Hola queridas! Les traigo el capítulo dos (Oh Gosh he actualizado rápido! Creo que me siento inspirada jajaja). Aviso que habrán escenitas subiditas de tono y mucho, mucho romance!, ojalá que les guste… he intentado suavizar un poco mi escritura y no hacerla tan seria… espero que me dejen comentarios para saber qué piensan n_n
Debo aclarar que los personajes de Candy Candy no me pertenecen y este fanfic es sólo con el fin de entretenerlas n_n
El Tutor
Capítulo II
La Cena
Candy llegó a su casa pensando en lo que le dijo Albert y su molesto viaje de vuelta desde la universidad.
Luego de recoger sus cosas y decirle que quería que lo invitara a cenar la dejó sola en la biblioteca, despidiéndose sólo con un movimiento de mano. Desconcertada y algo molesta por eso se fue bufando y más se frustró cuando unas gotitas cayeron sobre su frente.
-Genial… comienza a llover y yo sin paraguas… no puedo volver caminando a casa… ¡no te creeré nunca más, mujer del tiempo!- masculló frunciendo el entrecejo y esperando el autobús bajo un árbol, que de mucho no ayudaba, porque la parada techada estaba llena de estudiantes. Casi saltó de alegría cuando vio llegar un bus vacío, tras dejar pasar otros tres que iban llenos o que, por la cantidad de estudiantes no alcanzaba a subir. Se sentó y escurrió el agua de sus rizos dorados suavemente. La gente la miraba y se sentía un patito feo, seguramente porque su cabello estaba cubierto de frizz por la humedad del ambiente.
Tras secar su cabello y poner agua a hervir para beber algo caliente recordó la cara de diversión del rubio tras expresar su petición. "Quiero que me invites a cenar" le había dicho. Su expresión era de gracia pero su mirada era indescifrable. Le pareció tan extraño que repentinamente llegara ese salvavidas, pero el sonido del hervidor listo la sacó de sus pensamientos. Se sirvió una taza té verde y comenzó a repasar lo hecho durante la tarde. Albert enseñaba bien y ella había aprendido algunas cosas. Aún le costaba, pero lo llevaba mejor.
-En estos días que me quedan me convertiré en una maestra en esto del cálculo- dijo sorbiendo su té, con convicción. Definitivamente lo haría. Aunque a veces su computador la distrajera de su meta.
-"Hola pequeño Dulcecito"- saltó una ventanita. Una pequeña risita brotó de sus labios al ver cómo la llamaba el rubio. Olvidó completamente su molestia de la tarde con ese simple gesto.
-"Hola ayudante de cálculo"- contestó intentando molestarlo. La respuesta del guapo chico no se hizo esperar.
-"¿Qué cocinarás para mí mañana?"- Candy se sorprendió.
-"¿Mañana?"- preguntó confusa. En verdad, creía que era un juego lo de la invitación y que si llegase a ser verdad, sería en algún restaurant o local de comida rápida.
-"Por supuesto. Decidí que mañana estudiaremos, que será en tu casa y me invitarás a cenar." Fue la escueta respuesta que recibió.
-"Tengo que estudiar con unas compañeras… no estaré en casa"- le escribió la chica algo insegura de mentirle, pero algo la asustaba de ese hombre.
-"No me mientas… dijiste que podíamos estudiar mañana o el jueves"-
-Ouch!... pensé que no se acordaría- murmuró para sí la rubia.
-"Sí… tienes razón… ehm… ¿por qué en mi casa?"- le dijo Candy algo ansiosa y nerviosa por la respuesta.
-"Quiero conocerla"- fue la respuesta de Albert. El corazón de Candy dio un pequeño salto. Ese hombre era realmente atrevido cuando se lo proponía y la estaba confundiendo. Se suponía que la ayudaría a pasar una materia, no que sería su amigo o quizás…
-"¿Por qué?"-
-"Porque sí. Debo irme a estudiar, nos vemos mañana, te dejaré un mensaje con mi número para que me llames cuando salgas de tus clases"- y se desconectó, dejando a la chica confundida y perdida en ensoñaciones.
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-Albert…- Candy llamó su atención, impaciente al verlo caminar a su lado, sin siquiera mirarla. Como el apartamento de Candy no quedaba demasiado lejos, Albert había insistido en caminar.
-Dime- contestó el aludido. La rubia bufó.
-¿Qué te traes entre manos? – preguntó directamente la chica deteniéndose delante de él y haciéndole parar en seco.
-¿Qué me traigo con qué?- preguntó él mirándola intensamente. Candy bufó nuevamente, intentando eludir sus ojos.
-Con esto de ir a mi casa. Conmigo… No sé, ¡me confundes!- dijo exasperada, sin poder evitar sonrojarse, pero mirándolo con una expresión de niña pequeña confundida e incómoda.
-Pretendo enseñarte cálculo, como hemos quedado, y que me invites a cenar como compensación- dijo él encogiéndose de hombros y regalándole una sonrisa sincera y tierna. Candy no pudo hacer más que derretirse y olvidar su molestia con él. Albert sonrió satisfecho cuando la vio caminar tranquilamente a su lado otra vez. Cuando llegaron al apartamento de Candy Albert sintió un dejo de tranquilidad y paz en él. Se acomodó en un sofá de la pequeña sala y observó alrededor, murmurando cosas inentendibles. Candy lo miró hacer pero no dijo nada. Fue a su habitación, dejó su mochila y su abrigo y volvió a la sala. Albert la miró intensamente y la hizo sentir cohibida cuando reparó en su chaleco ajustado, especialmente en la zona del busto.
-Ehm… hace algo de frío… iré a buscar algo para ponerme encima- se excusó la rubia tremendamente incómoda y Albert rió.
-No hace falta, prendes la estufa y ya. Además, te ves muy bien así, estás guapa… no entiendo cómo Terry no te ha invitado a salir- dijo el rubio haciéndola ruborizar hasta la raíz de los cabellos.
-Yo…- Candy se quedó sin palabras y Albert se echó a reír.
-Tranquila, estoy bromeando- dijo con una sonrisa seductora que indicaba lo contrario. -¿Te parece que estudiemos un rato y luego cocines algo para mí?- preguntó retomando su semblante sereno. Lo que confundía a Candy cada vez más era la facilidad con que ese chico cambiaba de personalidad, por así decirlo, en un minuto flirteaba descaradamente con ella y luego se enfocaba completamente en los estudios. La joven ladeó la cabeza y suspiró.
-Claro, ¿por qué no?... eso sí tendrás que acompañarme al supermercado porque no he comprado nada para cocinar hoy… pensaba hacer una sopa instantánea- dijo riendo suavemente. Albert le sonrió.
-Seguro, te acompaño y vemos qué harás para deleitarme- dijo antes de levantarse y sentarse a la pequeña mesa de comedor para cuatro personas del apartamento de la chica.
Estudiaron por cerca de dos horas y Candy se sentía cada vez más segura de sí misma. Albert se había mostrado más paciente y cariñoso que el día anterior y eso la hacía sentir halagada y confiada. Cuando el rubio notó que la chica miraba distraída la pantalla de su computador, decidió que era momento de despejarse un rato.
-Candy- la llamó -¿Qué te parece si vamos a comprar las cosas para la cena?- propuso amablemente. La chica le sonrió y asintió con la cabeza.
-Me parece muy bien… iré por mi abrigo y vamos…- se levantó de la mesa, ordenó un poco sus papeles y apuntes y agregó -Hoy has sido tú el que no ha dejado de mirarme…- Albert rió y un tinte rosado cubrió sus mejillas al verse descubierto -Me sentiría halagada si no fuera porque sólo me miras los pechos…- murmuró bajito la rubia cuando se dirigía a su habitación. Una voz tras ella la sacó de su ensimismamiento.
-Qué quieres que haga, estás muy guapa, ya te lo dije… y se ven muy lindos tus pechos con ese sweater ajustado que traes…- murmuró Albert acercándosele desde atrás. Candy se quedó congelada frente a su cama, un poco inclinada para recoger su abrigo, cuando Albert apoyó su cabeza en el espacio entre el cuello y la cabeza de la chica. –Y además de ser guapa hueles bien… a rosas…- murmuró más para él que para ella. Candy se sintió desfallecer pero se obligó a mantenerse de pie. Albert se apegó a ella, aspirando el aroma de su cabello y acarició sus caderas con suavidad subiendo y bajando por los costados de su cuerpo. Candy sentía escalofríos y choques eléctricos que la hacían temblar sin control al sentir sus manos calientes nuevamente, esta vez sólo separadas de su piel por delgado sweater que traía. Suspiró cuando sintió su aliento en su cuello. -Me gustas…- murmuró en su oído el joven rubio haciéndola temblar más fuerte que antes. Lo sintió apegarse a ella fuertemente y un pequeño dolor causado por una dureza en la parte baja de su espalda le indicó que él era un hombre como cualquier otro, después de todo. Sintió las manos de Albert moverse sobre su vientre levantando su delgado sweater y su blusa, para dirigirse sin prisa hacia sus pechos, sin llegar a tocarlos. Una descarga eléctrica la recorrió y terminó en su bajo vientre. Sentía que se moriría de ganas de que él la tocara, aunque no lo conociera… es que era tan guapo, tan… misterioso… tan excitante… tan…
-Oh Albert…- dijo en un suspiro que más pareció un gemido. Él gimió a su vez sintiéndose increíblemente excitado por poder tocarla y sentir su aroma. Vaya que le atraía esa chiquilla. Todo en ella lo incitaba querer jugar, sentir, probar. Su inocencia, su ánimo, su carácter. De lo poco que la conocía notaba que era una fierecilla en piel de oveja y estaba seguro de que quería descubrirla entera. Pero no aún. No sin que ella lo conociera primero. Volviendo a la realidad dejó las caricias y la tomó por los hombros para voltearla y quedar frente a frente. Ella tenía los ojos cerrados y los labios entreabiertos, invitándolo a besarla. Moría por hacerlo, pero en lugar de eso le dio un tierno beso en la frente.
-¿Vamos?- preguntó tiernamente. Candy confundida y aún en las nubes no podía creer lo que estaba pasando. Cuando pudo normalizar su respiración soltó un suspiro largo y terminó de abrigarse para salir.
-Tomemos un taxi... el supermercado está un poco lejos…- murmuró cuando salieron del departamento, tratando de no pensar en lo que le estaba ocurriendo. Aún sentía algo de humedad y estaba avergonzada por dejar que un chico que conocía de hace tan poco entrara en su casa y la tocara de esa forma. Aunque su corazón y su cuerpo le decían que no importaba… que pasara lo que tuviera que ser, su mente le decía que eso no estaba bien. Ella era una señorita y no podía dejar que Albert pensara lo contrario. Él, desde que salieran del departamento, la miraba con un dejo de ternura pero se podía adivinar una pequeña llama en sus ojos, que Candy no estaba segura de reconocer pero que, muy en el fondo, sabía qué significaba. Él la deseaba. Y ella lo deseaba a él. Quizás con un poco de tiempo…
-¿Qué comeremos?- preguntó el rubio sacándola de sus cavilaciones cuando llegaron al supermercado. "¿Qué tal un poco de ti, para empezar?" pensó la chica sin poder evitarlo. Sonrojada, sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Cogió un carrito y entraron al local.
-¿Qué te gustaría?... eres mi invitado, tú escoge- le respondió, sonriéndole amistosamente mientras caminaban por los pasillos mirando productos y viendo ofertas. Él le devolvió la sonrosa.
-Me gustan… las pastas- dijo tras pensarlo un momento, después de ver una estantería con pastas de muchos tipos y sabores -Sí, algo de pasta estaría bien- resolvió acercándose a ella.
-¿Con salsa?- preguntó Candy uniéndosele, mirando los distintos productos y precios.
-Con salsa a la boloñesa- respondió él riendo -Espero que sepas prepararla- la retó mirándola con suficiencia -Yo no te ayudaré, hoy me invitas tú y tú cocinas- dijo tomando un paquete de spaghetti y un par de cajitas de salsa de una estantería continua.
-No me conoces, Albert Andrew- respondió la rubia con suficiencia. Si de algo se sentía orgullosa era de su buena mano para cocinar. Su abuela le había enseñado desde pequeña, para que pudiera ayudarla con el orfanato y había aprendido muy bien a preparar todo tipo de platillos. Incluyendo spaghetti a la boloñesa. Albert la miró sorprendido de que lo llamara por su nombre completo y sonrió con satisfacción. Le gustó cómo sonaba su nombre en la voz de esa chica.
-Muy bien… entonces eso será- recorrieron los pasillos en busca de los ingredientes que faltaban y Albert se perdió mientras Candy buscaba algunos aliños. Volvió unos momentos más tarde con un paquete envuelto.
-¿Qué es eso?- preguntó curiosa la rubia. Él escondió el paquete como si fuese un niño con su juguete y negó con la cabeza.
-Lo verás después de la cena- dijo en tono de juego. Ella se rió por la actitud del rubio y decidió hacerle caso. Pagaron a medias las compras, aunque su paquete Albert lo pagó aparte, y salieron a buscar un taxi para ir de regreso.
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-Tus spaghettis quedaron fabulosos… creo que vendré a comer más seguido contigo- dijo Albert tras terminar el último bocado de su plato. Candy lo miraba comer embelesada. No podía creer que alguien como él pudiera comer tanto y con tantas ganas. Y es que una porción y media era bastante para un hombre de su contextura que parecía bastante delgado y atlético. Tal vez después le preguntaría qué hacía para mantenerse así.
-Cuando quieras- respondió risueña -Qué bueno que te ha gustado…-murmuró sonrojándose levemente.
-Debo admitir que dudaba de ti…- Candy le dirigió una mirada resentida -Después de todo, en algunas cosas necesitas esforzarte mucho para funcionar- lo miró con ganas asesinas cuando recordó la bendita materia. Él sólo rió de buena gana.
-No soy mala en todo… ya te lo dije… en lo que me gusta soy buena y me gusta cocinar…- murmuró con resentimiento en cada una de sus palabras. Albert pasó un dedo por su nariz como hiciera el día anterior en la biblioteca.
-Te estoy molestando- le sonrió tan irresistiblemente que ella no pudo hacer más que derretirse -Terry me había dicho que cocinabas muy bien, así que tenía que comprobarlo- agregó poniéndose de pie. Candy lo siguió con la mirada y reparó en que tenía en sus manos el paquete que trajo del supermercado -Por cierto… tienes que contarme algún día cómo conociste a Terry- continuó su conversación el rubio -Me parece increíble que un actor y una estudiante de enfermera sean tan amigos- la rubia se sonrojó pero Albert no lo notó por estar preocupado de desenvolver su paquete y llevárselo a la cocina.
-Y a mí me parece increíble que un ayudante de cálculo sea amigo de un actor- respondió ella eludiendo un poco el tema. No iba a admitir que conocía a Terry porque se había sentido atraída por él. Al menos no todavía. -Por cierto, no me has dicho qué estudias-
-¿Quieres saberlo?... pues bien… estudio licenciatura en matemáticas… pretendo ser profesor… de universidad… ya sabes, hay muchas alumnas guapas por ahí…- respondió Albert riendo, desde la cocina.
-Ya veo… eres un casanova…- murmuró Candy algo triste, más para sí que para él. Albert volvió a la mesa con dos trozos de pastel de fresa y puso uno delante de la chica. Al ver brillar sus ojos se dio cuenta de que no se había equivocado. A Candy le encantaban los dulces. -¡Oh Albert!- dijo mirándolo agradecida.
-Oh…- murmuró él en tono decepcionado -Supongo que el "Oh Albert" de antes sonó mejor, ¿no crees?…- la miró intensamente, haciendo que los colores se le subieran al rostro al recordar la escenita de unas horas atrás y volteara la mirada al momento que ponía en su boca un trozo de pastel, intentando pasar desapercibida -Estoy bromeando... ¿no te gustan mis bromas?- preguntó con una expresión de inocencia total. Candy lo miró aún sonrojada.
-No deberías bromear con eso… yo…- comenzó ella tratando de explicarle algo pero no sabía qué exactamente. Quería decirle que era una señorita pura y casta, pero no sabía si en realidad debía… o si valdría de algo.
-No deberías tener vergüenza… sentir deseo por alguien es algo natural- explicó él echando un trozo de pastel en su boca y comiéndolo como si nada -Tú ya sabes que yo te deseo porque eres guapa y me atraes. Y me gustó tocarte… Yo también sé que soy guapo y que desde la primera vez que me viste te atraigo… eso no tiene nada de malo- continuó como si estuviese dando una cátedra, sin dejar de mirar su trozo de pastel y moviendo el tenedor de postre a medida que explicaba su punto de vista. Ella lo miraba tal vez sorprendida, avergonzada o culpable, no sabía. Cuando volteó a verla había fuego en sus ojos y la hizo voltear la cabeza inmediatamente. Él la tomó suavemente del mentón y la obligó a mirarlo. -Si yo quisiera… podría hacerte mía ahora mismo… sí, sobre esta mesa… ¿te imaginas?... sería… delicioso…- murmuró con voz ronca, totalmente diferente a la que ella le escuchara antes. El corazón de Candy latió erráticamente y comenzó a sentir calor de sólo pensar en tenerlo nuevamente tocándola, aunque sólo fueran caricias relativamente inocentes. -Pero no lo haré, porque a pesar de que me gustas y me atraes, sé que debo respetarte… quiero conocerte y quiero que me conozcas bien antes de pasar a otro plano… además está nuestro objetivo principal- ella lo miró sin entender –Que apruebes cálculo…- Albert respondió su pregunta no formulada -Y si te hiciera mía ahora no estudiaríamos nunca más- terminó seriamente, dando por zanjado el tema. Candy intentó controlar su respiración agitada y sintió su corazón latiéndole en la garganta. Albert podía ver sus reacciones y simplemente le encantaban, pero no podía perder de vista el objetivo. La soltó sin decir más y terminó su pastel. La miró terminar el de ella en silencio y se ofreció a recoger la mesa y lavar los trastes, como agradecimiento.
Decidieron estudiar una hora más y Albert se despidió de la rubia, dándole las gracias y depositando un suave beso en su mejilla. Candy lo vio bajar las escaleras hacia la salida y saludarla con la mano. Se tocó la mejilla besada con una mano y con la otra tocó su pecho, sintiendo su corazón acelerado nuevamente. ¿Cómo haría ahora para concentrarse sabiendo todo lo que sabía y sintiendo todo lo que sentía?
-Oh Albert…- murmuró tras cerrar la puerta y apoyarse en ella -¿Eres mi salvavidas o mi perdición?-
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Hola chicas! Qué rico que me han dejado reviews! Espero que este capítulo les haya gustado, yo personalmente me entretuve mucho escribiéndolo n_n…
Les cuento que además estoy muy contenta porque, a pesar de haber reprobado un ramo en la universidad, ¡he aprobado otro que me tenía de muerte!... que tenía que aprobar sí o sí… y eso hará que salga de vacaciones antes y tenga más tiempo para escribir :P síiii, a ver si mi Musa me acompaña estas semanitas y acabamos las historias jajaja n_n
Ahora procederé a contestar los reviews!
Andrelao: Pues verás, es una relación bastante extraña y explosiva... es como un tira y afloja… personalmente me gusta mucho este Albert porque Candy nunca sabe cómo va a reaccionar o con qué pastelito le va a salir jejeje… ojalá que a ti también te guste n_n Saluditos y gracias!
RMV85: Querida! Espero que te haya gustado este capítulo y no haberte defraudado :P… con respecto a la otra historia la continuaré pero, como mencioné antes, la Musa aún no me cuenta cómo continuarla… por ahora nos dedicaremos a esta que nos parece más entretenida… por supuesto que actualizaremos la otra, pero tal vez en las vacaciones n_n paciencia por favor y muchas gracias por dejarme un review *w*
Luna White 29: Hola Luna! Espero que sigas pensando lo mismo y te haya gustado el capítulo, gracias por dejarme un review!
Gabriela: Muchas gracias por darte el tiempo para dejar un review y espero que este cap te haya gustado tanto como a mí n_n muchos saludos!
Keilanot2: Jajaja todas querríamos ser Candy, querida amiga… ¿o no? Jejeje ojalá te haya gustado este capítulo y espero que nos leamos en el siguiente n_n gracias por dejarme review!
Passcusa: Hola! Gracias por leer y dejar review… espero que te haya gustado el capítulo y ojalá que no te defraude la historia como va… vamos a ver en qué termina… muchos saludos!
Karina Grandches: Jojojo estuve pensando en eso! Pero creo que es muy pronto… dicen por ahí que hay que cocinar a fuego lento para que las comidas queden mejor :P ojalá te haya gustado el capítulo y muchas gracias por dejarme review! Saludos!
Muchos besos y saludos para todas, también para aquellas que leen y no dejan reviews, ojalá que lo disfruten tanto como yo n_n
