Decidió que empezaría esa misma noche, al cabo, todavía era temprano. Calculó mentalmente de qué tamaño debía ser el equipo: Él, un par de buenos asesinos, alguien bueno con los sistemas y otro al que se le diera el boom. Cinco.

Tenía ya dos de ellos en mente, además, estaban cerca.

Bajó por la calle Brush hasta que llegó a la intersección con Colorado, siguió por allí casi hasta llegar a la avenida Oakland, donde se detuvo frente al edificio Oakland. El lugar, uno de esos sitios que quedaron abandonados tras la crisis y su comprador no le dio demasiada atención, tenía un aspecto destartalado

—Espero que estén en casa.

Entró y subió sin que el guardia, un hombre flaco y de aspecto cansado, siquiera reparase en su presencia, subió a pie hasta el piso seis, donde se detuvo frente al departamento uno. Tocó la puerta con cuatro golpecitos secos y escuchó la mirilla moverse, quien estuviera al otro lado, caminaba sin hacer el más mínimo ruido

—Buenas noches, Ethan— la muchacha estaba a punto de cumplir los veinte, por lo que recordaba, algo que no dejaba de sorprenderlo teniendo en cuenta que la conoció cuando tenía casi catorce, sobretodo porque ya no tenía que doblar el cuello para mirarle directamente a los ojos

—Hola, Ray— la saludó cortésmente — ¿Está Zack en casa?

—Sí, se está bañando, debería salir pronto. Pasa.

El pequeño departamento estaba bastante bien cuidado para lo que parecía el edificio, al pelirrojo siempre le habían gustado los peluches cosidos a mano o los pequeños decorados tejidos que hacía la muchacha. La miró por el rabillo del ojo mientras le preparaba algo de té: Unos pantalones negros ajustados y una polera blanca con la imagen de un lobo que, a todas luces, no era suya.

Al inicio, debía admitir que le perturbaba un poco preguntar qué clase de relación había entre ambos y, aunque nunca indagó demasiado al respecto, a esas alturas de la vida le daba igual si Zack se la taladraba o no, total, ahora la mocosa era mayor de edad.

Además, si era lo bastante mayor para alojarle una bala en el cráneo a alguien, lo era para tirar con quien quisiera.

—Aquí tienes— se la dejó sobre la mesa de centro y tomó haciendo frente a él — ¿Qué necesitas?

—Muy lista, Ray. Dejemos que Zack salga de la ducha y charlamos sobre eso, mientras tanto, ¿Cómo va todo?

—Bien, aunque espero que nos traigas trabajo. No podremos seguir estirando el último pago otro mes.

—Me sorprende lo bien que lo administran, a decir verdad.

—No es tanto eso, digamos que ni Zack ni yo somos de grandes lujos.

No era demasiado difícil darse cuenta de eso cuando uno miraba el lugar: Libros, algo de comida chatarra y, encima de la mesa, una radio vieja. Cuando el pelinegro no estaba matando, se entretenía desarmando otras cosas

— ¿Y tú? ¿Cómo va todo?

—Lo normal, ya sabes. Juegos de azar por aquí, pequeñas estafas por allá, pero ahora me encargaron algo grande.

—Oye, Ray, trata de no dejar pelo en la tina, casi…— Zack salió del baño solo con una toalla en la cintura y una bola de pelos rubia en la mano derecha. Por suerte, Ethan logró apartar el pensamiento intruso ¿Qué edad tendría ella la primera vez que lo vio salir así del baño?

—Hola, Zack, ¿Qué hay?

—Ah, hola, pedazo de bastardo— lo saludó con una sonrisa —dame un momento.

Hacía años que el pelinegro no usaba las vendas, por supuesto, aquella no era una ciudad donde alguien fuera a denunciar un asesinato o algo, pero tampoco había que ser tan descarado: Un sujeto vendado de la cintura para arriba llamaba demasiado la atención. Salió con jeans y una polera blanca con una calavera. El pelirrojo recordaba la primera vez que lo vio con la resquebrajada piel expuesta, de no haber visto tantas cosas, se habría preguntado cómo diablos pudo sobrevivir a eso

—Verán, chicos. Me han encargado recuperar unos medicamentos con efectos muy jodidos, es para el laboratorio Karplus. Tenemos siete días.

—Suena como algo que ya hemos hecho— comentó Zack — ¿Cuánto?

—300.000. Cada uno.

Contuvo la risa al ver como se les abrió la boca sola, por supuesto, eliminar a alguien era relativamente caro (no tanto como en otros lugares, sobretodo porque allí podías encontrar muchos dispuestos a hacer el trabajo), pero esa era una cifra que, dudaba, alguno de los dos hubiera recibido antes

—Si les interesa, reunámonos en el Tennyson en dos horas, aún tengo que juntar a otros dos y la noche es joven. Nos vemos, espero.

Se tomó el té y luego se retiró con una pequeña reverencia. Los otros dos quedaron solos

— ¿Quieres que te seque el pelo? — le preguntó al mayor al notar que lo tenía mojado

—Ah, claro.

Zack estaba en el piso, quedándose sumisamente quieto mientras ella lo secaba con la toalla, ahora, tenía el pelo algo más largo y mucho más desordenado, Rachel podía ser buena con las telas, pero lo que era peluquería…bueno, lo mejor sería que él siguiera yendo con un profesional.

Aunque, según Isaac, el corte le gustaba

—Vamos a aceptar, ¿verdad?

—Algo me dice que esto será bastante más difícil de lo que parece, Ethan no nos timaría, pero estás hablando de medio millón entre tú y yo. Me gustaría saber quiénes están metidos primero.

—Ray— Zack apoyó la cabeza en su regazo —No tienes que asustarte, estaremos bien.

—Lo sé. Solo…— este le tomó la cara

—Mira, si vemos que la mierda se pone peligrosa solo nos negamos, no es tan difícil y él lo entenderá, el bastardo debe tener montones de asesinos a sueldo bajo sus filas.

—Sí…— ella lo soltó —listo.

— ¿Comemos? Tengo un hambre de mierda.

—La verdad, yo también.


Empezaré a subirlos los lunes.