Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta de Élite Fanfiction.
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HOLA!
Se que me demore un poquito en actualizar, pero la universidad y mi trabajo me han absorbido completamente.
Pasen y lean!
CAPITULO 1
Aparqué el auto a la orilla del acantilado, cualquiera que me viera pensaría que estoy pensando en saltar. Aunque no es mala idea, soy lo suficiente cobarde para no hacerlo. La vida no ha sido fácil para mí. Mis padres, cuando cumplí los tres años, se deshicieron de mí, dejándome en un orfanato. No hablé sino hasta que cumplí los 12 años, todos pensaron que era mudo, haciendo que todos me apartaran y me señalaran llamándome raro. Cuando entré a la secundaria fue más de lo mismo y los compañeros se inventaban cientos de rumores a mi costa, nunca les presté atención porque ¿para qué hacerlo?, me daba igual lo que pensaran de mí. En esa época era un chico bastante alto y muy delgado, haciendo que me viera desgarbado.
Cuando entré a la universidad para estudiar derecho mi suerte empezó a cambiar; entré a una hermandad e hice algunos buenos amigos, incluso tuve novia. De solo recordarlo me da risa. En ese tiempo todo estaba bien, conseguí un trabajo de medio tiempo para mis necesidades. Ganaba bien para ser de medio tiempo y consistía sólo en archivar documentos, fotocopiarlo y ser el mensajero o chico de los mandados. Fueron los mejores años de mi vida.
Hasta hoy, que fue mi graduación. Le iba a pedir matrimonio a mi novia luego de la fiesta de graduación, pero ¿a que no adivinan lo que me encuentro? Cuando voy a buscar a mi "novia"… sí, la encontré con un tipo que no identifiqué hasta el momento en que me dieron la cara cuando les grité. Fue tan cliché, me sentí tan estúpido al verla a ella y a uno de mis amigos teniendo sexo en el sofá de Jane.
Flashback
Llevaba en el centro comercial unas cuantas horas con Alice, mi mejor amiga. Ella es como mi hermana menor; yo no tengo familia y ella no tiene hermanos, así que congeniamos muy bien desde el momento que hablamos en clase. Ella es baja y tiene muchísima energía. Aunque a veces me desespera, no podría imaginarme una vida sin ella dando vueltas a mi alrededor.
—¡Alice! —Paré su verborrea por un momento, estaba hablando no sé qué cosas de zapatos y bolsos que combinan.
—¿Sí, Edward? —Me fulminó con la mirada cuando la hice callar.
—Oh, vamos no te enojes, he tratado de decirte algo importante desde que llegamos y no has parado de hablar. Dame un respiro, mujer.
Ella me rueda los ojos y asiente con la cabeza, como diciendo que continúe lo que tengo que decir.
—¿Puedo hablar? ¿En serio me das permiso? —pregunté haciéndome el sorprendido y luego soltando una carcajada al ver su cara de enojo.
—Eres un idiota —me reprochó ella luego de pegarme en el brazo, que estoy seguro le dolió más a ella que a mí—. Si vas a hablar habla —me apuró ella con cara de enojo.
—Ya, está bien —dije levantando mis brazos en forma de rendición. Ella rueda los ojos y suelta una risita y me anima a continuar con un gesto con sus manos—. Lo que te quiero decir es que ¿si me acompañas, por favor, a comprar un traje de gala y luego a una joyería?
—Lo del traje dalo por hecho, pero no entiendo lo de la joyería —me dice con la cara llena de confusión y no puedo hacer más que soltarle toda la verdad, que tengo planeado pedirle matrimonio a Jane está noche. Estoy esperando su reacción, ya que Alice odia con todo su ser a Jane, pero está en shock y luego:
—¿Te volviste loco, Edward Cullen?, ¿cómo se te ocurre si quiera pensar en eso? Acabas de terminar la universidad, ¿y tu vida?, ¿qué pasará con ella? Ya no saldrás con nosotros por estar con ella… ¿Cómo puedes ser tan tonto?, ella no es la chica para ti...
—¡Al! Hey, para, es mi decisión y ya la tomé, ¿ok? Ella es la que quiero para toda la vida, la amo y si no puedes entenderlo y apoyarme… lo siento por ti —dije serio.
—Sabes que te quiero, eres como mi hermano y no puedo dejarte solo en este momento si quieres unirte a esa... —No dijo lo que iba a decir—. No me pidas que la acepte porque no está en mí hacerlo, pero te apoyo —dijo ella dándome un abrazo—. Bueno, ahora vamos por ese traje y ese anillo que se nos hace tarde.
Y luego de decirme esto, me tomó de la mano y fuimos a buscar mi traje y el anillo de compromiso para mi hermosa novia.
Ya eran las ocho de la noche y estaba en la puerta de la casa de Jane, vistiendo una impecable camisa azul claro con un pantalón de vestir negro y un saco también negro. El anillo en mi bolsillo pesaba toneladas. Después de unas respiraciones, decidí entrar a darle una sorpresa a Jane, pero el sorprendido fui yo al encontrarla desnuda montando a uno de mis "amigos", Alec.
—¡Jane! —grité con todas mis fuerzas haciendo que ellos me miraran asustados—. ¿Cómo pudiste hacerme esto? —le pregunté con la voz quebrada—. Si yo te amaba, incluso te iba a pedir matrimonio esta noche —le dije sacando la cajita con el anillo—. ¡Contestá! —le grité haciendo que ella se exaltara y luego agachara la cabeza y empezara a sollozar y luego miré a mi supuesto mejor amigo—. ¿Y tú? Te reías de mí, ¿cierto? Las veces que te ayudé con tus trabajos, los consejos… Te sabes mi vida por completo, ¿y así me lo pagas, acostándote con ella? ¿Cuántas veces te dije que era el amor de mi vida y fuiste el primero en saber que me quería casar con ella? Vaya, ¡qué idiota fui! Ustedes se burlaron de mí, de mi confianza, de mi buena voluntad y ¿ASÍ ME PAGAN? ¡LOS ODIO CON TODAS MIS FUERZAS!
—Edward, yo... Lo siento, hermano —se disculpó Alec. Me reí sin gracia, ¿cómo se le ocurre decirme hermano?
—Tú no eres mi hermano, imbécil, esto que hiciste no se le hace ni al peor enemigo —corregí negando con la cabeza.
—Que tengan buena noche —[PP1] me despedí; esto último con medio cuerpo afuera de la casa, no quería estar ni un sólo minuto aquí. Iba subiendo al coche cuando escucho a Jane gritando mi nombre y pidiendo perdón. «¡Será cínica!» pensé para mis adentros y así arranqué el motor del auto y salí manejando rápido por las calles hasta llegar a las afueras de la ciudad donde había un acantilado y un claro a la derecha. Detuve el auto y bajé de él, no sin antes apagar el celular que desde que salí de la casa de Jane no había dejado de sonar.
Fin del Flashback
Y aquí estoy mirando al cielo preguntándome qué hice mal como para que me tocara esta vida. Llego hasta el claro y me acuesto en la hierba mirando al cielo y veo que pasa una estrella fugaz. Según los mitos, si le pides a una estrella fugaz un deseo, ella te lo concede. Por lo que cerré mis ojos y pedí que mi vida cambiara desde ahora. Volví a mirar al cielo para darme cuenta de que la supuesta estrella se estaba acercando a mí a toda velocidad, incluso podía ver llamas saliendo de ella. Como puede me levanté y, mandando una oración al cielo, me tiré a un lado justo en el momento en que ella se estrellaba en la tierra haciendo que yo perdiera el conocimiento.
Me levanté desorientado con dolor en la cabeza y empiezo a recordar como llegué hasta aquí.
—¡Mierda ! —exclamo levantándome lo más rápido que puedo al recordar que casi me mata un cometa o un asteroide o lo que rayos sea que haya caído del cielo.
Miro por todos lados buscando algún rastro de lo que pasó hasta que veo algunas llamas salir de alguna parte en el bosque. Debo estar loco porque cuando me doy cuenta estoy corriendo hacia ese lugar.
Al llegar me quedo asombrado con lo que veo. Esa cosa no es ningún cometa, es una jodida nave espacial. Mi primer instinto es llamar a la policía.
—Estación de policía, habla Amanda Griffin, ¿en qué puedo colaborarle? —Del otro lado suena una horrible voz nasal y parece estar mascando chicle. Es simplemente repulsivo.
—Sí, gracias Amanda. Es para reportar un suceso. —Me pareció escuchar un gemido. «¿Pero qué mierda?, ¿quién rayos gime en una estación de policía? Y menos cuándo se trata de un caso tan importante como éste. ¿Quién entiende a las mujeres?» me dije agarrando el tabique de mi nariz exasperado. Respiré profundo y volví a hablar—: ¿Amanda, está ahí?
—Sí… Sí… Claro —me contestó con una voz que parecía un gato ronroneado. Simplemente asqueroso— Aquí estoy, guapo —dijo con voz coqueta—, ¿cuál es la emergencia?
—Estoy en el acantilado a las afueras de la ciudad y se acaba de estrellar una nave espacial que está prendida fuego. Necesito que vengan a… Hola, ¿Amanda? ¿Está ahí? —No puede ser, la muy jodida me colgó el teléfono y… «Claro, imbécil, ¿quién no lo haría? Si pareces un loco llamando a mitad de la noche porque una nave espacial se estrelló aquí, ¡bastante creíble amigo!», se burló una vocecilla en mi cabeza. La mandé a callar y empecé a mirar todo lo que había a mi alrededor.
En la nave había unos símbolos que no entendí, seguí observando a ver qué más encontraba cuando escuché ruidos que venían de algún lugar en el bosque. «Ay Ed, ahora sí nos lleva el que nos trajo» decía mi vocecilla dándose la bendición miles de veces. Rodé los ojos y empecé a caminar hacia el extraño sonido. «Ey, ¿me escuchas? Soy la jodida voz de tu conciencia y exijo que des media vuelta. ¿Qué tal si es un oso o un tigre o… o…?
—Ya cállate, estúpida voz en mi cabeza. Aquí no hay tigres, o eso creo —dije algo asustado cuando de entre los arbustos sale corriendo un conejito asustándome hasta la mierda y haciéndome caer en el proceso—. ¡Puto conejo estúpido, me has asustado!
«Bien hecho Ed, te asustó un lindo conejito». Le rodé los ojos a mi vocecilla, que cada vez es más molesta. [PP6] Ya había dado media vuelta cuando escuché ese sonido y lo peor de todo es que sonaba detrás de mí. «Joder, sigue caminando, no voltees por lo que más quieras en tu patética vida. ¡Corre. La idea de tener una maldiita consciencia es obedecerle!». Todo esto decía "Pepe Grillo" mientras yo temblaba de pánico. Iba a morir. Una bestia fea, peluda y grande me iba a matar de la manera más sanguinaria posible.
Cuando por fin vi qué era lo que estaba detrás de mí, abrí los ojos como platos. Delante de mí estaba una mujer mirándome. Su cabello era rosado e iba vestida con un enterizo pegado a su cuerpo como una segunda piel; de hecho, la tela era del color de su piel salvo por algunas partes que iba de un color plateado. En sus ojos había duda reflejada, pero lo que hizo que realmente me asustara fue que sus ojos cafés de un momento a otro fueran color dorado oro.
—¿Qui—Quién eres? —pregunté con mis ojos muy abiertos, realmente ella me asustaba. Sus ojos ya no estaba dorados si no que ahora eran del mismo tono de verde que los míos. Ella bajó la vista a un extraño brazalete que tenía en su muñeca izquierda y luego de presionar algo en él, levantó la mirada hacia mí y con una extraña mueca en la cara que parecía una extraña sonrisa gatuna me dijo:
—¿Quién soy?, yo soy lo que ustedes, los humanos, llaman extraterrestre. Todo esto lo dijo antes de que yo cayera desmayado como una niña en apuros. «¡Debiste escucharme cuando te lo dije, ahora sí nos llevó el que nos trajo!». Fue lo último que le escuché decir a mi conciencia antes de perder el conocimiento. Solo llegué a este mundo de mierda y solo me voy. ¡Odio mi vida! O lo que queda de ella.
Espero de todo corazón que les haya gustado mucho, y nos leemos a la proxima
