Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, porque si fueran mios...jejejejeje

Dark Ryoga: Es cierto, Akane no es una mujer muy depresiva, pero nadie resiste mucho y yo movi un poquitin als circuntancias para que haci fuera, mas adelante se entendera, y gracias por el consejo, esta es la forma que tengo de votar mis problemas

Vivian: gracias por apoyame, ojala que te siga gustando el fic

Este capitulo es algo liviano, pero no puedo poner peleas en todos, ademas tengo que tener una conexion con los demas capitulos, y tambien algo muy pesado al final no gusta del todo, espero este les guste

y recuerden Reviews y comentarios no cuesta nada! ajajajjaa:D

Capitulo 2.

Entre papas y tomates

Ryoga corría por la playa, a pesar de ser la hora del almuerzo él no tenia hambre, en su mente había algo mucho más importante, buscaba el rostro de Akane entre la borrosa multitud, había recorrido la playa varias veces, maldiciéndose por lo bajo por no haberle preguntado donde vivía, se sentó a descansar cerca de unas jóvenes, las observó detenidamente, ninguna tenia la mirada profunda de la muchacha que estaba buscando, miró el mar un momento, el agua estaba calmada ese día, sin desearlo se sentía acorde con el océano, este día se sentía totalmente tranquilo, el recordar a la muchacha le daba una paz que no había encontrado ni si quiera en las artes marciales, se restregó los ojos un momento y se levantó, para seguir con su búsqueda, caminó toda la playa de nuevo, rendido subió al camino para volver a su casa, ya imaginaba el reto que le esperaba, aunque poco le importaba con tal de ver a Akane nuevamente. Anoche al llegar su padre no le dirigió palabra y su madre le había preguntado si podía ir a comprarle cigarros, pasó frente de algunos negocios abiertos y decidió entrar a la verdulería, tenia ganas de comer algunas papas cocidas, entró rápidamente a la tienda y chocó precipitadamente con una persona, mandándola al suelo junto a todas sus bolsas.

-¡Lo siento¡No veía por donde caminaba!- estiró rápidamente la mano para ayudar a aquella persona a levantarse.

-No es nada, parece que estamos destinados a encontrarnos así- Akane tomó su mano y se levanto alegremente de suelo.

-¡¡Akane¡Discúlpame, en serio!- el joven miró el piso, en la colisión se había esparcido por el suelo todo el contenido de las bolsas que ella llevada, se tiró al suelo mientras recogía la verdura -¿Qué haces aquí?- dijo con los brazos llenos de papas y tomates, Akane solo le sonrió mientras tomaba lo que tenia en las manos y lo dejaba de nuevo en la bolsa.

-Tengo que ir a repartir todo esto ¿Me ayudas?- dijo mientras le señalaba 2 sacos apoyados en la pared a su espalda.


Los jóvenes caminaban calmadamente por el solitario camino, habían dejado atrás ya la ciudad y ahora el camino era una larga extensión (Si lo recorres a pie) de 10 km, salpicabas estaban a lo lejos algunas casas y mansiones.

-Así que eso te dijo- Akane miraba pensativamente a su compañero mientras caminaban tranquilamente por la calle, Ryoga llevaba los sacos en la espalda mientras Akane cargaba las bolsas –Ryoga, te conozco de muy poco, pero tu no eres un gasto, nadie es un gasto cada uno tiene el potencial para ser grandes entidades, y tú eres una de las personas más enigmáticas que he conocido, yo creo que dentro de ese velo de sombras se encuentra una gran persona con muchos talentos por mostrar-

-¿Cómo puedes decir eso sí me conoces solo de un día? Yo solo soy un mortal que no tiene nada de especial, mi paso por esta vida no marcará nada ni a nadie –

-En eso te equivocas, a mi ya me tocaste y apuesto a que eres muy especial para mucha gente-

-Yo no lo creo pero… Ya no importa¿Por qué repartimos estos tomates y papas?- Dijo mientras levantaba levemente los sacos que tenia en la espalda.

-Es mi trabajo de verano, mi papá siempre se esfuerza porque sus hijas tengamos lo mejor, pero nunca esta demás ganar algo demás- Akane sonrió mientras le señalaba una casa a un lado de el camino –Esa es nuestra primera parada-

Ryoga y Akane llegaron a la lujosa reja de los Kuno, según le había contado ella la casa estaba habitada por los locos que conformaban la familia y su mayordomo ninja, así que había que tener mucho cuidado, abrieron la puerta con cautela y se adentraron en los dominios de la familia Kuno, el antejardín estaba muy bien cuidado, contaba con 3 fuentes de agua y un camino rodeado de las más hermosas flores que había visto, además de las muchas estatuas y figuras hechas en setos, pero no se veía ni un alma, los jóvenes avanzaron con cuidado hasta la puerta trasera de la mansión que daba a la cocina, era la parte vieja de la casa por lo que al abrir la puerta esta rechinó ruidosamente, en la cocina todo estaba inmaculadamente limpio y también vació como cementerio, ahora ambos estaban extrañados de que no se viera ningún sirvientes ni nada, avanzaron para dejar la cantidad correspondiente en la mesa, todo el piso sonaba bajo el peso de sus cuerpos, ahora los jóvenes estaban totalmente espirituados, dejaron las cosas en la mesa rápidamente para poder salir lo mas pronto posible.

-¿Puedo ayudarlos en algo?-

-¡WUAAAAAAAAAAAAAAAAAA!- Gritaron ambos al unísono. El mayordomo ninja de la familia salió desde las sombras de la habitación detrás de ellos, los jóvenes dieron un salto que los pego al techo y Ryoga se dio vuelta rápidamente propinándole un puñetazo en pleno rostro acompañado de un ruido de huesos rotos, el pobre hombre retrocedió chillando mientras se sujetaba la nariz con las manos, probablemente rota, la sangre le resbaló hasta el codo, salto hacia atrás y apretó un botón rojo, abajo del interruptor de la luz.

-¡ADVERTENCIA¡ADVERTENCIA¡LADRON EN LA COCINA!- La alarma sonó incansablemente mientras Ryoga y Akane se miraron extrañados, unos pasos que más bien sonaban a estampida los hizo voltearse, la puerta que estaba enfrente de ellos y que daba al resto de la casa saltó de sus goznes y aparecieron 3 figuras, una mujer con un moño alto en leotardo y una cinta de gimnasia en las manos, riéndose como una histérica acompañada de dos hombres, el primero alto de pelo castaño, con un traje japonés antiguo y un boken en las manos y el otro, ya un adulto con un traje hawaiano, el pelo amarrado en una palmerita y con dos rasudadoras en las manos y cuatro enormes mastines que les gruñían amenazadoramente

-¡¿Quién osa intentar robar en el hogar de los Kunos?!- El joven del traje, agitó la espada de madera ante ellos como si fuera un palo de juguete, de una rápida mirada ambos se dieron cuenta, sabía lo que hacia.

-¡OHOHOHOHOHOHOHOHOHO¡Pero qué indigentes tenemos aquí!- La joven probablemente loca, manejaba el listón que poseía en las manos con una gran destreza.

-¡Jovencitos creo que los raparé para que aprendan a no robar!- El hombre ya mayor hizo funcionar las maquinas zarandeándolas peligrosamente cerca de su cabello.

Akane y Ryoga se miraron un momento y sin hacerse de rogar salieron corriendo de la casa con la loca familia y los perros detrás, llegaron hasta la reja pero las puertas estaban cerradas, rápidamente Ryoga pasó los sacos por los espacios de los barrotes, luego tomó a Akane en brazos y saltó la reja justo cuando sus perseguidores llegaban al límite de la propiedad, dejo a Akane en el suelo, tomó los sacos y corrió junto a la chica lejos de ahí mientras los perros les mordían los talones.


-Nunca más voy ahí- Akane se dejó caer por el árbol en el que estaba apoyada, habían corrido sin descanso hasta que la opulenta mansión había desaparecido de su campo de visión –Jamás había conocido a gente más loca-

-Totalmente de acuerdo contigo- Ryoga dejó las verduras en el suelo y luego el también se tiró a descansar un poco –Supongo que los demás compradores no están locos de remate ¿Cierto?-

-No, no te preocupes, son una pareja de ancianos pacifica, sin armas, alarmas o risas histéricas-

-Bueno entonces no los hagamos esperar- Ryoga se levanto ágilmente y tomó el saco (El otro lo habían dejado en la mansión de los locos) Akane lo miró un momento y se levantó.

-¿Prácticas artes marciales?-

-Si-

-Entonces debes conocer a mi padre, él tiene un dojo, yo también las practico, pero no soy muy buena, mi papá fue mi sensei y dejó de practicar hace mucho- Ryoga miró a Akane minuciosamente, la chica miraba hacia al frente, la vista soñadora y toda la cara repleta de alegría, era obvio que amaba el arte.

-¿Quieres que te muestre lo que sé?- Pregunto mirándola embobado.

-¿En serio? Me encantaría, cuando terminemos de repartir estos sacos podríamos intentarlo- dijo mirándolo esperanzada, el chico sostuvo la mirada un tiempo, y luego la desvió totalmente rojo mientras malluscaba algo, la joven fijó la vista al frente mientras seguía hablando sobre el arte, sus ramificaciones, sus orígenes, etcétera, él la seguía en silencio, disfrutando el hecho de compartir con alguien, era la primera vez en mucho tiempo que lo hacia y estaba contento, como nunca creyó que lo estaría alguna vez -Esa es la casa de los señores Hiyamoto, son una pareja de ancianos muy simpática-

Los jóvenes llegaron a la residencia del matrimonio a media tarde, la casa en que vivían los ancianos era una humilde y confortable casa hecha de madera, estaba a una de las orillas del camino, tal como Akane había dicho la pareja era muy agradables, los convidaron a quedarse en su casa, y les ofrecieron té, al despedirse y salir de la casa ya se les había pasado una hora, ambos emprendieron lentamente el camino de regreso.

-Akane ¿Dónde vives?- Esta ves Ryoga quería tener bien en claro donde podía localizar a la joven.

-A unos 10 minutos de aquí¿Quieres acompañarme? Te presentare a mi padre, también me gustaría presentarte a mis hermanas pero ellas fueron de viaje y volverán mañana por la tarde-

-¡¡Si!! Es decir… Claro… Me encantaría-

Los adolescentes caminaron hasta una casa de 2 pisos, Akane le explicó que la estaban arrendando porque ellos en verdad vivían en Tokio, entraron al salón donde se encontraba el padre de ella, un hombre ya maduro, de larga cabellera negra y espeso bigote, serio y con un porte un tanto señorial.

-No le hagas caso a las apariencias, mi papá es la persona mas tierna y frágil emocionalmente que conozco- le dijo Akane por lo bajo.

-Bueno joven Hibiki, me dice que usted practica artes marciales¿Qué tal si nos muestra algo de su estilo?- Soun miró al joven tranquilamente, algo había en él que le agradaba, Ryoga lo miró y luego asintió –Bien, entonces vamos al patio, que es el lugar donde mejor puede mostrarnos-

Ryoga estaba en medio del amplio jardín de la casa, a un costado de él Akane y el señor Tendo lo miraban pacientemente esperando a que empezara con el kata, se puso en posición y comenzó, los movimientos de él eran pausados y medidos, para luego saltar y golpear con la agilidad de un tigre, inmediatamente volvía a la defensa como si estuviera acechando pacientemente, Akane miraba atentamente los pasos de su amigo, la mayoría era solo defensa, calmada y firme, pero cuando menos lo esperaba el joven saltaba y pateaba al aire para luego caer y volver a la defensa, Ryoga terminó el kata y se acercó a los Tendo esperando su aprobación.

-Tu estilo es muy bueno, tú también lo eres, debo suponer que dedicas mucho tiempo al arte, te felicito Ryoga sigue así- el señor Tendo lo miró muy serio un momento y luego rompió a llorar abrazándolo mientras farfullaba algo sobre su juventud el muchacho lo miró atónito un momento y luego desvió la mirada a su amiga, ella le hizo una seña con la mano para que estuviera tranquilo, consoló a su padre y entre ambos lo dejaron en su pieza durmiendo.

-Vaya, tu padre es muy buena persona- dijo Ryoga frotándose la nuca, luego miró por la ventana el atardecer –Será mejor que me vaya, ya es tarde y seguramente en mi casa quieren una explicación de porque no fui a comer-

-Está bien¿Si quieres te acompaño?-

-Claro-


El señor Hibiki miraba por la ventana como el sol se ponía en el horizonte, estaba esperando que su hijo llegara para darle un castigo como Dios manda, cuando lo vio aparecer por el camino acompañado de una joven, extrañado se restregó los ojos y volvió a mirar, era cierto, espero un momento a que estuvieran más cerca y luego subió a su habitación, el chico se había salvado del castigo por esta vez.

-Aquí vivo- Ryoga miró apesumbrado la casa donde él suponía le esperaban más problemas –Muchas gracias por acompañarme-

-No, muchas gracias a ti, por ayudarme y mostrarme tu estilo-

-No fue nada no te preocupes, bueno, adiós-

Akane esperó a que el joven entrara a la casa y luego enfiló a la suya, pensando, una idea le cruzó por la mente y apretó el paso, siguió de largo su casa, tenia que hacer algo antes, después de todo lo único que podía hacer por él por ahora era eso, él necesitaba de algo que lo hiciera sentir bien cuando llegara a su hogar.