Título: Lo que sucede en los aposentos del rey…

Resumen: Lo que sucede en los aposentos del rey, se queda en los aposentos del rey. Capítulos en los que podemos ver como la relación de Arturo y Merlín avanza para convertirse en algo más que una amistad.

Advertencias: Un poco subido de tono.


Cuando llegó a los aposentos del rey, después de terminar su trabajo, y lo miró agotado, quejándose por lo bajo, Arturo estaba sin remera y Merlín había aprendido a sentirse cómodo con el estando en interiores, pero a veces no podía evitar mirar su bien formado pecho, porque dios, ¿Quién no querría tener un cuerpo así? Y sin embargo a Merlín le daba un poco de miedo, porque él no envidiaba esos pectorales, no, él quería tocarlos, se moría de ganas de acariciarlos y sentir la piel desnuda del rubio contra la suya. El rey se debe haber dado cuenta de que algo le pasaba, porque lo miraba raro.

Por otro lado, Arturo odiaba cuando Merlín se quedaba callado, él no quería que Merlín cerrara su estúpida bocaza, quería escuchar sus comentarios, que a pesar de que lo hacían gritar y querer matarlo le arreglaban el día, siempre lo hacían las palabras de su sirviente.

- Merlín ve a prepararme el agua para bañarme.

Y el mago obedeció a regañadientes, el siempre calentaba el agua rápido con magia, pero no podía hacerlo si Arturo no le sacaba los ojos de encima. Aprovechó que estaba distraído mientras se desnudaba para calentarle el agua.

A pesar de que Merlín siempre que se bañaba Arturo procuraba darle la espalda dejando que el rey se bañara sólo, y tuviera su privacidad, había algo que esta vez era diferente, como que esta vez no pudo reprimir el impuso de ver por debajo de la cintura de Arturo, como siempre hizo las otras veces. Esta vez fue difícil, esta vez le costó más que nunca, y ni siquiera pudo evitar dirigir sus ojos hasta allí.

Se sonrojo de inmediato porque dioses, ¡Eso era gigante! Cerró los ojos y contó hasta tres repitiéndose que se tranquilizara, que Arturo era el rey, estaba con Gwen, y lo más importante, era su mejor amigo.

Él no iba a perder a su amigo por sus malditos deseos carnales. No se lo permitiría. Ni tampoco permitirá otra vez que sus ojos viajasen por ese bien formado cuerpo, ni vean nuevamente esa cosa enorme que Arturo tenía colgando entre las piernas.

Mientras que un muy divertido príncipe se reía de la vergüenza de su muy idiota siervo, se había dado cuenta de cómo miró fugazmente su pene y luego se concentró en hacer cualquier otra cosa. Merlín balbuceo unos segundos al ver la sonrisa presumida de Arturo y queriendo salir corriendo de la habitación, torpe como él sólo, se tropezó y cayó directamente en los brazos del rey.

- ¡Merlín! - se acostumbró a escuchar su nombre en ese tono de voz, pero eso no quitaba que dolía cuando le gritaban en el oído. - Mira que eres torpe... No te iras, hoy necesitó que me ayudes a bañarme.

Enjabonar el cuerpo de Arturo, tocar el cuerpo de Arturo, sentir contra sus dedos el cuerpo de Arturo. Tenía un pequeño problemita ahí abajo, justo en su entrepierna, "el pequeño hechicero" se levantó ("el pequeño hechicero" sin duda era un buen apodo para el pene de Merlín, pensó en dejárselo de verdad, y casi se rió de sus propias ocurrencias)

Iba a ser difícil hacer su trabajo con aquella erección atrapada en sus pantalones.