Antes de amanecer, un hombre pelirrojo y su caballo partían hacia la capital.
Al amanecer, un padre se encontró con una escueta carta y una gran mata de pelo pelirrojo.
El anochecer sorprendió a la capital del reino todavía trabajando. El último día de plazo para convocar a los nobles estaba llegando a su fin. Los últimos rayos de sol se colaban por el gran ventanal del despacho central, donde se encontraba un hombre majestuosamente vestido, observando el paisaje. El rey Severus sabía que si quería que su reino se respetase, debería tener éxito en estos entrenamientos. No podría soportar perder tierras ante Ravenclaw, que abiertamente le demostraba cuan bien estaban entrenados sus hombres en la guerra. Sabía que la mayoría de sus nobles estaban demasiado viejos y gordos para poder siquiera agarrar un trozo más de pan. Había obligado ya al duque Skeeter a casar a su hija con el barón Riddle, que a pesar de su buena presencia, tenía fama de rondar las artes oscuras y de atravesar los campos de noche en busca de presas jóvenes con sangre caliente. De todos sus nobles, el único que tardaba en aparecer era Arthur Weasley, de Howgarts, su región más al sur y por ende, más desprotegida ante los ataques de sus posibles enemigos. Si no llegaba antes de que a su salón le dejase de dar luz, aprovecharía para regalar esas tierras al hijo de su general mayor… siempre y cuando éste demostrase ser digno de tal condado. Sería un gran favor hacia su querido amigo Lucius…
Llegaba tarde. Lo sabía. No debería haberse parado en aquella posada para descansar. A los dos únicos hombres que había tenido a lo largo de su vida eran su padre y el mayordomo de la familia, Moody, que comenzaba a renquear y apenas ya si veía con un solo ojo. Los muchachos de la aldea siempre trataban con ella desde cierta distancia, quizás por ser la hija del conde, quizás por ser simplemente una mujer. Así que había descubierto que o trataba a todos los hombres como Moody, es decir, ordenando sin severidad, o como su padre. Y ninguna de las dos opciones le había resultado ser la correcta. Agradeció tener cierto dominio de la espada, lo que había puesto en guardia a gran parte de la clientela borracha de la posada, y se había ganado unos buenos intentos de paliza. Pero si con algo contaba ella siempre, era su agilidad. Consiguió salir de la posada y subirse a Trevor antes de que nadie se hubiese preparado para pararla. No obstante, muchos de los que no estaban lo suficientemente ebrios como para caerse al suelo nada más levantarse de la silla, fueron en su busca. Dio un gran rodeo para poder despistarlos, y al llegar a las afueras de la capital, ya anochecía. Maldijo mentalmente y después bendijo por si las moscas. Si Hermione pudiera verla… seguro que ellos ya sabían lo que pretendía y no sabía cuál sería su reacción. No obstante, se dijo mentalmente, lo importante era salvar a su hermana de casarse y a su padre de que le quitasen sus tierras. Hogwarts nunca estaría en manos de un hombre que no pudiera ser igual de bueno que su padre.
Sabía que el palacio del rey se encontraba en lo alto de la pequeña ladera en al que se asentaba la ciudad. Desde allí se podía ver el castillo de Griffindor y el mar de Kosice, que se extendía hasta el horizonte. Comenzó a hacer que Trevor galopara más deprisa, y el caballo negro obedeció, sintiendo la necesidad de su ama en llegar a donde fuese lo antes posible. Ginny sabía que su caballo no aguantaría mucho más, sobretodo después de haber descansado tan poco, pero también sabía que no faltaba mucho.
Cuando atravesó las puertas de palacio diciendo que el hijo del conde Weasley había llegado, justo el último rayo de luz desaparecía dejando paso a la noche.
Severus I lo recibió pacientemente, sobretodo después de haber estado esperando al último de sus nobles por tanto tiempo. Sabía que no tenía demasiada buena memoria para algo que no fueran sus tratados o sus mezclas de alquimistas, su pasión favorita, pero juraría que el conde Weasley carecía de descendencia masculina. No obstante, reconoció el blasón de la familia y dejó entrar al muchacho. Lo observó detenidamente durante largo rato, preguntándose si realmente era hermano de la muchachita que tanto apreciaba la reina. Bien, si ese joven conseguía la mitad de aprecio, podía darse por contento. Sus ropas estaban algo sucias por el viaje, y parecía como si le vinieran algo grandes, pero no se centró demasiado en ellas, sino en la cara del joven. Se notaba claramente la influencia de hermanas, y mayores además, porque el chico presentaba ciertos rasgos… afeminados. Su tez era demasiado blanca y las pecas sólo hacían parecerle aún más joven. Sus ojos azules le miraban con una determinación extraña, que el rey quiso asociar con amor por la patria, y ese pelo… sin duda recordaba a su padre. Sabría que este niño que entraba en sus filas saldría siendo un hombre que defendería su condado, siempre que tenía un presentimiento, nunca le fallaba. Realizó las preguntas de rigor y demandó su nombre.
Ronald Weasley.
Su intuición le decía que iba por buen camino. El anterior Ronald Weasley había salvado a su abuelo. Era un hombre ejemplar, digno contrincante de armas y aún más de letras. Su orgullo legaría muy lejos si sus descendientes tenían su mismo potencial. Y lo probaría con el joven que tenía delante. Lo mandó al cuerpo de espaderos, dirigidos por el hijo de Lucius, y decidió que ahora era el destino el que lo ponía a prueba.
Ningún principiante sobrevivía una semana en ese cuerpo.
Ginny se despertó a la mañana siguiente temprano, en una de las habitaciones del palacio destinadas a aquellos nobles cercanos al rey. Ni ella ni su padre eran demasiado cercanos, pero al carecer de propiedades en la capital no podría recibir alojamiento en ningún otro sitio, y menos siendo quien era: el hermano de la favorita de la reina. Recordó ponerse la faja en la parte superior del torso, para apretar su busto, que ya de por sí era bastante pequeño. Por una vez, agradecía enormemente no tener la delantera que ostentaba su hermana, herencia directa de su madre. Lo sabía por los cuadros que aún adornaban su casa, recordándola. Se puso una de las camisas nuevas que había traído, que además le quedaban bastante bien, y los pantalones del día anterior. Tendría que comprar ropa nueva de su talla, aunque no supiera siquiera cómo debía vestir un hombre en la sección de espaderos del rey. Si no hubiera sido valiente, habría temblado al oír su destino. Desde luego, su padre no hubiera sobrevivido. Incluso ella, que no se preocupaba demasiado de la corte, había oído hablar del duro entrenamiento que recibían ese cuerpo, al mando de Draco Malfoy, el "capitán del hielo". Recordaba los comentarios que había hecho su hermana hacía ya tres años, cuando nombraron al descendiente de sir Malfoy como capitán del segundo mejor cuerpo del rey: el de espaderos. Las malas lenguas decían que el joven habría preferido sin dudar el de caballeros, pero no obstante supo aprovechar su situación. Se rumoreaba sobre amoríos que había tenido, pero nunca cotejaba a una dama. Siempre eran ellas las que intentaban aprovechar para casarse con un partido como él. Un bloque insensible de hielo humano. Al menos sabía que sería el mejor, y si era tan buen espadachín como maestro, algo saldría ganando.
La joven suspiró, y luego recordó que no debería volver a suspirar. Ahora era un hombre, y como tal, tenía toda la libertad que ella quisiera… nada de permanecer en segunda línea, ni de esperar a que el hombre hable para poder participar en una conversación. Nada de protocolo ni de cómo debe ser una señorita. Oh, si el precio era ser entrenado por el capitán del hielo, bien que la cosa merecía la pena. Se miró una vez más en el espejo de la habitación, aprobando su vestimenta. Sí, parecía un hombre.
Pero ahora lo importante era también serlo.
Consiguió dejar a Trevor en los establos, principalmente porque el encargado principal se había dado cuenta de su raza y pedigrí. Un auténtico caballo español, con carácter. Ginny más bien sospechaba que tendría que cuidarle de que las yeguas no se tiraran encima. O de que el encargado las incitara a ello. Con espada al cinto, observó el caminar de los jóvenes del palacio – Aquellos que tenían pinta de ser algo más que criados – y comenzó a imitarlos. Al llegar al edificio supo que lo estaba haciendo francamente bien. Los guardias apostados a la entrada lo dejaron pasar sin siquiera hacerle preguntas. No obstante, no pasó lo mismo al llegar al despacho de Sir Malfoy hijo, ya que fue detenido por un joven rubio, quizás cuatro años mayor que ella y con pintas de estar seriamente enfadado. Saludaron ambos cortésmente, como corresponde a la etiqueta y Ginny empezó a preocuparse. Los ojos grises del espadero la recorrieron de arriba a abajo, y se sintió descubierta.
- ¿Sir Weasley? – Su pregunta resultó tan fría como el saludo que había recibido anteriormente, y Ginny se dio cuenta de con quién se había cruzado.
- Si. Usted debe ser Sir Malfoy, ¿Me equivoco?- intentó sonar neutral, pero en su voz se detectó cierta ironía que no resultó desapercibida para el capitán, que no dudó en demostrar que además de noble, era mucho más superior que él, un muchacho insignificante que aún no se había separado de su madre.
- No se equivoca. Aunque yo sea el que lamenta no haberlo hecho…- Lo miró despreciativamente de abajo a arriba- No sabía que ahora el rey me mandase hacer de protector de niños incapaces de no llorar ante la visión de una espada. – Vió como el joven Weasley fruncía el cejo y apretaba los labios. Sabía que dijera lo que dijera, el siempre ganaría. Era el capitán y el hijo del mejor amigo del rey. – Dudo que pueda sacar algo valioso de ti. Lamentablemente el rey ha ordenado que seas mi asesor y ayudante durante los primeros meses- ¿MESES? ¿HABÍA DICHO MESES? ¿CUANTO TIEMPO TENDRÍA QUE PASAR ALLÍ? – Así que tendrás que encargarte de todo mi papeleo. Al parecer tengo suerte, pues enseñar a alguien como tú el sutil arte de la espada sería un auténtico desperdicio de mi tiempo. – Parecía que disfrutaba enormemente- Así que en mi despacho tienes numerosas actas que deben ser rellenadas a mano y entregadas a los diferentes destinatarios…. En mano.
El joven capitán no esperó una respuesta, sino que se marchó dejando a Ginny en un estado de rabia casi incontrolable. Su cara estaba tan roja de furia como su pelo, y parecía que en cualquier momento fuera a estallar en un ataque de histeria. Pero mentalmente se recordó que seguía siendo un hombre, y aunque fuese algo bajita y pareciese afeminada, nadie había puesto en duda su "hombría", y eso ya era un punto a su favor. Suspirando y controlándose, abrió la puerta del despacho y casi le dieron ganas de volver sobre sus pasos y retar al "engendro del hielo" a muerte.
El despacho estaba a rebosar de papeles.
Bueno, aunque lo he intentado, creo que me ha salido también bastante corto. Si os gusta, ya sabéis, animadme un poquillo!!!
Iluvi: Jajajjajaja, si tienes muchas influencias de Mulán, pero ni va a salvar a China, ni va a tener un divertido dragón por acompañante… es una lástima, pero me parece que con Trevor habrá que conformarse…Gracias por tu review!!
Alely: Siento desilusionarte, pero lo he cambiado de pareja. No sé por qué, pero aunque es una pareja mucho más imposible, me atrae bastante más que Harry Ginny. Lo he estado meditando mucho, y creo que subiré un HarryGinny de otra forma. En esta no hubiese quedado bien, además que tengo otra pareja en mente y… ug, con Harry no puedo. Lo siento mucho. Gracias por tu review, y aunque supongo que no te guste que este con Draco, espero que sigas leyendo!!
Neckna: Bueno, actualizar pronto… ya ves que no, pero no han sido por falta de ideas en la historia, sino por los exámenes y por la crisis de la pareja. Me encantan los HarryGinny, pero siento que me cuesta mucho más escribir sobre ellos. Espero que sigas leyendo!
Alma-del-alma: Que gracioso tu nick! En realidad es algo mas o menos de mi invención y con muchas (pero que muchas) influencias de otro tipo… el primer capítulo se parecía mucho a Mulán, pero la historia no va a ser así. Gracias por tu comentario!
Desde aquí, saludo a mis musas particulares y reales (las que vienen de mí es difícil que las pueda llamar de alguna forma) Sile (jamás leerás esto porque no es un Harry Ginny), Trinity (lo mismo digo, porque te parece una pareja imposible), Marta (la primera que escuchó la historia y que sabe el final más o menos exacto de la historia), y demás personas a las que algún día nombraré y que por ahora no me dejan que las publicite.
Si te ha gustado la historia, por favor, deja un comentario con aquello que crees que pueda mejorar. Recuerda que sólo cuesta tiempo, y no hay que mandar un sms al 5454 o al 7676 o a cualquier número de esos. De seguro será mejor recibido.
