—De ninguna maldita manera. —Sakura miró hacia los dos policías parados junto a su coche. —Sasori puede irse al infierno.
Hidan suspiró.
—Conoces el procedimiento después de la semana pasada, Sakura. No opongas resistencia. Sasori sólo quiere hablar contigo, así que no hay razón para que te molestes. No queremos tener que inmovilizarte para llevarte a la ciudad esposada otra vez. —El hombre se alejó de su patrulla bloqueándole el paso de su carro en la calzada, mirando hacia Sakura en su porche. —Solo ven con nosotros pacíficamente.
Nagato asintió solemnemente.
—Sasori no te hará daño. Rompió con Hana y sólo quiere hablar. Eso es todo.
El miedo subió por la columna vertebral de Sakura. Sasori era el sheriff de la ciudad, con el que había roto hacía seis meses atrás cuando la había engañado. La semana anterior había mandado a sus policías a arrestarla. Sasori casi la había violado cuando le dijo que no regresaría con él. Si ella no hubiera gritado para llamar la atención, no tenía ninguna duda de que él no se hubiera detenido. Sasori no iba a poner sus manos encima de ella otra vez.El tipo estaba loco.
—Déjame en paz. Saben que me atacó. Demonios, Hidan. —Su mirada se deslizo hacia él. —Tú corriste hacia su oficina cuando grité. Me había inmovilizado sobre su escritorio con las manos esposadas a mi espalda, y me estaba bajando los jeans. Yo no lo quiero, nunca regresaré con él. Necesita un maldito psiquiatra.
—Él dijo que estaban haciendo juegos de roles. De verdad, no quiero detalles de su pervertida vida sexual.
—¿Pervertida vida sexual? —Miró boquiabierta a Hidan. —El trató de violarme, hizo que me arrestaras; no acepta un no por respuesta. Tal vez te perdiste la clase de leyes cuando te volviste un policía, pero es ilegal obligar a alguien a tener sexo. No me puedes llevar de regreso con él.
—Lo siento. —Nagato suspiró. —Tenemos órdenes de detenerte.
—¿Bajo qué cargos? —Retrocedió unos metros más. —No me pueden arrestar sin cargos por algún crimen.
Nagato y Hidan se miraron uno al otro, y luego Hidan la miró a ella. —Lo pateaste la semana pasada y él quiere que te arrestemos por asalto.
La sorpresa se reflejó en la cara de Sakura.
—Estaba tratando de detenerlo para que dejara de bajarme el pantalón.
—Si —anunció Nagato. —Esos son los cargos. Ahora ven aquí, Sakura. Te leeremos tus derechos y te esposaremos delicadamente. Sabes que Sasori desechará el caso si lo escuchas.
—No.
Ambos hombres se acercaron hacia el porche. El terror golpeó a Sakura; realmente la iban a arrestar. Después de la semana pasada, sabía lo que Sasori era capaz de hacer. Esta vez, estaba segura de que él alejaría a sus policías para que así nadie estuviera allí para salvarla. Huyó hacia su casa y deslizó la cerradura.
Sakura se preguntaba si realmente irrumpirían en su casa para arrestarla. Esperaba que no. Uno de los policías tanteó el pomo de la puerta, dándose cuenta de que estaba cerrada cuando no giró en su mano.
—Abre la puerta, Sakura, o la derribaremos. Tu coche no irá a ninguna parte. No tienes a donde correr. Sabes que regresarás de nuevo con él. —Dijo Hidan
—No, no lo haré, —gritó Sakura y retrocedió más. —Sé que Sasori es un idiota ahora. Se puede ir al infierno.
El miedo la atravesó cuando uno de ellos pateó con fuerza la puerta. Escuchó la madera crujir, pero esta aguantó. Corrió a través de la sala de estar, y para cuando llegó a la cocina, la puerta de entrada fue rota. El odio hacia Sasori la recorría de pies a cabeza. No era divertido tener que estar pegada al trasero de Sasori.
Qué era lo que había visto en el apuesto hijo de puta...Ah sí, pensó,era eso. Tenía unos dulces ojos que podía hechizar a una monja hasta dejarla en ropa interior, pero esos encantos de Sasori murieron para ella cuando la engañó.
Se escabulló hacia los escalones del porche trasero. Había vivido en los espesos bosques toda su vida y corrió hacia ellos a toda velocidad. Si sólo pudiera bajar por el río, sabía que no serían capaces de encontrarla. Docenas de escondites cruzaron por su mente.
Unas botas bajaron los escalones del porche detrás de ella. Ser de cinco pies con cinco no era ventaja para ella en una carrera, cuando todo el mundo era más alto, y tenía las malditas piernas largas. El correr a toda velocidad no era su fuerte, decidió, mientras esquivaba los árboles para evitar chocar contra ellos. Hidan maldijo mientras corría con Nagato, quien respiraba con dificultad mientras la perseguía.
Uno de ellos la agarró por su largo cabello rosa, como si fuera una correa. Sakura gritó de dolor mientras la halaban bruscamente para detenerla. Sintió un cuerpo más pesado que la golpeó por la espalda cuando Hidan no pudo detenerse a tiempo, así que los tres cayeron de cara al suelo en un montón.
Hidan no era un policía con buena condición física, era más del tipo"amante de donas",por lo que su cuerpo la aplastó lo suficientemente fuerte como para sacarle el aire de los pulmones cuando aterrizó sobre ella. El dolor se deslizó por todo su cuerpo cuando el hombre cambió la posición de su enorme cuerpo sobre ella. Alguien la agarró por la muñeca, tirándola dolorosamente detrás de su espalda.
—Maldita sea, —jadeó Hidan. —Hiciste que te persiguiéramos.
Llevando aire a sus pulmones, Sakura gritó. Logró liberar su mano del agarre de Hidan mientras luchaba por escapar. El policía maldijo cuando Sakura le golpeó en el rostro con su mano libre. Otro grito desgarrador salió de ella mientras ambos hombres la agarraron, inmovilizándola en la tierra sobre su vientre.
—Deja de pelear, maldita sea. No nos obligues a lastimarte, —gritó Nagato, mientras la agarraba de su muñeca, usando su rodilla para empujar su cadera contra el suelo.
El dolor la hizo gritar de nuevo. La rodilla se le clavaba dolorosamente, mientras él ponía el peso de todo su cuerpo sobre su culo. Ella vio como Nagato tomaba las esposas. Un movimiento detrás de él llamó su atención en esa dirección, y el asombro la hizo dejar de luchar cuando un enorme hombre salió caminando de los árboles.
No, pensó ella.
Él se acercó. El negro cabello caía desordenadamente hasta su nuca. Se veía enorme. La mayor parte de su muy bronceado cuerpo estaba cubierta por cuero negro. El cabello cubría la mayoría de sus facciones, y con la cabeza inclinada, no podía ver bien su cara. Él se movía rápido, pero ella no podía perderse ese escultural cuerpo y su mente luchaba por procesar la visión delante de ella.
El ajustado material que cubría al extraño se ceñía sobre su cuerpo revelando unos anchos hombros y unos brazos realmente musculosos, el traje destacaba su enorme pecho y su estrecha cintura. Muslos gruesos y musculosos eran exhibidos en un pantalón que se estrechaba fuertemente hacia sus pantorrillas en unas pesadas botas patea-traseros que parecían hechas para causar serios daños.
Un rugido atravesó el bosque.
Esto hizo que Sakura, Hidan y Nagato saltaran en sorpresa. Los dos policías no habían mirado detrás de ellos todavía, por lo que Sakura fue la única que vio como se acercaba ese enorme hombre. Estaba casi encima de ellos antes de que el rugido irrumpiera través del bosque. Hidan y Nagato se giraron, mirando hacia su peor pesadilla, justo antes de que el hombre los agarrara a ambos con sus enormes manos.
El cuerpo de Hidan fue literalmente arrojado contra un árbol. El inmenso hombre lanzó al obeso policía a unos diez pies como si fuera un juguete. Hidan golpeó con un crujido y un fuerte gemido que hizo que Sakura temblara, mientras él se desplomaba en el suelo. Su pierna se movió, pero él no se levantó.
El extraño levantó a Nagato por la pechera de su camisa. Sakura se dio la vuelta para ver el policía colgando en la mano del desconocido. El hombre de pelo largo gruñó fuerte mostrando unos afilados dientes. Un agudo grito salió de Nagato, haciendo que sonara como una aterrada niñita.
Una atónita Sakura observaba la escena que se desarrollaba ante ella. Nagato era de unos seis pies de altura. El hombre que lo agarraba lo tenía levantado casi medio pie del suelo, poniéndolos frente a frente.
El extraño le gruño ferozmente a Nagato antes de arrojarlo lejos, mandándolo hacia la tierra con un gruñido. Sakura no volteó la cabeza para ver cómo le había ido a Nagato, el terror la mantuvo mirando fijamente hacia el enorme hombre parado frente a ella.
Ella consiguió una mejor vista del rostro del hombre cuando él miró hacia abajo. No era exactamente un hombre. Él era un macho, lo supo al instante, pero lo que la sorprendió fue el hecho de que no era completamente humano.
Este hombre tenía una nariz más amplia y ancha de la que ella le hubiera visto a alguien. Sus labios eran gruesos y separados con unos amenazadores dientes que sobresalían, que le recordaban los largos caninos de un perro. Tal vez era un vampiro con esos afilados colmillos hundiéndose en su labio inferior, excepto que era pleno día, así que lo dudaba. Sus ojos eran sorprendentes. Una vez que su mirada se encontró con ellos no pudo apartarla. Si Sakura había albergado alguna duda de que no era humano, esta ya había desaparecido. Sus ojos eran de un antinatural color negro eléctrico que casi resplandecía.
Largas y gruesas pestañas los enmarcaban, haciendo que el negro destacara aún más. Esos ojos eran la cosa más fascinante que había visto alguna vez.
Él respiró profundo antes de que sus labios se cerraran de golpe. La acción atrajo la mirada de Sakura hacia su boca. Un conjunto de masculinos labios se apretaban en una firme línea antes de que él se inclinara. Dos grandes manos la alcanzaron.
Sakura quería gritar, quería correr lo más lejos posible, pero no podía moverse. La conmoción la congeló. Sus desnudos y bronceados dedos estaban calientes mientras se envolvían alrededor de sus brazos, justo debajo de sus hombros. Su tacto era firme, pero indudablemente suave, mientras la levantaba del suelo lentamente.
No había dudas de que él era fuerte, ya que ella no se levanto. Sakura estaba demasiado desconcertada como para poner su cuerpo a trabajar. Sus piernas apenas sostenían el peso de su cuerpo cuando él la levantó y la puso de pie, haciendo que se diera cuenta que la parte superior de su cabeza ni siquiera le llegaba a sus achos hombros, casi un pie de altura los separaba. Sus firmes manos la sostuvieron mientras ella miraba asombrada esos ojos que la hipnotizaban con su exótica belleza, se miraron, hasta que finalmente él apartó la vista.
Sakura lo miraba atentamente mientras él estudiaba a los dos hombres derribados. Sus miradas se encontraron otra vez cuando él giró la cabeza de regreso a ella. Los gruesos labios masculinos se separaron ligeramente mientras le gruñía.
—¡Oh Dios! —Suspiró ella. —¿Qué eres?
El extraño emitió un suave gruñido sin ser una amenaza. Ella habría gritado si su tono de voz hubiese sido feroz, pero era más como si estuviera tratando de comunicarse con ella. La verdad se hundió lentamente dentro de Sakura.
—No puedes hablar, ¿verdad? —Se aclaró la garganta cuando esta amenazó con cerrarse.
La frustración era evidente en su fuerte rostro. Tenía una mandíbula fuerte, pronunciados pómulos y su ancha nariz respingada tembló. Esos increíbles ojos se entrecerraron en irritación. Con un movimiento de su cabeza ella obtuvo la respuesta.
—¿Sabes hablar Español? ¿Sabes lo que estoy diciendo?
Él asintió con la cabeza.
—¿Eres una chica?
Un gruñido surgió de su garganta al instante en señal de protesta. El enojo se encendió en su mirada brillante mientras él sacudía la cabeza. Sus dedos se cerraron por un instante antes de aflojarse de nuevo en su piel.
—Solo estaba comprobando para ver si realmente me puedes entender. Sé que no eres una chica. —Tuvo que tragar de nuevo. Tenía la garganta seca, su corazón latía con fuerza. —¿Quién eres?
Él la miró durante lo que pareció una eternidad. La intensidad de la extraña, pero hermosa mirada del hombre se apartó de ella para mirar por encima de su cabeza. Su boca se abrió mientras un bajo gruñido escapaba de su garganta, era un sonido aterrador, cruel. La rabia llenó su expresión en un santiamén. Su chata nariz tembló y sus dientes afilados afloraron mientras sus labios se abrían ampliamente. Apretó su agarre en Sakura casi dolorosamente cuando sus dedos se tensaron. Nagato maldijo detrás de ella.
Sakura giró la cabeza para verlo. Sentado, Nagato parecía aterrorizado, mientras miraba estúpidamente hacia el gran hombre que la sujetaba. Sus manos temblorosas fueron hacia su arma que estaba a un costado.
—No, —gritó Sakura. —No le disparen
Nagato la ignoró sacando el arma de su funda. Le tomó poco tiempo halar el gatillo para tenerla lista. El arma se agitó violentamente hacia su dirección. Sakura se sentía horrorizada ante lo que estaba sucediendo, pero estaba imposibilitada para detenerlo.
Las manos soltaron los brazos de Sakura para moverse hacia su cadera. Fue sacudida violentamente de sus pies y el mundo se volvió boca abajo en un santiamén. El rápido movimiento la mareó. Un disparo estalló con un ruido ensordecedor.
El hombre sujetó a Sakura, cerrando su brazo detrás de su rodilla cuando él comenzó a correr, con un fuerte agarre. Se movía malditamente rápido. Sakura fue doblada sobre el cuerpo del extraño y su cadera fue firmemente sostenida sobre el hombro de este. No dolía, pero esto sacaba el aire de sus pulmones mientras rebotaba con él. El suelo pasaba debajo de sus pies a un ritmo alarmante, pero no gritó.
Otro disparo estalló en el bosque, pero la detonación no fue tan cerca. Iban zigzagueando a través de los árboles. Nagato gritó a lo lejos, pero no se entendía claramente lo que estaba diciendo. Sakura se imaginó que estaba llamando por refuerzos.¿Habría muerto Hidan?Había escuchado un crack cuando Hidan había chocado contra el árbol. ¿Había sido su cuerpo o el árbol el que había hecho ese repugnante ruido?Sakura alejó esos pensamientos. Necesitaba preocuparse por su propio culo.
