2. Descubriendo el problema
Vegeta estaba duchándose después de que su mujer se fuera a la corporación enfadada por el comentario inoportuno que hizo, nunca pensó nada malo de ella y no quería estar así con ella, debía solucionarlo. Después de salir de la habitación conyugal, se dirigió a la cocina a tomar su desayuno pensó que, tal vez, vería a sus hijos pero ya se habían ido al colegio, pero antes de comer, vio algo encima de la mesa que llamó su atención: era un dibujo de su hija, había dibujado a toda la familia, le llenó de ternura ver ese papel pintado, se puso a rememorar todo lo que fue su vida desde que se quedó en la corporación y todo lo que había ganado, era un hombre feliz pero nunca lo diría en público.
Mientras tanto en la empresa, Bulma seguía lidiando con el problema de siempre: cerrar acuerdos con hombres. Estaba intentando negociar un acuerdo comercial con una empresa extranjera y el cliente insistía en que la quería invitar a pasar el fin de semana con él para que firmara, sino no lo haría.
- Lo siento, pero le repito que soy una mujer casada y que no hago este tipo de cosas.
- No es para tanto, sólo es un fin de semana, no va a pasar nada, salvo que usted quiera que pase… - dijo el cliente de manera sinuosa pensando que se había camelado a la científica.
- Se lo repito: NO
- Muy bien, entonces no hay acuerdo, pensé que podríamos tener una larga y fructífera relación, pero veo que no es posible. Buenos días. – el cliente se marchó molesto pensando que iba a salirse con la suya, pero no conocía para nada a la gran Bulma Brief, una mujer que no se dejaba vapulear ni manipular por nadie.
- ¡Mierda! Otro acuerdo echado a perder, da igual, lo conseguiré, sé que será así – dijo ella tratando de tranquilizarse porque no le servía de nada llevarse un cabreo innecesario. - ¿De verdad Vegeta pensará eso que me ha dicho en casa? Sería muy doloroso para mí, que así fuera. – se puso a pensar en el comentario de su marido, sabia perfectamente que la amaba con todo su corazón, pero había cosas que o el saiyan no sabía, todavía, que debía controlar al hablar o se estaba guardando verdaderas opiniones por mantener la paz y la tranquilidad en casa. – Es igual, seguiré trabajando – dijo ella resignada yendo a su laboratorio para trabajar.
Vegeta estaba entrenando en su cámara de gravedad, tenía planeado ir a buscar a su mujer a la hora de comer para estar juntos y arreglar las cosas, estuvo pensando en lo que ella le contó sobre el tema de la empresa, debía hacer algo porque no iba a permitir que pensaran que su mujer es un simple objeto que se puede utilizar como ellos quieren.
Terminó de entrenar y fue a su habitación para arreglarse, Bulma siempre le había dicho que para ir a la empresa debía ir de traje y corbata, el traje no le importaba, pero odiaba las corbatas así que decidió dejar dos botones de la camisa abiertos y ya. Salió de la mansión y se dirigió a la empresa, sus suegros estaban en casa así que los niños estarían atendidos.
Bulma estaba trabajando en el laboratorio de la empresa, le entretenía estar ocupada con sus inventos y productos. De repente, el comunicador que tenía en su mesa de trabajo emitió un pitido de que alguien la estaba llamando.
- ¿Sra. Brief? – dijo su secretaría
- Dime, ¿ocurre algo?
- Tiene una visita en su despacho, me ha insistido en que quiere verla ahora mismo – no estaba de humor para recibir visitas ni para aguantar a nadie, pero no le quedaba otro remedio
- Enseguida voy – cortó la comunicación. Quien estuviera en su despacho lo echaría sin contemplaciones porque no quería aguantar a nadie, pero no hizo nada porque le sacó una de las mayores sonrisas que puso en todos sus años de vida - ¿Qué haces aquí?
- Vine a buscarte para comer juntos – dijo Vegeta al ver a su mujer en su mono de trabajo, siempre le encantaba verla así, ella no lo sabía, pero le excitaba verla en ese estado que, si se pusiera un camisón transparente con encaje, aunque para que engañarse le excitaba verla de cualquier manera
- Menudo sorpresa, siento estar así, estaba trabajando, me cambio y nos vamos
- Espera… no tengas tanta prisa – Vegeta se acercó a su mujer, la cogió de la mano, la estrechó en su cintura y le dio un beso apasionado, quería empezar bien y era una manera de hacerlo – no tenemos prisa, los niños están con tus padres.
- Jejeje, pero tengo hambre, así que me cambio y nos vamos – cuando él se iba a sentar en el sillón, ella le cogió de una nalga de manera pícara, Vegeta se sonrojó enseguida y ella le guiñó un ojo.
La pareja salió de la empresa dirigiéndose hacia el restaurante favorito de Bulma, si Vegeta quería arreglarlo con ella, era el sitio ideal. Antes de entrar al restaurante, Vegeta notó como Bulma apretaba el agarre de su brazo y lo inquieto un poco.
- ¿Ocurre algo? – preguntó él con curiosidad
- Es que no me gustan las miradas lascivas de las mujeres con las que nos hemos cruzado por la calle y en la empresa menos – a Vegeta le hizo gracia por el simple hecho de que él no se fijaría jamás en otra mujer que no fuera ella, pero a él le pasaba lo mismo con los hombres, porque casi todos miraban de la misma manera a su mujer y lo comprendía.
- Sabes que eres la única para mí, ¿no?
- Sí, lo sé y tú el único para mí – se dieron un beso tierno y entraron al restaurante.
La pareja se sentó en su mesa de siempre, pidieron la comida, aunque Vegeta tuvo que conformarse con un par de platos porque no quería llamar la atención de la cantidad de comida que acostumbraba a comer.
- ¿Qué tal hoy en la empresa? – preguntó Vegeta
- Bueno… igual de mal, se me han vuelto a caer dos acuerdos por el mismo problema de siempre – dijo ella resignada. Él, en cierta manera, la entendía, pero no podía terminar de comprender como los hombres son tan simples que sólo ven una cara bonita, en vez de ver el potencial que ella tiene y tendrá siempre.
- Ya veo ¿por qué no se encarga tu padre de esos temas?
- Porque está muy mayor, además, creo que tengo capacidad para llevar esos asuntos ¿no?
- No te lo discuto, pero hay que buscar una solución
- Sí, ya lo sé, pero no sé qué hacer – al príncipe se le ocurrió una idea, esperando que su mujer no se ofendiera.
- ¿Por qué no me encargo yo de eso?
- ¿Qué? ¿Qué has dicho? – Bulma estaba que no se creía lo que acababa de oír.
- Lo que has oído, podía ocuparme yo de esos temas, no quiere decir que no confíe en ti, pero a lo mejor puedo ayudarte a cambiar esa situación.
- Ya sé que no me lo dices por mal, por mí encantada, cariño, pero ¿y tu entrenamiento?
- Puedo entrenar por las tardes o cuando no haya nada que hacer en la empresa
- Bueno si tú quieres yo encantada, te instalas en mi despacho conmigo y lo vamos viendo, pero en serio piénsalo porque absorbe mucho y luego no quiero que te culpes por no entrenar o algo así.
- Déjalo de mi mano, no te preocupes, además soy yo el que te lo está ofreciendo
- Por mí bien, así podemos pasar más tiempo juntos – ésa era la única parte que le gustaba al príncipe: estar más tiempo con su mujer.
"Se van a enterar esas sabandijas a respetar a mi mujer, no la seguirán tratando como un objeto" pensaba el príncipe viendo lo feliz que está su mujer.
"¿Vegeta y yo trabajando juntos? Es un sueño hecho realidad, pensé que nunca oiría eso de sus labios. ¡qué emocionada estoy!" pensaba la científica esperando que todo saliera bien.
Continuara…
