He regresado con un nuevo capítulo! En este vamos a ver muchas cosas, espero que les guste. Recuerden que los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi.

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CAPÍTULO II. CONVIVIENDO

La mañana comenzó a hacerse presente, Sesshomaru no necesitaba de una alarma o despertador para poder comenzar su día. Despertó olvidando por un momento lo que había pasado anoche, pero al abrir bien sus ojos y mirar su escritorio se dio cuenta que la caja de la pequeña joven estaba ahí todo volvió a su cabeza. Se levantó y se dirigió hacia ella, miro dentro de la cajita y vio a la apacible chica durmiendo, no la veía de alguna forma en particular.

Miró su reloj eran las 6:15 de la mañana, sus clases empezaban en una hora por lo cual se dirigió a su closet y saco su uniforme, se vistió, fue directo al espejo para ver que su apariencia fuera de lo más presentable, al estar conforme salió de su habitación. Comenzó a caminar por los pasillos de su escuela, hasta llegar a la salida, se dirigió a una tienda para poder comprar algo para desayunar, generalmente iba a una cafetería y desayunaba leyendo el periódico, pero en ese momento tenía que pensar en sus propios asuntos.

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La pequeña alada se despertó un poco confundida y a la vez aliviada de haber podido abrir sus ojos. Se incorporó en la caja, dio un pequeño bostezo cubriendo su boca con su mano, luego miró a su derecha viendo a un platinado que terminaba de guardar sus libros en su mochila.

-Buenos días- habló la joven después de haberse levantado por completo. El platinado apenas la miró y asintió con la cabeza, a la azabache no le sorprendió en lo más mínimo es respuesta. Comenzó a aletear y salió de su lugar, un olor llamó su atención, era dulce y delicioso. Miró el escritorio y vio un pequeño pedazo de un pan dulce y en una pequeña tapa para refresco un poco de leche de fresa, Kikyô se acercó, bajó al escritorio y tomo con sus manos un pedazo del pan, miró a Sesshomaru un poco sorprendida.

-No te lo comas si no quieres- dijo de manera fría Sesshomaru, tomó su mochila y se dirigió a la puerta para salir –tengo clases- sin más simplemente salió del dormitorio

-Gracias- dijo suavemente la pequeña, mirando el pan en sus manos. Le dio una pequeña mordida saboreando, degustando, después de tanto tiempo podía comer, oler, tocar y ver muchas cosas de las que sólo podía escuchar. A pesar de estar en un estado vegetativo aparente, Kikyô dentro de su prisión podía escuchar todo lo que pasaba en el mundo, sin embrago, no podía abrir sus ojos ni moverse hasta que alguien le ayudara.

El pequeño espíritu de Kikyô salió de la caja después de un rato, acercándose a la joven.

-Merodie, buenos días- miró al pequeño brillo con una mirada dulce, el espíritu comenzó a comunicarse por medio de sus movimientos con la joven –al parecer no es tan malo como parece- habló mientras veía su comida. De nuevo la pequeña luz comenzó a moverse, -sí, es buena idea que lo sigas. Necesito saber más de cómo es, mientras yo investigaré aquí, aún no soy tan buena manejando mis alas, así que no es prudente que salga a investigar-

Dicho aquello, Merodie salió del dormitorio por la ventana. Kikyô, siguió disfrutando un momento más de su desayuno, al terminar quiso entrar al baño para lavarse las manos, pero la puerta estaba cerrada, sentía sus dedos pegajosos por el azúcar que tenía el pan. Suspiró, esa sensación no le agradaba. –Cuando vuelva tendré que pedirle que compre unos cubiertos para que yo pueda comer sin ensuciarme- miró de nuevo sus manos, necesitaba agua o un trapo para quitarse el azúcar. Vio una botella de agua, estaba un poco más vacía de la mitad, fue directo a ella, destapó la botella, buscó algo en donde poder echar el agua sin mojar el lugar, encontró un platito de plástico, lo colocó en el suelo a un lado de la mesa de noche. Kikyô comenzó a empujar despacio la botella para poder inclinarla, el peso de la botella era mayor al que ella pensaba, el agua comenzó a salir, la joven intentó dejar la botella como estaba, pero el peso no lo soportaba, aleteó la más fuerte que pudo y finalmente dejó la botella como estaba.

-Deseo recuperar lo más pronto posible mi cuerpo- dijo agotada mientras se lavaba sus manos y veía su reflejo en el agua, se levantó y volvió a volar, miró el plato unos segundos –si trato de tirar el agua lo más posible es que me gane el peso. Tendré que esperar a Sesshomaru- dijo resignada.

Comenzó a investigar cómo había dicho, le costaba mucho trabajo tomar algún libro o abrir algún cajón, sin duda alguno aquello le llevaría toda la mañana y quizás parte de la tarde.

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El platinado estaba tomando notas de la clase, estaba concentrado, no le preocupaba en lo más mínimo lo que estuviera haciendo aquella criatura, sin embargo, ¿qué iba a hacer con ella? No tenía deseos de cambiar su estilo vida en ningún sentido y ella parecía querer cambiar muchas cosas de él, eso sería una molestia.

Finalmente la clase terminó, y tal cual entró al salón se fue, sin despedirse de nadie, ignorando a cualquiera que tratase de hablarle. Caminaba por los pasillos cuando uno de los profesores lo detuvo.

-Espera Sesshomaru- el platinado se detuvo y miró a su profesor. –Estábamos revisando los créditos de tu grupo y eres el único que no tiene ninguno- dijo un poco serio -¿Por qué no te has apuntado a algún club?-

-No es de mi interés- respondió indiferente el platinado

-Escucha, tienes las mejores calificaciones, pero recuerda que esta escuela te pide créditos para poder salir, si no tienes ninguno podría ser un atraso para tu salida-

-Está bien, pensaré en cómo resolverlo-, el ambarino dio la vuelta y camino por el pasillo. "Unirme a un club…" sonrió de manera despectiva "Ningún club está a mi nivel, ninguno tiene las características apropiadas para que sea su integrante"

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La pequeña estaba acostada en la cama de Sesshomaru, la cual le parecía enorme, estaba agotada y para su mala suerte no había encontrado nada interesante sobre Sesshomaru, no había fotos de familiares, amigos o siquiera compañeros. "No tiene personas cercanas", jamás había conocido a alguien que no tuviera conexión con absolutamente nadie, era una persona totalmente solitaria. En ese momento, Merodie entró por la ventana.

-Merodie, ¿descubriste algo?- el pequeño destello parecía responderle –ya veo, ningún dato que nos ayude a avanzar- dijo un poco cabizbaja –yo tampoco encontré nada de utilidad, es la persona más solitaria que haya conocido- decía con cierto tono de tristeza.

El ruido de la cerradura de la puerta abriéndose llamó su atención de inmediato la pequeña luz entró a la caja escondiéndose del platinado, la azabache sonrió divertida, tal parecía que Merodie se sentía intimidada por el ambarino.

La puerta se abrió y entró el platinado, la joven se incorporó en la cama, Sesshomaru apenas la miró.

-Bienvenido- dijo por educación a lo que el platinado no contestó nada, ni siquiera volteó a verla. "¿Tan difícil es para el dar una respuesta?" le molestaba un poco esa manera tan descortés de llegar del ambarino. Sesshomaru se acercó a la cama y fue cuando vio el plato lleno de agua, la miro interrogante. –Lo use para lavar mis manos, el pan dejó azúcar en ellas y estaban pegajosas-

No dijo nada, sólo se inclinó para recoger el plato, se dirigió al baño para tirar el agua. La pequeña lo seguía volando, tratando de no estorbarle, se miró en el espejo del baño, se miraba con tristeza, se acercó a él y posó su mano en su reflejo, "volveré a ser humana". Miró el reflejo de Sesshomaru, quién la miraba extrañado, no sabía en lo que estaba pensando aquella azabache.

-Ya voy a cerrar- dijo casi apagando la luz del baño, la azabache se elevó y salió del baño

-Espera-. Antes de que Sesshomaru cerrara bien la puerta ella lo detuvo. –Esta mañana no pude entrar a lavar mis manos, por lo que te pido que no cierres por completo la puerta- dijo un poco avergonzada, el platinado notó cierto sonrojo en las mejillas de la pequeña, no dijo nada, sólo dejó emparejada la puerta. –Gracias- susurró la pequeña.

Sesshomaru se dirigió a su mochila y sacó sus libros, junto con un emparedado, partió un poco para darle a la alada, y sacó otra pequeña tapa para ponerle un poco de jugo de manzana. Kikyô lo miraba con algo de sorpresa, "No lo entiendo. Me trata con frialdad, pero después hace cosas como esta… ¿será simple cortesía?". El platinado abrió su libro y continuó con sus estudios, la pequeña azabache fue hacia donde estaba la comida que le había preparado el platinado, se sentó y comenzó a comer. A su paladar le pareció simplemente delicioso, Sesshomaru apenas le dio un vistazo a la pequeña, le parecía tonto la forma en que disfrutaba un simple emparedado.

Kikyô al terminar se acercó al libro del joven curiosa, era bueno que el joven adquiriera conocimientos, pero le preocupaba el hecho de lo solitario que era, no sólo por lo difícil que sería para ella el volver a ser humana, sino por él también, no era del todo una mala persona, sólo que parecía estar tan consentido que se sentía superior a cualquiera, si seguía así tendría una vida miserable.

-¿Cómo estuvo tu día?- preguntó viendo el rostro del joven. Sesshomaru la miró extrañado

-Como cualquier otro día, aburrido- respondió con indiferencia

-¿No prefieres salir con tus amigos a quedarte aquí encerrado?-

-Ninguna persona merece estar cerca de mí- respondió altanero

-Ya veo- su tono de voz parecía entristecido. Sesshomaru notó ese tonó y le sorprendió un poco que reaccionara de esa manera, generalmente al contestar eso las personas le respondían de manera fría y sarcástica, pero esta joven parecía entristecerse. –Ahora que recuerdo, quería pedirte un favor- Sesshomaru no la miró ni detuvo su lectura –necesito que compres algunos cubiertos, platos y vasos para mí, es muy difícil comer de esta manera-

-Yo creo que es más que suficiente con lo que hago- dijo algo molesto ante el pedido de la pequeña –te dejo quedarte en mi dormitorio e incluso te alimento y encima me pides que te de comodidades tan ridículas como esas-

-¿Me alimentas?- aquellos molestó a la azabache –Soy una persona, no soy una mascota- respondió molesta –Veo que te molesta ayudarme con mi problema, así que no tienes necesidad de traerme comida, yo iré a buscar mi propia comida- la joven se levantó y emprendió el vuelo a su caja

-¿Tú vas a buscar tu comida?- preguntó divertido –bueno me quitas un problema de encima, espero que no mueras de hambre y si lo haces, recuerda que no es mi responsabilidad- la miró con una sonrisa, la azabache lo miró molesta, no dijo nada, sólo orgullosa entró a su caja y la cerró.

Sesshomaru sonreía, aquella pequeña le divertía sus ocurrencias, en algún momento ella se disculparía por su conducta y le pediría comida, eso le haría comprender a la chica que ella lo necesitaba, no él a ella.

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La tarde era muy fría, Sesshomaru caminaba por las calles abrigado por una gabardina de color avena. Generalmente los fines de semana se quedaba leyendo en su dormitorio, pero se sentía extraño, por lo que decidió salir a caminar un poco.

Se detuvo en un aparador de muñecas de porcelana, una de las muñecas captó su atención, tenía el pelo largo, su piel era blanca y tenía alas, esa muñeca le recordaba un poco a la pequeña alada, la cual apenas llegó a ver la noche anterior.

Ya habían pasado cuatro días desde que ella le dijo que iba a conseguir por ella misma su comida, durante tres días no supo nada de ella, ya que cuando despertaba ella no habría su caja, cuando llegaba de sus clases ella no se encontraba en el dormitorio y cuando la hora de dormir llegaba ella aún no regresaba, por un momento llegó a pensar que nunca regresaba realmente al dormitorio, pero la noche anterior ella regreso al atardecer, no le dirigió la palabra al platinado pero se le notaba un poco cabizbaja, y así sin más se encerró de nuevo en su pequeña caja.

Se preguntaba a dónde había estado yendo y por qué siempre llegaba pasadas las 10 de la noche, un gesto de molestia apareció en su rostro, eso a él qué le importaba, no tenía por qué darle tanta importancia a una criatura tan insignificante y arrogante como era ella, "yo no necesito de nadie", pensaba el ambarino.

Sin darse cuenta entró a la tienda, comenzó a caminar hasta llegar a un estante donde había platitos y tazas para muñecas, vio un pequeño set de té de porcelana, las tazas medían menos de 3cm era blanco y con un gradado de rosas, los platos tenían el mismo diseño.

-¿Puedo ayudarle señor?- preguntó una señora un poco mayor, quién lo miraba de manera extraña, el platinado se sintió incómodo ante la mirada de la señora

-No, sólo venía a comprar un regalo para mi prima- dijo de manera fría

-Ah, ya veo- dijo la señora cambiando su mirada –Ese juego de té es muy bonito, estoy segura que a su prima le encantará jugar con él-

-Supongo que sí- dijo sin cambiar su mirada fría, comenzó a caminar con el juego en sus manos, se detuvo un momento al ver un juego de té más grande, era simplemente elegante y hermoso, tenía todos los cubiertos al igual al que llevaba en las manos sólo que las tazas de estos medían 10cm. Sólo lo miró por unos segundos más y caminó.

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La noche llegó rápidamente, Kikyô se encontraba volando devuelta al dormitorio de Sesshomaru, se le notaba cabizbaja. Finalmente llegó, el platinado estaba como siempre estudiando, a la azabache no le sorprendió verlo así, era fin de semana pero era obvio que él no tenía mejores cosas que hacer que estudiar.

Se dirigía a su caja cuando de pronto le llamó la atención un juego de té a penas justo para ella, se sorprendió al ver todo listo para que ella comiera, en un plato estaba un pequeño pastel (realmente era un pedacito de pastel pero bien colocado para que pareciera un pastel) y en las taza un poco de té negro.

Miró al platinado que apenas le dio un vistazo a la chica y regresó su mirada a su libro. La joven sonrió, se sentó tomó un cubierto y comenzó a degustar el pastel, luego dio un sorbo al té, que delicia. Después de unos minutos, terminó todo, levantó el vuelo y se puso sobre el libro, distrayendo al platinado de su lectura, él sólo se limitó a verla, sus ojos se llenaron de sorpresa al ver una sonrisa en el rostro de la pequeña.

-Muchas gracias- dijo sinceramente la azabache

-No hice nada especial. Así que no lo agradezcas- el platinado desvió su mirada, aquella sonrisa lo incómodo por un momento

La azabache emprendió el vuelo a su caja, entró en ella, miró al platinado seguía mirando a otro sitio, se sentía muy agradecida con él por ese gesto.

-Buenas noches- dijo la azabache antes de entrar a su caja, no espero respuesta del ambarino, puesto que nunca le contestaba, sin embargo, esta vez el joven susurró un descansa inaudible por la azabache.

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La mañana llegó, Sesshomaru había salido temprano para ir por el desayuno que ambos y van a tomar. No tardó demasiado, preparó todo y simplemente espero a que la pequeña alada despertara, lo cual no tardo, de nuevo la chica tenía una sonrisa al ver aquella actitud en el platinado.

Al terminar, ambos ordenaron el dormitorio, cuando terminaron la azabache no sabía qué hacer, ella tenía que salir, pero no sabía si tenía que avisarle al joven o simplemente salir. Lo pensó unos minutos, lo que notó el platinado.

-¿Qué pasa?- preguntó con el mismo tono frío

-No es nada- respondió Kikyô -simplemente voy a salir-

-Está bien- dijo sin darle mucha importancia

La joven al escuchar y ver el desinterés del joven simplemente salió. El platinado tenía mucha curiosidad, si ya comía en el dormitorio entonces, ¿a dónde iba la pequeña alada? Decidió seguirla, tratando de que no se diera cuenta y así lo hizo, la azabache fue hasta un hospital, "¿qué está haciendo en este lugar?", se preguntó inmediatamente el ambarino. Entró en él y escuchó a un pequeño niño hablando con alguien y se sorprendió al ver que hablaba con la pequeña alada. Se acercó un poco más, pero intentó permanecer aún escondido.

-Ya veo- escuchó la voz de su compañera –Así que los doctores te dijeron eso- su voz parecía dolorosa

-Sí- dijo el pequeño cabizbajo –Supongo que este sería el adiós- dijo con algunas lágrimas en los ojos, Kikyô se acercó al niño y le abrazó

-No importa qué siempre nos tendremos el uno al otro- le dijo para que estuviera tranquilo

-Takahashi- una enfermera llamó al pequeño sin darse cuenta de la presencia de la pequeña

-Me están hablando- dijo soltando del abrazo a la azabache – Gracias por todo hadita- se fue corriendo con la enfermera. Los ojos de Kikyô estaban cristalinos, en ese momento el platinado se acercó

-¡Sesshomaru!- exclamó sorprendida -¿qué haces aquí?-

-Eso no importa- su misma respuesta fría -¿tú que hacías?-

-Vine a despedirme- dijo viendo hacia la dirección donde el pequeño entró de nuevo al edificio

-¿Quién es ese niño?-

-Su nombre es Takahashi, es un niño muy enfermo- sus ojos se notaban entristecidos. –Al día siguiente de nuestra discusión lo conocí- comenzó a relatar Kikyô –estaba en su habitación, se le veía triste, carente de vida. Sin siquiera detenerme a pensarlo fui con él, me habló de su enfermedad, se puede curar pero la operación es muy arriesgada. Sus padres decidieron aceptar la operación, pero él tenía mucho miedo, por lo que me quedaba con él para calmarlo un poco- hizo una pausa –hoy es el día de la operación a las 7 de la noche, sin embargo, tal parece que no hay muchas esperanzas- agachó la mirada

-Pero aún está la posibilidad- dijo intentando de subirle el ánimo, sin entender el por qué lo hacía

-Regresemos- dijo la azabache ignorando la frase de Sesshomaru

Durante el camino ninguno de los dos dijo palabra, al llegar la azabache simplemente entró a su caja sin decir nada, al platinado en cierto modo le creó una sensación desagradable, pero no la detuvo ni dijo nada, simplemente abrió un libro y se puso a leer.

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Al siguiente día la pequeña no salió por ningún motivo de la caja, Sesshomaru no la molestó, en cierto modo entendía que ella necesitaba estar sola y asimilar todo lo que pase.

Él simplemente se dirigió al hospital, quizás las cosas habían salido bien y eso le subiría el ánimo de nuevo a la joven. Al llegar las noticias no fueron buenas, el pequeño no había resistido la operación, sintió un hueco en el estómago, tendría que darle esa noticia a la joven, antes de que saliera del hospital una de las enfermeras le entregó a Sesshomaru una carta.

-¿Por qué me la da a mí?- pregunto sin entender

-Takahashi dijo que su hada le hablaba de un hombre de cabellera plateada y mirada fría, que seguramente vendría en lugar del hada y nos pidió antes de entrar al quirófano que si venía se la diéramos para que se la leyera a su hada-

-Ya veo-. Sesshomaru partió a su dormitorio.

Al llegar, lo primero que hizo fue ver si la azabache había salido a comer lo que le había dejado, pero simplemente todo seguía igual. Se sentó en su cama algo fatigado.

-Kikyô- habló fuerte para que lo escuchara –traigo noticias de Takahashi- hizo una breve pausa –el niño no resistió la operación-

Dentro de la caja la azabache abrió sus ojos de par en par, ya lo sabía, pero escucharlo de alguien más, confirmando lo que quería negar la lastimaba, trató de no soltar ninguna lágrima, no quería llorar, no era justo llorar, sabía que Takahashi no lo querría así.

-Te escribió una carta- continuó el ambarino al no ver reacción alguna

Querida hada, supongo que has de estar muy triste por mi partida

pero en este momento que voy a entrar al quirófano quiero escribirte para

que no vayas a sufrir por mi partida. Me diste la fuerza necesaria para continuar con

los pocos días que me quedaban y los disfrute mucho a tu lado. No te derrumbes por

mi culpa, si lo haces no podrás ayudar a la persona que debes ayudar

y no podrás regresar a tu forma humana. Y no te preocupes, yo estaré

ahí para darte la fuerza para seguir.

Gracias por todo. Takahashi.

Las lágrimas comenzaron a salir de los ojos avellana de la chica, recordaba los momentos con el niño, quizás no fueron muchos días los que estuvieron juntos, pero las horas de juego y pláticas los volvieron muy cercanos en tan poco tiempo. Una sonrisa se asomó por su boca al recordar lo que había dicho sobre Sesshomaru, "Ese hombre está muy consentido. Tienes que ser muy firme hada, sino no va a cambiar". Hasta un niño tan pequeño como Takahashi se daba cuenta de eso.

Ese día no salió de su caja, a pesar de que la carta la había hecho sentir mejor, seguía sin ánimos de nada y menos de ver la mirada fría de Sesshomaru, necesitaba sentirse confortable y sólo con Merodie podría pasar. Por parte de Sesshomaru salió todo el día, necesitaba estar lejos del aura de tristeza que provenía de la caja de la alada.

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Después de ese día, ambos comían juntos sin decir palabra, Kikyô leía un libro mientras el platinado estudiaba. De vez en cuando lo miraba con algo de molestia, seguía sin saber nada del joven, tenía que saber que tan difícil sería conseguir el siguiente fragmento. Lo había estado siguiendo y sin duda nunca se relacionaba con nadie, tenía que acompañarlo, porque seguirlo requería de estar a una distancia muy grande, pero si le acompañaba sabría exactamente que hacer porque vería las cosas de cerca.

-Mañana quiero acompañarte a clases- dijo de golpe la chica. A lo que el platinado la miró clavándole su fría mirada

-No hay manera de que eso pase- seguía mirándola fijamente

-No sé nada de ti. Necesito ver de cerca cómo te relacionas con los demás-

-No necesito relacionarme con nadie. Esto debe contestar tu duda- respondió levantándose de su silla dirigiéndose a su cama para acostarse. –No vas a ir y es lo último que voy a decir esta noche- se acostó en su cama tapándose con sus cobijas

Kikyô miró al platinado molesta, pero no se daría por vencida, apagó la luz como siempre. Al ver la mochila de Sesshomaru sonrió, tenía un plan.

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Al día siguiente, Sesshomaru se levantó, hizo lo que cada mañana hace, incluso dejarle el desayuno a la pequeña alada, pero vio que no salía a desayunar, supuso que estaba molesta por no dejarle acompañarlo, pero a él le daba igual que hiciera todo el berrinche que quisiera, no la llevaría.

Salió del dormitorio y fue a su salón de clases, cuando llego todos estaban hablando entre ellos, el simplemente atravesó el salón hasta llegar a su asiento, dejó su mochila sobre su pupitre y abrió la mochila, llevándose la sorpresa de ver a la azabache sentada sobre su porta lápices.

-¡¿Qué demonios?!- gritó de tal manera que varios estudiantes lo miraron –Maldita sea, olvide mi pluma- trató de corregir la situación, al escucharlo sus compañeros simplemente regresaron a sus pláticas. Acercándose a la mochila, casi metiendo su rostro en ella comenzó a reclamarle a la azabache. -¡¿Qué rayos haces metida aquí?!-

-Te dije que quería acompañarte- dijo con su rostro sereno

-Agradece que está por comenzar la clase, sino saldría ahora del salón para aplastarte-. Sacó su libro y estuche, casi empujando a la pequeña.

La hora del almuerzo llegó, Sesshomaru salió con su mochila y fue a la azotea de la escuela, afortunadamente nadie estaba ahí, por lo que abrió su mochila y la joven aprovechó para salir y respirar aire fresco.

-Que aburrido es tu día- dijo para fastidiarlo

-Te dije no había razón para que vinieras- dijo aún molesto

La azabache le miraba, el joven vestía su uniforme y sus brazos estaban cruzados, quizás está vez lo había molestado demasiado, pero era necesario hacer eso para saber más de él, aunque lo único que descubrió es que es tan descortés en la escuela como lo es en el dormitorio. Su atención se desvió del platinado cuando escuchó a varios jóvenes gritando, fue al borde de la azotea que estaba enrejado para que nadie fuera a caer. Al mirar vio a varios jóvenes jugando futbol, parecían divertirse.

-Eso parece divertido- dijo sin dejar de mirar a los jóvenes, Sesshomaru se acercó para ver a lo que se refería – ¿no te gustaría participar?- preguntó mirándolo

-¿Convivir con esos perdedores?- preguntó con desagrado -No gracias- se giró dándole la espalda a la escena.

La joven suspiro con fastidio, ¿en serio este sujeto la volvería humana?, esperaba que no le llevara mucho tiempo, pero ya llevaba casi un mes a su lado y no había visto ningún cambio significativo.

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Bueno aquí el final del capítulo. Gracias por agregarlo a sus favoritos. Dejen reviews si quieren que lo continúe.

Agradecimiento especial a wenleon12 por su review.