Y lo prometido es deuda, apenas estoy aprendiendo a manejarme en esta página porque como soy nueva sus opciones me confunden un poco, pero espero adaptarme pronto a cada una de ellas para manejarme con mayor velocidad.
Estoy complacida de al menos tener un seguidor no anónimo. Espero que a ese se le unan más y más y más para que me motiven a continuar. Sin más preámbulo, aquí el segundo capítulo.
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Capítulo 2: Suke Hachijou
La cabeza le dolía. Aquel revoltijo de emociones negativas la estaba frustrando. Le habían robado, sí, y no cualquiera de sus posesiones, sino un enorme objeto que ni siquiera le pertenecía. No quiso quedarse a esperar a los refuerzos que había solicitado, tuvo que verse en la humillante tarea de tomar un taxi para llegar hasta la estación de policías porque ella siendo una policía no había podido con un par de malhechores y se dejó quitar de la peor forma el auto.
Con cuánta burla la verían sus compañeros cuando llegase a relatar lo sucedido. Ya podía imaginarse el tipo de cosas que le dirían con desdén:
"¿Qué haces todavía en la policía?, está claro que aquí no perteneces"
O en son de guasa:
"¿Una policía ha venido a la policía a denunciar el robo de un coche de policía?"
Una sensación de frío pesado cayó a su estómago, lo que le esperaba sería tan vergonzoso que necesitaría más fuerzas de las que tenía para poder soportarlo.
- No - se dijo en voz alta, ganándose una mirada del conductor.
Por supuesto que no rehuiría de sus obligaciones, por Dios, ¡apenas estaba empezando! Y aunque no había sido un buen comienzo, necesitaría de mucho valor para enfrentar las consecuencias de su descuido, de más esfuerzo para superarlo y por supuesto de mucha voluntad para enmendarlo. ¿Y de qué forma lo enmendaría? ¡Atrapando a aquel detestable ladrón! Decidió que definitivamente haría hasta lo imposible por apresar a ese pez entre sus redes.
El jefe de los ANBU caería a sus pies o dejaba de llamarse Sakura Haruno.
- Pero primero lo primero…
El dolor volvió a asaltarla con mayor intensidad hasta la coronilla. Sakura podía jurar que se sentía como si un endemoniado herrero hubiese usado su cabeza de yunque. Cuando llegó a la estación suspiró hondo y con una endeble determinación entró. Sin embargo y después de haber relatado su patética historia no escuchó ninguna de las burlas o comentarios que se esperaba. Todo lo contrario.
- Bueno… esta no es la primera vez que sucede, Sakura – le dijo Kankuro, mirándola con comprensión.
- ¿Qué dices? – preguntó ella sobresaltada.
- Sí, mucho antes de que ingresaras aquí ya habíamos escuchado dicha historia. Hay cuatro agentes más a los que les sucedió lo mismo. Fueron víctimas del mismo sujeto y de la misma forma.
- ¿Cómo? Pero… es que… no logro entenderlo…
Shino asintió con la cabeza para corroborar el testimonio de Kankuro y después de acomodarse los lentes negros habló:
- A Chouji le sucedió primero mientras multaba a un motociclista. Después a Shikamaru que es un despistado y despreocupado mientras apresaba a otro ANBU, y luego a Kiba acompañado de Naruto durante una larga persecución a pie. Tú serías la quinta.
- ¡Cómo puede ese sujeto ser tan hábil! – exclamó con mayor enojo.
-Tranquila – la apaciguó Kankuro –. La reputación del jefe de los ANBU se justifica muy bien… no nos preocupamos demasiado por los autos porque después los encontramos en algún basural o calle desierta cuando nos lo notifican.
- ¿Es decir que no se quedan con ellos ni los destruyen? – cuestionó Sakura.
- No – respondió Kankuro –, tienen ese cuidado. El jefe de los ANBU lo hace sólo para burlarse de la policía. Los autos son encontrados por supuesto, pero con ciertos desperfectos que no tenían antes, como rayones con algunos "ja,ja,ja", graffitis, un neumático o una ventana rota, y el combustible en cero.
- ¡Pero no podemos quedarnos tranquilos mientras esos delincuentes hacen de las suyas! – exclamó furiosa –, ya había escuchado de ellos por supuesto, pero no tenía idea de que llegasen tan lejos hasta el punto de jugar con la policía.
- Habla sólo por uno – dijo Kankuro –, es decir el jefe que es el que nos hace sus jugarretas.
- Pues quienquiera que sea debemos capturarlo.
- ¡Tienes toda la razón, Sakura! – exclamó Naruto con efusividad.
- Sí, es nuestro deber por supuesto – intervino Shino –, el problema es que es un pez muy escurridizo. Estamos hablando de Sasuke Uchiha.
- ¿Sasuke Uchiha? – preguntó ella con interés y suspicacia.
El nombre le sonaba de alguna parte o tiempo remoto, el problema era que no lo recordaba.
- Te contaré lo poco que sabemos de él – continuó Shino volviéndose a acomodar los lentes negros en forma de circulo –. Sasuke Uchiha es uno de los pocos sobrevivientes de la familia Uchiha cuya mayoría de miembros murieron hace doce años durante un incendio en la gran casa Uchiha. Él logró escapar – no sabemos cómo – con serias heridas en el rostro que lo dejaron irreconocible. Tras vagabundear por la calles con una bolsa de papel sobre la cabeza por un largo tiempo, fue acogido por los ANBU debido a sus magníficas habilidades para robar comida y otro tipo de minucias. Con el tiempo se convirtió en su líder y mayor experto en el latrocinio de objetos valiosos – hizo una pausa para contemplar por un momento la expresión absorta de la pelirrosa y el silencio de sus otros compañeros –. Después de varios años de observación nos hemos percatado de que Sasuke sólo interviene en los robos de objetos muy valiosos que no involucran dinero, que usa una espada en lugar de un arma de fuego, que es muy reservado porque apenas se le han escuchado unas pocas palabras, que usa una máscara blanca de gato con líneas rojas y en ocasiones una túnica blanca, que aparte del tatuaje que tienen todos los ANBU hombres en sus brazos izquierdos posee uno también en su cuello en forma de tres aspas que se siguen entre sí, que a diferencia de otros ANBU jamás se quita la máscara – quizá por vergüenza a su horrible rostro – y que su velocidad es impresionante.
Sakura tragó en seco al escuchar toda aquella información. Si alguien como Sasuke Uchiha podía ser mencionado con tanto prestigio por un oficial tan competente como Shino, debía ser entonces un auténtico ladrón de élite. Y por lo tanto, muy peligroso.
- ¿Qué más se sabe de él? – preguntó de nuevo.
- Bueno, aún no se mancha las manos con sangre, o al menos no directamente porque sospechamos de que es él quien también maneja al letal escuadrón de sicarios conocido como Hebi.
- Y eso no es todo – agregó Naruto –. El teme nunca… quiero decir, Sasuke nunca ha sido capturado por nosotros.
- Sí, pero en este mismo momento debe tener además una cicatriz de bala en su abdomen bajo – replicó Kankuro –, uno de nuestros mejores agentes casi le echa el guante hace unos meses y por poco también le descubre el rostro. Desde entonces Sasuke no se había aparecido más… hasta ahora.
- ¿Quién casi logra tal hazaña? – quiso saber Sakura.
- Hyuga – respondió Shino –, Neji Hyuga.
... ... ... ...
Después de haber dejado votado el auto de aquella policía ingenua en un rincón olvidado de Dios, Sasuke enfiló junto con Zaku a la guarida de nuevo. Tan pronto llegó sacó con su particular velocidad un collar de perlas del saco de tela donde se encontraban las joyas que acababa de hurtar sin que ninguno de los presentes se diese cuenta, la guardó en uno de sus bolsillos y tiró el resto sobre la mesa principal.
-Ahí está el botín – informó –. Tú Dozu – señaló a uno de sus subordinados que tenía casi toda la cara cubierta por una venda debido a un terrible accidente –, encárgate de llevárselo a Orochimaru. Me voy.
- ¡Espera Sasuke! – exclamó Kim, haciendo que él se detuviese sin importarle mirarla – parece que no tuviste un muy buen día. ¿No encontraste a ese oficial, verdad?
- Hmp – se limitó a decir y continuó caminando.
- Oye, espera, ¿no querrás que salgamos juntos a algún lado? – insinuó ella moviendo su cabello con gracia –. Ya sabes… para despejarnos de este ambiente… tú y yo…
- No creo… gracias – respondió cortante y siguió su camino.
Una vez detrás de la puerta logró escuchar unos cuantos comentarios de sus subordinados:
- ¿Qué le sucede? – preguntó Kim.
- Nada, ya sabes cómo es – respondió Zaku –. Hoy le pasamos por encima a una oficial que parece ser nueva. Seguro Sasuke se encargará de averiguar sobre ella como hace con todos los demás. Pero no hay de qué preocuparse, esa mujer no mataría ni a una mosca.
Sasuke pensó que sólo él podía comprobar o descartar eso. Pero fuera de lo que pudiese ser capaz de hacer esa mujer, debía reconocer que le pareció todo un espécimen. Sacó de uno de los bolsillos aquel mínimo hilo de pelo que logró quitarle cuando la tuvo de espaldas y lo observó.
- Rosa – murmuró para sí mismo como si todavía no creyese el color de esa mínima hebra –… interesante...
... ... ... ...
El jefe de la policía no estaba para nada contento cuando le informaron del ligero percance que había sufrido su preciada y única hija. Tenía los puños y el ceño crispado a la vez que deseaba tener frente a sí al afamado líder de los ANBU para hacerle pagar caro y con todo el peso de la ley lo que se había atrevido a hacer. Se encontraba con uno de sus mejores agentes en la oficina principal: a quienes todos llamaban por costumbre el capitán Yamato cuando Sakura hizo presencia allí.
- ¿Me mandó a buscar? – preguntó la joven al ingresar con porte de respeto, como si se estuviese dirigiendo a su jefe y no a su padre.
- Está bien, hija, no tienes que actuar de esa forma ahora, estamos en confianza – comentó Kizashi –. Necesito saber si realmente te encuentras bien, ¿ese sujeto no te tocó? ¿no hurtó acaso un solo pelo de tu cabeza?
Sakura quiso poner cara de abatimiento y aburrimiento, ya iba a empezar su padre con esas preguntas exageradas. Si se ponía a pensar en las respuestas honestas tendría que dar una positiva a cada cuestión pues Sasuke Uchiha sí le había tocado el pecho – para robarle las llaves –, tomó el gorro policía de su cabeza y también jaló algunos de sus cabellos casi al final del encuentro, aunque quizá no se quedó con ninguno sí supo que le desprendió algunos. Sakura negó con la cabeza, decir la verdad haría que su padre se encolerizada más.
- Oficial Haruno, hace un par de minutos nos informaron que hallaron el auto cerca de un callejón de mala muerte – informó Yamato –. Sólo tiene el parabrisas roto y un neumático en mal estado.
Sakura apretó los puños. Aún no podía o más bien no quería creer que realmente ese ladrón le hubo robado el auto.
- Necesitamos escuchar el testimonio completo de lo que sucedió – continuó Yamato.
No le quedó más opción que acceder de no muy buen talante pues después de haber oído las historias que habían relatado sus compañeros supo que a través de simples testimonios no podrían seguirle la pista a Sasuke Uchiha, lo único que por poco le dio caza fue el operativo minucioso dirigido por Neji Hyuga.
Una vez que hubo terminado de recoger la información el capitán Yamato se marchó, dejando solos en el despacho a padre e hija. El primero con un semblante de preocupación, la segunda con patente incomodidad y anticipado disgusto. Sabía lo que escucharía.
- Hija – comenzó Kizashi – ¿Por qué tomaste la absurda decisión de enfrentarte a esos delincuentes tú sola? Apenas y pudiste escapar de allí con vida, pero no puedes tener la seguridad de que volverán a ser compasivos contigo, tuviste demasiada suerte.
Sakura entornaba cada vez más los ojos y se le ahondaba la arruga entre sus cejas mientras escuchaba por minutos lo que su padre seguía diciendo.
- No debiste entrar jamás en esa joyería y lo sabes, lo correcto había sido llamar una patrulla de refuerzos, esperar por su llegada y marcharte después de dar las debidas indicaciones. Los oficiales más experimentados se habrían hecho cargo del caso, tú aún no estás en condiciones de enfrentar hampones como muchos de tus compañeros, apenas y saliste de la academia…
Un sabor amargo se apoderaba de su paladar mientras aquel monólogo se extendía cada vez más y más, pretendiendo justificar su error de una manera vergonzosa, haciéndola sentir como una mimada inútil, destruyendo de una vez por todas aquella vieja esperanza que antes concibió al pensar que una vez que ingresase en la policía haría un papel de heroína y sus padres y demás conocidos tendrían que alzar la vista para verla en lo alto: una mujer que era capaz de cuidarse a sí misma y proteger al resto. Pero nada había cambiado, poco importaba que fuese mayor de edad, que la llamasen oficial Haruno, que cargase un arma de fuego y portase aquel elegante uniforme; seguían imponiéndole una sobreprotección que no había pedido ni requerido y que antes, en su etapa de niñez no le había servido para nada porque eso jamás acalló las burlas que le hacían el resto de sus compañeros debido a su raro cabello y a su amplia frente, etapa durante la cual había decidido que defender la justicia sería su destino y mayor sueño, y cuya realización ahora intentaban frustrar sus seres más queridos. Empezando por su padre y jefe.
- De ahora en adelante deberás tener un compañero. Sasuke Uchiha es uno de los más buscados ladrones, un sujeto muy peligroso, su compasión tiene límites, la próxima vez podría actuar verdaderamente en tu contra…
- ¡La próxima vez sería ella quien lo tendría de espaldas! ¡Y no necesitaría de su asquerosa compasión, maldita sea!
- Papá, no me comprendes – intentó ella de buena forma explicar –, yo puedo hacerlo, sé que podré ser una ejemplar oficial, te sentirás orgulloso cuando…
- No, no, no – la interrumpió Kizashi – ya sé a dónde quieres llevar pero lo que quiero es te dejes cuidar de la manera que me parece, aún necesitas ganar más experiencia para afrontar retos mayores.
Ella cerró los ojos mientras continuaba escuchando aquella retahíla de argumentos predecibles, reiterados y que de cierta forma mataban su honor. Comenzó a sentir la habitación más espaciosa y la puerta más alejada, como si sintiera que no sería sencillo salir de esa situación para escapar a las decisiones impuestas de su padre… permaneció allí con los puños temblándole hasta que no lo toleró más y…
- ¡Basta! – gruñó Sakura en una mezcla de ira y determinación cortando las palabras de su padre – No intentes hacerme ver como una cobarde, papá, no necesito de un compañero que sé que secretamente hará el ridículo papel de escolta porque tú se lo ordenarías; estoy harta de que me creas incapaz de siquiera defenderme a mí misma. ¿Qué estaría haciendo entonces aquí? Yo represento la seguridad para el resto de la población, ¡un protector no necesita ser protegido!
- Sakura, exijo que comprendas la complejidad de tu posición, no conoces nada del mundo de los delincuentes, el último encuentro casi te hace perder la vida…
- ¡El último encuentro me hizo abrir los ojos! – respondió antes de que su padre continuase –, quiero y necesito que de ahora en adelante me trates como a una más de tus agentes de la policía, quiero cumplir con todas las tareas que en realidad me corresponden, esas que parten de ser inofensivas como llenar papeleos y patrullar a ser arriesgadas y emocionantes como vigilar eventos públicos, seguir la pista a un criminal, luchar contra él y posteriormente arrestarlo.
Las demandas de su hija lo dejaron mudo. Sakura no supo qué pensar ante la desolada y confusa expresión de su padre hasta que él decidió hablar de nuevo.
. Sakura… me gustaría que las cosas fuesen tan fáciles como las expones, pero no puedo cumplir con total satisfacción esos deseos que tienes. Debes ser más realista, hija, la policía no es como siempre las plasman en las películas. Qué equivocada estás con esas ideas de superhéroes que…
- No – cortó ella con unas extrañas y aborrecibles ganas de llorar –… es inútil, padre… ya no quiero seguir escuchándote.
Se dio media vuelta y sin prestar atención a los llamados de su padre para que no se marchase de esa forma comenzó a avanzar hacia la salida mientras se enjugaba con el revés de la mano una lágrima que escapó de su ojo izquierdo. Cuando abrió la puerta descubrió detrás a Naruto que casi se da bruces contra el suelo. Había estado con el oído pegado a la puerta para escuchar todo aquello, pero eso no le molestó por supuesto, su buen amigo rubio lo hizo porque seguro escuchó su voz en alto cuando reclamaba a su padre y se preocupó por ella.
- ¡Ho-hola, Sakura! – saludó Naruto con nerviosismo y una gran sonrisa mientras se rascaba la cabeza intentando disimular –, ¿todo bien?
-Si – murmuró ella con los ojos fijos en el suelo y le pasó por el lado para continuar su camino.
El chico no se quedaría allí parado por supuesto, la siguió hasta que salieron de aquel lugar importándole poco que uno de sus compañeros lo requiriese en ese momento para una rápida emergencia. Caminó detrás de Sakura en silencio hasta que minutos después arribaron a la más cercana cafetería donde la mayoría de los oficiales solía comprar sus donas y cafés.
Sakura se sentó en una mesa y Naruto se acomodó en frente, aún en silencio, esperando a que ella hablase de su problemática, pero como no lo hizo, le tocó al obstinado chico rubio de ojos azules preguntar:
- Oye… ¿estás bien?
Ella negó con la cabeza.
De acuerdo, admito que escuché gran parte de la discusión con el jefe, y ¿sabes una cosa? Me atrevería a decir incluso frente a él que estoy totalmente de acuerdo contigo. No te aflijas por eso Sakura, que algo tan insignificante como los preceptos de tu padre no te impidan cumplir tus sueños; debes romper ese cascarón en el que te han obligado a permanecer. ¡Demuéstrales a todos que sí puedes!
- Puedo – repitió ella –. Puedo, Naruto; tú sabes que puedo. ¿Pero cómo hacerlo si no me dan la oportunidad?
- ¡Entonces créala! – exclamó el chico con una sonrisa y un ojo cerrado en un guiño de optimismo – ambos sabemos que no siempre podrán mantenerte al margen del peligro; cuando las circunstancias se presenten aprovéchalas y da lo mejor de ti. ¡Es lo que siempre yo hago! No permitas que otros te impongan las limitaciones que piensan que te corresponden, ¡no señor! Nadie tiene derecho a decidir por ti y nadie más que tú tiene la capacidad de detenerte.
Sakura sonrió con los ojos cerrados tras oír esas palabras y asentir para darle toda la razón a su buen amigo. Definitivamente eso era lo que necesitaba escuchar, o más bien recordar pues también lo había decidido antes.
A unos metros de allí se encontraba una simpática joven de largos cabellos azulados, fleco cuadrado sobre su frente que le daba un aspecto de candidez y hermosos ojos nacarados y brillantes observando a Naruto y sonriendo también con ternura al haber oído tan magnifico discurso, mientras sus mejillas se encendían de un leve rojo. Su nombre era Hinata Hyuga, estudiaba aún en la universidad, pero trabajaba de vez en cuando en la cafetería de su padre, más con el pretexto de ver a Naruto que con el de ayudarle con la clientela en general. Sakura se percató de ella y de inmediato la llamó para que se acercase. Eran buenas amigas.
- Ah, hola Hinata! – la saludó Naruto con su natural buen ánimo – no te había visto.
- Si… yo… Naruto… hola – murmuró la chica, mirando el piso y moviendo el menú de la cafetería nerviosamente entre sus manos –, hola Sakura.
- Hola, Hinata.
- ¿To-tomo sus órdenes? – preguntó después de tragar saliva –, ¿n-necesitas el menú, Naruto? – se lo tendió con las manos temblorosas.
- Nah, solo tráeme lo de siempre por favor, ya sabes – respondió Naruto desperezándose y poniendo sus manos detrás de su cabeza.
- S-si, por supuesto… ¿tú Sakura?
- No te preocupes por mí, Hinata – respondió Sakura amablemente –. Yo ya me marcho, tengo trabajo que hacer.
- ¿Qué? – exclamó Naruto un poco desilusionado – pero Sakura, se suponía que compartiríamos un rato para seguir hablando de…
-No Naruto – le interrumpió ella con una serena sonrisa –. En verdad agradezco todo lo que me dijiste. Pero ya es momento de ponerme manos a la obra si quiero triunfar, y lo lograré sólo con esfuerzo y paciencia.
- Si… comprendo – sonrió Naruto.
- Lamento dejarte a solas – dijo Sakura y miró suspicazmente a Hinata que aún no se marchaba –. Mejor dicho, quedas en mejor compañía. Hinata no permitirá que te sientas solo, ¿verdad, Hinata?
- ¡Sa-Sakura! – exclamó Hinata más apenada, recibiendo sólo un guiño de ojos alentador por parte de su amiga.
- Bueno, hasta pronto amigos.
Salió de la cafetería satisfecha de haber podido lograr que esos dos compartieran al menos un momento a solas, pero sus expectativas se cayeron a pedazos cuando divisó a un par de oficiales que habían decidido justo en aquel momento ir por un bocadillo.
- ¡Qué aburrido! ¿no pudiste esperar a que termináramos con ese papeleo de una buena vez? – preguntó Shikamaru mientras bostezaba,
- Tengo hambre – respondía Chouji palpándose su gran estómago –, después de que comamos algo podemos continuar, Shikamaru, ya sabes que no se debe trabajar con el estómago vacío. Puedes empalidecer.
- Viejo, tu estómago nunca está vacío – contestó Shikamaru.
Sakura los saludó a ambos y después de tenerlos de espaldas suspiró con resignación. Bueno, ya llegaría el momento en que Hinata tendría su oportunidad. Mientras tanto ella decidía que si la oportunidad no se le presentaba de nuevo, la crearía tal y como se lo recomendó Naruto. Ya se las ingeniaría.
Ahora se fijaba un nuevo objetivo que de ser el caso que lo consiguiera, probablemente le haría hasta ganar las llaves de la ciudad: atraparía a Sasuke Uchiha.
... ... ... ...
Aquella mañana temprano se desperezó lentamente y tras removerse un par de veces en la cama Sakura dio un respingo al recordar que se encontraría con Ino ese día, aquel fin de semana no tenía turno. Salió de voladas hacia el amplio y bonito baño de su apartamento para darse una ducha que le quitase aquel semblante soñoliento. Se preparó un desayuno corriente compuesto de algunos tocinos, huevos y unas tostadas de pan acompañado de jugo de naranja natural, durante la academia había aprendido a alimentarse bien pues sus energías físicas serían valiosas para empezar cualquier día. Mientras masticaba observó lo confortable y apagado que lucía su apartamento; al menos eso sí lo habían permitido sus padres cuando ella decidió independizarse; tan pronto vio aquel apartamento un par de años atrás decidió que lo compraría para su comodidad, y es que el lugar era espacioso sin ser demasiado grande, lo había llenado con pocos muebles, unas pinturas que antes colgaron en su cuarto y por supuesto algunas fotos de su familia y amigos junto a ella. Le encantaba su pequeño hogar ubicado en el tercer piso de aquel complejo de apartamentos
Usó un vestido azul pálido que le caía a la altura de las rodillas, un listón en la cabeza negro que hacía resaltar hermosamente sus largos cabellos rosas, un hermoso reloj en forma de flor en su muñeca, su bolso café en el hombro y andalias cómodas. Todos en la calle la creerían un ángel caído del cielo por aquel aspecto tan dulce e inofensivo – en especial por esos bellos ojos verdes que tan magnífico contraste lograban con su piel blanca – sin llegar a imaginar que dentro de ese bolso cargaba su identificación de oficial de la policía y un arma de fuego. Sí, esos detalles destruían cualquier sospecha de personalidad sagrada e ingenua. Era una guerrera de la ley.
Al salir de aquel sitio, ubicándose los lentes de sol en los ojos y apresurada por llegar cuanto antes no se dio cuenta del hombre que pasaba frente a sí y con el que chocó violentamente. La sacudida que se pegaron casi la hace caer hacia atrás, pero contó con la suerte de que aquel sujeto poseía una velocidad tan sorprendente que logró tomarla de la cintura para jalarla hacia adelante y conseguir que ella volviera a equilibrarse bien sobre sus pies.
- Ouhh – se quejó ella mientras se arreglaba el cabello en su lugar –, lo lamento señor no lo vi y…
Pero ahora sí lo veía y ¡por Dios! Su lengua no pudo seguir respondiendo al encontrarse con el rostro perfecto de aquel hombre. Tenía los ojos negros, tan profundamente negros que el punto más intenso del cielo de noche le envidiaría su oscuridad, la piel blanca, facciones severas que lo dotaban de potente masculinidad, y luego, luego estaba su cabello, negro también con mechones largos que caían a una y otra mejilla y puntas abundantes levantadas atrás que haría preguntar a cualquiera si ese era un toque natural o debía esforzarse para lograr tal efecto. Sakura se quedó contemplándole por un momento hasta que decidió bajar la cabeza para disculparse nuevamente.
- No, soy yo quien debe disculparse, señorita – respondió el hombre –, yo la vi venir, pero pensé que sería usted quien se detendría antes.
Vaya, aquel hombre debía ser bastante arrogante para admitir tal pensamiento. O quizá quería cruzarse con ella a propósito. Eso último sonaba mejor.
- Si… bueno, es que voy deprisa y no me fijé… también es mi culpa.
- Descuide – dijo él haciendo un movimiento con la mano, indicándole a ella que se olvidara de eso –, ¿vive usted por aquí?
- Si, en este complejo de apartamentos.
- Qué extraño, yo suelo pasar bastante por este sitio y no recuerdo haberla visto antes.
- Ah, bueno, tal vez me vio antes y se le…
- No – la cortó él –. Su apariencia es tan inusualmente exclusiva que estoy seguro de que jamás la habría olvidado.
Sakura sonrió cordialmente y se sonrojó un poco. ¡Además de apuesto era caballeroso!
- Sa…ku…ra… – murmuró él como saboreando cada sílaba.
- ¿Disculpe? – preguntó ella un poco exaltada –, ¿conocía usted mi nombre?
- Oh, de modo que lo he adivinado - dijo él con fingida sorpresa -, bueno, no ha sido difícil después de ver su cabello pues me recordó a los arboles de cerezo en primavera. Tiene usted el nombre bien puesto.
- ¡Ah, ya comprendo! – exclamó ella con una risita encantadora –, muchas gracias, mi nombre completo es Sakura Haruno.
- Yo soy Suke Hachijou – respondió él y tomó la linda y blanquecina mano de ella para apretarla un poco entre la suya – es un placer conocerla.
- Encantada sr. Hachijou.
- Llámeme Suke, por favor, ¿le importa si le digo a usted Sakura?
- No… en absoluto – sonrió ella complacida, llevando un mechón detrás de su oreja e intentando controlar su sonrojo hasta que recordó –. Oh, lo siento, es que… iba deprisa y debo irme.
- Hmp. Si, comprendo – dijo él con una media sonrisa y soltándole por fin la mano –, espero volverla a ver Sakura.
- Igualmente. Hasta pronto.
Y tomó un taxi con impaciencia para marcharse por fin de allí a casa de su amiga, sin contar con que aquel hombre llamado Suke la observó con malicia mientras se alejaba y que una vez que desapareció de su vista observó el bonito reloj dorado en forma de flor que antes había portado ella en su muñeca.
... ... ... ...
Espero les haya gustado, y bueno, demás está decir que Suke es Sasuke, pero hago énfasis en este detalle para recalcar a ustedes la diferencia en la pronunciación de ambos nombres, Suke se pronuncia tal y como se escribe, pero en el caso de Sasuke suena más bien como si dijera Saske, de modo que para notar la similitud a simple oído sería difícil, o al menos no sería algo que cualquiera habría de tener en cuenta.
Bueno, nos vemos en el próximo capítulo que subiré en un par de días.
Si te gustó por favor déjame un lindo review, de lo contrario déjame un feo review, jajajaja, digamos que lo que me importa es que me dejen reviews para ya saben, tener conciencia de que al menos soy leída por alguien.
Un beso.
Sigma Shey.
