En capítulos anteriores de "Un cani en Hogwarts"... La carta bramó un par más de eslóganes y siguió resistiéndose. Bajo la atenta mirada de Jonny y Minerva, Richard consiguió hacer callar al vociferador con sus propias manos, haciendo que su tía necesitara enjugarse las lágrimas de la emoción.
—Tenéis que venir a Hogwarts, —dijo McGonagall, casi podría parecer ilusionada. Casi. —El mundo se está perdiendo dos magos magníficos. Además, hemos convocado también a una chica de vuestro instituto y a su hermano. Seguro que hacéis buenas migas.
El nombrar a una mujer hizo que automáticamente, Richard y Jonny se miraran sin poder evitar una sonrisita.
—¿Está potentorra? —Preguntó Richard intentado paliar el hecho de que le habían pillado una suscripción al Playwitch, que desde luego, no es que fuera lo más viril del mundo.
—Es muy guapa, sí. ¿Por qué? —Contestó Minerva con una sonrisa. Pero nadie le respondió.
Ante aquello, Richard y Jonny se miraron como si hubieran sido poseídos por Clint Eastwood, y lo que llevaran en el bolsillo fueran pistolas, en vez del un mando a distancia y una bolsa de pipas. Se miraron casi retándose el uno al otro, y alguno habría podido jurar que había escuchado un silbido de música del oeste de fondo, pero ambos coincidieron en que quizá sólo había sido su imaginación.
Después de un par de minutos de renovado silencio y miradas asesinas, Jonny se adelantó.
—¡Me apunto! Nunca he querido ser fontanero, parecía mucho más divertido en el Mario Bros, en la realidad las setas las pagas tú, ¿sabes? ¡Cuente conmigo, tía Patacabra!
La mujer se llevó una mano a la frente en un gesto realmente similar al de su sobrino y negó.
—Es McGonagall, fue mi hermana la que se casó con el padre de este señor. Yo le dije que era mala idea. Pero dijo que prefería los cubatas al té de las cinco. —explicó algo desganada. —Y bien, recoged vuestras cosas, y vámonos.
—¡Vamos payá! Que le pongo un mensaje a la Vane y le digo que… que me han dicho que whatsapp se vuelve de pago y lo voy a tener que pagar… y que me niego a pagarlo. ¡Por mis cojones!
Richard rodó los ojos y lo intentó hacer entrar en razón.
—No seas mentiroso de mierda, Jonny. Dile la verdad.
McGonagall se llevó las manos a la cabeza y le quitó el móvil de las manos a Jonny que parecía teclear efusivamente mientras se mordía la lengua pensativo.
—No podéis avisar a los muggles de que sois magos. ¡Qué locura!
Richard y Jonny se miraron unos segundos y se encogieron de hombros extrañados.
—Bueno, entonces…—empezó Jonny. —No le digo nada ¿no? Le puedo decir que… voy a desaparecer, así to' misterioso.
Richard se echó las manos a la cabeza al ver a Jonny hacer gestos algo extraños intentando parecer misterioso con la gorra de medio lado y media cresta fuera. Estaba más cantado que el Ai si eu te pego.
—Jonny, tío, por tu bien, deja de hacer eso. Que pareces tonto.
De nuevo sus miradas se cruzaron y parecieron echar chispas. Los ojos castaños de Richard se cruzaron con los negros de Jonny que apretó la mandíbula.
—No te pego una paliza porque no quiero que mueras, Richard.
—No me pegas una paliza porque te saco una cabeza.
—Por eso también. —asumió Jonny aún intentando que no se notara lo mal que se había quedado. —Ya veremos el que ríe el último cuando tenga una varita to guapa, le voy a poner hasta fuego así dibujado. Van a flipar. ¡Eh! Tu tía dijo que se podían llevar animales. Llévate a Porro, yo me llevare un camaleón.
De nuevo, la subdirectora resopló.
—¿Una camaleón? ¿Para qué?
—Pues no lo sé, sigo sin tener claro que es una lechuza, así que prefiero un camaleón. Creía que era una errata y habíais querido que llevara una lechuga, no sé, por lo de la dieta mediterránea y tal.
El silencio incómodo y el gesto de incredulidad en la cara de McGonagall hablaron por si solos. Richard no pudo evitar una carcajada.
—Jonny, tío, no seas tonto. Una lechuza es como un búho, vuela y eso, ya sabes.
—Si lanzas la lechuga también vuela, cacho tonto. —contestó Jonny con un gesto de molestia infantil.
—¿Pero cómo puedes ser tan… uff? Eso no es volar, la lechuga planea.
—Sí, claro, ya veo lo que planea. ¿Y por qué no he escuchado ningún plan bueno suyo? ¿eh?
McGonagall intervino y les hizo callar.
—¡Silencio los dos! Por favor, tenéis suerte de que mi dominio del castellano sea limitado, porque podríais sacarme de quicio. —admitió exasperada por la absurda conversación. —Bien, a ver, Richie, los tatuajes fuera, no pueden vértelos, no quiero que los Malfoy comiencen una guerra mediática pensando que dejamos entrar a cualquiera en Hogwarts. Ya bastante que os saltáis algunos cursos.
Richard alzó las cejas y negó con una sonrisa.
—¿Cómo quieres que me lo quite? Es permanente, además, dime que no está to guapo. —dijo orgulloso enseñando el dragón que se enroscaba en su brazo apoyando la cabeza en su hombro.
Jonny hizo un gesto de aprobación que tuvo que retirar al ver la mirada severa de la subdirectora, que seguía sin pensar que aquello fuera factible
—Richie, no puedes dejar que te lo vean, ¿de acuerdo? Puede ser peligroso. —zanjó sin dar pie a que su sobrino contestara. —Y tú… Jonny… Piercings fuera. Oro fuera, gorra fuera.
Un gesto de indignación total surcó el rostro de Jonny, que casi de un salto se escondió tras la espalda de Richard.
—No dejes que me la quite, Richie. —Casi suplicó con un puchero en los labios.
—Tía, ¿no podemos dejar ese tema? Creo que Jonny quiere más a su gorra y a su piercing de la ceja que a sus padres. No le hagas esto. Yo me taparé el tatuaje, prometido. Nada de camisetas de tirantes, deja que se quede con la gorra.
—Bien. Lo que sea. —dijo McGonagall con una sonrisa satisfecha. —Haced las maletas, mañana por la mañana nos iremos a la estación.
Antes de que ninguno pudiera decir nada, la gatera chirrió dejando ver a un siamés algo rechoncho que les observó, haciendo que todos se giraran en silencio para mirarle casi sin saber por qué.
—¿Qué pasa? —Preguntó el gato con curiosidad con su voz de barítono.
Jonny se aguantó las ganas de escalarle a la cabeza a Richard del miedo y puso espacio entre el gato y él con un gesto de total terror.
—¡Oh, dios mío, Porro sabe hablar!
El gato se sentó en sus cuartos traseros y rodó los ojos.
—A diferencia que tú, por lo que tengo entendido. —dijo mirando sus uñas con tranquilidad.
Aquello de los silencios incómodos se había vuelto una constante vital aquella tarde. Jonny entrecerró los ojos y lo miró molesto.
—Has ganado esta pantalla, pero no te has pasado el juego.
Richard se plantó frente a Jonny y lo sujetó por los hombros.
—Jonny, el gato no habla. No es el put* Doraemon, ¿sabes? Es un gato, un gato normal. Y tú estás maullando de una manera muy extraña. —dijo Richard algo asustado mientras le miraba a la cara sin saber muy bien qué pensar de eso.
Jonny miró por encima del hombro de Richard al gato, que seguía mirándole mientras se lamía una pata.
—Se dice "has ganado esta batalla, pero no la guerra". Pequeño Jonny, ¿Malas notas en el insti? Al menos las clases de física debieron funcionar, esa gorra desafía las leyes gravitacionales.
El gesto de dolor y miedo de Jonny se volvió más agónico y le devolvió la mirada a Richard que seguía sujetándole por los hombros.
—Tío, me está hablando tu gato, te lo juro. Tienes que creerme, me habla.
Richard no sabía muy bien cómo tomarse aquello.
—Jonny, dile que sé dónde esconde sus revistas. Viktor Krum salía muy sexy en aquella portada del Quidditch Ilustrated.
El miedo en el rostro de Jonny se transformó en un gesto de inquietud y duda, mientras su mirada viajaba a la de su amigo con algo de incertidumbre.
—¿Quién es Viktor Krum? ¿Qué es Quidditch Ilustrated?
Richard se quedó lívido y miró a su gato furioso.
—Tú, maldito animal, como veo que te llevas genial con Catwoman—dijo mirando a Jonny intentando tranquilizarse. —Te quedas con él. Yo me buscaré otra mascota que no me venda por un niño con gorra. Me compraré un cuervo, así podrá sacarme los ojos, al menos me lo veré venir.
El gato se quedó en su sitio.
—No podrás verlo venir, porque no tendrás ojos. No tiene sentido, en realidad. —murmuró tranquilo. Claro que nadie aparte de Jonny le entendía. —Si sabe esas figuras tan complejas es porque por las noches lee a Poe en secreto. Cuando no está leyendo revistas guarras de magos.
La carcajada que se aguantó Jonny casi lo hizo morir asfixiado, haciendo que Richard lo mirara curioso, preguntándose qué era lo que le habría dicho, algo preocupado.
No hizo falta que preguntara, porque Jonny acabó estallando.
—¡Lees a Poe! ¡No le llega ni a la suela a Oscar Wilde! ¡Es para frikis! ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Escuchar a Bach? Todos sabemos que Chopin es mil veces mejor —se carcajeó haciendo que de nuevo el recibidor se quedara en silencio y que Richard y McGonagall le observaran como a un bicho raro —Ay, dios, que bueno, me ha alegrado la tarde. En fin, ya vale con los silencios estos extraños ¿no? ¿Hacemos las maletas o qué?
Por un instante, Jonny recordó que no estaba en su casa, y aquello traería un pequeño problema. Que no tenía allí sus cosas.
—Bueno, de primeras puedes quedarte al gato. Viendo cómo me ha vendido, puedes quedarte con él… debería haberme comprado un perro.
Porro asintió.
—Desde luego, al menos tendría sentido que le intentaras enseñar a hacerse el muerto y a dar la patita. Eso es para perros. Los gatos tenemos carisma. —murmuró de nuevo, y se giró hacia Jonny. —¿Te gusta el atún?
Jonny asintió, no muy seguro de querer hablar en gato delante de ellos. Porro se acercó a él para enredarse entre sus piernas.
—Bien, humano, ahora eres mi nuevo esclavo. ¡Sírveme!
—¡No me exijas! Te estoy adoptando, ¿vale? Esto tiene que ser una relación justa. La esclavitud se abolió, maldito minino.
—Tenía que intentarlo. —contestó el gato con tranquilidad siguiendo el pasillo hasta el salón.
Richard se desesperó ante tal bizarra situación, y no pudo más que intervenir.
—Deja de maullar, pareces… no sé. Algo muy raro, tío. Y no mola. Empieza a disimular eso de los maullidos, en serio. Da mal rollo. Quédate con él si quieres, yo creo que me compraré la lechuza, me han convencido. Ahora vamos al comedor, siéntate, tómate algo y relájate. —dijo preocupado mientras miraba de reojo a su tía que parecía realmente maravillada. —¿Qué pasa tía?
Por un segundo, casi pudo ver el brillo en los ojos de su tía Minerva, si no supiera que desde luego eso no podía pasar jamás. Ella no tenía brillo en los ojos, era severa y dura como el hormigón armado. Pero por un segundo, su tía pareció relajar el semblante.
—Jonny puede ser el heredero de Gryffindor. Sólo él podía hablar con los felinos.
Un gesto de incredulidad total cruzó por el rostro de Richard que negó y le tapó los oídos a Jonny.
—¿Qué estás diciendo? El símbolo de Gryffindor es un león, no un maldito gato siamés llamado Porro. Qué por cierto, ¿no puede ser que se le haya ido la pinza? Una vez borracho creyó que era la Caballé y se lió muy parda. La policía se lo llevó haciendo gorgoritos y cantando "Aquí está la navidad". Cogió conjuntivitis por no pestañear.
McGonagall se acercó a su sobrino y le puso la mano en el hombro con gesto tierno.
—Sois lo que andábamos buscando.
