Hola a todos, les agradezco por su paciencia y como ya lo había aclarado, publicaré los capítulos tan pronto como me sea posible.
En esta ocasión, quise hacer algo distinto a lo habitual, o sea, según el juego, transcurren diez años después del evento, pero ese tiempo de transición dejó enormes preguntas sin resolver debido a que no se tomaron la molestia de desarrollar una historia de por medio; tales como: ¿Que pasó después de encontrarse con el monstruo? ¿Que es lo que hicieron durante ese tiempo? ¿Como carajos se convirtieron en Rangers? y un largo etcétera.
En fin, quise aprovechar las dudas y resolverlas utilizando lo mejor de mi imaginación, para escribir una historia paralela con respecto a ese periodo, por lo que considero este agregado una introducción a la verdadera historia, así que espero que disfruten la primera parte.
(Música de fondo: Chant D´automne – Artesia)
A partir de aquel desgraciado suceso; muchas cosas han sucedido con el pasar de los años y para aquellos dos pequeños, desde que se conocieron, un presagio sombrío les deparaba de inicio a fin en su destino.
…
El chico canino recobra la conciencia poco después de esa terrible batalla, que más bien se le considera mejor una pseudo-masacre. Su nuca había golpeado contra una saliente de un muro y su cabeza habría estrellado en la arista de una roca cercana, por lo que claramente sufre de síntomas como la desorientación, náuseas y jaqueca, asimismo no logra ver ni oír nada. Entonces murmura mientras se frota con suavidad la zona adolorida.
—… Ouch, me duele… ¿Q-Que sucedió?...— Se incorpora en posición a gatas y clama mirando hacia la nada — ¿Ryu? ¿Ryu, donde estás?
No recibe ninguna clase de contestación por lo que empieza a preocuparse sobremanera. Creyendo estar solo, intenta buscar la salida utilizando su sensible olfato para detectar partículas de humedad remanentes de la tormenta… esnifando una y otra vez en direcciones aleatorias, capta tan solo dos cosas en su cercanía: Hollín y sangre. Este último logra confundirlo y azorarlo, así que de inmediato se vuelve a palpar la nuca para cerciorarse de no tener alguna hemorragia escondida y suspira aliviado más adelante al corroborarlo.
Ignorando parcialmente el hedor de esa sangre, concentra su olfato otra vez para buscar el ligero aroma del hollín y al detectarlo, se dirige a gatas hacia ese rumbo específico, solo para hallar las dos antorchas apagadas y estas todavía humean. Para él son buenas noticias ya que se descubre tras ojearlas al rato que aún conservan las brasas, por lo que se pueden volver a encender; no obstante, antes de avivar las llamas… un atisbo de lo que resulta ser un jadeo lo alarma y con un claro semblante desasosiego, vuelve a inquirir.
— ¿¡Eres tú, Ryu!? ¡Por favor, dime si lo eres!
De nuevo, no consigue su respuesta, por lo que su imaginación ya empieza a jugarle una mala pasada. Con mucho nerviosismo, arrima la yesca con las brasas que lleva consigo cerca de su rostro y con delicadeza las sopla para avivarlas y al cabo de unos segundos las llamas vuelven a brotar, iluminando con fuerza el amplio campo a su alrededor. Sin embargo, al frente de donde se haya arrodillado, recorre la desembocadura de un pequeño charco de sangre.
— P-Pero… ¿Qué es lo que pasó? — Inquirió con bastante temor y sin poder controlar los tiritos del momento, enfoca la luz más allá del recorrido de dicho charco hasta que tuvo la truculenta desgracia de encontrar la fuente — ¡NOOO! ¡RYUUU!
Gimió completamente horrorizado y de inmediato se quebró tras presenciar semejante imagen de su perecedero compañero brutalmente crucificado en la arista entre el pétreo muro y el suelo, por esas decenas de púas que penetraron insondable, dejando un gráfico rastro sanguinolento por todo su ser.
— ¡RYU, AMIGO! ¡NO PUEDE SER! ¿¡QUE TE PASÓ!? — Preguntó histérico y con llanto, apenas se precipitó a él velozmente yendo a gatas, examinándolo para ver que puede hacer en su auxilio, luego vuelve a preguntar mientras labra un hoyo en el suelo y clava en ella las dos antorchas — ¿!Quien te hizo esto!? ¿¡Fue ese horrible demonio, cierto!?
—…— No puede responderle, apenas jadea entrecortado y con mucha dificultad intentando obtener aire, a su vez que tose sangre de manera fortuita, salpicando un poco de esta en el rostro de su afligido compañero
— ¡Calla, no intentes hablar! ¡Resiste, te voy ayudar! — Le habló intentando conservar la calma cuando ve que trata de pronunciar algo, pero le resulta un poco contraproducente ya que reacciona de manera desfavorable, en especial cuando este apenas palpa las púas para evaluar su gravedad
Sintiéndose preparado, sujeta la enorme púa clavada en el pecho con las dos manos y jadeando con fuerza, le advierte.
— ¡Aguanta amigo! ¡Te sacare esto de encima! ¿¡Listo!? — Suspira un par de veces antes de arrancarla, y al estar listo, tira la púa hacia arriba y lo arranca arrojándolo lejos. Aun así, la lacerante herida todavía continúa pulsando y sangrando — ¡Rayos, creo que no es suficiente! Voy a tener que tratar de parar ese sangrado ¡Así que aguanta un poco más!
Juntando las dos palmas por sobre la herida, el chico perruno cierra sus ojos, se concentra y soltando otro breve suspiro, recita susurrante y con constancia lo que parece ser un hechizo. Su plan surta efecto; sus manos se iluminan en un tenue gradiente color verdoso, que se propaga alrededor de la herida, deteniendo con parcialidad la hemorragia.
— Bien, menos mal que resultó… y pensar que este hechizo de curación lo consideraba inútil…— Comentó en un murmullo, esbozando una diminuta sonrisa, pero sabe que aún no ha acabado, su amigo permanece jadeando agonizante y mirando hacia la nada con ojos invertidos — ¡Tranquilo, ya pasó lo peor!
Lo calmó al pasar su mano por encima de su cabeza antes de reanudar con la extracción de las demás espinas. Las retira con mucha pulcritud y posteriormente aplica el hechizo de curación sobre las heridas más profundas para cicatrizarlas, siendo específico, en el desgarrado brazo y muslo derechos. Sin embargo, termina agotado en el proceso y para empeorar las cosas; El chico no muestra ni un indicio de mejora.
— No sé qué más hacer para salvarte… pero de ninguna forma te voy a perder amigo… te sacaré de aquí no importa cómo — Le susurró de modo quebradizo pero con una clara determinación, se quita la túnica enteriza aun a costa de quedar con una sola camiseta delgada y sin mangas frente a la intemperie, con la intención de envolverlo en ella para evitarle una posible hipotermia
Ignorando la fatiga por el esfuerzo previo, el chico Grassrunner inhala y exhala varias veces para reunir fuerzas, proponiéndose a cargar al herido a través de lo que queda del recorrido de los túneles hasta la salida, procediendo a rodear su brazo izquierdo por sobre su nuca y con un leve impulso, lo incorpora titubeando unas cuantas veces; luego se ubica con levedad hacia atrás y sujetando posteriormente sus muslos, con otro pequeño impulso lo carga completamente en su espalda. Antes de emprender el recorrido, sujeta las antorchas con lo única vía de agarre que tiene disponible, es decir, su boca. Los agarra con firmeza mientras mantiene la cabeza ladeada para prevenir que las yescas de estas se caigan y se apaguen.
Después de unos difíciles veinte minutos de camino, divisa con gran alivio la tenue luz de la luna que indica la salida demarcada en un gran claro seguido de un camino boscoso. Debido a la alegría se siente por llegar hasta ese tramo, accidentalmente se desploma enviando al herido medio metro a su derecha, cerca de un rincón. Disculpándose con él, lo vuelve a acomodar en posición boca arriba y tras un rápido chequeo, nota que su condición va de mal en peor… sus extremidades se atieren y ya está comenzando a tiritar con violencia.
—…Ya estamos cerca, ya salimos de la montaña… pero ya no tengo más fuerzas para seguir cargándote…— Murmuró apabullado y estirando la túnica hacia arriba para cubrir su cuello
En un intento improvisado, lo rodea con sus brazos para brindarle un poco de su calor y así frenar los fuertes temblores. Luego vuelve a murmurar con impaciencia.
—…No sobrevivirás si seguimos así, necesitas un doctor que te cure… no tengo otro remedio más que buscar ayuda en los alrededores, por lo que tengo que dejarte aquí por ahora, así que escúchame amigo… no te mueras, tienes que resistir hasta que vuelva con ayuda ¿De acuerdo?
—…— Siguió sin responderle. Sin que él lo sepa y al estar en estado de seminconsciencia, apenas oye los murmullos que de alguna manera, le brindan un poco de fuerza de voluntad
Con la sensación de temor y al mismo tiempo ansias, se retira del lugar avanzando unos cuantos pasos hacia el camino rodeado por el bosque, deteniéndose más adelante y volteando la mirada hacia atrás para verlo una vez más antes de continuar.
Atraviesa con rapidez la frondosidad hasta llegar a la extensa estepa continental que contiene una red de polvorientos pero demarcados caminos que conectan los países y reinos principales. Elige aleatoriamente una de las vías y se dirige rumbo al oeste, por lo que deambula unas largos cuarenta y cinco minutos esperanzado en buscar la asistencia hospitalaria y medica con urgencia… de repente, como si la mano del destino le atribuyera una bendición, aparece desde la región noreste una pequeña caravana de comerciantes, de unas cuatro carretas de mercancías y una imponente diligencia tirada por fuertes caballos. Apenas los divisa, avanza hacia ellos unos docientos metros y se interpone en medio del camino con los brazos extendidos. Aquella caravana se frena tan pronto advierten el obstáculo.
— ¿¡Ehh!? ¿Qué pasa aquí? — Inquirió uno de los conductores de las carretas, después de frenar en seco para evitar arroyarlo
— ¡POR FAVOR! ¡NECESITO DE SU AYUDA! — Imploró entre sollozos
— ¡Ahh! ¿¡Quién eres tú, y que es lo que quieres!?
— ¡No hay tiempo! ¡Mi amigo está muy grave y necesita que lo atiendan pronto! — Explicó con exasperación
— Lo siento niño pero no podemos retrasarnos… tengo una mercancía que vender en Capitan mañana en la mañana, ¡Así que apártate!
— Pe-pero…— insistió tartamudeante y con mucha aflicción, mientras ve que la caravana lo va rodeando para retomar su camino, en eso vuelve a clamar — ¡SE LOS RUEGO! ¡TENGAN PIEDAD! ¡MORIRÁ SI NO LO SOCORRAN!
— ¡Ya lárgate niño! No vez que me estás estorb…
— ¡Espera! — Interrumpió una voz con dicción fuerte y madura que provino de la diligencia. Se abre la puerta de la misma y se baja con un gesto de desconcierto, un anciano con un abundante bigote de color blanco y con indumentaria sumamente elegante — ¿Me pareció oír bien? ¿Alguien necesita ayuda?
— ¡Si señor! Mi amigo fue herido por un horrible monstruo y está a punto de morir cerca en donde lo dejé
— ¡Ohh válgame! ¿Y qué hacían tú y tu amigo a estas horas de la noche, ehh?...— Divagó un poco al respecto — Bueno, los detalles sobran. ¿Dónde se encuentra?
— Esta al pie de la entrada de los túneles… ¿Me ayudaras?
— ¡Por supuesto que te ayudo niño! No tengo prisa por llegar a mi casa y tampoco tengo inconvenientes, además, soy doctor… atenderé a tu amiguito y lo diagnosticaré
— ¡Enserio! ¡Muchísimas gracias señor doctor! — Le agradeció con toda la sinceridad del mundo
— No me lo agradezcas, mientras tanto sube a mi diligencia y proporciona la dirección exacta a mi conductor
— ¡Si señor! — Afirmó con entusiasmo y se sube en la parte delantera del carruaje, asimismo que le indica la dirección al conductor y con el respaldo del doctor, viran en la dirección en ese rumbo
Con los seis caballos tirando la diligencia a una velocidad prudencial, llegan a la apertura de la montaña en menos de quince minutos, se detienen a un par de metros de ella y ahí lo encuentran apenas respirando. Según el historial decretado por el anciano doctor, el herido fue atendido de inmediato, sometiéndolo a un poderoso hechizo preambular de regeneración de tejido sanguíneo y asimismo le aplica un analgésico que sacó de su botiquín de emergencia para estabilizarlo durante su posterior traslado a su consultorio.
Acuden directo al establecimiento con la prioridad de código rojo apenas ingresan a la ciudad de Capitan en horas de la madrugada y en colaboración de un par de colegas versados en magia de medicación más el sacerdote de St. Eva de la comunidad; proceden en una intervención quirúrgica intensiva que se lleva a cabo en una sala especializada. En un procedimiento de la medicina conocida como desbridamiento de heridas, combinan elementos de la practica quirúrgica tradicional para la extracción meticulosa de miles de astillas alojadas en las regiones torácica anterior y posterior, así como también en las extremidades superior e inferior; y hechizos de reconstrucción y restauración del tejido afectado en las zonas ya mencionadas; en un lapso de diez horas.
En horas del anochecer, en un pequeño dormitorio, el muchacho canino acompaña a su compañero que duerme bajo el efecto de un fuerte sedante. Se siente agotado, hambriento y sumamente estresado ya que no paró de andar de un lado a otro, con una crisis nerviosa y por toda la sala de espera, aguardando por noticias de la cirugía; Y en estos momentos, sopesa por su mente el diagnostico final que el anciano doctor le había decretado poco después de concluida la operación:
"…Pese a que los pronósticos de la operación estuvieron en su contra, el paciente logró sobrevivir. Es difícil de creer hasta para mí, que un niño haya sufrido de severas heridas cortopunzantes, fracturas, traumas, infecciones, pérdida masiva de sangre; y seguir vivo para contarlo… quién diablos sabe que le ocurrió realmente pero al menos resistió todo ese dolor y esos segundos y aun no deja de sorprenderme; el niño es muy fuerte, dudo que alguien más lo hubiese soportado. En fin, la operación fue un éxito y pese a que es muy probable de que sufra de una amnesia producto de las contusiones en la cabeza, lo más seguro es que sea temporaria y se recupere en unas semanas… en estos momentos está en la sala de cuidados intensivos descansando…
…Sin embargo, tengo malas noticias: En términos simples su brazo derecho quedó destruido… su estructura general resultó gravemente dañada por las astillas incrustadas y parte del mismo alcanzó a necrotizarse por la gangrena. Por fortuna, no tuvimos que recurrir a la amputación; pudimos controlar la infección aplicando en las zonas afectadas vía intramuscular, una solución de bromo al diecisiete porciento peso a peso, también logramos reconstruir los huesos y músculos de la extremidad pero por desgracia, el contacto de la solución con el tejido nervioso, en especial el que controla la vía motora ha colapsado en un estado degenerativo e irreparable… Existe la posibilidad de someterlo a una terapia quiropráctica de rehabilitación para recuperar su motricidad, no obstante, es un procedimiento que le llevará muchos años, le será increíblemente doloroso y con mucha suerte solo recuperará un dieciséis o un veinte porciento de su locomoción. Por lo tanto, me duele tener que decir esto, en especial refiriéndome a un niño que tiene toda una vida por delante… pero es probable que ya no pueda volver a usar ese brazo jamás…"
Recibir tal noticia lo había dejado helado y con un inmenso sentimiento de culpabilidad que no se desvanece con las horas. ladeando su cabeza hacia su izquierda y viendo contigua aquellas vendas y las dos férulas rígidas de madera que cubren ese brazo, lo hacen sentir tan mal que la depresión no tarda en abordarlo… se pregunta a sus adentros ¿Qué puede hacer por él? y ¿Cómo enfrentará esta nueva desgracia?...
— Lo siento, lo siento muchísimo Ryu…— Se lamentó apesadumbrado, llevándose sus dos manos por su cabeza — Te arruiné la vida y no sé cómo puedo compensarte…
Resistiendo el llanto, se dispone a retirarse al dormitorio correspondiente de al lado para descansar de todo esa avalancha de emociones negativas, pero antes de atravesar la puerta, un ligero sonido capta su atención; levanta su oreja derecha para indagar el ruido… es la respiración de su amigo, que se está agitando y poco más tarde oye algunos susurros que clamaron antes de relajarse y suspirar con profundidad una vez más.
…Papá… Yua…
Al oír aquellos nombres desconocidos, su expresión larga cambió y su determinación de protegerlo se fortaleció… se determinó que haría cualquier cosa por él a partir de ahora sin importar las circunstancias.
En un principio, cuando el muchacho despertó después de un par de semanas de narcosis y de tratar de recuperar algo de su memoria, no asimiló muy bien la mala noticia que le dieron. Lógicamente se deprime y en una ocasión, por el estrés provocado, intentó mover el brazo dañado cuando recibió dicha noticia. El dolor que sintió fue en extremo agudo y punzante en todos lados que tardó varias horas en disiparse, por lo que en estado de emergencia, debieron de suministrarle un poco de morfina antes de que colapsase de nuevo. Sin embargo, aunque increíble que parezca, logra superar esa etapa amarga después de un par de días, gracias al apoyo y aliento de su amigo, que juró estar siempre a su lado. Aunque posea todavía recuerdos muy borrosos, con tales palabras sin duda alguna le deposita toda su confianza y para sellar su eterna amistad, recibe de su parte el dije ornamental con la gema que previamente se le había caído al suelo cuando fue trasladado y en todo ese tiempo lo había custodiando hasta el momento de entregarlo. Al recibirlo y colocárselo en su cuello, la gema se iluminó con fuerza, brotando y gradando todos los colores del arcoíris.
…
A partir de aquí, el periplo de los dos niños les auguraba años de etapas difíciles que pondrían a prueba muchas de sus cualidades, incluida la nueva amistad forjada. En esta primera etapa, a petición del anciano doctor, ambos chicos se hospedaron en su casa cerca del consultorio durante una temporada y en ese tiempo, el chico inválido se reservaba a guardar reposo para sanar las suturas quirúrgicas antes de iniciar voluntariamente su terapia de rehabilitación; el otro chico poco a poco adquirió un interés en aprender nuevos hechizos de curación, y se pasó las horas practicando su magia con la supervisión de su maestro, el anciano doctor. Los primeros días fueron un tanto estresantes ya que les fue complicado adaptarse algunas rutinas mañaneras como medio de pago por el hospedaje como la de cumplir tareas de limpieza y de asistencia, pero el resto del tiempo les fue llevadero, al mismo tiempo que el ambiente de tranquilidad de los suburbios se sentaba muy bien. El progreso para ambos fue lento y tedioso, pero beneficioso a la vez; y hasta consideraron quedarse a vivir en la ciudad, de hecho ¿Por que no?: Tenían un lugar en donde hospedarse, no les faltaba la comida, la gente era agradable, el paisaje que brindaba era apacible y al parecer todo es perfecto. Ya estaba decidido... Pero en una fatídica noche, esa falsa cortina de esperanza cayó inesperadamente, revelando una nueva perspectiva por lo cual pronto tendrían que adaptarse y lidiar con ello.
Esa noche, el dulce hogar del anciano tuvo el infortunio de recibir visitas no deseadas. Un par de ladrones comunes decidieron con deliberación allanar la casa y robar los bienes que pudieran portear, sin embargo, no eran muy hábiles para el sigilo, por lo que en el proceso del hurto, produjeron suficiente ruido como para alertar al viejo doctor y este se asoma por entre los pasillo sosteniendo una vela encendida; desafortunadamente los descubre in fraganti y producto del pánico engendrado, los bandidos reaccionaron de modo violento en su contra, como resultado subsecuente, lo asesinaron a sangre fría con varias puñaladas mortales en su abdomen y por último, huyen de la escena del crimen llevándose solo un par de implementos médicos.
Asimilar una trágica muerte nunca es sencillo; y más cuando esa persona ha formado estrechos lazos sentimentales con la comunidad durante mucho tiempo. La noticia dejó en shock a toda la ciudad y la conmoción y polémica no se hizo esperar; las autoridades se hicieron cargo del funesto caso y hasta algunos conocidos muy cercanos quisieron tomar represalias en contra de los responsables, aun así, nada de eso importaba; la tragedia ocurrió.
En los días posteriores, la documentación de su obituario rondó los pueblos vecinos y en su funeral, bellas palabras les fueron dedicadas en el epitafio, inclusive aquellos dos muchachos le añadieron algunas frases de agradecimiento. Si bien resultaron afligidos al segundo de presenciar la terrible escena, no les provocó mucho dolor ni rencor al respecto, porque entendían el hecho de que son cosas que ocurren en la vida diaria y aunque les brindó ayuda en los momentos de extrema necesidad, adolecen la sensación de afecto influido… tal comportamiento levantó sospechas sobre aquellos jóvenes y es justificable por lo siguiente: Ellos estuvieron en la casa de la escena del crimen, fueron los primeros en estar presente cuando las autoridades llegaron, y sin quererlo, siguieron quedándose en el hogar después del suceso… los cotilleos sobre que ellos son los responsables del asesinato, no tardaron en llegar a oídos ajenos y las acusaciones recalcitrantes mancillaban su juicio, que en su punto de quiebre, no tuvieron más opción que fugarse del pueblo y dirigirse a tierras más lejanas.
Fue como experimentar un pequeño déjà vu, recordando aquella vez que tuvieron que dejar la ciudad de Gate, por suerte, ya habían anticipado esta clase de evento y se encontraban mejor preparados para afrontar la supervivencia, o por lo menos eso es lo que el niño Grassrunner dilucida después de sacar conclusiones, aun así lo toman como algo positivo ya que para ellos, más que lidiar con la supervivencia, sería emprender una gran aventura que le acarrearán descubrimientos, conocimientos y más que nada, riquezas.
…
Durante un largo periodo de siete años, los chicos lograron subsistir de la mejor manera, recurriendo y experimentando diferentes tácticas:
En una instancia, aprovecharon las diminutas posibilidades de realizar algunos pequeños favores y recados a cambio de una pequeña comisión, por lo que tuvieron que viajar a ciudades interesantes con constancia y aprendieron acerca de las distintas culturas, tradiciones, estilos de vida, etc. Igualmente pasaron años por la práctica de la pesca, caza de animales silvestres y algunos monstruos pequeños para su alimentación u posterior venta, por lo que adquirieron bastante experiencia con la naturaleza, habilidades con el uso de las armas como el arco y la daga, a su vez que aprendieron tácticas de combate para enfrentar asaltos y ataques sorpresa. Pero principalmente en los casos habituales difíciles y extremos, recurrieron a la praxis del hurto.
No les fue para nada sencillo la travesía recorrida, al conocer diferentes lugares, enfrentar riesgos y accidentes, con el tiempo, cambiaron mucho su perspectiva y aprendieron de los errores y líos que frecuentes veces incurrieron, por lo que se habían convertido en personas más agudas, más osadas al tomar decisiones y más maduros; o por lo menos hablando en el sentido de madurez física, emocional quizás no tanto... aunque no alcanzaron la meta inicial de hacerse ricos, al menos se encuentran satisfechos con las aventuras, riegos y hazañas que lograron vivirlas hasta ahora. Pero no todo lo que ha sucedido entre ellos fue color de rosa; en ocasiones y hasta podría decirse que casi con frecuencia, el chico de cabello alborotado y azulado padeció de dilemas ético-morales con respecto al comportamiento y actos que él su compañero perpetraban a la hora de robar. Entendía que era fundamental para su supervivencia, pero siempre acababa con la desagradable sensación de disgusto y frustración consigo mismo, en especial cuando en determinados casos recurría a la violencia injustificada como parte de su labor, dejando atrás los rastros ya sea propiedades dañadas, gente en la miseria y problemas con las autoridades; sin duda, algo por el cual su desaparecido padre, hermana y hasta su madre se sentirían profundamente avergonzados. Subsecuente de estos actos, incurría en riñas con su colega que muchas veces se convertían en altercados, sin pasar a mayores. Por lo menos, la excusa dada sobre que los daños y perjuicios son relativamente menores lo hacían calmar al menos lo suficiente… pero esa ilusoria venda en los ojos impuesta no permanecería por mucho y más temprano que tarde, tendría que degustar el verdadero y horrendo sabor de su oficio.
En una triste noche de abril, los dos se hallan acampando bajo una cueva poco profunda y resguardándose de la lluvia a unos kilómetros al noreste de un pueblo cercano a los bosques del norte; se encuentran decaídos, devastados, profundamente reflexivos y mirando con ojos pesados unos abrigos de piel y una bolsa grande llena de efectos personales con un poco de dinero hurtado que colocaron al lado de una pequeña fogata. Al no haber animales en la cercanía para cazar, ni una posada disponible para hospedarse, tuvieron que recurrir nuevamente al hurto para resistir la helada noche antes de trasladarse hacia el sur; pero a diferencia de los otros saqueos, este en particular derivó en un completo desastre… En un simple asalto a una sencilla casa, sin la intención de hacerlo el chico lisiado estando bajo una situación desesperada, hizo lo que jamás en su vida pensó que haría… atentando por completo a su integridad personal y existencial:
La cabeza de la familia residente, en este caso, un señor de edad avanzada, se levantó de su cama oyendo ruidos extraños en la sala principal del primer piso y bajando sigilosamente por las escaleras mientras sostenía una vela, explora la planta para indagar lo que está pasando y con notable sugestión, los pilló en el acto. Los segundos de tensión generada evita que ellos escapen y tampoco que el señor alerte a todo el mundo, pero por supuesto, este no iba a dejar que un par de mocosos se salieran con la suya, por lo que actuó enseguida; la acción momentánea del señor los cohíbe y en un intento de huir, se separaron cada quien por lados opuestos, desafortunadamente el señor atrapó al joven perruno sosteniéndolo de su abrigo, lo derribó y procedió a lincharlo con la primera arma contundente que encontró a su alcance, es decir, con un trozo de palo; lógicamente su compañero intervino en su defensa, se aproxima y lo derriba en primera instancia con una embestida, pero esté le ofreció pelea y forcejearon por varios segundos. En un punto crítico, el viejo sujetó con firmeza el brazo lastimado e intentó doblegarlo, razón que el chico no tuvo más opción que herirlo de gravedad con su daga prefabricada a partir de una hoja de cuchillo viejo semioxidado y envuelto en trozos de tela para el mango de la misma; con el fin de liberarse antes de que el dolor engendrado le sea insoportable y resulte en su sometimiento. Pero con todo el frenesí de la lucha que se llevó a cabo, en lugar de propinarle un golpe en el hombro que es en donde quería golpearlo, le asestó una puñalada en su pecho que trunca abruptamente su vida. Al darse cuenta de la terrible equivocación, mirando con horror su mano manchada de su sangre más el horroroso desastre que dejó, empezó a colapsar de nerviosismo, se levanta y emprende la huida al igual que su compañero que con prudencia advierte de mas compañía; dejando tras de si, a una madre y a una hija desamparadas que apenas la macabra escena le es revelada, rompen en gritos y sollozos que alertaron a la comunidad.
Al ser la primera vez que cometen un asesinato durante un robo, no logran digerir muy bien los hechos. Jamás llegaron a ese extremo en una situación de apuro similar y arrepentidos por ello, quisieron enmendar ese daño, sin embargo, ya era muy tarde como para volver a asomarse en esa villa. Una cosa es ver una escena del crimen de tal magnitud, pero otra muy distinta es participar en ella, por lo que anegando su mente el evento semejante en la cual sucedió con el anciano doctor cuando eran pequeños, los comentarios del muchacho canino no se hicieron esperar.
—…No creo que fuera necesario ir tan lejos ¿O sí?… Podía haberme defendido sin ningún daño
Otro molesto silencio se hace presente, sin lugar a dudas, ese último comentario lo vuelve a afectar al punto de no soportarlo más.
— Bosch… ¿Qué diablos estamos haciendo con nuestras vidas?... ¿Es esto lo que en realidad queremos ser? — Se cuestionó con dureza mientras sujetaba la bolsa llena y en un arranque de frustración, lo arrojó en frente de él
— No tengo por qué volver a decírtelo…— Replicó con tristeza mientras recoge esas cosas del suelo — Es lo único que sabemos hacer…
— ¡Maldita sea, no! — Manifestó con histeria, levantándose y acomodándose su improvisado cabestrillo hecho de una tela sumamente desgastada, luego pasa su mano izquierda por sobre la cabeza — ¿¡Hasta cuándo tendremos que volver a cometer otra barbarie!? ¿¡A destruir otra familia por nuestros actos!?... En serio, ya no lo soporto más. Ya no quiero seguir con esto…
— Entiendo tu dolor, créeme que esto también me es difícil asimilarlo pero, déjame refrescarte la memoria con decirte que: Así es nuestra realidad. Aunque no queramos, hay que incurrir en lo que sea necesario para sobrevivir, y eso también incluye en manchar nuestras manos… en un mundo tan caótico como este, no hay lugar para los corazones débiles…
— ¡Basta! ¿¡Crees que no lo sé!?…— Lo calló interrogándolo con total irritación, alejándose hacia su respectiva esquina y sentándose en ella con las piernas recogidas, suspira para recuperar la calma y después murmura — Sobrevivir no es para nada placentero. Durante estos años no podría asegurar con certeza la enorme cantidad de monstruos que intentaron acabar con nosotros y a su vez lidiado con otro sinfín de problemas y siempre salimos bien parados de esa clase de situaciones. Todo lo que he aprendido para la subsistencia, es gracias a ti, es más, tú salvaste mi vida… a un coste de tener este brazo inválido, quizás hasta el día en que muera…
Sonríe con notoria melancolía y asimismo se sujeta de la extremidad, en una especie de medio abrazo. Segundos más tarde se recompone y prosigue.
— Ahora, lo que ocurrió esta noche no tuvo nada que ver con la supervivencia que tú tanto te refugias como justificativo… y es verdad lo que dijiste desde el principio, no fue para nada necesario ir tan lejos solo por un par de abrigos y un poco de dinero. Aun si fuera totalmente necesario recurrir a tal extremo, no quita el hecho de que en realidad… asesiné a un inocente…
— Tienes razón amigo…— Afirmó otorgándole el beneficio de la duda — Una cosa es un monstruo hambriento de carne humana y otra muy distinta es una persona inocente. Me parece que no debí compararlos
— Descuida, dudo que en verdad hayas querido comparar — Lo disculpó sin mayor dificultad — Pero antes de que me vaya a descansar de toda esta pesadilla, necesito pensar… esta duda me ha estado inquietando
— Pues dimela, tal vez colabore en solucionartelo
— Bueno, es sobre lo que estábamos discutiendo desde el principio. ¿Enserio no podemos aspirar a otra cosa? ¿Algo más… honesto?
— ¿Algo honesto? ¿Cómo qué? — Inquirió con sobriedad
— Pues no lo sé. Por ahora no se me ocurre nada con exactitud…— Hizo una pausa para refrescar la garganta — Tendría que encontrar alguien que me ofrezca un trabajo para averiguarlo, ¿Pero sabes? Eso es algo que no me interesa en estos momentos, solo sé que estoy seguro de una cosa… Ya no volveré a robar jamás; y no me importa si estás de acuerdo o no…
— ¡Que! ¿Estás hablando en serio?
— Muy enserio… mi padre y mi hermana estarían muy decepcionados si supiera lo que me he estado dedicando hacer, del desastre que causé hoy y por todos estos problemas que durante años provocamos…
— ¿Tu padre y tu hermana? Pero si llevan desaparecidos hace mucho… no creo que estén enterados de aquello, de hecho, pienso que quizás lo más posible es que… bueno, ellos estén…— Cortó lo dicho cuando de repente el chico se vira y lanza una mirada un tanto despectiva —…Lo siento
— ¡Phew!... No pasa nada — Suspiró con profundidad y después murmura — Puede que tengas razón, quizas estén muertos y no te culpo si piensas así… pero aunque no estén conmigo, quiero dar un buen ejemplo a partir de ahora
— De acuerdo amigo, sabes que te apoyaré en tus decisiones…— Lo confortó mientras lo ve recostándose mirando en dirección a la fogata — Aunque, no quiero ser aguafiestas ni nada pero… ¿Por dónde empezamos?
— Hmm… perdón si no te respondo, pero ahora me siento agitado y no tengo cabeza para pensar es eso… tal vez mañana se nos ocurra algo — Concluyó retrayéndose un poco, y agarra consigo uno de los abrigos para cubrirse y pasar la noche meditando en frente de la fogata, en eso vuelve a murmurar — ¿Bosch?
— ¿Si?
— Júrame tú también que no volverás a robar… ¿Lo harás?
— Ummm…— Enmudeció y dudó por unos momentos con la cabeza baja, pero le contesta con una leve sonrisa pocos segundos después — Lo juro socio. A partir de ahora, dejaremos de ser ladrones…
Se incorpora a gatas y se acerca a su compañero estirando la mano izquierda para estrechar la suya y así sellar el juramento. En ese momento, el dije con la gema del chico que porta en su cuello, si bien previamente había mantenido un leve brillo de color azul claro durante varias semanas, ahora gradó en un hermoso resplandor de los colores del arcoíris, tal como aquella vez en el consultorio.
…
Un par de semanas transcurren y encontrándose en villas cercanas de la provincia de Coursair, habían decidido a empezar desde cero, a tener una vida un poco más frívola y correcta, no obstante, aún no se les había ocurrido por dónde comenzar o como empezar.
Una apacible tarde, Mientras se hallaban en medio de una plazoleta, sentado al borde de una modesta fuente mientras intercambiaban algunas ideas y desechaban otras, de repente, son interrumpidos por unos miembros pertenecientes de los centinelas de la provincia previamente mencionada que se reúnen en el centro. Convocan a base de trompetas lo que parecer ser una asamblea para todos los habitantes de la zona. El anunciante con imponente voz da inicio a la reunión por lo que no tardaron en aglomerar dicha plazoleta, se presenta con formalidad y comunica la noticia sobre la aproximación de monstruos al sector presente debido a un terremoto ocurrido en horas previas y que cuyo epicentro se originó cerca del lago al noroeste. En tal caso, se les informó poco después que no pueden salir de sus hogares y refugios bajo ningún riesgo y hasta nuevo aviso; consecuencia de aquello, establecieron con rotunda obligación un toque de queda hasta que el peligro cese.
Tras oír el comunicado y esquivando algunas masas de personas que corren despavoridos directo a sus hogares, ambos jóvenes se apartaron un poco y reflexionaron hasta obtener una conclusión:
Analizando la nueva situación, por un lado, es una mala noticia ya que al carecer de hogar o refugio, se verían forzados a emigrar para prevenir los encuentros con aquellos mencionados monstruos… pero viéndolo por el otro lado, si se quedan y enfrenta a las amenazas, podrían llevarse el reconocimiento de la comunidad en general y así se ganarían una nueva reputación, a la vez que les serviría como impulsor para esta nueva profesión ideada por el chico canino: Ser héroes cazadores de monstruos… Por supuesto, ¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué dejar que aquellos centinelas acaparen el "Espectáculo"?
Tomando en cuenta los enormes riesgos que conllevan, ambos decididos se esconden de la seguridad encargada de vigilar y patrullar la zona, aguardando a que el desastre se avecine y poder actuar en el momento justo. Esperaron durante la noche y las horas parecían trascurrir demasiado lento, poniendo a temple la virtud de la paciencia; hasta que en un punto más allá del horizonte, un centinela divisa lo que se avecina y alerta a los demás hombres. Eso era perfecto para aquellos dos, está sucediendo lo que habían estado esperando, así que salen del escondite y preparan sus armas, listos para la lucha, sin embargo, no previeron un factor imperativo en el asunto y que dificultaría tremendamente la tarea… los monstruos se aproximan en enjambres enormes y los mismos no son comunes. En cuestión de segundos, toda clase de bichos e insectos de aspectos fieros y horrorosos invadieron la pequeña villa y comenzaron a causar potenciales destrozos.
— ¡Ryu! ¡Debemos separarnos! — Advirtió su colega al analizar la situación que tiene en frente — ¡Cubriremos más terreno de esa forma!
— ¡Entendido! — Acató la orden y se separa en curso al norte, en donde algunas criaturas que se asemejan a gargolas enanas están atacando varias casas, blande con fuerza su arma y se abalanza con fiereza
Su compañero aprovecha la ventaja de que los centinelas se están encargando de otra multitud de esos bichos, por lo que al no tener ninguna clase de distracción, tiene el tiempo suficiente para subirse, con algo de dificultad debido a su reciente sobrepeso, al tejado de una casa y poseer la panorámica optima como para diezmar decenas de monstruos con sus disparos de flecha, al estilo de un francotirador. Los minutos de pelea transcurren y pese a que los soldados se esfuerzan con el corazón en la lucha, la cantidad de criaturas no parece descender, incluso se aglomeran en masas más compactas, por lo que para los guardias, es demasiado como para poder contenerlos. Cada segundo que pasa, la fatiga colectiva comienza a dar factura y en esos momentos críticos, es cuando algunos hombres no resisten los ataques y mueren como consecuencia; para empeorar las cosas, minutos más adelante y con el frenesí ocasionado, más el hedor del sudor y la sangre fresca derramada, atraen acuciadas por el hambre a la zona, una terrible pesadilla… "Las Megapleuras" Unas terribles y veloces criaturas de un metro y medio de longitud, cuya morfología general es de un cruce entre un avispón segmentado y una libélula, con cuatro alas insectiles de dos metros de envergadura, un par de ojos compuestos y antenas características de los artrópodos, seis patas aserradas que sobresalen de su tórax, cuatro de ellas poseen pinzas tarsales y las dos restantes poseen garras curvas y finalmente mandíbulas filosas que en cuyas fauces desprenden colgajos de baba que corroe cualquier cosa con tan solo su contacto.
Con una espantosa sencillez, no solo estas criaturas aniquilan con varios centinelas que trataron de hacerles frente, sino que los descuartizan y los devoran ahí mismo incluyendo sus armaduras y en segundos, la comarca entera se plaga de todo ese enjambre que devasta con una facilidad aterradora los hogares junto con sus mascotas, animales de granja e incluso inocentes que tuvieron la atroz desgracia de topárselos. Tal demostración plena de salvajismo le causa una terrible sugestión al chico canino, aun así, no pretende abandonar su puesto de vigilancia, de hecho al contrario, sonríe levemente al respecto e intenta diezmarlos lanzando numerosas ráfagas de flechas. Desafortunadamente, lejos de mermar aunque sea algunas de ellas, lo que hizo fue dispersarlas y darles su posición, por lo que estas emprenden el vuelo para acometerlo y así tan pronto llegan al tejado, docenas de ellos rodean al chico. Este trata de no mostrarse intimidado y realiza una pequeña artimaña para distraerlos y poder escapar, pero uno de ellos se abalanza sin aviso alguno desde atrás y alcanza a morder parte de su hombro derecho; por suerte, el muchacho se percata a tiempo de ese repentino ataque y se aleja dando un ligero salto hacia su izquierda, antes de que lo mordiera por completo, sin embargo, ese brinco casi involuntario lo hace trastabillar con sus propios pies y sin poder evitarlo, cae del tejado a unos seis metros de altura.
Mientras cae, adopta una rápida posición para amortiguar el golpe, por lo que al impactar en seco sobre un ligero montón de paja, no recibe ningún daño. Se levanta y antes de recuperar su arma, oye hacia su derecha un ligero ruido similar a una efervescencia y tan pronto como desvía su mirada hacia esa fuente, se alarma al ver que la tela de la hombrera de su abrigo se carcome progresivamente, debido a que esa mordida dejó un poco de esa saliva. Sin pensarlo, con un gesto de azare y con movimientos veloces y esporádicos, se quita dicho abrigo para que la acción corrosiva de la saliva no alcanzara también su hombro y lo arroja lejos, no obstante, el tiempo que disponía para escapar se termina y a su vez genera suficiente ruido como para volver atraer el enjambre y nuevamente se ve rodeado; esta vez sin tener chance ni tiempo para agarrar su arma y defenderse. Lo único se hace es refugiarse entre el montón de paja y esperar una mejor suerte para hacer algo mejor… y esta misma llega a salvarle el trasero justo a tiempo, en forma de un trozo de ladrillo que viaja como un proyectil que se dirige en parábola hacia las terminaciones del tejado, quebrando algunas al impactar y cayendo pesadamente al suelo, lo que provoca la distracción de la mayoría de esas criaturas.
En eso el chico lisiado, quien fue el artífice de la mencionada distracción previa, acelera su trote para brindarle ayuda a su amigo y mientras se acerca más hacia esas amenazas aladas con mucho sigilo, sostiene con bastante firmeza su arma al estilo florete y se prepara esperando el momento perfecto, que llega cuando mide y se ubica en la distancia precisa como para tomar impulso y adentrarse en la colmena deslizándose entre una pequeña hendidura que encontró. Al ingresar, se abre camino eliminando los obstáculos, cortándolos por la mitad con tajos oblicuos; pierde impulso, se levanta y aparta de su camino a un par más cortándoles sus alas para que posteriormente pueda decapitarlos; avanza y finalmente llega al centro del asecho, en donde su compañero lo espera con gratitud.
— Vine tan pronto cuando te vi caer del tejado, ¿Te encuentras bien? — Preguntó con evidente preocupación, llevándose temporalmente la parte plana de la daga en su boca y luego le brinda su mano
— No te preocupes socio, no me pasó nada — Le contestó sujetándose de la mano para incorporarse enseguida
— ¿Y qué pasó con tú abrigo?
— Emm… Eso no importa ahora, debemos escapar de estas cosas — Advirtió con algo de desdén y analizando la situación, prepara su arco con un par de flechas listas
— De acuerdo — Captando lo que quiso decir, empuña su daga al estilo pica hielo y adopta una posición ofensiva — Debemos abrirnos camino antes de que nos vengan encima
Planeando un improvisada y sencilla táctica de escape, el chico perruno les dispara a varios objetivos a la vez, con el fin de crear distracción, discordia y más que nada, el momento ideal para que su colega avance entre la multitud; se precipita a toda velocidad y sin dejar que ninguno de ellos se acerque lo suficiente como para atacarle, mata a una cantidad nada despreciable al avanzar, hasta encontrar una apertura y en ella logran escapar. Sin embargo, intentar huir de esas alimañas en su totalidad resulta ser algo casi imposible ya que su número abarca una magnitud que no puede ser controlada, en otras palabras, en todos lados de la villa se encontraron con multitudes de ellos causando destrozos; por consiguiente, en cada esquina que doblan, se topan con decenas y decenas que tuvieron que pugnar si no querían ser comidos, llamando más la atención y atrayendo a mas indeseados, por lo que no resulta una sorpresa que terminasen nuevamente acorralados en una esquina y esta vez, sin posibilidad de aplicar otra táctica escapatoria, el enjambre está lo bastante alborotado como para permitir o tolerar otro ataque sorpresa.
Ambos jóvenes retroceden cubriéndose las espaldas, en posición defensiva y coaccionados al ver literalmente, centenares de esos insectos que asechan lentamente a su alrededor. Al analizar que esto ya se salió de control, deciden arriesgar una última jugada: Ir con toda y enfrentar a todo el mundo, o morir en el intento; Aunque en realidad no querían morir, su obstinación inhibe ese temor, brindando la valentía suficiente como para tomar dicha decisión… En ese momento, antes de que los primeros bichos pudieran arremeter, una extraña silueta surge realizando una habilidosa pirueta desde uno de los tejados, golpea con una patada hacha al monstruo que tiene más cerca, derribándolo antes de que la susodicha silueta caiga con elegancia, interponiéndose delante de los muchachos. Este se voltea y con un aparente gesto protector, se los trae consigo sujetándolos desde sus cinturas y los carga en sus hombros, finalmente toma un poco de impulso y evade a las criaturas dando un gran salto que llega hacia el tejado. llevándoselos a un lugar apartándose del peligro, más específicamente a un callejón oculto, los deja hacia un lado cuando se refugian en el escondite y en un tono fuerte, la silueta les exclama.
— Este lugar es muy peligroso como para que un par de niños estén jugando, no deberían estar aquí…
—…— Gesticularon algo de confusión ante la declaración y bajo la luz de la luna que se asoma entre las nubes, ambos observan asombrados la silueta que se revela en un hombre robusto, de cabello plateado y corto, con una barba de estilo candado del mismo tono; que porta un elegante traje que se asemeja a la de un corsario que consta de una larga gabardina, pantalones ajustados y botas que llegan a sus rodillas, todas enteramente de color negro excepto la camisa ligera que es de gama rojo escarlata y acompañado también de un ancho sombrero de la misma matiz negra con una enorme pluma roja decorativa atada en el cinto del accesorio; pero lo más distintivo que vieron, es que en la solapa izquierda del gabán, incorpora una extraña insignia que, en resumen, su bordado consiste en una símbolo rúnico en caligrafía oriental y encerrado en un doble esquema, dándole un aspecto biselado; algo que nunca habían visto en otro sitio que hayan visitado
— Les aconsejo que no salgan de aquí bajo ninguna circunstancia…
Asumen la advertencia antes de verlo salir del callejón dando pasos firmes hacia esas peligrosas criaturas, limitándose a observar el presente espectáculo. Para cuando dos de esos enormes monstruos alados se abalanzaron para devorarlo apenas fue divisado, este desenfunda de sus vainas atadas en la cintura, dos cimitarras larga de clase persa con el cual en un solo movimiento, acaba con las amenazas cortándolos a la mitad de un tajo transversal, luego blande ambas armas de tal forma que una quede al estilo pica hielo, antes de avanzar con trote en dirección hacia la colmena y tal como un excepcional esgrimista, los liquida a todos con precisión letal y elegancia.
Entre acrobáticas volteretas, piruetas sencillas, mortales dobles y tiples, giros, saltos y poses fantásticas mientras aniquilaba aquellos bichos desde todos los ángulos, casi como si estuviese danzando con ellos y con tal belleza artística; Los muchachos no dejaron de extasiarse boquiabiertos y veían a ese hombre con profunda admiración y respeto. En ese lapso de tiempo, una epifanía se les cruzó por sus mentes… ¿Por qué no poseer sus increíbles dotes?... ¿Por qué no ser como él y hacer sus hazañas?... ¿Por qué no ser… héroes?
A partir de aquí, mirándose con bastante determinación y entusiasmo, a la vez que sin necesidad de intercambiar palabra alguna, decidieron seguirlo no importa a que lugar fuera y aprender algo de su estilo de vida o lo que consiste su labor como tal.
Cuando el peligro fue neutralizado, regresando a la villa a la normalidad, los chicos salieron del callejón y se precipitan para agradecer aquel hombre por lo que hizo y talvez preguntarle un par de cosas, sin embargo, a la entrada del pueblo llegaron otros tres hombres con indumentaria similar a la de él, más las insignias en las solapas con símbolos distintos; y lo rodean para saludarlo y brindarle una información, cosa que los muchachos tuvieron la prudencia de no interrumpirlo y se quedaron cerca de algunos escombros a husmear la conversación.
— ¡Que cuentas John! ¿Con que divirtiéndose sin nosotros, ehh? — Le preguntó uno de esos tres hombres y al juzgar por el tono de su voz, parece ser el más joven del bando
— ¡Jejeje! Ya conocen como soy, siempre voy en busca de una mejor presa para entretenerme — Bufó con ellos al respecto, envainando sus cimitarras y colocándose ambas manos en la cintura, sacando su pecho para mostrar altivez
— Si… hasta que tengamos que salvarte el culo de algún monstruo que tú no puedas vencer — Se burló otro miembro intentando bajarle los humos y por su constitución, estatura y con aparente signo de tener más edad que el resto, se hace entender que es el más fuerte del grupo
— ¡Cállate Vory! Como si eso fuera pasar… además, si hubieras ido hasta acá, estarías muerto de aburrimiento; pensé que habría monstruos más desafiantes asechando esta zona, pero solo encontré unos molestos mosquitos…
— Menos mal que opinas eso, ya que venimos a buscarte por esa misma razón…— Acotó el último miembro del trío — Te necesitamos en Coursair. Los monstruos han logrado penetrar todas nuestras defensas y no creo que los guardias puedan contenerlos mucho más
— ¡Uff…! — Suspiró con algo de sopor para luego comentar mientras se acomoda el sombrero y retirándose hacia esa dirección, exclama con arrogancia — Okey… entiendo que no pueden estar solos sin mí, así que iré
— ¡Oye! En primer lugar, nuestro jefe nos ordenó no separarnos bajo ninguna circunstancia, así que no te hagas el héroe y además tendrás que comunicar tu pequeña ocurrencia, y segundo…
La conversación continuó hasta que se alejaron lo suficiente como para no alcanzarlos a seguir oyendo. Entonces el joven canino inquiere para concluir.
— ¿Alcanzaste a escuchar eso?
— Sí. Se están dirigiendo a Coursair para terminar con su trabajo, deberíamos apresurarnos para no perderlos de vista
— Así es, pero me refiero a lo último que dijeron — Le corrigió mientras van avanzando hacia al final del camino del pueblo — Ellos dijeron: "Nuestro jefe" Así que solo están haciendo su trabajo como soldados, quizás no deberíamos insistir tanto con ellos
— Eso parece… quizás — Afirmó un tanto confundido — Pero es un poco extraño que sean soldados ¿No lo crees?
— ¿Hmm? ¿A qué te refieres? — Interpeló
— Pues, ¿Viste sus insignias? No parecen pertenecer a ninguna clase de soldado o guardia de ninguna nación, o al menos no que no conozcamos
— ¡Sabes que sí! Esas insignias no los identifica como militares, así que deben pertenecer a una organización independiente… me pregunto ¿Qué será?
— No lo sé Bosch, pero será mejor que nos movamos antes de que amanezca
— Tienes razón socio, alcancemos a esos sujetos…
Sin perder ni un segundo, ambos se apresuran a alcanzarlos pero guardando una distancia prudencialmente larga para no ser vistos. En un par de horas de recorrido al sureste, se detienen brevemente para contemplar abrumados desde las extensas llanuras, los riscos que contienen la imponente y fortificada urbe de Coursair, pero el deleite de la panorámica no duró mucho, desde lo lejos también lograron divisar la terrible invasión de monstruos que se está llevando a cabo.
Los cuatro hombres se precipitaron enseguida, desenvainando sus respectivas armas y planeando una improvisada estrategia, se dispersan para cubrir los sectores más vulnerables de la ciudad; Para no perderse de la acción, los dos chicos también se aventuran a la zona de peligro con la intención de no solo seguir contemplando las habilidades de aquel hombre y sus compañeros, sino también de participar en ella e intentar impresionarlo y demostrarle a su vez que no son niños débiles e indefensos como él los describió. Pero debido a que las circunstancias presentes son especiales, descartan raudamente la idea de eliminar a los monstruos de frente. Seria improductivo y agotador… así que se detienen por un segundo y el chico canino manifiesta.
— ¿Qué debemos hacer ahora Ryu?
Antes de irme, apuesto que se estarán preguntando el por qué dejé al personaje principal en un estado de discapacidad, si en realidad no le ocurrió nada en el incidente. Bueno, ya aclaré que este fic es mi interpretación de esta historia, y lo diseñé de esta forma para darle mas verosimilitud y dramatismo. Pero no se preocupen, el personaje será el mismo y no estará así por mucho tiempo.
Y ya que no voy a dar mas spoilers, los dejaré con esa duda resuelta hasta el momento.
Me despido cordialmente.
