.-LAS AVENTURAS DE ERZA Y EL PASTEL DE FRESA-.
¡Feliz cumpleaños, Karina Bancrofti!
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es propiedad de Hiro Mashima. Hago esto sin fines de lucro y una vez terminado el capítulo es devuelto a su respectivo dueño.
Advertencia: Intento de humor (?)
Nota de la autora: Aaaww~ gracias por sus lindos reviews, favs y follows uwu Y sí, sé que está re-fumado el fic xD También, gracias a Furret por la imagen owo En fin, disfruten de su lectura~
«¡QUIERO VENGANZA!»
Se paseaba como león enjaulado de un lado a otro, esperando, ansiando y rogando que las malditas horas transcurrieran más rápido, pero no lo hacían. ¡Maldición, el minutero se movía jodidamente lento!
Tomó una gran bocanada de aire, para luego exhalarla lentamente. Debía estar calmada, Mira se lo había advertido: –Para cometer el crimen perfecto debes tener presente tres cosas, Erza. La primera: debes mantener la calma, no dejes que la angustia se apodere de ti. Segundo: debes ser silenciosa y rápida, evitar a toda costa ser descubierta. Y por último: si te descubren corre, a toda prisa, Erza. Y no se te ocurra dejar el botín atrás, eso sólo lo hacen los idiotas, ¿Entendido? –esos habían sido los sabios consejos de su amiga; consejos que Erza agradecía enormemente, pues no estaba acostumbrada a hacer el papel de mala… Bueno, ahora tampoco lo hacía –o así lo veía ella–, puesto que ella jugaba el rol de la justicia. Un importante rol que sería malinterpretado por los demás, porque no tenían la justicia corriendo por sus venas, no como ella.
Continuó vagando por su habitación para no pensar en SU pastel. Pero era inútil, con cada paso que daba, una imagen, en diferentes ángulos del pastel, se posaba en sus memorias. Su estómago gruñía ante semejante tortura.
Miró una vez más el reloj, ya casi era hora. Sonrió, tomando las ropas –cortesía de Mirajane– que la ayudarían a cumplir su objetivo; se cambió rápidamente y, una vez vestida, se miró al espejo. Aquel mini traje de gatita le quedaba bien; asintió, dándose la razón, mientras jugaba a hacer diferentes poses frente a éste. No se dio ni cuenta que el tiempo había pasado volando, recién lo notó cuando su reloj marcó las doce. Se maldijo internamente, para luego tomar sus cosas e irse corriendo a, lo que sería esa noche, su misión de muerte. Así es, de muerte. Allí correría sangre: la suya o la del vendedor, y Erza estaba segura que no sería la suya.
Corrió y corrió, sin detenerse en ningún momento a tomar aire, parando, única y exclusivamente, cuando alcanzó a divisar la pastelería. Sus pasos se volvieron lentos y sigilosos, se escondía detrás de los muros, los postes de luz, de la gente, los árboles, los gatos –"mezclándose" con éstos–, y todo lo que pudiese producir sombra. Contenía la respiración, para así no ser descubierta; lo que no sabía la Scarlett era que con sus acciones llamaba aún más la atención. Ya, los pocos transeúntes, sospechaban que tramaba algo; no sabían qué, sólo esperaban no verse involucrados con las locuras de Titania. No de nuevo.
Esperó detrás de un poste hasta que el cartel de "cerrado" y las luces de la tienda fueron apagadas. Sonrió satisfecha. Ahora sólo faltaba que los chismosos que merodeaban fuera de ésta se marchasen y podría poner su plan en marcha.
Pasaron alrededor de quince minutos y Erza ya se estaba hartando. ¿Acaso no debían irse a dormir a sus casas? Tal parece que no, porque seguían llegando más y más personas; parejas de enamorados paseándose y coqueteando, deportistas nocturnos, grupos de adolescentes disfrutando de la noche, exhibicionistas corriendo desnudos por las calles, bueno, lo normal de la ciudad.
La de cabellos escarlata suspiró abatida: –Ahora o ahora –se dijo así misma, saliendo de su escondite. Tenía dos opciones: entrar por la chimenea –al más puro estilo de Santa–, o bien, ir de frente. La primera parecía más silenciosa, pero el humo que desprendía la hizo desistir. La segunda, por motivos obvios, parecía ser la más razonable. Se felicitó ante su brillante decisión.
Se abrazó –literalmente– a la vitrina, como si así pudiese estar más cerca de su preciado pastel; murmurando a su vez palabras dulces, llenas de amor. No hace falta decir que parecía loca, como si se hubiese arrancado de un manicomio. Continuó murmurándole, a través del grueso vidrio, a su pastel; mientras acariciaba con mucho cariño el mismo. Faltaba muy poco para estar juntos, muy poco en verdad. Ya casi sería suyo…
Besó el vidrio que los separaba para luego ponerse manos a la obra.
Sacó una pequeña lija de entre su ropa; la miró con desconfianza: parecía tan pequeña, tan inútil… Negó ante su negatividad, por supuesto que le serviría para rescatar a su princesa de las garras del dragón escupe mierda que la tenía en cautiverio. Y, sin perder más tiempo, se dispuso a comenzar.
Lijaba la vitrina cristalina como poseída por Lucifer; lo hacía a una velocidad inimaginable, pero no avanzaba mucho. Casi nada, seguía prácticamente igual. Un gemido de frustración salió de sus labios y un aura oscura la rodeó enseguida.
–Yo… –murmuraba al aire, derrotada y angustiada–. Perdí… contra el villano.
"Erza~" Le llamaba su ángel, con voz tentadora. Alzó la mirada, contemplando por última vez al hermoso bizcocho frente a ella, aquel que le bailaba de una manera tan hermosa que le hizo recobrar sus fuerzas. No se rendiría. Perdería la cordura, mas no la guerra; bueno, la cordura ya la había perdido…
–¡Quiero venganza! –Gritó a todo pulmón, dando una gran y fuerte patada al mostrador. Éste se rompió, se hizo añicos en cosa de segundos–. ¡La justicia gana! –Continuó con su discurso, importándole muy poco que su pierna sangrara.
A la velocidad del rayo se metió a la tienda, gracias a la ausencia de vitrina, tomó el pastel –pesaba, y mucho. Seguro valía la pena de todo– y lo cargó en su espalda. Dio un paso, el cual amenazó con tirar todo; dio otro y lanzó un lamentoso gemido, ahora la herida le cobraría factura. Un paso más y las luces de la tienda fueron encendidas; otro paso y el grito del vendedor le advirtió que había sido descubierta: –¡Atrápenla! ¡No permitan que se escape con mi pastel!
¿Qué haría ahora la pobre e indefensa muchacha?
Con el pies lastimado, cargando el triple de su peso… Estaba perdida…
Quizás, pero era Erza "Titania" Scarlett, y ella no se rendía fácilmente. Vale, la sangre derramada fue la suya, no la del vendedor. Pero, ¿y qué con eso? La sangre derramada de la justicia es sinónimo de triunfo. Ella vencería, como siempre… ¿O quizás no?
Continuará…
Nota de la autora: El segundo entregado, ahora me faltan siete xD Trataré de subirlos lo más pronto posible y prometo que en el próximo se sabrá en qué terminó la misión de muerte de Erza owó Nos leemos luego, que tengan un lindo día uwu Byebye~
