NI SIQUIERA UNA SEMANA Y YA ESTOY AQUÍ DE NUEVO, JEEEH~ Es que-. Adoro este fanfic, fin. Sin más...

COMIENZO!

—o—o—o—o—o—o—o—o—o—

¡De vuelta aquí por la demanda popular!

-Ajém- Bien, ahora... No se me había ocurrido que a alguien le gustaría lo que he escrito. Uh... El mundo funciona de maneras extrañas... De cualquier manera, quiero agradecer a todos los que hayan leído el primer capítulo (Nota de la traductora: -yo también- Gracias.) , hayáis dejado un review o no. Gracias por todo el apoyo, gente. Lo siento, no sé si podré hacer actualizaciones más rápidas.

Advertencia por maldiciones.

Disclaimer: Nada me pertenece aparte de mi portátil y algunos elementos de la trama.

—o—o—o—o—o—o—o—o—o—

Los otros niños se habían ido hace mucho ya, dejando sólo al niñero, a los niños a su cargo, y (a espaldas del cuidador) a un curioso espíritu del hielo que escudriñaba cada acción del otro adolescente. Ojos azules trazaban cada suave suspiro, exhalo, o palabra que se desplazara al aire acompañada de volutas blancas de aire así como la nieve afuera continuaba con su vertiginoso descenso...

En torrentes.

Ahora mientras que la nieve formaba parte del plan de Jack para extender las vacaciones de invierno... la monstruosa tormenta de nieve definitivamente no lo hacía.

El Guardián no necesitaba girarse para ver a Jamie lanzándole miradas curiosas; era, después de todo, raro que Jack permaneciera allí en silencio... en medio del salón de estar de Jamie... en medio de una tormenta de nieve que él había creado. Vio a Hipo caminar alrededor de la sala, móvil presionado contra su oreja mientras rápidas y extranjeras palabras* salían de su boca con preocupación. Jack suprimió la urgencia de gruñir. Vale, así que... trescientos años y aún habían algunas peculiaridades que debía arreglar en sus poderes. Cosas como estas aún ocurrían cuando se excitaba un poco demasiado...

(Y no, no en ese sentido.)

Las luces centellearon de nuevo, haciendo que Jack se sobresaltara y enviara una mirada de disculpas a Jamie. El niño en cambio le dio una sonrisa resignada mientras se acercaba a su hermanita para mayor comodidad.

Hipo suspiró y guardó su teléfono. Se aproximó a Jamie con una sonrisa cansada, ojos tintados en ansiedad.

—Acabo de hablar con mi padre... parece ser que las rutas están completamente bloqueadas por la nieve. —Jamie asintió comprendiendo aquello a la vez que Hipo se dejaba caer en el sofá al lado de Sofi, actualmente acurrucada bajo una manta para entrar en calor. Dejó salir una risilla exhausta—. He tenido que rogarle que se quedara en el trabajo hasta que el tiempo se calme. Sé que los inviernos aquí no son tan malos como los de Berk, incluso con este tiempo, pero aún así es peligroso conducir. —Sacudió su cabeza, siendo el movimiento pesado e inquieto—. Otra cosa sobre las costumbres Vikingas... tenemos algunos serios problemas de terquedad.

Arrastrándose hasta estar al lado de Hipo, Jamie extendió su manta sobre ambos.

—No te preocupes, estoy seguro de que el tiempo se calmará pronto. O, al menos, estoy seguro de que todos estarán a salvo. —Una mirada esperanzada en dirección a Jack pateó la culpabilidad que el Guardián del Invierno sentía, haciéndola crecer a toda velocidad.

Hipo sonrío y acercó a los dos niños Bennet, atento a Sofi, que parecía haberse quedado dormida ya.

—Gracias, Jamie. Estoy seguro de que todos estarán bien. —Se detuvo a pensar durante un segundo—. Oye... como tu madre debe de estar en el mismo barco que mi padre... ¿qué soléis hacer después de cenar?

Jamie respondió sonriente:

—Bueno... mamá suele dejar que me quede despierto hasta tarde...

Jack sonrió ladinamente e Hipo intentó no hacer lo mismo.

—Ah, ¿sí? ¿Hasta qué hora?

—¡Ta' medianoche!

Jack rió entre dientes.

—Muy hábil.

Hipo fingió pensárselo cuidadosamente.

—Ah... no sé, Jamie... ni siquiera yo me quedo despierto hasta tan tarde.

—Eso es porque tu padre dice que eres un hueso hablador que necesita dormir más para crecer.

Hipo enrojeció intentando no farfullar indignadamente.

—Gracias por recordármelo.

—Y él ha dicho que necesitas comer más. —añadió Jamie.

Jack, yuxtaponiéndose al otro adolescente, se dobló sobre sí mismo riendo.

—¡Brillante!

—Sólo bromeaba, ¡lo prometo! Lo siento. —Hipo frunció el ceño pero aceptó las disculpas, ignorando descaradamente la gran sonrisa que se esparció por el rostro de Jamie—. Mamá sólo nos deja a Sofi y a mí jugar una hora antes de ir a la cama... entonces nos ponemos nuestros pijamas y ella lee una historia a Sofi. A veces, a mí también. —Sonrío mientras Sofi despertaba lentamente de su dormir—. ¿Y tú, Hipo?

—Yo, eh... usualmente leo un rato y dibujo. Entonces me aseo y busco a Desdentado... y... —Jack se apartó sobresaltado cuando de repente Hipo salió disparado del sofá y corrió hasta sus botas. Poniéndoselas, miró a los sorprendidos niños—. Lo siento, Jamie, volveré enseguida. Por favor, ¡cuida de Sofi hasta que vuelva!

Jack enarcó una ceja.

—¿Desdentado?

—Su gato —susurró Jamie en respuesta antes de voltear hacia el adolescente que ya se hallaba en la puerta—. ¡Hipo!

—A Desdentado no le gusta estar todo el día solo y nunca me perdonaría si yo... eh... —suspiró y sacudió la cabeza para hacer desaparecer ese pensamiento—. Regresaré, no te preocupes. Estaré justo en la puerta de al lado. —Y con eso, abrió la puerta y la cerró, dejando apenas unas pocas cantidades de nieve formar un charco en la alfombra.

Jack frunció el entrecejo.

—¿A qué ha venido todo eso?

Jamie acomodó la manta alrededor de su hermana mientras centraba su mente en unos recuerdos creados no hacía mucho.

—Desdentado es muy protector con él. Su padre me ha contado que Desdentado le salvó la vida y desde entonces, no se ha apartado del lado de Hipo. —Un gemido suave de Abby atrapó su atención. Jamie la llamó y le dio unas palmaditas afectivas en la cabeza—. Hipo no ha podido traer a Desdentado porque él y Abby no se llevan bien.

—Oh... —Jack recapacitó sobre ello en alto—. ¿Pero es realmente necesario que salga con toda esa nieve afuera para ir a recoger a su gato?

Jamie rió.

—Un poco. Desdentado siempre lo cuida porque Hipo suele meterse en muchos accidentes. Su padre siempre dice eso, al menos.

Jack pensó en ello durante un momento. El chico definitivamente parecía ser de los que se metían en todo tipo de problemas, incluso si era inintencionalmente. Él parecía tan frágil... Uh, débil. Sí, quería decir débil. Un hueso parlanchín. Durante un segundo, una corriente de preocupación creció en su interior, pero la dispersó rápidamente; sólo era nieve, ¿no? El chaval debería tener bastante mala suerte si se hería a sí mismo allí afuera, ni siquiera a veinte pasos de la casa de Jamie.

—Hipo es como... un imán de peligros, también.

Jack empalideció.

—Eh... ¿Jamie?

—¿Hm?

—Enseguida vuelvo...

Una ventisca de aire frío después, Jamie había sido dejado en la sala. El niño suspiró y se trepó al sofá, la galgo gris siguiéndolo.

—Adolescentes... —A su lado, Sofi murmuró algo incoherente y Jamie simplemente asumió que ella estaba de acuerdo con él.

—o—o—o—

A Hipo lo alegraba bastante que nadie de Berk pudiera verlo en ese momento, cara aplastada en la nieve por enésima vez así como el viento se levantaba. Cierto, mientras que en su antiguo hogar lo había pasado mucho peor, eso no significaba que ahora fuera más ágil. Agrietando sus dientes y poniéndose en pie de nuevo, Hipo se estremeció... pero no fue por el frío.

Desde el rabillo de sus ojos, no había nada más que blanco cegador y oscuridad. Y aún así no podía quitarse la sensación de que alguien estaba allí—

Observándolo.

Una corriente de miedo recorrió su espina dorsal pero sacudió esa emoción fuera de su organismo. Sólo tenía que concentrarse en alcanzar su puerta e ir a su habitación donde Desdentado estaría descansando sin duda alguna, esperando el regreso de su amigo. Sí... Prioridades; eso es lo que necesitaba. Tropezando, Hipo consiguió avanzar tres pasos más antes de que su pie se atascara en algo enterrado en la nieve y él cayera de cara al suelo, de nuevo.

Detrás de él Jack sólo pudo suspirar e intentar no verse demasiado divertido.

—Whao... Este chico es un desastre andante.

Vio al chico levantarse de nuevo quitándose la nieve de la ropa antes de continuar hacia adelante en su (aparentemente para él) peligroso viaje. Jack entrecerró sus ojos cuando un brillo plateado en medio de la nieve atrapó su mirada. Agachándose a dos pasos de él, Hipo se las arregló de alguna manera para evadir la gravedad manteniéndose en equilibrio con una serie de movimientos de brazos, y Jack recogió una llave del suelo —sin lugar a dudas necesaria para la pequeña operación de Hipo.

Jack chasqueó su lengua.

—¿Qué harías sin mí, chaval?

Mientras que Hipo era distraído por una ráfaga de viento que "simplemente apareció de la nada" para cegarlo por un momento, Jack abrió rápidamente un camino para que el chico recorriera a duras penas. Al encontrar la helada pasarela, los ojos de Hipo fueron de derecha a izquierda nerviosamente antes de continuar con rigidez hacia adelante.

—De nada. —Jack arrastró las palabras, llave aún en su mano, así como flotaba tras el muchacho.

Al alcanzar lo que probablemente era el porche de Hipo, Jack pensó que podría ser el momento indicado para deslizar la llave en el bolsillo del chaleco de Hipo. Bueno, era el momento indicado hasta que Hipo casi le dio un codazo justo en el intestino.

—Maldición, dónde habré puesto la llave...

Jack rió entre dientes.

—Espero que no digas eso delante de Jamie y Sofi.

Revisando sus bolsillos delanteros, el castaño comenzó a sentirse frustrado.

—Joder...

—Eso tampoco...

Ahora comprobando sus bolsillos traseros, Hipo dejó escapar gemidos realmente interesantes de irritación.

Mierda.

—Vale, definitivamente eso tampoco —dijo airadamente Jack—. Qué boca tan sucia tienes~.

Cuando Hipo parecía estar al borde del pánico, Jack bajó del aire y procedió a avanzar hacia el chico para dejar la llave dentro del bolsillo en su chaleco. Como fuera, como a la fortuna le diera la gana, Hipo eligió ese mismo momento para mover su brazo y comenzar su búsqueda desde cero de nuevo.

Sólo duró un momento, pero fue todo lo que Jack necesitó.

Hipo emitió un sonido estrangulado entre un llanto de triunfo y chillido al localizar la llave en la grieta de su bolsillo. Estrelló la llave en la cerradura, la giró, y entró corriendo, dando un portazo para cerrar la puerta tras él.

Jack se mantuvo quieto en el lugar, helado, porque en ese único momento—

sus manos se tocaron.

—o—o—o—

Hipo, tan pronto como la puerta se cerró, fue inmediatamente atacado por cuatro garras dirigidas a su pecho y una ruda lengua acolchada en su cara. Sonrió mientras rascaba la barbilla al gato del bosque noruego, sintiendo el ronroneo de su amigo por el tacto.

—Hey, colega. ¿Me echabas de menos?

El gato maulló, moviéndose más cerca de su humano.

Hipo sonrió, acariciando el pelaje sedoso del gato.

—Vale, Desdentado, sé que no te agrada particularmente Abby, pero sopórtala sólo por esta noche, ¿sí?

El gato respondió con silencio haciéndose un ovillo en brazos de Hipo en aceptación. Hipo le regaló una suave caricia antes de abrir su chaleco para otorgar al felino un resguardo de la nieve y el frío. Pensando por un momento después de sentir al gato presionado contra él y notando por primera vez cuán húmedas se habían vuelto sus ropas por la nieve, Hipo decidió que debería de al menos llevarse un cambio de ropa.

Jack fue sacado de su anterior estupor cuando Hipo dio un portazo para abrir y cerrar la puerta de nuevo. El espíritu de hielo puso algo de distancia entre ambos, aún mirando al muchacho con perplejidad. Se dio cuenta de que Hipo llevaba con él una mochila pequeña y un manojo de pelaje diminuto fuera de su chaleco... un manojo de pelaje diminuto que comenzó a aullar y sisear una vez que ojos verde tóxico se encontraron con los de Jack.

—¿Desdentado? ¿Estás bien, colega? —el gato se retorció para defender a su humano del espectro, pero Hipo no iba a dejar nada de eso ocurrir. No era que Desdentado odiara la nieve... pero el agua sí le daría problemas más tarde, incluso si Desdentado estaba de buenas para aguantarla.

Jack no supo si reír o hundirse más en su estado de confusión.

—Bueeeh... ¿qué es esto? ¿Primero tú y ahora tu gato? —otro siseo violento y una orden más tarde, Hipo ojeó nerviosamente el lugar en el que Jack permanecía y Jack acabó eligiendo reírse—. Jé, no puedo esperar para conocer a tu familia, Hipo.

Aparte del ocasional gruñido de Desdentado, el resto del camino hacia el fuerte de los Bennet fue bastante desaccidentado. Y con eso, Jack se refería a que Hipo no cayó ni una sola vez más. Jack recordó lo que Jamie había dicho antes y se imaginó que quizás tendría que ser por alguna cosa del subconsciente; quizás Hipo se sentía más seguro dando sus pasos ahora que Desdentado estaba ahí...

Jack descartó ese pensamiento. Quizás estaba leyendo demasiado profundo todo aquello (y sí, era capaz de eso también).

Cuando alcanzaron la puerta, Jamie la abrió de un movimiento dejándola abierta para que ambos muchachos entraran.

—Os he visto venir por la ventana —explicó Jamie. Él dijo sonriente cuando el gato salió de entre las ropas de Hipo y saltó al suelo, estirando su cuerpo lánguidamente ahora que estaba rodeado de la calidez de la casa...—. ¡Hey, Desdentado!

Ante el sonido de ese temido nombre, Abby salió disparada del sofá al interior seguro de la cocina. Jack dirigió una mirada confundida a Jamie a la vez que el niño soltaba una risilla. Sofi, emocionada de ver al felino de nuevo, corrió hacia él para acariciar su pelaje. Mientras tanto, la galgo gris de la cocina suspiraba, sintiéndose un poco traicionada.

Hipo suspiró.

—Desdentado... Tú dracónica pequeña criatura... ¿podrías dejar de aterrorizar a los que son más grandes que tú por una vez? —El gato en cuestión maulló inocentemente, pero Hipo no se lo tragó. No obstante, el adolescente sonrió afectuosamente al gato—. Juraría que tienes complejo de Napoleón, de alguna manera. —El gato sólo bufó sacando pecho orgullosamente. Hipo rió—. Sí, vale, ya sé que te sirve mucho, ya lo sé.

Jack ladeó su cabeza hacia un lado.

—Vale, ahí tenemos otra cosa que no se ve todos los días.

—Estoy seguro de que aprenderán a ser amigos algún día —lo consoló Jamie rascando detrás de la oreja a Desdentado.

Hipo sonrió divertido.

—Sí, seguro... —murmurando en tono bajo, añadió— ...el día que yo y Patán bebamos yak-nog juntos durante Snoggletog.

—¿Qué es Snoggletog? —preguntó Jack en alto.

—¿Qué es Snoggletog? —le hizo eco Jamie.

Hipo se enderezó incómodo.

—Es— eh—... Jamie, ¿podría usar el baño para darme una ducha? Se, eh, me siento un poco incómodo con esta ropa húmeda. —No era mentira... y no quería explicar esas vacaciones vikingas a Jamie, especialmente cuando englobaba explotar huevos por alguna razón desconocida.

Jamie asintió.

—Ve a por ello.

Haciendo un gesto enfurruñado, Jack lo siguió pasillo abajo.

—¡Hey, no has respondido la pregunta! ¿Y qué demonios es "Patán"?

—Hey, Jamie... ¿te importa si tomo prestada una toalla también? —lo llamó Hipo.

—¡Sí! ¡Están en el armario del pasillo a la izquierda!

Aún frunciendo el ceño, Jack decidió que sería mejor dejar esa pasar; ya le pediría a Jamie que acosara a Hipo para obtener una respuesta luego. Además...

Ahora tenía la oportunidad de contarle a Jamie lo que había pasado antes con Hipo.

Dándose la vuelta, Jack sofocó un grito al ver que Desdentado le había bloqueado el camino... con una mirada algo amenazante, especificaría él.

Las pupilas del felino adelgazaron hasta convertirse en meras hendiduras, apegándose al suelo como si estuviera preparado para atacar. Su pelaje se pegó a su cuerpo y gruñidos de advertencia que compartían afiladas garras informaron a Jack que el gato no estaba asustado de él... no, él estaba avisando a Jack, avisándole de un ataque inminente.

Jack dio un paso vacilante hacia atrás, inseguro de cómo había llegado a encontrarse a sí mismo en la posición del ratón común. Claro que podía defenderse a sí mismo... pero dudaba que Hipo fuera a alegrarse de encontrar a su gato atrapado en hielo. Podría volar por encima de él también, pero eso daría lugar a inquietantes preguntas sobre por qué Desdentado estaba dando caza al aire. Cuando su espalda se encontró con una puerta, Jack decidió mejor que sería conveniente jugar en la defensiva. Sin esperar otro siniestro siseo del feroz felino, Jack movió el picaporte rápidamente y se deslizó dentro.

Cualquiera pensaría que después de haber luchado contra el Rey de las Pesadillas mismo, Jack debería ser más que capaz de mantener la compostura ante condiciones extremas...

—Desdentado, ¿es realmente necesario que hagas guardia ahí afuera?

Jack tragó saliva al mismo tiempo que oía un suspiro resignado del otro lado de la puerta.

—Quieres... ¿qué? Vale, vale, de acuerdo. Puedes quedarte dentro mientras me ducho.

Cuando el pomo comenzó a girar, Jack empezó a entrar en pánico.

Hipo entró y encendió las luces; Jack sólo pudo maldecir al Destino. Claro que eligió el cuarto de baño por accidente. Claro, porque Jack Frost simplemente contaba con esa clase de suerte. Desdentado, la cosa malvada, miró fijamente a Jack mientras Hipo cerraba la puerta y la bloqueaba.

Esta vez fue Jack el que hizo un pequeño sonido estrangulado, una mezcla entre lloro y un gemido seco. Intentó no perder la cabeza por eso. Por supuesto que no. Él era Jack Frost —el epítome de "cool". Simplemente se deslizaría fuera una vez que Hipo estuviera en la ducha y se aseguraría de cerrar la puerta a tiempo para que el malicioso pequeño demonio no lo siguiera. Además, no era como si quisiera quedarse.

"Estaré bien. No hay nada por lo que preocuparse—"

Y entonces Hipo comenzó a desvestirse.

Jack sintió su cara acalorarse y su respiración entrecortarse.

"Oh, mierda."

—o—o—o—o—o—o—o—o—o—

...Quizás debería aumentar el rango de esto más adelante.

(Oh Dios qué he hecho.)

Supongo que he hecho a Hipo de Noruega... y habla noruego, desde que desciende del Viejo Idioma. Y Desdentado es un gato noruego del bosque, que podría haber sido llevado a Noruega por los Vikingos.

—o—o—o—o—o—o—o—o—o—

Y ESO ES TO- ESO ES TO-

ESO ES TODO POR AHORA. :D ¡Hasta el próximo capítulo, gracias por leer!