"Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo. La medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda. El ritmo es la compensación." El Kybalion.


Capitolio - Sede de los Vigilantes en Capitol Hill - Día 7, Mes 12. Año 1 de la Era Sinsajo. 7:37 PM

En la sala de experimentos mutacionales había cuatro personas, aunque más acertadamente se podría decir que eran tres, pues la cuarta no era un ser humano real, dejando a parte el hecho de que su humanidad estaba muy bien lograda. Dicho ser estaba sentado en una silla de respaldo inclinado hacia atrás, conectado a un enorme aparato a través de numerosos cables en sus muñecas, piernas, tronco, cuello y cabeza. Tenía la misma apoyada sobre uno de sus hombros, mientras sus ojos abiertos se fijaban en un punto indeterminado que parecía estar más allá de las paredes de la habitación.

-Prueba con el naranja. -Dijo Enobaria a la persona que estaba manipulando la computadora. La chica presionó un botón y el cabello gris del hombre se volvió naranja.

Johanna Mason arrugó la nariz.

-Horrible. -Dijo. -¿Qué tal rojo y negro? Es una buena combinación.

La chica obedeció y el cabello del hombre volvió a cambiar a los colores indicados.

-Para una mariquita tal vez. -Contestó Enobaria. -Además no combina con el traje si va a ser morado.

-¿Qué sabrás tú de combinaciones? Rojo y negro es una buena combinación. Es LA combinación. El rojo simbolizaría la sangre que se va a derramar, y el negro el color de su futuro.

-Tú ya elegiste el color de los ojos, es mi turno.

-Sí pero mi idea es mej-

Ambas giraron la cabeza cuando la puerta se abrió inesperadamente. Peeta Mellark estaba en el umbral. Caminaba a grandes pasos y jadeaba un poco, como si hubiese ido corriendo. El chico se paró frente a ellas.

-Amante trágico... -Dijo Johanna con lentitud.- Vienes en el momento justo para el desempate. ¿Qué prefieres naranja o rojo y negro?

-Tenemos que hablar. -Contestó Peeta ignorando la pregunta.- Ibrahim no cambiará de opinión respecto a los Juegos. No importa lo que diga.

Las chicas se miraron con complicidad y Enobaria se encogió de hombros.

-Los capitolinos traviesos necesitan disciplina, claro que no cambiará de idea. Hoy será el anuncio, por cierto. Una vez que se haga ya no habrá marcha atrás. -Explicó Enobaria.

-Pero aún no se ha anunciado así que hay tiempo. Tienen que renunciar. Ambas. Sin su apoyo es posible que el proceso se detenga.

Johanna negó con la cabeza.

-No pienso abandonar el proyecto. -Afirmó sin pensárselo ni un segundo.

-Yo tampoco. -Dijo Enobaria.

-No lo entienden. Esto está mal. Les pido por favor que recapaciten.

-Como si hubiera algo sobre lo que recapacitar. Pienso llegar hasta el final de esto, por todos los chicos que perdieron su vida en los Juegos. -Dijo Johanna.

-¿Por ellos o por ti? ¿Y qué tal si yo decido hacer algo por los 23 que la perderán si me quedo quieto?

-Relájate, Peeta. Te lo estás tomando muy a pecho.

El chico las miró y soltó un bufido.

-Miren en lo que se han convertido. Tú. -Dijo señalando a Johanna.- Tu falta de empatía casi roza la sociopatía. ¿No te das cuenta? Si fue tu vida antes del Vasallaje, la tortura a la que te sometieron o el síndrome de abstinencia, no lo se. Has dejado que tu sed de venganza te posea incluso fantaseando con mandar a la nieta de Snow a la Arena. ¿Sabes cuantos años tiene esa niña? Los mismos que Prim o Rue tendrían si estuviesen vivas. ¿La hace su apellido indigna de vivir acaso?... Y tú... -Señaló a Enobaria.- Siempre te dio lo mismo estar de parte de un bando que estar de parte del otro. Te libraste de ser torturada tras tu captura, muy posiblemente a base de proporcionarles a ellos información que pudiese ser usada contra nosotros. Te ganaste la inmunidad por pura suerte, como resultado de un pacto que Katniss selló y del que tú no estabas pensada como beneficiaria original del mismo. Luego cambiaste de bando, te uniste a la revolución cuando tu privilegiado Distrito cayó y sentiste que los rebeldes podían ganar. Después Coin se hizo con la victoria, así que por supuesto tú tenías que estar del lado de Coin. ¿No?

Enobaria se dejó caer en una silla. Por su lenguaje corporal tenso, parecía molesta.

-Eso no es exactamente así. Pero retuerce los hechos a tu gusto cuanto quieras, Peeta Mellark. Y ahórrate el discurso porque para tu información, Voltios está ahora involucrado en el proyecto y a él te costará convencerlo a tu causa.

-¡No! -Exclamó Peeta mirando a Johanna, quien en respuesta asintió con fingida sorpresa. -... ¿Cómo es posible?

-Todo el mundo tiene un precio. -Dijo Johanna quitándole importancia. -Hasta Voltios. Un tipo que se dedicaba a la investigación armamentística. Veo que te olvidaste de mencionarlo... Qué extraño.

Peeta no contestó.

-Además, me debía una. Fui yo quien lo sacó de la Cornucopia evitando que Enobaria aquí presente... -Le dedicó una mirada a la aludida- lo apuñalase por definitiva vez. Es bueno saber que recapacitó...Ríndete Peeta... No vas a conseguir parar esto. Vuelve al Distrito 12 con Katniss, aquella que votó "sí" y a la que también has dejado fuera de tu hipócrita discurso. Desconecten la TV y métanse bajo una manta hasta que Los Juegos del Hambre acaben. Luego vuelvan a conectarla y hagan como que nada ha pasado.

Pero aunque con intención de ser crueles, aquellas palabras hicieron que Peeta se diese cuenta de algo. Tras fallar en su objetivo de parar los Juegos, dar la espalda al problema no lo iba a hacer desaparecer. Sintió como que debía quedarse para velar por los interesese de los tributos, a los que sin duda aquellas dos iban a liquidar de la forma más sádica posible si no hacía algo.

-Iré a hablar con Ibrahim de nuevo. Tal vez me consiga un puesto de vigilante de ustedes dos.

-Ibrahim estará contento de tenerte, eso seguro. Al fin y al cabo, tú eres a quien más le debe el Capitolio después del monstruo en el que te convirtieron...

-Yo no soy como tú, Johanna. Yo... -Y en ese instante reparó por primera vez en el hombre inanimado sobre la silla, y frunció el entrecejo.- ¿Qué le están haciendo a Caesar Flickerman?

-Lo estamos poniendo guapo. ¿No te gusta? -Preguntó Enobaria.

-¿Por qué... por qué está así? -Dijo Peeta dando un paso hacia atrás, al darse cuenta de que su pecho no subía ni bajaba al ritmo de la respiración.

-Bueno, es porque ahora está desconectado. Pero si quieres saludarlo podemos conectarlo. -Explicó Johanna estudiando la mueca de desagrado de Peeta con calculada apatía.- Lo se. A mí también me sorprendió. Quién iba a decir que Caesar había sido todo este tiempo la mutación humana más perfecta jamás creada...

-Paso. -Respondió Peeta cuando se recompuso del shock.- Ya ha concluído lo que vine a hacer. Me voy.

-Mañana vamos a organizar una reunión. Ven si quieres. -Dijo Johanna.- Será para planear mejor los objetivos personales de cada uno durante el proceso. Annie vendrá.

-¿Annie también?

-Claro. Necesito instructores. ¿Quién mejor que ella? Recuerda, en este mismo edificio a las 7 PM.

-No faltaré. Por cierto... -Dijo Peeta caminando hacia la puerta. -Rojo y negro.

-¡Sí! -Exclamó Johanna alzando un puño. Enobaria voló los ojos e hizo un comentario que Peeta no oyó antes de salir al pasillo exterior.

Capitolio - Oficina en la Comisaría de Capitol Hill - Día 7, Mes 12. Año 1 de la Era Sinsajo. 8:40 PM

Las letras del extenso dossier se duplicaban y emborronaban al leerlas. Pensó que sería todo más emocionante, pero la mayor parte del informe se limitaba a declaraciones de supuestos testigos, y las preguntas se repetían una y otra vez. Concentrarse era un esfuerzo casi titánico y entre bostezos, se le pasó por la cabeza que tal vez sería mejor leerlo todo por encima.

En cuanto Ibrahim se enteró de su presencia en el Capitolio, su actitud con él se había mostrado demasiado cordial; casi rozando lo servil. Haymitch había evitado hablar de los Juegos del Hambre porque no podía importarle menos, así que su tema de conversación se centró en lo que de verdad le tenía nervioso: la investigación del caso Cetrero. La mayor preocupación de Ibrahim era que la misma no avanzaba. Las propos se seguían filtrando en televisión, a razón de una por semana y cada vez que se acercaban a él, cambiaba de guarida. Estuvo los diez minutos siguientes criticando el trabajo de los detectives que llevan el caso y hablando sobre todo el estrés que le estaba provocando el asunto, hasta que Haymitch se cansó de lamentos e intentó cambiar de tema diciendo que le gustaría ver el dossier.

-¡Eso es una excelente idea!- Dijo Ibrahim.

Y así fue como acabó allí. El vicepresicente telefoneó a la comisaría para ponerlos sobre aviso y le asignó un chófer y un auto oficial que lo trasladase antes de ir a prepararse para el anuncio oficial de los Juegos del Hambre que tendría lugar a las 8. Llegó al lugar un poco después de esa hora para encontrarse al inspector detective en jefe solo, en una maraña de sillas vacías.

-Ha sido ese estúpido anuncio- Se excusó.- Al parecer todos mis hombres tenían hijos, sobrinos o nietos en edad de cosecha. Qué casualidad.

-Y usted no tiene ninguno. -Dijo Haymitch.

-No. -Contestó encogiéndose de hombros. -Al diablo con los Juegos del Hambre. Tengo al vicepresidente respirándome en la nuca exigiéndome resultados positivos. Ya me ha jodido suficiente el quedarme sin mano de obra precisamente en este maldito momento.

-Es un arma de doble filo esa que ha usado nuestro ilustre vicepresidente Lovell. Supongo... que se debe de haber dado cuenta de ello justo ahora.

-Tranquilo. Se las arreglará. Diría que todos los Agentes de la Paz de Panem se encuentran en estos momentos en el Capitolio. Jamás en mi vida ví tantos. Es increíble. -Dijo el detective. -¿Le apetece una taza de té señor Abernathy?

-No, gracias.

-¿Café? ¿Jugo? ¿Refresco? ¿Cerveza?

-Eso último es más mi idioma.

Pero incluso él se estaba preguntando en esos momentos si esa lata de meado de gato que le había dado el inspector valía el dolor de cabeza que le estaban dando todos esos papeles.

-¿Cómo va la cosa? -Dijo el inspector volviendo con su tercer café.

-Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien -Contestó pasando rápido las hojas con muros y más muros de texto impresos en ellas.

-Puedo traerle las grabaciones de las cámaras de seguridad de ayer si lo prefiere. Aún no las hemos mirado.

-Sí... creo que puedo con eso. -Contestó Haymitch tirando la carpeta a la mesa con violencia.

-Aunque si mi equipo no ha podido dar con el hombre más buscado de Panem y con la recompensa más jugosa sobre su cabeza, no creo que usted mágicamente resuelva el caso. Sin acritud. -Dijo antes de salir por la puerta.

Haymitch empezaba a comprender lo que se refería Ibrahim con lo del orgullo profesional. Apuró la lata de cerveza y la estrujó con su mano. Estaba realmente mala y para colmo, estaba caliente.

El teléfono sonó y aunque no era nadie para contestar, aún así lo hizo. El último comentario del inspector lo había dejado con ganas de devolvérsela.

-Está hablando con el detective Abernathy. ¿Qué desea?

Al otro lado del aparato, se escuchó un llanto como respuesta.

-Vaya. Mis habilidades detectivescas me dicen... que está usted muy triste. -Dijo Haymitch.

-Por favor... -Dijo la voz. Era una voz masculina. -Por favor, paren los Juegos del Hambre.

-Llama usted al número equivocado, para quejas al señor vicepresidente déjenle un mensaje a su secretaria.

-Hablaré... lo diré todo... diré dónde está el Cetrero, pero por favor, paren los Juegos del Hambre... mi hija... mi pequeña...

-Oh, así que es eso... Está bien ver los Juegos del Hambre cuando niños de los distritos se matan entre ellos. Pero cuando los propios están en la urna, entonces ya no hace tanta gracia... ¿Verdad que no? -Dijo Haymitch arrastrando las palabras.

-Por favor, tengan compasión...

-Se siente feo... ¿No es así? Imaginarse a todos los habitantes de Panem viendo como alguien le abre la garganta a tu niña y grita de júbilo ante "otra estupenda muerte este año".

El hombre no contestó. Su llanto fue en aumento y Haymitch tuvo que apartarse el auricular de la oreja.

-Y lo peor no es eso. Lo peor serán esas horrendas criaturas genéticamente modificadas y especialmente diseñadas para matar que sueltan por la Arena. Nada más piensa cuando descuarticen a tu hijita lenta y dolorosamente mientras se la empiezan a comer aún viva. Por no mencionar...

-¡HARÉ LO QUE SEA! ¡Les contaré lo que ustedes me digan! ¡Colaboraré, lo juro...!

En ese momento el inspector entró por la puerta trayendo en su mano unas cuantas tarjetas de memoria.

-Un segundo, por favor. -Dijo Haymitch con voz profesional mientras tapaba el micrófono del aparato con su mano. -Creo que ya no hará falta eso. Le acabo de resolver el caso...

Él abrió mucho los ojos.

-¡Estupendo! -Dijo.- ¿Quiere otra cerveza?

-No, gracias. -Contestó, pensando que se tendría que conformar con herir algo más su orgullo profesional.

Capitolio - Sede de los Vigilantes en Capitol Hill - Día 8, Mes 12. Año 1 de la Era Sinsajo. 7:05 PM

-Y ese fue el fin del Cetrero. -Suspiró Johanna. -Quién iba a decir que iba a caer por un soplo. Traicionado por uno de sus propios hombres.

-¿Qué pasó al final? -Preguntó Katniss mirando a Haymitch.- Dijiste que el hombre pidió como requisito que se parasen los Juegos.

-Bueno, como comprenderás esa petición es demasiado. Ibrahim ya no se puede echar atrás si quiere que en el futuro lo tomen en serio. Se le dará a su hija inmunidad a cambio de la valiosa información. Nada más.

-Ha sido un buen trato a mi parecer. -Dijo Plutarch.- Nosotros tenemos al Cetrero, y él asegura la vida de su hija. Es reconfortante saber que está a buen recaudo. Ahora las cosas por fin volverán a la normalidad. ¿Alguien quiere café?

Johanna, Enobaria y Annie levantaron la mano.

-¿Ansiosa por comenzar, Annie? -Preguntó Johanna.

Annie pasó la vista por la habitación como si no la hubiese escuchado, y respondió unos segundos después cuando ya nadie se lo esperaba.

-Aún no entiendo por qué tengo que ser precisamente yo. Soy una chica muy ocupada. -Dijo señalando al pequeño Angelo quien estaba en sus brazos mordiendo la oreja de un conejo de trapo.

-Teniendo en cuenta que te alzaste con la victoria por ser la mejor nadadora... estarás de acuerdo conmigo en que no le podía ofrecer a nadie más el puesto de instructora de natación. -Explicó Johanna.

-Me pregunto si la Arena será en el agua.

-No exactamente. Pero saber nadar será importante.

-¿Cómo será?

-Prefiero no hablar de eso de momento. Tengo a Beetee dirigiéndose en estos momentos al lugar, y espero a que se ponga en contacto conmigo antes de poder anunciar porque no se puede garantizar de antemano que ese lugar esté acondicionado para usarlo como Arena.

Plutarch volvió con los cafés, los dejó frente a cada una de las personas que lo pidieron.

-He estado contactando con personas que conozco en cada área para ofrecerles la oportunidad de poder ayudar a sus tributos haciéndoles de mentores. -Prosiguió Johanna cambiando de tema.- Además... he recibido muchas llamadas de escoltas presentándose voluntarios para este año.

-Mejor eso que estar desempleado. -Dijo Haymitch.

-¿Estará Effie Trinket? -Preguntó Katniss.

-Sí. Ella es de Candyfloss Square, así que será escolta del Área 7. -Aclaró Plutarch. -¿Y sobre las cosechas? ¿Han pensado ya a quienes van a mandar?

-¿A qué te refieres? -Dijo Peeta con recelo.

-Estoy confeccionando una lista con Enobaria, ya te la mandaré. Tenemos unos cuantos blancos de momento. -Dijo Johanna.

-¿¡Van a escoger a los tributos de antemano!?

-Shhhh. Baja el volumen. -Dijo Haymitch. -No estamos aquí para soportar llantos.

Johanna se acomodó en su asiento molesta.

-No a todos. -Se defendió. -Solo a unos cuantos. Gente que merece un escarmiento.

-¡No! -Gritó Peeta.

-Te dije que no lo trajeras. -Se quejó Enobaria.

-Alguien va a salir elegido de todos modos. ¿No? Mejor que sea uno que lo merezca. Pero hablemos de otra cosa. Claudius. Ya tengo a casi todos los que serán mi equipo de Vigilantes.

-¿Será gente de los distritos al final? -Preguntó él.

-Sí, dos de cada distrito, 26 en total. Vendrán al Capitolio a tomar clases para aprender a controlar el holograma y acostumbrarse a estar bajo mi mando. Es solo simbólico. Tendremos que ayudarlos un poco en las sesiones privadas porque nosotros tenemos mejor criterio sobre armas.

Plutarch asintió y miró a Katniss.

-¿Estás segura de que te sientes capacitada para esto?

-Tranquilo. Lo estaré. -Contestó. -Seré instructora los dos días de entrenamiento. Podré hacerlo.

-Eso es lo que estaba a punto de decir. -Dijo Peeta. -¿No creen que dos días es muy poco? ¡Esos chicos no tienen nada de formación!

-Hum... como si nosotros la hubiésemos tenido, exceptuando Enobaria claro. -Dijo Johanna.

-Denles al menos una semana, así irán más preparados.

-¡Una semana! ¿No te haces una idea de lo aburrido que es eso desde el punto de vista de un espectáculo televisivo? No podemos dejar esperando a la gente una semana, Peeta.

-Cinco días entonces.

-Tres.

-Cuatro.

-¡Tres!

Peeta se quedó en silencio un momento. Quizá un día fuese lo mejor que podría negociar con Johanna.

-Que sean tres entonces... -Murmuró mirando su vaso de agua. -Ya hablaré con Beetee para cerciorarme de que su Arena y sus trampas cumplen con mis estándares.

-Lo que sí cumplirán son MIS estándares. -Dijo Johanna. -Te estás metiendo demasiado para mi gusto en ciertos tipos de temas, Peeta. Recuerda quién es aquí la Jefa de los Vigilantes.

-Me meteré donde haga falta.

-Ya veremos.

El aumento progresivo de volumen de la conversación hizo llorar a Angelo, bloqueando cualquier intento de reanudarla.

-Ay, lo siento... pero de verdad no tengo otro lugar donde dejarlo. -Dijo Annie tratando de calmar a su hijo. -Voy a traer su comida, la dejé en recepción. Vuelvo en un segundo.

Annie dejó al bebé en brazos de Enobaria sin pensárselo dos veces y se apresuró fuera de la sala. Enobaria lo sujetó como si fuese a explotar de un momento a otro.

-Todo tuyo. -Dijo poniéndolo sin delicadeza en el regazo de Katniss. El llanto de Angelo dobló en intensidad.

-A ti se te da mejor esto. -Dijo Katniss pasándoselo a Peeta.

-¿Y cómo se supone que lo voy a calmar? -Se quejó el chico.- Hola... Angelo.

Y de repente Katniss vio el azucarillo en el platillo de Enobaria. Sin preguntarle si lo iba a utilizar, lo tomó ante las protestas de esta y se lo enseñó a Angelo.

-¡Mira! ¿Te gusta? Está muy rico.

El niño paró de llorar y tras mirarlo atentamente durante unos segundos, alargó su pequeño bracito en dirección al azucarillo, lo tomó y comenzó a morderlo con sus dos únicos dientes, recuperando por fin la calma. Todos los presentes observaban la escena en shock.

-Está rico ¿Verdad? -Dijo mirando a Angelo mientras sonreía, por primera vez en toda la reunión. Y mirando a Katniss agregó, - ¿Cómo lo supiste?

Ella se encogió de hombros.

-A su padre le gustaban.

Endimión - Día 10, Mes 12. Año 1 de la Era Sinsajo -12:25 AM

Hace muchos siglos, un asteroide errante amenazaba con colisionar contra la Tierra. Su trayectoria había sido calculada décadas antes y los habitantes del planeta pusieron todo su empeño para prepararse y evitar la catástrofe. Al asteroide, que quedó tras los esfuerzos de los terrícolas de antaño orbitando a una distancia media entre la Tierra y la Luna, se le bautizó como Endimión, y poco después comenzó su colonización. Una base pronto ocupaba la mayor parte de la superficie del satélite, que solo contaba con el 40% de la gravedad terrestre, lo que permitió tener una mayor presencia espacial. Los planes eran colonizar la Luna usando Endimión como puente. Pero esos planes se vieron truncados...

Cuando las guerras y las catástrofes estallaron en la Tierra, cualquier proyecto de exploración espacial fue abandonado, y la base quedó olvidada. Endimión siguió brillando en el cielo con un resplandor verdoso debido al armazón metálico que lo cubría casi en su totalidad. Se decía que en las noches en las que estaba visible, podían apreciarse a simple vista las luces de la base, formando hileras caprichosas y figuras geométricas. Aquellas luces, brillarían de nuevo por primera vez en siglos.

Beetee sonrió mirando la Tierra desde las ventanas de la sala de control principal de la base E1. Había sido un viaje más corto de lo que pensó, pues le tomó tan solo unos días llegar. Era la primera vez que un ser humano salía del planeta en siglos y estaba emocionado por la idea de marcar un hito en la historia. La Tierra se veía hermosa. Una esfera azul, verde y marrón salpicada de borrones blancos. Algo que siempre había soñado ver con sus propios ojos, su sueño imposible hecho realidad. Aún no lo creía. Tal vez por eso había aceptado sin pensar cuando Putarch Heavensbee lo llevó a ver la lanzadera espacial abandonada, y puso a un equipo de trabajadores a su disposición para ponerla en marcha.

Se despegó de la ventana, aún con la sonrisa en su rostro impulsándose con su pie en el suelo. El techo de la habitación era alto, sobre los cinco metros, y el salto casi le hizo rozarlo con los dedos. Dio una voltereta en el aire antes de aterrizar suavemente en la pared opuesta, agarrándose a un saliente que sin duda había sido colocado ahí para tal función. Pulsó un botón, y una puerta en la pared se levantó automáticamente, dejando ver un panel lleno de interruptores. Uno a uno los fue subiendo todos, y la base volvió a la vida. La luz inundó la habitación, y el panel de control a sus espaldas se encendió con un chasquido, como el de un cortocircuito. Un ruido estático se escuchó, y tras eso una voz.

-¡Ya nos llegó la señal! ¿Beetee?... ¡Beetee! ¿Me escuchas? -Dijo la voz de Johanna Mason procedente de un pequeño aparato enganchado en el panel.

-Te escucho. -Dijo tras impulsarse en la pared y agarrarlo. Unos gritos de júbilo se escucharon por el aparato.

-¡Sabía que lo lograrías! ¿En qué estado se encuentra el lugar?

-No tan mal como esperaba. La energía eléctrica emana de un pequeño reactor nuclear y no he encontrado grandes averías por lo que no fue difícil ponerlo a funcionar. Las instalaciones también están en buen estado.

-¿Crees que podrías acondicionarlo en medio año?

-Si me dan la suficiente cantidad de mano de obra ¿Por qué no? -Dijo Beetee agarrando el comunicador y saliendo de la habitación caminando por la pared. Le divertía aquella falta de gravedad.

Se encontraba ahora en un amplio pasillo verde jade lleno de compuertas.

-Perfecto entonces. Revísalo todo y redacta un informe cuando termines. Estoy muy contenta de que hayas decidido colaborar con nosotros. Estaremos en contacto.

-Nos vemos, Johanna.

La comunicación se cortó y Beetee se guardó el aparato en un bolsillo. Después de la llamada de Johanna estuvo recapacitando por unos días. ¿Y si lo mejor era devolverle el favor que le debía? Después de todo, le debía ni más ni menos que su vida. Una cosa era clara, todo iba a seguir su curso con o sin él, y aquella era una oportunidad que no podía desperdiciar. El vicepresidente estaba dispuesto a poner gente a su servicio para retomar la exploración espacial, y lo único que pedía a cambio era que él estuviese ahí. Mataba dos pájaros de un tiro.

Se preguntó si no habría algún dispositivo para controlar la gravedad. Dar saltos de tres metros y caminar por la pared era divertido, pero estaba empezando a marearse.

Pronto se encontró en una encrucijada con un ascensor transparente enmedio. Se asomó a los tres pasillos y le parecieron iguales. Más metal verdoso lleno de luces y compuertas. Pulsó el botón del ascensor y la puerta se abrió en cuanto la cabina llegó a él. Pasó y vio cuatro botones. Sótano, planta baja, 1 y 2.

Tras quedarse pensativo por un rato, le pareció que el sótano contendría lo más interesante. Pulsó el botón, emocionado ante lo desconocido y la cabina circular en la que se encontraba bajó deslizándose por el tubo de cristal con fluidez.


Aquí tienen el desenlace. Quedan claros los roles de cada personaje en el proceso, y se ve un poco de la Arena. Va a ser una Arena muy especial por ser la última edición de los Juegos, razón por la cual me puse algo fantasiosa con lo de Endimión.

¿Qué opinan de la Arena? ¿Les gustó Caesar Flickerman el muto?

RIP a Phillip Seymour Hoffman :(