Gracias a todos los que han tenido la desgracia de leer este fic y sobre todo a los que han dejado reviews ^^ (que son el alimento sagrado de cualquier fic) les anuncio que Feliciano les cocinará pasta y que Antonio les dará tomates de su cosecha especial =)
Mi mente pervertida hace este tipo de cosas, me disculpo por ella…. Y también por cualquier error que pueda haber. Usualmente las mentes pervertidas funcionan bien de noche, pero los dedos no mucho :S
Edit: después del review de Laurelie Kirkland descubrí que mis dedos olvidaron agregar algo (eso sucede cuando escribes a las 3 de la mañana sin haber dormido xD) gracias =)
Lovino despertó sintiéndose extremadamente mareado y desorientado. Reprimió el impulso de hablar cuando los recuerdos invadieron su mente, extraños y como si pertenecieran a un sueño. Quizás todo había sido una pesadilla, un retorcido producto de su mente, pensó, y casi sonrió aliviado hasta que la voz de unos hombres lo alertó. Todo había sido real, tan real como el dolor que estaba sintiendo en su cuerpo, expandiéndose como si floreciera, tan real como la desesperación que sentía, y sobre todo la extraña esperanza que su corazón albergaba aún y que en otras circunstancias no habría querido reconocer, pero ya nada tenía importancia, probablemente sólo era cuestión de tiempo para que su vida terminara…y Antonio no había acudido en su ayuda…
-Parece estar despierto.-La desagradable voz del que parecía ser el líder resonó en sus oídos.-Entonces ya deberíamos terminar con esto.
Así terminaría entonces. Se habían divertido con él e iban a matarlo. Recordó cuando era pequeño y Antonio lo había salvado de muchos peligros, siempre había estado junto a él, sin importar lo que sucediera…y él nunca le había dicho cuánto lo apreciaba.
El sonido de un celular lo sacó de sus cavilaciones.
-Otra vez llamando. No se ha detenido en toda la noche…
El corazón de Lovino dio un vuelco. ¿Podría ser que…?
-"Antonio".-Dijo en tono burlón al tomar el celular.-Tengo un cambio de planes.-Dijo el aparente líder.
-¿Qué propones?-La voz de una mujer con un acento extraño se elevó por sobre las demás.
-Parece ser que está encariñado con él, ¿no nos convendría divertirnos más?
-¿Más?-La mujer respondió exasperada.-No, ya hemos hecho suficiente. Ni siquiera nos sirve como información. Haremos un trabajo limpio. Será más doloroso si le permitimos vivir…una advertencia.
-Está bien...lo haremos a tu manera.
Lovino no recibió una advertencia antes de que un fuerte golpe lo dejara sin aire.
-¿Qué haces?-Preguntó la mujer, alarmada.
-Sólo voy a prepararlo para nuestra visita. No podemos dejarlo así para Antonio.
¿Para Antonio? ¿Entonces era posible que llegara? La esperanza de verlo hacía que su corazón latiera con más fuerza y lograra ignorar los golpes que le propinaban, pero sin embargo todo se volvió negro cuando algo fue inyectado en su brazo.
Las palabras de Feliciano se habían sentido como una sentencia. Lovino no estaba con él. Algo estaba mal definitivamente.
En un impulso preocupado del italiano había obligado a Ludwig a llevarlo a casa de Antonio para empezar la búsqueda de Lovino. Los tres se encontraban ahora en el auto de Antonio, conduciendo a toda velocidad mientras Ludwig les entregaba direcciones del rastreo del celular de Lovino.
-¿Estás seguro de que no se fue por alguna pelea que tuvo contigo?-Preguntó el alemán, no muy convencido de que una tragedia hubiera ocurrido.
-Ve, Ludwig, fratello no haría algo así.-Gimió Feliciano.-No llegaría muy lejos y me habría contestado cuando lo llamé para decirle buenas noches. Además no le gusta que pase la noche contigo y-
-¡Ya entendí!-Ludwig había enrojecido con las últimas palabras del italiano, quien siempre era capaz de hacer que lo más inocente sonara como el acto más pervertido sin siquiera notarlo.
Después de unas cuantas horas de conducir, el rastreo los llevó a un campo abierto, cercano a una carretera.
-No parece un lugar muy seguro…-Comentó Feliciano.
El rastreo indicaba que el lugar donde se encontraba Lovino –O más bien su celular- estaba en el interior de una vieja casa, propiedad de los antiguos dueños del campo, ahora abandonado. De pronto la decisión de traer armas no parecía descabellada.
-Ustedes se quedan aquí. Voy a entrar.-Antonio estaba preparándose para lo que pudiera encontrar. Quizás Lovino simplemente se había enojado por algo y terminaría odiándolo por el escándalo que había hecho para ir a buscarlo…
-¡No, quiero ver a mi hermano!-Feliciano se aferró al brazo de Antonio, impidiéndole salir del auto.
-Puede ser peligroso, Feli. Será mejor que te quedes aquí y-
-¡No, es mi hermano y voy a entrar!-Feliciano se aferró con más fuerzas y lo miró con ojos suplicantes.
-¡Ya basta! Entraremos los tres. Si es que realmente hay una amenaza entonces debemos permanecer unidos.-Ludwig salió del auto y los miró con determinación.
-Me parece lo más sensato-Susurró Antonio.
El interior de la casa estaba oscuro y frío, a pesar de que afuera el sol iluminaba con fuerza. Estaba impregnada con el olor a humedad característico de casas de madera que han sido abandonadas por un largo tiempo, y las telarañas adornaban las paredes de ciertos lugares. El primer piso contenía habitaciones vacías, una escalera que daba al ático y otra que daba al sótano.
-Creo que es mejor que nos separemos.-Sugirió Ludwig al pensar que realmente no estaban siendo eficientes y más porque la casa no tenía signos de haber sido visitada por algún ser viviente en mucho tiempo. Además, aparte del ambiente lúgubre, no habían signos de peligro; el sótano y el ático, según la estructura de la casa, eran demasiado pequeños para contener a un número significativo de personas en el caso de que realmente fuera una trampa, algo improbable según los signos. No, esto se trataba de un trabajo terminado.-Pensó amargamente.
-Yo iré al sótano.
-Entonces iré al ático. ¿Feliciano, adónde irás?
Feliciano dudó unos segundos, evidentemente asustado por ambas opciones. Sin embargo algo en su interior lo obligaba a descender las oscuras escaleras.
-Iré al sótano-gimió derrotado.
Antonio bajó las escaleras con el presentimiento de que encontraría algo terrible. La débil luz de su celular era capaz de iluminar sólo unos cuantos escalones adelante, creando una apariencia más tétrica.
Al llegar al final de los escalones sólo eran visibles las figuras oscuras de unos muebles, que a la tenue luz parecían cuerpo alzados en advertencia, sin embargo avanzó rápidamente al amplio fondo de la estancia, dejando a Feliciano atrás, con su propio celular para iluminar. Se detuvo de inmediato cuando escuchó un gemido y una serie de lamentos en italiano. Al voltear vio a Feliciano, detenido ante una figura oscura en el suelo, evidentemente sorprendido.
-¿Qué sucede, Feli?-Antonio volvió sobre sus pasos, temiendo lo que pudiera encontrar. Preparó el arma y apuntó, pero lo que vio lo dejó sin palabras. Nada podría haberlo preparado para semejante imagen.
El cuerpo desnudo y ensangrentado de Lovino yacía en un rincón de la habitación. Sus manos habían sido cruelmente atadas con alambres de púas, sus piernas abiertas de una forma grotesca.
Feliciano se arrodilló a su lado, susurrando palabras en italiano mientras intentaba quitarle el alambrado, lastimándose también.
Antonio se acercó, intentando asimilar la situación. Tiró su arma a un lado cuando notó que seguía apuntando, y se dedicó a buscar signos vitales en el cuerpo de Lovino, aún en shock.
Lovino, su Lovino, había sido brutalmente asaltado. Y él no había estado ahí para protegerlo. No había impedido lo que fuera que le habían hecho, no lo había defendido. No había cuidado de él.
El débil pulso de Lovino le devolvió algo de conciencia. Lovino aún estaba vivo y eso era todo lo que importaba. Debía llevarlo a un hospital lo más pronto posible.
-Fratello…-Feliciano sollozaba, intentando frenéticamente cortar los alambres con sus manos, heridas por las púas, aunque a él no parecía importarle. Su cuerpo estaba temblando descontrolado, evidentemente en un estado de histeria.
-¡Feli!-Antonio le dio una bofetada y le tomó la cara con las manos, obligándolo a mirarlo.-¿Feli? ¿Me escuchas?-Cuando Feliciano enfocó su mirada en él, Antonio continuó. -Lovi está vivo, debemos llevarlo a un hospital cuanto antes.
Sin esperar a que Feliciano reaccionara, levantó a Lovino con la mayor delicadeza posible y se dirigió a las escaleras.
