Secretos
-RAVEN-
Draco trató de mantener la calma. Seguía mirando fijamente al gryffindor, o más bien, a su cicatriz. La rozó brevemente con la punta de su varita, dejando que ésta se impregnase con la sangre que seguía brotando de la herida. ¿Qué debía hacer con el gryffindor?
Con mucho cuidado, Draco lo sentó en el suelo. Potter no mostró indicios de querer moverse, y el slytherin lo zarandeó un poco para llamar su atención.
- Potter, deja de hacer el vago y dime que demonios te pasa. - le dijo, no sabiendo muy bien por qué debería de mostrar algo de interés por la salud de su rival.
No obtuvo ninguna respuesta. El slytherin tuvo que contener sus ganas de abofetearlo.
- Vamos Potter. No sigas haciéndote la víctima, que no tengo tiempo para tus tonterías. – volvió a gruñir.
Pero una vez más, el gryffindor no emitió ningún sonido. Sintiéndose ligeramente confundido, que no preocupado, el rubio acercó su rostro al del gryffindor para comprobar que seguía vivo. Al observarlo mejor, Draco se dio cuenta de que el pelinegro se había desmayado.
Soltó una risita.
- Cuando despiertes, pienso burlarme de ti hasta el infinito. Mira que perder el conocimiento por una simple herida de nada…
Pero aquella cicatriz no era una herida cualquiera, y Draco lo sabía. Esa pequeña marca en forma de rayo, por mucho empeño que Potter le pusiera, jamás desaparecería. Siempre sería "El niño que vivió", quien derrotó al Señor Tenebroso, y quien incluso año tras año lograba sobrevivir a cualquiera que intentase matarle. La cicatriz tenía un precio muy alto, estaba en el punto de mira de todos los magos y de la prensa, y a pesar de todo lo que hacía el gryffindor para contentar a la sociedad mágica, ésta no dudaba en ignorarlo o desprestigiarlo cuando les era posible.
Draco nunca lo reconocería, pero admiraba la fortaleza de Potter. Dio un suspiro, y volvió a mirar a Harry. Seguía durmiendo, lleno de sangre y ajeno a lo que él le pudiera hacer mientras estaba así de vulnerable. Draco jamás podría matarle de una forma tan poco honorable, como seguramente su padre habría hecho sin dudar. Como mucho, le atizaría un par de veces ahora que no podía defenderse…
La puerta del baño se abrió de golpe, sobresaltándolo. Miró rápidamente en la dirección del ruido, y se encontró con los ojos negros y sorprendidos de su padrino y profesor de pociones de Hogwarts, Severus Snape. Malfoy podía ver como el adulto pasaba su filosa mirada sobre él y sobre Harry, quien seguía inconsciente sentado en el suelo.
- …Draco, qué demonios has hecho ahora… - aquello no era una pregunta, le estaba exigiendo una explicación.
Draco se puso de pie, sujetando la varita ensangrentada con fuerza entre sus dedos. Nunca había visto a Snape tan… furioso, una reacción un poco extraña de su profesor. Teniendo en cuenta lo poco que apreciaba a Potter, debería de estar saltando de alegría al verlo en aquel estado.
- Yo no he sido, te lo juro Severus. – contestó rápidamente, pero sabía que aunque aquello era verdad, su profesor jamás le creería.
- Aléjate de él. – le ordenó su profesor, acercándose hacia los dos estudiantes.
A regañadientes, el joven slytherin se apartó varios pasos de Potter. Snape se arrodilló frente al gryffindor, tapándolo de la línea de visión de Draco, y le sujetó el rostro con una mano para poder verle mejor.
- De pronto su cicatriz empezó a sangrar y se desmayó. – le explicó Draco, tratando de defender su inocencia. – Fue casualidad que yo estuviese aquí.
Severus no dijo nada, simplemente siguió atendiendo a Harry. Le aflojó la corbata roja y amarilla, además de desabrochar el cuello de su camisa. De un fuerte tirón, dejó al descubierto todo el cuello, los hombros y la parte superior del pecho de Potter. Draco podía ver como su padrino trasteaba con el "Salvador del mundo Mágico", y se preguntó qué estaría viendo que hizo que los hombros de Snape cayesen hacia abajo.
- Lo que me temía… - escuchó decir a Severus, quien se había quedado totalmente quieto y observaba al gryffindor fijamente.
Sintiéndose tremendamente curioso ante las palabras de su profesor, Draco se acercó silenciosamente para poder ver a Potter por encima de Snape. Su rostro palideció casi al instante.
- Te lo juro, Severus. Yo no le hice nada. De verdad. – volvió a decir, con voz acongojada.
- Lo sé, Draco. Esto no se lo has hecho tú. – le contestó Snape, intentando tranquilizar a su ahijado.
Muchas de las partes del cuerpo de Harry estaban cubiertas de heridas y moratones. Algunas parecían no ser muy serias, y daban la impresión de que llevaban tiempo allí y que ya estaban curadas. Pero otras, mucho más vistosas, tenían toda la pinta de haber sido ocasionadas muy recientemente. Quizás, incluso aquel mismo día o el anterior. La piel del gryffindor era tan pálida que no había ninguna magulladura que pasase desapercibida.
- ¿Con quién se ha peleado Potter? – preguntó el rubio, con un hilo de voz.
- …Draco. Quiero que olvides todo esto, y que te marches a tus clases. – le ordenó su padrino.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Lo que le suceda a el señor Potter no es asunto tuyo. – Snape volvió a abrocharle la camisa al gryffindor, para después sacar su varita.
- ¿Y si decido que sí que lo es? – amenazó.
- Draco Malfoy… - Snape se puso de pie y se volteó para mirarle a los ojos, con una expresión bastante agria. – Por una vez, deja tu lado arrogante y de niño mal criado, y haz lo que siempre has sabido hacer muy bien: Ignorar a Harry Potter, y todo lo que tenga que ver con él.
Con esa frase, consideró que el asunto estaba zanjado. Sobre todo porque el joven slytherin no dijo nada más y apretaba sus labios con fuerza. Snape lanzó un Mobilicorpus sobre el gryffindor, y lentamente aquel escuálido cuerpo empezó a flotar en el aire a metro y medio de altura con respecto al suelo. Harry siguió inconsciente mientras Severus lo conducía hacia la salida de los aseos.
Les hubiera dejado ir sin más, pero el orgullo del Malfoy era mucho más fuerte de lo que el profesor de pociones podía llegar a imaginar.
- Si no dejas que vaya contigo, "dejaré caer" por el castillo que Severus Snape ha ayudado a su "querido" alumno Harry Potter. Seguro que a más de uno le interesará saber lo mucho que te preocupas por el "Salvador del mundo Mágico" – dijo en una voz muy seria y clara, haciendo énfasis en las palabras oportunas.
Como se esperaba, Severus se quedó clavado en el sitio, y Draco no pudo evitar sonreír de lado con descaro.
-RAVEN-
El extraño trío tuvo que hacer peripecias para no llamar la atención mientras se dirigían hacia la enfermería de la escuela. Los pocos que osaban cruzarse en su camino, recibían la gélida y tenebrosa mirada del profesor de pociones, la cual era lo suficientemente intimidatoria como para que nadie hiciera alguna pregunta. De vez en cuando, Draco le lanzaba una mirada a su inconsciente rival, observando su rostro manchado de sangre. El maldito Potter, siempre tenía que ir dando pena a cualquier lado por el que iba. Draco se sentía como un criminal, porque daba la impresión de que él y Harry se habían peleado, y que por eso llevaban al gryffindor a la enfermería. Pero al menos, la gente pensaría que él había salido ganando en la pelea, y eso le hacía sentirse ligeramente mejor.
Una vez dentro de la enfermería, y justo después de que las grandes puertas de madera se cerrasen para que ningún cotilla pudiera husmear, Madame Pompfrey corrió hacia ellos levantando ligeramente su túnica para no pisársela, soltando un pequeño grito de alarma y un "¡Otra vez no!" que avivó aun más la curiosidad de Draco. Sin ni siquiera dirigirles la palabra, los condujo por aquella amplia sala llena de camillas vacías y cortinas blancas. Los llevó hasta el final de la enfermería, entraron al despacho de la enfermera y, una vez que cruzaron aquella puerta, ésta se cerró sola y de golpe.
- ¿Qué ha pasado esta vez, Severus?
- No hay duda de que es "lo de siempre"…
- Pero es seguro, ¿verdad? No puede haber otra explicación posible.
- De momento, todos los indicios apuntan a que el señor Potter lo ha hecho de nuevo.
Draco miraba de uno a otro, sin entender nada de lo que estaban hablando y sintiéndose ampliamente ignorado. Se quedó pegado a una de las paredes de la habitación, y se entretuvo observando el mobiliario de la única enfermera de todo Hogwarts mientras escuchaba con disimulado interés aquella conversación.
Pompfrey colocó a Harry en la única camilla del despacho, mucho más estrecha que las que había en la otra sala, y la cual parecía haber sido utilizada recientemente.
- Envíale un aviso a McGonnagal a través de mi chimenea, Severus. Ya es suficiente. ¡Debemos que hacer algo! No podemos seguir permitiendo que el joven Potter siga poniendo en peligro su vida.
- Lo sé. Es más, podría ser motivo de la expulsión de Potter.
- Sabes tan perfectamente como yo que Albus nunca lo permitiría.
- Pero si esto llegase a salir a la luz tendremos un grave problema, y no solamente hablo de Albus.
El joven slytherin no podía dar crédito a lo que estaba oyendo. ¿Qué había hecho San Potter para que fueran a expulsarle? Vio como su padrino iba hacia la chimenea y usaba la red Flu para llamar a su profesora de transfiguración. Por dentro se sentía muy nervioso ante la idea de que quizás su eterno rival ya no volvería estudiar nunca más en Hogwarts. No sabía por qué le disgustaba tanto aquella idea de repente. Se iba a librar de Potter, debería de estar contento, ¿no?
La enfermera apuntó con su varita al gryffindor, y mágicamente hizo un rápido chequeo para revelar sus heridas.
- Esta vez no parece tener nada roto. Menos mal.
Al poco de decir eso, y sorprendiendo a Draco por la rapidez, McGonnagal cruzó la chimenea con un destello verde. Tenía un rostro cansado, y parecía más anciana que nunca.
- Quiero saber todo lo que ha pasado. He tenido que dejar mi clase a cargo de un prefecto, y no puedo estar aquí por mucho tiempo. – la jefa de la casa Gryffindor fue directa hacia la camilla, sin ni siquiera mirarles.
- Por lo visto el señor Malfoy lo encontró en los aseos, presenció cómo le sangraba la cicatriz y perdía el conocimiento. – le explicó Snape con voz seria, colocándose al lado de ella y mirando la inmóvil figura de Harry Potter.
- ¿Otro vez la cicatriz? – preguntó McGonnagal, frunciendo sus cejas.
- Si. Yo también pude sentir sus cruciatos a través de mi marca. Él está furioso... nos ha torturado a todos durante toda la mañana desde que su último plan se vio truncado. Por eso he estado buscando al señor Potter, porque sabía en qué estado me lo iba a encontrar.
- Y todavía siguen pensando que "el que no ha de ser nombrado" está muerto. – añadió a regañadientes Pompfrey, mientras buscaba pociones y pomadas por sus estanterías.
- ¿Qué esperabas de los del Ministerio? – la voz de la profesora sonó cansada – La última vez que le informamos sobre los ataques que sufría el señor Potter, dijeron que él mismo se había infligido la herida de la cicatriz para llamar la atención.
- ¡Pero eso es mentira! – gruñó la medimaga.
- Eso no les importa, con tal de que la población mágica esté tranquila y en la ignorancia. – siseó Snape, cruzándose de brazos.
- Perdonad. – se escuchó la voz clara y potente de Draco Malfoy, interrumpiendo la conversación con brusquedad.
Draco estaba cansado de escucharlos y de no entender nada de lo que ocurría.
- ¿Por qué esta el señor Malfoy aquí? – preguntó McGonnagal, con cierto enojo.
- Mi padrino me dejó venir. – se justificó el joven, alzando un poco su mentón.
- ¿Severus? – ahora la profesora miraba a el jefe de la casa Slytherin, pidiendo una explicación.
- El joven Malfoy prometió no contarle a nadie lo que viese aquí, así que puedes estar tranquila.
- ¿Pero por qué has dejado que venga?
- Porque de lo contrario, habría esparcido rumores falsos por toda la escuela que habrían hecho la situación más complicada de lo que ya es.
McGonnagal miró a ambos con desaprobación, para luego volver a centrarse en su alumno gryffindor, el cual estaba siendo atendido por la medimaga.
- ¿Puedo saber qué es lo que está ocurriendo exactamente? – preguntó Draco - ¿Qué le pasa a Potter? ¿Por qué lo queréis expulsar?
Los tres adultos se quedaron en silencio bastante rato. Se miraban entre ellos, no sabiendo quién debía de explicárselo. Finalmente, y gruñendo un poco por lo bajo, Severus le miró a los ojos.
- Desde que se inició el curso, hemos hallado indicios de que el señor Potter hacía pequeñas escapadas en la escuela, ausentándose durante horas, y saltándose incluso algunas clases.
- ¿Qué? Pero… yo pensaba que faltaba porque Potter iba a unas clases a parte…
- Si, lo sé. – intervino McGonnagal, apurando tiempo – Yo me encargué de decir que Harry Potter estaba recibiendo un entrenamiento especial apartado del resto de los alumnos y que le obligaban a veces a ausentarse de sus otras clases. Pero era todo mentira.
- ¿Y por qué mintió por él? – quiso saber Draco.
- El director Dumbledore también conocía la nueva costumbre que había adquirido el señor Potter de salir de Hogwarts, y me hizo prometer que no diría nada. – explicó su profesora - Debe comprender, joven Malfoy, de que lo que hacía su compañero era motivo de expulsión, y si se descubria... sobre todo si lo descubría la profesora Umbridge... el señor Potter se vería obligado a abandonar Hogwarts para siempre.
- No lo entiendo… Entonces, ¿por qué siguen permitiéndoselo? ¿Por qué no le dicen a Potter que lo que está haciendo está prohibido?
- Hemos intentado vigilarlo sin que él lo supiese, para tratar de impedir que se marche. – dijo Snape, entrecerrando los ojos – Pero Potter siempre encontraba un método para salir del colegio. Aún no sabemos cómo lo hace, pero aunque lo supiésemos…
- Dumbledore no nos permitiría detenerlo. – finalizó McGonnagal.
- ¿Por qué? – volvió a preguntar el rubio, sintiéndose cada vez más molesto. No era justo que dejasen a Potter saltarse tan libremente las normas.
- … ¿No sientes curiosidad por saber por qué Harry Potter está inconsciente en esta camilla y lleno de heridas?
Draco miró al gryffindor fijamente nada más escuchar aquello. Debía de admitir que su profesora tenía razón, fuera lo que fuese lo que hiciera Potter en sus escapadas, no parecía ser algo que le gustase descubrir.
- El señor Potter… ha decidido luchar por su cuenta en esta batalla.
- ¿Qué? – el joven slytherin abrió ampliamente sus ojos por la sorpresa.
- Como ha oído. – continuó McGonnagal – Se dedica a buscar a los seguidores de "el que no ha de ser nombrado", y se enfrenta a ellos para detener sus ataques a la comunidad mágica.
- … ¿Él solo? – su profesora asintió - … ¿Y cómo es que nunca ha salido nada de esto en el periódico?
- Claro que ha salido en los periódicos. Hablan de él constantemente.
- Eso es mentira. Yo no he visto su nombre salir en ninguna edición de "El Profeta" desde lo que pasó en el torneo del año pasado.
- … Draco. – le llamó su padrino.
El joven slytherin le miró. Se sentía cada vez más confundido, y su cabeza no paraba de dar vueltas una y otra vez con cada detalle que iba descubriendo de su eterno rival. ¿Potter luchaba casi diariamente contra los seguidores de Voldemort? ¿Y salía en los periódicos? No podía ser. En los periódicos, las únicas noticias que había sobre algo parecido eran las de "El Cuervo".
De repente, todos los músculos de la cara de Draco se tensaron. Una breve revelación cruzó su mente, haciendo que su respiración se detuviera momentáneamente. Aquello era imposible.
No.
No podía ser cierto.
- Draco. – volvió a llamarle Snape, despertándolo y trayéndole de vuelta a aquel oscuro y pequeño despacho de la medimaga. – El señor Potter es en realidad… el famoso Cuervo del que todo el mundo habla.
- Mientes. – siseó Draco.
- Cada vez que Potter se ausenta y vuelve herido, al día siguiente hay una noticia sobre "El Cuervo" en el periódico con respecto a un enfrentamiento con mortífagos. Si no me crees, espérate a que mañana llegue la siguiente edición de "El Profeta".
- … Pero... ¡Potter no puede ser "El Cuervo"! - gritó una vez más, exasperado - Y si por algún casual lo fuera, que repito, es imposible que lo sea... ¿el director deja que su alumno favorito arriesgue su vida de esta forma? – espetó Malfoy, arrugando su nariz. - ¡Nunca dejaría que San Potter hiciera algo así!
- Lo permite porque él cree que es el destino del señor Potter, Draco. – dijo Snape, también sonando disgustado y cabreado por sus propias palabras.
- Ah… claro, Potter: "El salvador del mundo mágico". Cómo no…
- Señor Malfoy. – le advirtió McGonnagal.
- Todo el mundo piensa que es un héroe. Tú mismo lo dices, Severus. San Potter lo estará haciendo para llamar la atención, ¡estoy seguro! ¡Siempre lo hace para que todos le besen los pies!
- Si realmente quisiera eso, ¡no estaría ocultando su verdadera identidad como lo ha estado haciendo hasta ahora! – contraatacó Snape.
Draco se quedó callado, respirando agitadamente y sin poder salir de su asombro, el cual intentaba ocultar con un profundo sentimiento de odio e indignación. ¿Cómo era todo aquello posible? ¿Cómo iba a ser Potter el Cuervo? ¡No podía ser! Ni por todos los galeones del mundo Draco reconocería que durante todo aquel tiempo había estado idolatrando a Potter. ¡Incluso lo había llegado a considerar su héroe!
- Draco. Lo único que realmente hemos podido sacar de todo esto es lo siguiente: necesitamos que Potter siga haciendo lo que hace, por muy en contra de nuestros principios que esté.
- ¿Eso es lo que os ha dicho Dumbledore? – dijo Draco, arrastrando las palabras.
- Potter es el único que logra frenar los avances del Señor Tenebroso, Draco. – contestó fríamente Snape – Y francamente, si los del ministerio no fuesen todos unos inútiles, esto no tendría por qué estar pasando.
Draco, una vez más, guardó silencio. Por dentro seguía muy enfadado con lo que estaban diciendo sus profesores. Pero después de pensarlo detenidamente debía admitir que tenían razón. Potter no solo estaba salvando vidas, sino que además tranquilizaba a la comunidad mágica, y les daba un héroe de verdad. Alguien valiente y quien actuaba y luchaba por ellos. Justo lo que se esperaba de Harry Potter, pero sin saber que era él quien realmente estaba bajo aquel pico y aquellas plumas.
Su héroe desde hacía meses era en realidad el "Salvador del mundo mágico", la persona que durante tantos años odió, insultó y martirizó. Sin darse cuenta y en contra de su voluntad, lo había convertido en una de las pocas cosas por las que merecía la pena vivir, y lo había estado admirando en secreto desde entonces.
El mismo Cuervo que en las vacaciones de verano le había salvado la vida.
Harry Potter.
- ¿Y la cicatriz? – preguntó en voz baja Draco, mirando al gryffindor inconsciente. - … ¿Por qué le empezó a sangrar?
- … El señor Tenebroso está vivo, Draco, como ya habrás podido escuchar de tu padre… y a él no le gusta nada que le fastidien sus ataques día tras día. Cada vez que está furioso o desata su ira sobre alguien, el señor Potter lo siente a través de su cicatriz, al igual que los que poseemos la marca tenebrosa, pero no tan intenamente como él. Si el dolor es demasiado grande, a veces reabre la herida en forma de rayo. Como hoy.
- … ¿Potter sabe que lo sabéis? - preguntó después Draco, cambiando el rumbo de conversación - ¿Sabe que conocéis lo que hace cuando se marcha del castillo?
- No. – le contestó McGonnagal – Nosotros sabemos la verdad, pero no se lo decimos. El supone que lo que nosotros creemos es que se marcha a entrenar por su cuenta.
- Para él, la única persona que conoce su verdadero secreto es el director Albus Dumbledore. – le dijo Snape.
- Cómo no… - Draco rodó los ojos, poniendo una mueca de fastidio.
- Draco… Lo creas o no, a Dumbledore tampoco le gusta nada de esto.
- Pues no lo parece, Severus. No trata de impedírselo, es más, le anima a que siga haciéndolo. ¡Y luego dice que se preocupa por sus alumnos!
- Y lo hace. – prosiguió Snape – Pero si para defender a todos los alumnos de este colegio debe permitir poner en peligro la vida de Potter… No le queda más remedio.
- ¡Pero se pueden hacer más cosas! Los del ministerio por ejemplo, ¡deberían agilizar los trámites para encarcelar a los mortífagos! Y no creerles cuando afirman haber estado bajo la maldición imperio. ¿Y los aurores? Por favor, ¡no saben hacer nada bien!
- La comunidad mágica lleva demasiado tiempo viviendo despreocupadamente y pensando que el Señor Tenebroso nunca regresaría. Es normal que se les haya olvidado cómo actuar en estos casos.
- ¡Pues que espabilen! – exclamó Draco.
- ¿Acaso estás preocupado por Potter? – le preguntó Severus, fingiendo curiosidad, pero con el único motivo de avergonzar a su pupilo.
- No cambies de tema, Severus… - gruñó el joven slytherin, enrojeciendo – Lo que no quiero es tener que aguantar al mártir de Potter, y oírle decir lo grandioso que es al estar salvando a todo el mundo. Tiene complejo de héroe, y lo sabes.
- Caballeros. – les llamó McGonnagal, quien se alisó rápidamente su túnica a pesar de estar perfecta – No puedo quedarme a escuchar cómo discuten. Severus… vuelve a hablar con Albus. Intenta contactar con él de algún modo y trata de convencerlo. – luego, la profesora miró a Draco. – Y señor Malfoy. Que todo lo que ha visto hoy no salga de aquí. ¿Queda claro?
El joven slytherin asintió, manteniéndose firme y serio.
- Bien. Yo me vuelvo a mi clase. Poppy… haz lo que puedas por él.
- Si, Minerva.
La jefa de la casa Gryffindor asintió con aprobación, y sin decir nada más, se giró hacia la chimenea y se marchó de allí por la red Flu.
- Y vosotros dos, salir de mi despacho. Con vuestros gritos acabaréis despertando a mi paciente. – la enfermera abrió la puerta de aquella habitación, y esperó pacientemente a que los dos slytherin saliesen.
Severus fue el primero en cruzar la puerta. Draco le siguió después, no sin antes dirigirle una última mirada a su rival. Parecía que hiciera lo que hiciese, su mundo siempre iba a girar en torno al gryffindor. ¿Qué iba a hacer a partir de ahora? ¿Cómo iba a poder fingir no saber nada? Nunca debió haber venido a aquel lugar, ahora mismo se arrepentía de ello, y preferiría poder volver a estar en la ignorancia.
Cuando salió del despacho, la puerta se volvió a cerrar sola. Su profesor de pociones le esperaba a un par de pasos de él, y le miraba fijamente.
- Aún no comprendo cómo dejáis que siga haciendo todo esto.
- … ¿A caso no te sientes mejor al saber que hay alguien que lucha para que sigas vivo?
- … No, bueno, quiero decir, sí, pero no me gusta que sea Potter. – gruñó por lo bajo - ¿Hablarás con Dumbledore?
- No tengo más remedio. Aunque ya sé lo que me va a decir. – Snape frunció sus labios ligeramente. – Draco. Por favor, ahora que sabes la verdad, confío en que sabrás mantener la boca cerrada. Hazlo al menos por el bando de la luz… Sé que tú estás en contra del Señor Tenebroso, tú mismo me lo dijiste. Así que espero un poco de discreción por tu parte.
- … Lo sé, padrino.
- Por esa misma razón, debes mantenerlo en secreto. Potter es nuestra mejor baza en estos momentos, y si alguien descubriera la verdad… el Ministerio tomaría cartas en el asunto.
Draco endureció sus facciones, sin decir nada más. Después de un rato en silencio, Snape se marchó de allí dejándolo solo.
Rumiando en todo lo que había aprendido en tan poco tiempo, inconscientemente, el joven slytherin sacó de uno de sus bolsillos la última foto de "El Cuervo" que había recortado del periódico aquel día. La observó detenidamente, volviendo a acariciar con sus dedos la figura, como muchas otras veces lo había hecho.
Pero esta vez… era distinto.
Porque su héroe estaba tras una puerta. Era Potter a quien debía la vida, a quien admiraba… por mucho que quisiera negarlo. Arrugó un poco la fotografía, sintiéndose traicionado. Su padre era el culpable del estrés que sentía. Desde que empezó Hogwarts, siempre le había obligado a odiar a Potter. Para contentar a su padre, debía de hacer que la vida del gryffindor fuera un infierno. Al principio le gustaba… pero más tarde comprendió que su vida poco a poco dependía única y exclusivamente de Harry Potter. Parecía que para lo único que vivía, era para complacer a su padre y desprestigiar al "salvador del mundo mágico".
Aquel mismo año, durante el verano, había decidido decir "basta". Y aunque a pesar de todo seguía manteniendo la costumbre de meterse con el gryffindor… ya no estaba las veinticuatro horas del día intentando descubrir cómo molestarle a Potter.
Draco se guardó la fotografía de "El Cuervo" de nuevo. Él había tomado la decisión de cambiar, y con todo lo que había descubierto aquel día, decidió dar otro paso más.
No obedecería a sus profesores. Él no iba a ignorar a Potter… Draco Malfoy iba a aliarse con el gryffindor, con la persona que le salvó, y la única por la que merecía la pena luchar a su lado.
-RAVEN-
Hogwarts, Escuela de Magia y Hechicería. 20:00 pm.
Sala común de Slytherin.
Aquella misma noche, Draco Malfoy llegó a su sala común en las mazmorras después de un largo y silencioso paseo por el castillo. Anduvo cabizbajo todo el tiempo, metido en sus asuntos, y tardó un buen rato en darse cuenta de que le estaban llamando.
- ¿Draco? ¿Me estás oyendo? – Pansy Parkinson se acercó a él y le sujetó del brazo.
- ¿Eh?
- Draco cariño, pareces como si te hubiesen lanzado un hechizo confundus. ¿Qué te ocurre?
El joven slytherin la miró largamente sin decir nada. Ojeó el resto de su sala común, y vio a sus mejores amigos que también parecían estar interesados en su llegada.
- … Venid conmigo. – les ordenó. Se soltó con cuidado del brazo de la chica, y la agarró a ella del mismo modo mientras caminaba hacia los dormitorios.
Pansy parecía genuinamente sorprendida por la actitud de su amigo Malfoy, pero se dejó llevar por él. Algunos otros slytherins también les siguieron por el largo pasillo que conducía a los dormitorios de slytherin. Al contrario que las otras casas, los slytherin tenían una habitación para cada uno. Cuando Draco llegó a la suya, la abrió con su contraseña y metió a todos sus amigos allí.
Nada más volver a cerrar aquella puerta, observó a los que estaban con él en su cuarto. Cómo no, eran sus compañeros de curso con los que siempre se juntaba: Pansy, Blaise, Nott, Vincent y Gregory.
- He tomado una decisión. – les informó el rubio, rompiendo el silencio.
- ¿A qué te refieres? – le preguntó Crabbe.
- … He decidido participar en esta guerra.
- ¿Qué? – exclamó Pansy - ¿Te has vuelto loco? ¿Por qué?
- Escuchad. Sé que entre los seis decidimos que cuando nos graduásemos en Hogwarts nos fugaríamos lejos de todo esto… Pero me he dado cuenta de que no puedo hacer eso.
- ¡Pero Dragón! ¡No puedes! – insistió su amiga – Si tu padre se entera de la verdad…
- Me da igual mi padre – espetó – Estoy harto de tenerle miedo, a él y a… el Señor Tenebroso.
- ¿Y qué es lo que ha hecho que cambies de opinión? – quiso saber Zabini.
Evidentemente, Draco no podía decirles la verdad de momento, así que ya tenía preparada una buena excusa para esa pregunta. Una que tenía media parte de verdad sobre lo ocurrido aquel día…
- Encontré a Potter sangrando por su cicatriz en el baño.
- …. ¿Y? – preguntó Pansy – Draco, querido, a ti nunca te ha importado lo que le pase al cara rajada.
- A mí tampoco me importaba… pero cuando Severus me obligó a acompañarle mientras llevaba a Potter a la enfermería… Le escuché hablar con McGonnagal.
- ¿Y qué oíste? – le preguntó ahora Goyle.
- … Que le sangraba la cicatriz porque el Señor Tenebroso había matado a un traidor, y Potter lo sintió por su cicatriz.
Se hizo un gran silencio en aquella habitación. Sus cuatro amigos le miraban aterrados, y como veía que tenía toda su atención, Draco continuó.
- "El que no ha de ser nombrado" está vivo, y por mucho que nosotros queramos huir… nos encontrará y nos matará. – explicó con voz solemne – Y no pienso quedarme de brazos cruzados viendo cómo lo hace. Si llegado el momento nos descubre… pienso luchar hasta el final.
- Suenas como un Gryffindor. – le dijo Nott a modo de insulto. Pero después, le sonrió nerviosamente – Me gusta…
- Entiendo cómo te sientes Draco. – esta vez, habló Blaise – Pero, ¿de verdad piensas que tenemos algún tipo de oportunidad?
- Claro que sí, Blaise. Un Malfoy nunca se arriesga si no tiene un plan bajo la manga.
- ¿Y de qué plan se trata? – pregunto Pansy.
- … Harry Potter. – les dijo el rubio, volviendo a forzar un silencio más.
-RAVEN-
Continuará…
