Titulo: Nosotros nos odiamos más.
Titulo del capitulo: Amputar es traer un muñón al mundo.
Pareja/Fandom: Wincest (Sam Winchester/Dean Winchester)
Clasificación: T
Nº de palabras: 8.606
Tipo de FC: Omega!Verse/Drama de mierda/supongo que crack/intentos de mantener el canon.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y el universo tampoco, todo es propiedad de Erie Kripke.
Sumario: "Las familias se aman", John le mira con una lástima evidente, como si pensara que es un imbécil. Antes de que Sam escupa veneno John se recuesta contra la puerta, "Chico, en esta familia nos odiamos más" y cierra la puerta.
Advertencia:
Señoras y señores, ya estoy en la universidad, así que me disculpo por la eterna demora para publicar este capitulo.
Después de la advertencia y la explicación sobre el verse del primer capitulo, no tengo mucho que decirles sobre este capitulo, lo único es que está aquí la parte más dramática, a mi punto de vista, de la historia. Este capitulo fue una de las cosas más densas sentimentalmente que he escrito en mi vida, tiene un par de cosas de las que, como siempre, no estoy segura, pero al tiempo creo que logré también algunas cosas que no creí que fuera a hacer.
Como ya dije hay algo de drama, hay mucho de John aunque nunca lo hago narrar y cómo verán en algún punto la narración del fanfiction se cambia de bando y Sam empieza a contar las cosas.
Le daré las gracias a cada una de las personas que ha apoyado este fanfic, no pensé que me llegara un review pero llegó, no pensé en favoritos ni follows pero ahí están y me hacen muy feliz, gracias a todos, a Tamiko-san porque siempre tendré que agradecerle, incluso cuando este texto no está beteado y a Kattie por todo el apoyo y las palabras que no merezco por completo.
Espero sea de su agrado este capitulo, disfrútenlo si es posible, les aseguro que después de publicar el capitulo que le sigue a este, no tengo ni idea de cuando volveré a publicar pues la universidad ya me está consumiendo, así que espero que nos veamos pronto pero no puedo prometer nada.
Espero verlos de nuevo y ojalá esto les agrade aunque sea un poco.
NOSOTROS NOS ODIAMOS MÁS.
Amputar es traer un muñón al mundo.
Dean no siente ningún cambio sustancial en John a excepción de ese vago presentimiento de que ya no son padre e hijo. La disciplina bajo el mandato territorial de John es la misma disciplina seca de cazador que Dean ha recibido toda su vida: John planea los casos con una furia clarividente, apunta entre periódicos a diestra y siniestra y los hace correr entre casas y bosques, armados hasta los dientes, destilando sal y degollando vampiros sin apenas tener conciencia.
No es hasta tres semanas después, que Sam se queja de no haber dormido más de cuatro horas en siete días. John le da una mirada certera, usa esa postura corporal que a Dean le hace pensar en el ejército y en general en todas las personas que tienen ese aire de estar acostumbrados a mandar, no toma aire, frunce el ceño y dice: "¿Terminaste los exámenes de la escuela?" Dean exhala, "Hace cuatro semanas, papá". Son demasiados años de Dean observando cada detalle de John para no notar que la palabra "papá" lo suaviza, no deja de fruncir el ceño ni de parecer a punto de dispararles con una bazuca, pero le indica a Sam que puede dormir por un par de horas si lo necesita.
Dean está convencido de que John no cambia. Lo único es que ya no lo trata como un amigo sino como un cazador que invade su territorio, lo husmea a ratos y parece incapaz de respirar a su lado. "Maldita sea Dean, vete a investigar a otra mesa de la biblioteca", "Sí señor". Dean apenas siente la furia, apenas percibe que John planea algo. Cinco semanas que Dean cuenta con vertiginosa ansiedad pasan antes de que vea a John interesado a morir con una revista en las manos, el artículo que tiene frente habla de una teoría reciente que hipotéticamente podría en unos años desarrollar un tratamiento para deshacer la unión entre el alfa y el omega. Dean lee el título de reojo: "La unión no es eterna, la ciencia cree que puede deshacer el vínculo". John le da una mirada que le traspasa el cráneo cuando Dean deja de moverse por intentar leer, "No va a volver a pasar" dice John, "Sí señor" dice Dean.
John no relaja el entrecejo nunca más, abandona cualquier contacto con Bobby luego de una acalorada discusión de la que Dean no fue participe por lo que John llamó: "Obvias malditas razones, Dean" y Sam por su parte parece somnoliento la mayoría del tiempo. Bajo la estricta rutina de John y sus maneras militares de resolver los casos que aparecen espontáneamente, Dean está a punto de dejar de notar que hace semanas no mantiene ningún tipo de conversación con Sam que supere lo expresamente necesario.
Cree recordar que se han preguntado mutuamente por las llaves de la habitación, por las toallas para secarse después de bañarse y por quién duerme en el piso cada noche. Sam parece cómodo con no buscarlo y Dean vive en un constante "Sí señor", "¿El rifle o la escopeta, señor?", "Claro señor", "Seguro señor" y ha llegado a casi ignorar la presencia de Sam, a casi no presentir su olor ni el calor corporal que todo ser vivo emite. No tiene que preguntar nada, no tiene que esforzarse por deducirlo. John debe estarle dando supresores a Sam (si no es que este los está tomando por voluntad propia).
De las pocas cosas que en la escuela enseñan sobre el celo, dejan claro que los supresores dentro de parejas unidas pueden causar letargo y malestar general tanto en el omega como en el alfa. Dean no lo recordaba hasta que lo ve en una cajita en la papelera del baño. Lee de arriba abajo la caja de pastillas supresoras que encuentra por la sexta semana y después de darle varias vueltas inquietas descubre que en las contraindicaciones se advierte sobre la completa perdida de lívido y olfato por parte del alfa si este está unido al omega que toma los supresores, también advierte sobre la falta de energía del omega si este no puede estar en contacto con el alfa. Dean no se sorprende, lanza la caja vacía de pastillas a la caneca de basura y lo único que lo inquieta por dos semanas más es el número de pastillas que Sam está tomando, no lo sabe, pero cree que deben ser más de las indicadas.
Dean no se da cuenta hasta dos semanas después de una ligera incomodidad que Sam le empieza a generar. John empieza a suavizar el trato con él y sólo se interrumpen los destellos de lo que era antes de que Dean se uniera con Sam cuando el nombre de este aparece de alguna forma. John le trata con una cordialidad diminuta que es mejor que nada, no acompaña su nombre con maldiciones todas las veces e incluso un día le da unas palmadas en la espalda. No es el John paternal que Dean nunca conoció, es John a secas, su papá. Dean empieza a sentir que recupera lo que tenía con John después de dos meses de un abismo entre ambos, pero entonces algo que vincule a Sam aparece (Sam entra en la habitación, la ropa de Sam está sobre la cama) y John se vuelve de piedra. No cambia, no dice nada, pero ya no es su padre, es un tío estoico y macizo que se nota abiertamente disgustado con Dean en todos los sentidos.
Le toma un mes más descubrir que Sam toma el doble de la dosis indicada en las cajetillas de supresores. Y ese fue un mes más casi tomándole algo de fastidio a Sam por ser lo que separa a John de no ser de sal y fuego. Dean no está seguro de que John lo haga voluntariamente porque la verdad es que John no abandona su postura habitual de: "Guarda las armas bajo la cama, el agua bendita junto a la mesa de noche, la sal bajo la almohada y lo más importante," "Cuidar de Sam", "Exacto, cuidar de Sam", "Sí señor". Cada vez que lo dice lo enfatiza más, pronuncia el cuidar a Sam muy despacio, mira a Dean cómo si ya no creyera que en realidad puede cuidarlo y Dean no dice nada, se esfuerza en no sentir nada pero presiente que John no cree que él pueda cuidar de Sam.
Y eso es lo que estalla a Dean por dentro. Cuidar de Sam nunca fue solamente una orden de John, fue un código que rigió su vida siempre, fue su trabajo, su misión, para lo que estaba hecho. Y otras veces sintió que John se decepcionaba, otras veces sintió que John no creía que él lo hiciera a gusto, pero ahora cuando ve a John entiende que lo único que cambió desde que los vio en la habitación del motel no fue nada más que John convenciéndose de que en efectivo, Dean no podía cuidar de Sam, Dean no era de confiar. Arruga la caja de supresores en la mano, más furioso consigo mismo que nunca, más furioso con Sam que nunca aunque el propio Sam no fue el objeto de su ira. Pero más que nada, furioso con la idea de que John dejó de confiar tan absolutamente en él que hace que Sam tome el doble de supresores.
Dean sabe que su problema es que tiene la familia tejida en la carne, tatuada en las entrañas. Dean no podría odiar a John así quisiera porque por ser John su padre es automáticamente un héroe, y Dean no pasa por momentos contemplativos en donde admita que sin su familia no sería nada, pero lo sabe, lo siente latir dentro de su pecho cuando cazan o cuando están todos dormidos y él mantiene los ojos abiertos como si esperara una catástrofe. Dean hizo de John un estandarte, una meta, un estilo de vida. Oye su música, usa su ropa, habla como él, aprendió todo lo que sabe de él. Dean puede estar seguro de que John está al borde de provocarle una sobredosis a Sam, pero al tiempo se queda amarrado en el retrete del baño, pensando que si él no lastimaría a Sam bajo ninguna circunstancia, John mucho menos.
Dean lanza la caja de supresores a la basura y antes de pensarlo está vomitando dentro del retrete, con lágrimas calientes en las comisuras de los ojos y una sensación de asco dentro de las tripas. A Sam tendría que llegarle el celo tarde o temprano y él no pudo controlarse, John tendría que verlo y para siempre recordar que sus dos hijos follaron en la cama donde él había dormido y que además estarían unidos para siempre. Dean piensa, cuando le duele la garganta y no siente deseos de vomitar sino de destrozar algo, que si él hubiera tenido un poco más de fuerza de voluntad nada de esto habría pasado, piensa que si John hubiese atravesado la situación, si John no hubiese sido el padre de Sam o si Sam hubiese estado en su lugar ninguno habría hecho lo que él hizo.
El monologo de menosprecio y mierda que Dean intenta meditar lo interrumpe Sam, que abre el baño casi a la fuerza. Arruga la nariz cuando ve a Dean pero lo ayuda a ponerse de pie, "Son los supresores, Dean", "No", "Sí", "Tú no sabes nada Sam", "Sé que papá salió hace media hora", "¿Y?", Dean se limpia la cara con agua y Sam vacila pero no dice nada. Dean piensa que ya no falta mucho para que cumpla diecisiete y que debería cortarse el cabello. "Pensé que podríamos hablar", "No tenemos nada de qué hablar, Sam".
Dean sale de la habitación y aunque podría sentir algo de regocijo porque es la primera vez que John los deja solos desde el día no siente eso, siente que la herida familia que hay en la habitación podría tocarse con los dedos y que el día que cicatrice lo hará dejando un montón de piel y de dolor afuera. Cuando se pone las manos en el cabello y luego se aprieta la nuca para intentar relajar los músculos (que siente que no funcionan) se percata de que si no estuviera seguro de que Sam está detrás suyo pensaría que está completamente sólo, no huele, no siente, no percibe nada.
"Podríamos hablar de cualquier cosa Dean, sólo hablemos", Dean voltea a verlo y si no estuviera buscando desesperadamente un motivo para hablarle, si no quisiera encontrarlo vivo y protegerlo como lo quiere en este momento, no se daría cuenta de las bolsas bajo los ojos, de la palidez extrema y las extremidades dormidas, Sam tiene la mirada tan ausente que Dean duda de que de verdad lo esté viendo, "Necesito grabar en casete Mothership" murmura y Sam parece que respira por primera vez, "Bien, grabemos en casete a los Zeps" dice, la voz colgadita de los labios y los movimientos lentos.
Dean pone todo el LP a sonar en el gramófono horroroso del motel mientras Sam pone a grabar el casete. No hablan propiamente pero por primera vez en tres meses hacen algo juntos que no es cazar y Dean sigue sin olerlo ni sentirlo de ninguna forma pero no puede dejar de interesarse, de preocuparse. Lo revisa desde todos los ángulos y aunque se ve demacrado no parece haber perdido peso, no se ve débil sino triste, no se ve acabado sino intranquilo. "Si no te estuviera viendo sería lo mismo que estuvieras muerto Sammy" Sam se pone de pie de un salto, Dean no lo llamaba Sammy desde que se unieron, Dean quiere pensar que es su impresión que ve algo de vida en los ojos de Sam de nuevo, "No te puedo oler Sam, no siento como si estuvieras aquí", "Lo sé, yo tampoco te huelo".
Dean se sienta en una cama y Sam en una silla, están a casi dos metros de distancia y está sonando Ramble on cuando Sam inclina la cabeza hacia un lado para hablar.
Dean se queda sin aliento.
"Yo sé que no te gustan esas cosas Dean," Dean nunca lo había visto, "y sé que te va a molestar aún más que lo diga," Dean no puede dejar de mirarlo, "pero es que…", "Qué" Dean puede verle la cicatriz blanquecina sobre la piel, la marca de cada diente, puede casi imaginar cómo huele a excepción de que no puede, Sam lo voltea a mirar y Dean deja de ver la mordida, sólo ve a Sam, la rayita de la mirada baja y los labios fruncidos como si estuviera a punto de decir algo pero no fuera capaz, Dean siente que le está viendo el alma cuando Sammy lo mira por debajo de las cejas, no me muestres esto Sammy, Sam suspira un poquito y dice: "Ya no me acuerdo de a que hueles Dean, pero aún tengo ganas de q-" "Para" no me muestres esto Sammy, no lo hagas que me da miedo romperlo.
Sam no dice nada más, baja la mirada de nuevo y monta una pierna kilométrica sobre la silla, enrolla los brazos sobre la rodilla y no se mueve hasta que John llega. Los ve cómo están, Dean tendido en la cama y Sam sentado en la silla, suena Starway to heaven y Dean levanta un brazo mínimamente pasa saludar a John, aunque en realidad está pensando que tampoco recuerda a lo que huele Sam, recuerda la sensación de que se está quemando por dentro, recuerda que sentía que se moría por lamerle la piel, pero no recuerda el olor, no recuerda qué lo hacía morirse.
Sigue sin recordarlo por más que se esfuerza, pasan tres semanas más, Sam lee en las esquinas de la habitación (lo cual no es nada raro) y John pega periódicos en la pared que tienen que ver con el caso. "Dos chicos muertos la semana pasada dentro de una casa abandonada a las afueras de River Pass, Colorado. Ambos con la misma herida que les atraviesa el abdomen", "Suena a espíritu vengador", "Correcto". John lo dice, Dean acaricia el encendedor que tiene dentro del bolsillo y antes de que Sam termine de leer el capítulo en el que va, están los tres montados en el impala, suena AC/DC cuando llegan a Colorado y Sam tiene el libro en la cara hace horas cuando John para en un motel.
Son tres días de John yendo aquí y allá, investigando a quién mataron, porqué lo mataron, cuándo, dónde y demás. Esos tres días, Dean recurre a un hábito que sólo lo atrapa cuando está ansioso. "Hueles a cigarrillo" le dice Sam cuando entra en la habitación, "Al menos te huelo a algo" y Sam le tuerce los ojos de ahí a Nueva York. Dean empieza a fumar rutinariamente en la mañana del primer día, compra un cigarrillo y un café mientras espera que John salga de la biblioteca. En la tarde ha comprado media caja porque le entraron ganas y John le preguntó vagamente si tenía un cigarrillo por allí.
John no le reclama por fumar porque cuando descubrió que Dean lo hacía ocasionalmente, este ya tenía diecinueve y si bien aún no tenía edad para comprarlos, si tenía mil y un identificaciones falsas que probaban lo contrario. Por eso Dean no se limita cuando a la mañana siguiente compra dos cajas, para tener una en cada bolsillo y no tener que estar mordiéndose las uñas para encontrar una tienda alrededor. Al tercer día siente que huele irremediablemente a tabaco porque sólo le queda una chaqueta limpia y con esa estuvo fumando todo el día ayer. Sam tuerce un poco el gesto, "No fumes en la habitación", "Come mierda chiquillo", "¿Por qué tienes que fumar?", "No lo sé", "Come mierda" Dean se siente repentinamente incomodo, y sin querer queriendo lo asocia con que Sam le respondió, "Puta" murmura y Sam le devuelve una mirada iracunda, "Imbécil" dice.
Y ahí es cuando (tarán) Dean lo nota (puta mi vida). Cuando Sam dice "imbécil" Dean presiente un rumor de olor. Es chiquito, pero ahí está, una gotita de olor que persiste sobre el humo del cigarrillo, Sam. Dean se termina de fumar el cigarrillo dentro de la habitación y cuando está a punto de encender el siguiente (porque siente que la ansiedad le va a desgarrar las entrañas si no lo hace) John entra a la habitación, "¡Maldición, Dean!" dice cuando choca con la nube de humo, Sam le da una mirada furiosa a Dean y John abre una ventana.
Dean sabe de manera mecánica que si él sintió que Sam huele John también va a sentirlo, por eso no se alarma en absoluto cuando lo ve entrecerrar los ojos en dirección a Sam y apretar los puños. Se acerca a Dean con expresión muerta, lo mira a los ojos un momento y cuando Dean piensa que le va a lanzar un exorcismo sólo dice: "Anda Dean, dame uno de esos" Dean se lo da y le pasa el encendedor, "Ya vuelvo" dice luego de botar la primera calada, con el semblante relajado. Dean huele el peligro de una forma tan intensa que siente que tiene que abalanzarse sobre Sam y protegerlo de John, papá.
Cuando John se va y toma el auto lo primero que Dean piensa en que va en busca de supresores para Sam y que quiere ir rápido, así que no se altera y sigue fumando, lo hace hasta que termina el cigarrillo, coqueteando con el diminuto olor que emana de Sam. "Dean, el humo no me deja leer", "¿Qué lees?", "García Márquez", "¿Ahora lees mexicanos?", "Es de Colombia, Dean", "Da lo mismo". Sam no contesta a eso pero Dean podría jurar que siente cómo se le recargan los electrolitos. Un segundo después siente una ráfaga de olor como una cachetada en la cara, Sam está parado frente a él, "Apaga esa mierda", "No", "Apaga esa puta mierda, Dean", "No te sulfures Samuel, ya lo voy a terminar". Sam se queda quieto mientras Dean termina el cigarrillo, está ignorando la situación todo lo posible y la verdad es que no sabe cuándo (posiblemente cuando sintió la bofetada de olor) pero se le ha puesto dura dentro de la ropa.
No le alcanza a raspar el asco dentro de la cabeza cuando Sam se inclina hacia adelante y lo huele. "Dean" dice, "Dean" y Dean no sabe si suena asustado o qué, "Dean", "Qué", "Te huelo", "Yo también". Sam se queda en silencio, la cabeza cerca del cuello de Dean y él intenta no respirar mucho, no oler, no buscar a Sam, no acercarse. Pero de nuevo siente que podría sentir lo que Sam está sintiendo si quisiera, puede casi verse a sí mismo ahí sentado con la cabeza baja, puede sentir el latido del corazón de Sam dentro de su pecho, le retumba en los oídos como un tambor de guerra y en el pantalón como una película porno, "Han pasado cuatro meses, Dean" Dean siente que podría gemir, "¿Por eso fumas, Dean? ¿Por eso estás ansioso? ¿Por mí?".
Cuatro meses. Mientras Dean se pone de pie y jala a Sam de un solo movimiento contra la pared, le cuesta creer que ha pasado tanto tiempo desde la última vez que sintió unas ganas tan irracionales de follar. Sam gime cuando Dean lo arrincona y el olor no es tan fuerte como lo era el día que se unieron, no es ni la mitad de fuerte, es apenas un murmuro, es Sam contra la pared mirándolo con ojitos chiquitos y los labios ansiosos, "Dean" dice todo el tiempo. Dean se demora más en empezar a tocarlo sobre la ropa que en maquinar planes de inmediato, piensa en huir con Sam, en llevarlo muy lejos de John y de todos, piensa en afrontar a John y decirle a gritos que nunca podría controlarse y no pensar en Sam, en no querer protegerlo como si fuera suyo. Porque Sam es mío.
Le tiene las manos sobre la piel cuando está intentando recordar cómo eran los besos de Sam. El miedo de que John los vea o la intención de huir desaparece, Dean quiere Sam, quiere lamerlo todo de nuevo, sólo eso. Cuando lo toca siente como se le eriza todo el cuerpo, siente que Sam no está cruzando por la mitad de la intensidad real de lo que sería su celo sin supresores, pero aun así no puede dejar de sentir cada latido dentro de la piel, cada átomo de Sam atraerlo como si fuera cuestión de gravedad. Dean le hunde la cara en el hueco del cuello y el hombro derecho, está a punto de lamer la piel cuando presiente a John llegar con el auto, sabe que aún no se ha bajado siquiera pero presiente la amenaza como si estuviera hecho de dinamita.
"Dios, Sam" Sam se enrolla contra su cuerpo y Dean puede sentir que Sam también sabe que John está afuera, y Dean lo intenta, de verdad lo intenta, pero no encuentra ninguna intención dentro de sus instintos que le diga que debe separarse de Sam, es todo lo contrario, siente que si John o cualquiera se acercara debería atacar, debería defender a Sam, cuidarlo.
Por eso ajusta a Sam contra su cuerpo como si se lo quisiera comer cuando John cruza la puerta. Dean no sabe exactamente como luce cuando caza bichos en la oscuridad pero está seguro de que tiene que lucir de esa forma, mirada de asesino en serie y Sam pegadito a su cuerpo con una erección nada tímida pegada a la pierna de Dean. John no parece perder un estribo pero cuando da un paso adelante y Dean instantáneamente se mueve para poner a Sam detrás suyo, ahí parece que John los pierde todos.
"Suéltalo", "No", "¡SUÉLTALO DEAN!", "¡NO, SAM SE QUEDA CONMIGO!" La mirada de John es un eso ya lo veremos, Dean sabe que está a punto de gruñir, una chispa dentro de su pensamiento le dice que debería ayudar a John pero todo su cuerpo intenta hacer un escudo para Sam, "VETE PAPÁ", "CÁLLATE DEAN". Dean no piensa nada cuando se lanza a atacar a John, cree que le oye la voz como si este le ordenara militarmente pero no ve que mueva los labios, "Quieto, Winchester", "Le repito que se mantenga en su posición, Winchester", "¡CREO QUE ME HICE ENTENDER WINCHESTER!" Dean está casi sobre John, no sabe muy bien cómo piensa atacarlo y alejarlo de Sam, sabe que John lo observa con el más indecoroso desprecio y luego ve que John levanta un brazo en su dirección. Dean no ve nada después, antes de caer al suelo cree estar seguro de estar cayendo inconsciente, luego no hay nada.
Se despierta por un dolor agudo en el cuello, antes de abrir los ojos recuerda lo que pasó y no sabe qué siente, Dean intenta tocarse el cuello y descubre que no puede mover los brazos y que está acostado.
Se despierta esposado a la cama de manos y pies, John no está en la habitación y Sam tampoco, su nariz no le dice nada, su mente está en blanco desde que intentó atacar a John. Aún siente ganas de atravesarlo con balas de plata, pero al tiempo siente que lo que hizo no tiene perdón de Dios, y peor, no tiene perdón de John. Dean se revuelca furioso en la cama intentando buscar una manera de liberarse, cuando tiene la espalda curvada y las muñecas moradas de la presión recuerda si alguien sabe cómo mantenerlo en su sitio ese es su padre, así que con una furia imposible de domesticar se revuelca de nuevo aunque ya no intenta liberarse.
John llega a la habitación más o menos una hora después, no dice absolutamente nada y si Dean no estuviera consiente del dolor que siente por moverse tanto dentro de las esposas pensaría que no existe, porque John pasa por su lado e incluso revisa las esposas pero parece que en absoluto lo ve a él. Dean tampoco intenta hablarle ni preguntar dónde está Sam. Le parece intuir que John lo puso en otra habitación y que debe estar pasando por una situación similar a la suya, la ira le pesa en el cráneo y sin pensar en retornar a su sentido de familia con respecto a John planea liberarse y atarlo a él. Pero sabe que es imposible.
John le da de beber agua la mañana siguiente, con un pitillo largo y un vaso enorme, Dean siente que aunque John lo mantiene vivo lo trata como las cosas muertas que cazan. Y Dean sabe cómo sentirse herido y decepcionado con los demás, sabe tragarse eso, pero nunca ha podido manejar sentirse miserable consigo mismo, siempre le desborda, siempre pierde el control. "Papá" dice cuando cae la tarde y John acaba de volver, Dean deduce que estaba dándole agua de beber a Sam. John no lo mira, se sienta en la mesa y saca los cuchillos, Dean se espantaría si supiera lo anormal que es verlo brillar las dagas con la naturalidad de la experiencia, pero por supuesto Dean reconoce eso como algo habitual, "Papá" dice de nuevo, pensando que usará las dagas para cazar algún vampiro, y John sigue sin voltearlo a ver, "PAPÁ" grita. Cuando John le dirige una mirada plana y fría Dean recuerda que no tenía nada que decirle, sólo quería asegurarse de seguir vivo. Se queda dormido un par de horas después.
Dean no está seguro de que es lo que siente que le enreda los sueños, al comienzo es una rabia ciega que lo despierta a la mitad de la noche y después es un desespero insoportable. Intenta moverse de nuevo y las heridas de las muñecas y los tobillos le recuerdan que no puede cambiar de posición. Dean forcejea sin saber por qué lo hace y cuando se le escapa un quejido es John quien lo mantiene en su lugar. No está seguro de porque John parece más alerta que durante el día, pero entonces oye de lejos lo que podría ser un quejido y de inmediato sabe que es "SAM" grita, John lo mantiene pegado a la cama y Sam, que debe estar a un par de cuartos de distancia gime suavecito. Seguramente ni John debe oírlo, es un concierto de gemidos y quejidos de Sam sólo para él, y Dean nunca había sentido la desolación que se apodera de él, los pequeños gritos de Sam le hacen verlo esposado a una cama, hecho un pantano de su propio lubricante y con el cuerpo hecho llamas, "¡SAM!" John le hace una presión sorda en el abdomen que lo deja sin aire, "SAAAAAM" y Sam parece que reconoce su voz porque lo oye gritar claro y fuerte: "¡DEAN!".
La única esperanza de Dean es que si sigue moviéndose de la forma en que lo hace va a lograr que la cama de desbarate, John lo intenta mantener en posición pero Dean se revuelve entre sus brazos y entre las esposas, con una sensación húmeda en las muñecas y los tobillos que debe ser sangre, oye a Sam murmurar, lo oye respirar y latir, tiene el cerebro tostado por ambos lados de oír a Sam llamándolo, "SAMMY" John intenta sacarle el aire de nuevo, "¡SAAAAAAAAM!" y John le da un golpe seco que lo deja sin voz y sin poder moverse, Sam grita su nombre y Dean se aterroriza de notar que Sam está llorando, "¿LO OYES, DEAN?" John le aprieta la mandíbula con una mano, "¿LO OYES?" y Dean por supuesto que lo oye, es Sam en medio de un celo, encerrado en una habitación y desesperado por aliviarse, "¿VES LO QUE LE HICISTE A TU HERMANO, DEAN?" y Dean lo sabe, claro. Mientras John lo sostiene con una mano plana en el pecho y otra apretándole la mandíbula Dean entiende por qué John actúa cómo lo hace, por qué los separa, por qué lo mira con la expresión desencajada que tiene. Dean lo sabe, claro, sabe que unirse con Sam es peor que matarlo a los ojos de John, e incluso lo es a sus ojos, pero entonces Sam vuelve a gritar su nombre y Dean oye la voz quebrada de Sam tan lejos y al tiempo rebotándole en la cabeza, "¡DEAN DEAN DEAN DEAN DEAN!" y John no lo suelta, "AYÚDAME DEAN, DEAAAAAAAAAN". Dean entra en pánico, tan desesperadamente asustado que cree que si esto sigue pasando se va a volver loco, está gritando "SAAAAAAAAAM, SAMMY" con John aun apretándolo entre sus dedos.
Cuando John lo suelta Dean descubre que tiene la cara descompuesta entre lágrimas y sudor, Sam sigue gritando su nombre y Dean responde sin control, revolcándose en la cama como un animal salvaje, sin importarle la sangre y el sudor que le cae en los ojos, "SAAAAAAAAM", es sólo hasta que oye a John llorar que deja de revolcarse como si quisiera arrancarse las manos, lo ve con una mano cubriéndose la cara y sentado en la cama, lágrimas en todas partes y sus ojos de guerrero muerto. Dean no puede parar de moverse y cuando está a punto de pedirle ayuda a John, cuando está a punto de rogarle por compasión, John se sacude las lágrimas con el revés de la manga de la chaqueta y sale de la habitación.
Debe ser más de media hora que Dean y Sam sienten como un milenio, Dean grita y ya hace tiempo dejó de sentir dolor, ahora sólo queda el pánico ciego y la desesperación más absoluta, cuando Sam le responde, Dean grita inhumanamente, podrido en su mar de impotencia. Sam está al otro lado del motel, cinco habitaciones más allá y atado a la cama de manos y pies, no son esposas sino cuerda cruda que ya le ha quemado desde las muñecas hasta los codos. Su humillación se mide al nivel de lubricante que Sam piensa, con exagerado asco, podría ahogarlo de un momento a otro, "¡DEAN!"
Sam sabe que grita el nombre de Dean, no porque le cause algún tipo de alivio físico, sino porque es el único pensamiento hilado que puede mantener, la incertidumbre y la sensación de que va a hacer combustión espontánea de un momento a otro se mezclan con la desesperación de no saber cómo está Dean, por qué cuando grita parece que llora y que sufre cómo él, no Dean, no sufras Dean, no llores Dean, "¡DEAAAAAAAAAAAAN!" y al tiempo lo llama porque siente que Dean es el único que lo puede ayudar, no me dejes Dean, no, ven Dean, ayúdame que me estoy muriendo Dean. La próxima vez que grita lo hace porque siente que va a estallar de ansiedad si no lo ve, si no puede estar seguro de que está bien, "¡DEAAN!" sabe que él es único que puede ayudarlo y al tiempo sabe que él es el único que puede ayudar a Dean. El problema es que ninguno puede hacer nada.
John entra en su cuarto con el semblante deshecho. Sam no piensa que John haya sido especialmente rudo desde que lo trajo a la habitación, recuerda que cuando golpeó a Dean y lo dejó inconsciente él también intentó atacar a John, pero este lo tomo de los brazos y lo inmovilizó como si no pesara, como si de antemano Sam ya no fuera más alto que él. Cuando lo amarró a la cama no le pronunció palabra y cuando le dio de beber parecía más apesadumbrado que alerta. Ahora cuando camina hacia él, Sam no puede dejar de pensar que es un canalla, que si Dean está pasando por algún tipo de sufrimiento debe ser John el inmediato causante.
"Lo siento Sammy" le dice y Sam no le reconoce como su padre aunque está seguro de que lo es, John se acerca y el reflejo de Sam es gritar e intentar alejarse, "DEAN" John saca de la chaqueta un paquete pequeño, "DEAN POR FAVOR" al otro lado Dean grita su nombre y Sam ya está llorando de nuevo para cuando John saca una inyección de la bolsita, "SAMMY" , "No quiero lastimarte Sam, relájate" y Sam se tensa como una roca cuando ve la aguja y el líquido amarillo dentro, "DEAN" pero siente que la aguja perfora en su piel como si fuera un hierro hirviente antes de poder hacer un movimiento más, antes de poder llamar a Dean otra vez.
Siente el líquido amarillo como si fuera un bicho caminándole entre las venas, siente que le congela la sangre a su paso y al tiempo siente que se pudre de adentro afuera, "Dean" dice, pero no cree que nadie pueda oírlo, "SAM" oye a Dean gritar por última vez. Antes de sentir que se le cierran los ojos John le acomoda el cabello sobre la frente, "Está bien Sam" y Sam entiende, John es un padre, John no le quiere hacer daño, pero no puede evitar la rabia ciega en la panza, el dolor dentro de las venas y el desamparo que siente sin Dean.
Cuando se despierta está en un pozo de sus propias miserias. Sigue atado a las cuerdas y sin que la primera arcada le retuerza las articulaciones, John entra en el cuarto. Lo mira planamente, como si evitara reflejar algo de asco. Sam le ve cruzar el umbral de la puerta y descubre que la rabia sin sentido se quedó dentro del celo que ya le pasó. En ese momento Sam Winchester podría afirmar con la veracidad de su desespero que siente una furia aplacada pero estructurada dentro de su propia mierda en la que está acostado. John lo libera rápidamente y Sam salta de la cama al borde del vomito.
No es hasta que se baña y siente el estómago quemándose del hambre que Sam empieza a notar los rastros en su cuerpo. Si alguien lo viera seguramente pensaría que acaba de pasar por algún tipo de tortura animal; tiene las muñecas en carne viva ―quemadas por la cuerda― los brazos rojos y con raspaduras largas e impares de las que brotan tímidas gotas de sangre. Los tobillos los tiene hechos puré y los pies casi morados por la falta de circulación. Se da lástima de sí mismo, el dolor está ahí, punzante en cada articulación, en cada nervio y en cada vena como si tuviera quemada la carne desde adentro, pero igual no es insoportable, Sam piensa en ese horroroso día que cazaron un espectro en Virginia y sabe que ha sentido más dolor, que puede con esto.
Con lo que Sam está seguro que no va a poder es con John, con su tono militar frio de exiliado o sobreviviente y su manera impersonal de tratarlos, como si sintiera asco. Y Sam comprende por qué lo hace, por qué reacciona de esa forma, pero no puede evitar sentir que no es del todo su culpa, que no pudo evitarlo aunque lo quiso.
Cuando está saliendo del baño y ve a John guardar las sogas con las que lo tenía amarrado, alcanza a ver que dentro de la maleta hay un pequeño brillo metálico. Y Dios que Sam entiende, pero maldita sea, lo ataste con esposas a la cama, papá. La primera vez que Sam piensa en Dean desde que la inyección de emergencia lo noqueó, es para imaginarlo con las muñecas heridas y todo el cuerpo vuelto pegote de sudor y sangre.
Cuando llega a la habitación en donde está Dean no lo encuentra mejor a lo que imaginó, lo ve sentando en la cama como si lo hubieran castrado, el semblante en el suelo y las muñecas vendadas con apretada diligencia, tiene los tobillos vendados también y esa expresión muerta en la cara que a Sam le dice que pasó horas llorando. "Dean" dice y John se eriza como un pez globo a su lado, Dean no levanta la cara, se pasa una mano sobre la boca y cuando respira Sam lo oye aún congestionado de haber llorado, "Hey, Sammy".
Dean no le dirige ni una mirada, no habla con John por horas y mientras viajan el auto parece que ni siquiera disfruta la música que está sonando. Sam sabe que Dean debió ser liberado justo antes que él, sabe que debió amanecer entre su orine y mierda, que seguramente tenía la cara llena de lágrimas que le picaban con el sudor, sabe que aún debe tener la voz ronca de todo lo que gritó en la noche. La ira que Sam siente en los intestinos sólo le ayuda para disparar balas de sal como poseso y quemar huesos como psicópata en el caso que resuelven esa noche.
La ira de Sam le sirve para sobrevivir en un ambiente familiar que se escapa por la rendija de la puerta cuando todos están dentro de la habitación, todos se miran, todos respiran el mismo aire pero parece que cada uno está planeando secretamente su propia masacre. Sam pasa las primeras semanas consolado en un par de libros y en un cuento ocasional de García Márquez, el día que lee "Sólo vine a hablar por teléfono" se tiende en el suelo y piensa que tal vez se trata de que nunca se está cuerdo, tal vez todos estamos locos, lo que pasa es que nunca nadie intentó tratarnos.
Con la idea de que todos están locos Sam observa a Dean durante meses, en su monotonía religiosa del "Sí, señor" y correr tras John como si este fuera la luz al final del túnel, la redención que ambos y los tres, que la perdieron hace tanto tiempo. Le toma dos meses decidir que lo que sucede con Dean es que está tan atado a la familia que no tiene más meta y más objetivo que mantenerla unida, viva y cazando monstruos en la oscuridad.
Sólo bajo ese concepto y la atontada idea de que la locura de Dean es la familia y la locura de Sam es mantener con vida a Dean, Sam hace breves intentos de formar conversaciones, de colaborar más que disparando y corriendo a la biblioteca a hacer investigación a solas durante los casos. Y Sam siente a Dean respirar sin tanto peso, ve John observarlos como un atalaya condenado pero que se relaja en su tarea cuando sonríe porque Dean hace un mal chiste o porque Sam deduce un caso como si armase legos.
Sam sigue sintiendo la ira punzante dentro de la panza una semana antes del próximo celo, ha tomado tantos supresores que le sorprende no haber colapsado en un coma por sobredosis o algo similar. Aun así cuando ve a Dean la primera mañana de la semana en donde tendrá el celo, el suelo le tiembla como un terremoto y siente que se le deshacen los huesos del cráneo. Dean le da una mirada furtiva de vez en cuando, entre espantado y furioso, Sam huele a Dean a metros de distancia y Dean no puede evitar (Sam lo presiente) intentar hacer de esos metros milímetros.
Pero Sam ya está atado a una nueva cama un día antes de sentir el más mínimo calor del celo. Sabe que Dean y John irán a cazar algo esa noche y que después Dean llegará a la habitación sabiendo que John lo noqueará para esposarlo a la cama y hacerlos pudrirse de dolor a sabiendas que tienen al otro a un par de metros.
Pero así no pasa, Sam está quedándose dormido con los calambres y las extremidades hormigueantes que le reclaman la postura que no puede cambiar, cuando oye un golpe titánico en la puerta. Sabe que no puede ser ningún otro alfa fuera de John o Dean pues nadie buscaría a un omega unido, por eso cuando ve abrir la puerta y Dean penetra en la habitación, cubierto de sudor y tierra, Sam exhala un suspiro ansioso, sabiendo que no podrá pasar y sin poder evitar la tensión detrás del cuello antes de mojar los pantalones con un chorro de lubricante.
Dean muge mirándolo y Sam le ve en esos ojos de selva que no está pensando que John lo amarró sino en cómo sería follarlo mientras está atado y rendido bajo él. Sam gime, anticipando algo que no podrá pasar porque John entra cuando Dean está a punto de acercarse. Sam espera que John le golpeé como la vez anterior y ya casi puede sentir el tirón en las muñecas cuando intente ayudar a Dean, pero John cierra la puerta con la cara serena y dice como si amaestrara un perro, "Ese de ahí es tu hermano pequeño, Dean, hace un par de años lo llevaste a un campo vacío y con dinero que les dio Bobby le compraste juegos artificiales para el cuatro de julio" Sam ve, entre el cabello y las lágrimas que no puede evitar, que Dean se detiene en seco, subyugado bajo las palabras de John, "Ese de ahí es tu hermano pequeño, yo sé que aún recuerdas el día que nació, Dean".
Dean tiene veintiún años hace un mes, Sam sabe qué hace cuatro meses Dean creyó perder toda la dignidad que le quedaba, pero en ese momento, cuando John lo toma de un hombro (y Sam lo puede ver duro bajo los pantalones, Dean latiendo en su dirección) y le pasa un brazo sobre por la espalda, Dean exhala todo el aire que tiene en los pulmones y se rinde, Sam lo ve desistir, atiene a lo le parece un suicidio, "Papá" dice Dean y entonces se quiebra con dos lágrimas, mísero y angustiado, no vuelve a mirarlo. Sam se revuelca un poco en la cama y John dice: "Eres un buen hombre Dean". Sam podría gritar porque aunque está seguro de que John intenta hacer lo que cree mejor para ambos siente que está jugando sucio, se está inmiscuyendo en Dean, en su incapacidad para abandonar la familia, en su incapacidad para amar un poco menos. John le da la vuelta como si lo moviera con la punta de los dedos y Sam lo ve salir a voluntad, y con lágrimas en el cuello, de la habitación.
Sam no siente que Dean se vaya sin dignidad, lo que siente es que no sale vivo.
Cuando sólo queda John de pie en la puerta, Sam nota que también está llorando. John lo mira brevemente y no lo hace con asco sino con una paternidad desnuda, "Lo siento Sammy" dice, está cerrando la puerta cuando murmura para él mismo, "Ustedes son mis hijos". La puerta se cierra y Sam atina a vomitar sobre su pecho y no ahogarse en su realización. Desde que se unió con Dean no ha sentido que esté locamente enamorado de él como lo pintan en las películas románticas luego de que las parejas se unen. Ha sentido una perruna lealtad hacia él que siempre estuvo ahí pero que nunca había sentido que le quemara la piel cómo lo hace ahora, siempre le dolió que Dean no tuviera alma junto a John porque él era su alma y ahora le duele más, siempre le dolió que nunca tuvieran la vida que sabía, Dean se merece, ahora eso le retuerce las entrañas. Pero incluso con eso, incluso sabiendo que Dean y él eran hermanos (e hijos de John) y tal vez ocupado en descubrir un poco el vínculo que ahora se había vuelto más fuerte con Dean, no había contemplado la idea de que en realidad son hijos de la misma madre.
Era retorico pensarlo, Dean y yo somos hermanos, claro está, lo son, ambos Winchesters, ambos malditos. Dean y yo estamos unidos, claro está, lo están, John los separa porque son sus hijos. Y porque son hermanos. Sam está tan estupefacto al descubrir luego de ocho meses de haberse unido que Dean en realidad este le crío y le enseñó a hablar que se olvida de gritar su nombre cundo está empapado de un lubricante pastoso y siente calor dentro de los huesos. Está tan privado e impávido al mismo tiempo que cuando John vuelve a la habitación con la inyección, Sam estira el brazo todo lo que puede en su dirección, como no era suficiente con cazar monstruos y vivir en moteles me uní con mi hermano, la aguja le divide la carne y el líquido amarillo lo hace gritar de agonía, darse cuenta de que Dean y él son hermanos lo hace llorar hasta que el químico de la inyección lo tiene al borde del colapso.
"Lo lamento" lloriquea antes de que John se vaya, este gira en su dirección y le quita el cabello de la cara como lo hizo la última vez, no dice nada y lo observa mientras se funde. Sam ve la conmoción abalaustrada en los ojos de John pero al tiempo, justo antes de caer bajo el efecto de la droga, alcanza a ver ese infinito no los perdono en los ojos de su padre.
Está vez, cuando se despierta en su charco de mierda a los dos días, está seguro de que no va a volver a dormir con Dean en su vida y si es preciso no lo hará nunca más con nadie. Le pide a John en una orden disimulada que lo inscriba en el colegio del pueblo y John hace las diligencias con la eficacia del que hace las cosas en contra de sus deseos. Sam entra a clases con la mirada hundida en el cráneo.
Luego de varios días piensa que lo único que faltaba en el motel donde están instalados era que Sam comprendiera que él y Dean son hermanos, porque ahora la intención de matarse entre todos es tan cotidiana que ya se tratan de nuevo como la familia disfuncional y rota que han sido siempre.
Sigue con la mirada hundida y Dean sigue diciendo "Sí, señor" dos semanas después de que Sam cumple diecisiete, la profesora de geografía les dice a todos que no olviden la charla que darán la próxima semana, Sam pregunta qué es y una chica de crespos espesos le contesta entre goma de mascar y ortodoncia, "Creo que vienen de Stanford" y Sam asiente secamente, aún con la mirada hundida. Así mismo va a la charla y así mismo lleva el formulario para la beca en la maleta, lo carga cuando se mudan de pueblo y lo deja descansar como lo es: como un arma para destrozar cosas.
Sam pone el formulario entre las balas de plata y la sal, y lo espera cazando, desmantelando un nido de vampiros y oyendo atentamente a John cuando les explica cómo lavar la ropa para que no quede oliendo a sangre. Espera hasta que abren el plazo de las inscripciones y han pasado dos celos a punta de inyecciones y sogas que le pelan la carne para recordarle que Dean es su hermano, John es su padre y que aunque se amen, eso no es lo que los hace familia.
"Sam, estás son las llaves de la habitación" le dice John cuando Sam está a punto de sacar el formulario y empezar a rellenarlo. Sam tiene la mirada hundida aún, dentro del cráneo, puros ojos verdes y tantos supresores encima que se le hace muy difícil pensar siquiera en el olor de un alfa. John lo acompaña y lo inyecta, esta vez sólo lo amarra de los brazos y Sam cae dormido sin rechistar palabra, amaestrado y furioso. Oye a Dean de lejos, respirando aullidos. Pero no reacciona ahora, no pelea contra la corriente.
Se despierta en un mar asqueroso y con la resolución en la cabeza. Llena el formulario en la biblioteca y lo envía con dinero que ganó en una apuesta en el colegio, Sam no espera la respuesta porque sienta que es brillante o porque se haya esforzado, sino porque siente que en esa carta que debe llegar algún día, estará lo que le salve la vida, estará su golpe de ira y su revolución. Sam mantiene a John y a Dean durante dos meses en el mismo pueblo con excusas que diseñó desde que recibió el formulario: "Tengo exámenes esta semana", "Cuando me gradúe no tendremos que volver a detenernos, cuanto antes lo haga mejor", "Hay un caso en el pueblo vecino", "Seguramente otro cazador debió oler ese caso hace años, papá, no es necesario que vayamos" y exactamente dos meses después llega la carta.
Sam está en la escuela, anticipando un celo que debería llegar en dos meses. No le hace falta abrir la puerta de la habitación del motel para oler la muerte dentro, John tiene la carta de Stanford que le felicita por la obtención de su beca y Dean está recostado contra la puerta del baño, ceñudo e intranquilo.
"¿Stanford?" pregunta John retóricamente, "Sí, señor" le responde Sam, usando esa expresión que es lo que lo está haciendo huir de esta familia que tienen, "Pretendes estudiar en la universidad" dice John de nuevo, la voz calmada que utiliza cuando están matando algo, "Sí, señor" y Sam se siente bien de contestarle como le contesta Dean cuando va a cumplir sus órdenes al pie de la letra, se siente bien porque son esas órdenes las que está pisoteando en este momento, "Me voy" dice Sam, y Dean aprieta la mandíbula espasmódicamente, sin decir una palabra. John le lanza la carta a través de la mesa, "Muy bien" dice John sin apenas modificar el tono de voz, "Lárgate" Sam pasa saliva, "Pero esta vida te va a llamar Sam," Dean se inquieta pero no se mueve, "y cuando te llame, aquí no vas a llegar" Sam respira profundo, "Si te quieres ir vete, pero si te vas no vuelvas nunca", Dean da un paso hacia adelante y antes de decir "Papá" John está apuntando a Sam con un dedo, "TE LO DIGO, NIÑO" Esta vez John si grita y Sam se queda quieto, levemente ofendido mientras respira muy despacio, "SI TE VAS NO VUELVES JAMÁS", "No volveré" dice Sam simplemente, impertérrito ante John, casi sorprendido de no sentir nada más que un ligero alivio en el estómago y una seguridad llana, Dean se queda muy quieto y John sonríe de lado.
Nadie dice nada por un par de segundos, Sam huele caucho quemado cuando John se mueve un poco, "Voy a la biblioteca" dice, pero Sam siente que eso no era todo lo que tenía que decir antes de irse, así que sin dejar escapar la última gota de ira se gira hacia la puerta, John está en el umbral cuando Sam habla: "No somos una familia" dice, Sam oye a Dean dar un paso atrás y John le observa un segundo antes de responder: "Sí lo somos", "Las familias se aman", John le mira con una lástima evidente, como si pensara que es un imbécil. Antes de que Sam escupa veneno John se recuesta contra la puerta, "Chico, en esta familia nos odiamos más" y cierra la puerta, "ESTA NO ES LA VIDA QUE VOY A VIVIR" grita hacia la puerta, "Tu resentimiento te va a matar joven, chiquillo" dice John al otro lado de la puerta.
Sam siente que no tiene los ojos tan hundidos cuando toma el autobús a California, Dean está mirándolo desde el auto, pero Sam no percibe que Dean vaya a intentar detenerlo de alguna forma, siente más bien que se miran para reafirmar que permanecer como familia no se trataba de unir hijos y padre que se aman, sino canalizar el odio propio entre los tres, cuando el autobús arranca se encuentra a sí mismo pensando que Dean nunca pareció propiamente iracundo, sino adolorido.
No les voy a negar que estoy esperando reviews, como siempre estará bien si no me dejan nada, pero los reviews tienen un efecto supernatural en mí, y me obligan a escribir y a seguir adelante con los proyectos que tengo.
Ahora que voy a publicar estoy cada vez más insegura respecto a todo, creo que tal vez no fui tan profunda como debí, pero esto siempre me pasa, así que espero que ustedes lo juzguen con más propiedad y objetividad que yo.
Cariño para todos de nuevo, abrazo feroz y disculpas por no contestar los reviews, odio esta web por varias cosas y de esas está que nunca sé cuando contesto un review y cuando no, muchas veces siento que contesto y la respuesta no llega.
Gracias de nuevo, nos vemos (ojalá) pronto.
