Personajes de S. Meyer
Gracias a los que me dejaron sus opiniones del primer cap! Les mando cariños y ojalá que también les guste este.
Jacob, Alice y las flores
(BELLA)
Dos días depués del enfrentamiento, estaba sentada en la oficina de mi padre ayudándole a transcribir unas fichas del personal policial. Resultó que mi padre se echo a reí a mandíbula batiente cuando mi madre y yo le contamos la odisea en casa de los Stanley. A él jamás le había agradado su cuñada ni su familia, pero mantenía un buen trato con ellos debido a Reneé. Dijo que yo era una señorita respetable y el que no viera eso, estaba ciego. El se declaró satisfecho por mi comportamiento y yo feliz, no le di mas vueltas al asunto.
Nos encontrábamos enterrados en papeles. Debía clasificar las fichas por orden de antiguedad y entre búsqueda y búsqueda desordenamos todo. A mi padre no le correspondía aquel trabajo pero, el ayudante asignado todavía no llegaba a la cuidad por lo que el debió asumir la tediosa tarea.
-¿Qué tal si le pedimos ayuda a Molly?- murmuró desesperado por el lento avance.
-Molly no ve bien papá. No podría leer estas letras tan pequeñas.- Yo mas bien me hallaba divertida en el caos.
-Claro- dijo distraído
Desde el salón se escuchaba como mamá tocaba el piano. Nos deleitaba con algunas piezas de Chopin, bastante relajantes.
- Dile a tu madre que toque algo más alegre, o me dormiré aqui mismo.- se rió de su mal chiste
-¡Mamá!- grité asomándome a la puerta. La música cesó.- ¡Papá se está durmiendo!- Escuché la risa de mi madre, y luego comenzó la melodía "Para Elisa". Volví a enterrarme en los pergaminos y vi que mi padre me miraba con los ojos entrecerrados.
-¿Qué?- pregunté con inocencia
- No había necesidad de gritar-
-Claro que la había. Si me iba de aqui, no iba a regresar papá- dije como si fuese obvio. El rió.
Escuché que llamaban a la puerta principal. Mamá dejó el piano y escuché algunas voces, pero al no llamarnos a mi o a mi padre, seguí enfrascada en las fichas.
-Bella, será mejor que te lleves estas fichas al comedor, ya estan ordenadas y si siguen aquí se van a confundir con las demás.- Me entregó un montón de documentos cuidadosamente ordenados. Los tomé y me dirigí con paso cuidadoso al comedor. Charlie me quemaría viva si gracias a mi torpeza innata los botaba y se desordenaban de nuevo.
Mi suerte sólo llego hasta la puerta.
Al abrirla, no esperaba que alguien estuviese justo afuera. Así que di un paso mirando fijamente al piso, choqué con un cuerpo y de alguna manera, me las arreglé para enredar mis piernas con aquel ente. Me fui directo al suelo y estiré mis brazos de modo instintivo para no golpear mi cara, soltando en el acto las fichas que revolotearon escandalosamente a mi alrededor. Alcancé a pensar "Charlie va a ahorcarme", cuando unos fuertes brazos rodearon mi cintura, evitando el golpe y sosteniéndome de manera firme, al tiempo que escuchaba una risita ahogada. Los brazos me levantaron en para dejarme de modo vertical sobre mis pies. Y observé al dueño de aquellas extremidades.
Un joven moreno y guapo me miraba con aire divertido. Tenía unos ojos negros y cálidos, enmarcados por espesas pestañas negras. Un rostro amable y una sonrisa blanca y luminosa. Era muy alto, muy por encima de mi metro sesenta y cuatro, y se notaba musculoso debajo de su ropa formal. Cuando se aseguró de que ya estaba estable sobre mis pies, soltó su agarre sobre mi cintura. Lo miré muriendo de verguenza en mi interior, me sonrojé furiosamente y obligué a las palabras salir de mi boca.
-¡Lo siento! No lo vi. Discúlpeme por avalanzarme de ese modo. Soy distraíada y...- El se rió fuertemente interrumpiendo mi patético discurso.
-No es necesario disculparse- dijo con voz ronca, todavía divertido- Iba justo a llamar a la puerta cuando apareció, señorita.- Me sonrió amistosamente- Me alegro haber estado ahí para evitarle el golpe.-
-¡Ah! Sí, Gracias por eso. Me ahorró unos buenos cardenales.- Le sonreí de vuelta.
-Mi nombre es Jacob Black, señorita Swan. Soy el nuevo ayudante de su padre.- me ofreció su gran mano. El modo formal en que hablaba no calzaba para nada con él. Además parecía tener más o menos mi edad.
-Llámeme Bella, Sr. Black-
-Sólo si me llama Jacob, Bella.- Me alegró que no pusiera excusas, generalmente todo el mundo insistía en "Srta. Swan".
Escuche un ruido a mi espalda y a mi padre murmurar "Carajo... las fichas" Me volví para verlo salir de la oficina con toda la disposición de convertirme en cenizas, pero de nuevo, la presencia de Jacob me salvó. El se adelantó un paso.
-Jefe Swan, soy su nuevo ayudante. Jacob Black- mi padre estrechó su mano. Lo que me iba a decir quedó atascado en su garganta y sólo murmuró un "mucho gusto". No parecía que pudiese articular otra palabra de modo que me volví a Jacob.
-Mi padre y yo hemos estado trabajando toda la mañana en las fichas de personal, y francamente, somos un desastre.- El se rió
-Yo me puedo hacer cargo de eso inmediatamente- Mi padre lo miró como si le hubiese ofrecido oro.
-Gracias, Sr. Black. No sabe que alivio resulta para mi oírle.
-No hay problema-
-Puede instalarse en mi oficina. Sólo necesito sacar algunas cosas.- Volvió a entrar a su despacho y yo me agaché a recoger el desastre de papeles en el suelo.
-Permítame hacerlo- dijo quitando los papeles de mis manos, y recogiendo algunos más. Pero yo lo ignoré y seguí ordenado los documentos. Habían algunos debajo de una mesa al lado de la pared. Me puse a gatas y me estiré para alcanzarlos. Sentí una risa ahogada.
-Déjeme hacerlo, Bella-
-Yo soy mas pequeña. Seguro que usted no cabe aquí. Los sacaré en un segundo- Seguía estirándome para alcanzar la bendita ficha. Escuché otra vez la risa ahogada, pero ahora seguida por una voz súbitamente furiosa.
-Isabella- era mi madre. Estupendo- ¿qué haces debajo de una mesa? Hazme el favor de salir de ahí.- Mientras salía hacia atrás con la ficha en mis manos, mi madre volvió a hablar con un tono moderado- Discúlpela, joven Black. Ella es muy educada pero también testaruda y...-
-Madre- dije cansinamente entregándole el papel a Jacob. Sus ojos brillaban con diversión contenida. Estaba empezando a agradarme mucho.- Estaba sacando un ficha. Mi padre jamás me perdonaría si se perdiese alguna. Pero tienes razón.- volví a mirar al joven- Discúlpeme, Jacob si lo ofendí con mi comportamiento.
-Isabella- dijo mi madre de vuelta al tono furioso- No te enseñé a dirigirte a los demás de ese modo irrespetuoso.
-No se preocupe, Sra. Swan. Yo le pedí a su hija que me llamara así.-explicó Jacob- Tenemos casi la misma edad, la formalidad no es tan necesaria. Además, ella no me ha ofendido de ninguna manera. Permítame felicitarla por la maravillosa hija que tiene. Puedo ver que se parece mucho a usted. De seguro se siente orgullosa de ella.-
Mi progenitora se quedó algunos segundos en silencio, y con un tono de voz amable agregó:
-Gracias, joven. Por supuesto, estoy muy orgullosa de ella.
-Tiene usted una hermosa familia. Mi madre siempre dice que una buena familia es resultado de una gran mujer. Puedo ver que usted no es la excepción Sra. Swan.- Reneé le sonrió. Jacob Black acababa de salvarme de las garras de mi madre. Mi afecto por él aumentó considerablemente.
En ese momento Charlie llamó a mi madre y ella se excusó entrando en el despacho. Yo le sonreí abiertamente a Jacob.
-Por lo que veo, usted sería capaz de venderle hielo a los esquimales. Gracias por evitarme los regaños de mi madre. Ella piensa que soy un poco deslenguada y que me falta alguno que otro tornillo en la cabeza-
-No tiene porque agradecerme. Además yo veo su lengua y su cabeza muy bien.
Mé quedé atónita ante su frase. Luego exploté en una caracajada y él me secundó
-De todos modos, tengo experiencia con madres que esperan hijos más correctos.- al ver mi confusión explicó- Mi madre, Dios la bendiga, cree que soy extraño pues me río y burlo de todo. Piensa que un caballero debería ser mas serio y recatado, ya sabe.
Al haberlo escuchado reír prácticamente todo el tiempo durante los últimos 5 minutos en que le conocía, podía entender perfectamente lo que me decía.
-No considero que reírse sea malo. Más bien lo contrario
-Lo mismo le digo a mi madre, pero no me escucha.
-Quizás me escucharía a mi. Y así podría devolverle el favor que me acaba de hacer con la mía.
-Seguro. Si alguna vez viene a visitarme, la traeré por aquí y usted podrá explicarle los beneficios de la risa, y alabarme, diciéndole el maravilloso hijo que tiene- su divertido descaro me hizo reír más.
-Tengo la impresión joven-contesté en un tono falsamente formal- que usted se encarga muy bien de dejarle eso en claro a su madre, sin ayuda alguna. De todas maneras, le debo un favor y cuando la conozca lloverán las alabanzas hacia su persona.
-Gracias, jovencita -respondió imitando mi tono.- En cualquier caso, no se preocupe, no será pronto. No creo que mi madre venga a visitarme hasta unas semanas más.- Una sombra cruzó por sus ojos, aunque sin borrar su expresión amable
-¿Usted no vive con ella?
-No. Mi familia vive en un pueblecito cerca de Washington. Yo vine para trabajar aquí con su padre. El y el mío se conocen hace años.
-¿Cerca de Washington?- busqué en mi memoria por amigos de mi padre que pudiesen ser el padre de Jacob.
-Si
-¿Cómo se llama su pueblo?
- Forks- no me sonaba para nada.
- Creo que nunca he estado ahí.- Abandoné la búsqueda mental de los parientes de Jacob -¿Y dónde se hospeda aquí?
-Con unos amigos de mis padres que se trasladaron aquí hace aproximadamente un año.- noté cierta molestia en su voz
-¿No le agradan?
-La verdad, no mucho- respondió con una sonrisa blanca. Parecía sorprendido ante mi directa pregunta.
-¿Quiénes son ellos?
-¿Sabe que hace muchas preguntas?- me ruboricé y abrí mi boca para disculparme, pero el agitó su mano- Clearwather es su apellido. ¿Los conoce?
Hice un mueca. Los conocía de toda la vida lamentablemente. Eran íntimos amigos de los Stanley y una copia exacta de ellos. Su hija Leah, era, a su vez, amiga de Jessica y decir que no me agradaba era poco. La detestaba
-Al parecer si.-dijo observando mi rostro
-De toda la vida.
-¿Y tampoco le agradan?
-No demasiado- contesté - La verdad, lo compadezco un poco, Jacob.
-¿Tan pronto me gané su compasión?-rió.- No se preocupe, de todas maneras, no planeo quedarme allí mucho tiempo. En cuanto ahorre lo suficiente pienso buscarme un lugar propio.
Lo observé, ahí parado en frente de mí con su sonrisa y su manera de ser franca y honesta, y me pregunté si él sabía cuán afortunado era.
-Lo envidio, Jacob
-¿Cómo dice?
-Puede disfrutar de su libertad y armar su vida como le parezca.
Me miró por unos segundos, sondeando mi expresión.
-Todos pueden hacerlo, Bella
-¡Claro! pero sin la misma facilidad.- Abrió su boca para contestar pero se vio interrumpido por mi padre, que salió cargando algunas cosas seguido de mi madre con otra pila de papeles.
-Ya puede ingresar, joven. Dispone de mi escritorio y el tiempo que estime necesario. Tómeselo con calma. Más tarde se unirá a nosotros en la cena.-
-No es necesario..- empezó Jacob pero mi madre lo interrumpió.
-Claro que si. Usted de quedará a cenar con nosotros, a falta de una bienvenida mas apropiada. No es ningún problema.- su tono no admitía réplica.
Jacob agredeció y se adentró en el despacho de mi padre, justo después de lanzarme una sonrisa traviesa.
Mientras Jacob trabajaba en el despacho de mi padre, este último se fue a la comisaría a arreglar algunos asuntos pendientes. Estaba en mi dormitorio cuando escuché un alboroto proveniente de la puerta principal. Me asomé por la escalera para ver a mi madre dando brinquitos de emoción y chillidos histéricos. Molly también estaba allí con Maggie, una de nuestras criadas. Todas estaban exaltadas.
-¡Isabella! ¡Isabella!- comenzó a gritar Reneé sin control alguno- ¡Molly llama a Isabella! ¡Isabella!
-Estoy aquí madre, tranquilízate ¿Porqué el alboroto?-
-Esto acaba de llegar para ti- casi chilló.
Me mostró un enorme ramo de rosas blancas que estaba apoyado en una mesa en la entrada. Me quedé atónita mirándolo, sin prestar atención a la persona que estaba en la puerta mirándome con una sonrisa cortés. ¿Quién me habría enviado semejante ramo?
-Isabella- llamó mi nana. La miré boquiabierta- traen también un mensaje para ti.
Me giré hacia la puerta para ver a un chico de 15 años vestido de modo elegante esperando pacientemente. ¿Qué demonios?
-¿Un mensaje?- repetí
- Srta. Swan.- dijo el chico haciendo una graciosa reverencia- El Sr. Michael Newton tiene el agrado de invitarla personalmente a la fiesta de bienvenida para su familia.-Yo estaba en blanco ¿Michael Newton? ¿Se supone que yo lo conocía? - El le envía este regalo para celebrar a una de las jóvenes más bellas de la ciudad, y para decirle que esta ansioso con volver a verla...- ¿QUE?
-Discúlpeme- lo interrumpí, ganándome las miradas reprobatorias de mi madre y mi nodriza- ¿Volverme a ver? Creo que comete un error, joven. Yo no conozco al Sr. Newton.
El chico sonrió.
-Si. El me dijo que quizás usted no lo recordaba. Me contó que la vió hace 8 semanas en el baile inaugural del Museo de Arte en Washigton, y que había conversado brevemete con usted, pero no habían tenido la oportunidad de bailar ni conocerla más porque usted se excusó temprano-
Me quedé de piedra. Por supuesto que lo conocía. Ahora lo recordaba. Era un joven guapo que a mi me pareció demasiado insistente y había terminado irritándome hasta los huesos. Inventé una jaqueca y fingí huir, pero me había escondido en los jardines admirando la noche. Rato después lo vi salír con una rubia, perdiéndose ambos en los matorrales. Cuando escuché ruidos propios de animales me alejé incluso más irritada con él por haber arruinado mi escondite. Por lo que me fui a los carruajes y charlé con Arthur el resto de la noche. Mis padres salieron del baile mucho mas tarde. Afortunadamente no habían notado mi fuga y yo sólo fingí que recién habia llegado al lugar. Arthur, como siempre, me miró con una sonrisa y no desmintió mi historia.
-¿Lo recuerda ahora Srta. Swan?- la voz del chico me sacó de mis pensamientos.
-Si, claro.-
-Muy bien. Entonces como sabe el Sr. Newton esperará ansioso volver a verla mañana por la noche. Le manda sus mas cordiales saludos, y le pide a la dama que le guarde un baile. El piensa que con tanta belleza, el debe asegurar su mano con antelación para poder bailar con usted. Es lo que más desea para mañana.
Me quede en silencio. ¿Que se supone que debía responder a tanta tontera junta? Mi madre intercedió por mi.
-Muchas gracias, joven. Dígale a su señor, que podrá contar con la presencia de mi hija mañana en la fiesta. Y agradézcale por tan lindo regalo.
El chico se dobló otra vez en una reverencia graciosa, se subió a un coche elegante y se alejó de la casa. Yo todavía no podía articular palabra.
-¡Isabella!- chilló mi madre. De vuelta al tono histérico- ¿Porqué no me dijiste que lo conocías?
-Yo... no se, mamá. Lo olvidé- todavía estaba inmóvil. Molly me observaba detenidamente y Maggie se esfumó en cuanto mi madre empezó a gritar.
-¿Pero cómo pudiste olvidarlo? Eso no esta bien, Isabella. De todas formas... no importa. ¿Ves lo que te envió? ¡Oh, Dios Mío! ¿Sabes lo que significa esto?- Chillaba cada vez más alto- ¡Un pretendiente, Isabella! ¡Un pretendiente! El joven Newton debe haber quedado encantado contigo, ¡esto es emocionante! Debes verte muy bien para mañana en la noche... me pregunto que vestido deberás usar.-hizo una pausa- Molly saca todos los vestidos de fiesta, haremos una cuantas pruebas para ver cual le ajusta mejor, además saca los zapatos y ve a mi dormitorio a sacar los colgantes que...-
-Madre- la corté- no es necesaria tanta exageración.
-¿Cómo no, Isabella?- me miró como si hubiese perdido la cabeza.
- Porque no me preocupa impresionar a Michael Newton ni a ningún otro. No estoy interesada en ese...-
-¡Isabella! ¿Qué dices?
-Eso madre. No me interesa en absoluto ese Newton- espeté - Es irritante, idiota y un acosador, ¡además de libertino! Preferiría bailar con el mismísimo Drácula.-
-Pero..-
-¡Pero nada, mamá!
-¡Niña, ¿estás loca? ¿Cómo hablas así de uno de los jóvenes más...?
-¿Más qué madre? ¿Lo conoces acaso?- mi precario autocontrol estaba desvaneciéndose con rapidez
-No. pero...
-Entonces no sabes de lo que hablas. ¿Te recuerdo la charla que tuvimos ayer?
-No es lo mismo, Isabella. No te pido que te cases, sino que te comportes.
-¡Un hombre como ese no merece ni la más minima...!
-¡Isabella, no te permito que me hables en ese tono! Irás a ese baile y te comportarás adecuadamente con el joven Newton. Deberías agradecer que él se tome estas molestias contigo- dijo con furia. Yo me hubiese acobardado de no haber estado aún mas encolerizada que ella
-¡No le pedí que lo hiciera! Puedes quedártelas tú si tanto te gustan.- apunté a las flores con un brazo rígido
-¡Isabella!
-¡No insistas! Iré al estúpido baile porque te lo prometí. Pero será mejor para Newton guardar una distancia segura conmigo, porque si no lo hace no respondo, madre ¡No respondo!-
Dicho esto me lancé como un tornado hacia la calle.
Me dediqué a amainar mi furia caminando bruscamente por las calles de Los Ángeles. Mi paso tosco y rudo fue objeto de murmullos, además del hecho que andaba sin ninguna dama de compañía. Me tenían sin cuidado. El descaro de Michael Newton había conseguido sacarme de mis casillas. Un hombre de ese tipo me provocaba el más puro rechazo.
El no tenía la menor idea que lo había visto con su platina acompañante, así que probablemente había imaginado que yo estaría feliz con sus flores. ¡Sí, claro! Aún, si no hubiese sido testigo de su comportamiento poco ortodoxo, el hombre no me producía ningún tipo de atracción, razón por la que había huído de él en primer lugar. Me resultaba incluso más molesto que los jóvenes que me invitaban algunas veces a bailar o iban a visitarme a mi hogar, y la razón era que Newton parecía creer que estaba sobre todos los demás, y que al hablar conmigo, era como si me estuviese haciendo el favor más grande del mundo. Se notaba que no estaba acostumbrado al rechazo y era un hombre que conseguía todo lo que quería. El típico snob arrogante. Parecía encarnar todo lo que yo aborrecía en esta sociedad.
Después de tropezar repetidas veces y de colisionar con algunos extraños, me senté en un banco del parque a respirar profundamente e intentar calamarme. Lo conseguí al cabo de una hora, mirando a mi alrededor. Los parques siempre me habían gustado, por los sonidos de la naturaleza y la sensación de estar en el campo lejos de la cuidad.
Pensé en la breve conversación con Jacob. ¡Qué suerte tenía! Poder trabajar en algo mientras juntaba dinero y así poder vivir sólo y a sus anchas. ¡Cómo me gustaría a mí hacer lo mismo! Pero sabía que si bien, eso para mi no era imposible, estaba cerca de ese rango. Me habría gustado ser lo suficientemente valiente para escapar de casa e irme a otro lugar para formar mi vida. Pero mis padres me detenían. Jamás podría provocarles un dolor similar. Yo era su única hija y ellos no merecían tal deshonra. No podría vivir tranquila si me fuese y dejase a Reneé y Charlie como burlas frente a todas las personas de Los Ángeles. A mí no me imprtaban pero ellos habían formado su vida aquí y eran parte de esta sociedad.
Era una situación desagradable e injusta, sin duda alguna. Pero me sentía sola en este pensamiento. Me cuestioné si habría alguna persona en el mundo que concordara con mis ideas. Probablemente sí ¿Habría sido mucho pedir que una de ellas aterrizara en la cuidad? Probablemente también. Quizás había un número limitado de almas como yo, y dos en un solo lugar era excesivo. Conocía mucha gente agradable y buena, como Molly, Seth o Ángela, que buscaban vivir en una sociedad mejor, pero nunca había conocido a alguien que no me tildara de revolucionaria, al escuchar mis ideas. Más bien, yo me consideraba librepensadora. Nadie más, por mucho que me quisiera, compartía mi opinión.
Aunque el espíritu de lucha aún no había sido exterminado en mi. Sólo no había encontrado la solución. La fuga estaba completamente descartada, pero de alguna manera, me prometí, encontraría la forma de vivir mi vida. Era mía después de todo y era lo único que realmente tenía. Una de las ventajas de leer mucho, era que me había dado cuenta que las personas lograban ser felices, en la manera que a cada uno le pareciera correcto. Por supuesto, eran personajes ficticios, pero yo creía que los autores sabían de lo que hablaban en sus historias. Creía que uno no puede escribir sobre la felicidad o el amor si no lo ha experimentado, por lo menos escribir de esa manera. De modo que hace mucho tiempo me había dado cuenta que algo de verdad había en las páginas que me sabía de memoria.
Con el ánimo a medias recuperado, me levanté del banco.
Estaba oscureciendo y yo no quería volver a casa. Pero no podía prolongar mi escape mucho tiempo, pues mi padre se preocuparía y estaba segura que enviaría a sus subordinados a buscarme. No estaba dispuesta a pasar por una verguenza así. Fui hacia mi casa, ahora con un andar propio de una dama. Iba a la mitad del camino, cuando alguien me habló.
-Disculpe, Señorita- enfoque mi vista y ví una chica bajita y menuda con un vestido elegante. Tenía facciones tan delicadas que parecía una pequeña hada. Era pálida, aunque no tanto como yo, unos ojos almendrados de un verde intenso y el cabello, peinado como en las revistas de París, de un marrón muy oscuro, casi negro. Una fragancia deliciosa emanó de ella cuando se acercó. Me sonrió con amabilidad y con disculpa en los ojos.- Creo que necesito ayuda.
-¿Qué puedo hacer por usted?- me fijé que estaba cargada con cajas de zapatos y sombreros.
-No puedo encontrar mi carruaje. Vine hacia aquí con mi hermano para comprar algunas cosas- apuntó sus cajas- Pero me demoré más de lo necesario y luego me perdí entre las calles. ¿Podría usted decirme donde estoy?
-¿Es nueva en la cuidad?- No recordaba conocerla de ningún lugar. Ella asintió y dibujé una sonrisa amable- No creo que sirva de mucho entonces decirle donde esta. ¿Por qué mejor no la ayudo a encontrar su carruaje? A tres cuadras de aquí hay un lugar donde muchos cocheros se estacionan. Estoy segura que deben estar esperándola ahí.
-Gracias, Señorita. De verdad me sentiría muy aliviada si me acompañase.¿Cuál es su nombre? -
-Isabella, pero puede llamarme Bella-
-Soy Alice, Bella.
-Un gusto, Alice.-hubiese estrechado su mano pero estaban ocupadas cargando sus cosas- ¿Te ayudo a llevar algunas cajas?-
-No, no es necesario..
-Claro que si, si parece que llevaras todo tu peso en las compras- Alice se rió y me entregó algunas de sus cosas
-Muchas Gracias, Bella. Pareces caída del cielo. ¿Has vivido siempre en Los Ángeles?
-Desde que nací.
-Es una hermosa cuidad- respondió ella- Lo poco que he visto ya me encanta. Me encantaría conocerla más pero no tengo ninguna amiga y las doncellas en mi casa estan ocupadas con la mudanza
Sentí que si no me ofrecía a llevarla a conocer Los Angeles, la insultaría.
-Cuando gustes puedo mostrártela.- repuse con amabilidad.- La gente es muy agradable -"por lo menos algunos de ellos" pensé.
-¡Me encantaría! Podemos ir juntas de compras.- me observó con una sonrisa que me dio miedo por algunos instantes. Como si fuese a explotar de satisfacción- Eres muy agradable. ¡Debes venir a mi casa y conocer a mi familia!
-Claro, Alice.- se me hacía raro que ella le tuviera tanta confianza pero era agradable al mismo tiempo. Parecía mucho más pequeña que yo, pero sus ojos me decían que era mas madura de lo que aparentaba - Dime ¿qué edad tienes?
-Acabo de cumplir los 18. Hace dos días.- No me equivoqué. Ella en verdad parecía recién haber cumplido los 15
-Mis felicitaciones
-Gracias, ¿tú que edad tienes?
- 19, cumpliré los 20 en Septiembre. ¿Cuándo has llegado a la cuidad, Alice?
- Hoy de madrugada. Mi familia todavía esta descansando para reponerse del viaje, pero yo no podía quedarme en la casa todo el día. ¡Con la cantidad de compras que tenía por hacer!
Me reí. Ella parecía de las personas que no se agotan nunca. Me recordó a Reneé.
-Así que yo tenía que venir. Y obligué a mi hermano a acompañarme, y el dijo que me soportó durante una hora, pero luego se alejó diciendo que no aguantaba más.- Alice hizo un puchero que me recordó a a mi cachorro clandestino- El insensible sólo se esfumó de mi lado.
-Debe estar preocupado ahora-
-¡Se lo merece! ¡Por abandonar a su hermana pequeña! ¿Qué clase de hombre hace eso?
-Estoy segura de que ahora esta sudando sus culpas.-
Alice rió conmigo.
-Disculpa que te pregunte, pero ¿andas sola por las calles sin dama de compañía?- su cuestionamiento no sonó a reproche sino a simple curiosidad.
-Si, bueno no es mi costumbre, pero salí de mi casa con muchas cosas en mi cabeza.
-Necesitabas tiempo para pensar
-Exactamente
-A mí me pasa lo mismo.- dijo al notar que yo no agregaría nada mas- Y lo que hago en esas ocasiones es salir a comprar. No hay nada que me ayude más que un vestido o un sombreno nuevo ¡y ni hablar de los zapatos!-
Le sonreí mientras parloteaba sobre pañuelos y collares. Doblamos una esquina encontrándonos con media docena de carruajes estacionados.
-¿Ves el tuyo?-
-Si. ahí esta Tom y mi hermano.-dijo apuntando a un par de figuras borrosas- ¡Ven! Te los presentaré.
Pero yo sentía que habían agotado por el día mis ganas de ser amable. Alice me agradaba mucho pero entre las fichas, los gritos, las caminatas furiosas, las flores y las caidas frustradas, me encontraba exhausta.
-Muchas gracias Alice, pero debo volver a mi casa pronto. No quiero preocupar más a mis padres. Estoy segura de que los conoceré en otra ocasión.-respondí entregándole sus cosas.
-De acuerdo. Muchísimas gracias, Bella. No se como puedo retribuirte las atenciones. Pero lo haré.
-No es necesario, Alice
-Lo es- me contradijo alegremente- Fuiste muy amable conmigo. Espero nos veamos pronto
-Yo también lo espero, Alice. Cuídate e intenta no perderte.
Ella se río - Adiós, Bella.
Me despedí e hice el camino rápidamente a mi hogar, contenta y satisfecha por mi nueva amiga. Ella claramente era de clase acomodada, pero me dio la impresión de ser diferente a lo que yo ya conocía de este tipo de personas. Era amable, inteligente, amistosa y honesta. Quizás todos los extranjeros fuesen así. Mientras caminaba divagé por unos segundos y me imaginé viajando a una tierra extraña llena de promesas de libertad.
Detuve la ensoñación abruptamente al llegar a mi casa. Miré la puerta de entrada especulando lo que se me venía encima. Una madre colérica era cosa segura. Pero el destino no parecía tener paciencia conmigo porque la puerta se abrió antes de que yo me decidiera a entrar. Una figura oscura se perfilo en el marco de la entrada. No la reconocí al principio, pero después una voz me llamó.
-¡Bella!-
-Jacob- me acerqué a el- Lo siento. Me perdí su cena de bienvenida.-
-No se disculpe, Bella- él sonreía amistosamente- Escuché bastante antes de que saliera de su casa. Lo entiendo perfectamente.-me sonrojé otra vez pensando en Jacob escuchando mis gritos. El se rió- No es necesario avergonzarse, Bella.
-No lo puedo evitar. ¿Esta mi madre muy furiosa?
-Lo estaba en un principio, pero le expliqué la situación y se calmó. Subió a acostarse apenas terminamos de cenar- Mi ceño se frunció.
-¿Le explicó la situación?¿De qué habla?
El se carcajeó otra vez
-Conozco a Mike Newton, Bella. Hace años. Sé la clase de hombre que es. Mi hermana Rachel sufrió en carne propia uno de sus acosos hace unos meses. Le expliqué a su madre que no le gustaría tenerlo ni de yerno, ni de amigo de la familia. Ese hombre es detestable. Imagino que algo similar debe haber ocurrido en su caso, a juzgar por lo que le escuche decir hace unas horas.
Me sorprendí. Jacob parecía ser un ángel caído del cielo, con el único propósito de ayudarme. Le expliqué lo que me había sucedido con el en el baile del Museo.
-Claro, no me sorprende para nada, Bella. Yo aprendí a esperar lo peor de él-
- Y tiene el descaro de mandarme flores y mensajes ¡Cerdo libidinoso! -me callé repentinamente, pero Jacob se largó a reír.
-Una señorita de lengua mordaz. Eso es difícil de encontrar.
-Claro- dije entre risas- Jacob, gracias por explicarle a mi madre. Estaba pensando que llegó aquí sólo con el propósito de salvarme de mis problemas. Mi caída, los regaños de mi padre, los de mi madre, y ahora arregla la situación "Newton"- enumeré.- ¿Cómo podré agradecérselo?
-No es necesario, Bella. Es un placer para mi salvar doncellas en peligro. ¿No es eso lo que hacen los caballeros hoy en dia?- yo solo me reí. Sentía que Jacob Black iba a ser un gran amigo. Era educado pero no pomposo ni quisquilloso, se reía con naturalidad y al parecer me aceptaba tan loca como era.
Como si estuviese leyendo mis pensamientos agregó - Me siento absolutamente pagado si puedo llamarme su amigo. ¿Puedo hacerlo?- me ofreció su gran mano.
-Claro Sr. Amigo- la estreché - Soy yo la que se siente honrada de tan noble compañía.
-Perfecto Srta. Doncella. Ahora si me disculpa debo irme a mi hogar. Estoy agotado luego de arreglar cierto desastre que cierta amiga hizo con unas fichas.- Me miraba a los ojos fijamente, pero mantenía su sonrisa serena.
-¡Que amiga más torpe debe tener!
-Un poco torpe puede ser- lo golpeé suavemente en su brazo enorme- Pero absolutamente adorable- me sonrojé - Y aún más cuando se sonroja.
Ambos nos reímos y Jacob tomó mi mano, y se la llevó a los labios para besarla suavemente.
-Adiós, Bella. Espero verla pronto.
-Nos vemos, Jacob.- lo seguí con la mirada hasta que subió al carruaje, y agotada entré a mi hogar.
(EDWARD)
-¿Dónde demonios esta Alice?- pregunté tontamente a Peter. Tenía claro que él sabia menos que yo del paradero de mi pequeña e irritante hermana.
-Seguro ya llegará, Sr. Edward- respondió tranquilamente. Nada jamás alteraba a Peter.- No se preocupe. Esta cuidad es tranquila hasta llegar al punto de aburrir.
-No sé cómo puedes saber eso si llevamos menos de un día aquí.
-Pero conocemos Washington, y es tan calmo como una laguna. Aquí hay aún menos habitantes. Moriremos de ocio antes de que termine el año.
Murmuré una sarta de incoherencias como respuesta.
Estaba irritado y empezando a preocuparme, sin mencionar que me sentía totalmente exhausto. Después del largo viaje que habíamos hecho por mar para llegar a América, mis padres no hablian querido detenerse a descansar y emprendimos rápidamente un viaje aún mas tortuoso por tierra cruzando todo el estado para llegar a Los Angeles. Todavía podía sentir el traqueteo del tren en mis huesos. Si bien viajábamos de modo cómodo, el camino había sido largo y cansado. A eso había que sumarle a Emmett, con sus bromas inacabables, Rosalie con su mal humor, y Alice con un estusiasmo que rallaba en la locura. Haber llegado vivo hoy de madrugada era todo un milagro.
Alcancé a dormir sólo unas horas antes de que Alice protestara por toda la casa, reclamando compañía para ir de compras ¡De compras! Mi hermana era totalmente absurda. Las criadas estaban ocupadas armando nuestro nuevo hogar y los demás miembros de mi familia fueron lo suficientemente inteligentes para escabullirse, pero yo no fui lo bastante rápido. Alice casi me había amenazado para que la acompañara, y no tuve más opción que hacerlo. Por mucho que me desagradara, no permitiría que anduviese sola por las calles de una cuidad que apenas conocía. Le expresé claremente que el límite de tiempo sería una hora.
De modo que soporté el castigo lo mejor que pude, pero cuando quedó claro que la hora sería insuficiente para ella, simulé alejarme con tal de hacerla entrar en razón. Quizás lo hubiese logrado si una señorita no me hubiese detenido en plena calle para hablarme. Por algún motivo parecía saber quien era yo y me habló con directa coquetería. Me pareció bastante desagradable pero debí haber supuesto que esto pasaría. El regreso de mi familia era el mayor chisme de la cuidad. Le hablé cortésmente e intenté deshacerme de ella sin ser maleducado. Cuando por fin lo logré, luego de cinco minutos que me parecieron cinco horas, fui a buscar a Alice, pero ella había desaparecido. Busqué tienda por tienda pero no había rastros del pequeño demonio.
Al final había decidido ir donde Peter, con la vaga esperanza de que hubiese regresado al carruaje. No me sorprendí cuando no la encontré. Mi hermana tenía muy poco desarrollado el sentido de la ubicación, y no creía que recordara el camino de vuelta. Empecé a desesperarme rápidamente pero Peter había insistido en esperar diez minutos y si no llegaba, saldríamos ambos a buscarla.
Así que me hallaba apoyado en el coche, mientras mi cochero hablaba absurdamente con los caballos, haciendo referencia a la aburrida cuidad a la que habíamos vuelto luego de 15 años. Yo no recordaba mucho de esta. Nos habíamos mudado cuando apenas había cumplido los 6 años. Pero se me hacía familiar, como si nunca hubiese dejado de ser mi hogar. Los grandes árboles, el clima cálido y agradable muy diferente al tiempo lluvioso y frío de Inglaterra. Los habitantes mexicanos que todavía habitaban el lugar, aunque en una menor proporción comparado a otros tiempos, según me había dicho mi padre.
Al principio me había opuesto a trasladarme de nuevo a este país. En Inglaterra se destilaba indiferencia hacia Estados Unidos, pero Carlisle había crecido, se había casado y había engendrado hijos en este país. Le tenía un cariño especial a esta tierra, cariño que yo mismo compartía ahora que había vuelto. Algo así como un reencuentro conmigo mismo. No lo podía explicar, pero la sensación no me abandonaba. Sin embargo, en un primer momento no me había entusiasmado con la idea. En Europa tenía mi hogar, mis amigos, y una vida que empezaba a construir. El plan original era que solo mis padres junto con Alice se mudaran hacia la costa oeste de América, porque Emmett no queía abandonar a Rosalie y yo tampoco viajaría. Pero Carlisle y Esme no veían esta separación como parte de sus planes. Por supuesto, querían mantener la familia unida.
De modo que se aseguraron que Rosalie también viniera, en verdad, pocas opciones tenía la prometida de mi hermano, así que no fue dificil convencerla. Su familia, que incluía a sus padres y a su hermano pequeño, había muerto hace 4 meses en un horrible accidente de carruaje. Rosalie, que de ya por sí era un poco arisca, se transformó en una arpía. Sabía que no era nadie para juzgarla, cuando en mi vida jamás me había ocurrido nada tan terrible como a ella, pero no podía entender como mi hermano lograba soportarla. Y no lo hacía por lástima ni mucho menos, se podía ver el amor brillando en sus ojos castaños cada vez que se fijaba en ella. El tenía la esperanza de que Rosalie, con tiempo y con ayuda, volviese a ser la misma de antes. Por el contrario, yo tenía mis serias dudas. Ella siempre había sido caprichosa y mimada, y aunque su pena era verdadera, me daba la impresión que a veces se aprovechaba un poco de la situación. Mi familia, por supuesto, no compartía mi punto de vista.
Poco después de que se mi hermano aceptara viajar mi madre me abordó a mi. Le dejé en claro que no deseaba trasladarme. Pero ella, me había preguntado acertadamente, qué era lo que me ataba ese lugar. Y la sopresiva verdad, era que nada. Tenía mis amigos y amigas, mis estudios, pero nada de eso era suficiente para quedarme. Ni siquiera Tanya. Así que, con verguenza me di cuenta que no quería ir porque estaba cómodo, y estaba anteponiendo eso a la felicidad de mi familia. Sabía que todos ellos, especialmente Esme, experimentarían tristeza y decepción por mi desición. Y como no quería ser el causante de esto, me dejé convencer y me uní a los planes de mudanza.
Peter interrumpió mis pensamientos
-Si no me equivoco, la Stra. Alice acaba de doblar la esquina. Gulliver me avisó- explicó Peter refiriéndose al caballo. El siempre hablaba con ellos, y yo me hablia cansado de exasperarme por ello. Desde hace algunos años sólo me reía. Pero no tuve tiempo ni de eso, me giré rápidamente para ver dos figuras femeninas. Con un profundo alivio, vi que una parecía ser Alice. De hecho estaba seguro, poeque todas sus compras estaban con ella. La otra figura le entregó unos paquetes y la observó por unos momentos cuando caminó hacia nosotros.
-... cuídate, he intenta no perderte- escuché la voz suave y dulce seguida de una pequeña risa, de la acompañante de Alice antes de marcharse. Mi hermana le respondió algo pero yo estaba demasiado ocupado observándola alejarse.
-¡Edward!
Alice me llamó a mitad de camino.
-¡¿Cómo se te ocurre dejarme sola?-empezó a gritar mientras caminaba con furia hacia mi. Cuando llegó dejó rápidamente sus cosas en el choche y se volvió para seguir con los gritos- ¿Acaso no sabes lo que me podría haber pasado?¿No te importa acaso? ¡No conozco a nadie, Edward! ¡Ni siquiera sé donde estoy parada...!-
-Lo siento, pequeña. De verdad no era mi intención...-
- ¿NO ERA TU INTENCIÓN?-bramó- ¡Me abandonaste! ¡Claro que era tu intención!-
-No Alice...
- Eres el peor hermano que alguien halla tenido la desgracia...
-Alice...
-Yo no sé que hubiese sido de mi si no...-por el rabillo del ojo vi a Peter divertirse con la escena
-Alice...
-Imagínate le tienes que decir a mi madre que me perdiste y...
-Alice..- empecé a cansarme
-Emmett te tiraría un pozo, Edward...
-¡Alice!- se calló- Escúchame por favor- se cruzó de brazos y alzó una ceja.
-Lo siento, no quise abandonarte. En un primero momento fingí irme para que nos fuésemos a casa. Pero alguien me habló en la calle y cuando volví, ya no estabas. Te busqué Alice, por cada tienda, y luego vine aquí con la esperanza que hubieses encontrado en camino tu sola. Si no aparecías en unos minutos mas con Peter habríamos ido en carruaje a buscarte- expliqué rápidamente para que no me interrumpiera.
Me miró escéptica
-¿Alguien te habló en la calle? Si nadie nos conoce.
-No personalmente Alice, pero somos el mayor chisme de la cuidad. ¿De verdad es tan raro que nos hablen?
-Conmigo nadie lo hizo- me observó por unos segundos pensativamente y sonrió- Pero por otro lado... eres hijo de un Conde, y no estás nada mal.
Rodé mis ojos.
-Esme te lo dijo, Edward - insistió- Las jóvenes aquí se van a interesar por ti. ¿O me equivoco al pensar que fue una muchacha la que habló hoy contigo?
Ella tomó mi silencio como una afirmación
-¿Ves lo que te digo?... ¿Quién era?
- No lo sé, ni me importa. Estaba demasiado ocupado tratando de volver donde mi compulsiva hermana. De todos modos ¿Cómo volviste? Te vi llegar con alguien
-¡Ah, si! Era Bella o Isabella en verdad. Mmm, creo que no me dijo su apellido, o lo olvidé. En cualquier caso... fue muy amable Edward, al acompañarme hacia aquí.¡Seremos amigas! estoy segura. Ella es muy agradable, tiene un año más que yo, es hermosa, educada y gentil. ¡Debe venir a nuestra casa! Cuando esté en condiciones de recibir visitas, claro. Estoy segura que a mi madre le encantará.
-¿Y la dejaste volver sola Alice? Debiste traerla y la podríamos haber conducido a su hogar en el carruaje.- no tenía idea de porque me había enojado. Supuse que era mi instinto de caballero. Dejar a una dama sola en la oscuridad era de lo mas incorrecto, sobre todo después de haber ayudado a Alice.
-Ella es de aquí Edward, y le ofrecí venir, pero no quiso. Es de las personas que caminan para pensar, como tú. No quise interrumpirla mas de lo que ya había hecho. Parecía encontrase en una guerra mental.- me quedé en silencio.
-¿Nos vamos?- preguntó Peter.
Mi hermana subió al coche agotada y la seguí preguntándome porque su nueva amiga, a la que ni siquiera le había visto el rostro, me llamaba la atención.
Espero les guste!
En los próximos dias subiré los capítulos 3 y 4, están listos pero los estoy corrigiendo
Besos
Cata!
