Luego de un tiempo me di a la tarea de continuar este one-shot con un corto fic (desde ahora voy advirtiendo). La idea me gustó mucho y quería explicar mejor la situación que me imaginé al poner a nuestros queridos protagonistas en esta terrible serie de sucesos.

La actualización no va a venir tan pronto pero al finalizar el fic podrán saber si Souichi logró o no escapar (Por cierto, le puse un nuevo nombre a esta "parte de la historia"). Espero que sea de su agrado y me puedan dejar un comentario. Nos leemos :D

UN CRIMEN, UN PECADO, UN HUECO EN EL CORAZÓN.

CAPÍTULO 1: SUFRIENDO POR AMOR.

Despertaba de un largo sueño y mi vista era borrosa.

- ¿Q-qué fue lo que pasó?

Llevé una de mis manos a mi cabeza pues sentía como punzaba con fuerza. Escuchaba ese sonido metálico característico y entraba en pánico. Las miré y me puse a temblar.

- ¿¡Eehhh!?... Mis ojos se abrieron impresionados a la par. - ¿¡Qué es esto!?... ¿¡C-cadenas!?

Intenté quitármelas jalando ansioso con mis dedos esa rueda que aprisionaba mi muñeca. Usé todas mis fuerzas pero era inútil, necesitaba la llave.

- ¿Q-qué está pasando aquí?

Tuve un fuerte dolor nuevamente en mi cabeza y la masajeé. Sentía como si alguien me golpeara con algo muy pesado sobre mi cabeza. Entonces los recuerdos regresaron a mí y mis labios comenzaron a temblar al mismo tiempo que mi cuerpo se estremecía. Me abracé con temor para protegerme. Morinaga y yo estábamos teniendo una fuerte discusión, una como ninguna. Él estaba muy molesto pero yo no entendía el porqué, sus gritos se elevaron y jaló mi muñeca con fuerza; ahora que reaccionaba esta me dolía mucho. Yo también enfurecí por la manera en que me estaba tratando y decidí que lo mejor era irme del departamento, no tenía caso que nos estuviéramos gritando si no íbamos a llegar a ningún lugar. Le di la espalda para retirarme y fue ahí donde perdí el conocimiento.

- ¿¡QUÉ FUE LO QUE ME HIZO ESE MALDITO!? Apreté mis dientes y puños. Estaba más que molesto por esta broma que me estaba haciendo. Respiré aceleradamente por la rabia.

- ¿Cómo es que el muy imbécil tuvo el valor para atreverse a hacerme esto?

Estaba molesto e iba a buscarlo para que detuviera todo este espectáculo que estaba armando pero cuando me quise levantar no pude hacerlo. Me sentía mareado y ahora me percataba que mis pies también estaban rodeados por grilletes.

- ¿Eh?

Mis lentes no se encontraban en algún cercano así que mi vista tampoco era la mejor. Me acerqué a la mesita de noche y tomé el reloj que estaba en ella. La fecha era la de una semana después del último día que yo recordaba.

- ¿Qué demonios…? ¿Cómo es que pasó una semana… estuve dormido todo ese tiempo?

Algo más se encontraba en la mesita así que lo tomé y me lo acerqué. Era un frasco con letras pequeñas que decía "pastillas para dormir".

- ¿Qué? ¿Cómo es que consiguió esto?... ¿¡Morinaga estuvo drogándome todo este tiempo!?

Probablemente no había calculado bien la dosis y yo había despertado antes. Solté el frasco de inmediato y otra vez comencé a temblar. No entendía que estaba pasando, o tal vez era que no quería entender. ¿Cómo es que todo terminó tan mal? Simplemente no podía imaginar a un chico tan amable como Morinaga haciendo esto.

- N-no, e-esto debe de estar mal... si, quizás las olvido aquí cuando, cuando…

No, solo estaba mintiéndome, evadiendo la realidad con excusas. Me preocupé de sobre manera pero esperaría a que él regresara, tenía que haber una explicación completamente razonable y lógica. Debía de mantener la calma y en todo caso si se oponía a mí le daría un buen golpe. Esperé sobre mi cama y con mi cara reposando sobre mis rodillas. Pasaron al menos dos horas antes de que él volviera y mi mareo parecía haberse ido. Abrió la puerta de mi cuarto y al verme sentado dio un pequeño brinco, era obvio que no me esperaba despierto.

- ¡Morinaga, me puedes explicar qué demonios fue lo que me hiciste! Me levanté enojado y lo encaré. Lo empujé y él agacho su mirada tapándola con sus mechones.

- Te demando… no, ¡te exijo que me quites estos grilletes y me des una explicación antes de que te mate a golpes! Mi ceño se fruncía y de mis ojos hubieran salido rayos láser si pudiera. - Eres un maldito bastardo, no entiendo que es lo que pasaba por tu cabeza cuando decidiste jugarme esta broma.

Yo gritaba pero Morinaga ni se inmutaba, su actitud era muy extraña. El silencio permaneció por varios minutos hasta que una risa burlona se presentó, ¿es que acaso había perdido varios tornillos?

- Jajajaja… ¿una broma?, ¿en verdad crees que esto es una broma Senpai?

Levantó su rostro y me miraba con unos ojos penetrantes, desquiciados y turbios. La sonrisa que me mostraba era una insana y me provocaba terror ¿Cómo es que su cara podía hacer esa expresión? Tenía que tratarse de un sueño o más bien pesadilla.

- ¿M-morinaga?

- ¡No Senpai!

Me atrajo a él en un abrazó asfixiante y luego me depositó en la cama. Su agarre era posesivo y por las cadenas yo no podía defenderme, tenía miedo de lo que estaba por suceder. No estaba pensando con claridad. Sus ojos me miraban a cada instante, vigilantes, y podía ver ojeras bajos sus ojos.

- No voy a dejar que te vayas, no quiero que me dejes. Estado en la cama él nos mantenía unidos por el abrazo.

- ¿De qué estás hablando idiota? ¡Estas asustándome, suéltame!

Y en verdad que estaba aterrado. Se pegaba a mí y yo trataba de alejarlo. Forcejeamos pero su fuerza era mayor a la mía, sentía debilidad, no podía controlarlo.

- ¿Por qué mis brazos no responden como quiero?

Descansó su mentón en uno de mis hombros y me tomó por la cintura para sujetarme desde atrás. Yo seguía poniendo resistencia, buscaba golpearlo con uno de mis codos y sacarle el aire para que se alejara de mí pero en la posición en la que estábamos él no me lo permitía.

-¡Maldita sea! Estaba frustrado y asustado por su actitud.

- Senpai… Susurró en mi oído.

- N-no, déjame, no quiero que me hables, sabes que lo detesto. Sacudía mi cabeza en un intento de alejarlo de mi oído ya que sentir su voz retumbando y haciendo eco me derretía y hacía cosquillas.

- Senpai te amo, te amo, t-te amo… te voy a amar por siempre. Su voz se quebraba y presentía que lágrimas estaban por avecinarse.

- ¡Oye te digo que te detengas! ¿¡Acaso no me escuchas!? No, él estaba tan perdido en sus pensamientos que mi voz ya no llegaba hasta a él.

- Senpai, por siempre… vamos a estar juntos por siempre. Mientras lo declaraba sus manos se aferraban a mí y su cabeza se hundía en mi cuello. Estaba temblando ligeramente.

- Y-yo no…

- ¿Qué demonios se supone que diga? Claro que eso no va a pasar. Ahora estamos juntos pero eso no quiere decir que sea para siempre… nada es para siempre.

- M-morinaga eso es imposible. Afirmé y di voz a mis pensamientos. La vida es tan efímera y los sentimientos tan cambiantes.

- Te equivocas Senpai, yo voy a cuidarte y ver que nada te falte nunca. Tú solo tienes que amarme más todos los días. Me dio un beso en la mejilla mientras se acurrucaba en mí. Su respiración chocaba contra mi cuello y me hacía sentir extraño.

- ¿¡QUÉ MIERDAS DICES!? Volteé a verlo muy enojado odiaba que me trataran como a un mantenido. Él no entendía y tampoco escuchaba. - Estas actuando raro, ¡suéltame te digo! Tengo que ir a la universidad. Puse una excusa.

Tenía que encontrar una manera para hacerlo entrar en razón ahora que aparentemente me oía. Era como si su cerebro hubiera dejado de funcionar y solo se dedicara a decir estupideces sin sentido. Trataba de quitar sus manos sobre mí pero era difícil lograrlo sin lastimarlo, eso era lo que menos quería.

- Senpai, ya no tienes que ir a la universidad, no hay necesidad de que abandones el departamento… nuestro hogar.

- ¿Eh? ¿Q-qué es lo que… Lo que acababa de decir me heló hasta los huesos. Su tono de voz y lo aprensivo que estaba siendo no era una buena señal. Nunca lo vi tan dependiente de mí como ahora. Sus palabras eran demasiado aprensivas.

- Quédate por siempre aquí, junto a mí, en el lugar donde nos hemos demostrado tanto amor.

- ¿Pretendes que me quedé aquí encerrado? No bromees con eso, es una locura. Me movía con desesperación. Una intranquilidad invadía mi pecho y sentía como lo presionaba.

- Ya te lo dije Senpai no es ninguna broma.

- ¡Aahhh…nngh…!

Él muy maldito no terminó su oración cuando sus manos y labios me hacían preso del placer. Su lengua se paseaba por mi cuello y repartía besos desde mi oreja hasta mis hombros. Los besos se extendieron a la espalda y sus dedos trabajaban en mi pecho. Sabía que detenerlo una vez que iniciaba era imposible. No quería que me tomara de esta manera estando tan inestable y vulnerable. Me provocaba un muy mal presentimiento y las cadenas solo empeoraban la escena. No me gustaba sentirme acorralado, atrapado.

- M-morinaga, idiota no sigas… nngh, q-quítame estas cosas.

- Senpai no te resistas también lo deseas.

- ¡N-no es ver-dad… aanngh…!

Sus murmullos eran insoportables. Esa electricidad que se producía en mi piel, que la hacía erizarse, me recorría. Pero una inseguridad permanecía en mí y no me podía dejar llevar como siempre. Sentía los roces de Morinaga muy desesperados y algo temblorosos, estaba mucho más ansioso y desesperado.

- ¿Por qué sus caricias se sienten tan impacientes? ¿Por qué escucho ese temor en su voz?

- D-detente… M-morinaga…

Estaba angustiado y quería alejarme lo más pronto posible de él que sin medir la fuerza en mis movimientos eché mi cabeza hacia atrás y lo golpeé. Sus movimientos se detuvieron y sus brazos me liberaron. Giré mi cabeza y me acomodé para observarlo. Lo vi temblar. Mi respiración era agitada y podía ver como él notaba un poco de sangre salir de su nariz. La limpió con el dorso de su mano y se quedó mirando la sangre con sorpresa y las cejas alzadas en temor.

- E-esto es… Hablaba nervioso.

- M-morinaga lo siento ¿e-estas bien? Él se miraba muy inestable emocionalmente y me preocupaba a pesar de todo. No dejaba de observar la sangre muy impactado. Dio un pequeño quejido. Sin contestar solo me dirigió una mirada llena de rencor y jaló mi camisa para deshacerse de todos los botones de un tirón. Estaba molesto y la fuerza que usaba era demasiada.

- E-espera ¿qué haces? No…

Yo entré en pánico cuando lo vi tan fuera de sí. Era indignante no poder defenderme así que solo me dedicaba a gritarle pero él hacía caso omiso. Bajó mis pantalones y prosiguió con mi tortura. Mis gemidos se escuchaban con claridad al igual que mis lamentos, él estaba siendo muy agresivo y me lastimaba. Era como si se divirtiera con mi sufrimiento. Podía sentir la sonrisa formada en sus besos.

- Morinaga, espera… e-esto duele, aahhh.

Me estremecía y sin darme cuenta en algún momento comencé a lagrimear toda esa agua salada. Expresaba con exactitud mi sentir. No me percaté del llanto de no ser porque Morinaga me lo hizo notar. Era muy humillante.

- ¿Qué? ¿Lo disfrutas tanto que no puedes contener esas lágrimas de placer?... Senpai eres tan tierno.

Mordía deliberadamente mis labios, pezones y cualquier parte de mi cuerpo con la que se topara. Era realmente duro tener que soportar esos dientes atacar por todo mi cuerpo. Invadía mi cuello a placer y me masturbaba mostrándome lo habilidoso que era. Detestaba su sucia conversación describiendo cada una de las acciones que realizaba y diciéndome cómo es que mi cuerpo reaccionaba. Quería resistirme a esta clase de degradación, quería contenerme y no darle el beneficio de conseguir lo que quería pero cuando llegó el momento de culminar él me obligó a hacerlo. Atacó cada uno de los puntos para que me fuera imposible contenerme, conocía a la perfección la forma de ganar en ese campo de batalla. Apreté mis dientes para evitar que salieran esos sonidos tan vergonzosos y al mismo tiempo para que no pudiera disfrutar de su malicia. Desgraciadamente eso lo hizo molestar aún más.

- Senpai no debiste de hacerlo, me gusta escuchar tu voz y no quiero parar hasta arrancarte esas dulces melodías que salen de ti.

Selló mis labios ante cualquier queja, aunque para este punto estaba sumamente agotado y con pocas fuerzas para negarme. Tiró con fuerza de mis pantalones con la intención de deshacerse de ellos, olvidándose por completo de los grilletes y lastimando mis tobillos. Se disculpó descaradamente, abrió uno de los cajones de cercas y sacó algo que a mí me provocó pavor. Di un brinco cuando lo vi acercarse con tijeras y por mi mente pasó lo peor.

- A-aléjate, ¿qué intentas?

- Tranquilo, siento haberte lastimado pero esto solucionará nuestro problema.

Hipócrita. Él no sentía nada al lastimarme y sus ojos me lo confesaban. Con una escalofriante y lasciva sonrisa metió las tijeras por la parte baja y cortó de abajo hacia arriba. Ese metal recorriendo mi pierna me ponía sumamente nervioso y un escalofrío recorrió mi cuerpo; no ponía resistencia por miedo a que en un mal movimiento todo terminara en un desastre.

- Listo. Besó mi hombro y se acurrucó cerca de mí.

Tiró el pantalón fuera de la cama y cuando estaba por continuar se percató de algo.

- ¡Ehhh! ¿Senpai perdiste tu erección? Me vio decepcionado y habló en una especie te tono burlón. - No tienes que estar nervioso, voy a hacer que te sientas bien otra vez. Me sonrió con una tierna pero escalofriante sonrisa.

- Y-yo no quiero nada de e-eso... nngh…

Morinaga deslizó sus manos dibujando mi silueta. Una risa traviesa y unos ojos lujuriosos. Se posicionó en mi parte baja y sus labios en conjunto con su lengua comenzaron el trabajo en hacerme perder la razón. Iba tomando buen ritmo pero por primera vez tenía miedo de que decidiera hacerme daño, era diferente a lo usual. Atemorizado por su actuar cerré mis ojos y evitaba lo más que podía el contacto visual.

- ¡Por favor has que pare! ¡Por favor… que pare de una buena vez!

Ya no estaba seguro a quien o a que le suplicaba por ayuda. No quería que continuáramos de esta manera. No estaba bien, Morinaga no estaba actuando con cordura.

- ¿Por qué está pasando esto? ¿Por qué actúa tan extraño?

Su labor resultaba en cierta manera más complicada de lo normal pues yo no me dejaba llevar en su totalidad. Sus labios erizaban mi piel sumergiéndome en placer y temor. No podía detener las lágrimas y la habitación se llenó de gemido mezclados con gimoteos.

- Senpai… tienes que relajarte.

Más que como una petición lo hizo sonar como una demanda. Sin previo aviso, sus manos se posaron cerca de mi entrada y prosiguió estimulándola. Inició con dos dedos presionando el lugar con el que lograba que mi mente se desprendiera de toda razón, que comenzara yo también a perder mi cordura y perder control sobre mis actos. Mi cuerpo reaccionó como era de esperarse. Mi espalda se irguió y eché mi cabeza hacia atrás. Trataba de contenerme pero era inútil, me tenía acorralado.

- ¡D-detente! N-no… sigas… Con mis manos temblorosas intentaba detener sus manos, quería alejarlo.

- Sabes que en tu estado lo mejor es que te dejes llevar… igual que siempre lo haces. Dio un beso más en mi pecho y luego en mi vientre. Detestaba ese cosquilleo que dejaban sus labios.

Nuestros cuerpos aumentaban de temperatura y me daba escalofríos pensar lo que se avecinaba. Retiró sus manos y se posicionó sobre mí, podía ver sus ojos. No había ningún brillo, solo encontraba en ellos una mente perdida. Acarició mi mejilla pero su calor solo pasaba superficialmente no dejaba ningún sentimiento sobre mí como siempre lo hacía. Tan vacío. Tan pobre.

- Quiero estar junto a ti. Nada más que palabras vacías.

- ¡Si vas a hacerlo hazlo de una maldita vez! ¡Termina con todo de una vez por todas! No quiero que esto dure más de lo necesario.

Deseaba terminar con este sufrimiento, encontrar un error que me permitiera poner todo a mi favor. Estando entre mis piernas, las alzó un poco, besó una de ellas y en una estocada entró. Evadía con decepción la mirada y rogaba porque acabara lo más pronto posible. Cuan equivocado estaba. La noche fue tan larga como ninguna.

- ¿¡Por qué el amanecer no llega!? Incluso de esa manera… él no se detendría.

Estaba casi seguro de ello. Tomaba mis manos, jalaba las cadenas, me sometía. Jugaba con mi cuerpo y cambiaba de posición a placer. Era demasiado vergonzoso pero no tenía las fuerzas para defenderme y mucho menos para protestar. Estaba tan agotado que me sentía como un simple muñeco. El sudor en nuestros cuerpos. Las caricias sin sentido. Una y otra vez la electricidad que viajaba por mi cuerpo.

- N-no… ha sido… su-suficiente… Mis pulmones carecían de aire. - Ha s-sido… dema… nngh… demasiado…

En mi rostro las lágrimas ya se habían secado y ahora me sentía mareado. Mis ojos se entrecerraban y era difícil mantenerme consciente; aunque me preguntaba si permanecer junto a él sería mejor que solo rendirme al sueño.

- S-senpai mmnng… Ignoraba mis suplicas y solo se dedicaba a besarme, a satisfacerse.

- Morinaga… Mori… Mo… Mi voz se fue apagando.

Me percaté de sus brazos rodeándome, sus susurros colisionando contra mi piel, una que ya no sentía las cosquillas. Mis ojos se cerraron inevitablemente y escuché un último llamado.

- Senpai, te amo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- ¡MORINAGA!

Desperté en un brinco con el corazón tan acelerado como mi respiración. A pesar de lo borrosa de mi visión, con prisa, miré de un lado al otro en busca de su presencia. Nada. No estaba junto a mí o en cualquier lugar de la habitación. Observé las cadenas. Seguían ahí y ahora las zonas estaban irritadas y algo hinchadas, también podía ver rasguños aproximándose a ser cortadas.

- Ese imbécil ha ido demasiado lejos.

Antes de poder tranquilizarme un poco siquiera, me acerqué al reloj para ver la fecha.

- Solo han pasado unas horas.

Encontré un poco de alivio al no sentirme drogado pero era evidente el dolor en mi cuerpo. Jamás me había sentido tan cansado en toda mi vida. Habían golpes en mi cuerpo y sentía los ojos pesados. Quería seguir durmiendo por toda la eternidad. Traté de estirar mi cuerpo, lo más que me era posible, para relajar mis músculos.

- D-duele.

Contraje mi cuerpo al sentir una punzada. Masajeé mis ojos intentando despertar pero apenas podía mantenerme consciente. No escuchaba ningún sonido en el departamento y deduje que estaba solo. Me levanté con pasos inciertos y sosteniéndome de lo que podía. Al llegar a la puerta mi cuerpo reclamó por una necesidad básica y pude escuchar a mi estómago rugir.

- Es verdad, tengo demasiado tiempo sin probar bocado.

Sobé mi panza como indicándole a mi cuerpo que pronto conseguiría algo de comer. Sacudí mi cabeza para no quedarme dormido y cuando quise abrir la perilla está no giraba.

- ¿¡Qué demonios…!?

Forcejé la puerta por buen rato, golpeándola e incluso gritando por ayuda hasta que me percaté de algo: Había invertido la perilla y ahora el seguro se encontraba por fuera.

- ¿Estoy… encerrado?

Estaba impresionado, simplemente no podía creerlo pero luego de la noche anterior obligaba a mi cabeza a comprender.

- ¡Tengo que salir de aquí!

No había escuchado de algún reclamo así que era un hecho que me encontraba sólo. Por la hora y día de la semana Morinaga debía seguir en la universidad y no podía desperdiciar el tiempo y esta maravillosa oportunidad. Salir por la puerta iba a ser imposible, no tenía la fuerza que se necesitaba para derribar la puerta. Una lluvia de ideas fue lanzada a mi cabeza, tenía que encontrar la manera de salir ¡ya!

Busqué entre mis cajones y no encontré la llave de repuesto, el maldito se había apoderado de ella.

- ¿Y por qué no me sorprende?

Me estaba dejando llevar por la desesperación y mi mente se nublaba como acababa de ocurrir. Pasé por alto algo tan obvio. Mi estómago rugía y mi cabeza dolía. En el cajón de la mesita de noche encontré las tijeras que Morinaga había usado anoche y decidí ocultarlas bajo la cama mientras encontraba un mejor lugar; las usaría para escapar.

Entonces una idea llegó a mi cabeza.

- ¡La ventana! Había sido un tonto omitiendo una salida tan a la vista.

Me aproximé a ella con rapidez, tal vez no sería capaz de salir por ella dado que me encontraba encadenado pero al menos había la esperanza de gritar por ayuda. Estaba dispuesto a suplicar si era necesario. Puse mis manos sobre uno de los extremos y tiré con fuerza, con toda la que contaba. Comencé a gruñir por el cansancio y luego tomé un descanso. Normalizaba mi respiración y volvía a intentarlo. Así fue una y otra y otra vez pero de pronto me di cuenta que la ventana se encontraba pegada.

- ¡Esto no me puede estar pasando!

Las lágrimas de frustración fueron prontas en salir. Incertidumbre y total derrota fue lo que invadió mi pecho. Un hilo y gotas de sangre se deslizaron de mi dedo medio. Al parecer hice mucha presión y la mitad de la uña terminó rota. Ardía pero no se comparaba con lo dañado de mi cuerpo. La observé casi sin inmutarme, como si hubiera dejado de sentir por un momento. Busqué algo para vendarlo y encontré un pañuelo, era todo lo que tenía pues en mi habitación no había un botiquín.

Me resigné, me senté al filo de la cama analizando y tratando de idear algo que me sacara de ahí. Nada. Un silencio que me hacía compañía y ahora apreciaba. Las lágrimas que rodaban apenas era perceptibles. Observé con más detalle mi cuerpo y solo llevaba mi ropa interior.

- Eres un desgraciado.

Alcancé a decir con la voz ronca. Estrujé mis puños con rencor ya que esperó a que durmiera para quitar los grilletes y colocar la ropa interior ¿Qué tan humillado tenía que verme para estar satisfecho?

- ¡No lo reconozco, no tengo la menor idea de lo que sucede!

Me decía completamente alterado y revolviendo mis cabellos. Sentí como en mi corazón se formaba una grieta. La primera de incontables más.

… continuará.