Londres, febrero de 1780.
La multitud había comenzado a llenar las calles antes del alba, muchos se empujaban para conseguir los mejores lugares de ruta que conducían a Tyburn mientras los más afortunados encontraban lugar cerca de la misma horca. A pesar de la nieve y el viento crudo, había ambiente de fiesta; los aldeanos y sus esposas; llegaron del campo para disfrutar del entretenimiento, compartían los contenidos de sus cestas con sus vecinos; los niños se escabullían entre las piernas de la multitud, persiguiendo unos a otro y derrumbándose en belicosos montones sobre el empedrado, ciudadanos emprendedores que tenían la suerte de tener casa en la ruta que seguiría la carreta al salir de Newgate, gritaban lo que costaba una silla en la ventana o sobre el tejado.
Aquello prometía ser un espectáculo por el que merecía la pena pagar, la ejecución de kerberos y spinelson dos de los caballeros más celebérrimos de los caminos que llevaban casi una década aterrorizando a los viajeros que cruzaban los paramos de Putney Heath
_cualquiera diría que si pudieron coger a estos dos, el otro no sería tan difícil de atrapar_ murmuro una mujer de mejillas sonrojada con la boca llena de empanada de pichón,
Su marido cogió una botella de ron del holgado bolsillo de su abrigo.
_Ya verás como a lord Nick no lo pescan, mujer.
_Le dio otro buen trago a la botella y se limpió con el dorso de su meñeca.
_Está usted muy seguro, señor,_ dijo una voz divertida tras él.
_¿Qué le hace pensar que ese supuesto lord Nick sea as difícil de atrapar que a sus desaventurados amigos?_ El otro hombre se dio unos golpecitos en la nariz y guiño un ojo son gesto significativo.
_Es muy listo, ya sabe.
Más listo que un barril de monos.
Dicen que es capaz de desaparecer de un soplo de humo, él y ese caballo blanco suyo, como el viejo Nick, el mismísimo diablo.
La sonrisa de su interlocutor era un tanto burlona cuando cogió una pizca de rapé, aunque no respondió.
Se encontraba casi al principio de la multitud; su cabeza y sus hombros se elevaban sobre la mayor parte del gentío, así que podía ver la horca sin dificultades por encima de los que lo rodeaban.
Todo rastro de sonrisa se desvaneció de su rostro cuando murmullo bajo de emoción que partin del camino de Tynburn e indicaba que se acercaba la carreta con los hombres condenados.
Utilizo los codos para abrirse paso entre la gente sin hacer caso a maldiciones y quejas asta que llego al árbol del Tyburn.
_Yoshiyuki Terada, el verdugo, ya estaba colocando la horca, sobre la amplia carreta.
Sequito un copo de nieve de la manga negra y se asomó entre los copos, que ahora caían con rapidez, a la esperanza de la llegada de sus clientes.
_¿Puedo hablar un momento con usted señor? Terada se sobresaltó en su atalaya y bajo la cabeza.
Un hombre ataviado sin excesivos lujos, con una sencilla chaqueta marrón y calzones, clavó en él unos penetrantes ojos de color ámbar.
_¿Cuánto por los cuerpo?
Le preguntó mientras sacaba una bolsa de cuero.
Tintineó suntuosa cuando la apoyó en la palma de la otra mano y los ojos de Terada se agudizaron.
Examino al hombre con atención y vio que aunque sus ropas eran sencillas, estaban bien cortadas y el paño era excelente. La camisa estaba impecable aunque carecía de adornos y llevaba el sombrero adornado con abundancia de encaje plateado.
La mirada del verdugo, perspicaz y calculadora, abarco las exquisitas botas de cuero blanco con hebillas en las que reconoció de inmediato la plata de ley.
Era obvio que los salteadores, o al menos el señor kerberus y el señor spinel sun tenían amigos acomodados.
_Cinco guineas por cabeza
_Dijo sin pensarlo un momento.
_Y tres por las ropas.
El extraño frunció el labio y una intensa mueca de aversión le cruzó el semblante, pero abrió la bolsa sin decir ni una palabra.
Terada se inclinó con la mano extendida y el hombre de marrón contó las monedas de oro en la palma de su mano.
Luego se volvió y les hizo un gesto a cuatro fornidos carreteros que se habían apoyado en sus vehículos, no muy lejos de la multitud.
_Lleven los cuerpos al Roble Real de Putney_ dijo sin expresión mientras les daba una guinea a cada uno.
_Lo más seguro es que tengamos que pelearnos con los mensajeros de los cirujanos, jefe_ dijo uno de los cuatro con un guiñó lascivo.
_Cuando estén a salvo en el Roble Real habrá otra guinea para cada uno de ustedes _ dijo el hombre de marrón con tono frio.
Se dio media vuelta y se dispuso a abrirse paso entre la multitud.
Había hecho lo que había venido a hacer, se había asegurado de que los cuerpo de sus amigos no terminasen en una mesa de disección, bajo los cuchillos de los cirujanos, pero no tenía estomago para contemplar como morían.
Fue avanzando con rapidez hasta que llegó al centro de la multitud; entonces se elevó el ruido de Tyburn y que anunciaba la llegada inminente de los prisioneros de Newgate y el caballero se encontró con que no podía dar ningún paso.
El ambiente se iba poniendo al rojo vivo a su alrededor y la chusma se apretaba todavía más a la horca.
Resignado, se quedó quieto y se preparo para resistir los golpes al tiempo que la gente se ponía de puntitas, empujaba y gritaban, maldecían y se movían para ver mejor.
_Que se quite el sombrero mujer! _ El estridente chillido llegó acompañado de un empujón de paya y plumas tenidas de color escarlata.
La colérica propietaria, la rubicunda esposa de un carretero, volvió de golpe apestando a ginebra y lanzo una sarta de obscenidades típicas de Bilingsgate y, como es obvio, le respondieron con l misma moneda.
El hombre de marrón suspiró en intento no inhalar el hedor a alcohol y humanidad sin lavar mientras que el ambiente se iba calentando a pesar de que la nieve seguía cayendo y del viento invernal.
Algo le rozó con fuerza, sintió un aleteo en el chaleco y se puso alerta al instante.
Se llevó la mano al chaleco y ya sabía lo que iba a encontrar. Le había desaparecido el reloj.
Se quedo mirando furioso aquel mar de rostros jadeantes y ansiosos, esos ojos que brillaban de emoción y esas bocas abierta.
Su mirada furibunda se posó en el rostro alzado que
diversos objetos.
Casi al instante, la muchacha que había junto al hombre de marrón se tambaleo, gimió y se hundió en el sueño.
BUENO POR EL MOMENTE LE DEJAMOS AQUÍ ESPERO QUE LE GUSTE EL SEGUBDO CAPTILO
DESPUES DE ESTO SE PONE MUY INTERESANTE LA RELACION QUE SEDA ENTRE LOS DOS DESCONOSIDOS wiiiiiiiiiiiiiii!
