Destino.
¡Qué alegría volver a leer a quienes ya conocía por sus increíbles reviews en la historia de Los días del Colegio y bienvenidas a esta historia a quienes no conocía!
Aquí un pequeño regalo que mi querida amiga virtual Stormaw me ha ayudado a dilucidar y a quien le agradezco enormemente su ayuda.
Nos leemos más abajo para charlar.
Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y. Igarashi; algunas escenas y diálogos se basan en CCFS y en el manga, que es propiedad de sus autoras y/o traductoras; el resto es propiedad de mi imaginación.
Es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro.
Capítulo 2.
- "¿Señor Andley?"
- "¿Sí?" respondió Albert tras una pila de interminables documentos que debía revisar.
- "Disculpe que lo interrumpa, traigo mi reporte final."
- "¿Pudo entregarle la carta al señor Graham?"
- "No señor... aunque pude localizarlo en su viejo apartamento, donde se alojó el tiempo que nadie supo de él, parece ser que de improviso salió de viaje. La última vez que lo visualicé, estaba en la taquilla del puerto."
- "¡¿En el puerto?!"
- "Así es señor Andley, el único barco que zarpaba esa mañana era el RMS Majestic; ningún otro navío de pasajeros se encuentra aún en servicio debido a las festividades, por lo que sospecho que se embarcó en éste con rumbo a Southampton, lo cual tiene sentido considerando su historia personal."
Albert permaneció unos minutos en silencio.
Esta vez bastó con darle un pequeño empujón a la máquina del destino para que se echara a andar. Terry, por un simple hecho del azar, se había embarcado en el mismo navío que su persona más querida.
Al parecer ese reencuentro, que tanto tiempo había demorado, finalmente parecía que se llevaría a cabo. Y al mismo tiempo, lo acercaba a él a una respuesta definitiva.
- "Gracias, con esta información es suficiente." Respondió finalmente.
- "Esta es la carta que me entregó. Fue un placer señor Andley, que pase felices fiestas."
Después de asentir y estrechar la mano del encargado, Albert se dirigió a la ventana, enfocando su vista en la inmensidad.
Candy...
No cabe duda de que existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, más otras apenas las vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos...
A veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo-enamorado, dando brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies. Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo, ellos acostumbran colocar muchas sonrisas en nuestro rostro durante el tiempo que están cerca. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.
Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad. Hoy y siempre... simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
(Cada persona) Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá los que no nos dejarán nada. Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad. ¹
Noche del 31 de diciembre, 1923.
- "¿Debo asistir a esa cena?"
- "Sin lugar a duda señorita Candice, el capitán cuenta con su presencia en la celebración del Año Nuevo."
- "Pero a mí no me gustan las fiestas..."
- "Qué simpática es usted. No es cuestión de "gusto", por supuesto, es el deber de cualquier señorita de sociedad."
- "Pero yo no soy..."
- "¡No, no, y no! No hay pero qué valga. Su lugar asignado se encuentra en la mesa del capitán, ¡imagínese qué honor! El señor Andley contempló esta posibilidad e incluyó en su guardarropa este hermoso vestido del color de los nomeolvides. ² ¿No es verdaderamente precioso?"
- "Sí, es un vestido muy lindo..." murmuró Candy mientras su mente era transportada al pasado.
Su color me hace pensar en la tonalidad que tenía el mar aquel día en que volvía hacia América cuando el comandante Niven me dijo "A medida que navegamos, lo único que podemos ver es el mar." Yo negué con la cabeza y le afirmé que no era así, porque cada vez el agua me mostraba un color diferente. Al escuchar mi respuesta, él asintió varias veces.³
Ahora tengo la impresión de que el mar, con sus diferentes matices, se asemeja al imperceptible tiempo. Parece que todo permanece igual, sin embargo, algo sin duda cambia.
Me pregunto qué mar estará mirando el comandante Niven en este momento...³
- "¿Señorita Candice? ¿Me escuchó?"
- "¿Eh? Sí... sí, está bien."
- "Excelente, confirmaré que asistirá a la cena y llevará su carnet de baile, ¡Qué hermosa es la última oportunidad de la juventud! ¡aún es una joven hermosa, seguro regresará con el carnet completamente lleno!"
- "Mi carnet... ¿cómo que última oportunidad?"
- "Señorita, a sus 25 años debe usted comenzar a tomarse en serio la idea de encontrar el mejor partido que su avanzada edad permita... los años no pasan en balde. Lo sabe ¿cierto?"
- "¡¿Avanzada edad?!" chilló Candy, no podía creer lo que decía aquella mujer, sin embargo, sabía perfectamente que las reglas de la sociedad comenzaban a contemplarla como una especie de solterona, después de todo en mayo cumpliría 26 años.
La edad era algo que a Candy nunca le había importado, considerando que a los 16 años aún jugaba carreras con Jimmy, quien era mucho menor que ella, y aun siendo una enfermera titulada, pasaba todos sus descansos en lo alto de los árboles.
- "Bien, terminemos con esto." Dijo la rubia algo cansada de alegar, después de todo, sólo era una cena en una noche como cualquier otra, en altamar.
.
Tras algunos interminables minutos que casi le parecieron una tortura, ya se encontraba enfundada en un molesto corset que daba forma al inmaculado vestido azul, con un peinado semi recogido que jamás acostumbraba – ni siquiera ahora con su melena más corta – con el dichoso carnet bien guardado en el fondo del pequeño bolso que hacia juego con sus zapatillas, y que esperaba que no viera la luz en toda la noche.
Su plan era pasar la velada entera charlando con el capitán acerca de sus múltiples viajes, reír de las bromas sociales discretamente, y argumentar un terrible cansancio debido a su trabajo como enfermera que la obligaría a ir a la cama tan sólo unos minutos después de la media noche, cuando casualmente, la pista se abría para todos aquellos que decidieran aventurarse en el baile de parejas.
Con decisión echó a andar, acompañada de la señora Mary que además fungiría como su chaperona.
Al salir de su camarote rumbo al salón principal Candy no pudo evitar caminar por todo el costado del barco, justo hacia el estribor, cosa que no agradeció en absoluto la señora mayor. Una vez que subieron a cubierta desde los camarotes de primera clase, Candy hizo todo un recorrido desde la Galería hasta la sala de fumadores que estaba rumbo a la popa; desilusionada, insistió en que el ejercicio era excelente a cualquier hora y caminó hacia la proa, por todo el costado babor, recorriendo la sala de estar, pasando de largo el restaurante y el salón donde se llevaría a cabo la cena, hasta llegar a la zona del ascensor y la puerta que comunicaba con el lugar para la telegrafía y más allá, con el puente de mando.
Qué tonta soy, ¿a quién esperaba hallar? es como si estuviera tratando de encontrarme con un fantasma... Pensó Candy con tristeza.
Para ese entonces, la señora Mary estaba agotada por lo que agradeció profundamente que esa chiflada joven nueva rica decidiera finalmente dirigirse hacia el salón principal y tomara asiento en su lugar en la mesa del capitán. Ella por su parte, debía dirigirse hacia la zona designada para el personal de servicio donde tras una magnífica cena, terminó por quedarse completamente dormida en un rincón.
El plan de Candy estaba saliendo a la perfección, el capitán P. C. Grening era un hombre muy interesante que dominaba a la perfección la ruta de Nueva York a Brenen vía Southampton, por lo que conocía bien al comandante Niven, que en ocasiones llevaba la misma ruta transportando materiales y otro tipo de carga. Por supuesto Candy se abstuvo de mencionar su incursión como polizonte, prefirió decirle al capitán que ella era una buena amiga de la hija del comandante. Las horas transcurrieron con increíble rapidez y muy pronto, tras recibir el año nuevo, llegó la hora del baile.
El capitán Grening se despidió con suma cordialidad de Candy y de los otros invitados, debía revisar el curso del barco antes de retirarse a descansar; besó las manos de las damas y los caballeros se levantaron aprovechando para retirarse al salón de fumadores de primera clase y hablar de los sucesos de actualidad y de sus acaudaladas fortunas. Las damas de mayor edad se retiraron del salón, dejando así en la mesa sólo a las jóvenes solteras bien vigiladas a la lejanía por sus inseparables chaperonas.
- "¡Vaya! Parece que la señora Mary se ha retrasado." Pensó Candy divertida al recordar cómo iba gruñendo durante todo el paseo que realizaron sobre cubierta.
- "¡Linda! ¿Has visto cómo te mira ese caballero del rincón? Podría jurar que te conoce, ¡no te ha perdido de vista desde que entraste en el salón!" dijo una de las chicas más jóvenes con quienes compartió la mesa.
- "¿Un... caballero?" preguntó Candy nerviosa.
Sin poder evitarlo, Candy recorrió todos y cada uno de los rincones del gran salón buscando a ese misterioso caballero que la había observado durante la velada ¿Sería posible que fuera él?
Sus ojos se toparon con la fija mirada de un hombre que al descubrirla buscando a alguien, le sonrió con confianza y se aventuró con rumbo a su mesa.
La noche transcurría serena y en silencio para Terrence. Afortunadamente para él, prácticamente los casi 300 pasajeros de primera clase se encontraban en la famosa fiesta de fin de año del gran trasatlántico, un evento social que nadie quisiera perderse. Nadie, excepto alguien como él que solamente asistía a las reuniones sociales que demandaban absolutamente su presencia. Eso era algo que tampoco había cambiado, su gusto por la soledad, primero impuesta, y ahora por elección.
La luna brillaba en todo su esplendor, era una noche clara, a diferencia de aquella en la última noche de 1912 que en ese entonces lo había acogido en una densa bruma. Aquella noche cuando la vio por primera vez.
- "Lo que daría por un cigarrillo..." murmuró para sí mismo mientras cerraba los ojos.
"... Pero ¿qué haces fumando en un lugar como éste?" ⁴
"¿Me das los cigarros?... Desde luego que no fumo, ¡Están confiscados!" ⁴
Terry casi podía escuchar la voz de esa chiquilla pecosa y sonrió suavemente... Despacio introdujo su mano en el bolsillo del cálido abrigo que lo cubría.
"Te doy esto en su lugar." ⁴
Quien iba a pensar que ese instrumento plateado, ya algo opaco debido al paso de los años, se convertiría en un preciado tesoro lleno de recuerdos de una época que nunca volvería y a la que se aferraba sin remedio.
Un rumor de pasos lo sacó de sus recuerdos, sonaban ligeros y rápidos, parecía que alguien se aproximara directamente hacia él.
Tratando de protegerse, ajustó su sombrero y el cuello de su abrigo para ocultar lo más posible su identidad.
Escuchó una respiración agitada y lo que pareció ser ¿un gruñido?
- "¡Pero qué tipo! ¿En qué estaba pensando cuando trató de abrazarme de esa manera? ¡ahora comprendo por qué todas estas chicas se hacen acompañar por esas estiradas señoras mayores! ¡Sus manos eran como tentáculos alrededor de mi cintura!" chillaba una joven que no dejaba de sacudirse como si aún esos tentáculos la persiguieran.
Terry rió inevitablemente, más fuerte de lo que hubiese deseado, parecía una anécdota terriblemente divertida pero exagerada, típica de una chica de sociedad que buscaba llamar la atención de los hombres y después los rechazaba.
- "¡¿Se puede saber qué le parece tan gracioso?!" exclamó indignada la joven que percibió claramente una risa burlona que provenía de un misterioso hombre cubierto de la cabeza a los pies.
El hombre permaneció en silencio.
- "¿Señor...?" dijo aún más molesta al sentirse ignorada.
- "En realidad... ¡usted!" dijo Terry encogiéndose de hombros y echando a reír abiertamente, sin siquiera darse la vuelta para mirar a la joven.
Esa voz... esa risa... ¡No! ¡No puede ser! ¡Es imposible! Pensó Candy mientras sentía como si un témpano de hielo se derritiera sobre su cabeza congelándola hasta los pies e impidiéndole moverse.
Es más alto que él... y no tiene el cabello largo. Ese sombrero y el abrigo no me dejan ver su rostro, pero esa voz... No, definitivamente no puede ser él, se dijo Candy sacudiendo negativamente la cabeza.
- "Pues... ¡pues usted me parece un grosero maleducado!" respondió Candy deseando volver a escuchar aquella profunda voz.
¿Grosero? ¿Maleducado? Era así me llamaba ella cada vez que la incordiaba. Pensó Terry cortando de golpe su risa y cerrando los puños y los ojos con fuerza. Temía tanto darse la vuelta y ver con desilusión que esa jovencita que lo encaraba no se parecía en nada a aquella chica de rubias coletas y rostro salpicado de pecas.
Un silencio se hizo entre ellos, no se atrevían ni a respirar tratando de proteger esa ilusión momentánea al pensar en la posibilidad de encontrarse con el ser amado.
Esto es una estupidez, es imposible que sea ella, sólo mírala y termina con esta tontería de una vez. Exclamó Terry para sí mismo decidido a darse la vuelta y retirarse finalmente tras mirarla y ver que no se trataba de quién él deseaba.
.
- "Candice ¿qué haces aquí afuera? El señor Smith no deja de preguntar por ti, lo has dejado a mitad de la pieza de baile sin ninguna explicación y... ¡Oh, Dios mío! ¡no puede ser! ¡¿Terrence Graham?! ¡¿El famosísimo actor, Terrence Graham?! Santo cielo, ¡tiene que darme su autógrafo! ¡No lo puedo creer!" decía sin parar la chica con la que Candy había cruzado unas palabras en el salón acerca del hombre que la miraba.
Los ojos de ambos se abrieron tan grandes como dos grandes platos ante la sola mención de sus respectivos nombres.
Terry finalmente levantó un poco su sombrero y clavó sus ojos color de mar en aquellas verdes esmeraldas que lo miraban completamente en estado de shock.
Ninguno atinaba a hacer absolutamente nada, hasta que la jovencita que los había sorprendido se interpuso entre sus miradas dando saltitos que impedían a Terry continuar mirando a aquella rubia añorada que se encontraba a sólo unos metros de él.
- "Por favor señor Graham, si pudiera escribir una dedicatoria para Kate sería maravilloso, es un verdadero placer conocerlo. He seguido su carrera desde que actuó en el Rey Lear como el Rey de Francia. Es usted un verdadero sueño en el escenario... y ahora que lo veo de cerca, también es un verdadero sueño fuera de él." Decía la sonrojada chica mientras empujaba su carnet de baile contra las manos de Terry que estaban fuertemente aferradas al costado del barco.
Él pestañeó varias veces como si hubiera salido de un profundo sueño y tratara de reaccionar de alguna manera.
- "Sí... yo... claro..." dijo él olvidando su anonimato y escribiendo como un autómata mientras trataba de ver más allá de esa chica que de alguna manera lo había reconocido tras su vestimenta y que no paraba de estorbarle la vista.
Para cuando terminó de escribir el autógrafo y pudo deshacerse de la molesta joven, no había nadie más sobre la cubierta del barco.
Las piernas de Candy la habían sacado de ese sitio tan rápido como el molesto vestido largo le había permitido.
¡Era él! ¡Nunca podría olvidar esos ojos color zafiro!
¡Siempre desenfadado y atrevido!
¡Terry, inolvidable Terry!
Sofocada por la carrera, presionaba el botón del ascensor sin control rogando porque éste llegara ¡Tenía que salir de ahí!
Las puertas se abrieron y ella entró en él cerrando tan rápidamente como la tecnología de esa época le permitió, tratando de calmarse.
Sólo entonces, por fin pudo pensar.
¿De qué estaba huyendo?
"... has mantenido, quizás congelado en el tiempo, algo que debes enfrentar por ti misma..."
Había llegado el momento, no había otra opción que abrir ese baúl lleno de recuerdos que había comenzado a desbordarse con sólo leer su viejo diario del Colegio.
Inhalando y exhalando profundamente por varios minutos, trató de darse ánimos recordando las palabras del comandante Niven:
"Sabes Candy, el mar no siempre está en calma. Es como la vida: Hay momentos de paz y momentos turbulentos; pero en cualquier caso, el barco debe tratar con todas sus fuerzas de controlar las olas y seguir adelante en su trayectoria."³
.
Estoy por afrontar algo que he evitado por años y al igual que un barco, no me importa qué terribles tempestades vaya a encontrar en mi viaje, debo dedicarme con todas mis fuerzas a resistir el embate de las olas. Es el momento...
Y diciendo esto, presionó el botón que hacía que las puertas se abrieran dando el primer paso para enfrentar su pasado.
Notas:
¹ Pequeño extracto (un poco modificado) de El árbol de los amigos de Jorge Luis Borges.
² Los nomeolvides son pequeñas flores de color azul celeste. Simbólicamente se conoce como la flor del amor desesperado o el amante eterno.
³ El comandante Niven es aquel capitán del barco en el que Candy se embarca como polizón junto con Cookie. Toda esta idea proviene de la carta que Candy le envía al comandante antes de decidir convertirse en enfermera.
⁴ Frases del manga de la época del Colegio San Pablo.
De mí para ustedes:
¡Feliz Año Nuevo! Salud, amor, paz y todo lo que deseen vengan incluidos en este 2018.
Este capítulo es un mini regalo para ustedes en esta noche, mi favorita de todo el año; traté de escribirlo a máxima velocidad por lo que ha quedado algo más corto. El resto de la historia la iré escribiendo semanalmente, quise que esta noche llegara a ustedes esta parte de la historia que se desarrolla justo en el nuevo año. El próximo domingo tendré listo el siguiente.
No juzguen muy duramente a Candy que salió corriendo, la pobre casi se nos infarta después de no ver a Terry en tanto tiempo y necesitaba unos minutos para reponerse de la impresión; ahora sí, la próxima semana vendrá el reencuentro oficial.
Para quienes se preguntan sobre la relación de Albert y Candy, pues sí, en Candy Candy Final Story (CCFS) que es la continuación de la historia de Candy Candy, ésta parece insinuarse a través de una serie de cartas entre ellos, cosa que ha desatado la discusión de quién es el famoso Anohito (el hombre que Candy ama y con quien vive en la actualidad en CCFS).
En la misma continuación, debido a la nota que Terry escribe a Candy, la descripción del lugar en el que vive actualmente, además de la gran importancia que se le da a la historia de Candy y Terry en el Colegio San Pablo, y con la muerte de Susanna, para mí no hay otro Anohito que Terry; pero como siempre digo, cada quien es libre de creer lo que guste. Para mí, una relación Albert-Candy es muy extraña, a lo Woody Allen que se une a su hija adoptiva, pero en fin.
Sé que situé la historia muuuuuyyyy lejos, casi 10 años después, pero conforme vaya avanzando l historia les explicaré por qué hice tan distante el encuentro. Para quienes comentan acerca de amar por 10 años a alguien, creo que esto es posible, sobre todo porque en el manga, cuando ambos coinciden en Rockstown, Candy puede darse cuenta de que Terry la sigue amando y se plantea si han cometido un error al separarse, por lo que no creo que ninguno de los dos haya perdido por completo la esperanza de reencontrarse.
Por otra parte, no imagino que en todos esos años Candy haya estado sola, incluso creo que podría haber iniciado alguna relación, pero jamás una tan intensa como la de ese amor inconcluso de la adolescencia, y creo que al volver a verlo tendrán que reconocerse nuevamente, pero la esencia de ese amor sigue ahí.
Hablando de la separación, opino como Phambe, ambos habían decidido separarse, cada uno a su manera: Terry, esperando un milagro que lo ayudara a resolver el compromiso que siente hacia Susanna por salvar su vida, no dice una palabra y carga con un peso excesivo para un joven de alrededor de 17 años; y Candy, sabiendo que para Terry sería imposible romper la relación, se adelanta a sus palabras minimizando lo que ellos tenían, como si fueran amigos y no enamorados. Eran tan jóvenes... quién sabe cómo hubiera reaccionado cualquiera de nosotras ante algo tan dramático.
Seguiremos hablando de esto.
Infinitas gracias a quienes me alegran el día y me animan a seguir escribiendo con un review:
Guest1, Magda, Aurora, Guest2, Adriana, Pati, Hakuouki, Blanca G, Miriam7, mi queridísima amiga Stormaw, Gadamigrandchest, Kamanance, Mary, Marina W, mi muy estimada Phambe a quien agradezco enormemente hacer el esfuerzo de traducir cada capítulo para poder entenderla en francés y con quien he tenido charlas maravillosas a la distancia, eli ventura, Guest3, Lila Venezuela, Devoralibros, Amrica Gra, CGG y Alondra.
Abrazos a la distancia con mucho cariño, y mis mejores deseos para un año cargado de bendiciones.
ClauT
