Un abrazo, una revisada al olor que tanto extrañaban del otro, una mirada fija y un contacto de labios. Se separaron, tomaron aire y volvieron a besarse. Eso era todo lo que querían y necesitaban.
