Su mayordomo, presente…

Nunca le pregunté a Sebastian si un demonio puede perder el conocimiento. Y no lo haría.

Supongo que estaba a punto de comprobarlo de primera mano.

Capítulo 2:

"Su Mayordomo, en la enseñanza"

Sebastian P.O.V.

Ya estaba realmente cerca del apartamento, en realidad solo estaba tratando de acomodar todas las cosas que había comprado en mis brazos, de una manera adecuada. Cuando cerré la puerta del auto con lo mínimo de fuerza, sentí que el sello del contrato en mi mano ardía, al mismo tiempo que escuchaba a mi Bocchan pedir por mí en una manera que no escuchaba desde hacía más de un siglo.

Ese fue el principal motivo para que el tiempo y lo demás fueran rotos por mi presencia automáticamente a su lado. Estaba acompañado. Y me tomó solo una fracción de segundo darme cuenta de por qué el estrés en su llamado.

No lo podía contar como imposible. Después de todo ya me había pasado. Pero creo que fallé al no advertirle a mi joven amo sobre esto.

En realidad nunca creí que nos tuviéremos que topar con este tipo de evento nunca, siempre nos movíamos cada poco tiempo que era poco probable que esto pasara. Dentro de todos los lugares, de todas las personas que podían haberse aparecido ¿Realmente tenían que haber sido ellos? Me tomó tiempo reconstruir la confianza de mi Bocchan desde aquél día que lo encontré, ¿Pero ellos?

Estoy seguro de que Ciel Phantomhive es lo suficientemente inteligente para saber qué era esto, exceptuando una ilusión. Pero la presencia de estos dos seres estaba causando más inconvenientes de los visibles.

-Oh ¿Buenas tardes?-

Pude ver sus rostros de frente cuando se giraron al sonido de mi voz. Aunque desde antes tenía la certeza de que eran ellos, muy en el fondo conservaba la tonta esperanza de que no se vieran completamente iguales a la última vez. Tonto de mí. Eran exactamente como antes, solo vestidos en las ropas del siglo XXI.

-C…Con permiso-

Solo alcancé a ver cómo mi Bocchan trataba de evitar sus miradas mientras se retiraba. Esto no era bueno.

Pasé entre ambos y me posicioné en la puerta, evitando que pudieran ver más de lo que mi joven amo deseara. Dejé las bolsas a un lado y luego me enderecé con una leve sonrisa. Aún así podía notar preocupación en sus rostros.

No necesitaba eso.

-¿Está bien? Parece un poco pálido-

Rachel Phantomhive. Su rostro tan delicado como antes. Vistiendo esta vez una falda magenta apenas encima de la rodilla y una blusa de un rosa claro. Su rubio y largo cabello agarrado en una alta coleta, pero esos ojos tan parecidos a los de mi Bocchan mostrando arrepentimiento y preocupación que me molestaban.

Ellos eran falsos. Ellos no eran los padres de Ciel Phantomhive.

-No pretendíamos asustarlo, ¿Hicimos algo malo?-

Vincent Phantomhive. Vistiendo un traje café claro, una simple camisa lisa y blanca debajo. Quizás no podía culpar tanto a su esposa por esto, pero él era quien traía desde su historia familiar esa larga cadena generacional de los perros de la reina. El mismo que ocultó algo tan importante de mi Bocchan, solo para que continuara con su deber ciegamente.

Muy cierto era que ellos no son sus padres. Pero su simple recuerdo en apariencia es perturbador.

-No se preocupen, yo me aseguraré de que estén bien- una simple sonrisa y mis palabras serían creídas. Pero se supone que yo no los conozco. No debería de estar hablando sin tanta preocupación con ellos, cuando prácticamente hablaron con mi sobrino sin mi permiso. –Señores…-

La chispa de compresión saltó en los ojos de ambos. Bien.

-Ah, disculpe. Phantomhive… Rachel y Vincent Phantomhive-

Solo deseo acabar con este casual encuentro. Sé que mi Bocchan está al pendiente de esta conversación y escuchar sus nombres salidos de sus propias bocas no era lo que planeaba.

Lo escuché sostener su aliento desde algún punto cercano. Hora de la despedida.

-Gusto en conocerlos, Señores Phantomhive. Pero ahora tengo algo importante que…-

-No se preocupe, solo queríamos saludar- Al menos eso me ahorró una excusa.

Ambos se retiraron en menos de un minuto, pero mientras cerraba la puerta noté algo que por la primera impresión no había sido visible, o quizás estaba prestando más atención a su manera de actuar. Cuando ambos entraron al apartamento a escasas 4 puertas de aquí, podía apostar mi eternidad por algo.

Rachel Phantomhive estaba embarazada.

¿Puede ser mi Bocchan?


Ciel P.O.V.

La última cosa que recuerdo antes de sucumbir en la oscuridad era escuchar sus nombres. Como si verlos no hubiera sido suficiente. Incluso con el mismo apellido. Ellos no eran mis padres, solo se parecían demasiado a ellos y lo único que podía explicarlo era el tan llamado proceso de reencarnación. Así como nunca le pregunté a Sebastian si eso era posible, no me hubiera detenido de venir a éste lugar. Pensándolo por un momento, son muchas cosas las que no le he preguntado a Sebastian. Pero me hubiera gustado algo de información que me mantuviera alerta si esto podría volver a pasar.

-Bocchan…-

Fue estúpido de mi parte reaccionar de esa manera. Solo logré confirmar que ellos seguían afectándome en más de una manera. A pesar de que creí que los había olvidado.

-Bocchan…

¿Pero cómo podrías actuar con quienes parecen tus padres y esencia pueden tener varias similitudes? Son viejos hábitos, la costumbre. Después de todo formaron parte importante de mi vida, hasta ese día.

-Bocchan-

-¿Se…Sebastian?-

¿Qué…cuándo? ¿Por qué diablos me estaba cargando?

-Sebastian ¡Bájame!- el maldito demonio solo me sonrió.

-Oh, oh Bocchan. Eso fue una impresión fuerte, los jóvenes demonios siguen siendo hasta cierto punto humanos mientras no tengan más edad-

-No te pregunté eso, Sebastian ¡Te dije que me bajaras!-

-Y yo solo le di una razón convincente para no hacerlo- respondió de inmediato.

Nos miramos el uno al otro. Otra vez este juego no.

-Solo bájame- ordené, y de inmediato lo hizo. Me sorprendió que no argumentara más conmigo como solía hacerlo, pero solo segundos después supe por qué. El maldito demonio tenía ganado el argumento.

Cuando mis pies tocaron el suelo, mis piernas se negaron a brindarme el soporte necesario. Ambas rodillas cedieron ante mi poco peso, enviándome directamente al suelo de no ser por el par de brazos que me esperaban.

Maldito. Maldito. Bastardo. Engreído. Tenías la razón.

Suspiré mientras permitía que me levantara de nuevo y me acomodara en sus brazos camino a la habitación. Cerré los ojos para no ver la sonrisa que sé que tenía. ¿Por qué estaba pasando esto? Oscuridad, bienvenida seas de nuevo.


Sebastian P.O.V.

Cuando lo dejé en su cama, parecía que se había calmado un poco más pero solo era porque en serio perdió el conocimiento esta vez. Una reacción tan humana. Pero solo a mi bocchan se lo podía permitir, él siempre estaría a salvo conmigo, pasara lo que pasara. Aunque eso no quitaba de mi mente la presencia de aquellas dos personas, tan cerca de nuestro departamento.

Podía sugerir que nos moviéramos de nuevo. Sin embargo acabábamos de llegar, y sabía de antemano que el joven amo no querría. Mudarnos sería aceptar su debilidad ante esta nueva situación y humano o no, seguía siendo tan obstinado como siempre, lo que me llevaba a pensar en alguna otra idea para aminorar esto. No planeaba que la noche antes de entrar a su nueva escuela, tuviera una noche tan intranquila. Y lo negaría por la mañana. Pero lo conocía tan bien, que sabía que esas pesadillas volverían.

Odiaba este sentimiento de inutilidad.

Pero supongo que por hoy no podría hacer nada más, cualquier decisión futura de todas formas la tenía que discutir con él y no se encontraba precisamente tan lúcido como para decidir lo mejor.

Solo cuidar de él, ¿O qué sería de un mayordomo de la casa Phantomhive, si no podía lograr eso?

o-o-o

La mañana llegó como cualquier otro día. Las mañanas no cambiaban con los años, el sol seguía estando ahí hasta que la noche clamaba su territorio y era hora de partir.

El joven amo bajó temprano vestido con el uniforme puesto, anoche se lo había dejado en su habitación, planchado y listo. Pero aunque a pesar de que lo había visto con diferentes ropas a lo largo de estos cien años, un uniforme no era un privilegio que se me había dado de escoger para su guardarropa, y este se veía contrastante con lo que yo sé que en realidad era.

Supongo que nadie imaginaría que un niño como él, podría ser un demonio de más de un siglo.

-¿Desayuno, Bocchan?-

Caminó tenso hasta la mesa, incluso se sentó de manera rígida con ambas manos hechas puños sobre el mantel. No estoy seguro de que siquiera me escuchó, parecía demasiado ocupado pensando en lo que había pasado ayer.

Yo seguía pensando en eso.

La idea de mudarnos se hacía más tentadora pero al mismo tiempo me molestaba creer que dos simples humanos fueran la causa de esto.

No, no son simples humanos.

Ellos son la viva imagen de la discordia. Ellos podían hacerme perder todo y eso no se lo podía permitir a nadie.

-Sebastian…-

Dejé de tallar un trapo innecesariamente sobre la barra de la cocina. De inmediato acudí al llamado.

Para alguien que no necesita del sueño como una necesidad en su vida, mi joven amo se veía cansado. Agotado. Como un viejo hombre con problemas que no parecen tener salida.

-Ellos…- creí que nunca preguntaría, pero la forma en la que se refería a ambos era como si no quisiera ver sus rostros cuando los mencionaba. Incluso cerró los ojos tratando de sacar sus rostros de su pequeña cabeza -¿Son reencarnaciones?

Me permití tomar asiento en una de las sillas vacías a un lado de mi Bocchan. Tenemos suerte de que sea temprano, presiento que esto tardará un poco.

-Sí, lo son- mis manos se movieron a la servilleta de tela posada sin doblar frente a mí –Las más parecidas que he visto a sus vidas pasadas, debo añadir-

Hubo más silencio, pero podía ver en la mirada confundida de mi joven amo, que trataba de buscar una respuesta a esto.

-¿Te había pasado antes?- me preguntó, entrelazó ambas manos sobre la mesa. El anillo azul de la casa Phantomhive brillando expectante.

Él buscaría una manera de poner culpa sobre mí. Era su forma de no sentirse tan mal por sus reacciones.

Suspiré antes de contestar, no había remedio.

-Solo un par de veces, pero realmente nunca me importó o tuve un contacto mayor con los involucrados- respondí, buscando hasta la más mínima reacción en su rostro.

Decepción no era lo que esperaba.

-¿Por qué no me lo dijiste antes?- Así que aquí venía mi parte de culpa. Pero mientras eso lo pudiera hacer sentir mejor y dejara salir la mayor parte de sus frustraciones, me haría su blanco para tirar dardos.

No es que no lo fuera ya.

-Bocchan, nunca creí que mientras cambiáramos cada 3 años de ciudad, nos tocaría toparnos con personas que usted conoció hace tanto tiempo…- pareció pensarlo por unos momentos –Mucho menos con estas dos personas en especial, en primer lugar-

Él debe saber que no puedo ver el futuro.

-Además, no siempre las reencarnaciones suelen ser tan parecidas a la vida pasada. Ésta realmente fue una gran coincidencia-

Se miraba tan indeciso en si creerme o no. Aunque dijera lo contrario, sabía que creería la mayoría de las cosas que le dijera, y en esta ocasión deseaba que lo creyera todo. Era por su propio bien prepararse por si algo muy parecido a su pasado se volvía a hacer presente. Como el hecho de que esa mujer estaba embarazada. Un dato que omitiría mientras fuera prudente.

-Gracias por la oportuna información- concluyó mientras masajeaba con una mano su frente. Estaba molesto. Eso me lo dijo su tono y la manera en la que me miró por unos segundos antes de desviar su vista.

-Bocch…

-Es tarde, Sebastian. Hay escuela-

Tardaría unos días en que me perdonara por ocultarle algo. Siempre lo hacía. Generalmente él me ocultaría también algo importante, o escaparía a algún sitio mientras yo no pudiera vigilarlo. Aunque quizás esta vez sería más difícil que nuestra ya delicada relación pudiera volver a la normalidad, incluyendo su manera de poner la mayoría de sus cosas en mi cuidado.

La presencia de esos dos comenzaba a molestarme ya, de una manera más alta que una simple molestia.

-Bocchan- llamé de nuevo, intentando que al menos esta vez sí pusiera la atención adecuada –Se le olvida esto- deposité en su mano una pequeña cajita –No creo que quiera que toda su nueva escuela vea su ojo del contrato-

Desde que se inventaron los pupilentes, ha sido mucho más fácil ocultar ese ojo marcado eternamente.

Gruñó al darme la razón.

Quizás sí podría enfrentar esto mejor de lo que yo creía. Bien, tenía una sorpresa para él.


Ciel P.O.V.

El camino en el auto fue demasiado incómodo, por lo menos para mí. Sebastian, siendo Sebastian tiene más años de experiencia en esto que yo y suele acostumbrarse mucho más rápido que cualquiera a la situación que lo rodea, pero eso no significaba que dejaría que me venciera de nuevo. Suficiente con ser su demonio en entrenamiento. O así se había atrevido a llamarme una vez. Con la única intención de provocarme, pero él no esperaba mi rápida retribución al comprar el golden retriever y llamarlo Sebas-chan.

Como sea, me encontré observando los alrededores y las calles a medida que se detenía en los semáforos. Lo último que quería hacer era enfrentar su sonrisa arrogante por lo que restaba de este día, entre la escuela y su trabajo sería una gran oportunidad.

Escuela…

El pensamiento de ayer volvía a hacerse presente con la misma fuerza, pero esta vez se desviaban a un campo diferente. Como por qué en realidad había terminado aceptando esta tonta idea, cuando lo único que me podría hacer pasar por un estudiante era mi cuerpo. Mi cuerpo congelado en esta edad por el resto de la eternidad. Y pensándolo de esa manera, no mucho había cambiado en mi forma de ser en realidad. Sigo dependiendo en algunas cosas de Sebastian solo porque no queda otra alternativa.

Quizás ambos sabemos la verdad detrás de todo esto, pero a los ojos del mundo mortal sigo siendo un niño que no debería hacer lo que puedo ser capaz de hacer. Creer que Sebastian era un adulto era mucho más fácil para su apariencia, pues podría hacer todo lo que quisiera porque la edad que aparentaba no era inconveniente para nada.

Pero siendo un niño…

Tendía a quedar atrapado en situaciones como esta donde la gente solía subestimar mi forma de pensar y la capacidad que tenía para manejar ciertas situaciones a mí alrededor. Legalmente, en realidad no puedo hacer nada pues podría considerarse una grave falta o una simple broma.

Los niños no pueden hacer esto y aquello.

Esa es la otra maldición que me ha congelado en más de un sentido, haciendo que no me tenga que enfrentar a cosas que los adultos deben hacer, deteniendo mi formación mental en esa pequeña parte. No sé cómo hacer algunas cosas que Sebastian hace solo porque no se me tiene permitido intervenir y eso resta mi experiencia.

Para alguien que tiene 135 años… es insultante.

Soy el mismo, en casi todo el sentido de la palabra. Lo único viejo que hay en mí son mis pensamientos. De varios años atrás.

Estamos atrapados así, sin importar que.

-¿Bocchan? Estamos aquí-

Esto es más serio de lo que me temía.

Paramos en la acera frente a la gran escuela privada que ahora, tendría el honor de tenerme como alumno. La única escuela a la que realmente he asistido. Con sus lujos visibles para que todo el que pasara caminando por fuera y que no perteneciera se enterara de la calidad y estatus de los alumnos. ¿Por qué ese demonio creía que esto era mi tipo?

-Usted es un Conde, Bocchan. No podría perdonarme mandarlo a una escuela de menor calidad a la que realmente merece-

Si, un conde que tiene más de 100 años muerto. Bien pensado, Sebastian.

No me digné a una respuesta, de todas formas él sabía lo que pensaba al respecto y lo mucho que odiaba estos ambientes pomposos con gente arrogante. Jóvenes que creen poder comprar el mundo con solo chasquear los dedos cuando ni siquiera saben lo que en realidad es el mundo. Vivir en el.

¿Quién dice que no tenemos infierno aquí en la tierra? Se le llama Aristocracia.

-Regresaré por usted a la hora de salida, Bocchan-

Tomé la mochila y bajé del auto, después de cerrar la puerta y dirigirme a la entrada pude notar las miradas de aquellos que se encontraban en la acera. Tanto del oficial de tráfico como el de padres, sirvientes y lo que podía llamarse como cuerpo Escolar. Todos ellos me miraron como si fuera una especie rara que caminaba hacia ellos. Los demás alumnos de esta escuela y próximos compañeros de clase tenían una mirada distinta, de hecho.

Al parecer yo era la nueva adquisición y su futuro tema de conversación.

Escuché cuando Sebastian se alejaba. El leve sonido que hacía el Camaro negro del año del cual era poseedor mi mayordomo era característico. Por un momento me pregunté para quién eran las miradas, si el alumno nuevo o el auto del hombre que lo había traído. Ahora sé que la mayoría lo etiquetaría como mi padre. No quiero pensar en su sonrisa cuando se enterara.

Pero qué podía hacer al respecto. Después de todo, ambos contábamos con el dinero para este tipo de lujos y aunque no nos eran de real utilidad, entre los humanos solía causar cierta impresión de poder y envidia. Sentimientos de los cuales, ambos disfrutábamos. Perdimos mucho cuando mi título de conde quedó atrás. No se puede poner eso en una tarjeta de presentación o simplemente decir lo que eres en estos días.

Según la nueva versión oficial, él trabaja de pintor. Engreído. El podría copiar y robar la Mona lisa si yo se lo ordenaba, nunca nadie se daría cuenta, creo.

Pero por el momento…

Debía enfrentar a esta escuela por mi cuenta. Habíamos apostado de manera silenciosa que yo podría arreglármelas este primer día. ¿El premio? Solo un orgullo intacto.

Así que me abrí paso entre los todavía muy impresionados transeúntes. Incluso por la puerta de la gran escuela.

Sé que había dicho que la fachada era más que impresionante para cualquiera, pero quien tuviera la oportunidad de entrar, podría decir que esto estaba en más de un nivel fuera del alcance de la clase media. ¿Aquí venían los hijos de reyes?

Me recibió un gran y largo patio repleto de áreas verdes, colmado de flores coloridas y extravagantes en todo su explendor. Árboles altos y perfectamente podados a ambos flancos del camino, incluso más de un par de bancas de piedra tallada por el mismo. ¿Esta era la vista del recibimiento? Pasando la primera impresión, había tres enormes edificios de tres pisos cada uno de ellos. Construidos en perfecta armonía con el resto de la arquitectura del lugar, era como si hubieran sido diseñados específicamente para esto, un gusto en general. Y no lo dudo. Por lo que sospecho que se paga por recibir educación aquí, no debería ser menos.

-¿Eres nuevo?-

Involuntariamente me encogí ante la pregunta. Estaba tan atento al lugar que pasé desapercibido cualquier acercamiento de alguien, siendo más que obvio que llamaría algo la atención. Me giré con la mejor sonrisa amable que podía expresar con la instrucción de Sebastian durante estos años, como sea, no esperaba toparme con algo así… de nuevo.

-¡¿Tú eres el nuevo cierto?-

Debí haberlo adivinado por el tono de su voz, por la manera en que se expresaba y su entusiasmo. Pero no pude contestar ninguna de las preguntas al toparme con su imagen tan parecida a la última vez que nos habíamos visto, hace tanto tiempo.

Ella recuperó su cordura y se enderezó, extendiéndome la mano mientras decía se presentaba.

-Mi nombre es Elizabeth Ethel Cordelia Middleford, gusto en conocerte-

Luego me ofrece esta tan característica y radiante sonrisa suya. Todavía tiene ese nombre tan largo.

De todos los lugares, en toda la ciudad… yo sé que estoy maldito. Desde aquél mes lo he sabido siempre. Pero parece que mi penitencia tenía más de cien años atrasada y que ahora quien sea que estuviera llevándola a cabo, se divertía mandándola toda en un solo paquete, en dos días. Maldigo a ese ser a lo más profundo del inferno. Lo veré cuando pase de visita.

Tomé su mano después de varios segundos, incluso su infinita sonrisa puede cansarse.

-Soy Ciel, Ciel…-

Mal momento para recordar que realmente nunca me preocupé por esta parte. ¿Qué apellido tenía mi falsa acta de nacimiento? Solo con saber que seguía siendo Ciel me había conformado.

Hacía tanto tiempo que no me sonrojaba de esta manera, Lizzy lo tomó como algo personal pues me sonrió de manera cómplice al completar mi oración.

-¡Ciel Michaelis, gusto en conocerte!-

Y al verdugo de mis dos últimos días también lo acompañaría Sebastian, solo que no creo que estar en el infierno sea algo que le pese a ese ser, por lo que me conformaría con encerrarlo en una habitación con ese viejo shinigami travesti.

¡Él actuaba como mi padre de nuevo!

Se enteraría de quién era Ciel Phantomhive cuando regresara al apartamento esta noche.

-¡Soy la presidenta del consejo estudiantil y fui enviada para presentarte la escuela y tu salón de clases!- continuó ella con entusiasmo, no noté que me jalaba por todo el camino hasta que tuve que apresurar mi paso para no tropezar.

Lizzy siempre sería Lizzy, creo. No hay nada malo en su personalidad más que el infinito amor que siempre suele profesar, pero el paso del tiempo o las veces que reencarnara no sería una diferencia a su manera de ser. Ni siquiera sería un obstáculo.

Sé que en el pasado, ella se casó varios años después de mi muerte. Más de los que hubiera pensado. Al final se mantuvo tan fiel como pudo a nuestra promesa, se aferró al fantasma de quien alguna vez había sido su prometido, pero al final no bastó para detener a su madre, creo. Esa mujer era conocida por lograr lo que se proponía y se lo agradecía mucho esa vez. No hubiera soportado que terminara el resto de sus días viviendo sola, sin una verdadera familia con la cual compartir lo que siempre quiso compartir conmigo y que negué hasta el final.

Después de todo no era nuestro destino.

Ella se detenía cada 10 pasos, saludando a toda la escuela y por sus rostros, eso era a diario. Algunos cuantos apenas y se fijaban que yo era arrastrado por Lizzy mientras caminaba, pero eran tan indiferentes como podían serlo antes de continuar. ¿No valía sus miradas de curiosidad siquiera? Hmm. Han cambiado demasiado las cosas.

Pronto estábamos frente a lo que ella orgullosamente llamó "Nuestro salón de clases" hasta entonces soltó mi mano y me di cuenta de lo ridículo que había sido que ella volviera a hacer eso, más ahora que podría agujerear la pared con un leve movimiento de mi mano. Pero me hizo sentir como antes, como si de nuevo estuviera de vuelta en aquellos días y no de forma dolorosa o cotidiana, sino de una manera familiar y cálida de la cual había carecido en estos años.

Estar acompañado de Sebastian era en más de una manera extraño y a la vez poco interesante. Sabía todo de mí, yo sabía la mayoría de cosas sobre él. Eso era todo, viajando de un lugar a otro para volver a empezar.

Y aunque seguía siendo algo perturbador encontrarme con estar coincidencias o reencarnaciones, ella no era el recuerdo de mis padres y solo la vería como quien fue mi prima. Siempre tratando de lograr lo imposible como una sonrisa mía, con los movimientos más tontos permitidos en la tierra.

Entramos a un espacioso y ridículamente limpio salón de clases. Butacas que parecían nuevas se esparcían en un menor número al que había esperado, con pequeños escritorios individuales para la comodidad de todos. Había un gran librero lleno de libros costosos al fondo y un proyector colgaba desde el techo, esperando solo a ser encendido en la pantalla enrollada sobre el pizarrón. Cuando tuvimos un paso dentro del territorio, toda conversación se detuvo, toda mirada que no estuviera en nosotros ya, siguió el camino de las otras y pronto obtuvimos la atención de todo el salón.

Yo no sé si Lizzy había cambiado en algo, aunque sea en lo más mínimo, pero yo seguía sintiéndome incómodo en la forma en que las personas me miraban en veces. Eso incluía curiosidad, pena y sorpresa. Generalmente me hacía sentir irritado pues no era una especie de fenómeno de circo, menos algo que mereciera esas expresiones.

Aunque esto era nuevo, solo indiferencia y curiosidad recibí.

Ella exclamó mi nombre frente a todos, ahorrándome el hecho de tontas presentaciones con personas con las cuales no quiero tener nada que ver. Incluso me siguió llevando con ella entre las filas, presentándome a los pocos estudiantes que había por el momento. Un gesto inútil a mi parecer. No logré captar el nombre de ninguno de ellos al final. Entonces por fin nos detuvimos en lo que parecía mi lugar, extrañamente justo a un lado del de ella, aunque no me molestó en lo absoluto.

Preferiría algunas horas de Lizzy y no de desconocidos hijos de familias adineradas.

Acomodaba mi mochila cuando una voz no como la de Elizabeth pero sí muy escandalosa habló a mi espalda:

-¡Buenos días, clase!-

Era la segunda vez que lograban sorprenderme de esa manera, a diferencia de que este tono lo conocía perfectamente y había quedado muy grabado en mi memoria a pesar del paso del tiempo. Me mordí la lengua lo más fuerte posible para evitar llamarla como mejor la conocía.

Madame Red.

Cuando me giré, ella tenía esa gran sonrisa pícara en su rostro. Dirigida a mí. Me miraba desde arriba como si fuera una especie de pequeño niño y puso ambas manos en mis hombros.

Su cabello seguía siendo corto y el fleco en su frente terminaba en "V", sus ojos igualmente eran color vino. El labial que usaba combinaba con el resto de esa tan característica imagen suya. Ahora usaba un traje que consistía de una falda roja hasta apenas encima de la rodilla y un saco del mismo tono por encima de una blusa blanca de manga larga. Sin mirar hacia abajo podía apostar por un par de zapatillas rojas.

-¡Buenos días Madame Red!- escuché a todos corear. ¿Y yo había temido decir algo inapropiado? Al parecer su reputación la precedía, aunque no parecía ser algo que la molestara. De hecho, estaba agradecido de que fuera maestra y no doctora.

No traía recuerdos muy gratos verla morir a manos de un Shinigami de sexo dudoso.

-¿Tú eres mi estudiante nuevo, cierto?- ignoró por completo a los demás y sus manos volaron de mis hombros a mis mejillas, pellizcándolas como… como siempre solía hacerlo. -¡Bienvenido, Ciel! Espero que te la pases muy bien en los próximos días con nosotros-

Al menos estaba siendo profesional.

-¡¿Pero no es un encanto?- de nuevo comenzó a pellizcar mis mejillas, incluso se tomó la libertad de sacarme de mi lugar y darme una vuelta para apreciarme mejor.

No sé si este día podía ponerme peor, o mejor. Mi único consuelo es pensar que Sebastian la puede estar pasando peor, donde sea que se encuentre.


Sebastian P.O.V.

Al llegar al Instituto Archer, podía sentir el sello del contrato en mi mano arder. Más que una alerta, era una simple señal de que mi Bocchan estaba sufriendo las actividades escolares de su nueva escuela o simplemente estaba teniendo roce social con sus nuevos compañeros.

Por supuesto que sabía qué tipo de personas había ahí. Su reacción era la única sorpresa que tendría cuando regresara esta noche. Aunque podía imaginar una parte de eso por los sentimientos que viajaban a través de nuestra conexión.

Sorpresa, frustración… deseos de hacerme daño. Oh, mi bocchan podía ser tan predecible. Pero era más que obvio que yo no dejaría que asistiera a cualquiera lugar, la Academia Ashford no era el único lugar que tenía en mente, pero después de recorrer cada una de las opciones y revisarlas con sumo cuidado, la peculiaridad de esta me había llamado la atención. La asistencia de dos personas en especial era el motivo que me había llevado a elegirla deliberadamente.

Angelina Durless y Elizabeth Middleford.

Mi existencia había caído en una rutina fría y sin emociones por mucho tiempo, hasta que me topé con ese joven Conde. Hace 100 años que esa parte se vio reparada en mi camino, por lo que no podía dejar que el joven amo siguiera los pasos que había seguido yo, comenzando por una aburrida vida, repleta de fastidiosos eventos que ni nos beneficiarían, ni tampoco nos traerían algún daño.

Era ver la existencia del mundo, pasar por una ventana. No completamente con ellos, pero siempre presentes.

Una eternidad.

-Bienvenido, Sr. Michaelis-

Ese es el motivo de por qué este drástico giro a nuestras actuaciones. Era un poco más entretenido pensar en cómo engañar a los demás en lugar de cómo engañarse a uno mismo. Justo como un juego.

Ha sido un largo tiempo desde que mi Bocchan no participaba en un juego de esta magnitud, y también yo.

-Archer-sama, buenos días-

Aquí empezaba mi juego.

El joven amo de este lugar, según lo que investigué, era el último en la línea de su familia. Eso mientras no consiguiera una descendencia propia. Puesto que ambos padres habían muerto en un accidente aéreo cuando él tenía una corta edad. Desde entonces se ha hecho cargo de la mayoría de los asuntos familiares, así como una gran cadena de galerías de Arte alrededor del mundo.

En cierto aspecto, podría compararlo con Ciel Phantomhive.

Pero era demasiado pronto a mi parecer. En todos estos años, no ha habido nadie que se acerque siquiera un poco a la aguerrida y única personalidad de mi joven amo. Algo por lo que estoy muy conforme, de no ser que quisiera algún tipo de molestias. Byron Archer, en lo que a mí respecta, solo es el hijo abandonado de otra familia rica, que había sucumbido ante la soledad y ahora derrochaba el dinero en tontos lujos, dejando a otros el manejo de sus negocios.

El mencionado apareció pronto, vistiendo un fino traje gris oscuro. El saco era largo, un poco más debajo de las rodillas pero a partir de la espalda baja se partía en dos colas que terminaban puntiagudas. El forro era azul-verde y era completado por un short corto. Lucía una camisa blanca con un delgado moño alrededor de su cuello, guantes cubriendo sus delicadas manos y una cadena que salía de su bolsillo superior izquierdo hasta el frente y centro del traje, dando la apariencia de ser una especie de broche de plata. Un par de calcetas negras y unos zapatos negros muy bien lustrados finalizaban el conjunto, para por último darme cuenta del par de ojos azul índigo que me miraban valorativamente y con algo de curiosidad.

Una leve inclinación.

-Sebastian-san, ¿Con qué clase comenzaremos hoy?-

Tenía un maletín conmigo. Me permití caminar a la mesa más cercana y abrirlo. Siempre bajo la astuta mirada de lo que podía calificar como su tutor más personal y de confianza. Un hombre que había permanecido en la puerta desde mi llegada, vigilando cada uno de mis movimientos con una mirada inteligente y precisa.

Él era atento, y habilidoso.

Mientras yo no tuviera problemas en este lugar, ellos no los tendrían conmigo.

-Sugiero empezar con Historia Universal- sonreí amablemente sacando un par de libros.

El joven Archer se acomodó en su escritorio. Esperándome.

Todo era un juego. Un muy grande juego.


Ciel P.O.V.

El hecho de estar esperando a Sebastian era lo que me incomodaba. Nunca me había hecho esperar de esta manera y espero que no se le hiciera una costumbre ahora que tenía un empleo. Si algo no toleraría es que comenzara a faltar con sus obligaciones ahora que supuestamente tendría otras. Si algo parecido al destino había declarado que él sería eternamente mi mayordomo, más vale que cumpla su parte de este trato como siempre lo ha hecho.

Sin demoras o titubeos.

O quizás lo que más me molestaba de esto era la compañía mientras esperaba.

Sin duda había sido un día algo interesante debido al enfrentamiento del pasado y el presente en este tipo de hechos llamados "Reencarnaciones" porque no podía dejar de pensar cómo podían cambiar ciertas cosas y otras para nada. Pero la insistencia de Madame Red al final de la clase, en acompañarme a la salida y esperar a que un adulto responsable llegara por mí, estaba entrando en mis nervios.

Solo podía pedir a quien sea que me estuviera castigando, que de un momento a otro no apareciera una rara especie de mayordomo que no podía hacer nada útil. Uno que gustara del color rojo y que por las noches cambiaba de sexo, o algo parecido, en medio…

Sería el final perfecto de este día, eso y que todavía no encontraba el motivo por el cual mi nueva maestra creía importante esperar junto a mí.

Estaba contando los últimos segundos del tiempo límite que me permití aplicar a Sebastian cuando el Camaro negro apareció en la esquina, dando vuelta suavemente, sin ruido alguno, y parando en la acera justo frente a ambos. Se había salvado, por el momento. Cuando me acerqué, me preparaba para algún tonto motivo que sabía que me daría, pero antes de poder inclinarme sobre la ventana, me vi increíble y ridículamente movido hacia un lado por Madame Red quien dejaba evidenciado el motivo de su larga espera.

-¡Sr. Michaelis! ¡Un gusto en conocerlo!-

Ella alargó la mano hacia dentro del vehículo, a modo de saludo. ¿Eran corazones los que aparecían en sus ojos? Diablos…

Sebastian, por cualquier motivo no vayas a… bastardo. Salió del auto con la gracia de un demonio ancestral. En unos pasos rodeó el frente del Camaro para acercarse a mi proclamada maestra.

-La Srita. Durless ¿Supongo?- sonrió.

Maldito, estoy seguro de que tú sabías de esto desde un principio.

-A sus órdenes, Michaelis-san- ¿Estaba… coqueteando? No pude detener una de mis cejas que saltó–Espero que no se moleste, pero quería conocer al padre de mi nuevo alumno-

Padre, padre… padre. Él sufriría.

No podía dejar que esto dañara a mi recién formada imagen dentro de Ashford. Subí al auto y traté de encogerme lo más que podía en el asiento. En otra situación quizás ya hubiera desaparecido desde hace mucho, pero frente a todos los que admiraban el coqueteo de mi maestra con mi p…padre, esa no era una opción.

-¡Hola Ciel!-

La cabeza de Elizabeth saltó hacia dentro del auto por la ventana, una mirada curiosa adornaba su rostro.

-¿De qué te escondes?-

Era tan inocente.

-Madame Red coquetea con los padres de todos, o con los hombres que considera de importancia. No te preocupes- dijo mientras miraba por su hombro a la escena de la que trataba de escapar.

¿Así que esa vieja costumbre no había muerto?

Me enderecé de nuevo en el asiento, podía permitirme el darle el beneficio de la duda. Después de todo, por las miradas de los demás, claramente podía leer en sus rostros el: ¿Ya va de nuevo? Haciéndome no sentirme tan único y avergonzado de la situación. O por lo menos eso creí hasta que las pocas mujeres que llegaban por sus hijos en esta misma escuela, dejaban que una mirada igual a la de Madame Red tomara posesión de sus rostros y se acercaran a compartir presentaciones y números de teléfono. Aunque ellas no gastaban en sacar una pluma y un pedazo de papel, no… ellas sacaban una tarjeta impresa hecha con mucha anterioridad.

¿Por qué tenía que pasarme a mí?

-¡Tiene un hijo adorable, Michaelis-san!- comentó alguien. Todas las miradas volaron hacia Lizzy y yo. A diferencia de ella, yo no saludé efusivamente con una gran sonrisa.

Sebastian tenía una muy carismática sonrisa en su rostro, nuestras miradas se conectaron por una fracción de segundo.

-Él no es mi hijo, señoritas- aquí va de nuevo. –Es mi sobrino, no estoy casado y él es solo mi sobrino-

Gritos emocionados muy mal disimulados pudieron escucharse. Saqué rápidamente el celular de mi bolsillo y mandé un mensaje de texto.

Cuando timbró el de Sebastian, todas las mujeres a su alrededor se detuvieron. Él lo leyó y luego disimuló que era una llamada, comenzando a hablar solo.

-¿Tan importante? Entiendo, voy para allá-

Se despidió rápidamente con una rápida sonrisa antes de subir al auto y arrancar. No me digné a decir nada por unos minutos.

-Bocchan…-

-¡Silencio, padre!-

El siempre encontraría una nueva forma de molestarme. ¿Sería mucho pedir el que sufriera la misma vergüenza que yo sufrí?


Grell P.O.V.

-¿Ahhh? El edificio no parece ser mucho más lujoso que los anteriores-

¿Qué podía hacer? A pesar del dinero, nadie parecía querer di-ver-tir-se~~ conmigo… AWW!

-¡Nunca dejaré de amarte… Sebas-chaan~!-

Donde sea que te encuentres.


Hola mis lectores! En serio, no saben cuánto agradezco sus reviews, alertas y favoritos: -Anna Kyouyama Phantomhive, -Mery DSM, -ka13ms, -Thalitez, -aRiNkAoRy, -Chio-san, -Chibi Dhamar, -Tsuki Hanasaki, -Kotoko, -Ren, -marishion y -AstridUchicha.

Mil gracias! Junto con todas las alertas y favoritos!

En respuesta general: Me alegra que la trama de Ciel y Sebastian en el siglo XXI sea del agrado de la mayoría pues yo en especial quería algo así para leer, y como no encontré... tuve que escribirlo :D Aunque no es algo malo, es entretenido hacerlo, de hecho.

Sobre los personajes y sus personalidades, me esfuerzo mucho porque la mayoría del tiempo sean tal cual son en el anime, si hay por ahí algún desliz lo siento :D Ohh... y cabe decir -que no lo mencioné antes- pero este no es fic Yaoi (creo que alguien lo mencionó en los reviews...) pero no habrá nada por encima o por debajo del nivel de lo que se ve en el anime/manga, pueden estar tranquilos por esa parte.

Nos veremos pronto :D Dudas, comentarios... sugerencias, reclamaciones, buenos deseos y demás expresiones divertidas, son bienvenidas en los reviews :)

anypotter

p.d. Si, "Su mayordomo ¿Por siempre?" También trataré de actualizarlo en estos días.