Traducción autorizada por NotUnusual.
Kurt se despertó con un terrible dolor de cabeza.
Estaba en una habitación poco iluminada. Una mirada rápida le dijo que era poco familiar, lo que no debería ser tan sorprendente, considerando que nunca volvería a ver su hogar. Una ola de tristeza lo bañó, tan intensa que lo dejó sintiéndose hueco y herido. Con el aliento atorado en la garganta se sentó, haciendo una mueca de dolor. Únicamente le dolía la cabeza, y no sabía la razón. Recordaba estar en la jungla, y ahora estaba aquí sin idea del dónde o el cómo llegó en primer lugar. Levantó una mano para sentirse la nuca, los dedos rozando lo largo de su cuero cabelludo hasta que encontró un pequeño, pero distintivo, chichón. ¿Se había caído? ¿Alguien le había pegado?
Los ojos de Kurt se adaptaron mientras daba un vistazo. Se encontraba sobre una gran cama en un cuarto hecho de madera. El lugar parecía bien construido, por lo menos robusto, pero casi primitivo y para nada con los estándares a los que estaba acostumbrado. Se veía circular, se extendía más allá de cada lado de él como si estuviera en el borde exterior de una moneda. Al lado de la cama la única pieza de mobiliario a la vista era una simple silla rústica. Había una puerta a la izquierda y una ventana abierta con un perno liso de tela colgado actuando como una cortina. Suficiente luz se filtraba por ella para que Kurt pudiera decir que era de día, tal vez el atardecer. Si es que era todavía el mismo día.
Cualquier soledad que había estado sintiendo se menguó para hacer espacio al miedo, del tipo que hace a tus manos humedecerse y te para los cabellos de punta. ¿De quién era esta casa, y cómo llegó aquí? David se había ido desde hace dos meses, por mucho, ¿construyó esto? ¿Con qué herramientas? ¿O, Kurt había sido capturado por algún loco que lo engordaría y comería igual que en los cuentos infantiles que recordaba de su niñez?
―¿H-hola? ―Kurt gritó, maldiciendo en silencio la forma en que le vaciló la voz.
Nadie respondió, por lo que salió de la cama, aliviado de encontrarse con su propia ropa. Su bolso y calzado estaban tirados en el piso y alzó con el brazo el bolso, se puso el calzado, encogiéndose por lo adoloridas que estaban las plantas de sus pies. Decidió preocuparse después por eso y se arrastró hacia la puerta, con la intención de hacer una carrera por ella.
Había algo raro en la visión del exterior, pero Kurt no se dio cuenta del por qué hasta que atravesó el marco de la puerta. Gracias a los Dioses había una plataforma, porque de otra manera no sería nada más que una mancha sobre la tierra.
No era una casa - era una casa en el árbol.
Kurt estaba tan alto que las rodillas se le debilitaron. Extendió la mano y agarró el marco de la puerta, luego lo soltó mientras se desplomó en una pila poco elegante. Una casa en el árbol sin manera de bajar. Kurt respiró para estabilizarse y dio una mirada más cerca. Los árboles del rededor tenían casas similares construidas en varias ramas. Algunas eran circulares, rodeando el árbol justo como en la que él estaba, algunas otras con la tradicional forma rectangular. Cada casa unida al vecindario, a diferencia de la suya, por medio de puentes colgantes no muy diferentes al que cruzó para llegar en primera instancias a esta jungla abandonada por los Dioses. Había cuerdas y escaleras de tablones que colgaban de las casas, nuevamente en la de todos menos la suya. Estaba atrapado. Era un prisionero.
―¡Hola! ―Kurt gritó, mandando a volar a algunos pájaros―. ¡Yo no he hecho nada! ―Frunció el ceño, se detuvo, y estuvo atento por una señal de vida―. ¡No tengo dinero! ¡No les soy útil! ¡Suéltenme!
La voz y la ira aumentaron con cada grito hasta que finalmente una cabeza se asomó en una casa a su izquierda. Era una mujer de piel ligeramente morena y cabello negro. Kurt jadeó en sorpresa. Nunca había visto cabello así de oscuro, pero no pudo mirar bien ya que ella se fue en un instante, descendiendo con soltura de la escalera de cuerdas.
―¡Ayuda! ―Sin en cambio Kurt lo intentó, lo gritó una docena de veces, rindiéndose cuando no hubo respuesta, volviendo a caer al piso. Cuando la chica de cabello negro no regreso, Kurt se rindió y volvió a la cama, sentándose en la orilla. ¿Qué querían con él? ¿Qué la podría ofrecer?
Hubo un fuerte golpe seco y Kurt brincó, la mirada moviéndose hacia la puerta. ¿Alguien acababa de arrojar algo a la pared?
El aliento se contuvo en temerosa anticipación, Kurt se puso de pie, mirando fijo a la puerta abierta. Un hombre apareció y Kurt casi se cayó de espaldas de la cama. El cabello del hombre era corto, rizado y negro, tan oscuro como el de la mujer que Kurt había visto antes. Era musculoso, aunque no en exceso, bronceado y sin camisa, vistiendo únicamente un par de pantalones. El hombre subió completamente en la cornisa, con los ojos fijos en Kurt. Se puso de pie, revelando pies descalzos y anchos hombros, un cuerpo que dejó a Kurt sin aliento. Pero el verdadero impacto fueron los ojos del hombre. Kurt podía verlos claramente mientras se acercaba. Eran dorados, un dorado con café que Kurt nunca antes había visto en una persona, enmarcados por gruesas pestañas. Él no se parecía a nadie del reino de Kurt.
Era hermoso.
Kurt estaba tan impresionado por la belleza que ni siquiera se dio cuenta de que estaba justo frente a él hasta que una mano se levantó hacia su rostro, apartándole el cabello. Los ojos del hombre estaban fijos en los suyos, intensos en una manera que le recordaban a Kurt la ocasión en que David fue a tomar té. Le agitó algo dentro caliente e innombrable. Kurt se alejó como si físicamente quemara, pero no había lugar al que ir. La coyuntura de sus rodillas golpearon la cama y se sentó sin quererlo.
Se puso de pie de un brinco, ruborizado de vergüenza, y el hombre sonrió en respuesta, con curiosidad. Kurt lo miró severamente, con los brazos cruzados―. No, gracias. ¿Quién eres y por qué me trajiste aquí?
El hombre todavía estaba sonriendo débilmente, un tipo de expresión divertida que sólo enfurecía más a Kurt. El hombre respondió, y las palabras que le salieron de la boca no eran nada más que tonterías.
―¿Eres retrasado? ―Kurt preguntó, entrecerrando los ojos.
El hombre bajó la vista, todavía sonriendo, y agarró los brazos de Kurt, con las palmas circulando y arrastrándose hacia abajo, hasta las muñecas de Kurt. Miró fijo a sus manos ahora unidas con una expresión de cariño, continuando con lo que fuera que estuviera diciendo en una lengua que seguramente no podía ser humana.
―Discúlpame ―Kurt espetó, arrojando sus manos fuera de alcance. El hombre levantó la vista, el una vez sonriente rostro ahora mostraba frustración, a pesar de la inhabilidad para comunicarse. Dijo algo más, pero nuevamente, Kurt no lo entendió. Kurt hizo un gesto e intentó irse alejando, pero el hombre no se dejó intimidar y se inclinó, presionando la boca con la de Kurt en un beso, una mano circulando por el costado del cuello de Kurt. Sucedió tan rápido. Kurt fue incapaz de alejarse antes de hacer contacto, pero una vez que su cerebro conectó con el cuerpo se apartó un chillido indigno, empujando los brazos con tanta fuerza como le fue posible, apartando al hombre de sí.
―¡Ni siquiera sé tu nombre!
Había un gesto enojado en el rostro del hombre, pero las cejas se le alejaron, y los ojos. La mirada dolía. Kurt casi se enamoró, casi se ablandó, pero un momento después no y el hombre está diciendo algo, inclinándose y no. Los reflejos de Kurt fueron más rápidos en esta ocasión. Apartó la mano y abofeteó al hombre, con la fuerza suficiente para dejar la palma de su mano ligeramente marcada.
Los reflejos del hombre eran igualmente rápidos. Agarró la muñeca de Kurt, y ahora Kurt estaba de verdad asustado porque no había duda de que él no era tan fuerte, en lo más mínimo, y oh Dioses en las alturas ¿qué le iba a pasar? Pero el hombre lo soltó y retrocedió, la mirada fue del dolor, al asombro, y con el cuerpo tenso.
―Ni siquiera conozco tu nombre ―Kurt repitió, el rostro caliente de enojo consigo mismo―. ¡Uno no va por ahí besando personas sin permiso!
La exclamación de Kurt se encontró con silencio. El hombre parecía a punto de decir algo, e incluso se veía un poco culpable, pero tras otro momento de mirar fijamente, sa calmó y comenzó a descender por la escalera. Kurt maldijo en voz baja y se apresuró, dándose cuenta de que perdió la oportunidad de escapar. Estúpido, estúpido.
En lugar eso intentó derribar la escalera y hacer caer al hombre, pero la parte superior de la escalera, era una cuerda gruesa, arrojada sobre una clavija integrada en el porche. Empujó ineficazmente la cuerda, pero con el peso del hombre sobre la escalera le era imposible moverlo. El hombre lo estaba mirando y tan pronto como tocó la tierra con el pie haló la escalera. Se soltó de la clavija y cayó a la tierra, frustrando la única oportunidad de Kurt.
―¡Tal vez simplemente salte! ―Kurt gritó.
El hombre dio una última mirada antes de desaparecer.
Kurt miró fijamente a la tierra de abajo hasta que el vértigo fue demasiado, enviándolo arrastrando los pies por habitación en derrota, el estómago se le retorció de manera horrible, inquieta. Lo atractivo del hombre era un total desperdicio ya que era un bárbaro que no podía hablar, y mantenía a Kurt atrapado como un pájaro enjaulado. No era justo, Kurt no se merecía esto, y esnifó un poco, acurrucándose en la cama.
Exhausto física y emocionalmente, Kurt casi había sucumbido al sueño, cuando escuchó ese mismo golpe seco igual que antes. Se despertó, sentándose sobre la cama y mirando hacia la puerta.
―A menos de que hayas venido a cortejarme como un verdadero caballero, ¡no estoy interesado! ―gritó, y se puso de pie, preparado en esta ocasión para ver la oportunidad de escaparse.
No fue una cabeza de cabello rizado y oscuro la que se mostró en esta ocasión, sino un largo y lacio cabello rubio al que estaba acostumbrado. Incluso su propio cabello, castaño claro, era considerado inusual. Los ojos que conectaron con los azules, el rostro femenino, y cuando estuvo a la vista, un vientre de embarazada.
Kurt automáticamente avanzó para ayudar a la mujer, pero ella subió como si nada, claramente capaz con o sin él.
Se irguió completamente y se miraron por un prologado tiempo.
―Hola ―dijo―. Escuché que podrías necesitar mi ayuda.
Como algunas veces he dicho, traduzco por el mero placer de compartir las buenas historias que me encuentro, y ésta no es la excepción, personalmente me encanta la idea de un Blaine salvaje, pero que sigue siendo el fondo ése adorable y dulce chico.
Olvidé poner mi horario, actualizaré los MARTES y JUEVES. La historia únicamente consta de ocho capítulos, pero verán que va aumentando de extensión poco a poco. Espero les guste.
Gracias por leer. Gracias por comentar. Gracias por sus favorite/follow.
