"Te amaré hasta que mi vida lo permita"

Da la casualidad de que no fue la vida quien se opuso a que continuara en ese falso matrimonio donde incluso las caricias salían sobrando, la culpable fue mi dignidad, ese pedazo de amor propio que te dice "tranquila, ni él para tanto ni tú para tan poco".

Suspiro y meto ambas manos a mis bolsillos a tiempo que volteo a ver fijamente a Weasley, un pobre infeliz que basó sus deseos de superarse en una chica, que de hecho nunca mostró interés por un tema o una persona que no fuera él mismo, vaya, eso sí que es triste.

- ¿Trajiste la cámara? – Pregunté mientras comprobaba a través de las campanadas que la hora había llegado, ese momento de tu vida en el que solamente dejas que las cosas pasen por inercia, que dejas que todo siga su curso, que el dolor se haga a un lado y la razón se haga pedazos.

- Sí, y Harry me ayudó a ponerle unos hechizos para que el sonido llegue hasta acá… Y las fotografías emitan sonido. – Explicó antes de ocultarnos ambos en las sombras, Ron encendió la cámara y yo cerré los ojos, hasta que una pequeña pizca de curiosidad me hizo abrir los ojos, lo primero que vi fue a Ron hecho papel, con la boca semiabierta y los ojos enrojecidos. Juro por mi vida que no quería pensar ni actuar…

Me llevó tres lágrimas y ocho segundos para asimilar que frente a mis ojos la prueba material de mis pesadillas, la realización de mis temores y la comprobación de mis sospechas se plantaba frente a mis ojos: Draco Malfoy sostenía a Hermione Granger entre sus brazos mientras la besaba de la forma en la que hacía mucho no me besaba a mí, sus manos sostenían su cintura y la joven no dejaba de acariciar los brazos, hombros y nuca del que era mi esposo. Intenté articular una palabra coherente, pero fue inútil, no podía salir de la sorpresa que fraternizada con la decepción oprimían mi pecho con la magnitud de una tonelada que no daba tregua a mi frágil y desgarrado orgullo.

Inhalé antes apretar en mi mano derecha el instrumento que solamente debía sacar de mi bolsillo, caminar hacia ellos y… Lo demás sucedería sólo, en un parpadeo, en un abrir y cerrar de ojos… solamente debía encontrar el valor, solamente debía actuar por instinto y poner fin a ese juego de identidades en el que me encontraba trágicamente sumergida.

- Ve, Astoria. – Susurró Ron que temblaba de ira y no podía esperar a que las caretas se cayeran. – Ten valor. – Me exigió claramente desesperado.

Suspiré profundamente antes dar un paso al frente, pero incapaz de dar un segundo paso, tomé aire, aire que congelaba mi garganta, pero no lograba reavivar mi corazón, incluso la nieve se sentía más cálida que el enorme vacío que sentía en mi pecho. No lo entendía se supone que no debía doler, se suponía que solamente caminaría hacia ellos, haría acopio de mi valor y…

- No puedo. – La voz de Draco se hizo escuchar a través del artefacto que Ron aún tenía en sus manos. – No puedo continuar con esto… vine porque, Astoria puede estar sospechando, no puedo destrozarla de tal forma, no así, no en éste momento de nuestras vidas. – Hablaba casi con dolor, su voz no era la misma voz seductora que me hacía caer rendida a sus pies, no era la voz que tantas veces me hizo tocar el cielo con la punta de mis dedos.

- Pero… dijiste que… ya no era lo mismo, Draco, yo no soy feliz con Ron, él tiene varios meses viendo a Lavender Brown. Si tú no partes conmigo me iré yo sola. – La voz de Hermione me dio un golpe bajo, ella estaba ahí por infelicidad, ¿Draco estaba en la misma posición que ella?

- Astoria, hazlo ya. – Exigió Ron mientras ponía el aparato en el piso. – Termina desde ahora con esto, si no vas tú, voy yo. –

En ese momento solamente una palabra me hizo definir a Ron: "Bastardo"

- Eres un bastardo, Draco está aquí con tu esposa, pero tu esposa hace mucho tiempo que no es feliz, tenías una amante… ¿Qué querías que hiciera? Tú la arrojaste a los brazos de mi esposo… - Las palabras salieron de mis labios sin que pudiera detenerlas. – Se necesita ser muy imbécil para por lo menos pretender que las mujeres soportemos tanto. – Cerré los ojos antes dar la media vuelta para notar que Ron ya no estaba.

- Tú eres quien está equivocando las cosas, Hermione, ambos somos adultos con un compromiso por delante, tú tienes dos hijos, yo un hijo y Astoria hasta hace unas semanas no dejaba de hablar de buscar otro. – La respiración de Draco era entre cortada. – Hemos formado a nuestras familias, en verdad lamento lo de Ron… pero… Astoria es una gran mujer… me aceptó con todo y mi pasado, con todo y mi presente y anhela un futuro. –

El sonido de una bofetada hizo que volteara nuevamente a ver la escena que ellos protagonizaban.

- ¡Eres un cobarde! ¡Ayer estabas jurando amarme hasta que te dolía! Y ahora quedo rebajada al papel de amante… Cuando yo en realidad renuncié a todo… ¡A todo! – Hermione estaba furiosa, no entendía lo que ocurría con el chico, veinticuatro horas atrás estaban dispuestos a dejarlo todo atrás con tal de escapar e iniciar una vida juntos, estaban dispuestos a cometer la peor de las locuras para defender ese amor que se había sembrado desde antaño, estaban tan dispuestos que ella misma se había sorprendido de la facilidad con la que habían planeado todo.

- No Hermione, no es cobardía, es cordura. – Esta vez Astoria escuchó el nudo en la garganta de Draco, escuchó como incluso en ese momento el joven intentaba mantener la compostura, aunque por dentro fuera la peor de las torturas; no solo para el chico, también para ella.

Astoria tomó el artefacto en sus manos y marchó del puente.