En cuanto llegó a su despacho en el séptimo piso, Hermione se aseguró de cerrar todos los accesos a este y, como si de una quinceañera se tratara, se dejó caer en su sillón con una enorme sonrisa en su rostro. Abrazó el libreto contra su pecho y con un largo suspiro intentó volver a su habitual compostura; debía recordar que solo era una obra y que ellos solo eran amigos aun cuando aquella palabra le quemara; Severus nunca la miraría con otros ojos, si de por sí fue un milagro que la considerara su amiga, llegar a pensar que entre ellos pudiese ocurrir algo más era completamente descabellado.
La castaña sabía que nada de lo que ella sentía por él iba a ser reciproco, pero se conformaba con tener aquellas pequeñas muestras de afecto que él siempre tenía hacia su persona por el simple hecho de tener una relación amistosa. En un principio, cuando recién estaban comenzando esa nueva fase, Hermione se había sentido bien. Había terminado su relación con Ron luego de un romance no tan próspero y, por ese entonces, la única persona que no la trataba como si fuera una mascota mendigando algo de compasión era el jefe de Slytherin. Ese había sido el primer paso hacía lo que ella misma llamaba "El tortuoso camino hacia el corazón de Snape", aunque claro, su última parada era en la cual estaba ahora.
Amigos…solo amigos.
Suspiró resignada y sacudió aquellos pensamientos tan pesimistas. Quizás algún día ellos podrían tener una oportunidad, pero por ahora…
Ojeó detenidamente el libreto y con algo de desilusión comprobó que no había ninguna escena donde ambos debieran besarse, aunque la sola idea de que él la tuviera que tomaba entre sus brazos y las dulces frases que debía dedicarle entre medio de la obra hacían que su corazón latiera de forma frenética.
"Calma Hermione, recuerda que él es solo tu amigo, por mucho que te pese"
Ella se había dado cuenta hace mucho tiempo que aquella sensación que oprimía su pecho cada vez que lo veía no era mera casualidad. Si bien en un principio disfrutaba de su compañía como disfrutaba una tarde tomando una buena cerveza de mantequilla junto a Harry o Neville, pronto se dio cuenta que aquel cariño que le tenía a ambos no se comparaba al cariño que comenzaba a sentir por el Slytherin. Había sido al inicio de las vacaciones de invierno de su segundo año como profesora de transformaciones; los Weasley la habían invitado a pasar las fiestas junto a ellos como todos los años (Muy especialmente Ron, en un intento desesperado por volver con ella) pero había declinado la oferta antes de enterarse de que su plan inicial de cenar con sus padres se fuera a la basura a causa de un viaje de negocio de último minuto a la nueva clínica odontológica que iban a abrir en Yorkshire, así que, sin más planes que esperar a que pasara el tiempo, se quedó en el castillo junto a una reducida parte del cuerpo docente. Ese día se levantó cerca del mediodía y pudo darse el lujo de darse un largo baño de burbujas y leer un libro en la tina antes de ir a ver a Hagrid quien la había invitado a probar su caldo de res, luego de eso, McGonagall la llamó para entregarle unos cuantos libros sobre la materia y compartir una taza de chocolate caliente. No fue sino hasta antes de la cena que ambos chocaron en el pasillo que conducía a la biblioteca.
Ambos se observaron por unos segundos antes de que él le dijera con esa gruesa voz "Hoy no vino a tomar el té"
Hermione sintió sus mejillas arder y no supo cómo actuar ante aquello
-Pensé que hoy prefería obviarme-
Él la miró confundido por unos cuantos segundos antes de decir en un siseo
-¿Por qué haría eso? Es de las pocas personas en el castillo con la cual me siento cómodo-
Y viniendo de Snape, eso ya era mucho.
Fue entonces que el corazón de la castaña latió de forma estrepitosa y ella creyó que se le iba a salir por la garganta
-Entonces… ¿Qué te parece ir por un té a mi despacho? También podemos cenar si quieres-
-Eso suena bien-
Había sido una noche amena, habían disfrutado de un buen té, un poco de puré y cerdo que los elfos habían traído a petición de la castaña y, para coronar todo, una copa de vino de sauce que logró que la lengua de Hermione fuera un poco más burlona de lo usual. Eso causó una suave carcajada en Snape y un fuerte desconcierto en el cerebro de la castaña. "Por Merlín, él en verdad sabe reir" fue su primer pensamiento, él segundo fue algo relacionado a que debía lograr esa acción otra vez y la tercera, que sus labios se debían muy apetitosos. Esa fue su primera señal de alarma, la primera de muchas esa noche.
Al día siguiente, luego de tomar un sorbo de café su cerebro llegó a una terrorífica conclusión. Se había enamorado de Severus Snape.
Al principio pensó que sería algo pasajero, pero con el correr del tiempo y sus encuentros diarios, comenzó a darse cuenta de que aquello que sentía no era un simple capricho iniciado por el alcohol, no, aquello era mucho más fuerte y tenía sus raíces desde el día en que él comenzó a verla no como una ex alumna, si no como una compañera de trabajo, una mujer a la cual tratar de igual a igual.
Y ella, sin darse cuenta, había dado vuelta la página a su romance con Ron para comenzar a fijarse en el oscuro maestro de pociones.
¡Merlín! Solo esperaba que todo este asunto no terminara de la misma manera, porque si ella llegaba a pasar por lo mismo, pensaría seriamente ir a vivir a un convento y hacer sus votos de castidad.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Lo primero que hizo Severus apenas terminó de alistarse para empezar el día, fue ir al despacho de McGonagall con el dichoso libreto entre sus manos. Lo había leído luego de que la castaña lo hubiera dejado con las palabras en la boca y ¡Por Circé y Morgana! Él definitivamente no haría nada de lo que estaba escrito ahí ¡Mucho menos si implicaba hacer esas cosas con Granger! Si ya de por si los idiotas inventaban rumores sobre ellos, luego de eso estaba más que seguro de que ellos "confirmarían sus sospechas".
La gárgola lo llevó hasta la puerta de roble la cual golpeó de forma energética hasta que esta se abrió de forma instantánea gracias a un hechizo
-¿A qué se debe tanta energía en la mañana Severus?-Dijo Minerva tras el escritorio-Aun no han comenzado las clases este día y tú ya estas con un humor similar a un Colacuerno-
El arrojó el libreto sobre la madera del escritorio y apoyó sus manos a sus costados
-No voy a actuar en tu ridícula obra ¡NO SERÉ UN BUFÓN FRENTE A TODO EL COLEGIO!-
-Severus, es solo una obra de teatro, no es nada del otro mundo-
-Tú sabes perfectamente que nunca he participado en estas cosas y tampoco deseo comenzar a hacerlo, suficiente hago dándoles el día-
-Las artes también son una forma de enseñanza, no creo que estemos desperdiciando el día en estas actividades-
-Yo no desperdiciaré mi día para ser el hazme reír de los alumnos-Los oscuros ojos del pocionista se clavaron en los verdes de la directora-Lo siento Minerva, pero deberás buscar a otro que soporte sus tonterias-
-No hay nadie que encaje mejor en el papel que tú Severus, además, te llevas tan bien con Hermione…-
-No te hagas ideas equivocadas Minerva, nosotros solo…-
-Lo sé, pero piénsalo, ustedes dos…-
-No-Sentenció-Haré lo mismo que todos los años, simplemente estaré en mi despacho hasta que todo este circo termine-
-Todos los profesores deben participar-
-Tienes mucha ayuda externa, solo ve y pídele a otro que haga ese dichoso papel-Dijo dándole la espalda y caminando hacia la escalera-Pero no cuentes conmigo-
-Severus Snape vuelve aquí en este mismo…-
-Con su permiso, Directora McGonagall-
Y él cerró la puerta, dejando a la mujer con el regaño entre los labios.
OoOoOoOoOoOoO
Hermione iba bastante emocionada al Gran Comedor a desayunar que no notó la presencia de Snape hasta que este le abrió la puerta del salón y luego le dedicó un escueto "Hola" como saludo. Lo notaba bastante molesto y tenso ¿Acaso estaría enojado con ella por lo que ocurrió anoche?
-¿Estas bien?-Se aventuró la joven intentando alcanzarlo
-Ahora si-Fue todo lo que dijo al sentarse en su habitual puesto, a la izquierda de Minerva y al lado de Hermione-Pero sé que pronto se acabará, Minerva va a reclamarme todo el maldito día por dejarla con la palabra en la boca-
-¿Y puedo saber porque?-
Él levantó una ceja y la observó como si volviera a ser aquella "insufrible sabelotodo" en una de sus clases
-No-Sentenció finalizando la conversación
-Vamos, no seas así-Dijo acercándole un par de tostadas-Quizás pueda ayudarte a aplacar la furia de McGonagall-
-Para empezar Granger, todo esto empezó porque tu aceptaste por mí un papel que no quería y no haré-
Ella lo miró confundida y dejó a medio preparar su ensalada de frutas
-¿Cómo es eso que no harás?-
-Creo que me conoces lo suficiente para saber que no haré el ridículo frente a todo el colegio-
-Pero todos los profesores nos hemos comprometido, hasta vino Slughorn y Sprout para ayudar ¡HASTA BINNS VA A COLABORAR!-
-Si tanta ayuda tienen, pueden encontrar a alguien que haga ese papel-
-Yo quería hacer esto contigo-Dijo con su mirada fija en él y con una voz bastante seria-No eres el único que sale de su zona de confort-
-Podrías no actuar-Comentó de igual manera-Tal vez ambos podríamos ir, no sé, ¿Era ese mismo día la exposición del antiguo Egipcio a la cual tus padres te habían invitado? Aquello suena más interesante-
-Si quieres ve tu-Respondió levantándose de su asiento-Yo haré la obra, contigo o sin ti, ahora, si me lo permites, tengo cosas que hacer-
-Granger ¿En verdad estás enojada por…?-
-Ten buen provecho Snape-
-Granger, por favor… ¿Harás un drama por esto?-
Él supo, en el momento que los ambarinos ojos de la castaña se clavaron en los suyos, que no debió decir aquello. Ella en verdad estaba molesta, lo suficiente para que en los costados de sus ojos se formaran unas pequeñas arrugas y su nariz se coloreara de un suave rosa, resaltando así, las pecas del rostro de la joven
-Si-Respondió ella-Porque pensé que quizás…-Ella permaneció en silencio un par de segundos antes de apartar la mirada-No importa, olvídalo-
Y antes de que él pudiera decir algo más, Hermione se fue del Gran Comedor por la puerta trasera de los profesores. ¿Por qué la vio dudar? ¿No era acaso que ambos se tenían confianza para este tipo de cosas?
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Hermione terminó su última clase del día y comenzó a preparar su salón para dar las tutorías a los alumnos de sexto y séptimo que se estaban preparando para su examen de admisión de la academia de Aurores. Su mente agradecía tener cosas que hacer, de otro modo, sus pensamientos volverían a esta mañana donde su boca casi la mete en problemas monumentales ¿Es que acaso no podía recordar que ellos solo eran amigos? Era algo que Hermione apreciaba y odiaba de la misma manera. Valoraba la amistad que había forjado con Snape en estos años, pero odiaba saber que, aunque ella intentara lo que fuese, no podría competir con los recuerdos de la madre de su mejor amigo; prefería tener aquel cariño fraternal antes de volver a aquella fría indiferencia que siempre le mostró mientras ella era su estudiante.
Pero ella en verdad…
Dejó que su cabeza se apoyara en la pizarra y dejó escapar un largo suspiro de resignación. Debía suponer que algo así pasaría, a fin de cuentas, Severus siempre prefería pasar inadvertido ante los demás, nunca iba a aceptar algo de ese estilo.
Y ahora, teniendo en cuenta lo que Minerva le había comunicado en el almuerzo…
Quizás esa propuesta de ir con sus padres a la exposición no sonaba tan mal después de todo.
No Hermione, recuerda, esto es por tus alumnos ¿Qué importa que McGonagall esté intentando convencer a Ronald para que haga el papel de Hades? Él es solo tu ex, un ex que está comprometido y con un bebé en camino.
Un ex que, aun después de romper hace bastante tiempo y con una nueva relación formal de dos años con Lavender Brown, seguía intentando llamar su atención, aun cuando ella le dejó bastante claro el día en que terminaron que prefería besar el trasero de Abeforth antes de volver con un infiel insensible como él. Solo esperaba que Ron no le estuviera viendo la cara a Lavender como se la vio a ella.
La puerta del salón se abrió y, en un acto reflejo, su rostro cansado se transformó de inmediato en una suave sonrisa para los alumnos
-Bienveni… ¿Qué se supone que haces acá?-
-Vine a verte-Dijo el pocionista cerrando la puerta con cuidado-No nos hemos hablado desde el desayuno-
-He tenido muchas cosas que hacer-
-¿Sigues molesta?-Preguntó sentándose en uno de los puestos frente al escritorio
Ella le dedicó una pequeña sonrisa cansada
-No-Respondió apoyándose en el mueble-Sé que hice mal en aceptar por ti algo que sabía, no es de tu agrado-
-Aunque, a tu favor, Minerva hubiera intentado, de igual manera, hacer que me persuadieras para aceptar-
-Y hubiera fracasado de todas formas-Ella inclinó su rostro hasta que parte de su mejilla izquierda estuvo apoyada en la palma de la mano-Aunque, en verdad, me hubiera gustado hacer esto contigo-
Hermione, por favor…no otra vez, controla tu boca
-¿Por qué?- La duda saltaba en su voz
-Porque…-Ella sentía como sus mejillas poco a poco iban coloreándose ¿Es que acaso debía ser tan obvia?-Hay…hay escena que son más bien intimas y yo…yo…-
El labio de la castaña corría un serio riesgo de terminar sangrando si lo seguía mordiendo de esa forma
-Granger, dilo de una vez-
-Me sentiría más cómoda en ellas si las tuviera que realizar contigo-
Bueno, eso tenía bastante lógica para él, sabía que Granger era bastante reservada en algunos temas. Y, considerando que el contacto corporal estaba bastante represente en esta obra (Solo por mencionar que alguien debía cargarla como un inicio) era una buena idea buscar a dos personas cercanas para los papeles principales. Pero eso no quería decir que esas personas debían ser ellos
-Pero ya que tu no quieres actuar, McGonagall ya está buscando reemplazante-
-Pensé que le diría a Potter o a Longbottom, Caplan como ultima opción-
-Harry hará de Hermes-Respondió ella ordenando unos papeles y ordenando a la tiza comenzar a escribir la lección-Neville ayudará a crear algunos escenarios, recuerda que Persefone era la diosa de la vegetación antes de convertirse en la reina del Inframundo, y Diego…él y Flitwick están tramando algo-
-¿Y entonces quién? No me digas que será Slughorn-
-No-Hermione apartó su mirada y, con una voz de hastió dejó escapar el nombre del pelirrojo.
Y Severus, con todo el conocimiento de los hechos, supo que la había jodido de manera monumental.
