Nunca había creído que su nombre sería la fina gota de sangre que recorrería en esta vida la yema de sus dedos. O simplemente el sentimiento de ser encontrado no seguía en su mente, ni siquiera cabía la idea de reemplazar el ardor de los momentos con dulces juguetes de infantes en una edad distinta a lo que los demás pensarían.
Pero la dura realidad traía cosas nuevas con otro significado, no llegaba al dolor de hacer cosas sin su consentimiento, ni mucho menos ser atado en lo oscuro de una habitación sellada por paredes de cemento fino cual rocas de castillo, al contrario, sus mimos crecían al paso del tiempo. Era cómo un pequeño bebé frágil que necesitaba de cuidados intensivos, incluso su cuerpo se lograba diferenciar con el de un niño de diez años de mayor altura en un mundo atrapado de colores pasteles de menores. Pero su fascinación por conocer cosas nuevas lo llevó hasta su destino: Estar al lado de Oh Sangwoo.
Es casi igual a un sentimiento de apego hacia alguien, una fraternidad distinta a las habituales que ven, incluso llega a sentir distinto, que su relación de padre e hijo adoptivo es especial e importante. Algunas veces podía estarse preguntando si sus compañeros de clases piensan de la misma forma, o es el único loco que se la pasa con dichas actitudes. Y, si fuera el caso, no tendría cierta tensión hacia la persona que vive a carne y hueso su salida de las tardes.
Asistía a una secundaría de Corea donde recibía la educación necesaria, era de su total agrado que, por fin, tendría los mejores pasatiempos en donde su cariño sería reflejado frente a los estudiantes. Bueno, eso si Yoon Bum dejara de parecer el silencioso que se dedica a quedarse tras la esquina, leyendo un libro del instituto acomodándose la típica bufanda en su clavícula.
Ocupaba el puesto del extremo, un joven callado que sus calificaciones no disminuían y puede ser catalogado el alumno excelencia. El cual, exigía que sus notas sigan en el mismo puesto de perfección. Cosa que para Yoon Bum se volvía tedioso, incluso cuando en la clase misma se concentraba en qué haría después de clases, mordisqueando un lápiz de punta fina recién sacado y moviendo sus dedos a la par del viento rozar sus bellas mejillas.
—¡Hey Yoon Bum! —voces femeninas se escucharon, alzando la mirada hacia la mujer pelinegra que lo llamaba—. ¿Porqué siempre traes ese jodido collarín? ¿Es que acaso eres un marica?
Burlas, en específico mujeres, se escuchaban en el instituto donde estudiaba. Y era claro que recibiría unos cuántos insultos acerca de sus especiales fetiches femeninos. Ninguno en la escuela contraía un apretado collarín de gato con su nombre, cómo si él, fuese un premio valioso a punto de ser subastado.
Parecía un cachorro, un pequeño animalito que traía siempre sus accesorios de la tienda de mascotas que le entregó su dueño. Bum pensaba que, a pesar de los apodos usando la definición de "marica" cómo insulto, le resultaba un detalle encantador cambiar los estereotipos de la sociedad.
—No…—sus cuerdas vocales se distorsionaron, aclamando los gallos el menor—. Me gusta… Simplemente, me gusta.
—Jodido gay—se carcajeó, pasando sus manos por su cabello—. Maldito maricón, todo el instituto saben que tu padre te mima mucho.
Las veces que ellas la provocaban se quedaba callado.
Pero esta, simplemente lo sacaba de quicio.
Siempre se atragantaba las palabras.
—¿Eso qué? —hizo un puchero, su calidez era nula—. Quiero decir…
—Cómo lo pensaba, te gusta los hombres.
No se detenían hasta que cumplieran su cometido.
—No.
—Te encantan comerte un buen pene.
—No, no me gusta.
—Ya admítelo, admite que te vuelve loco que te la metan.
—Tú no lo entiendes—le miró plasmando su oscuridad en ello.
—Sí a mí me gustaran los penes—prosiguió Bum tomando su mochila arreglándola—. Estoy seguro que yo me comería más de lo que te comes en un mes. Pedazo de perra.
Se largó sin más y cerró la puerta de un golpe donde retumbó el eco. Todos abucheaban a la mujer por cómo lo calló el pelinegro, provocando que esta, sin tener que decir algo lo cual defenderse, le diese la espalda siguiendo otro rumbo en específico—evitando la presencia de Bum claro—. Pero ahora estaba seguro que tendría a la audiencia del chisme a sus pies, o peor, una ola de burlas y conflictos en los estudiantes que solo querían comentar sobre lo maleducado que podía llegar a ser el débil de la clase.
Así se excusaba la sociedad de sus propios problemas, por lo menos era en el caso de Bum. Todos buscaban los pretextos más absurdos para insultarlo, desquitarse con un muchacho que casi toda su niñez vivió en un lío de problemas tras problemas. Y, tal vez, sin conocer muy a fondo la ahora vida del ingenuo estudiante, no reconocerían en mente lo que lo hace tan especial, el por qué piensa que todo lo rosa le queda bien, y cómo un individuo pueda caer a la patética idea de ser amado por una sola persona.
Se sentía un maldito objeto mimado, un niño de papi, una persona que lo catalogaban cómo marica. Un afeminado, un cualquiera, la burla de toda la escuela.
Apoyó las manos contra los bolsillos del pantalón, otorgándose el rechinar de las yemas de sus dedos un placer de ardor incontrolable, la excitación de su cuerpo ser cortado y manipulado a la vez.
Sí, el adolescente de 17 años le gustaba el dolor, podía decirse que era un masoquista consigo mismo. Sus marcas en pecho y espalda identificaron al menor ser víctima del masoquismo, el placer propio de ser golpeado sexualmente y disfrutar del dolor. Era una suerte que solo se burlaran de sus gustos femeninos y no de sus fetiches sexuales. Algunos ya especularon que Bum tenía secretos tras la mirada de su querido papi.
¿Cómo no? Sangwoo es un gran empresario de negocios, él había consentido demasiado a su pequeño Bum hasta la actualidad. Varias imágenes y palabras que se le han soltado al menor han llegado a perjudicar el trabajo de Oh Sangwoo. Por esas razones, ser la burla del salón se convirtió en su especialidad.
De seguro otra vez tomaría lugar a las noticias. «Yoon Bum, hijo del hombre de negocios insulta a sus compañeras de clases, algunos piensan que tenga otras preferencias sexuales» vaya porquería. Esta mierda le calaba el cuello.
Sacó el celular del bolsillo eligiendo el contacto de su querido padre. Esperó en la salida ser atendido mientras las frías gotas de lluvia cursaban su oscuro cabello. Bum no tenía la paciencia suficiente como para seguir así que, cuando se rindió, su fina y ronca voz le sacó del trance, sonriendo por instinto.
—Daddy…
Los alumnos salían y entraban, nadie se dio cuenta de la actitud extrovertida de Bum al cambiar de tristeza a felicidad. Solo él, su querido Sangwoo, quien tras la llamada hizo sonar los dedos contra la piel, provocando que se le erizara su tez.
—Bum… Daddy tendrá una junta muy importante, márcale en otro momento.
El joven hizo un leve puchero frotando los nudillos contra la yugular, rascándose la nuca instantáneamente haciendo notar su inmadurez.
Sangwoo suspiró, acomodando algunos papeleos sin interés posicionando el teléfono sobre el hombro.
—Hace frío, papi… ¿Vas a dejar a tu hijo mojarse en medio de la lluvia? —su tono de voz se volvió aniñado, como si estuviera tratando con un menor de seis años.
—Deja ese tono, Bum, eres casi un mayor de edad—respondió Sangwoo indiferente—. Sabes cuidarte solo y ponerte en la esquina donde no llueva.
Sonrió socarrón al oírlo, ¿de verdad era tan realista? Soltó una leve risilla acompañada de un suspiro, de verdad estaba a los pies de su padrastro y no podía negarlo, le encantaba jugar con él.
—Sang… Eso es muy maleducado de tu parte, pensé que Daddy me ha enseñado otros valores.
—Por esa razón, espera, el tiempo pasa demasiado lento.
Bum se acarició los labios, mirando por instinto el reloj de la muñeca.
—Podría pasar esa pequeña parte del tiempo contigo—esbozó un socarrón gesto—. Y, aun así, prefieres seguir trabajando cuando podrías…
—Bum—furioso, apretó el celular asustando al menor—. Si no quieres que Daddy te castigue, guarda silencio.
Selló los labios en pocos instantes al frotarse el trasero contra el tubo metálico de la parada, vaya que quería las manos de su Daddy azotándolo sin piedad, acariciando sus glúteos y volverlos a golpear con la palma de la mano hasta dejarlo rojo. Por ya ciertas razones, a Bum le gustaba molestarlo hasta llorar del dolor y pedirle perdón, no era una sorpresa para Oh Sangwoo tener que aguantar su actitud inmadura.
—Pero quiero que Daddy me recoja—susurró mordiéndose el labio—. Y luego Daddy se encargue de follar a su kitten de camino a casa…
Corría una gran suerte de que Bum no haya sido escuchado y Sangwoo estuviera solo sin que ningún empleado estuviera presenciando aquella incómoda escena.
El mayor de ambos tuvo que tragar en seco jugando con la mano libre. Aplastó la palma en la presión de su miembro detrás del escritorio y suspiró con pesadez. Su hijo se dio cuenta a la diminuta bocanada de aire salir de sus labios, sonriendo satisfecho de causarle una erección que luego se encargaría de sanar.
—El auto se estacionará irá por ti, hablamos en casa—colgó de inmediato dejando a su pequeño con las ganas.
Su mirada se transformó en desilusión. El plan de que Sangwoo lo follara de camino a casa fue un desperdicio, ahora debía aferrarse las consecuencias de quedarse ahí como un pobre estudiante debatiéndose en esperar o hacer algo al respecto.
«Joder Daddy, no me hagas esto» pensó Yoon haciendo risos sobre el pelo, al mismo tiempo que sus dedos trataban de deshacerse del collarín rosado.
Bum, sin creer en el aprieto donde se encontró, había decidido caminar unas cuantas cuadras. Fue una gran idea, a decir verdad. Le bastó admirar desde su perspectiva las hermosas maravillas que Corea le traía para aprender a valorar su entorno. Y no solo eso, sino que también pensó acerca de los problemas, situaciones e incluso sueños de los cuales se habían perdido en su infancia.
Para lo asustadizo que era Bum hasta la actualidad, el miedo de ser amado lo carcomía todos los días. A los años aprendió las reglas que Sangwoo le otorgó, y solo una le bastó en romper desde los diez años de edad, un tiempo demasiado temprano como para descubrir la verdadera oportunidad del amor. ¿Podrían todos creer que el joven hijastro sentía algo? Escuchó rumores acerca de aquello, algunos le desagradaron que pensaran acerca de la relación rota con la joven asiática, amiga suya desde la infancia, que a culpa de esto tuvieron un amorío, una completa falsedad después desmentida.
La extrañaba más que su propia vida, Sangwoo le restringía tantas cosas que no se compraban al amor en sí. Una relación tóxica entre el pobre Yoon y el violento pederasta era su destino, y ahora, se sentía bien al ahuyentar a las personas que solían ser amigos suyos y le apuñalaron la espalda.
El juguete de Daddy lo entendió, no necesitaba a pobres almas que buscaban hacerle daño cuando tenía a su ardiente padrastro. Ni siquiera él parecía estar enfermo, la mayoría de las noticias señalaron que las anteriores parejas de Bum lo buscaban solo para acercarse a su padre, y así, tal vez darse una buena follada y culpar a la familia de enfermos.
Claro, si tan solo el mundo no tuviera una tétrica verdad consumida en pecado. El menor y casi todo el mundo cometían uno, ¿y lo suyo? Simplemente estar enamorado de su daddy, cuando eso ya le había recalcado que el sentir algo es marcar la próxima salida del paraíso rumbo al averno.
Yoon se guardó las palabras para pensar las incomodidades. Apenas se dio cuenta que una cálida sensación recorría la parte de su entrepierna y traspasaba contra su espalda. Su daddy se había encargado de hacerle la vida imposible y placentera a Bum.
—No ahora…—pedía en leves susurros aferrando las manos a la camiseta tras el uniforme—. Solo faltan unas calles más…
Las piernas le temblaron, descendieron y tiritaron en la fría lluvia. Una fuerte melancolía invadió su garganta cuando la pelvis tembló a causa del tiempo. ¿La razón? Sangwoo colocó un pequeño juguete de princesa dentro de Bum, capaz de vibrar con un simple botón provocando suaves jadeos por parte del menor. El cual, deambulaba sobre el callejón tratando de volver a casa, mirando cada dirección al mismo tiempo que sus piernas perdían movilidad inclusive cuando detuvo las vibraciones. Era una completa pesadilla para ser honesto, pero todo fue a causa de él, su culpa, su inmadurez y el no pensar en las palabras lo llevó a toda clase de problemas, y próximamente un reclamo por parte de su Daddy, Sangwoo.
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El tiempo se le había ido de las manos, llegó a casa sano y salvo con algunas raspaduras en los nudillos por tropezarse al aguantar las gloriosas sensaciones que le brindaba su Daddy tras el botón. Maldijo por sus adentros de que decidiera experimentar con tecnología, aunque ahora solo le tocaba deshacerse de ese estorboso aparato.
Recibiendo la ayuda de sus asesores, ellos no especularon palabra alguna del rostro carmín de Bum, él mismo se excusó diciendo que tenía un poco de fiebre. Vaya excusa se montó en pleno invierno, ¿es que acaso no querían preguntarle? Tal vez no querían problemas con el jefe del hogar, y por esa razón, el ingenuo Bum llegó sano y salvo hasta la parte de abajo parecida a un sótano, cerrando las escaleras tras de sí empezando a quitarse el torpe uniforme.
La corbata, el chaleco, los zapatos e incluso el pantalón se esparcieron en los mosaicos blancos, dejando así a un afeminado chico que se bajó las bragas rosadas observando su pene emanando líquido pre seminal por el juguete sexual. De inmediato se quitó aquella molestia, tirándola al suelo volviendo a subírsela suspirando aliviado.
«Me castigará» reflexionó, acostando su delgado cuerpo a las sábanas de tonos pasteles poniendo al descubierto solo su fino culo. «Daddy me dará una lección.»
Mientras pensaba que hacer, la cortina centelleó la luz en sus muslos alarmándose de inmediato. Se levantó de donde estaba, ¡había sido descubierto! El menor se arropó con la cobija mirando el hombre que bajaba por las escaleras. Tenía un fornido cuerpo envidiable, cabello rubio teñido con la parte de la cresta oscura. La piel de tez canela, y unas peculiares ojeras que se aproximaban a sus ojos, chocando contra la mirada de miedo del torpe Bum.
—Uhm—murmuró hincándose a tomar el anillo del martillo entre sus grandes manos—. ¿Porqué lo quitaste sin mi permiso, Bum?
Sangwoo estaba delante suyo, inexpresivo y sereno como si no se diera cuenta de que su kitten se encuentra a su merced. No obstante, en las molestias de Sangwoo existía un Bum asustadizo tratando de cubrir sus problemas. Se tuvo que hundir temeroso en las telas mirando de reojo al enojado hombre de negocios.
—No sé de qué me hablas—rechistó negando de inmediato.
Sangwoo se limitó a reír.
—Pff…Eres malo mintiendo, kitten—Sangwoo se dio cuenta de inmediato, inclusive tomó las ropas de Bum estropeadas, hechas un montón de prendas mojadas.
—Puedo explicarlo…
—Tuve que salir de la reunión en último momento—interrumpió Sangwoo, si el oído de Bum no le fallaba, el mayor se estaba desabrochando el cinturón—. No hay nada que explicar, el chofer me lo dijo todo.
—Discúlpame, Daddy. Es que hacía mucho frío...—mintió.
—Bum, no sigas haciendo un reproche.
Un tintineo hizo echarle un vistazo de reojo desde donde está. Él, acostado con las piernas cerradas moviéndolas de un lado a otro y su padrastro quitándose el broche del cinto haciéndolo sonar en sus manos. Bum soltó un leve grito de miedo mirando hacia el techo, entrando en razón que ya no tenía salida alguna.
Con cautela, se puso de cuclillas desde la cama, intercalando la afelpada cubierta en la parte de sus bragas de franjas claras. Tragó en seco al quedarse estético ante lo que sus orbes presenciaban. El hombre se había quitado la camisa, para después quitarse los pantalones quedando en simples bóxer.
—¿Daddy me va a castigar? —preguntó con un toque inocente, poniéndose en posición colocando sus glúteos delante de su padrastro.
—Sí, mi kitten, esto es un castigo—apretó el cinturón, estirándolo y golpeándolo a la palma.
Sangwoo miró el hermoso trasero de Bum, blanca, lisa y perfecta. Odiaba dañarlo, era un tesoro que apreciaba demasiado. Sin embargo, debía ser rudo si quería controlar a su hijastro y sus acciones en irse de esa manera. El dinero jamás estaba para tirarse como la manera que lo hizo el menor.
Encajó las uñas en los glúteos de Bum, este soltó un jadeo de inmediato, tomándose de su cama haciendo una seña de estar preparado para afrontar lo que le venía. Sangwoo soltó un gruñido azotando el cinturón a su trasero, disfrutando de los gritos ahogados de su pequeño.
–Uno… dos…—contó una y otra vez, su trasero se tornó rojizo—. Tres… Cuatro…
—D… Daddy…
—Silencio, kitten.
Ambos disfrutaron del dolor, Sangwoo se deleitaba y Bum disfrutaba, una auténtica muestra de una incestuosa relación de padre e hijo, ya sea o no de sangre. A Bum le tocaba vivir ese placentero suplicio del daddy kink por parte de Sang, y eso le daba tanto amor, cariño y calidez, desde el pensamiento más tóxico que pueda llegar a tener.
Sangwoo no se detuvo de contar hasta el número veinte. La tez de Yoon Bum se marchitó lentamente cambiando a un violeta de lo brusco que fue. Sangwoo no tomó interés, puesto que ya iba en el número quince y nunca se detuvo. El hijastro de este aprendió a controlar y acatar órdenes, por lo que no le fue difícil sentirse el juguete preferido de Sangwoo, su esclavo sexual.
Las emociones se le mezclaron con el sufrimiento, no supo que decir o pensar. Fue afortunado de no ser escuchado por nadie que se encuentre arriba cuando Sangwoo estimuló su intimidad tras las bragas, frotando con un dedo el contorno caliente de la erección de Bum sin dejar de golpearlo, claro, hasta llegar al número esperado.
—Veinte—concluyó escuchando un último grito de su pequeño, que había sido callado al levantar su mentón, inclinándose a dejar un apasionado beso—. Mhj Kitten…
—Ah… Daddy...
Bum carraspeó correspondiendo de inmediato. Se hundió en un incomodado beso que se solucionó cuando Sangwoo lo cambió de posición, acorralándolo en la cama sin dejarlo libre, como su presa, el pequeño cachorro apetitoso el cual se comería a mordiscos y mimos.
—Lo siento… Mi Little Boy—se disculpó de inmediato, sobando los muslos del pelinegro otorgando inquietantes besos—. Eres tan malo… No he querido lastimarte.
Bum sonrió discreto, para todos podían verse un tipo inexpresivo pero amigable, en el caso de Bum, un hombre de doble cara al igual que doble filo, tenía miedo de que los cambios repentinos de humor afecten en su relación de daddy y kitten.
Los músculos de Bum se relajaron. Estaba feliz, triste, decepcionado y alegre al mismo tiempo. ¿Eso se podía? Para él sí, eso lo demostró cuando las disculpas se hicieron más recurrentes cuando Sangwoo se arrepentía de sus actos, maltratarlo jamás iba a ser su pasatiempo, quería disfrutar de la cercanía con su pequeño y nada más.
—Fue mi culpa Daddy, tu bebé te hizo enojar—se echó la culpa a sí mismo. Rodeándole el cuello con sus manos.
El rubio sonrió malicioso, pasando los besos por los relieves de Bum reservando las caderas del menor en sus manos.
Soltó un suave gemido a causa de las sensaciones que experimentaba su pequeño estómago, se sintió como leves mariposas queriendo explotar en esa posición, pero jamás podían ser liberadas si Sangwoo seguía arriba suyo, tomando el delgado cuerpo del pelinegro aferrando las rodillas a la parte de las axilas, enredando su torso con la punta de los pies, justo como a daddy le gustaba tenerlo.
—Mhj…—gimió, sus pequeños pezones rosados estaban a la vista del hombre—. Bum necesita atención.
Ese modo tan mimado de decirlo lo encendió, no se pudo quitar la puta erección desde la oficina del trabajo. Crecía al verlo tan provocativo, pasivo y sediento de él, necesitaba consumir hasta la última gota de sudor.
—¿En serio? —cuestionó burlón—. Bien, daddy consentirá a su pequeño.
Así mismo, los labios de Sangwoo se posicionaron en las rosadas aureolas del menor. Recorrió los delicados pezones de Bum como dos pequeñas cerezas queriendo ser alimentadas, mordisqueándolo y lamiendo siguiendo un ritmo circular, dejando el rastro de saliva al pellizcar el contrario.
Su hijastro, arqueando la espalda, gimió su nombre rozando sus pequeñas bragas femeninas contra el bulto de Sangwoo. Estaba completamente duro, eso le excitaba demasiado y más cuando devoraba su delgado cuerpo de esa manera. Las palabras completas para describir lo que consumía a Bum son inexistentes.
—S…Sangwoo…—soltó sin pensarlo, las lamidas se detuvieron al sentir el succionar de su blanca piel.
—¿Cómo me dijiste? —gruñó Sangwoo.
Bum tragó en seco, demostrándole una aniñada sonrisa derritiendo su corazón.
—Daddy.
Prosiguiendo acariciándole, a la vez que tomaba sus debidas precauciones.
Un rastro trasparente se intercaló en la tensa tez de Bum, este no dejó de sollozar placentero, inclusive se movía tratando de acomodarse en la pequeña litera al tener la mitad de las piernas rodeándole a Sangwoo que tuvo que deshacerse del agarre. El rubio bajó dejando leves besos por su estómago, escuchando las risitas agudas de Bum cuando llegó a la pelvis encajando la mandíbula en el elástico de las bragas.
La profunda adicción de Sangwoo ha sido complacerlo. El daddy kink en aquella pareja le quedaba como la punta del dedo, ¿y qué había de problemas en ello? Claro, su amor incondicional podía derivar más allá del sexo, ambos corrían demasiado peligro y más al pertenecer a una prensa importante. Bum y Sangwoo siempre mantenían callados el tema de que ahora estaba a punto de ser atrapado y próximamente removido de la prenda interior. En este punto de la acción, ambos pudieron divisar el bulto de pocos centímetros resbalar líquido pre seminal. El mayor de ellos dos, llevándose por su sucio secreto, decidió mover con su dedo la entrepierna del pelinegro escuchando sus exhalaciones.
—D…Daddy—sonó tan lindo, Sangwoo se ponía duro como una roca—-. Te amo… No sabes cuanto…
—¿Señor Oh Sangwoo?
una voz tras las largas escaleras interrumpió el acto. Bum y Sang voltearon al escuchar varios golpeteos queriendo entrar, era el mayordomo del hogar que se encargaba de dar las noticias personales. Tenían la suerte de encajar la llave en el portón.
—¿Se encuentra ahí? —volvió a preguntar, queriendo pasar justo en pleno acto—. Necesito hablar con usted…
Su voz tan fría y modesta le hizo entender que se encontraban en pleno peligro de ser descubiertos.
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«Mierda, esto debe ser una puta broma.»
—En un momento, estoy ocupado—respondió serio y distante.
Ahogado de la vergüenza, Bum trató de no hacer el mayor ruido posible al caminar hasta Sangwoo de manera cautelosa y lenta. El rubio por su parte, parecía tratar de que no abrieran la puerta, apoyando las manos en el pomo al volver a tocarlo repetidas veces, exclamando su nombre recibiendo molestas excusas del mayor queriendo evadir el tema.
—Pero señor…—el ayudante interrumpió—. Es sobre su hijo, Bum.
Una extraña sensación recorrió la espalda de Yoon. Mierda, ¿ahora qué podía hacer? Sangwoo guardó silencio mirando fulminante a su hijastro, ese rostro tan alegre pasando a molestia casi no lo veía... El cual, tragó en seco gateando hasta mantenerse cerca suyo, musitando una leve disculpa tratando de arreglar sus problemas con simples acciones.
—¿Está usted con él? —cuestionó el mayordomo—. Su hijo ha causado una noticia en su día de colegio.
Puta madre, maldijo Bum, vaya que no tenía, pero si lo fuera se sentiría mal al decir tal palabrota en su mente. No le bastó con mojar su ropa, tener un castigo y mostrarse inmaduro. El peor problema del día era cuando se enterase de que insultó a una compañera con un toque de insinuación sexual por su orientación. De este modo, el más preocupado fue Bum, quien debía idear un plan para salvarse de la larga charla de sus responsabilidades como hijo de un millonario hombre.
—Hablaba con él sobre sus estudios, está dormido, ¿sucede algo? —mentía tan bien, sus palabras sonaban relajadas ante esas facciones de enojo.
Bum, aguantando sus desprecios, pasó las manos sobre Sangwoo con torpeza. ¿Qué planeaba ese audaz muchacho? Simple, correr peligro del regaño causando más, aunque sonara tonto podía ser una gran idea en su cabeza, puesto que esto le traería beneficios a ambos y sus juegos sucios.
—Según los informes del siguiente artículo para la revista, Yoon Bum ha causado controversia al… Burlarse de su amiga, usando palabras altisonantes, señor.
—¿Palabras…? ¿Habla de maldiciones? —cambió a una voz brusca rechinando los dientes.
—Sí, Oh Sangwoo. Ocurrió en la mañana.
Sangwoo se dio un golpe mental, ¿cuántas veces lo repetiría? ¡El respeto no le cabía en su mente! Lo había mimado tanto que Yoon susurró "Lo siento, Daddy" acariciando la erección contra el bóxer. Sí, ese duro miembro que necesitaba urgente atención.
—B…Bum- quise decir… ¿Me puede leer el artículo? —Bum estaba provocándolo.
—Uhm, claro. Pero sería mejor si me dejara pasar—repuso el contrario.
—¡No! Digo, así está bien—Sangwoo mordía su mano, ¿qué sucedía?
El menor sacó del bóxer el duro miembro de su padrastro. A primera vista era grande, duro y jugoso, como una deliciosa paleta de verano. El falo se contorneaba de finas venas que marcaban lo desesperado que estaba en ser comido por la pequeña boca de Bum. Quería atragantarse con tal maravilla, darle amor y mimos al igual que Sangwoo lo hacía con él cuando se encontraba triste.
Por consiguiente, la labor del pequeño kitten siempre fue consentir a Daddy a pesar de las circunstancias, ¿y por qué no hacerlo en un lugar en medio de ser descubiertos? Bum alzó la mirada con ese toque inocente, pasando de arriba hacia abajo sus movimientos sobre el miembro masculino.
Sangwoo ahogaba sus gemidos de manera inquietante, vaya que Bum lo ponía al mil, no solo su cuerpo lograba provocarle dichas erecciones, había más allá de eso, y eran sus acciones.
Aquellos torpes movimientos, su boca lamiendo la rosada punta y los sonidos lascivos escaparse eran una de las tantas maravillas que su niño solía entregarle. Se notaba lo sediento de leche que estaba.
—Señor, ¿sigue ahí? —lo sacó de sus pensamientos la nula voz del hombre que los interrumpía.
Sangwoo jaló del cabello a Bum.
—S…Sí, aquí estoy—contestó entrecortado—. Cuente, por favor.
Escuchó el celular encenderse mientras Bum jugaba con su miembro. Yoon ya había iniciado a lamer con lujuria y desesperación, provocando los incontrolables gimoteos de Sangwoo tratando de detenerlo, lo cual, le fue imposible por los excitantes movimientos y como su bulto se asomaba en las glotonas y tiernas mejillas del pelinegro, demostrando lo amateur que solía ser en el sexo oral.
—Como bien, sabe su hijo Bum es de buenas notas, pero su situación con la compañera de clase lo ha llevado a decir que… "Si fuera mujer, comería más… que tú", respectivamente, una palabra tan sucia que fue grabada antes de la salida oficial de clases.
Una mueca se asomó en su rostro, consternado por las palabrotas que ese ingenuo angelito había soltado fuera de su salón de juegos. Estaba siendo demasiado vulgar a la hora de defenderse que, a pesar del mal día de Bum, embistió su boca de forma brusca como una queja por no guardar bien los secretos. En este caso Bum trataba de respirar, pero se le fue imposible, aunque pegara su pelvis contra las manos intentando tomar una bocanada de aire, teniendo que atragantarse tal magnitud en su boca. Tremendo pedazo de carne se llevó de su propia saliva, aun se inclinaba y masturbaba su miembro dándole mordiscos accidentales.
—¡Oh j…joder! —soltó un quejido de dolor.
—Oh Sangwoo, ¿en verdad se encuentra bien? —el intrigado recepcionista, sintió la incómoda situación tras la puerta, sin tener la desafortunada oportunidad de descubrir a la pareja.
—¡Joder! ¡No puedo creer que mi hijo haya hecho eso! —mintió, colocando un tono dramático en sus propias palabras.
El sirviente tras el portón del sótano, no remedió palabra que tratara de incomodarlo, sabía lo brusco que podía llegar a ser Sangwoo si osara tomar las llaves y abrir sin permiso. Por esta razón, se dio media vuelta y se quedó en silencio, aunque ninguno de los dos lograra verlo.
—Uhm, le recomiendo hablar con su hijo sino quiere ser la nueva portada de una prensa amarillista—concluyó, partiendo a otro lado que no sea la entrada del sótano.
Salvados por la punta del pelo, y con el corazón latiendo fuertemente, Sangwoo siguió recibiendo una mamada por parte de su hijo. Minutos después llegó a su orgasmo dejando de follar los labios de su hijo separándolo de él. Al instante, Bum se hizo para atrás disfrutando de la esencia del rubio caer por su rostro, manchando las anchas y tiernas mejillas del joven.
—El semen de Daddy me gusta…
Aniñado, le sonrió al mayor quien lo levantó, tomando un pañuelo que guardaba en el bolsillo de la camiseta, empezando a limpiar rastro del líquido trasparente a la hora de correrse, mostrándose en total seriedad mientras sus ritmos cardiacos iban agitados.
—Bum, ¿cuántas veces te tengo que repetir sobre la moderación en tus palabras? Tienes compañeros los cuales siguen sus padres mi compañía, en la vida cotidiana las personas te conocen, ¿y así me pagas?
Bum bajó la mirada.
—Perdón…—se lamentó rascándose la nuca.
Sangwoo bufó, acercándose al rostro de su hijastro besando con sutileza sus labios, sumergiéndose en un néctar roto, lleno de dulces y caramelos dispersados en una sinfonía.
—Si no fuera porque te amo… Daddy jamás te hubiera adoptado…
