—¿¡Qué!? —exclamó Stefan.

—Elena, ¿¡qué haces!? Después de todo este tiempo...

—Klaus —interrumpió a Damon, su hermano—, tengo algo mejor que ofrecerte.

Al decir estas palabras Klaus comenzó a reírse y el cielo se tiñó notablemente de gris. Elena se comenzó a sentir mareada, se iba a caer. Lo único que quería era que esa desagradable mosca que no dejaba de volar al rededor de ella se fuera, ¿sería una mosca? No lo sabía, pero el zumbido en su cabeza se hacía insoportable. ¿Que acaso nunca se iba a detener? Todo avanzaba en cámara lenta, los segundos eran minutos, sin embargo no pudo hacer nada cuando sucedieron las próximas escenas de la horrible película en la que estaba sometida.

—¿Qué me ofreces?

—A mí —dijo Stefan.

Y Elena dejó de escuchar ese zumbido en la cabeza, pero el mareo se intensificó de una manera impresionante.

—Stefan, ¡no seas estúpido! Siempre se saldrá con la suya...

—Cállate, Damon.

—Wow, wow, wow... Stefan finalmente ha decidido rescatar a Elena, una vez más. Entonces dime, ¿por qué no la debería tomar a ella?

—Porque... —Stefan se quedó en blanco.

—Mira, Klaus, haz lo que tengas que hacer... —interrumpió Damon.

—Cállense ambos, estoy perdiendo la paciencia —dijo con ira en su voz, Klaus.

—Porque si te la llevas, te la quitaremos al fin y al cabo. En cambio, si me levas a mí, Elena y Damon no te acecharán.

—Pero Elena es la doppelganger, y tú no —dijo Klaus con desprecio.

—Sí, pero tendrías que conseguir a Katherine también, para romper el ciclo —contestó Stefan.

—Que no es tarea fácil —completó su hermano, haciéndose notar.

—Y en ese tiempo ya te habremos quitado a Elena... De alguna u otra forma arruinaríamos tus planes. Si me tomas a mí, nada de venganza. Nada de justicia. Haré lo que quieras. Incluso —agregó—, conseguir a Katherine.

Al decir esto, por primera vez Stefan miró a Elena. Enseguida miró sus ojos suplicantes y entendió absolutamente todo lo que a ella le hubiera gustado decirle. Que no importaba, que lo superará, que prefiere tenerlo entre sus brazos a comunicarse con sus padres. Pero Stefan sabía que era lo que ella más deseaba y no la iba a dejar perderse esta oportunidad. Ella entendió que él aceptaría el sacrificio que tuviera que hacer y no pudo contener un gemido de dolor interno que fue bastante sonoro.

—Parece que tu novia no está contenta —dijo Klaus con una mueca irónica.

—No... No quiero comunicarme con mis padres —dijo Elena, sólo quería irse de allí y ya.

—Tomé un largo viaje hasta aquí —empezó a explicar Klaus—, y tal vez no sea contigo, Elena, pero con alguien me voy a ir. Supongamos que ese alguien es Stefan; me iré con él sí o sí, así que puedes escoger entre hablar con tus padres, o no.

A Elena se le llenaron los ojos de lágrimas que no pudo contener. ¿Qué había hecho? ¿Tan tonta había sido para escuchar a Klaus? Ese ser maligno que tantos problemas les había traído siempre.

—No te llevarás a nadie —dijo la chica, segura, intentándolo al menos.

—Apuesta —dijo con una sonrisa—. Tráiganlo.

Dos hombre fornido y con musculatura definida salió de los árboles arrastrando algo detrás suyo, todos estaban confundidos. ¿Qué sería eso que arrastraban? El hombre más bajo dio un paso hacia la izquierda y dejó ver que era aquel bulto; era Caroline.

—Perdóname, princesa. A veces es necesario para hacer razonar a esta... gente —hizo otra mueca.

—¡Caroline! —gritó Elena corriendo hacia ella.

—Mantente lejos, cariño —dijo Klaus, y Elena casi se cae cuando vio que uno de los hombres llevaba una estaca de madera. Caroline estaba amarrada con cadenas que le quemaban cada vez que se movía en las muñecas y en los pies, y tenía una banda en la boca de manera que no podía hablar. Elena intentó que Caroline la mirara para decirle perdón, que lo sentía, que haría cualquier cosa para sacarla de allí, pero Caroline nunca la miraba. Elena observó sus ojos marrones y vio como lágrimas traslúcidas corrían por su piel. Hacía sonidos de dolor desgarrantes mientras no sólo sentía sin que también escuchaba como se quemaba su propia piel.

—¿Dónde la encontraste? —preguntó Stefan, preocupado.

—Esa no es la pregunta. ¿Ella o Stefan? —preguntó Klaus como si fuera una afirmación.

—Klaus, ¿no te parece que...? —comenzó a decir Damon, intentando cambiar el tema para darle tiempo a Stefan de pensar.

—Dije: ¿Ella o Stefan? —repitió Klaus en un tono duro y fuert—-. Sin presión, cariño —dijo dirigiéndose a Elena—. Sabes que Caroline también me sirve para muchos fines... ¿cómo decirlo? Placenteros, si sabes a lo que me refiero. Es una preciosura. ¿Y bien? —preguntó para llegar a una conclusión, borrando su sonrisa al preguntar esto último—. O tú, Elena -acarició su mejilla.

Todos quedaron en silencio, perdidos sin saber qué hacer o qué decir. Elena, que estaba apunto de ofrecerse apenas saliera del shock, sería sacrificada por ser la doppelganger, Caroline sería abusada seguramente, y Stefan se convertiría en el vil sirviente de Klaus, como ya había sido una vez, y sería maltratado.

—Tómame —dijo Stefan, y Damon lo miró incrédulo.

—Está bien. ¡Joshua! —llamó Klaus al instante, sin dejarle tiempo a los presentes para pensar ni procesar lo sucedido. Inmediatamente llegó otro hombre grande y fortachón— Llévatelo.

Joshua intentó ponerle unas cadenas a Stefan pero él las evitó, miró a Klaus y al saber que tendría que hacerlo, aceptó ponérselas. Estaba tan agradecido de que Elena no se inmutara; por un lado, no sabía qué era capaz de hacer Klaus si arruinaba su pequeño plan. Klaus lo tuvo todo planeado desde el comienzo. ¿Cómo no pudieron ver lo que estaba en sus narices? ¿Por qué Damon no le dijo desde un principio que Klaus quería hablar específicamente con Elena? Todo se había echado a perder. Y por otro lado, no podía escuchar la voz de su amada sin que se le rompiera el corazón. Quiso contemplarla una vez más pero no pudo mirarla siquiera, no podía permitir que ella lo mirara directamente a los ojos. Intentó observarla por el rabillo del ojo para apreciarla por última vez y notó que ella logró verlo a los ojos, y entender que él quería despedirse. Parecía mareada, estaba más pálida de lo normal y se notaba que no podía creer la situación, estaba procesándola.

—¡No! —gritó de repente, cuando él ya estaba desapareciendo entre los ramajes del bosque, llevado por Joshua— ¡No, no, no! —lanzaba gritos desgarradores— ¡No, otra vez, no!

Stefan escuchaba la voz de Elena pedir que se la llevaran a ella. Notó que Damon caminó hacia ella para abrazarla fuertemente. Klaus sólo se dio media vuelta y se fue ante los presentes, y Joshua lo seguía por atrás. No pudo ver nada más.