El perfecto equilibrio

CAPÍTULO 2

El despertador sonó y Rey abrió los ojos de repente. Se incorporó y bajó ágilmente de la cama. Su cuerpo, aun soñoliento y débil, se despertaba a cada paso que daba. Era muy consciente de que sus pies no iban tan rápidos como su mente y que siempre sería un poco más torpe de lo que le gustaría.

Desayunó y se preparó para salir de casa. Cogió la carpeta, el portaplanos tubular y se lo colgó al hombro. Había dejado los dibujos y bocetos preparados el día anterior, listos y dispuestos para ser expuestos ante los jueces.

Hoy era el día.

Rey había sido seleccionada para la prueba de acceso a la escuela de arte de la ciudad. Jamás había tenido el valor suficiente para presentarse, pero el mes pasado envió la solicitud y fue aceptada para la primera selección. La escuela de arte disponía de un buen plan de estudios y Rey, se había visto terriblemente atraída por todo aquello. Observaba en sus ratos libres por la ciudad —antes de entrar a trabajar— como sus alumnos salían de la ancestral edificación. Alumnos de todo tipo, deambulando de aquí para allá, con sus carpetas de colores, maquetas, portaplanos colgados al hombro, ropas estrambóticas y el arte fluyendo como una fuerza transparente entre ellos, como una fuerza motor que lo mantiene todo enlazado.

Salió de casa con una sonrisa dibujada en el rostro.

El resto del camino, anduvo ensimismada en sus pensamientos, con la música a todo volumen y cargada de energía y felicidad.

Pero aquella felicidad duró poco.

La prueba de selección tuvo lugar en la misma escuela. Cuando llegó, entregó los dibujos y los tendió sobre la mesa de los jueces. Un hombre y dos mujeres los evaluaron en silenció. Una de ellos anotó varias cosas en su cuaderno y continuó evaluando, examinando con determinación y siguiendo los trazos de los esbozos con la mirada.

Rey esperaba frente a la mesa de aquellos profesores que validarían su trabajo.

—Lo sentimos, no es lo que estamos buscando en este momento —dijo el hombre después de hablar con las otras dos profesoras a su lado.

Aquellas fueron las palabras de los jueces a los que había mostrado su trabajo. Había entregado un seguido de 5 láminas a acuarela, 5 boceto tempera. Pero nada de aquello pareció convencer a los jueces de que ella fuera si quiera merecedora del honor de ingresar en la escuela.

Fue tan decepcionante que no quiso pensar en ello demasiado tiempo. Su turno en el bar comenzaba a las 9, y en aquel momento, solo quería ponerse el delantal y servir copa tras copa. La única manera de no pensar en su fracaso era dedicarse a servir copas, a hablar con los clientes, anotar comandas, cobrar cervezas, pelearse con borrachos, limpiar lavabos y soportar a su jefe. La única forma de no sentir que su sueño se había visto frustrado era mantener los pies en la tierra. Ella era camarera, aspirar a ser artista era solo un sueño, un imposible, una ilusión, su utopía personal.


¡Hola todxs!
Muchas gracias a todos aquellxs que le hayan dado una oportunidad a esta loca historia. Prometo que pronto cojera ritmo y que pronto incorporare más personajes. De momento quería hacer un poco de introducción a Rey, que será la protagonista (más o menos) de la historia. El tercer capítulo estará por aquí dentro de muy poco. Muchas gracias, de nuevo, por leer.

Besos, Lúthien