Los personajes de CCS pertenecen a CLAMP, pero los otros personajillos que aparecen son creados por mí al igual que la historia.
Summary: "Iba a ser una solitaria navidad" comenzó a decirse mientras veía como la lluvia caía en el asfalto, lo sería, eso estaba más que claro, sin embargo, la presencia de una menuda joven quizás cambiaría las cosas.
Ángel de diciembre
PARTE II
Amanecía en Tomoeda.
Los pocos rayos de sol que lograban hacerse notar en el cielo nublado comenzaron a aclarar la habitación en la que se encontraba. Hacía solo unos momentos Sakura se había marchado del cuarto llevándose los tazones con motivos navideños en los cuales bebieron café con leche.
Platicaron por cerca de una hora, la joven entre medio de disculpas por el malentendido con su madre le obligó a que aceptase a quedarse en el almuerzo que tendría con su familia, se negó en un principio ya que quería ir a ver a su hijo, no le dijo a Sakura el por qué de su negación inicial, sin embargo, optó por quedarse e irse tras el almuerzo dada las suplicas de la joven.
Una casi imperceptible sonrisa curvó sus labios.
¡Vaya que había sido divertido el malentendido! Con solo recordar la cara de la joven castaña le venían ganas de reírse.
—¡Oh por Dios, Sakura! ¿Él? —Shaoran alzó su rostro—. ¡Al fin nos trajiste a tu novio!
—Un gusto, joven, Sakura nos había hablado de usted hace unos meses atrás —un hombre de unos 50 años le dio la mano a Shaoran quien no emitió palabra alguna.
La aludida tenía un rojo en sus mejillas que sumado a su nariz colorada la hacían ver adorable, así lo pensó Shaoran.
—Nadeshiko, Shaoran debe estar falto de aire.
—Sakura, tienes un muy buen gusto, es un chico guapo.
Ambos progenitores miraban a su hija con una sonrisa de oreja mientras ella negaba con la cabeza.
—Mamá, papá, lamento informarles que esto es un malentendido… Shaoran no es mi novio.
—¿No lo es? —la mujer de cabellos oscuros y ojos verdes miraba confusa a su hija.
—No, bueno él… Shaoran es un… amigo y respecto a mi novio… terminamos hace dos meses.
—¡Terminaron! —exclamaron los padres de Sakura al unísono.
—Sí, y sé lo que me dirán, pero mejor háganlo dentro de casa, no quiero que los vecinos se enteren de mi fallido noviazgo.
Bostezó, eran las 6 y media de la mañana y pese a lo cansado que estaba no podía dormir. Se puso de pie abrigándose con la bata que le prestaron, se acomodó las pantuflas en sus pies y salió del cuarto que pertenecía al hermano de la joven que llegaría a la hora del almuerzo.
Pasó junto a otro cuarto y se detuvo frente a la puerta.
"Espacio de Sakura"
La puerta estaba llena de stickers que le causaron bastante gracia, y sobretodo el dibujo de un monstruo con cara de niña que estaba en un rincón de la pared, le recordaron los dibujos de su hijo de 3 años.
¡Cómo lo extrañaba!
Kenji siempre lo recibía con un dibujo cuando llegaba del trabajo, desde el divorcio y los horarios que se establecieron ya no era igual, sin embargo, intentaba conformarse con tenerlo un par de días en la semana alegrando su pequeño hogar.
Bajó al primer piso dejando a un lado sus cavilaciones, se entretuvo mirando las fotos de la familia de la joven castaña. Había muchas y en todas unas sonrisa sincera aparecía en el rostro de los 4 integrantes.
Un ruido proveniente de la cocina le advirtió que quizás no era el único despierto.
Caminó con lentitud y asomó su cabeza por la puerta, ahí estaba Sakura con un delantal de cocina y revolviendo una mezcla en un bol.
—Deberías irte a dormir, Sakura.
—¡Dios! —a duras penas alcanzó a afirmar el bol antes que este diera vuelta—. Me acabas de dar el peor susto de mi vida…
—Perdón.
La chica revoloteó las manos tras soltar un largo suspiro.
—Descuida, y ¿qué haces acá? Pensé que ya dormías.
—Pensé que tú igual lo hacías.
—No podía, te quería hacer unas galletas en agradecimiento para el desayuno.
—No tienes por qué hacerlo.
—Debo, por eso te pregunté si te gustaban las galletas de chocolate.
Sonrió y más aún al ver el rostro de la chica con harina.
—Definitivamente ahora estás más pálida —comentó tomando asiento en un piso que había en la cocina.
—¿En serio? Pero ahora no tengo frío… —la chica llevó sus manos a su rostro—. Harina.
—Te queda bien.
La joven pasó un mantel por su cara para limpiarse.
—Gracias, quizás imponga una nueva moda.
Sakura continuó en su labor mientras él se dedicaba a observarla, la escena se le hizo familiar, su padre siempre le ayudaba a hacer galletas de chocolate para luego guardarlas en bolsitas y regalárselas a sus hermanas mayores.
—Haré muchas —comentó al rato Sakura quien ahora revolvía una mezcla de chocolate a baño maría—: quiero regalarles algunas a mis amigas de la infancia, también a mi hermano que llegará en unas horas más, y el resto para disfrutarlas.
—Cuando era un niño hacía lo mismo, se las regalaba a mis hermanas.
—Qué tierno, yo adoro hacer galletas de chocolate, dicen por ahí que me quedan buenas, después te preguntaré si te gustaron. Es todo un desafío para mí, eres hijo de un chef.
—Es una gran desafío, mi paladar es bien fino, Sakura —bromeó.
—Ya lo creo.
El olor a galletas que provenía del horno le hizo dejar de observar los ojos alegres de la joven.
—Tengo que sacarlas, mmm ¿Shaoran? —el aludido volvió a observar a la chica—. ¿Podrías revolver esto por un momento?
—Por supuesto.
Mientras revolvía el chocolate la chica sacó una bandeja del horno y el olor se hizo más intenso, se le hacía agua la boca.
—Te daría una, pero te quemarás, cuando se enfríen y tras la decoración que les haré te daré a probar.
Sin poder controlarlo hizo un puchero que sacó carcajadas en la chica.
—No lo puedo creer, que yo sepa no eres un niño, Shaoran.
—Sí, eso es cierto, pero sabes poco de mí, quizás sí sea un niño en un cuerpo de adulto.
La chica dejó la bandeja en la mesa y llevó sus brazos al pecho.
—A ver, juguemos a algo.
Shaoran alzó una ceja.
—Vamos, quiero conocer al ángel que me ayudó, hace un rato platicamos cosas más bien triviales… —Sakura achinó los ojos—. ¡Ya sé! 10 preguntas.
—¿10 preguntas?
—Sí, para conocernos, parte tú.
—¿Y si hay alguna que no quiera contestar?
—Una galleta menos a tu bolsita.
Frunció su ceño.
—Eso es injusto, ¿y en caso que tú no quieras responder alguna?
—Las contestaré todas.
—¿Segura?
—Sí, lo prometo —afirmó la chica muy sonriente.
—Muy bien.
Sacó la olla con chocolate derretido, y se la entregó a Sakura.
—Está bueno, agrégalo a la otra mezcla.
—Gracias —tras hacer eso la chica lo observó con una ceja alzada—. Espero su pregunta, Li.
¿Qué preguntar?
¿Sobre su ex novio? ¿Australia? ¿Qué hacía allá?
¿Qué preguntar primero?
—Ya, tengo una, como te estás demorando bastante comenzaré yo, ¿en qué trabajas?
Mientras volvía a tomar asiento, respondió:
—En una editorial.
La chica lo observó con cierto asombro.
—¿En serio? Tenías cara de ser ingeniero o gerente.
—Soy el editor principal así que los libros son mi vida… —Sakura asintió lentamente—. Tengo una pregunta para ti… ¿por qué vives en Australia?
La joven se dirigió a la despensa y mientras buscaba unas mostacillas para decorar las galletas comenzó a responderle a Shaoran.
—Intercambio a los 15 años gracias a una beca… era por un solo año, pero me gustó estar allá y dada mis calificaciones fui becada por otro año completo, y luego por el subsiguiente hasta que terminé el instituto. Vivía con mi madrina y mi prima… me gusta Australia, es… alegre, y el lugar donde viví durante mis años en el instituto era muy acogedor, un pueblito pequeño en medio de la naturaleza… Terminé por quedarme a vivir allá y mis padres me iban a ver al igual que mi hermano mayor. Hablaba y hablo con ellos todos los días así que no ha sido tan difícil acostumbrarme… no te niego que al principio estuve a punto de regresar a Japón, pero no podía desaprovechar la beca, al fin y al cabo, fue algo que quise y fruto de mis esfuerzos… bueno, he respondido por lo tanto es mi turno de preguntar… no se me ocurre nada… —recordó algo que Shaoran le había comentado aunque no estaba segura si preguntar por eso, quizás era un tema privado para él joven de cabellos castaños y desordenados, cabellos que él mismo se encontraba desordenándolos aún más—. ¿A quién esperabas en la esquina de la avenida?
Mordió su labio inferior, quizás no debería haber preguntado eso por el semblante que tenía Shaoran.
—A mi hijo.
Quedó sin palabras, primero porque no imaginó esa respuesta y segundo, porque no estaba pasando la navidad con él, eso debía ser muy triste.
—Descuida, el año nuevo lo pasaré con él aunque no voy a negar que me siento una mierda de padre no estando junto a él.
—Shhh, no digas eso…
—Es un acuerdo, igual que de viernes a domingo él va a casa, y que el domingo llega su madre a buscarlo.
—¿Es la primera navidad que pasas sin él? —preguntó luego de unos minutos de silencio.
Asintió lentamente.
—Habíamos acordado que pasaría por mi apartamento con él pasadas las 10 y yo le daría un obsequio… Bajé a la avenida a esperarla cuando dieron las once y no aparecían. Me quedé ahí hasta que apareciste.
Sin poder controlar su impulso la chica lo abrazó dejando al joven perplejo.
—Eres un buen hombre, Shaoran, y de seguro un excelente padre, no sé por qué lo de ustedes terminó así y no me interesa saberlo tampoco, pero tienes mi apoyo y mi agradecimiento eterno, me ayudaste, me trajiste a pasar la navidad con mis padres cuando deberías estar con tu pequeño.
Aceptó el abrazo apretando suavemente a la chica en sus brazos, ella lo observaba con sus inmensos ojos verdes que de alguna extraña manera lo tranquilizaban, se mantuvieron así por segundos que pasaron a minutos. El solo canto de los pájaros se oía por sobre el silencio que inundaba en la cocina.
—Tu turno, Shaoran —habló Sakura al rato.
—¿Por qué se acabo tu noviazgo?
—Golpe bajo —comenzó a reír y la chica lentamente se alejó de él provocando que el calor que ella le transmitió comenzara a desvanecerse.
—¿Tan mal es la cosa? —cuestionó al no ver respuesta en Sakura.
—No, lo que sucede es que no he sido muy afortunada en el amor, Cupido ha sido muy poco asertivo —suspiró—. Con Kenta no resultó, y eso es todo, mi madre estaba un poco ilusionada más aún cuando le dije que Kenta era japonés ya que según ella de seguro era un excelente joven y que se había educado con nuestra cultura, los anteriores han sido australianos y no han sido tan buenas las experiencias, pero bueno, soy joven así que seguiré disfrutando de la vida, no me echaré a morir porque aún no encuentro a mi "persona especial".
—Eres joven y debes disfrutar.
—Tú igual lo eres, Shaoran.
—No tanto.
—¿Cuántos años tienes?
—27.
—Solo 4 años más que yo, eres joven aún, y debes disfrutar de la vida junto a tu pequeño, y como es Navidad también le haré una bolsita con galletas, de seguro heredó el gusto de su padre, ¿o me equivoco?
—Sí, le encantan.
—¿Cuántos años tiene?
—Tres.
—Es un pequeñín, debes darle sus galletas y no comértelas —Sakura le pasó un plato con algunas galletas.
Por fin podría probarlas, sin dudar ni un segundo, se llevó una a la boca.
Expectante esperaba la opinión del joven, se había esmerado más que nunca, jugando con sus dedos observó como Shaoran cerraba sus ojos y luego sonreía.
—Una delicia, están muy buenas, Sakura.
—¿En serio? —asintió con la cabeza—. No sabes cómo me alegra que te gusten.
Con una amplia sonrisa continúo con su labor, revolviendo la mezcla y finalmente acomodándola en una bandeja, armó tres y las puso en el horno.
—Creo que el juego de las 10 preguntas no resultó —comentó sentándose cerca de Shaoran.
—Yo pienso que sí, sé más cosas de ti y tú de mí, ese era el fin, ¿no?
—Eso es cierto… —el castaño soltó un bostezo—. Shaoran, creo que deberías ir a dormir algo, debes estar cansado.
—Tú igual deberías, Sakura.
Sacó la última galleta del plato y se la devoró, era un glotón, en tiempo récord las galletas que habían en el plato habían desaparecido.
—Esperaré a que estén listas y me iré a dormir —comentó Sakura.
—Entonces… te haré compañía.
A eso de las 8 y media de la mañana cada uno se fue a dormir, Shaoran se durmió de inmediato mientras Sakura daba vueltas en su cama sin poder conciliar el sueño.
De una forma inexplicable Shaoran generaba en ella sentimientos confusos y rápidos, tan solo hacía un par de horas cruzaron la primera palabra y extrañamente sentía como si se conocieran de años.
—Raro, muy raro —hizo un puchero—. Pobrecito, iba a pasar la navidad solo y sin su hijo.
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Shaoran despertó a eso de la una de la tarde, con vergüenza salió del cuarto y se encontró con la señora Kinomoto quien estaba barriendo el living del hogar.
—Despertó.
—Me siento algo avergonzado, más encima despierto a esta hora…
—Oh, no, no se preocupe, gracias a usted nuestra pequeña llegó sana y salva. En el baño que está junto al cuarto en el cual durmió dejé ropa para que se cambie. De seguro la ropa de Fujitaka le quedará más que bien.
—Muchas gracias… —buscó por los alrededores a ver si aparecía la joven de cabellos castaños y ojos verdes—. ¿Sakura sigue durmiendo?
—No, salió a ver a sus amigas, llegará en una media hora más, yo creo que demorará más, es que no las ve hace mucho, y las chicas deben haberse vuelto locas de la emoción al verla de regreso en Tomoeda.
—Son varios años que no regresaba.
—Demasiados, ni se imagina lo difícil que fue al principio, pero nos hemos acostumbrado a no tener a mi pequeña acá… ella es un ángel, alegre y llena de vida que se merece lo mejor…
—De eso no hay dudas, señora Kinomoto.
Tras ver la hora y recriminarse otra vez lo tarde que había despertado en un hogar ajeno, le informó a la madre de Sakura que iría a ducharse.
—Almorzaremos pasadas las dos —le informó Nadeshiko Kinomoto antes que partiera rumbo al baño.
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—Una gran anécdota navideña, yo creo que es tu regalo para esta navidad.
—¿Qué cosa?
—El chico… se encontraron, es como tu salvador o algo así, se están llevando bien, es perfecto para ti.
Bebió un poco de su jugo tratando de digerir lo que sus amigas le comentaban.
—Chicas, debo volver a Australia después del año nuevo así que…
—Llévatelo, o invítalo a pasar uno días en tu hogar…
—Chiharu, él tiene un hijo, no puedo arrebatarle a un pequeño su padre, además, están armando toda una historia casi de película con esto.
—El destino, Sakura.
Observó a sus amigas y negó con la cabeza.
Ella debía seguir con su vida en Australia y Shaoran tenía una vida en Japón.
Se recriminó lo boba que era, ¿por qué pensaba eso? Como si entre ellos…
Suspiró.
—Tengo que volver a casa, Touya ya debe haber llegado y el almuerzo debe estar listo, nos vemos más tarde.
Abrazó a sus 4 amigas de la vida y abandonó la cafetería en la que se encontraban.
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Miraba la televisión con bastante aburrimiento. Había ofrecido su ayuda para el almuerzo, pero tanto el señor como la señora Kinomoto se opusieron ya que él era un invitado así que no debía hacer nada.
Apagó la televisión y cogió el periódico, en ese preciso momento la puerta de la entrada se abrió con rapidez, levantó su cabeza con cierta emoción esperando ver entrar a Sakura sintió cierta decepción al ver a un chico alto y moreno ingresando al hogar.
—¡Llegué, Familia!
Sintió como la mirada oscura del hombre le traspasó y notó cómo este fruncía el ceño.
—¿Quién eres tú? —preguntó el chico casi escupiendo cada palabra.
—Shaoran Li.
—Ajá, eres el mocoso que está con mi hermana.
—Yo…
La puerta nuevamente se abrió.
—¡Ya llegué!
Sakura ingresó a su hogar con una sonrisa que se esfumó apenas vio la escena que se estaba dando en el living de su hogar.
—¿Mamá, pa…? ¡Touya! ¿Por qué tienes tomado del cuello a Shaoran?
—¿Este es tu noviecito? —preguntó su hermano a modo de respuesta.
—Ya no tengo novio y por favor suéltalo —negó con la cabeza—. Tú no cambiarás nunca, hermano.
El almuerzo llegó rápido, Shaoran no habló mucho, prefirió observar a la familia con quien estaba compartiendo, había algo que se veía a kilómetros de distancias y era el amor que reinaba entre ellos, sobre todo lo especial que era ese almuerzo en donde tenían a la menor de la familia junto con ellos. A ratos Sakura lo miraba y le sonreía, o le preguntaba si todo estaba bien, y él respondía con un simple "Sí", y claro que lo estaba.
Sonrió al ver como la castaña soltaba una carcajada tras un comentario de su hermano, de seguro su pequeño le agradaría Sakura, ¿y a quien no? La chica desprendía alegría por cada uno de sus poros y una inocencia que él jamás había visto en una persona ya adulta.
Cuando dieron las 3 se dijo que era hora de partir, buscó la mirada verde de la joven quien se encontraba muy animada conversando con su madre y su hermano, no quería interrumpirlos, pero no tuvo más opciones.
—Sakura…
—¿Te vas? —interrumpió la joven, sabía que Shaoran debía marcharse, hecho que le causaba cierta tristeza.
Asintió lentamente.
—Es una lástima, su compañía es muy grata, Shaoran —comentó Fujitaka Kinomoto.
—La de ustedes igual, en realidad todo lo sucedido hace algunas horas no lo olvidaré, ha sido todo un honor conocerlos, son una hermosa familia.
Sakura se acercó al castaño.
—Te iré a dejar afuera.
Tras la despedida salieron del hogar en silencio.
Mientras buscaba las llaves de su auto, Sakura se acercó con lentitud al joven y cuando vio que este abría la puerta del automóvil agarró suavemente uno de sus brazos.
—Shaoran… sé feliz…
Poniéndose en puntillas logró llegar a la altura de rostro del chico, y con un rápido movimiento dejó un beso en una de sus mejillas.
—Prométemelo —suplicó.
—Te lo prometo, Sakura —habló tras unos segundos de silencio.
—Me alegra escuchar eso… ahora puedes seguir con lo que estabas.
Dejó Tomoeda con una sonrisa triste en su rostro, pero con algo seguro: jamás olvidaría al ángel que alegró su solitaria navidad.
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Notas de Caris:
Parte II y no es el final, claro que no, queda una tercera parte y final, que trataré de subirla lo más pronto posible, porque sé que después no tendré tiempo por el tema de año y esas cosas.
Mil gracias por sus palabras: Sara Wells, danygagalover y Stellar BS, se agradecen en demasía :)
Saludos, y gracias por leer, ya saben cómo hacerme saber si les agrada o no esta corta historia.
Nos leemos.~
Pd: Disculpen las faltas de ortografías, es bastante tarde y ya ni sé que estoy escribiendo (xD)
