Capitulo 1. Euforia
Aladdin admira los muros del Palacio y se enamora pues esa noche -más que nunca antes- la estancia se ilumina de múltiples colores que logran hacerlo sentirse dentro de un hermoso sueño donde las personas lucen sus mejores prendas para unirse al brillante desfile de piedras preciosas. No es inusual en el Palacio que se desarrollen ostentosas celebraciones para el deleite de los visitantes, especialmente siendo este su undécimo cumpleaños, pero las decoraciones para esa fecha lucen más llamativas y refinadas que de costumbre. No está interesado en develar las razones porque, como príncipe heredero, se encuentra maravillado con los detalles y bellas damas avanzando de izquierda a derecha por los extensos pasajes del patio al interior. El sultán de la ciudad, su padre Solomón, había sido muy amable en permitirle asistencia horas antes de su presentación formal pero -sobre todo- agradece que le permitiera invitar a sus amigos de tierras lejanas, los cuales busca entre las multitudes mientras se entretiene visualizando los esculturales cuerpos de sus sirvientas contribuyendo en las necesidades de los ocupantes tanto como de los recién llegados; un fino espectáculo que se efectua sobre un igual de elegante escenario brinda entretenimiento a quienes se ocupan de las mesas repletas de delicias en alimento y bebida. Alma Toran es un reinado de diversas cualidades por las que viajeros ambulantes como su mejor amigo Alibaba se sentían atraídos a conocer, explorar, y había sido una suerte para el joven príncipe conocerlo en uno de sus escasos paseos por las calles plebeyas, o el haber tenido la grandiosa oportunidad de hablar directamente con un extranjero residente del Imperio Kou cuyas relaciones solían ser abiertas solamente con países prósperos y ciudades poderosas; de igual modo Aladdin se reconoce infinitamente confortado de tener una amiga como Morgiana ya que no suele convivir mucho con mujeres debido a las limitaciones que le imponen las leyes del Palacio sobre conservar castidad hasta la edad adecuada, asunto que considera poco congruente ya que no le quedan más de tres años para ser considerado alguien maduro en sentidos sexuales ante los ojos del Gran Visir, pero tampoco fue su intención ver a cualquier mujer como una herramienta de experiencias ya que -sin importar cómo se le educó al respecto- Aladdin posee su propia forma de ver el mundo alrededor suyo. En los muros del Palacio se solía decir que Aladdin poseía una inteligencia excepcional para alguien de su corta edad pero él procuraba no prestar demasiado cuidado a ese tipo de comentarios porque continuaba siendo un niño y de ello él también era consciente; no quería atrasar ni apresurar sus etapas de vida pese a la inmensa curiosidad que diariamente le acompañaba los pasos.
Luego de unos pocos minutos, al fin pudo visualizar aquellas figuras que había estado buscando así que extendió un brazo con claras intenciones de hacerse notar para sus conocidos cercanos quienes tampoco tardaron en ubicarlo entre la concurrencia, saludándolo con el mismo entusiasmo que Aladdin aplica al acercarse. Una vez a la debida distancia entre ellos, Aladdin vio a Hakuryuu dedicarle una reverencia, signo indiscutible de respeto, mientras los otros dos simplemente lo recibían con una gran sonrisa.
—¡Que alegría! ¡En verdad vinieron!— exclamó Aladdin con desbordante fel8icidad, absolutamente conmovido por ver una vez más los rostros de sus amigos.
—No podíamos perdernos esta maravillosa celebración— aseguró Alibaba enérgicamente.
—Esas ropas que llevas se ven muy bien en ti— elogió Morgiana con una sonrisa más discreta contrastando con las de su joven amigo, y Hakuryuu apoyó con un asentimiento de cabeza el reciente comentario.
—¿Lo creen?—. Aladdin, curioso, extendió las manos a sus costados y dio una vuelta completa mientras se visualizaba a sí mismo y las centelleantes vestiduras que portaba; dentro del movimiento su larga coleta de cabello celeste se agitó, provocando un efecto ondulatorio también en su blanco atuendo. —Ugo lo escogió personalmente para resaltar mi tamaño pero no me gusta mucho, siempre estoy pisando la túnica.
Dando un ligero vistazo de vuelta a los alrededores, Alibaba se tomó la libertad de dar un trago a su copa para enseguida esclarecer los arreglos rebosantes de belleza andando ante sus dorados ojos, encontrando en su pulcritud el exquisito estilo que bien anticipó.
—A propósito, jamas había estado en una festividad como esta, se nota que nuestros anfitriones son los monarcas de Alma Toran. Lo cual me recuerda...—; Alibaba hizo una pequeña pausa antes de rodear con un brazo el cuello del joven príncipe para posteriormente gestar una mueca cuyo acento pecaba de sugerente. —Oye, Aladdin, ¿cuándo es el número de las bailarinas? Sería un desperdicio que tu padre no hubiese contratado algún servicio de ese tipo porque en verdad esta celebración es maravillosa.
Pudo intentarlo pero Aladdin no concretó ignorar el gesto que su amigo le dedicaba con exagerados ánimos, convenciéndolo de su emoción e inspirandole una sonrisa cómplice pues él también había estado impaciente por que su padre organizara un espectáculo así.
—Alibaba-dono no ha dejado de hablar sobre eso desde que nos encontramos con él— comentó Hakuryuu con ligera incomodidad. —Estoy seguro que no se marchará sin haber visto esas exóticas danzas originarias de estas tierras.
—¡Por supuesto! ¡Mi padre ha contratado a la mejor escuela de bailarinas del reino!— confirmó Aladdin alzando los brazos. —Ni Alibaba ni ninguno de nuestros invitados se marchará insatisfecho al respecto, pueden estar tranquilos. Ni siquiera tú, Mor.
—Si. En realidad siempre he admirado la forma como las bailarinas de aquí se mueven, por eso también me siento impaciente de verlas actuar sobre el escenario.— La confesión de Morgiana había sorprendido bastante al joven rubio quien todavía incrédulo volvió de su estupor para verificar su respuesta la cual no fue otra sino afirmativa.
—Entonces lo esperaré con ansias— correspondió Alibaba con una sonrisa de oreja a oreja.
—Tal vez ya podrían estar en camino.
Aladdin se giró para admirar el nuevo espectáculo que tomaba lugar sobre el escenario mientras dejaba a su cabeza perderse en distintos pensamientos ahora que su impaciente espera de ver a sus amigos se había apaciguado. Era feliz de verles ahí con él ya que Morgiana, Alibaba y Hakuryuu significaban una parte importante en su vida pero aún hacía falta algo, una pieza importante en el día de Aladdin para convertir aquello en el momento más especial. Aunque la vida dentro del Palacio no fuera realmente solitaria para el pequeño príncipe, en sus horas hacía falta alguien con quien había convivido una larga etapa de su infancia, una persona cuyo deber había sido estar con él desde que era sólo un bebé o al menos de esa manera era como lo decía la servidumbre. Pero para Aladdin la compañía de aquel otro chico había significado más que un acompañante constante, más que un amigo, había sido un hermano que le educó sobre temas que sus profesores no trataban a menudo o que eran demasiado tempranos para la sobre-desarrollada inteligencia del pequeño príncipe pues Judal le había asegurado que una parte de su asistencia se debía a la obligación asignada del Palacio mientras que la mayor fracción de razones la ocupaba su sincera simpatía con él. Desde entonces fueron inseparables hasta que Judal se despidió de su lado debido a una importante propuesta que cambiaría su errática vida para dejar en Aladdin tan sólo agradables recuerdos sobre su estancia juntos, imágenes que rememoraba con gran afecto, provocando involuntarias sonrisas en su rostro. En ocasiones acostumbraba a preguntarse con alegría cómo estaba y qué tan bien habían marchado sus circunstancias, si había conseguido cumplir su sueño para embarcarse en aventuras interminables, ansiando verlo pronto para hacerle muchas preguntas y platicar con él sobre las cosas que descubrió en su ausencia como el destino del ratón que habían adoptado a escondidas de los sirvientes o el paradero del anillo que Ugo creyó perder durante una agitada travesía de ruidosos juegos. Aladdin lo extrañaba, eso no lo negaría jamas, estaba tan deseoso de tener noticias sobre él que la espera se volvía tortuosa al recordar tantas travesuras que ejecutaron juntos y tantos momentos que compartieron. Y levantó la mirada pretendiendo disfrutar de su cumpleaños pues no tenía razones para entristecerse ahora que por fin podía pasar uno de sus aniversarios sin aburridas presentaciones con negociantes o amigos de su padre, ahora no sólo se acompañaría de su amigo Ugo, estaría con Alibaba, Morgiana y Hakuryuu también; aunque Judal no estuviera, realmente jamás estaría solo.
—Vamos a ver el escenario más de cerca— sugirió el pequeño príncipe de manera enérgica, petición a la que indudablemente correspondieron su séquito de camaradas quienes comenzaron a caminar detrás de él sin perturbar la conversación iniciada entre los cuatro.
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A los afueras de las majestuosas estructuras componiendo el Palacio, el viento helaba las calles de la capital de Alma Toran hasta ahuyentar a cada uno de los transeúntes llenando las distintas direcciones, y con el paso de las horas la actividad nocturna se redujo tan sólo a las incandescentes luces que se expulsaban fuera de la enorme residencia central, sólo una caravana de madera maciza rodeada con caballos percherones se desplazaba entre las edificaciones de barro hasta estacionar delante de las puertas del Palacio, alarmando al grupo de guardias encargados de vigilar la entrada trasera y examinar a todos los vehículos que osaran acercarse demasiado a los ricos muros de roca sólida. Uno de los Mandarines se encaminó cauteloso hasta el medio de transporte en el momento que un hombre emergió de la cabina, dispuesto a brindar explicaciones diplomáticas a la autoridad a cargo, y este brindó una marcada reverencia a quien se acercaba, dejando que los largos cabellos verdes colgaran fuera de su ajustado turbante y cayeran sobre su rostro cubierto por una máscara negra y un trozo de tela lisa color blanco, manteniendo latente el anonimato.
—¿Puedo ayudarle?— cuestionó el Mandarín en acento hosco, depositando una mano en su cintura donde se descubría un cinturón de cuero repleto de armamento explosivo.
—Disculpe, hemos sido llamados aquí por el sultán Solomón. Su pedido se ha retrasado un poco debido a unos problemas turísticos pero finalmente fuimos capaces de llegar a la hora que nos fue acordado pero no tuvimos más opción que tomar un atajo hasta esta zona.
—¿Un pedido?—. El Mandarín arqueó una ceja, aún inconvencido.
—Así es— confirmó Ithnan extendiendo un brazo en dirección a la caravana que se conformaba por trescientas carretas adornadas con pendientes brillantes y sogas de tres lazos, incitando al corpulento guardia seguir su señalamiento. —Según nos fue informado, el príncipe Aladdin cumple once años y ha solicitado los servicios de nuestro negocio para el entretenimiento de sus invitados, por lo tanto hemos escogido a nuestras mejores musas para esta noche.
—¿Trae bailarinas?— se aseguró agravando inconscientemente el acento de su voz.
—¡De la mejor calidad!
—De cualquier modo tendré que dar un vistazo al interior.
—Por supuesto. Con toda confianza.— Sin siquiera haber esperado por una respuesta positiva, el guardia superior ya se había aproximado a la primer carreta para posteriormente levantar la gruesa cortina que cubría el interior y, justo como su representante lo aseguró, dentro yacía saturado de mujeres jóvenes, resguardadas por frazadas calientes que les hacían parecer nada menos que humildes prostitutas pero los adornos en sus rostros también cubiertos -que sólo entreveían los colores de sus ojos- delataban su verdadera ocupación. El Mandarín observó aquellas mujeres que tenía más cerca de su posición pero enseguida una silueta entre toda aquella oscuridad atrajo cual imán su inquisidora atención; al fondo de aquella carreta yacía una figura cuyo contorno corporal lucía desigual al resto de bailarinas pero, además de su obvia desemejanza con el resto, permanecía expuesto a la vista de cualquiera que sintiera la curiosidad de verle, acomodada de manera descuidada sobre la superficie de lana. Esta silueta se veía menos femenina pese al largo cabello trensado que se postraba contra su hombro izquierdo, tal persona -percatándose de la insistente inspección a la que era sometida- no dudó en dedicarle al Mandarín una mirada de sus inhumanos ojos escarlata y una sonrisa malsana que rozaba lo perverso con tan sólo esa ligera tensión en la comisura de sus labios, mostrandole la reluciente dentadura que se encontraba bajo sus labios. Instintivamente el Mandarín retrocedió unos milímetros cuando sospechó que esa entidad podría tratarse de un demonio encarnado, el mismo del cual hablaban los rumores exparsidos por gente supersticiosa como él. —¿Sabe? Estas mujeres se han esforzado mucho para exhibir las más espectaculares danzas a nuestro amado gobernante. Me gustaría mucho que me permitiera llevarlas adentro lo más pronto posible.
Ante la necedad que el guardia real estuvo extendiendo, Ithnan no escatimó en volver a recordarle su presencia aguardando por el permiso de retirarse sin romper su postura de reverencia. El Mandarín le devolvió la mirada aún perturbado por lo recién visto pero tampoco tardó en brindar su veredicto final a la guardia real para que todas aquellas carretas entrasen tranquilamente por las pesadas compuertas traseras.
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Cuando las luces de todo el salón se apagaron y estás se enfocaron de lleno al escenario, el joven príncipe -al igual que el resto de invitados- se giró para observar a su padre y madre en las gradas. Entonces Aladdin ya había retornado de hacer su respectiva presentación a las nuevas alianzas y había recitado el pesado ensayo que había estado aprendiendo para aquel momento, deduciendo que pronto le sería entregado su regalo sorpresa preparado por sus familiares pretendiendo que sería inesperado cuando eran tan poco discretos al tratarse del heredero consentido. Mientras tanto su padre y madre agradecían a quienes correspondía por asistir a la celebración y les deseaban inmensas bendiciones sin advertir en ningún momento sobre el telón a sus espaldas que parecía agitarse en el acto, situación que Aladdin no pudo simplemente ignorar pues, en el momento que sus padres descendieron del escenario, las luces parpadearon sin cesar mientras un grupo de siluetas cubiertas de pies a cabeza se deslizaban fuera del telón por la superficie para colocarse en estratégicas formaciones. Un golpe en su hombro a Aladdin le recordó que era esto lo que Alibaba había estado esperando con impaciencia y, en respuesta, el pequeño príncipe aseguró a sus amigos que este sería el mejor espectáculo que hubieran visto hasta ahora. La música empezó a sonar en tonos suaves con notas árabes perfectamente marcadas, el sonido de los tambores fue creciendo del mismo modo en que aumentaban el volumen del resto de instrumentos hasta que repentinamente el silencio fue brutal; las siluetas, que hasta ese momento se habían estado meciendo suavemente de un lado a otro, se deslizaron todas contra el suelo dejando libre una misma figura que acentuaba una posición sensual. Las luces parpadearon un poco más antes de suspenderse en las sombras e iluminar el salón en el mismo instante que la música reventó contra las paredes, revelando así la identidad de aquella figura con vestimentas negras y pendientes de oro componiendo su cuello y brazos.
Aladdin no consiguió retener una mueca de asombro total mientras el público iniciaba los barullos y exclamaciones motivadores pues aquella figura protagonista, además de ser varonil, ejecutaba perfectos movimientos de cadera y brazos. La otras bailarinas al fin se habían unido al sonar de los tambores sin opacar el meneo oscilante que empleaba el joven de cabellos negros al centro de la pista. Es un poco mucho más alto de aquel quien habita en sus recuerdos, sus proporciones corporales también han cambiado, inclusive su mirada y gestos se perciben tan distantes a los que alguna vez vio de frente pero Aladdin no puede equivocarse, ese bailarín, ese sensual danzante se trata de Judal; su hermano Judal.
—¿Ese es un hombre?— cuestionó Hakuryuu exponiendo su evidente sorpresa pues aquella técnica de baile es tan perfecta que apenas puede creer lo obvio, él no es muy conocedor de la cultura que caracteriza a los habitantes de Alma Toran -continuamente es sorprendido por sus exótico folclor- pero apenas puede creer que le sea permitido a un hombre ejercer una carrera destinada exclusivamente a mujeres jóvenes de características definidas.
—Es increíble— mencionó Morgiana sin poder alejar su atención de tremenda demostración pues casi podía recibir en su cuerpo el choque de la desbordante pasión con la cual aquel joven se desplazaba de un lado a otro, agitando su vientre como si los músculos componiendole fueran demasiado ligeros, sin ataduras, libres como los pliegos de seda que danzan en el viento con ayuda de las otras bailarinas. Alibaba se ha quedado sin habla, sabiéndose indeciso sobre atender al resto de bailarinas -y sus hermosos atuendos- o enfocar su mirada en la manera tan alucinante que aquel chico de larga cabellera se aplicaba al ritmo de los tambores. Aladdin, por el contrario, no puede dejar de mirar a su hermano, maravillado por lo adulto que está, por lo varonil que es pese a la delicada actividad, tan diferente de lo que alguna vez fue para él. Lo ve moverse, y queda hipnotizado, incapaz de apartar la mirada de esas formas que ondulan cual serpiente desplazándose en las arenas del desierto. Poco comprende lo que es la belleza humana, poco y nada de lo que es atractivo para la gente adulta pero eso no impide que quede hechizado por esa majestuosa danza, digna de todas las maravillas y lascivias del hombre. Aladdin no lo observa con lujuria pero hay algo en la sonrisa de aquel almeo que le inquieta, hay un sentimiento extraño que rodea la sonrisa de su hermano Judal, una perturbación que no le gusta nada. Por eso, cuando su mirada escarlata enfoca en su dirección, Aladdin percibe un misterioso escalofrío que lo congela. Aún no sabe si Judal ha sido capaz de verlo, o identificarlo entre la muchedumbre, pero su tacto fantasmal se siente tan real que duda pudiese estar imaginándolo; Judal ya no enfoca la mirada en su dirección pero las sensaciones persisten en su cuerpo del mismo modo en que lo hacen los frenéticos movimientos de cadera y vientre. El área del escenario está ardiendo para todo aquel que sabe cómo apreciar en cada poro de su organismo la magnificencia del acto en cuestión. Las delgadas extremidades de cada doncella vibran con las emociones que se disparan dentro del escenario y los cuerpos de los espectadores se unen a las calurosas sensaciones, consumidos por la euforia que simbolizan los cambiantes movimientos.
—¡Increíble!— aplaudió Aladdin exaltándose en su sitio, no concretando creer lo que precensía ante sus ojos ya que el cierre de aquella danza crea turbulencia en el público instantáneamente, regocijándose en el brillante espectáculo, conscientes de que las bailarinas sonríen al ver su elaborada jornada alabada por los otros mientras dedican a sus preciados espectadores besos y guiños coquetos, sin saber el verdadero origen que posee la mueca risueña de Judal quien en ningún momento dejó de clavar su mirada escarlata en dirección al joven príncipe de Alma Toran. Asechandole cual depredador asido al letargo.
Reviews Anónimos.
blue kirito: ¡Me da mucho gusto que te haya gustado! Yo llevaba bastante tiempo pensando en esta clase de atracción por parte de Judal hacia nuestro Aladdin, no sé, yo siempre he considerado a Judal esta clase de personaje incapaz de sentir más amor que el retorcido hacia otros, ignorando todo eso de que sea un Magi caído y que haya sido manipulado por magia mental para caer a la depravación. Y también fue eso algo que no me terminó de convencer bien en el manga, para mi era más como un capricho que Judal se preocupara por cómo pudo ser su vida si Al-Thamen no lo hubiese tomado bajo su cuidado, después de todo él confesó no importarle nada de eso ya que podía continuar con su vida justo como siguió haciendo. Pero, bueno, eso es más un punto de vista personal, jehe. ¿En serio crees que es original? ¡Eso me hace feliz! Gracias por leer e interesarte en mi proyecto y por tu comentario en mi otro aporte.
