Disclaimer: Nada referente a la saga Harry Potter me pertenece a excepción de los personajes originales que creé.
Summary: Cuando llegó el verano, Mamá, Will y ella decidieron visitar algunas ciudades del país. Y fue en Liverpool cuando recibió la carta que cambiaría su vida para siempre: Querida Señorita Smith |Primero en la serie de Mary Smith. Eventual Harry/Mary.
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Capítulo 1.
Gente rara y luego el vendedor de Varitas
Por: Jess Grape
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Sostuvo con fuerza la mano de Will.
— ¡Me estás lastimando, enana! —se quejó mientras entraban al Caldero Chorreante, mamá caminaba detrás de ellos divertida.
—Eres una niña, deberías de llamarte Willa—respondió Mary, sacándole la lengua.
Ya habían estado ahí una vez para ver el precio de los libros y todo lo que necesitaría, también para ver la moneda de cambio que manejaban los magos (el banco de los magos se llamaba Gringotts y era manejado por duendes… raro).
Y, para ser honestos, querían saber si todo esto era una broma elaborada del "Profesor Flitwick" un hombre realmente chiquito que había llegado a su hotel justo después de que recibieron la carta de Hogwarts para explicarles sobre la magia y todo un mundo oculto a la vista de los "muggles" (término que utilizaban ellos para describir a las personas no mágicas) así también para darles instrucciones de dónde comprar todo lo que necesitaba y hablar sobre la escuela. Ese fue un día realmente largo.
No es necesario decirles que Mary casi lloró (¡si, casi! ¡Lo que había en sus ojos eran lágrimas por el polvo, no por la emoción!, no importa lo que Will diga) cuando vio el Callejón Diagon.
Pasaron el resto de la tarde mirando todo el lugar y al final, conocieron a una niña que también entraría a Hogwarts el mismo año.
Vivía arriba del Caldero Chorreante y su mamá era una bruja. Mamá le dio permiso de platicar con ella mientras comían un delicioso helado de Fortescue's, así ella y Will podrían hablar con el dueño del lugar y la madre de Hannah (su nueva amiga –realmente se sorprendió a sí misma el poder platicar con alguien más, ya que nunca había tenido la oportunidad de hacerlo sin que la otra persona se alejara a los cinco minutos) sobre Hogwarts y bueno, el Mundo Mágico en general.
Will parecía realmente interesado en cómo podían esconder todo eso del resto del mundo mientras mamá preguntó muchas cosas sobre la comida y cualquier tipo de arte que los magos practicaran. Hannah y Mary pasaron el rato hablando sobre sus vidas y las diferencias entre los mundos en que habían crecido.
Sin embargo, Mary no preguntó sobre la escuela y Hannah tampoco la mencionó, probablemente por el mismo motivo que: las dos estaban nerviosas sobre lo que enfrentarían allí, ya que Hogwarts era algún tipo de escuela-internado y tendrían que separarse de sus familias por todo un año (sin contar las vacaciones de Navidad).
Al final del día se despidieron y planearon encontrarse en King Cross en el andén 9 ¾ (si, leyeron bien, al parecer eso existe) y la mamá de Hannah les explicó cómo entrar al andén, lo cual fue muy afortunado, pues de otra manera se habrían encontrado en una situación realmente incómoda en la estación.
Así que Mary pasó el último mes antes de entrar a Hogwarts contando los días para el primero de septiembre y hojeando los libros (no se molestó en profundizar, ya que lo vería todo en la escuela) que mamá había comprado, además de pasar tiempo de calidad con su pequeña y amorosa familia.
También, decidieron volver al Callejón Diagon para comprar un búho y así poder comunicarse, aunque se quedaría en casa y Mary me llevaría a su gatita Olivia –hija de la fallecida Meredith- a Hogwarts.
—De esa manera, si no nos escribes para contarnos todo lo que pase allí, podremos enviarte cartas.
Aunque Mary sospechaba que tenía que ver con el hecho de que quería enviar cartas a la mamá de Hannah y suscribirse al Profeta, el periódico de los magos, y estaba casi segura que escuchó algo sobre un Corazón de Bruja.
Will tomó prestados algunos de los libros de su escuela y a cambio, le prestó uno que mamá le compró en el Callejón Diagon: Por qué no morí cuando el augurey cantó de Gulliver Pokeby, que resultó ser más interesante de lo que sonaba.
Cuando no estaban absorbidos por este mundo que acababan de encontrar, se dedicaron a comprar las cosas para el nuevo año escolar de Will y haciendo pequeñas salidas por la ciudad con nuevos ojos, ya que con el conocimiento que ahora poseían, era posible observar más de lo que se dejaba ver a simple vista.
Una semana antes del primero de septiembre, Mary se encontró en su cama recordando el día que compraron su varita…
Cuando entraron a Ollivander's no estaban muy seguros de lo que se iban a encontrar, aunque fue una sorpresa ver un lugar tan… gris. La luz era casi mínima y había mucho polvo, estaba todo muy callado y no se veía alguna persona. Intercambiaron miradas, confusos.
—Oh, nuevo cliente en su nuevo mundo—los tres dieron un salto, sorprendidos por la repentina voz y se giraron para ver a su dueño, detrás del mostrador.
—Em… si—respondió mamá, insegura. —Estamos aquí para comprar una varita y nos encantaría si usted nos pudiera ayudar a elegirla.
El hombre rio entre dientes. —Lamento decirle que no les puedo ayudar a elegir una varita, señora—Mamá frunció el ceño.
—Así que, ¿usted no es Ollivander?
—Yo soy Ollivander—respondió, ligeramente divertido.
—Entonces, ¿por qué no nos puede ayudar a…?
—Porque me temo que nadie puede elegir una varita, señora. Es la varita que elige al mago.
Will tosió algo muy parecido a 'loco' y Mary lo pisó, aunque sus pensamientos no eran tan diferentes. El hombre volvió a reír entre dientes.
—Como dije, gente nueva en este mundo—su voz no era desdeñosa, pero tampoco lo afirmó como si fuera algo bueno. —Una varita no es creada por el fabricante, joven, éste solo le da la forma a lo que está determinado. Por ejemplo, ésta—tomó una varita del mostrador—: roble, centro de pluma de fénix, veinticinco centímetros, rígida, está destinada para un mago o bruja que tal vez no ha nacido aun.
— ¿Está diciendo que las varitas están vivas? —preguntó Will interesado.
—Tal vez, ¿quién lo sabe? Un servidor no tiene los secretos del universo, jovencito.
—Pero, usted es creador de varitas…
—Así es—replicó Ollivander como si eso respondiera a todo.
—Estoy confundida—dijo Mary. Escuchó a Will murmurar algo como 'Bienvenida al grupo', mamá solo sonrió. Los ojos del hombre la observaron.
—Y ahora, para el show principal—dijo, escudriñándola. Se sintió incómoda: él no era el tipo de dulces viejitos que te podías encontrar en el centro un domingo por la mañana desayunando en alguna terraza, pero tampoco parecía uno de esos viejitos groseros: al menos no lo hacía con intención—: La brujita.
Caminó hacia ella y comenzó a medirla por casi cinco minutos, y cuando la cinta estaba en su nariz, Will soltó una risita.
—Mami—se quejó avergonzada. Pero ella estaba demasiado ocupada tratando de ocultar su risa para regañar a su hermano. — ¡Qué maduros!
—Señor Ollivander—dijo mamá cuando logró su cometido—, usted dijo que una varita elige a su mago o bruja, ¿verdad? ¿Cómo podremos encontrarla? Debe tener cientos, sino miles de varitas aquí.
Mary se tensó ya que no había pensado al respecto, pero él solo sonrió levemente. —Nunca olvido las varitas que he hecho, señora. Ni una sola. Aunque las varitas eligen a su maestro, el fabricante puede dar un empujoncito, es por eso que estoy midiendo a su hija, para poder encontrar una.
Will pareció más impresionado y mamá asintió con la cabeza y continuó fisgoneando por la tienda hasta que Ollivander aplaudió una vez. — ¡Empecemos con la búsqueda! Creo que…—siguió murmurando, alejándose por los pasillos detrás del mostrador. —Estaba seguro que la dejé aquí… oh, ahí estás, traviesa— Mary intercambió una sonrisa con mamá, divertida. —Haya, centro de pluma de fénix, veintidós centímetros, firme, excelente para Transformaciones—la sostuvo tan delicadamente hacia ella que temió romperla, estuvo en su mano cerca de dos segundos antes de que él se la quitara. —No, tú no eres la correcta—murmuró alejándose de nuevo, aunque estaba casi segura que el comentario estaba dirigido a ella, no a la varita.
Siguió trayendo unas cuantas más (arce y pelo de unicornio, ébano y dragón, pino y fénix) para las cuales Mary no era la correcta hasta que tronó los dedos. —Por supuesto, ¿cómo lo pude olvidar? —desapareció por otro pasillo y volvió con otra varita. —Cerezo, pelo de unicornio, veintiséis centímetros, excelente para Encantamientos, flexible—dijo con esa extraña sonrisa. —La hice hace unos años.
Cuando Mary la tomó, sintió una calidez que se extendió de sus dedos por su brazo y luego al resto de su cuerpo y no pudo evitar sonreír al sentirse… completa, como si algo le hubiera faltado antes y no se había dado cuenta de su ausencia hasta que estuvo conmigo.
—Ah… parece que la ha hecho esperar mucho, brujita.
