NA: ¡Muchas gracias por los comentarios y las lecturas! No esperaba recibir una mínima parte de la respuesta obtenida con el primer capítulo, para ser sincera.


II

Fui un blando, un mal líder de equipo y un terrible espía, solo que en orden inverso. Primero mal espía, después fatal líder y finalmente demasiado blando, pero cuantificados en el primer orden descrito.

Durante el primer día de castigo, No pude ni tan siquiera hablar con Min-su. Sus unicas palabras textuales eran "Es tú culpa que nos hayan castigado para empezar", monosílabos y mugidos que yo debía tomar como toda respuesta a cualquier intento de acercamiento.

Lo que al poco tiempo supe es que a mi subordinada en su primer día la castigaron tres veces más.

Uno de esos castigos incluyó a todo el escuadrón con el que se entrenaba, y eso llevó a que me diera cuenta de mi mala habilidad para descubrir detalles sobre mi objetivo. Todo el mundo la tenía fichada, y todo el mundo venía a comentármelo.

Primero vino la instructora Holiest, que la había castigado a pelar patatas con los cocineros por negarse a formar, después unos compañeros que habían sido castigados con ella, y finalmente uno de los cocineros jefe porque había decidido comerse los postres para los altos mandos. Y cuando yo pensaba que nadie más iba a venir a hablarme de ella, Hina y Smoker aparecieron en la puerta de mi habitación a última hora del día.

Lo educado, probablemente, hubiera sido dejarles pasar, escuchar lo que tenían que decir y después despedirme de ellos atendiendo a sus problemas. Mi problema era que mi habitación era un pozo de detalles sobre mí que no quería que nadie descubriera. No tenía nada allí, ni mis hobbies, ni tan siquiera la foto de alguna chica, lo que sí encontrarían era mi obsesión con encontrar y detener a mi hermano.

En la pared de mi habitación había un sinfín de recortes con información sobre los quehaceres de Doflamingo, notas sobre lo que creía que debía estar haciendo y, una vieja fotografía de mi familia de poco después de dejar Mariejoa. No tenía demasiada información sobre mi hermano, solo que se había hecho pirata y que tenía bastante gente preocupada por su cabeza. Entre todos ellos yo, a montones de kilómetros del North Blue y esperando a que me dieran la misión que tanto llevaba esperando. No podía dejar que nadie viera aquello, así que Smoker y Hina no podían pasar a mi habitación.

Me cerré en banda en el espacio que ocupaba el marco de la puerta y traté de impedir toda visión. Smoker tenía un cigarrillo detrás de la oreja y me miraba aburrido, mientras que Hina estaba cruzada de brazos, muy seria.

— Tenemos motivos para creer que o bien no debería formar parte de nuestro grupo o bien es alguien de quien no debemos fiarnos — dijo Hina sin andarse con rodeos —. Podemos empezar porque creemos que miente sobre su procedencia.

Yo los miraba entre confuso y herido en el ego por no haber sido tan rápido, pero no me podía culpar, yo tenía papeleo pendiente que entregar y misiones en la ciudad. Ellos solo asistían a instrucciones básicas. Eran el primer día, aún no teníamos ninguna misión de equipo. La cosa era que Min-su decía provenir del North Blue, pero nadie que realmente viniera de allí la conocía o sabía algo sobre ella.

— Tiene tatuajes de pirata — añadió Smoker —. Según su compañera de habitación.

Bufé irritado, ¿Por qué mis subordinados hacían mi trabajo mejor que yo? La rabia de haber sido castigados sin haber hecho nada les motivaba demasiado a investigar.

— Chicos, la marina tiene servicios secretos en todos los mares, tal vez se unió en esa rama y ha decidido salir de ella — dije inventándome por completo aquella idea que salía de mi mente para disuadirles. Era rastrero, pero no podía permitir que continuaran con aquello, se suponía que la investigación era algo secreto y no generalizada a toda la marina—. Y la compañera de habitación probablemente hable en base al castigo generalizado.

El chico se cruzó de brazos y Hina negaba con la cabeza.

— Hina cree que hay gato encerrado — dijo la chica hablando de sí misma en tercera persona —. Rocinante se arrepentirá de no escucharnos.

Suspiré y me masajeé la sien antes de contestar. Se suponía que yo era el líder y solo era el responsable de todo lo que hacía.

— Veré qué puedo revisar, pero dejad de husmear y expandir rumores de vuestros propios compañeros — dije. Creo que a Smoker le caló hondo porque pareció incómodo con la idea de que él estuviera haciendo algo así. Cerré la puerta tras de mí, y caminé hasta el archivo en busca de el expediente de Min-su como recluta. Si había más castigos, si su procedencia era realmente dudosa allí estaría todo. Porque efectivamente era demasiado pronto para que Garp hubiera redactado el informe que me debía como subordinado de Sengoku.

El archivo estaba en aquel momento en el sótano, dónde montones y montones de estanterías polvorientas guardaban los informes de misiones y detalles a los que no podías acceder sin un "permiso especial", es decir que nadie realmente tenía acceso a lo que allí se especificaba. Al lado de aquel archivo de informes estaba el archivo de reclutas, donde estaba todo de todos los que formábamos parte de la base. Entre uno y otro había una puerta de separación, y el señor Fushinsestso te miraba mal si tus ojos se desviaban hacia la puerta que no era.

Fushinsetsto estaba dormido sobre su escritorio, y me adelanté a caminar hacia el pasillo sin emitir ningún sonido. Me resultaba complicado ser alguien silencioso siendo yo tan patoso como era, y en aquel momento lo oí.

— ¡Donquixote Rocinante! ¿Qué se supone que hace, mentecato, cerca de mi archivo? — gritaba el hombre. Que no era siquiera su archivo, siquiera, solo lo vigilaba y llevaba el de expedientes. Las llaves que permitían la entrada en aquella puerta eran dos, una la tenía Sengoku y la otra un alto cargo del gobierno cuyo nombre desconozco. Se necesitaban ambas llaves para entrar. Obviamente allí solo había informes de hacía demasiado tiempo como para tener siquiera curiosidad —. Ven aquí imbécil y dime que andas buscando.

— Buscaba los expedientes de mis subordinados — dije simplemente y miré hacia la ventana de aquella puerta que no iba a cruzar nunca en mi vida. La puerta doble y de metal tenía unos pequeños ojos de pez desde los que se podía ver pasillos enromes. Fue torpe mirar, pero me parecía haber visto algo, como si alguien estuviera dentro de aquellas paredes —. Obviamente no en el archivo de informes.

El hombre ni se acercó, dejó que abriera la puerta para mirar entre los expedientes. Este archivo era mucho más pequeño, en él había un fichero con datos y después las estanterías. Debías encontrar el nombre del recluta en el fichero y en este se te indicaba el pasillo y el estante concreto, y yo esperaba que el expediente de Min-su no estuviera retirado puesto que había llegado recientemente a la base.

Busqué su nombre tres veces, no lo encontré. No estaba seguro si se trataba de la duda que me generaba creer haber visto a alguien dentro del otro archivo, pero era incapaz de encontrarla. Respiré hondo y busqué a Hina y a Smoker. No me costó en absoluto. Seguidamente revisé sus expedientes sin problema. Volví a buscar a Min-su. No había rastro de ella o un expediente con su nombre.

Salí del archivo pensando en dirigirme directamente a ver a Sengoku para preguntarle directamente, pero allí estaba ella, a los pies de la escalera. Bajita, menuda, con aquel pelo verde oscuro,y su cara redonda y aplanada, que me miraba con los ojos rasgados mientras hacía un gesto de desaprobación.

— No está ahí — dijo. Negaba con la cabeza y sonreía con suficiencia —. Aunque en mi investigación sobre ti sí he leído cosas interesantes, su divinidad.

— Eso no está en mi expediente — dije notando cierta angustia. No quería que nadie más supiera de mi procedencia. No me avergonzaba ser quien era, pero no quería aquel tipo de tratos —. Y preferiría que no me llamaras así, no soy más que un humano normal.

— Dejaría de hacerlo, pero no quiero que busques mi expediente —. Me chantajeaba directamente, sin dar rodeos. Sabía que la solución era que no me importara que usara aquel tipo de términos, fingir que todo estaba bien aunque todos oyeran que se dirgía a mí con aquel respeto fingido para que todos supieran quien habría podido ser si mis padres no hubieran decidido salir de Mariejoa, pero no podía. Tenía miedo. No era un miedo coherente y racional, como cuando sabes que si metes la mano en un lago de cocodrilos lo más probable es que la pierdas. Era un miedo de los que te devuelven la mirada con imágenes del pasado.

Los fantasmas del pasado eran los que hacían que yo temiera las posibles acciones de Min-su. Ella me miraba complacida, y yo me preguntaba ¿si realmente no era alguien de fiar para la marina por qué lo estaba haciendo tan obvio?

— Dejaré de buscar tu expediente si contestas a mis preguntas — dije tentando mi suerte y temblando internamente por el miedo a las represalias de que extendiera su conocimiento —. ¿Qué dices?

— Bien, pero no ahora —. Añadió y subió las escaleras impasible, como si la conversación hubiera sido del tiempo o de lo poco amable que solía ser el señor Fushinsetsu.

No sabía cómo había conseguido toda aquella información sobre mí, Min-su, pero parecía que mi tercera subordinada también era mejor que yo recopilando información y aquello me irritaba ligeramente. Tal vez no podía llevar a cabo las misiones que tenía pendientes porque era débil.