Capitulo 2.
Dos días más tarde. Estaban en mitad de una investigación en Kansas. Un posible espíritu vengativo que se estaba cargando a mas gente que el malo de una peli de terror de serie b. Todas las pistas apuntaban a un asesino sicópata llamado Bob Berdella, mas conocido como el Carnicero de Kansas. El mayor se paso media investigación tarareando "Diary of a Torture", canción inspirada en ese asesino.
Dean llevaba esos dos días sin molestarle y Sam estaba feliz de la vida. Aunque sabía que eso no iba a durar.
Esa noche, Dean volvió con dos botellas de José Cuervo y un par de limones, diciéndole algo que no había oído desde que termino el instituto.
- ¡Vamos a jugar a Verdad o prenda! – Sam parpadeo sorprendido.
- ¿Estas loco? – Dean torció la cara y se puso a cortar limones en rodajas con su cuchillo.
- No seas soso, Sam. No podemos hacer nada con el caso hasta mañana por la noche. Por una vez que nos tomemos un descanso no se va a hundir el mundo.
- Ya, pero…
- La investigación esta completa. Sabemos quien es el bicho, sabemos donde están sus restos y sabemos como cargárnoslo, pero no hay nada que hacer hasta mañana. Así que… ¿Por qué no podemos relajarnos esta noche y jugar a esto un rato? Anda… se buen hermano y compláceme. – Sam gruño, pero se sentó frente a su hermano en la mesa. Mucha gente podría decir que Sam era un experto embaucando con sus ojitos de cachorro. ¡Ja! Eso es porque no conocían la sonrisita de crío de cinco años made in Dean Winchester, claro.
- Pero solo un rato… no te creas que vamos a estar con esta tontería toda la noche. – Dean sonrío.
- ¡Genial! Ahora, Sammy… ¿verdad o prenda?
Cuatro de la mañana. Botella y media menos de tequila y Sam arrepintiéndose de haber cedido.
Después de dos chupitos y de confesar dos verdades realmente humillantes, el pequeño se paso el resto de la noche pidiendo prenda. Lo malo es que ya solo le quedaban los calzoncillos mientras Dean se partía de la risa con casi toda su ropa intacta. Tan solo había perdido la camisa y los zapatos. Lo dicho, su karma apestaba.
Ah, si… y los dos estaban ahora con una borrachera monumental, claro.
- ¿Verdad o prenda? – Dean rió. Estaba, si eso era posible, más borracho que Sam. Y ya tenia que correr para eso.
- Verdad.
- Vaaaaaaleeeee… Cuenta lo más raro que hayas hecho y que no confesarías ni a punta de pistola. – Sam ya estaba más que aburrido del juego. Su hermano no hacia mas que pedir verdad y casi se le habían acabado las preguntas humillantes. Ahora iban las de sexo.
- Bien… ¿lo mas raro? Ok. Si le cuentas esto a alguien, te juro que te despellejare vivo y no quemare tus restos para perseguirte y volver a despellejarte otra vez, ¿queda claro? – le amenazo. Sam asintió. A ver con que parida le salía ahora su hermano. – Va… una vez lo hice con un tío.
Vale. No podía haber oído bien. ¿Con un tío? ¿Dean acababa de reconocer que se había acostado con un tío? Esto no podía estar pasándole a él… y encima estaba celoso. Lo que faltaba, vamos.
- ¿¿¿QUE??? – su hermano sonrío torcido.
- Si, si. En realidad iba con una chica… uhm… morena, buena delantera, un culo de infarto. Pero ella me pregunto… "Oye, ¿te importa si se nos une mi novio?" y debía estar mas borracho de lo que pensaba porque le dije que no me importaba. Y al final acabe enrollándome con él y follándomelo mientras ella miraba. Como que fue algo rarito, pero… no estuvo mal del todo. Algo como muy salvaje… no se si me entiendes.
Definitivamente su karma era una perra sarnosa que le odiaba a muerte. Una hija de puta, vamos. ¿Cómo podía hacerle eso? Dean follando con un tío. Dean besando a un tío. Vale. Estaba oficialmente empalmado y solo tenia unos boxers puestos. ¡Socorro!
- Er… si… vale… nos tendríamos que ir a dormir ya, ¿no te parece? – Dean sonrío torcido de nuevo y sirvió dos chupitos más. Dios… había perdido la cuenta de cuantos habían bebido ya.
- La ultima, Sammy. Venga. ¿Verdad o prenda?
- Verdad. – suspiro el pequeño.
- Sammy…
- ¿Qué?
- Pide prenda. – el pequeño parpadeo.
- Ni de coña. Solo me quedan los boxers y no me los pienso quitar. – el mayor se lamió los labios con un brillo extraño en sus ojos. Daba miedo. Le recordaban a los ojos de los gatos cuando tienen al ratón a tiro.
- Pide prenda, que no te voy a hacer que te los quites. Solo quiero probar una cosa.
- No.
- ¡Porfa! – Dean borracho se ponía en plan crío. Pero Sam borracho no era capaz de negarle nada.
- Como me hagas algo humillante, te mato. – le advirtió. Dean rió y se inclino sobre la mesa, acercándose a el. – Dean… ¿Qué haces?
- Ssssshhhhtttt… quédate quieto… - susurro el mayor, cogiéndole la cara con una mano antes de besarle en los labios.
Decir que Sam se quedo de piedra, era quedarse corto. Estaba tan en shock que no atino ni a devolver el beso. ¿A que venia eso? ¿Era alguna broma pesada de su hermano? ¿Un calentón? ¿La borrachera? ¿Qué?
Dejo de pensar cuando su hermano le lamió el labio inferior. A Sam se le escapo un suspiro que Dean aprovecho para profundizar el beso y colar la lengua en su boca, mordisqueándole el labio.
Beso que duro hasta que a Dean se le resbalo la mano que tenia apoyada en la mesa y cayo sobre ella tirando todo lo que había encima. Al mayor le dio un ataque de risa y Sam salio volando hacia el baño, dejándole en la mesa, descojonándose solo.
El pequeño se encerró en el baño. No sabia si vomitar todo el tequila o echarse agua para saber si estaba soñando o no. Su karma era una perra de cuidado, sin duda alguna. Y encima estaba empalmado… genial…
Una semana después, Sam aun estaba preguntándose que coño había pasado la noche del tequila. Como era de esperar, a la mañana siguiente Dean se despertó, resacoso perdido, maldiciendo y jurando que no tocaría más el tequila y diciendo que no recordaba una maldita cosa después del undécimo chupito.
Sam no supo si sentirse aliviado o decepcionado, pero lo dejo pasar. Aquella noche quemaron los restos del asesino y partieron rumbo a otra parte. Lo que fue un alivio. El tal Berdella era un hijo de puta en vida y eso no había cambiado mucho tras su muerte. Su espíritu seguía buscando jovencitos a los que torturar y matar. Ambos Winchester se sintieron aliviados al librarse de ese fantasma. A Sam aun se le revolvía el estómago al recordar lo que ese bastardo le hacia a sus victimas.
Ahora estaban en San Antonio, siguiendo la pista de un grupo de vampiros que Bobby había localizado y les pidió que cazaran porque él se encontraba en la otra punta del país. Vampiros góticos, muy pocos discretos y que les dieron más trabajo del que se esperaban.
La cuestión era que la cacería había salido bien y sin heridas graves. Algún arañazo, un par de cortes sin importancia y dos o tres golpes que dejarían algún moretón. Pero más cansancio y sueño atrasado que otra cosa.
Por eso, cuando volvieron a la habitación de motel que llevaban tres días ocupando, Sam decidió que iba a olvidarse del mundo, de su karma, de su hermano y de sus cacaos mentales por esa noche. Y solo dormiría. Mañana seria otro día…
El motel escogido era peor que el anterior. Aunque al menos tenía tele por cable y minibar. Dean tomo nota de esos detalles por si después de ducharse aun le quedaban fuerzas como para ver una porno y tomarse una cerveza.
Arqueó una ceja cuando vio al pequeño tirarse cuan largo era en la cama y esconder la cabeza bajo la almohada. Ni siquiera se quito los zapatos para hacerlo. El mayor refunfuñó algo que Sam no pudo oír y se fue a la ducha.
A los quince minutos, Dean volvió, encontrándose con la misma escena. El pequeño ni se había movido y parecía completamente dormido. Normalmente le dejaría seguir durmiendo pero es que se habían pasado las ultimas cinco horas metidos hasta las cejas en una alcantarilla apestosa y como que no, vamos.
Con esa peste no había dios que durmiera. Así que, dando un gruñido y tras ponerse unos pantalones vaqueros viejos que casi no usaba porque estaban rotísimos, se puso a lado de la cama y le dio un golpecito en el pie a su hermano.
- Ey, Sam. – el pequeño solo gruñó, sin moverse. – Venga, tío. Que ya tienes la ducha libre. Incluso te he dejado algo de agua caliente. Pero no te acostumbres, ¿eh?
Nada. Que no sacaba la cabeza de debajo de la almohada. Dean suspiró frustrado. Su hermano apestaba. Ya sabía que estaba cansado, joder, él también lo estaba.
Pero no había dios que durmiera con ese pestazo, en serio. Era repugnante ese olor a carne y verdura podrida. Le zarandeó un poco del hombro.
– Vamos, Big Foot, levanta y dúchate, tío, que apestas.
- Me da igual. ¡Déjame en paz! – con un gemido desesperado lo vio acurrucarse y hacerse un lío con las viejas y amarillentas sabanas. Eso le hizo gracia. Su hermano mediría diez metros, pero cuando se ponía en ese plan, era como un puto crío. ¿Qué coño podía hacer para obligarle a ir a la ducha?
Y entonces se hizo la luz. Recordó algo sobre su hermano pequeño que le podría ser muy útil en esa ocasión. Sam tenía cosquillas. Pero muchas cosquillas. Vamos, que casi no podías rozarle sin que se partiera de la risa. Al menos, de crío le pasaba. Era buen momento para comprobar si eso no había cambiado.
Mordiéndose la lengua para no reírse y delatarse, se sentó en la ridícula cama de 90 en la que no entraba su hermano ni de broma y coloco una mano sobre su espalda.
Al ver que no reaccionaba, la deslizo despacio y casi sin tocarle hasta meter la mano bajo las mil camisetas que siempre llevaba el pequeño.
Paso los dedos por un costado consiguiendo que éste soltara un ruido, a medio camino entre un bufido y una risa ahogada. Dean sonrió de medio lado.
- Sam, o te levantas y te duchas o tendré que torturarte. Tu mismo. – le informó, repitiendo la caricia.
- No serás tan cabrón. – refunfuñó. Y añadió con voz de crío. - Estoy cansado, Dean.
- Apestas, Sammy. Así no te dejo meterte en la cama. – otra caricia más y Sam se dio la vuelta, quedando boca arriba, mirándole con los ojos brillantes por el sueño.
- Oblígame. – le retó con la voz ronca y sonriendo.
Al mayor le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo y no se hizo de rogar.
Se lanzo sobre su hermano y empezó a hacerle cosquillas de tal manera que Sam pronto se estaba retorciendo en la cama, ahogándose de la risa.
El pequeño trató de defenderse del ataque y forcejeó, hasta que consiguió tirar a Dean en la cama, sujetándole como pudo los brazos y colocándose sobre él.
- ¿Ahora que? – se burló, todavía riéndose. - ¿Cómo vas a obligarme ahora a tomar esa ducha?
Dean volvió a esbozar esa irritante sonrisa de "soy el mayor y me se todos los trucos" e hizo lo único que Sam no se esperaba y que podría desconcertarle tanto como para que el mayor pudiera liberarse.
Movió la pierna y le rozó la entrepierna.
Pero no se la rozó en plan brusco o de "te la voy a aplastar de un rodillazo que vas a ver las estrellas". No, de esa manera. Mas bien fue suave, apretando lo justo para que Sam se mordiera el labio, cerrara los ojos y…
¡Catapum!
Ahora Sam estaba en el suelo, con su hermano haciéndole una dolorosa llave de judo para luego ser levantado bruscamente y empujado bajo la ducha con ropa y todo.
- ¿Ves, Sammy? – le ronroneó al oído con esa voz de enteradillo que a Sam le ponía de los nervios. – Mira que te tengo dicho que no me provoques, que luego sales perdiendo. – le soltó y abrió el agua caliente.
El pequeño le fulminó con la mirada, mientras su ropa se iba mojando y pegándosele al cuerpo. – Dúchate y quítate ese pestazo de encima. – le ordenó, recorriéndole el cuerpo con la mirada.
Con un gruñido de disgusto, Sam empezó a desvestirse y Dean salió del baño, dejándole solo en la ducha.
Cuando se quitó los vaqueros, ya empapados se dio cuenta de que estaba medio empalmado. Volvió a gruñir y se lavó rápidamente para luego abrir a tope el agua fría. Jodido karma… Jodido Dean…
Continuara...
