Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia. No saben cuánto agradezco que se tomen el tiempo de leer lo que escribo. Y respondiendo a que si Hans y Kristoff se cambiara el sexo o seguirán siendo igual, es que seguirán siendo hombres ambos.
Como siempre nada me pertenece yo solo ocupo los personajes sin fines de lucro.
Capítulo II. Tu atención.
Las cosas en la escuela para Elías eran casi como lo había predicho, la mayoría de féminas se acercaban a el tratando que les diera un poco de atención, para el eso era algo cotidiano. Sin embargo en todo ello había alguien que salía de su normalidad, era muy diferente a cualquiera con la que había llegado a tener contacto. Pues Anna pese a que se sentaban uno a lado del otro, está parecía no le tomaba atención alguna, pero no era como si lo ignorara, era más bien como si le fuera irrelevante, como si no le importará quien estuviera a un lado suyo. Y eso lo desconcertaba un poco.
Su maestra de literatura les estaba asignando un trabajo, era un proyecto en parejas sobre cualquier novela que ellos mismos escogieran, donde básicamente era escribir una reseña sobre de ella y un comentario sobre de esta, y en las mismas parejas debían escribir un libro corto, era un proyecto para el año escolar completo, por lo que no había muchos problemas para hacerlo.
Cuando todos estaban apunto de pararse a escoger a sus compañeros, la maestra simplemente les dijo que las parejas eran como estaban sentados en las mesas. Para la gran mayoría no había problema con ello, pues se solían sentar a un lado de sus amigos o por lo menos de alguien a quien le cayeran bien. Pero Elías volteo a ver a Anna, y por primera vez en un tiempo, sus ojos se cruzaron, los ojos azules con un ligero toque de verde lo vieron con esa intensidad que nunca en su vida había visto.
Vio los labios de Anna moverse, esos carnosos labios, estaba seguro que le hablaba a el, pero su mente se rehusaba a cooperar para descifrar lo que había dicho.
Parecía que no le gustaba ser ignorada, pues sus mejillas llenas de pecas se estaban poniendo ligeramente rojas y su frente se arrugó haciendo que sus cejas se juntaran hasta casi hacer una sola.
- Perdona, no te escuché bien.
Anna lanzó un bufido y empezó a guardar sus cosas en su mochila.
Sin que Elías pudiera hacer algo, Anna se levantó y camino hacia la maestra que estaba apunto de irse al igual que sus alumnos, Elías trato de escuchar lo más posible, y afortunadamente para el no le fue difícil al sentarse en la parte delantera del salón.
- Maestra Jane, ¿Podría cambiar de compañero?
La mujer se detuvo y volteo a ver a Elías y después a Anna.
- ¿Que tiene de malo el tuyo?
- Por favor maestra, o si quiere lo hago yo sola.
Jane pudo ver el ligero dolor en las facciones de Elías, y también la desesperación que mostraba Anna.
- Debes aprender a trabajar en equipo, y si no puedes te veo en el extraordinario.
Jane salió del salón dejando a Anna parada en el mismo lugar.
Elías se acercó a Anna, un poco temeroso, no sabía por qué se estaba comportando así con el, no es como si le hubiera hecho o dicho algo, solo no la escucho bien, pero se disculpó por ello.
- Anna. - dijo Elías en tono suave.
Anna volteo a ver a Elías, y este vio la cara sin emociones de la mujer frente a él.
- ¿Qué quieres hacer, leer la novela y escribir la reseña o escribir el libro?
Elías a penas pudo procesar lo que Anna le estaba diciendo, básicamente que no quería verlo. Pero algo dentro de Elías se movió, si quieres podemos llamarle por ahora orgullo, un orgullo que no sabía siquiera que poseía, y lamentablemente para el, ese orgullo estaba haciendole daño. Así que Elías dentro de su mente, sabía que debía ganarse la confianza de Anna, aún no sabía que es lo que iba a hacer una vez la tuviera, pero estaba seguro que la necesitaba y que mejor para ganarse su confianza que siendo su equipo.
- La maestra dijo que quiera que ambos participemos en ambos, no tendría sentido si cada uno escribe algo.
Anna rodó los ojos en sus cuencas.
- Dime cual es tu dirección, te veo allá en la tarde.
Elías no estaba muy seguro que alguien fuera a su casa, pues el "código" era que el fuera a la casa de la mujer, no viceversa. Pero no parecía que Anna le tanga tan pronto la confianza como para decirle donde vive, y si quería ganar su confianza debía ser cuidadoso con sus pasos.
Elías le escribio en un papel de cuaderno su dirección, y las características de la casa, junto a su teléfono celular por si cualquier cosa llegaba a suceder. Anna ví el papel, y Elías pudo ver cómo los ojos de la chica se abrían un poco, para luego regresar a su mirada desinteresada.
- Te veo a las cuatro.
Anna salió del salón dejando a Elías antes que este pudiera decir algo.
Al salir de la escuela, y llamar a su chófer, Elías se dió cuenta que pudo haber ofrecido llevar a Anna, pero descartó la idea casi de inmediato, no creía que Anna agradeciera el gesto.
Al llegar a su casa, Elías se dió un baño rápido, y se cambió de ropa para ver a Anna.
Aún no sabía cómo exactamente iba a ganarse su confianza, pero debía poder hacerlo.
En cuanto Elías termino de comer con su madre Iduna y su hermano Hiccup, ya habían pasado por unos cuantos minutos de las cuatro, Elías comenzó a recoger los trastes que había ocupado para ponerlos en su lugar, cuando escucho el sonido del Interfón de la reja exterior, al ver en la pantalla veía a Anna, con el botón abrió la reja para dejarla pasar.
Y aún dentro de la casa se escuchaba el rugir del motor de una motocicleta, era un poco fuerte, que hasta su madre salió a ver quién era.
A los pocos segundos la puerta principal era tocada y Elías la abría para dejar ver a Anna, llevaba un vestido del estilo de los años cincuenta con un pañuelo en su cabeza, a diferencia de las otras veces que la había visto, Anna tenía una gran sonrisa en el rostro.
- Hey, puedes sonreír. - debía reconocer que no era lo más inteligente que se le ocurrió.
Anna no pareció afectada por el intento de cumplido, y ambos se quedaron en la puerta de pie sin hacer ningún tipo de movimiento que no fueran los naturales.
- Hijo ¿Quien era?. - dijo Iduna al no ver a su hijo a la cocina a terminar con los trastes.
- Una compañera, vino a hacer un trabajo en equipo.
- Pues dile que se pase.
Elías cayó en cuenta que aún estaban los dos en la puerta de su hogar, así que se hizo a un lado para que Anna pudiera entrar.
- Adelante.
- Con permiso.
Y Elías no podía dejar de pensar en que Anna se veía aún más bonita con una sonrisa en el rostro.
