Ocaso de un Amor

CAPITULO II

SUEÑOS, PESADILLAS Y VIEJOS RECUERDOS

Las luces parpadeaban era un pasillo estrecho y largo; el piso era de azulejos finamente decorados, había varias columnas de mármol a los lados, en hileras uniformes recorriendo el pasillo, sentía frío ¿por qué se sentía tan desolada? Sabía que algo no marchaba bien, la joven rubia siguió caminando por el pasillo con cautela, un viento helado apagó las luces, un miedo aterrador se apoderó de ella y un grito aterrador la hizo estremecerse. Lo primero que pensó fue en Neptium su compañera.
- ¡Neptium!- gritó desesperada, corrió por el largo pasillo hasta llegar a la habitación de donde había provenido el grito
- Neptium, no me abandones – susurró con miedo

No, no debía ser ella quien grito, ahora lo recordaba ella no estaba a su lado, no la sentía, sabía que hacía mucho tiempo que ella la había abandonado. Entró lentamente, el lugar estaba bañado en sangre, las luces se apagaron no pudo ver más, una sonora carcajada invadió el lugar
- Llegas tarde – dijo una voz de hombre
- ¿Quién eres?
- Es hora de que el trono regrese a su verdadero dueño... es hora de que ella me pertenezca ¡Tú me las arrebatado!- contestó la misteriosa voz
- Quién demonios eres – gritó Haruka
- No eres capaz de amar... no eres capaz de ser una sailor... – sonó una segunda voz, ésta de mujer
- ¡¿Qué quieren?!

Las luces se encendieron en la cama yacía un pequeño cuerpo ya sin vida, la habitación tenía un hedor a muerte y las sombras empezaron a cubrir la cama, como seres monstruosos. Haruka no pudo moverse estaba petrificada, no podía gritar...

- Tranquila, ¿Estás bien cariño?
No supo dónde estaba, esa no era su alcoba, la voz, la voz le era familiar
- Dónde... Dónde
- Estas en el hospital, tenías una pesadilla- acarició sus cabellos suavemente
Sí la voz era de Michiru
- Qué paso qué hago aquí
- Te vez bastante perturbada, cálmate... el auto salió de control y te accidentaste en la carrera ¿lo recuerdas?
Fue un sueño pensó
- ¿Estas bien?
- Si, estoy bien
- Has estado delirando – la abrazó tiernamente

Haruka había tenido mucha suerte, no había sufrido daños trascendentales, el cerebro es la parte más vulnerable y delicada del ser humano... después de su alma.

La pesadilla siguió repitiéndose, cada noche el mismo sentimiento: angustia sin tener un porque, culpa algo debí haber hecho y no lo hizo, tristeza y ... soledad... una amarga soledad.
- Me preocupas, te pasa lago
- No Michiru no es nada – suspiró
- Estás deprimida por la carrera
- Eh... no... no importa... soy... soy una...¿quién ganó?
- Creo que el auto 17, no lo sé, por si no lo recuerdas estaba angustiada aquí contigo
Haruka sonrió ligeramente
- Siento haberte preocupado de esa forma
La puerta sonó y se abrió lentamente
- ¿Puedo pasar?
Un hombre joven, con el cabello erizado se introdujo a la habitación. Haruka hizo una mueca de disgusto
- Para qué preguntas si ya estás adentro Clift
- Si verdad, qué torpe soy... Te traje unas rosas y unos chocolates- acto seguido mostró el ramo y una cajita envuelta y decorada graciosamente
- ¿Rosas? – preguntó Michiru
- ¿Qué no lo sabe? – dijo el muchacho
- Saber qué – Michiru miró significativamente a Haruka
- No se de qué esta hablando
- Ya veo... rosas porque no encontré otra cosa señorita – contestó Clift
- ¿?
- ¿No me presentas? No, no me presentes – dijo haciendo un ademán – para eso me pinto solo. Soy Clift corredor de todo, y tu debes ser Michi ¿Verdad?
- ¡¿Michi?! – dijeron las presentes al unísono
- Sí diminutivo de Michiru
- Nada de Michi dime ¡Michiru!
- Es igual
- Número 17, número 17, 17,17 – musitó Haruka – tú eres el número 17
- Sí por qué – conrtestó Clift intrigado
- ¿Tú ganaste la carrera?- Pregunto Haruka
- Pueeeees...sí
- Felicitaciones – dijo secamente
- Se terminó la visita que te vaya bien- dijo la joven cabello aguamarino Clift salió del lugar enseguida
- ¡Qué tipo tan...!– un gesto de enojo se vio reflejado en el rostro de Michiru

- La escuela va bien – dijo la chica de melena mientras colocaba unas pequeñas bocinitas en el buró, tomó los frascos de medicinas y los tiró a la basura
- Chucherías, ni funcionan
Haruka sonrió complacida, estaba un poco intrigada
- Hotaru que estás...
- Permíteme – apretó el botón del discman- un dos...mmmmm TV- comenzó a tararear, un retumbe tras otro
- ¿Rock pesado? – preguntó Haruka tapándose los oidos
- ¡A que suena genial! Lalalararalaralala Wau what?
- Sí lo mismo digo ¿What?
- ¿No te gustó mi sorpresa?- preguntó Hotaru decepcionada al ver el rostro de Haruka
- Me gustó que tiraras las "chucherías"
- Qué escándalo es ese – irrumpió una bella joven en la habitación
- Es música, cariño – aclaró
- Música, claro música – dijo sarcástica

Todas las chicas la habían ido a visitar, por fin la tortura había acabado, no soportaba mucho a tantas personas alborotadas a su lado. La cabeza le dolía, a ciencia cierta no sabía si era por el accidente o por tantas visitas.

- Te pasa algo – dijo Haruka
- Eh... tenemos que hablar ... estoy preocupada por ti...
- ¿Por mí?
- Es el haber perdido, el accidente... te noto bastante angustiada – Michiru guardo silencio
- No tengo nada, sólo estoy un poco adolorida...
- ¿Adolorida por qué? Por haber perdido o por el golpe – interrumpió Michiru, Haruka sonrió ampliamente
- Me duele la cabeza, sólo eso, ¿convencida?
- No del todo – dijo vacilante

Aquel pasillo oscuro, tétrico y frío volvió a parecer en sus sueños, un hedor a muerte le sacudió, ¿por qué sentía tanto miedo?, la imagen cambió, estaba en el auto, sintió el viento, si su elemento que la había abandonado, estaba en la carrera...sólo vio la muralla venirse contra ella y...y despertó aterrorizada, cómo deseaba que las pesadillas la dejaran.

Se secó el sudor, su cuerpo se estremeció ligeramente, unas pequeñas gotas cristalinas rodaron por sus mejillas, comenzó a llorar con más fuerza, hundió el rostro en la almohada... quería huir...

FIN DEL SEGUNDO CAPÍTULO... CONTINUARÁ