Disclaimers: Los personajes pertenecen a la obra de Naruto cuyo autor es Masashi Kishimoto; son reproducidos con una finalidad meramente lúdica y sin fin alguno de lucro. El carácter de Hatoko fue creado por Kitsune-Megamisama para el fanfic de Hansoku: la forja de un nuevo futuro pertenece a ella íntegramente y es reproducido con su consentimiento.
Nota de la autora: Quiero pedir una muy extensa disculpa a todos mis lectores. Sé que me he portado muy mal retrasando tanto tiempo el capítulo dos pero apelo a su comprensión: la ajetreada vida de una viejita como yo me han puesto en un trabajo donde hay miles de cosas por hacer. También tengo otra excusa: Kitsune-Megamisama y yo hemos comenzado a incursionar en un proyecto personal por lo que estamos muy emocionadas con él.
Quiero destacar que la escritura de este capítulo fue muy difícil. Conservar las personalidades intactas de personajes que uno no creó es definitivamente de las cosas más difíciles en el mundo del fanfiction por lo que si no puedo mantenerme fiel al original y a la altura de sus deseos espero me disculpen; seguiré intentando elevar la calidad de la historia. No los entretengo más, disfruten este capítulo.
Ai Monogatari
II. Nunca le daría el gusto de verla llorar.
La mañana se sentía ligeramente fría; ráfagas de viento le hicieron esconder el rostro cubriéndolo con la larga cortina índigo de sus cabellos y ladeando la cabeza hacia la izquierda. Cerró los ojos con fuerza hasta que tuvo la seguridad de que no tendría problemas con el polvo en el ambiente, sin embargo la primera visión que tuvo la desalentó.
Había sido bastante agotador sacar la cantidad de cosas viejas que la abuela guardaba en aquella derrumbada cochera la cual jamás había tenido mayor uso que la de servir de almacén; si acaso en sus mejores momentos guardar el transporte de sus hijos. Debía aceptar que se había llevado más de una sorpresa: entre anticuados instrumentos de cocina, adornos navideños occidentales, viejos cuadros con marcos de madera roída y un sinfín de objetos gastados por la acción del tiempo encontró una cajita musical de estética victoriana y una fotografía de Satsuki, su madre, la mujer que había muerto al parir a su segunda hija y de la cual nunca se hablaba para bien en esa casa; una casa vieja y solitaria que no tenía mayor encanto que el de su propia antigüedad.
Le dedicó una mirada desdeñosa al Accord gris estacionado en la cochera. Ante sus ojos ese auto y su dueño habían llegado a romper la insípida calma en su vida: ya tenía suficiente con soportar las humillaciones y presiones de una abuela chapada a la muy antigua como para soportar ahora los hirientes sarcasmos de un primo demasiado autoritario. Volvió la mirada hacia el frente y contempló a una feliz Shizuka que regresaba de la calle dirigiéndose a ella.
-Ohayou, Hina-chan– la miró de pies a cabeza y sonrió. –¿lista para el colegio?
-Hai… -contestó ella sonriendo tímidamente como siempre.
-¿Te gusta el automóvil de Neji-kun? Vi que lo mirabas hace un momento. –inquirió Shizuka.
-No… -respondió Hinata volviendo la vista al objeto aludido y mirándolo desdeñosamente por segunda ocasión.
-Oh, ya veo… -susurró la mujer mientras su sonrisa adquiría un toque burlón.
La joven le prestó atención de nuevo. Una serie de ideas atravesaron su cabeza como un flash. La expresión en aquel rostro apiñonado le hizo darse cuenta de que la intención de su "nana" no era hablar del auto sino del dueño. Se sonrojó en cuanto dedujo el tipo de comentarios que vendrían a continuación. Para Shizuka cuando se trataba de Hinata el rojo no era una señal de "alto" si no de "continúa", la luz verde que siempre esperaba y que le daba pauta para embromar a la pequeña señorita de la casa.
-Como decíamos: en cuatro años la gente cambia mucho. ¿No? ¿Hina-chan?
-Ha… hai.
-Se parece mucho a tu tío y a tu padre cuando eran jóvenes… pero definitivamente tiene el cabello más largo. –comentó fingidamente dubitativa.
-Hai. –contestaba Hinata mientras comenzaba a caminar hacia la salida intentando dar a entender que daba por finalizada la conversación. No quería saber nada en lo que respectaba a su primo pero Shizuka no pensaba igual y el que la evitara tan abiertamente no lo veía como el final de la charla sino como la invitación no explícita para seguirla.
-También es muy alto. ¿Le llegas al hombro Hina?
-Hai. –se arrepintió en cuanto contestó.
-¡Ahja!… mira, ya te fijas en detalles. –rió abiertamente. Hinata se sonrojó nuevamente de súbito al mismo tiempo que dibujaba en su rostro una expresión horrorizada. –Pero tranquila querida; la verdad es que no te culpo. Seguro que tu primo tiene decenas de chicas muriendo por él. Joven, apuesto, inteligente, con un futuro prometedor…
El tono de voz de Shizuka disminuía conforme avanzaba con su enumeración. Ahora que lo pensaba mejor se daba cuenta de que la chica por supuesto no tendría el mismo futuro que su primo. Hacía mucho tiempo, cuando Hinata era apenas un pequeño bebé, sus abuelos habían decidido su destino. Miró el rostro de la joven: los ojos grandes y brillantes, la boca pequeña, la piel blanca, los infantiles pómulos sonrojados y suspiró. Algún día le pediría el perdón que tanto ansiaba escuchar de ella. Recuperó el hilo de la conversación cuando su interlocutora le dedicó una expresión confundida.
-Un futuro prometedor… -repitió mientras se agachaba y sacudía unas motas de polvo de la falda de la joven. El sonido de la puerta abriéndose de golpe llamó la atención de ambas.
-Ohayou gozaimasu. –saludó Neji serio e impertérrito. Hinata volvió la cabeza hacia su nana mientras devolvía el saludo tímidamente y escondía el rostro (y un furtivo sonrojo) detrás de sus cabellos.
-Ohayou gozaimasu, Neji-san. ¿Va a desayunar algo? – interrogó Shizuka mientras terminaba de ayudar a sacudir del uniforme de la chica las motas de polvo que habían quedado impregnadas cuando esta salió de casa.
-Iie…
-Me voy… matta ne. –interrumpió Hinata de forma abrupta mientras apuraba el paso. Los presentes la observaron irse y una vez desapareció ante el portal Neji continúo:
-Y tampoco comeré. Sayonara. –decía al mismo tiempo que se dirigía a su auto.
Las puertas automatizadas del estacionamiento se abrieron dándole el paso al Accord gris último modelo que salía casi "demasiado rápido".
Hinata daba suaves pellizcos a su nuca con la mano izquierda mientras que con la derecha llevaba, casi a rastras la back pack negra. No podía negar que desde el momento en el cual su primo había dado el primer paso dentro de la casa de la abuela su estrés había incrementado considerablemente. En todo momento le dedicaba miradas frías y desdeñosas, la hacía sentir incorrecta hasta en la manera de comer miso, le ofrecía sonrisas burlonas cuando la abuela le decía constantemente lo débil que era… en pocas palabras la hacía sentir lo suficientemente nerviosa como para confundir el color rojo con el azul. Suspiró, a pesar de haber dormido las mismas horas de siempre se sentía cansada. Agradecía que se aproximara el fin de semana y que la actividad extracurricular de la escuela fuera en las tardes lo que le dejaba sábado y domingo para descanso. Tan concentrada como iba no dio cuenta del momento en que el Accord gris la rebasaba por la derecha; lo que sí notó fue un frío vistazo que le dedicaba su primo desde el espejo retrovisor.
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-Felicitaciones, Shino. Tienes una investigación formidable. –dijo Kurenai a su alumno mientras posaba la mano derecha en el hombro izquierdo de su pupilo como señal de afecto. –Sería buena idea que consiguieras el apoyo de alguno de los chicos del club de arte para hacer las ilustraciones del catálogo.
El aludido solo asintió. Era verdad que la ayuda de un ilustrador iba a ser benéfica para el primer Catálogo Entomológico de Especies Residentes en Konoha pero también le interesaba dar seguimiento al proyecto de su amiga Hinata: una pequeña compilación de las plantas medicinales que en el pueblo residían. La búsqueda inicial de dichas muestras había resultado no sólo apasionante sino también muy fructífera no sólo para el trabajo de la Hyuuga también para el citado catálogo de entomología.
Shino Aburame tenía fama de ser un sujeto exageradamente serio en el pequeño círculo de estudiantes en Konoha pero también para su selecto grupo de amigos era un formidable compañero. Una persona tranquila, sabia y madura que no dudaba en ayudar a quien lo necesitara. Todos sabían que iba a ser un buen profesionista justo como su padre y hermano mayor, dos de los más reconocidos entomólogos forenses de Japón. Los Aburame eran una familia pragmática donde casi todos los integrantes eran científicos especializados en las áreas forenses de criminalística; famosa por haber resuelto algunos de los casos más difíciles no sólo en su país sino en el mundo.
Shibi Aburame se sentía orgulloso de sus hijos, en particular del menor: Shino. En una ocasión las puntuales observaciones de Shino en un caso especialmente difícil le habían ayudado a dar con el responsable; esto lo había convencido del enorme potencial e inteligencia de su hijo por lo que se sorprendió (tal vez demasiado) cuando se vio implicado en una vergonzosa situación con la heredera de los Hyuuga: Hinata. Había tenido que recurrir a medidas drásticas ante la indignación de la matriarca Hyuuga, Hatoko, pero aun cuestionaba la veracidad o el significado tan sórdido que se le había atribuido al hecho. Cualquiera que hubiese sido el verdadero problema había tenido que restringir la amistad de Shino con Hinata. Para Shibi era preferible evitar un conflicto en el que no sólo se inmiscuirían los Hyuuga sino también los Uchiha.
Por supuesto Shino no pensaba igual y se sentía absolutamente responsable por el castigo que Hinata había padecido. Quería resarcir el daño (casi de manera desesperada) pero no sabía cómo, así que en tanto no llegara el momento más oportuno para hacerlo intentaba mantenerse a raya hasta donde su responsabilidad se lo permitía.
-¡Se ha hecho demasiado tarde! –exclamó Kurenai al mirar la hora en el reloj circular del salón de clase e interrumpiendo las cavilaciones de Shino. –Será mejor que lo dejemos hasta aquí. Faltan pocos minutos para que anochezca y ustedes aún tienen que regresar a casa. -no dijo más, se puso de pie y recogió sus cosas mientras sus escasos alumnos hacían lo propio, al terminar les dedicó una amplia sonrisa y se despidió con la cortesía que podría ofrecer la prisa.
Kiba, Hinata y Shino contemplaron sin palabras la puerta por la que había salido su ajetreada profesora. Hubo un instante en el que el silencio se tornó incómodo pero en cuanto se dieron cuenta de ello Kiba interrumpió con una estruendosa carcajada.
-¡Vaya que Kurenai-sensei tenía demasiada prisa en llegar a casa con Asuma-sensei! ¿Por qué será? –fingió duda el Inozuka para remarcar la ironía.
-¡Kiba-kun! –exclamó una escandalizada Hinata ante semejante comentario.
-No es algo de nuestra incumbencia. –se limitó a añadir Shino seriamente.
-Bueno, sí, como sea… -le restó importancia el aludido. Miró a sus compañeros atentamente unos instantes al tiempo en que se extendía una amplia sonrisa en su boca. Por supuesto sus amigos sabían el por qué de la prisa de Kurenai-sensei. La nota de picardía que adornó sus ojos hizo que los nervios de Hinata se crisparan y Shino le dedicara una mirada desdeñosa que ocultó inmediatamente con los lentes oscuros que siempre acostumbraba usar. Para él eran como un par de bobos y sus familias, especialmente la de Hinata, unas estúpidas. No entendía cómo algo tan simple podía poner en aprietos una amistad tan profunda como la de Shino y Hinata. En su muy sincera opinión Shino se había portado demasiado bien, pero claro jamás nadie nunca se la había preguntado… -¿Quieres que te acompañemos a casa Hinata-chan?
-Mmm… no creo que sea buena idea, de todas maneras arigatou. –respondió la peliazul con un mal disimulado tono nervioso.
-¡Ohh, vamos Hina-chan, prometo que no te morderé! –comentó pícaramente. Por supuesto la intención había dado el resultado deseado: un color sonrosado se apoderó de las mejillas de Hinata.
-Vamos… -soltó Shino con voz cansina al tiempo que se dirigía a la puerta interrumpiendo la diversión de su compañero el cual se limitó a dedicarle una mirada de reproche.
-Gomenasai, chicos pero he quedado con Sakura e Ino-chan de verme. Hasta mañana. - se despidió Hinata sin dejar pauta a replica. Salió casi corriendo del salón dejando a sus compañeros atrás.
La noche había caído ya en Konoha cuando Hinata finalmente llegó a los casilleros. Se dejó caer después de suspirar resbalando por la pared blanca del lugar. Se sentía avergonzada con sus amigos; sabía muy bien que estaba huyendo pero con la abuela que tenía no podía darse el lujo de desobedecer: acarrearía penosas circunstancias y por ningún motivo quería más problemas.
Se levantó, limpió el polvo del molesto uniforme negro que tanto se ensuciaba y salió en dirección a casa. Por supuesto, como en todos los pueblos, al caer la noche el ajetreo se reducía visiblemente y Konoha no era la excepción a pesar de la cantidad de servicios que ofertaba. La chica caminaba tranquilamente sobre la acera con la back pack a los hombros. El trayecto no era muy largo por lo que iba despacio, sopesando la cantidad de tareas escolares que habría de hacer al llegar a casa.
-¿Creíste que me ibas a convencer con ese pretexto? Ni siquiera Kiba lo creyó. – Saltó al escuchar detrás de ella la profunda voz de su amigo Aburame que se acercaba con paso lento y las manos en los bolsillos. Por supuesto no pudo decir nada, tan sólo agachó la cabeza y se dio la vuelta mientras volvía a emprender el camino.
Nadie dijo nada. Ella sabía que él seguía caminando detrás, acompañándola silenciosamente a casa. El contemplaba la caída de los cabellos azules en su espalda, preocupado por la situación de su amiga. El silencio se veía interrumpido de vez en cuando por los ladridos de algún perro desconfiado desde las casas que habitaban. Faltaba poco para llegar al recinto Hyuuga. Era muy simple: doblar en la próxima esquina hacia la derecha y caminar sin desviarse un par de cuadras más.
Hinata consideró que era un momento prudente para decir adiós y guardar las recomendables distancias que los mantendrían a ambos fuera de los problemas. Dio la vuelta sobre sus talones e hizo una cortés reverencia a su compañero como signo de una muda despedida. Shino no dijo nada al verle partir, se limitó a atravesar la acera para observarla caminar la línea recta de siempre, escondido en las sombras de la iluminación eléctrica y retirándose una vez desaparecida su amiga en la oscuridad.
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-Se te ha hecho tarde… -señaló Hatoko a su nieta desde la puerta de la casona con voz fría. Por su parte la aludida casi se cae de bruces; un poco más de tiempo y la atrapan en in fraganti con "compañía prohibida". Fingió recomponerse lo más que pudo antes de dar su excusa.
-Gomenasai… Kurenai-sensei terminó la clase del club un poco más tarde de lo habitual. –explicó con tono suave y dócil, la voz que siempre medio convencía a su abuela de que todas las cosas marchaban conforme a sus deseos. La anciana pareció haber quedado convencida con la explicación pues no replicó nada más. Caminó dentro de la casa al tiempo que mandaba:
-Aseate, cenaremos en unos minutos.
Al llegar a su habitación se lavó los dientes y mojó un poco su cabello para aplacar algunas mechas rebeldes y devolverlo al elegante lacio de siempre, cambió el uniforme por unos jeans azul oscuro y se puso un suéter negro para cubrirse del frío en la casa. Bajo con los pies descalzos (vaya ironía) y no hizo ningún ruido hasta que llegó al comedor donde ya se encontraba la abuela esperando estoica como siempre a que la cena comenzara.
Se sorprendió un poco al notar que ni Hatoko ni Shizuka (que estaba de pie junto a la anciana) se movían de su sitio. Estaba acostumbrada a que en cuanto se sentaban las comensales la cena era servida pero esta vez no fue así… sopesó la idea de darse de frentazos contra la mesa al recordar que faltaba su primo.
-Konban wa. –escuchó la grave voz de Neji a sus espaldas y de inmediato se le erizó la piel del cuello. Casi se cae de la silla cuando se sentó frente a ella en la mesa y le dedicó una mirada que simplemente no pudo descifrar. La asustó un vetusto reloj de péndulo acomodado en una de las esquinas de la habitación cuando comenzaban a sonar las campanas para dar la hora: 7 p.m. en punto. Ni un minuto más ni un minuto menos. Se turbó ante la inaudita puntualidad de su primo el cual mantenía la misma posición estoica y erguida de su abuela. Shizuka tenía razón, Neji tenía el porte de un caballero, un auténtico Hyuuga del cual toda la familia se enorgullecía. Suspiró, se miró a sí misma y a sus pies descalzos y volvió a sentirse avergonzada de sí misma y su docilidad.
La cena estaba durando la eternidad aunque le sorprendía el repentino cambio de actitud de su primo: de las hirientes sonrisas había pasado a la cruel indiferencia, sin embargo se mantenía optimista y esperaba que algún día le ofreciera un saludo sino cordial como mínimo no forzado. Para variar, como en los últimos diez años de su vida a penas si charlaba con nadie. En esa cena como en todas las demás comidas que había degustado en esa casa la sumían en un absoluto mutismo que a veces se rompía cuando Hatoko le preguntaba algo o Shizuka le sacaba la plática en su habitación. Ese momento en el que Neji le dirigió la palabra fue inaudito, no sólo por la intención sino por el contenido en sí mismo. La pregunta retumbo en sus oídos y la escuchó como un eco sordo a una lenta velocidad. Por primera vez no le preocupó verse ante él como una retardada, de hecho por primera vez en muchos meses temió por su integridad física y moral. No le contestó se limitó a mirar a su abuela la cual tenía una expresión severa y disgustada que apenas si podía contener. Shizuka le devolvió la mirada horrorizada y volvió a caer en la cuenta de la pregunta que Neji había formulado: "¿Ese amigo tuyo que te acompañó a casa era un Aburame?" soltó abruptamente. ¿Cómo podía saber Neji de ese problema el cual su misma abuela se había encargado de encubrir incluso de su propio padre? ¿Qué le había hecho ella para que la odiara de esa manera y la delatará así? Ahogó el nudo de lágrimas que comenzaba a llenarle la cabeza de miedo. Sin duda él acabaría disfrutando el castigo más que su propia abuela la cual se había levantado de la silla en un movimiento brusco y muy impropio de ella. Se congeló en su silla cuando escuchó el asiento de la matriarca caer estrepitosamente, sintió que los ojos comenzaban a picarle pero se aguantó las lágrimas, nunca le daría el gusto a Neji de verla llorar.
-¿Estuviste con Shino Aburame? –interrogó con voz fuertemente inquisidora Hatoko, la cual lucía imponente en aquella furia cruel que la caracterizaba.
-¡Sólo me acompañó a casa porque ya era demasiado tarde…!
-¡Cállate. Te advertí de acercarte a ese crío Hinata. Sabes bien que en tu situación está absolutamente prohibido tener el comportamiento de una cualquiera… todo esto es por esas amiguitas tuyas. Pues bien, tendré que re-educarte! –Hizo una pausa para pensar el castigo el cual le vino casi de manera instantánea. Shizuka no respiraba a causa del pánico y Neji se encontraba absolutamente confundido. –Estás castigada. Permanecerás encerrada en tu habitación una semana entera. Shizuka sólo te dará de comer una vez al día y olvídate para siempre del privilegio de hablar con tus amiguitas. ¿Está claro? –Nadie respondió lo que volvió a encender a Hatoko y reformular fuertemente -¡¿Está claro?!
-Hai, Oba-sama… -respondió con un hilo de voz Hinata.
-Hai, Hatoko-sama. –completó Shizuka absolutamente nerviosa.
Hatoko Hyuuga era una anciana de 73 años, demasiado fuerte y lúcida tanto que controlaba a todo aquel que la rodeaba. Por supuesto nada escapaba a sus intereses.
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Neji y Shizuka se quedaron solos en el comedor cuando Hatoko tomó a Hinata fuertemente de un brazo para encerrarla en su habitación. Shizuka casi sale corriendo detrás de ellas pero recordó que se encontraba en una difícil situación: no podía ni debía contradecir las órdenes de Hatoko. Miró a Neji el cual la observaba de hito en hito; leyó en su mirada las intenciones de preguntar pero antes de que nada pasara hizo una breve reverencia y se apuró a andar hacia la cocina.
-¿Qué fue lo que sucedió Shizuka? –interrogó Neji, severo.
-Neji-san… no creo que sea conveniente hablar de estas cosas sin permiso de Hatoko-sama. –respondió solicita.
-Lo voy a preguntar de nuevo y espero una respuesta: ¿Qué fue lo que sucedió? –la mujer dudó un momento en responder pero al final tuvo que hacerlo ante la impaciente mirada de su interlocutor.
-Hinata-sama tiene prohibido acercársele a los chicos, especialmente a Aburame Shino. –dijo escuetamente, intento reandar su camino pero nuevamente se vio interrumpida.
-¿Por qué? –esa mirada fría y cruel en los pálidos ojos de los Hyuuga la desarmaba. Neji tenía demasiado de la seriedad de su tío pero también la crueldad de su abuela, tan solo esperaba que tuviera un poco de la comprensión de su padre. Suspiró se encontraba metida en un lío que podría traerle muchos problemas; se decantó por ser sincera e intentar sacar el lado sensible de Neji.
-Escucha, Neji-sama… las cosas para Hina-chan no siempre pintan bien. –calló un momento. –Ella no se encuentra en una situación ordinaria… verás, Hatoko-sama se esfuerza porque la familia salga adelante y Hinata está de consciente de ello pero es tan joven…
-Shizuka… -interrumpió Neji al tiempo que se ponía de pie. –aún no me has respondido.
Le parecía que el frío en la casa de repente había aumentado de tal manera que se le erizó la piel. Era una mujer mayor pero no podía negar que un chico como Neji, el cual había conocido desde muy pequeño, era imponente. La alta figura, pálida, de castaños cabellos y atuendo negro (como casi todos en aquella vieja casona) era imponente. Tenía la sensación de que los tan afamados ojos de la casa Hyuuga podían ver al interior de una persona; todos, sin excepción poseían esa cualidad tan atemorizante. Sabía perfectamente que sino lo decía ella finalmente el joven se enteraría por sus propios medios y una colisión de caracteres como los de Neji y Hatoko en esa casa una vez más acabaría hiriendo a más de un miembro en aquella desventurada familia.
-Hinata-sama está comprometida con un miembro de los Uchiha; con Itachi Uchiha.
Agradecimientos: a todos mis lectores especialmente a mis reviewers Kitsune-Megamisama, Miyako Hyuuga1912, Midori, Star Flowers, tsunade25, DarkLady-Iria, dagorfly, Tia Juh Thereza, antian y claressa . Muchas gracias, su apoyo es muy significativo para mí y me inyectan las ganas de seguir con este proyecto.
εΐз enero del 2009
