bueno los personajes no son mios. Espero que les guste. Este sera un amor lento (solo hasta Azkaban)

algunos diálogos fueron sacados de Harry Potter Y la piedra filosofal.


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Slytherin

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inicio... de una sangre sucia II.

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Los siguientes días no fueron lo mejor para ella. Desde que sabían que era hija de muggles la evitaban. Como si tuviera lepra o la peste. A cada rato o parte del tiempo le gastaban bromas como esconderle los deberes, empujarla o ponerle el pie cuando ella pasaba. Ahora se dirigía a la clase de pociones. Al menos ahí tendría algún compañero.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aque llos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry

—Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.

Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapán dose la boca. Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en tú neles oscuros.

—Ustedes están aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de ustedes dudaran que esto sea magia. No espero que lleguen a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relu cientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, enga ñando los sentidos... Puedo enseñarlos cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si son algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Her mione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y pare cía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.

— ¡Potter! —Dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

La mano de Hermione se agitaba en el aire.

—No lo sé, señor —contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

—Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.

No hizo caso de la mano de Hermione.

—Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde busca rías si te digo que me encuentres un bezoar?

Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no necesitaba levantarse del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar. Trató de no mirar a Malfoy y a sus amigos, que se desternillaban de risa.

—No lo sé, señor.

—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

Snape seguía haciendo caso omiso de la mano temblorosa de Hermione.

— ¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendido hacia el techo de la mazmorra. Y algunos de los Slytherin rodaron los ojos.

—No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?

Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.

—Siéntate —gritó a Hermione—. Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?

Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergaminos. Por encima del ruido, Snape dijo:

—Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.

La clase inicio con el pie izquierdo. Ahora le tocaba trabajar con una Gryffindor, mientras hacia su poción el profesor Snape paso revisando el trabajo de cada uno. Malfoy tuvo halago al ver que su poción iba en tiempo a pompa. Hubo un incidente y Snape empezó a descontarle puntos a Gryffindor. La clase termino. Pero antes de salir se escuchó la voz de Snape

—señorita Hermione, usted quédese

Algunos de sus compañero la miraron con molestia para después salir sin antes darle una mirada de molestia y con cara "no digas nada o te ira peor". Y es que era algo novedoso el que una nacida de muggles fuera seleccionada a la peor casa. Snape estaba al tanto lo que ocurría con sus alumnos, no por eso se tenía que ser de la vista gorda cuando un miembro de su casa era repudiado por ellos mismos.

—Me han dicho que tiene problemas para adaptarse —lo dijo sin mostrar interés mientras revisaba unos pergaminos.

—Apenas estoy aprendiendo profesor —bajo la mirada al entender a lo que el profesor se refería—, simplemente es mi primera semana

Snape la miro de reojo. Después asintió

—no quiero saber que tiene más problemas. Es todo —siguió con revisando sus pergaminos.

Ella solo salió. Vio que estaba Malfoy afuera con Crabbe y Goyle. Ella solo negó con la cabeza para después evitarlos. Definitivamente no era su semana.

Era su primera clase de vuelo con los de Gryffindor. Al menos esta clase no sería blanco de bromas y todas las bromas se irían hacia los Gryffindor. La profesora Hooch daba instrucciones.

—Bueno ¿qué están esperando? —bramó—. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido.

Hermione nerviosa hizo caso y miro su escoba con un poco de miedo

—Extiendan la mano derecha sobre la escoba —les indicó la señora Hooch— y digan «arriba».

Todos gritaron — ¡ARRIBA!

La de Hermione solo rodó alejándose de ella. Ella resoplo molesta. Los demás Slytherin se quedaron riendo burlándose de ella. La señora Hooch daba instrucciones y regañaba a Malfoy por montar la escoba mal. Sonrió a tal hazaña al igual que unos Gryffindor. cuando neville empezó a volar lejos de ellos, la maestra trato de ayudarlo, pero, fue inútil. El tonto cayo, y se fracturo la mano. Se llevó a neville. Malfoy aprovecho para molestar.

Iba a protestar por tal acción regañarlos pero saco un bufido. Adiós pequeña paz.

— ¡No! —Gritó Hermione—. La señora Hooch dijo que no nos moviéramos. Nos vas a meter en un lío.

Miro a Malfoy que la miro con asco y Harry la ignoro. "niños". Al final se llevaron a Potter y ella recibió mas miradas molestas de sus compañeros de casa.

En la cena estaba apartada mientras leía un libro. Ignoraba a todo y ellos la ignoraban. Vio de reojo cuando Malfoy estaba en la mesa de los leones. Después él se sentó a unos metros lejos de ella y escucho sobre su duelo con Potter. Iba a protestar para decirle lo egoístas que eran, pero, se quedó callada. Fue a la biblioteca estuvo un rato haciendo sus deberes, cuando estaba a punto de entrar a su casa no pudo pasar ya que la contraseña había sido cambiada. Estuvo afuera mucho tiempo. No supo por qué pero decidió ir a esperar a Malfoy al salón de los trofeos ya que la señora Norris se acercaba. Era la primera en llegar pero no había nadie. Se encontró con Potter, Weasley y longbottom. Ella se sorprendió al verlo y ellos también

— ¿y Malfoy? —pregunto el pelirrojo

Ella negó con la cabeza. Mientras explicaba lo que le sucedió. No era novedad que los de sus casas la trataran mal. Ya todos sabían que la despreciaban por ser nacida de muggles.

—Se está retrasando, tal vez se ha acobardado —susurró Ron.

Entonces un ruido en la habitación de al lado los hizo saltar. No era Malfoy.

—Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón.

Era Filch, hablando con la Señora Norris. Aterrorizado, Harry gesticuló salvajemente para que los demás lo siguieran lo más rápido posible. Se escurrieron silenciosamente hacia la puerta más alejada de la voz de Filch. Neville acababa de pasar, cuando oyeron que Filch entraba en el salón de los trofeos.

—Tienen que estar en algún lado —lo oyeron murmurar—. Probablemente se han escondido.

— ¡Por aquí! —señaló Harry a los otros y, aterrados, comenzaron a atravesar una larga galería, llena de armaduras. Podían oír los pasos de Filch, acercándose a ellos. Súbitamente, Neville dejó escapar un chillido de miedo y empezó a correr, tropezó, se aferró a la muñeca de Ron y se golpearon contra una armadura.

Los ruidos eran suficientes para despertar a todo el castillo.

— ¡CORRAN! —exclamó Harry, y los cuatro se lanzaron por la galería, sin darse la vuelta para ver si Filch los seguía. Pasaron por el quicio de la puerta y corrieron de un pasillo a otro, Harry delante, sin tener ni idea de dónde estaban o adónde iban. Se metieron a través de un tapiz y se encontraron en un pasadizo oculto, lo siguieron y llegaron cerca del aula de Encantamientos, que sabían que estaba a kilómetros del salón de trofeos.

—Creo que lo hemos despistado —dijo Harry, apoyándo se contra la pared fría y secándose la frente. Neville estaba doblado en dos, respirando con dificultad.

—acabo… de... romper... las… reglas —añadió Hermione, apretándose el pe cho—. Mi… casa... me… odiaran más —controlo su respiración

—Tenemos que regresar a la torre Gryffindor —dijo Ron— lo más rápido posible.

Hermione negó

—Malfoy te engañó —dijo Hermione a Harry—. Te has dado cuenta, ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió de avisarle.

Harry pensó que probablemente tenía razón, pero no iba a decírselo.

—Vamos.

No sería tan sencillo. No habían dado más de una docena de pasos, cuando se movió un pestillo y alguien salió de un aula que estaba frente a ellos.

Era Peeves. Los vio y dejó escapar un grito de alegría.

—Cállate, Peeves, por favor... Nos vas a delatar.

Peeves cacareó.

— ¿Vagabundeando a medianoche, novatos? No, no, no. Malitos, malitos, los agarrarán del cuellecito.

—No, si no nos delatas, Peeves, por favor.

—Debo decírselo a Filch, debo hacerlo —dijo Peeves, con voz de santurrón, pero sus ojos brillaban malévolamente—. Es por vuestro bien, ya lo saben.

Hermione se volvió pálida por tales palabras.

—Quítate de en medio —ordenó Ron, y le dio un golpe a Peeves. Aquello fue un gran error.

— ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA! —Gritó Peeves—. ¡ALUMNOS FUERA DE LA CAMA, EN EL PASILLO DE LOS ENCANTAMIENTOS!

Pasaron debajo de Peeves y corrieron como para salvar sus vidas, recto hasta el final del pasillo, donde chocaron contra una puerta... que estaba cerrada.

— ¡Estamos listos! —Gimió Ron, mientras empujaban inútilmente la puerta—. ¡Esto es el final!

Podían oír las pisadas: Filch corría lo más rápido que podía hacia el lugar de donde procedían los gritos de Peeves.

—Oh, muévete —ordenó Hermione. Cogió la varita de Harry, golpeó la cerradura y susurró—: ¡Alohomora!

El pestillo hizo un clic y la puerta se abrió. Pasaron todos, la cerraron rápidamente y se quedaron escuchando.

— ¿Adónde han ido, Peeves? —Decía Filch—. Rápido, dímelo.

—Di «por favor».

—No me fastidies, Peeves. Dime adónde fueron.

—No diré nada si me lo pides por favor —dijo Peeves, con su molesta vocecita.

—Muy bien... por favor.

— ¡NADA! ja, ja. Te dije que no te diría nada si me lo pedías por favor. ¡Ja, ja! —Y oyeron a Peeves alejándose y a Filch maldiciendo enfurecido.

—Él cree que esta puerta está cerrada —susurro Harry—. Creo que nos vamos a escapar. ¡Suéltame, Neville! —Porque Neville le tiraba de la manga desde hacía un minuto—. ¿Qué pasa?

No estaban en una habitación, como él había pensado. Era un pasillo. El pasillo prohibido del tercer piso. Y ya sabían por qué estaba prohibido.

Estaban mirando directamente a los ojos de un perro monstruoso, un perro que llenaba todo el espacio entre el suelo y el techo. Tenía tres cabezas, seis ojos enloquecidos, tres narices que olfateaban en dirección a ellos y tres bocas chorreando saliva entre los amarillentos colmillos.

Estaba casi inmóvil, con los seis ojos fijos en ellos, y Harry supo que la única razón por la que no los había matado ya era porque la súbita aparición lo había cogido por sorpresa. Pero se recuperaba rápidamente: sus profundos gruñidos eran in confundibles.

Harry abrió la puerta. Entre Filch y la muerte, prefería a Filch.

Retrocedieron y Harry cerró la puerta tras ellos. Corrie ron, casi volaron por el pasillo. Filch debía de haber ido a buscarlos a otro lado, porque no lo vieron. Pero no les impor taba: lo único que querían era alejarse del monstruo.

— ¿Qué pretenden, teniendo una cosa así encerrada en el colegio? —Dijo finalmente Ron—. Si algún perro necesita ejercicio, es ése.

Hermione había recuperado el aliento y el mal carácter. Estaba molesta, molesta por que acababa de romper más reglas.

— ¿Es que no tienen ojos en la cara? —dijo enfadada—. ¿No vieron lo que había debajo de él?

— ¿El suelo? —Sugirió Harry—. No miré sus patas, esta ba demasiado ocupado observando sus cabezas.

—No, el suelo no. Estaba encima de una trampilla. Es evidente que está vigilando algo.

Se puso de pie, mirándolos indignada.

—Espero que estén satisfechos. Nos podía haber mata do. O peor, expulsado. Ahora, si no les importa, me voy a la cama.

Ron la contempló boquiabierto.

—No, no nos importa —dijo— Nosotros no la hemos arrastrado, ¿no?

Ella solo les dedico una mirada al estilo Slytherin y se marchó hacia las mazmorras.

Malfoy estaba molesto al verlos en la mesa de los leones. No los había expulsado y Hermione se dio cuenta de eso. Se alegró, al menos esa era su recompensa al ver que sus planes se estropearon. Escucho que Potter recibió una escoba. Malfoy a cada rato hablaba de eso, que por su culpa la cara rajada de Potter entro al equipo de Quidditch. Era Halloween y estaban en la clase del profesor Flitwick. Hermione tuvo que hacer equipo con Zabini.

—Y ahora no se olviden de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recuerden, agitar y golpear. Y pronunciar las pala bras mágicas correctamente es muy importante también, no se olviden nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.

Zabini no estaba haciéndolo bien y estaba molesto

¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos bra zos como un molino.

—Lo estás diciendo mal. —Hermione lo corrigia—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.

—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Zabini con rabia.

Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus ca bezas.

— ¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplau diendo—. ¡Miren, Hermione Granger lo ha conseguido! 20 puntos más para Slytherin.

Estaba feliz, que más podía pedir. Iba saliendo del salón cuando escucha las conversaciones de los demás

— ¡maldita sangres sucia! Siempre creyéndose más, si solo es una sangre sucia —dijo Zabini a lado de Nott. Malfoy iba delante de ellos y sonreían a los comentarios del castaño

—creo que de nuevo la dejaremos afuera, le pediré a Marcus que cambiemos la contraseña de nuevo — y todos empezaron a carcajearse.

Hermione los rebaso sin decir nada, quería gritarles pero mejor se quedó callada y paso bajando la cabeza.

— ¡por eso los sangre sucias jamás —Malfoy alzo la voz para que ella escuchara—, tienen amigos porque son insoportables y además de sucios! —y volvieron a carcajearse

Estuvo en los baños. No fue a clases, se quedó ahí llorando. No sabía que era peor estar ahí o en mundo muggle. Ignoro a todas las niñas que quería saber porque lloraba. En el gran comedor los chicos se burlaban de lo que les había dicho Pansy; que Hermione estaba llorando en los baños de las mazmorras. Vieron que entro el profesor Quirrell, gritando sobre el trol. Algunos empezaron a gritar otros se mantuvieron calmados y empezaron a obedecer las órdenes que dio el director.

Malfoy, Zabini, Crabbe y Goyle asintieron. Tenían un plan para el trol. Solo querían darle un escarmiento a la sangre sucia y si pasaba mas allá ellos se lavarían las manos. Esperaron que el trol entrara a los baños para después encerrarlo. Escucharon el grito de su compañera y ellos se echaron a correr.

Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El personaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.

— ¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.

El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balan ceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había hecho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry Vaciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.

— ¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro extremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pareció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hocico hacia Ron y dando tiempo a Harry para correr.

— ¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Hermione, tra tando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover. Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.

Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.

Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido: corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orificios nasales del trol.

Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón.

Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:

— ¡Wingardium leviosa!

El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza sobre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.

Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra.

Hermione fue la que habló primero.

— ¿Está... muerto?

—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desma yado.

Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.

—Puaj... qué asco.

La limpió en la piel del trol.

Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la habitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la marcha. Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.

Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos.

— ¿En qué estaban pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada—. Tienen suerte de que no los haya matado. ¿Por qué no estaban en los dormitorios?

Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora.

Entonces, una vocecita surgió de las sombras.

—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban bus cando a mí.

— ¡Hermione Granger!

Hermione finalmente se había puesto de pie.

—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.

Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a una profesora?

—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo gol pearse con su propio bastón. No tuvieron tiempo de ir a bus car ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.

Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.

—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?

Snape se la quedo viendo con una mirada penetrante, inquisidora como para darse cuenta lo que realmente paso.

Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas. Aparte de dar miedo como veía a su alumna de su propia casa.

—Hermione Granger, por esto Slytherin perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Estoy muy desilusionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a tu casa. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.

Hermione se marchó.

Snape salió después de ella siguiéndola. Tenía que hablar con sus alumnos de su casa.

—ve a la enfermería, que te den algo

Ella asintió,

Snape llego a la sala común y encontró a todos cenando. Todos dejaron el ruido y se lo quedaron viendo. Sabían que algo malo había pasado para que el profesor Snape estuviera ahí.

— ¿Quién fue? —pregunto casi en un susurro que escucharon todos.

Algunos se vieron y no sabían de qué hablaba el profesor.

— ¿Quién de ustedes, estuvo a punto de cometer un asesinato? —pregunto serio sin alzar la voz. Noto que todos se sorprendían y que algunos evitaban verlo—. ¡Los de primero! —exclamo por lo bajo—, ¿saben algo de lo que sucedió con la señorita Hermione Granger? —lo había dicho. Y no basto para que entre ellos murmuraban. Todos estaban implicados en hacerla su estadía miserable.

Una de quinto alzo la mano para hablar

—ella no estuvo en el comedor, escuche que estaba en el tercer piso llorando en los baños de las niñas —aclaro

Snape asintió.

—Eso ya lo sé, me tuve que enterar por la maestra McGonagall —mostro molestia al mencionarla— lo que quiero saber quién —miro a Crabbe— o quienes —vio a Malfoy, Zabini, y Goyle—, la encerraron junto con el trol

Al decir esto todos empezaron a murmurar.

— ¿está muerta? —pregunto Pansy

Todos se la quedaron viendo molestos. Sabían que si la sangre sucia moría a todos los culparían. Ya la casa estaba en malos términos para poner más leña al fuego era inaudito.

—por fortuna, no. —Vio a todos que suspiraban aliviados— ultima vez que hacen esto. Para la otra todos serán suspendidos por un mes.

Salió de la sala iba molesto, no; Para nada. Solo estaba fastidiado por hacer esa visita. Cuando encontró a la chica reclinada en una pared.

—señorita Granger ¿Qué hace aquí?

Hermione se puso nerviosa y solo sonrió. No quería decirle que no le habían dicho la nueva contraseña y tener más problemas.

—Me olvide de la nueva contraseña —bajo la mirada apenada

—ocupa esta, "matalobos" ahora, entra —siguió por su camino.

Hermione asintió. Cuando ingreso a la sala común, todos se la quedo viendo. Tenía el pelo revuelto más de lo normal lleno de polvo. Algunos raspones. Y la ropa toda sucia como si fuera arrastrada por los escombros. Ella los miro y fue caminado hacia su dormitorio. Nadie dijo nada; solo se sentían culpables. Por primera vez sentían lastima por la sangre sucia.

Era diciembre se acercaba las vacaciones de navidad. Estaba en la biblioteca terminando algunos deberes cuando Potter se acerca.

—Hermione, ¿me puedes ayudar? —pregunto tímidamente

Hermione dejo su pergamino para después mirarlo.

—si son tus deberes, no. La otra vez fue porque me sentía en deuda —aclaro.

—no, no es sobre los deberes. —se sentó y se acercó hacia ella. Como diciéndole un secreto— es sobre Nicolás Flamel

— ¿Nicolás Flamel? —pregunto intrigada

Harry asintió

— ¿lo conoces?

Ella negó

—mmm, creo que he leído algo. Pero, no estoy segura

Esos días los cuatro la acompañaban a la biblioteca. Longbottom a veces se retiraba ya que se aburría al igual que Weasley. Harry era el único que seguía con la búsqueda. En la sala común se anotaron los que se iban a quedar en la navidad. Hermione fue la primera en escribir su nombre.

Todos estaban impacientes para que empezaran las vacaciones. Estaban en el aula de pociones con los de Gryffindor, el profesor Snape todavía no llegaba.

—Me da mucha lástima —dijo Draco Malfoy, en una de las clases de Pociones— toda esa gente que tendrá que que darse a pasar la Navidad en Hogwarts, porque no los quieren en sus casas.

Empezó a molestar a Potter ella solo hizo oídos sordos. Si no iba a su casa no es porque no la quisieran, es más, estaba cien por ciento segura que se iba a su casa algo malo le iba a pasar.

Al final fue solo ella que se quedó de Slytherin. Era la única que tenía la sala común para ella. Y la mesa de Slytherin solo para ella. En pocas palabras estaba en la gloria. Sabía que si dejaba sus cosas en la sala común nadie se lo escondería. Ni tampoco le cambiarían la contraseña. Podría desvelarse estar en la biblioteca para seguir con la investigación.

En navidad por primera vez le llegaron tres regalos. Ella se sorprendió al verlos. El primero era el regalo de Harry. Un libro muggle de los hermanos Grimm. El segundo era de longbottom, era un libro de herbologia, sobre para que se sirve cada uno de las diferentes plantas que hay en el mundo mágico. El tercero eran una caja de ranas de chocolates y grageas de todos los sabores de bertie bott, ella sonrió a tal gesto y a la vez se sintió más culpable por no haberles regalado nada. Esa tarde estaba en la sala común comiendo una rana de chocolate cuando le salió el cromo de Albus Dumbledore. Es ahí que leyó la reseña de este.

Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tene broso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Fla mel. El profesor Dumbledore es aficionado a la músi ca de cámara y a los bolos.

Cuando lo termino de leer, empezó a buscar su libro de Hogwarts una historia. Así que descubrió quien era. En ese instante mando una lechuza con Harry. Describiéndole todo lo que había descubierto.

Un día antes que los demás regresaran, se aseguró que sus cosas estuvieran en orden. Adiós tranquilidad, adiós dulces vacaciones. Iniciaron las clases. Ella estaba en la biblioteca haciendo los deberes cuando salió encontró a Malfoy molestando a neville. Quería ayudarlo pero mejor se agacho y se fue del otro lado. En los pasillos de Gryffindor ella esperaba a neville para ayudarlo. Cuando Potter y Weasley la encuentran.

—Hermione, ¿Qué haces acá?

Ella solo sonríe

—estoy esperando a alguien

Y así fue, neville venia saltando y concentrado para no caerse ya que tenía los pies pegados. Hermione se acercó y le hizo el contra maleficio; después se alejó sin decir nada.

—Ella debería estar en Gryffindor —dijo neville al ver que la castaña se marchaba.

Los demás asintieron.

Diez semanas para los exámenes, estaba como loca leyendo. Perdió no mucho tiempo ayudando a Harry a descubrir quién le regalo a Hagrid un dragón. Y ahora estaba como loca leyendo y repasando algunos libros. Cuando escucho que Malfoy sabía lo de Norberto. Esa noche lo tendrían que trasladar. Ella sabía que se iba a meter en grandes problemas. Así que espero a que todos se quedaran dormidos y empezó a escabullirse por los oscuros pasillos. Vio que Malfoy iba hacia la sala de astronomía. Después escucho algunas voces al igual que unas siluetas. La profesora McGonagall, con una bata de tejido esco cés y una redecilla en el pelo, tenía sujeto a Malfoy por la oreja.

— ¡Castigo! —gritaba—. ¡Y veinte puntos menos para Slytherin! Vagando en medio de la noche... ¿Cómo te atreves...?

—Usted no lo entiende, profesora, Harry Potter vendrá. ¡Y con un dragón!

— ¡Qué absurda tontería! ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras? Vamos, hablaré de ti con el profesor Snape... ¡Va mos, Malfoy!

Ella se sorprendió al ver Malfoy castigado. Sonrió era la primera vez que un profesor lo castigaba y lo halaba de las orejas. Después que se fueron vio a neville junto con Potter.

— ¡acaban de castigar a Malfoy! —chillo emocionada

Los otros también lo estaban. Ayudo a llevarlos al lugar destinado. Esperaron a que se lo llevaran ya se dirigían a su casas. Cuando vieron a Filch con una sonrisa siniestra.

Hermione era un manojo de nervios no sabía qué hacer. Los habían llevado al despacho de la profesora McGonagall. ¿Qué diría el jefe de su casa? ¿Qué castigo le depararía? ¿Qué haría si se enteran de cuántos puntos serán descontados? Llego la profesora y les dio una mirada de molestia. Pregunto algunas cosas, pero, nadie contesto. Ella tenía la mirada puesta en sus zapatillas. Al final solo le descontaron 20 puntos a Slytherin y 100 puntos a Gryffindor. Pero también, tendrían que hacer un castigo especial. Ella no dijo nada solo asintió.

Era el día de su castigo. Después de cenar Filch los llevo con Hagrid. Se adentraron al bosque prohibido. Fueron por parejas. Hermione con Hagrid. Malfoy con longbottom y Harry con fang el perro de Hagrid.

Después de un pequeño incidente (más bien dicho Malfoy) se volvieron a reagrupar. Ahora de tres en tres. No se sabe que paso solo se escucharon algunos gritos. Malfoy corría desesperado señalando el interior del bosque. Definitivamente el bosque prohibido debería seguir siendo prohibido. Al menos conoció un centauro.

Harry le explico todo lo que sucedió en el bosque. No sabía porque, pero, Hermione ni siquiera era amiga de Potter solo eran conocidos. Pero solo le dio unas palabras de consuelo diciéndole que Dumbledore era un gran mago y si estaba con él nunca le pasaría nada. Sabia de quien sospechaba Harry, pero ella nunca defendió al su jefe de casa. Era más de ver y comprobar a juzgar sin conocer.

Estaba en la biblioteca repasando los exámenes. Cuando llego Potter, Weasley, longbottom.

— ¡acompáñanos! —la jalaron de la mano mientras la llevaban a la salida.

Le explicaron lo que descubrieron. Hermione no quería ser partícipe de esto y quería echarse para atrás. Pero al ver que Harry le hace un cumplido por su inteligencia acepta.

Longbottom se quedó afuera esperando a que cuando llegara el director él le avisaría lo que pasara. También, porque Malfoy y compañía los vieron salir con Hermione. Él se quedaría como la carnada en lo que los demás se van por el pez gordo.

Lazo del diablo, hecho un ajedrez que dejo incapacitado a ron hecho. Un encantamiento para pasar por una puerta que necesita una llave alada y encantada hecho.

Llegaron al otro lado ella suspiro.

Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.

—Snape —dijo Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?

Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mis mo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.

— ¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry miró por encima de su hombro para leerlo:

El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,

Dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,

Una entre nosotras siete te dejará adelantarte,

Otra llevará al que lo beba para atrás,

Dos contienen sólo vino de ortiga,

Tres son mortales, esperando escondidos en la fila.

Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,

Para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:

Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;

Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;

Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;

Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.

Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sor prendido, vio que sonreía, lo último que había esperado que hiciera.

—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.

—Pero nosotros también, ¿no?

—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con vene no, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego ne gro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.

—Pero ¿cómo sabremos cuál beber?

—Dame un minuto.

Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándo las. Al fin, se golpeó las manos.

—Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.

Harry miró a la diminuta botella.

—Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo—. No hay más que un trago.

Se miraron.

— ¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?

Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.

—Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la trampilla sin que los vea Fluffy. Ir directamente a la lechucería y envía a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a ya-sabes-quien, pero la verdad es que no puedo igualarlo.

—Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?

—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —Dijo Harry, se ñalando su cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo.

Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó.

— ¡Hermione!

—Harry... Eres un gran mago, ya lo sabes.

—No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.

— ¡Yo! —Exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado!

—Bebe primero —dijo Harry—. Estás segura de cuál es cuál, ¿no?

—Totalmente —dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.

—No es veneno, ¿verdad? —dijo Harry con voz anhe lante.

—No... Pero parece hielo.

—Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.

—Buena suerte... ten cuidado...

— ¡VETE!

Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.

Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.

Pasaron tres días, donde ella disimuladamente preguntaba por Harry. Cuando se enteró que estaba despierto fue a verlo. Entraron a la enfermería. Ron le platico algunos sucesos.

Ella estaba feliz. Al saber que su jefe de casa no estaba involucrado en matarlo. Y que solo el profesor Quirrell era el que quería "asesinarlo" por haber sobrevivido a su señor.

Estaban en el gran comedor, todos sabían lo que había pasado. Que Potter y Weasley eran los héroes de la historia. Ellos salvaron la piedra filosofal de las manos del profesor de artes oscuras. Hermione no tenía tanta atención ya que era de Slytherin y todos decían que ayudo solo porque era la cómplice del profesor Quirrell.

— ¡Otro año se va! —Dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que pueden empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos tenido! Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el próximo año... Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Gryffindor, con trescientos sesenta y dos puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos ochenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos dieciséis, y Slytherin, cuatrocientos veintidós.

Los de Slytherin aplaudían por su logro.

—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.

Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron un poco.

—Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para agregar. Déjenme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...

Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con insolación.

—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encantado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: «Es mi hermano, ¿sabéis? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!».

Por fin se hizo el silencio otra vez.

—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Slytherin con cincuenta puntos.

Hermione enterró la cara entre los brazos. Snape a su manera solo asintió a la mesa y algunos empezaron aplaudir

—Tercero... al señor Harry Potter... —continuó Dumbledore. La sala estaba mortalmente silenciosa—... por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.

El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto más a Harry... Pero así no llegaban a ganar.

Dumbledore levantó el brazo. La sala fue recuperando la calma.

—Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dumbledore—. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.

Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Come dor habría creído que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor.

—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebran do la derrota de Slytherin—, que hay que hacer un cambio en la decoración.

Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor. Snape es trechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horri ble sonrisa forzada en su cara.

Estaban todos molestos. Cuando todos ingresaron a la sala común. Vieron con coraje a Hermione.

— ¡bravo Hermione! —Exclamo Pansy — ¡por ti, Slytherin perdió!

Ella se quedó congelada como si le hubieran lanzado un Petrificus totalus

— ¡tenía que ser la sangre sucia! —Ironizo Malfoy con desprecio— ¿Por qué mejor no te vas con los leones? Creo que ahí encajarías mejor

Todos empezaron reír.

Esa noche le escondieron todas sus cosas. Su único consuelo era que era la mejor del curso, supero a las demás casas. Al día siguiente solo desayunaron y Hagrid los guio a los botes para que se fueran directo al tren. Estaba sola en el compartimiento. Era la repudiada de su casa tan solo por haber ayudado a Potter.

Cuando llegaron a la estación King Cross, vio como algunos alumnos eran recibidos por sus padres. Ella solo le sonrió a Harry al verlo con su padrino y ron rodeado por su madre. Camino por el muro 9 ¾ y salió. Bienvenida al mundo muggle.