II Portgas D. Ace

Ace sintió algo húmedo mojándole entero, algo que desprendía un olor pestilente e intenso, y despertó de golpe. No podía ver nada a parte de una luz a través de lo que creía que era tela. Su último recuerdo antes de aquel momento había sido mientras esperaba a que Sabo saliera de su curso intensivo de verano en la universidad. Sabo había aparecido, y después de unos pocos pasos unos tipos les habían atacado. No recordaba nada más, odiaba aquella maldita narcolepsia que le daba de tanto en tanto, no podía haber aparecido en un momento más propicio. Aunque era posible que le hubieran dado un golpe en la cabeza, y que el resultado fuera el mismo. Trató de moverse, pero tampoco podía, estaba atado de manos y pies a una silla, así que se mantuvo a la escucha

— Tío, Thatch, te has pasado — oyó a una voz reírse. Parecía que su propietario se divertía a pesar de sus palabras condescendientes. Había más sonido de risas, pero no podía identificar cuantas, tal vez dos o tres personas más.

— Jozu ha matado al otro ¿Qué mal le hará un poco de agua sucia encima? — se rió otra voz, una más femenina.

Las palabras de la otra voz inquietaron y le irritaron más que el hecho de que le echarán algo asqueroso encima. Si Sabo estaba muerto por culpa de su narcolepsia nunca en toda su vida se lo podría perdonar.

—Pero qué dices, si seguro que se ha equivocado con el voltaje y ha sido un accidente — añadió una tercera voz. Ace tuvo suficiente, aquellos tipos eran unos majaderos y unos sádicos.

— Si le habéis hecho algo a Sabo os mataré a todos — amenazó a la vez que notaba como tiraban de la bolsa mojada que tenía en la cabeza y le impedía ver.

Su primera imagen fue la de un tipo vestido con sudadera y pantalón tejano que estaba cómodamente apoyado en una silla de oficina. Le observaba con curiosidad, sus parpados caídos le daban cierto aire de calma y relajación, al igual que aquella sonrisa que a Ace le resultó un tanto espeluznante considerando que hablaban de la posible muerte de Sabo. A su lado una mujer algo mayor que él, con el pelo celeste como el de Vivi. Ella no sonreía, pero le miraba con la misma curiosidad.

—Calma, que tu amigo no está muerto, hablábamos de otro tipo — dijo una voz a su lado. Al girarse reconoció al tipo como el mismo que les había atacado, iba con otro mucho más grande —. Siento lo del agua, desde que vi como lo hacían en una película de Tarantino siempre había querido hacerlo.

Ace le miró con ojeriza. ¿Qué se creía? ¿que podía bromear así sin más después de atacarle por las buenas y atarle así como así? Aquel debía se Thatch. Se hizo un silencio un tanto incómodo y Ace aprovechó para observar a su alrededor. Parecía estar en un zulo sin ventanas, probablemente un sótano o un almacén. Las estanterías parecían llenas de botes y latas polvorientas y unas cortinas mugrientas cubrían la parte en la que Ace suponía que podía haber una salida.

Eran tres y podía ser difícil escapar, pero tenía que intentarlo y encontrar a Sabo. Sabía que dado su trabajo aquello podía ocurrir, pero no creía que Sabo también se fuera a ver involucrado. Sabo planeaba los robos de drogas, y entre ellos dos y Luffy se encargaban de conseguir el material, solo él lo distribuía después. Lo único que no le cuadraba a Ace es que aquellos tres tipos no le sonaban de nada. Habían robado siempre a Crocodile según la información que le pasaba Vivi sobre la banda Baroque, y alguna que otra vez a Buggy y a perdedores de bajo nivel, pero nunca a aquella gente.

— La salida está en realidad tras de ti — dijo el tipo de la silla. Que llevara la capucha de la sudadera le daba un aspecto un tanto de adolescente, pero se notaba que era mayor que él, tal vez en el tono que usaba o simplemente su intuición se lo decía —. Tu amigo está bien, solo queríamos hacerte algunas preguntas y después podrás marcharte tranquilamente.

—Claro que sí ¿os creéis que soy tonto? ¿A qué jugáis, al poli bueno y el poli más bueno? — contestó Ace antes de que el tipo que se quitó la capucha para dejarle ver aquel corte de pelo extraño que llevaba, rapado por debajo y desfilado y desigual desde la coronilla —. No sé qué os pensáis que os he hecho, ni quién os ha pagado para que hagáis esto pero las respuestas son nada y os están timando.

La chica suspiró, apoyó una mano en el brazo del tipo de la silla, después de soltarle se dirigió hacia Ace para pasar de largo por detrás de la silla en la que estaba inmovilizado.

— Te dejo esto a ti, Marco — dijo con cansancio —. Puede durar toda la noche y no tengo ganas, ya me contáis qué tal.

— ¡Pero qué vaga, Bay! — bromeó Thatch acercándose al del corte de pelo raro y cruzándose de brazos para mirar a Ace. La mujer rió y se fue de todos modos.

Según el oído no muy afinado de Ace, había unas escaleras, y dos puertas hasta dónde quisiera que hubiera ido. Trataba de escuchar algo más, pero el tipo que ahora identificaba como Marco empezó a hablar de nuevo.

— Supongamos que sabemos que no habéis sido vosotros quiénes estamos buscando — dijo en un supósito —, ¿Quién crees que podría haber sido?

Apoyaba la cabeza en su mano y cambiaba de lado a lado mientras Ace seguía sin decir palabra. ¿Bay? Thatch y Bay, le sonaban aquellos nombres pero no sabía de qué. No tenía relación nadie a quienes les hubiera robado mercancía

— Está bien, porque sabemos que sí que lo habéis hecho con la banda Baroque y me atrevería a decir que el circo de Buggy pasa por horas bajas por vuestra culpa — Marco volvía a hablar y terriblemente acertado en sus palabras. Ace se sintió un poco agobiado por toda aquella información. Si realmente creían que habían sido ellos ¿Por qué no se lo cargaban y terminaban ya con la situación? Él tampoco tenía ganas, como bien había dicho Bay —. ¿Qué hay de tu amigo? ¿Podría haberlo hecho él solo?

— ¿Qué clase de flipados sois? — se molestó en quejarse Ace. Aunque Sabo hubiera robado toda la cocaína del universo de las manos de aquellos mafiosos no hubiera abierto la boca. Ni de broma.

Se quedaron en completo silencio de nuevo, solo estropeado por los insultos que Ace les profesaba de tanto en tanto, incapaz de callarse. Después de insultarles volvía a buscar modos de escapar ode deshacerse de las bridas de plástico que le sujetaban las manos.

— Creo que quiero ir a por helados — dijo Thatch algo aburrido al cabo de veinte minutos —. ¿Quieres uno?

Ace pensaba que se lo ofrecía a Marco, pero se lo ofrecía a él y le resultó entre confuso y aterrador. ¿Qué trataba de entregarle un helado para que tuviera algún tipo de síndrome de Estocolmo? Negó y le insultó a la vez que veía cómo se marchaba. Marco sonrió.

— Pareces de fíar y por eso voy a soltarte — dijo sin moverse ni un milímetro de aquella silla con ruedecillas en la que llevaba todo el rato sentado. Esperaba a algo, pero Ace no podía saber exactamente el qué.

— Si no te mueves de la silla lo vas a tener difícil — puntualizó Ace que trataba de soltarse de la cuerda que sujetaba sus manos imaginando que iba de farol y que solo trataba de hacer lo mismo que Thatch para ver si decía algo respecto a Sabo.

Marco se rió, y se movió de la silla, para dirigirse hacia la cortina que había detrás de él. Al moverla, solo había una estantería más con algunos objetos que Ace no podía ver desde el lugar en el que se encontraba. Vió como el rubio se acercaba a él con unas tenazas. Su cerebro trataba de concentrarse en que le había dicho que iba a soltar la brida que le sujetaba las manos a la espalda, pero su cuerpo le decía que debía soltarse de algún modo y darle una patada antes de que se acercara. Sin pensar siquiera, empezó a forcejear hasta que la silla cayó al suelo que fue justo en el momento en el que Marco llegaba a su altura.

— Tienes serios problemas de confianza ¿no? — comentó Marco dejándo las tenazas en el suelo y sentándose a su lado —. No sé si debería esperar a que fuera Thatch quien te soltara. Tienes que calmarte un poco, se nota mucho que no tienes mucha experiencia.

— ¿Te ríes de mí? ¿Es que te crees que no puedo contigo? — se aventuró a amenazar Ace. Se había golpeado y sangraba, pero no demasiado. Lo único que le dolía realmente era la vergüenza que le causaba la situación, tema del que se olvidaría pronto.

— Ya, bueno — contestó el otro observando con detalle como se movía en un intento de tener una mejor postura —. Claro que podría, pero no me apetece, me caes bien.

La puerta sonó y Ace pudo identificar que por lo menos dos personas bajaban las escaleras.

— Tío, ¿pero qué habéis hecho? — Ace oyó la voz de Sabo y se sintió confuso. ¿Podía ser una broma? Una broma muy pesada.

— Se suponía que ibas a soltarlo una vez confirmaras que no era un soplón — dijo otra voz, la de Thatch.

— Ya, yo tampoco me hubiera fiado de un tipo con tenazas acercándose a mí — admitió Marco tomando de nuevo las tenazas y entregándoselas a Sabo que estaba justo detrás de la silla.

Ace notó el frío metal de las tenazas rozando su piel y el sonido leve que el plástico que sujetaba sus muñecas juntas hizo al romperse. También una queja por parte del rubio que le decía que apestaba a agua estancada.

— Yo me abro — anunció el moreno en cuanto se liberó de la silla.

— Ace, espera, tienen un trato interesante que ofrecernos — dijo su amigo haciéndo que él arqueara las cejas pero se mantuviera a la espera, escuchando lo que tuvieran que decir —. Podrás dejar de vender, como siempre dices que Vivi quiere.

Marco, que seguía sentado en el suelo observando, volvió a levantarse para exponer el tema. Y Ace atendió porque él también quería porque se exponía demasiado, lo que no le asustaba, pero sí le traía problemas.

Al parecer su trabajo sería exactamente el mismo que hacían, pero le darían las mercancías robadas directamente a cualquiera de los miembros de la banda de Barbablanca. Ahora Ace entendía de qué le sonaban, había oído hablar de aquella banda lo suficiente como para saber que no había estado actuando estúpidamente al preocuparse tanto.

— Está bien, pero quiero el 70% de beneficios — dijo el moreno antes de que Marco terminara de exponer la situación.

— Error, os pagarémos una cantidad fija por cara golpe — dijo el rubio —, también os ofreceremos detalles, el dinero dependerá del valor de lo que robéis.

Ace pensaba en ello, estaba seguro de que era un buen trato. Sabo lo había escuchado antes y era más calmado a la hora de tomar decisiones, fuera como fuera había esperado a que él supiera sobre el tema.

— Necesitaré tiempo para pensar en ello — dijo Ace más para mejorar las condiciones que para ganar tiempo realmente —. También tengo que aclarar cosas con mi compañero.

— Ya os contactaremos en unos días, entonces — dijo Marco a la vez que asentía —. Thatch os llevara de vuelta, pero tendríamos que volver a poneros las bolsas, por si la respuesta es no. Es un tema delicado, ¿comprendéis?

Ace le miró con odio y negó con la cabeza a la vez que sonreía. Sabo sonreía a Thatch con cara de circusntancia. Tal vez tenían que salir de allí por la fuerza, y era cuanto menos una situación complicada.

— Os está tomando el pelo — dijo Thatch a la vez que se reía —. Esta es una casa que ha embargado el banco. No os íbamos a llevar a una sede de operaciones si no formáis parte de la familia.

Thatch les indicó el camino escaleras arriba y Ace observó con detalle. Sí, aquello parecía una casa totalmente funcional a pesar de todo. Salieron por la parte de atrás y fueron andando hasta casa mientras Sabo no abría la boca. Ace sabía que pensaba en el trato, así que no dudó en decirle que pensaba que era una buena oportunidad.

— Si, lo que una vez entras en una banda salir es casi imposible — puntualizó Sabo sacando de su cabeza la mayor parte de sus pensamientos, algo en lo que Ace no había pensado realmente. Estaban cerca del bloque de pisos en que vivía el moreno, justo encima del Bellemere's. Una farola daba una luz apagada a la calle y Ace pensaba que quería entrar en casa ya—. Hemos ido de por libre y nos ha ido bien. Si decimos que no, no sé hasta qué nivel serán nuestros enemigos además que...

Los detalles y las infinidad de posibilidades abrumaba a Ace que le mandó callar por un momento. ¿Estaban realmente en una emboscada tan grande? Trató de no pensar en ello, tenía que ducharse primero.

— Mañana lo hablamos, mejor — dijo abriendo la puerta de cristal que daba a una portería enorme en la que había una enorme pintada de grafitti con el nombre de Scratchmen Apoo. Ducha, y sueño reparador tenían mejor pinta que pensar en trabajos pesados.