Capítulo 2: Las mujeres están locas.
Kenshin llegó al dojo nervioso y excitado. En esos momentos iba a poner en práctica su plan para sorprender a su Kaoru-dono y pasar una noche de sexo animal.
Sanosuke entró tras él, y lo siguió hasta el baño. Kenshin lo miró con gesto de reproche. ¿Es que el maldito cabeza de pollo no lo dejaría tranquilo ni en su propio baño? –Sano,¿podrías salir del baño y darme un poco de intimidad?
Sanosuke hizo oídos sordos a su queja y se sentó en el borde de la tina. –No. Esto es algo que no quiero perderme. Quiero tener buenas historias que contarles el día de mañana a tus retoños pelirrojos.
Sanosuke sonrió y Kenshin resopló. Cuando Sano se encabezonaba en algo, no había Dios que lo convenciera de lo contrario, así que se resignó y empezó a deshacerse de sus ropas.
Se miró durante largo rato para ver por donde debía comenzar a depilarse.
Decidió empezar por la parte más delicada. Pubis y testículos. Con un poco de suerte, no haría falta rasurar el resto.
Se recordó los pasos a seguir. –Bien, primero cortar los pelos más largos.
Tomó las tijeras y comenzó a cortar. Eso era fácil. Intentó pensar en Saito vestido de Geisha porque el cosquilleo de la tijera en los testículos, lo estaba enloqueciendo. Eso no podía ser, tenía que conseguir a Kaoru esa misma noche.
Terminó su trabajo con éxito y se contempló de nuevo.
Sanosuke por su parte, estaba aguantando la risa y un par de lagrimitas asomaban por sus ojos. Le estaba costando horrores no largarse a reír sin parar.
Kenshin se sentía orgulloso de su trabajo. No entendía porque las mujeres se quejaban tanto. No era tan complicado.
El siguiente paso era el jabón. Eso también tenía su gracia. Vuelta a pensar en Saito vestido de Geisha. Se contempló, y pensó que se parecía a un viejo con una barba blanca y una nariz muy grande. Rió.
Sanosuke ya no podía aguantar más, y reía ruidosamente.
Yahiko acababa de llegar al dojo. Tenía un problemilla con Tsubame, y quería pedir consejo a Kenshin El siempre sabía lo que hacía y seguro que le daba una buena solución.
Al pasar por el baño, escuchó reír a Sanosuke, y luego escucho una risa un poco más apagada. Ese era Kenshin.
Yahiko estaba poniéndose rojo de la ira. ¿Cómo podían ser tan desvergonzados?¿Y Kenshin?¿No pensaba en Kaoru, o qué?
Muy resuelto a interrumpir lo que allí dentro se estuviera llevando a cavo, abrió la puerta del baño de sopetón. Y cuál fue su sorpresa, al encontrarse a Sano riendo y llorando, y a Kenshin desnudo con las manos y… ¿los testículos? llenos de jabón.
Kenshin se apresuró a explicarle la situación mientras Sanosuke seguía tirado en el suelo desternillándose.
Sano paró de reír y se sentó de nuevo en el borde de la tina. Yahiko cerró la puerta, y se posiciono a su lado. Justo delante de Kenshin.
-¿Piensas quedarte? -. Kenshin se sentina muy avergonzado. Era frustrante que Sanosuke lo contemplara en esas fachas, pero lo era mucho más que lo hiciera Yahiko. Para ese muchacho él era un héroe, un modelo a seguir y en ese momento seguro que pensaba que estaba completamente loco.
Yahiko asintió y se acomodó bien para contemplar la tarea de su amigo.
Kenshin suspiró. –En fin, sigamos pues.
Cogió la navaja. Esa cortaba más que el filo de su Sakabattou. Grácilmente, se levantó el escroto para tener mejor visión. Primera duda: "Vale, hazlo en el sentido del pelo". ¡Demonios!¿Cuál era el sentido del pelo en un testículo? Cagada, el tenía el testículo redondo. Los pelos no parecían tener un "sentido". Simplemente salían de punta. "Bueno, entonces dará igual" pensó.
Iba pasándose la navaja con cuidado, aunque no evitó darse un pellizquito. Miró haber si por el corte que se acababa de hacer asomaba un pollito.
No, había habido suerte. No asomaba ni un esperma. Lo estaba pasando mal al llegar a la parte de atrás, pero finalmente, todo superado.
Atacó el otro testículo, y más de lo mismo, como en el chiste:
"¿Sabes que tengo habilísimo?
No jodas,¿y eso que es?
Un huevo grande y el otro lo mismo"
Empezaba a desvariar, así que se apresuró a terminar su obra de arte.
Atacó los muslos, ahí casi no tenía vello, excepto en la zona más próxima a los testículos. Sin problemas. Quedó tan suave como las nalgas de una quinceañera.
Tocaba la parte superior, que afeitó sin problemas. Una palangana, y agua caliente…parecía que notaba algo de escozor por algunos puntos. "Serán cortecitos" pensó. Se contempló de nuevo. ¡Dios, que impresión! Parecía que volvía a tener diez años. Y no, no era por el tamaño de su miembro, sino por la calva.
Sanosuke y Yahiko se abrazaban y reían con todas sus ganas. Nunca hubieran imaginado ver a Kenshin, "El Gran Battousai el Carnicero", haciendo algo así.
Kenshin se contempló en el espejo que Kaoru había puesto en el baño. Algo iba mal. Observó grandes diferencias. Vio las piernas peludas y, llegando a los muslos, de repente, una calva. Lo mismo sucedía en la panza. Bajaba un canalillo de pelos desde el ombligo y al llegar al paquete ¡zas! Nada.
Y por detrás era aún peor.
Quedaba de pena. "Pero calma" se dijo. Tenía tiempo suficiente, su navaja y jabón de sobras.
Primero la parte trasera.
¿Alguien se afeitaba eso? Mientras lo hacía, sentía que era el primero en intentarlo. Se retorció hasta que le crujieron las costillas. No llego a verse la parte trasera, así que empezó a afeitar sin ver. ¡Mierda! Se le había olvidado pasarse la tijera. "Ya da igual" pensó. Llegó a su zona profunda. No veía nada.
Yahiko, que no podía parar de reír tomó la palabra. –Me parece vergonzoso lo que estás haciendo, pero si estás tan convencido de que es la solución a tu problema, entonces podemos echarte una mano.
Sanosuke secundó la opinión.
Kenshin los miró con los ojos entrecerrados. –Si alguno de ustedes dos se acerca a menos de medio metro de mi culo, o de mi hombría, los afeito con mi Sakabattou -. Los ojos del espadachín por un momento se habían tornado ámbar.
Yahiko echó el cuerpo hacia atrás, y levantó las manos en gesto conciliador. –Está bien, no te ayudaremos. ¿Por qué no coges el espejo pequeño que tiene la busu en el cuarto y te estiras para poder verte bien?
Kenshin se reprendió mentalmente. ¿Cómo no había pensado él en esa posibilidad? –Yahiko ¿Podrías ir a buscarlo?
Yahiko asintió y salió del baño. Al instante estaba de vuelta con un espejo de mano, el cual entregó a Kenshin sin reservas. Si antes habían reído, ahora pensaba que morirían de dolor de estomago de tanto reír.
Kenshin cogió el espejo de mano y se tumbó en el suelo como si estuviera en un paritorio. Con el espejo de pared y el de mano, hizo posturas, hasta que consiguió ver la parte que deseaba rasurar."¡Ostras! Tanto tiempo juntos y apenas nos conocíamos" pensó. Varios minutos después y a base de pasarse la mano, dejó de notar pelos. ¡Trasero depilado!
A Sanosuke estaba a punto de darle un ataque y murmuraba cosas sin sentido mientras se revolcaba en el suelo. Y a Yahiko, le dolía la cabeza y el estómago, y lloraba a mares de la gracia que le causaba la situación.
Lo que podía llegar a hacer un hombre por una mujer.
Después de eso, siguieron las piernas. Eso no tenía complicación ninguna, y lo hizo mientras hacía jurar a Sano y a Yahiko que no explicarían a nadie esa aventura, y mientras ojeaba el periódico de la mañana. "¡Ostras, el general Yamagata ha vuelto de su visita a China, y se ha traído a una mujer! Ja, ja…Que pillo el abuelo"
Después de cuarenta minutos y medio trozo de jabón…
-¡No me reconozco, que fresquito se nota! -. El aire le hacía cosquillas por zonas que antes estaban abrigadas. "No sé si ponerme trocitos de papel en los cortes como hago con la barba" pensó. Decidió que mejor no. No fuera que lo viera Kaoru y pensara que Shishio había vuelto.
Terminado el espectáculo, Sanosuke y Yahiko salieron del baño entre risas, y dejaron a Kenshin que se diera un baño para eliminar los restos de pelos y jabón.
Kenshin se bañó y se quitó con la navaja los pelillos que habían quedado descarriados. Se sentía bien, más limpio. Como más higiénico sin tanto pelo. Aún quedaba el paso del aceite. "Vamos allá". Salió de la tina y busco entre los utensilios de aseo de Kaoru.
Había cosas rarísimas. Aceites de todas las maneras. Por un momento dudo, "¿no estaré buscando entre sus cosas de restauración de muebles?"Leía cosas como: "Para la tersidad", "para reafirmar", "anti-acné"…"este"pensó. "Aceite hidratante para desmaquillar". Justo lo que buscaba. Esperaba que le diera para todo el cuerpo. Empezó a untarse en el mismo orden en que se había depilado."¡Diablos, pues será todo lo hidratante que sea, pero pica como mil demonios!" Se fue untando el aceite mientras todo le escocía. "¡Ostras! Ahora entiendo porque las mujeres se quejan con la depilación. Tienen que estar locas para hacer esto todas las semanas."
Cuando terminó parecía un trozo de gelatina. Tenía que sujetarse a la tina para no pegarse un resbalón contra el suelo. Se apuntó mentalmente el nombre del aceite, por si algún día lo necesitaba para deslizar "algo" en "algún sitio".
Se reprendió mentalmente. Tenía que dejar de pensar así. Le echo las culpas de su desvergüenza a su falta de actividad sexual.
Le escocía todo el cuerpo y parecía que tenía un hormiguero cabreado en la entrepierna. Se vistió y fue con Sanosuke y Yahiko al mercado. A ver si así, se iba calmando la cosa y de paso compraba los ingredientes para la comida.
Cualquiera que lo viera caminar, pensaría que llevaba metidas en el hakama las kunais de Misao. Iba dando saltitos como si le estuvieran dando descargas eléctricas. Le escocía todo, y le picaba a rabiar. Algo pasaba.
Llegó al dojo y corrió a su cuarto a desnudarse. "¡Ostras!¡Estoy más rojo que las langostas!
Salió corriendo en dirección al salón, donde Sanosuke y Yahiko lo esperaban recostados en el suelo. –Orooo… ¡que la he cagado!¡Que la he cagadooo!
Al llegar al salón, Sanosuke y Yahiko prorrumpieron en carcajadas. –Mira eso Sano, ahora Kenshin es uniforme. Tiene el cabello y el cuerpo del mismo color.
Kenshin estaba desesperado. –Pero si yo seguí las instrucciones de Tae-dono a la perfección. ¿Qué puede haber fallado?
Sanosuke se levantó y caminó hacia la puerta de salida. –Yahiko, ven conmigo. Iremos a preguntar a Tae, haber que es lo que este cabeza de zanahoria ha hecho mal. De mientras, date un baño con agua fría Kenshin. Eso te calmara.
Kaoru entró a la clínica del doctor Gensai. Megumi, al verla la hizo pasar de inmediato.
-¿Y bien?¿Cómo estoy? -. Kaoru estaba muy nerviosa y se arrugaba el kimono con las manos.
-Tranquila Kaoru, estas estupendamente. Al principio, había temido porque esas pérdidas no me gustaban para nada. Pero ya hace tres semanas que no te sucede. Ya estas fuera de peligro y puedes hacer vida normal. Solo era por precaución.
-Gracias a Dios. Kenshin estaba empezando a ponerse pesado, y me costaba horrores mantenerlo alejado de mi.
-No se lo tendrías que haber ocultado -. Megumi la miraba con gesto reprochador. Pero ella sabía lo que hacía y conocía a Kenshin demasiado, como para saber que si se lo hubiera contado, se habría preocupado demasiado.
-Lo sé, pero no lo hice porque tú me dijiste que había posibilidades de perderlo, y no quería que él se preocupara. Pero ahora que me has dicho que no hay riesgo, podré decírselo y volver a mi vida normal.
-Ken-san se pondrá muy contento al enterarse de su futura paternidad -. Megumi bajó la cabeza, y Kaoru comprendió que ese era un tema bastante espinoso para la doctora.
-Gracias por todo Megumi. El mes que viene volveré para hacerme el chequeo pertinente.
Con esas palabras, Kaoru salió de la clínica y fue directa al dojo. Estaba deseando enganchar a su pelirrojo, y ni el Hitten Mitsurugy lograría apartarla del camino. Aunque estaba convencida de que a Kenshin le entusiasmaría la idea.
Kenshin estaba en la tina. El agua fría parecía que lo calmaba. Sanosuke y Yahiko aún no regresaban. Empezaba a sentir frío.
De pronto escuchó la puerta de entrada. Debían ser ellos. Pero se llevó una grata sorpresa al escuchar que alguien lo llamaba, y no era ni Sanosuke ni Yahiko.
-Ken…cariño ¿Dónde estás? - . Kaoru miraba todos los rincones del dojo en busca de su amado espadachín y su voz, se tornaba a cada llamado más y más seductora.
"¡Ai Dios, no!" pensó "Esa voz no, por favor". Solo con oírla llamarlo así, se le empezaba a tensar la entrepierna, y eso no hacía más que aumentar el picor y el escozor. Se dijo que tenía que calmarse. No podía verlo en aquel estado. ¿Cómo le explicaría él lo que había hecho? Ella se reiría, y entonces sí que no querría tener nada con él. Miró alrededor, tenía que encontrar la manera de esconderse. ¿Pero cómo?, en el baño no había ni un armario para poderse meter adentro.
Sentía la voz cada vez más cerca. Salió de la tina, y empezó a correr de lado a lado del baño. La puerta del baño se empezó a abrir y Kenshin contuvo la respiración.
CONTINUARA
AGRADECIMIENTOS
Lica: Me alegra mucho que te haya gustado y espero que en este próximo aún te rías más.
rogue85: Siento haberte agregado tres dígitos jaja, fue sin querer. Gracias por tus rw.
