¡Holaaaa, a todos! Aquí yo reportándome con el segundo capítulo. Fue un poco complicado, pero espero le entiendan y les guste.

Ah... Bleach le pertenece a Tite Kubo. En serio, ¿Voy a tener que decir esto siempre?


Al abrir los ojos sintió un fuerte dolor de cabeza; punzante. Soltó un leve gemido y se llevó las manos a la zona; estrujándola con fuerza, deseando que el dolor cesara. Se liberó del abrazo de sus suaves sábanas, muy a su pesar, y buscó la pared más cercana para recargarse.

Así, transcurrieron unos cuantos minutos. Cuando el dolor disminuyó, y la castaña podía pensar con más claridad, llegaron a su mente imágenes de ella, siendo aplastada por sus alocados camaradas, la guerra de comida, esos ojos turquesa, las malas palabras y…el golpe bajo. Su cara en ese momento debió ser todo un poema. Deseó con todas sus fuerzas que esos acontecimientos no hubieran tenido lugar realmente.

-¿Un sueño? – Susurró débilmente, intentando engañarse a sí misma. Pero no. En el fondo sabía que todo eso sí había sucedido el día anterior. Aún podía escuchar las frías palabras del empresario Hitsugaya y sus ojos clavados en los de ella. Filosos, atravesándola, desgarrándola.

Se mordió las uñas, sabiendo que se había pasado de la raya. Sólo dos veces en toda su corta vida se había molestado de esa manera, y en ambas ocasiones su cabeza parecía querer explotar al día siguiente. No sabía la razón; pero quizá su propio cuerpo estaba programado a castigarla si osaba dejar la compostura en algún momento.

"Sólo estas cosas me pasan a mí…" Pensó, con la clara y firme idea de que, esta vez, había metido la pata y muy hondo. "¿Ahora que haré? Esto no traerá más que problemas a Almas Verdes, y es todo mi culpa…"

Se puso de pie, apoyándose con el filo de su tocador, que se encontraba justo a su lado. Salió de su habitación, en dirección a la cocina; a prepararse un chocolate caliente. Sólo eso podría traerle un poco de felicidad en esos momentos de preocupación. Se paró de puntas para abrir la alacena y alcanzar el recipiente donde estaba el polvo dulce. Después, se acercó al refrigerador, por leche. No le gustaba con agua, sentía que el chocolate perdía suavidad. Entonces se percató que había una nota un poco grande, detenida con uno de sus tantos imanes que adornaban su refrigerador. Sonrió mientras lo leía.

"Hinamori, te he traído a casa. Ayer quedaste dormida como un tronco en la camioneta de Rukia. No me sorprende, debiste gastar muchas energías en esa patada de acero. (Por cierto, ¡Fue genial!) Estuve esperando a que despertaras; no te preocupes. Dormí en el sillón. Pero ya se hizo de día, tú sigues en la cama y el deber me llama. Ah, yo ya avisé a tu trabajo que te tomarías el día libre. Me imagino que sospechas lo mismo que yo… De seguro todos los medios de comunicación están comiéndonos vivos. Pero ya veremos que pasa. Bueno, creo que ya escribí demasiado y esta nota es muy pequeña para mi gusto. Me despido, deseando que tengas un excelente día, mi duraznito.

Te quiere, tu amigo Hisagi.

PD: Tu vecinita loca te estaba buscando."

De acuerdo, al parecer si había algo que podía alegrarte más que una deliciosa taza de chocolate caliente. Y eso es una nota de tu mejor amigo. No pasó por alto la posdata, y después de tomarse rápidamente su bebida, causando que se atragantara un poco, salió de su correspondiente apartamento y fue al de a lado. Inhaló un poco, y tocó la puerta. No tuvo que esperar ni medio segundo.

-¡Hinamori! – Gritó cuando abrió la puerta. Ella alzó la vista para mirar a la chica durazno a los ojos. Después, como dándose cuenta de algo, asomó su cabecita y miró hacia ambos lados; confirmando que no hubiera nadie cerca. La tomó del brazo y la metió a su apartamento. Hinamori seguía sin poder evitar sorprenderse cada vez que entraba ahí, porque pese a que el lugar era pequeño, como cualquier otro apartamento, la elegancia y detalle japonés inundaban la casa. Claro que sin evitar algunos caprichos modernos.– Explícame… ¡Qué estaba pasando por tu cabeza!

Momo sonrió como de costumbre. Sabía que su vecina era muy sobre protectora, y se preocupaba muchísimo por ella aunque no lo demostrara. La mayor parte del tiempo ella era seria y siempre mantenía la compostura, a pesar de tener a penas dieciséis años. Pero si se trataba de Hinamori podía llegar a alterarse demasiado.

-Lo siento, Tobiume-chan, es que…

-¡Es que, qué! – Movió sus delgados brazos con rapidez, alterada. - ¡Tu cara sale en todos lados, tonta! ¿Te das cuenta de lo que has hecho? – La chica durazno retrocedió un par de pasos, temiendo que su amiga estallara en cualquier momento.

-Lo siento… - Repitió ella, sin poder mirarla a los ojos. Era increíble como alguien más joven que tú podía intimidarte. – Pero exageras, yo no he oído que hablen de mí…

Tobiume gruñó, adentró su mano a una parte escondida que su elegante kimono poseía, y sacó un control remoto. Encendió el televisor sin preocuparse siquiera en qué canal estaría. Sonrió con satisfacción, el televisor confirmaba lo que le decía a la tonta de Hinamori.

-…Al parecer el empresario Hitsugaya no le ha dado más importancia al asunto, no ha querido… - Apretó otro botón. -…¡Yo estuve ahí, cuando la chica lanzó el espaguetti… - Cambió de canal nuevamente. – Después de la rebelión hacia la empresa, se ha estado buscando… Creo que era algo de Espíritus Verdes, la verdad que no lo recuerdo… Uno de ellos tenía tatuajes en todo el cuerpo, no cabe duda de que… Huyeron de la escena en una camioneta negra Nissan con placas…La líder ecologista, Hinamori Momo…

-¡Bien, que ya entendí! – Gritó la de ojos chocolate, tapándose sus oídos con las manos y cerrando los ojos con fuerza, al borde del llanto. Se dejó caer al suelo, y temblaba. Esto era lo que temía…

Su amiga suspiró, ya un poco más calmada y comprensible. Se sentó a su lado, apagó el televisor, y después de un largo silencio en donde solo miraba a su vecina, tratando de ayudarle a buscar una solución, habló:

-Hinamori. No tengo que decirte lo que debes hacer. Tú ya lo sabes. – Hablaba tranquilamente, pero firme.

No esperaba algún tipo de consuelo por parte de Tobiume. Ella era así. Se limpió las lágrimas que había logrado derramar con la manga de su blusa, y mirando al suelo pensó seriamente en las palabras de su amiga. Desde esa mañana ya tenía claro lo que iba a hacer si las cosas se daban así. Era lo correcto, pero aún dentro de su corazón estaba el sentimiento de rabia, y por ende orgullo. Trato de reprimir esto último.

-Lo sé…

La adolescente soltó una apenas visible sonrisa. Así de rápido como se había sentado, se puso de pie. Momo alzó la vista.

-¿Otra vez tus clases? – Su interlocutora asintió con la cabeza. Ella sonrió ampliamente. A veces podía preocuparle que Tobiume estuviera tan ocupada siendo así de joven, pero no iba a negar que se sentía orgullosa de la que parecía ser como su hermana menor. - ¿Ahora de qué? ¿Piano, arreglo floral, cocina…?

-No. Pronto tendré una presentación de danza, tengo que practicar. – Hizo una pausa, y con un leve rubor agregó: - Asegúrate de ir a verme.

Hinamori la miró con dulzura.

-¡Eso ni lo dudes, Tobiume-chan! -Como para recuperar su posición de chica seria, ella miró rápidamente hacia otro lado. Habló lo mas seco que pudo.

-Ahora vete. – Una gotita resbaló por la cien de Hinamori. -No queremos que sigan diciendo cosas sin coherencia, ¿Verdad?

Ciertamente. Después de desearle suerte a su amiga y vecina, la linda ecologista salió de su apartamento, decidida a llevar a cabo su plan. Pero aún había algo que la mortificaba. Se golpeó su propia cabeza, torpemente.

¿Dónde lo encontraría? O mejor dicho, ¿Qué haría?


-¡Pero eso le pasa por desconsiderado! – Estaba furiosa, qué decir, enojadísima. Lo apuntó con un dedo acusador. - ¿Desde cuándo tiene esas actitudes frente a una señorita? Pero, ¡Contésteme! – Apoyó sus brazos en el escritorio de su jefe, con más fuerza de la que le hubiera gustado.

Él intentaba relajarse. No dejarse llevar, no dejarse llevar, no dejarse llevar…

-Matsumoto, tú no eres quien para quejarte de mis actos. – Habló él con fingida tranquilidad. La verdad es que no le agradaba para nada que su secretaria le estuviera riñendo, como si fuera un niño. - ¡Y haz tu trabajo! ¡Que para eso te pago!

-¡Es que no lo entiendo, jefe! Nunca en mi vida lo había escuchado decir cosas tan crueles a una desconocida. – Se cruzó de brazos, con un poco de esfuerzo, ya que sus grandes pechos eran una incomodidad para hacer esa pose. – Si yo fuera ella hubiera reaccionado de igual manera o peor. ¡Se lo tiene bien merecido!

Ah, haber. ¿Por qué los roles estaban intercambiados? ¿No se suponía que los superiores son los que reprenden y los siervos se quedaban callados? Eso era algo que no iba a permitir. Y si lo que el empresario de cabellera blanca buscaba era concentrarse en esos documentos que estaban frente a él, iba muy, muy mal.

-¡Deja de decirme estupideces! - Estalló. La rubia se quedó muda. - ¡Y ya concéntrate en el papeleo! No saldrás de esta oficina hasta que los termines todos.

Se levantó sin decir nada más, dejando a la voluptuosa mujer estática. Salió de la oficina y cerró la puerta con estrépito tras de sí. Ella, por acto reflejo, sólo cerró los ojos, para después soltar un suspiro exasperado.

-Ah, jefe… ¿Qué pasa por su cabeza? – Se dejó caer en el sillón, cruzando femeninamente su pierna con la otra. Alzó su brazo para tomar una botella de agua que se encontraba más allá.– Ahora tendré que hacer todo esto, y…

-¿Y qué, Ran? – Una voz le dio el susto de su vida, haciendo que todo su cuerpo sintiera un escalofrío. Después, cuando su cerebro logró conectar ideas y reconocer el dueño de dicha voz, toda su sorpresa fue reemplazada por un leve rubor en sus mejillas y el nerviosismo.

-¡Gin! – Claro que era él. Obvio. Bravo, Rangiku. - ¿Cómo entraste? – Estaba claro que si había entrado por la puerta de la oficina, se hubiera cruzado con su superior, y bueno, no es que hubiera mucha confianza entre esos dos como para dejarle entrar así, sin más.

Él sonrió. Esa famosa sonrisa, escalofriante, pero perfecta a vista de la rubia. Se sentó a su lado.

-No sé… ¿Cómo habré entrado? – Contestó enigmáticamente. Definitivamente este Ichimaru nunca cambiaría. La fémina suspiró nuevamente. ¿Qué hacía el ahí? Ese hombre no hacía más que causarle intriga. Intriga que la encantaba. – Vaya el escándalo que hizo tu jefe ayer…

Matsumoto gruñó.

-¡Lo sé! Aún no entiendo su actitud, pero… - cayó en la cuenta de algo. -¡Eh! Que también es tu superior. – Frunció el seño levemente. A veces sentía como si Gin no considerara a Hitsugaya como alguien digno de respetar. -Como sea, la verdad es que todo este lío me trae como loca, todo el mundo habla de lo ocurrido, ¡Y mi jefe no hace nada!

-En eso te equivocas, bonita. – Ella lo miró, con intriga. Esperó más explicaciones por parte del hombre de cabellos plateados, pero no volvió a abrir la boca. Ella lo apremió para que soltara más información, acercándose un poco. – Unas horas después del extraño incidente, el superior Hitsugaya mandó a llamar a todos los ejecutivos. Al parecer pidió que mantuviéramos esto en secreto. Me extraña que no te lo haya dicho a ti.

La rubia intentaba atacar cabos, pero por más que pensara no encontraba una respuesta clara a sus dudas. ¿Por qué el jefe querría mantener en secreto lo sucedido? Y de cualquier modo, ¡Ya medio Japón estaba enterado! Eso significaba que sus intentos habían sido en vano. Ichimaru notó su desconcierto, y agregó:

-No es tan complicado, Ran. La compañía no fue la única que presenció lo de ayer. ¿Acaso no viste toda la gente que se reunió? – Sonrió. – Tu jefecito sí que es un tonto. Creyendo que podía proteger la integridad de esa chica. – Matsumoto parpadeó un par de veces. ¿Cómo estaba eso de proteger a la ecologista?

Él se levantó, no sin antes acariciar una de las mejillas de la rubia con su pálida mano, aprovechándose del estado en la que ella se encontraba. Si nuestra secretaria ya estaba confundida, esto fue la gota que derramó el vaso.

"Gin… ¿Por qué haces estas cosas?" Fue lo que pasó por su cabeza en ese momento. "No entiendo. No eres mi amante, pero tampoco mi amigo y menos mi novio. ¿Hasta cuándo vas a seguir jugando con mis sentimientos?" Era lo único que podía hacer, pensar, formular hipótesis en su mente. Se maldijo por su cobardía. Nunca había hablado directamente acerca de… su extraña actitud. Y es que Gin Ichimaru era de lo más extraño. Matsumoto se había metido con varios hombres, (Claro que nunca hubo algo oficial. Tan sólo era para divertirse un poco y obtener satisfacción. ) pero ese que la traía babeando era totalmente diferente a cualquier otro que hubiera conocido. Así como a veces podía hablar con ella, como si fueran amigos de toda la vida, podían pasar semanas sin que le dirigiera la palabra. Era…como el viento. Cuando sentía que ya lo tenía, se le escapaba entre los dedos como si de aire se tratase.

Cuando él ya iba a cruzar la puerta, ella lo detuvo.

-¡Gin! – Alzó la voz más de lo que hubiera querido. Él se giró para verla. Rangiku ahora estaba en blanco. –Yo… bueno, quería preguntarte qué…

-No pienses en eso, gatita. – Fue su sencilla respuesta, pero no dejó de mirarla dulcemente en ningún momento. Esto desconcertó más a la mujer, que quiso decir otra cosa, pero el de apariencia zorruna fue más veloz. – Mejor concéntrate en ayudar al chiquitín. No tiene experiencia en esos terrenos.

Y así, se fue. Dejando a Matsumoto con las palabras en la boca. Ella alzó la mano, como queriendo alcanzarlo. Era una acción algo tonta, pero describía perfectamente lo que Ran sentía en esos momentos.

Gin…


Se agachó para rejuntar esa botella de plástico que posaba sobre el verde césped. Al tenerla en sus manos la metió a una bolsa grande que llevaba, y siguió con su camino. Tenía que llenar, mínimo, tres de esas. No era un trabajo difícil, las ciudades de hoy en día parecían construirse a base de basura y desperdicios, que no hacían más que perjudicar ese precioso mundo. Y si ella tenía a su alcance la manera de ayudar tan siquiera un poquito, lo haría.

Había terminado haciendo esa actividad, que según su agenda y costumbre correspondía a los días lunes y jueves. Hoy era viernes, pero por la rebelión de ayer tuvo que recorrerse a ese día. Además, para la castaña era una manera de pensar las cosas con más claridad. Y si todo salía como creía, no tendría que esperar demasiado.

-Vaya… espero hacerlo bien… - Habló para sí misma, mientras rejuntaba ahora una vaso de cartón. Curiosamente, tenía el logo Hitsugaya. Era la cuarta vez que le tocaba recoger una de esos en la última media hora. Suspiró con tristeza. ¿Por qué la gente tenía que ser tan consumista? Y si eso era algo inevitable, tan siquiera podían tirar los restos en el bote de basura. ¿No es así?

Se sentía un poco sola, normalmente era su amiga Rukia la que la acompañaba en esa labor de rejuntar desperdicios, aunque no hiciera nada. Sonrió inconscientemente. Aquella chica de cabellera negra no le agradaba la idea del reciclaje, protección de animales y bosques, en fin, todo lo que tuviera que ver con lo que Momo amaba. Por eso, oficialmente no era miembro de Almas Verdes. Pero siempre la había apoyado, y en esas salidas que tenía la de ojos chocolate, Rukia simplemente se la pasaba hablando, contándole de su vida, problemas amorosos, amistades, entre otras cosas, mientras ella la escuchaba sin dejar de hacer su labor.

Sin embargo, esta vez no quería meter en problemas a su amiga. Tenía que estar sola, y por ende dar la cara, sola. Si las cosas salían bien, todos olvidarían lo sucedido el día anterior y su preciado grupo ecologista no se vería perjudicado. Tan sólo esperaba tener las suficientes agallas. Era extraño, ella siempre pedía perdón por todo, siempre y cuando tuviera razón de ser. Y esta vez sentía que no tenía porque disculparse de nada. Pero lo haría sólo por Almas Verdes. Sólo por ellos. No por el insensible empresario Hitsugaya.

-Sí, ¡Así es! – La tierna chica había empezado a hablar sola. No se dio cuenta que un grupo de personas se detuvieron para observarla y señalarla. Hicieron una llamada rápida y se alejaron de ahí. – No es por él. No, no.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por flashes que comenzaron a hacerse presentes. Momo volvió a la realidad. Acorralándola, ahora se encontraban alrededor de seis reporteros, con sus usuales micrófonos y acompañados de sus camarógrafos. También había ciudadanos simplemente esperando a que comenzara el show.

Ya habían llegado.

Intentó concentrarse en las preguntas que esas personas le hacían, pero era demasiado para la chica durazno. Comenzaba a pensar en la posibilidad de huir de le escena.

"No, ¡No me voy a echar para atrás! ¡Esto es por Alas Verdes!"


-Dígame, ¿Se le ofrece algo más? – Le dedicó a la mujer la sonrisa más brillante que pudo. Ella sólo lo miraba fascinada, inconscientemente asintió felizmente con la cabeza, mientras pedía un café cremoso. El hombre de cabellera larga y blanca se retiró, conforme. Se acercó a la barra, y tranquilamente ordenó: -Un café cremoso para la mesa seis.

-¡A la orden! – Contestó la primera persona que le escuchó.

Observó que todo estuviera en orden en el restaurante nuevamente. Caminó, recorrió los pasillos y las mesas. Revisó que no faltara ni siquiera una servilleta. De paso sirvió agua a las copas que ya se estaban quedando vacías, recibiendo palabras de agradecimiento por parte de los clientes. Oh, amaba su trabajo. Lo que más le agradaba era poder tener una cálida relación con las personas.

Unas chicas que estaban sentadas en una mesa redonda lo llamaron. Trató de recordar quiénes eran, quizá las había visto en un par de ocasiones. De cualquier manera, de seguro eran amigas. Cualquier cliente apreciaba estar a lado del amable hombre.

-¡Ukitake, venga! ¿No quiere almorzar con nosotras? – Éste, como toda respuesta se acercó, sonriente. – Pero siéntese.

-Muchas gracias, pero tengo que estar al tanto del restaurante. Sólo tomaré un pan. – Estiró su brazo y tomó el primero que vio. Se lo metió a la boca, saboreando el dulce sabor. Entonces, escuchó cómo las puertas eléctricas se abrían y dejaban entrar a un chico, seguido de susurros por parte de todos. Ukitake sonrió nuevamente. – Mis disculpas, lindas señoritas.

Se dirigió al recién llegado, pero éste se había adelantado y ya tomaba asiento en el lugar de siempre. "La mesa diez, pegada a la ventana." Pensó el de ojos marrón. Alzó la mano como seña de saludo, cuando se percató de que él ya lo había visto.

-Hola, Hitsugaya-kun. – Se sentó frente a él. El pequeño albino lo miró con fastidio. Siempre era lo mismo.

-Tenme más respeto, Ukitake. – Dicho esto, pasaron unos segundos. En los cuales el empresario esperaba recibir un comentario por parte del hombre, mas éste no soltó palabra alguna. Eso comenzaba a exasperarle. Era obvio que ya se había enterado de todo. ¿Por qué no le decía nada? – Supongo que ya escuchaste…

-Claro que sí, eso fue épico. – Rió, fue una risa armoniosa. No se alteraba pero tampoco mostraba desinterés. – Antes de que te reprenda, ¿No quieres algo de comer? Al fin y al cabo es tu restaurante. – Toshiro se iba a negar, pero el de larga cabellera ya pedía un platillo para él. Le hizo una seña a la primera camarera que vio. – El platillo especial. Ya sabes cuál. –Volvió su atención al interlocutor. - ¿En qué estaba? Ah, sí. ¿Tenías que ser tan grosero con esa chica?

Una vena se formó en el cien de Hitsugaya, acompañado de un gruñido. ¡Ya estaba harto de que sólo se preocuparan por la ecologista! ¿Que no era él el que había sido gravemente herido? La compañía pudo haberse quedado sin heredero, ¡Y a nadie parece importarle!

-¡Ellos lanzaron comida al edificio! – Fue lo primero que puso de excusa. El hombre lo miró, intentando analizarlo.

La verdad era que las rebeliones en contra de la empresa Hitsugaya eran muy frecuentes, incluso el año pasado había tenido que lidiar con los trabajadores de la compañía rival. Y tener que atrapar a más de cien personas desnudas, corriendo, esparcidas dentro del edificio de treinta y seis pisos no era en lo absoluto agradable. Así que, comparado con eso, el típico misil de comida era una completa ñoñería.

-Ya veo… - Murmuró más para sí que para el chico. –Esto sí que será divertido. – Se dibujó otra de sus sonrisas, de oreja a oreja.

-¿El qué? – Trató de no mostrar incertidumbre, y como todo, lo logró. Su voz serena y desinteresada podía engañar a cualquiera.

El de cabellera larga iba a hablar, pero justamente llegó una mesera con un enorme bandeja. La colocó al centro y las destapó. Los ojos cafés de Ukitake casi se salían de sus órbitas, al poder observar esa belleza. Hitsugaya comenzó a sudar, ahora quería salir del restaurante…

Sólo cabe decir, que todos los postres ya conocidos mundialmente estaban reunidos en ese sencillo plato.

-¡Mi preferido! ¿Te importa si como un poco, Shiro-chan? – El albino no tuvo tiempo de hablar, pues el hombre ya estaba devorando una rebanada de pastel de tres leches. Él apretó los puños. –Por cierto, ¿Hoy no viene Kurosaki contigo?

-¡No me llames por ese ridículo apodo! – Gritó, ignorando la última pregunta. Que ambos compartieran el mismo color de cabello no era excusa. Simplemente le molestaba con todo su ser que no le trataran con el debido respeto. Comenzaba a creer que no fue una buena idea colocarlo a él como encargado de ese local.

Intentó calmarse, agradecía a todos los Dioses haber tenido una abuela tan sabia como había sido la suya. Cómo la echaba de menos, en muchos aspectos le hacía falta. Ella le había enseñado el arte de la paciencia, o por lo menos lo intentó, ya que estaba claro que no había aprendido muy bien.

Mientras Ukitake acababa con el platillo que originalmente iba a ser para él, vio cómo una bolita de chocolate rodaba hacia su dirección. La tomó con sus dedos.

"Me recuerdas a esa chica tonta." Pensó, mientras analizaba el dulce. "El color, y tamaño. Tan pequeña y frágil…que cualquiera podría hacerte daño si así lo quisiera." Se lo llevó a la boca, y sus pupilas se dilataron cuando su ser percibió el sabor. Estaba delicioso…

Se avergonzó al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Esa rebelde no merecía ni siquiera un pensamiento por parte de él. ¿Verdad?

Se vió interrumpido por una voz que hablaba a través de la televisión que colgaba en la esquina del restaurante. Una voz que, por si sola no dejaba de resonar en su cabeza.


-A ver. -Miró la pequeña lista que llevaba en su mano, sus ojos se movían de lado a lado conforme leía. - Ya tengo la harina, queso, ajo, champiñones, el tomate para la salsa, salchicha y salami. Mi pregunta es… ¡Dónde mierda está el orégano! – La chica aventó el papel, enfadada. Observó a su alrededor. Ese supermercado sí que era un problema. – Es suficiente. ¡Yo me largo!

Cuando iba a dar un par de zancadas, una extraña voz en su cabeza la detuvo.

"Pero Rukia, no puedes… Byakuya-sama te pidió de favor que hicieras una pizza para el almuerzo. Él ha hecho un montón de cosas por ti, ¿Es mucho pedir un simple platillo?"

Se paró en seco, y un aura de culpa la rodeó. En efecto, no podía fallarle a su nii-sama. ¡Tenía que esforzarse un poco más! Que por algo lleva el apellido Kuchiki. Y es su deber proporcionarle a cada miembro de la familia un buen plato de comida. Su estado de ánimo cambió brutalmente, y levantó su cabeza con orgullo.

-¡Tienes razón, extraña voz en mi cabeza que por el momento llamaré conciencia! – Puso sus brazos en su esbelta cintura. –Yo soy Rukia Kuchiki, ¡Y no dejaré que una tortilla inflada rellena de queso me venza! – Terminó riendo malévolamente, a lo que varias personas la miraron extrañadas.

"Pero, si ese es el caso…" Otra voz habló nuevamente en su cabeza. "¿No sería más conveniente pedir una a domicilio? Es rápido, no te matas comprando los ingredientes, y seguramente será más delicioso."

-Tiene sentido… - susurró. Después sonrió y sacó un celular de su bolso. -¡Al carajo cocinar, yo pediré una pizza! - Comenzó a marcar. Esperó unos momentos. -¡Buenas tardes! Me gustaría pedir una pizza mediana, con salchicha, salami y champiñones. Sí, sí. – Entrecerró los ojos, recordando algo. Si su memoria no le fallaba, Renji le había prohibido marcar ese número. Un extraño presentimiento la inundó. – Disculpe, ¿A dónde hablo? –Momentos de silencio. Después saltó de la sorpresa.- ¡¿Qué, a las pizzas Hitsugaya!? ¡Sabe qué, olvídelo, ese tío es patético! – Cerró con furia la tapa de su teléfono móvil, para después devolverlo a su bolso.

Vale que ella no era ecologista, pero haber estado rodeada de otros que sí lo eran le había… afectado un poco. No mucho, sólo lo suficiente como para darse cuenta de que aquella cadena de restaurantes al mando de Hitsugaya Toshiro era un fiasco.

"Aunque… la comida es deliciosa." Pensó mientras se llavaba la mano a su estómago, que comenzó a rugir, y sus ojos lloraron cascadas. "Bien. Ese orégano me espera…" Casi al instante chocó con alguien. Después de soltar unas maldiciones más, miró al chico que tenía en frente. Él la miraba como con algo de desprecio.

-Hey, ¿Tú que tienes en contra de Hitsugaya Toshiro? – Preguntó sin rodeos. Había visto toda la escena de la pelinegra.

¡Ja! Si lo que ese extraño chico de cabellera color zanahoria quería intimidarla, se iba a llevar una desagradable sorpresa. Lamentará haberse metido con la pequeña Kuchiki.

-Te diré lo que pienso. – Lo miró directamente a los ojos. – Es un enano que sólo le interesa el dinero, arrogante, un niño malcriado, tonto y todos sus derivados. – Señaló al chico con su dedo. -¡Pero no tan estúpido como tú! ¡Que nadie escogería ese color para teñirse el cabello, gay! – Esta última palabra la soltó con más fuerza. Así era ella, decía todo lo que pensaba a la primera.

El peli naranja estaba a punto de estallar. ¡Nadie se metía con su masculinidad!

-¡Es natural, envidiosa! – Gritó a medio pulmón. – Además, ¡Tu estás igual o más enana que él! – Se pusieron frente a frente, retándose.

-¡Retira eso! – Iba a darle el golpe de su vida, pero algo vibró dentro de su bolso y perdió la concentración. -¡Ahora qué, Renji! – Dijo cuando ya contestaba la llamada. No perdía al peli naranja de vista pese a todo. Sin embargo, sus ojos se abrieron como platos al escuchar lo que su amigo le decía. - ¿Momo? ¿Dónde está? Demonios…– Sin poder evitarlo ya salía corriendo de ahí, en dirección a la zona de electrodomésticos del supermercado.

El chico achinó los ojos, sintiéndose ignorado, sin entender la reacción de Rukia. Después sólo atinó a creer que "intentaba escapar" y le siguió los pasos. De alguna manera, esa chica era divertida.

-¡Eh, miedosa, vuelve aquí! – Corrió, intentando no perderla de vista, cosa que era muy difícil debido a la complexión de ella, parecía que todo la masa de gente en el supermercado se la comía. Por fin, la divisó a lo lejos, frente a una enorme pantalla de plasma que se vendía a un precio muy… ah, nada accesible. -¡No creas que escaparás tan fácilmente! – Escupió cuando se puso a su lado, sin embargo el rostro preocupado de la fémina mirando el gran televisor lo inquietó, y giró su vista.

Ahí, la imagen de aquella famosa chica de la que había oído hablar toda la mañana se podía apreciar en el aparato. La chica que, según los rumores, había dejado en ridículo a Toshiro. No había podido hablar con su amigo al respecto, pero por lo visto era cierto. De cualquier manera, quería saber más.

Una reportera hizo su presentación.

-"La ecologista, Hinamori Momo parece tener algo importante que decir a todo el mundo…"

-¿Dónde, dónde? – Se acercó la Kuchiki, como pidiendo una respuesta a la pantalla. Estaba impaciente y comiéndose las uñas del nerviosismo; Hinamori nunca había sido buena hablando frente a un público, ¡Cómo se atrevía a hacer ese tipo de cosas sola!

-"…En vivo frente al edificio 109, Shibuya."

La fémina no perdió más tiempo. Olvidándose por completo de la presencia de aquel extraño chico, se dirigía a la salida, más alguien la detuvo del brazo. Se giró para toparse con unos ojos color ocre que la miraban fijamente.

-No sé que tengas tú que ver con ella. – Dijo, revolviéndose sus cabellos naranjas con la mano libre. – Pero pareces preocupada. ¿Tienes cómo ir? – Esta pregunta desconcertó a la peli negra, que se quedó sin saber qué decir.

No sabía por qué, pero esa pequeña chica le había llamado la atención por su gran carácter. Aunque no llevaban de conocerse más de diez minutos, la verdad era que lo sacaba de su aburrimiento, y eso era algo que él, Ichigo Kurosaki odiaba con toda su alma. Por el momento intentaría llevarse bien con ella.

-Veo que no. Sígueme, que yo te llevo. Tardarás siglos a pie, que con lo chaparra que eres no darás pasos muy largos. – De acuerdo. Olviden eso de "llevarse bien".


-¿Qué no es Momo-chan? – Preguntó Orihime, dejando de cocer algo que llevaba en sus manos, y prestando atención al televisor.

-En efecto, ¡Es Momo! ¿Cómo se metió ahí? – Habló otro de los ecologistas reunidos en su casa.

El rubio, Kira, no hacía nada más que mirar con nerviosismo. Conociendo a la castaña, sus intenciones eran buenas, pero nadie aseguraba que todo saldría "de acuerdo al plan." Y menos si se trataba de Hinamori.

-Hisagi… - Susurró, volteándose para dirigirse al moreno. Este sólo asintió y mostró las llaves del coche.

-No tienes que decírmelo dos veces.


Sólo se quedó estático, ahí sentado, viéndola a través de la pantalla. Ukitake se dio cuenta de esto, y giró su cabeza para apreciar lo mismo que el albino. Esa chica estaba en vivo y en directo.

-"Yo…quiero pedir disculpas." – decía, con notable vergüenza en su rostro. – "Disculpas al señor Hitsugaya. No era mi intención comportarme de esa manera, realmente lo siento…"

El joven de ojos turquesa no pudo evitar que en su rostro apareciera un estúpido rubor. ¿Por qué esa chica tenía que ser tan…tan… tierna? Esta reacción fue algo que no pasó desapercibido para su acompañante de mesa, y solo sonrió, confirmando alguna de sus ideas.

-"Señorita Hinamori Momo. ¿Esto es realmente lo único que quiere decir?" – Una reportera le acercó el micrófono, presionándola. –"Sus actos de ayer no parecen coincidir con lo que dice. No se veía en lo absoluto arrepentida." – La castaña bajó la vista, apenada. – "Creo que ya he dicho todo… Me disculpo. Pero… eso no significa que me de por vencida." – Ahora miraba directamente a la cámara, y el albino sintió como sus ojos chocolate se clavaban en los de él. – "Seguiré esforzándome. No ha cambiado el hecho de que la empresa Hitsugaya hace un mal al planeta… No perderé ante usted."

Toshiro ya no pudo escuchar más. Rápidamente, en cuestión de segundos, una chica había interferido la conversación entre las dos mujeres, soltando un montón de palabrerías. Seguido por dos muchachos, que según él, habían estado en la conspiración del día anterior. Sumando, había alguien mortalmente familiar detrás suyo. "¡Kurosaki!" pensó, con asombro. ¿Qué hacía el ahí? Y de la nada, ya la castaña había desaparecido de la pantalla.

-"…Esas fueron las palabras de la ecologista Hinamori Momo, en contra del empresario Hitsugaya Toshiro." – Habló la reportera, dando como finalizada la entrevista.

El de ojos turquesa sonrió con sorna. Reproduciendo nuevamente las últimas palabras de la rebelde: "…No perderé ante usted." Él que había hecho un mínimo esfuerzo para que no se metieran con ella, tratando de cuidar sus espaldas, (Claro que había sido un esfuerzo en vano) y le agradecía de ese modo. ¿Así iban a ser las cosas? Muy bien, pues. Eso había sido como el grito de guerra para ambos.

Sin embargo, algo en su ser le desagradaba la idea de tener que llevar ese tipo de relación con la tal Hinamori. Pero qué le iba a hacer, ella había comenzado, ¿Cierto?

Que empiece el juego.


Ah, ¿Se entendió? Espero que sí :)

¡Yaaay! Quería que saliera Tobiume en este fic, porque, bueno, ¡Es tan linda! Ok, ok. Suficiente. Pobre Hinamori, siempre la interrumpen cuando quiere expresarse. ¡Pero bueno! xD También salió el capitán que aquí no es capitán Ukitake, asdfasdfasf. Y ¡EXACTO! Habrá IchiRuki. Qué manera de conocerse...

No escribiré mucho, tan solo diré que estoy feliz de que les guste esta historia. ¡La hora de contestar Reviews ha llegado!

Ladydy: Sí, me asustaste mujer D: Jajaja, waa, me sonrojas. No es para tanto, tan sólo la locura llegó y tenía que plasmar mis ideas aquí. Ya sabes como es esto xD Oh, sí. Hinamori por dentro es ¡Fuego! Y en efecto, cuando escribí esa parte como que sentí un deja vú. Me dije: "Esto...ya lo había leído." Fue algo muy loco, no sabía si escribirlo o no por eso, pero hay que admitirlo, ver a Shiro sufrir de esa manera cómica es genial. xD ¡De acuerdo! Perdón, perdón xD Tienes razón, no hay que hablar mal de nuestras propias obras. Hasta yo me molesto cuando un fic que me encanta es discriminado por su misma autora xD Salúdame a tu mascotita, amo los animales! Y denada, realmente me alegras el día con tus comentarios graciosos. ¡Te mereces esto y más! Nos leemos :) PD: Los reviews largos son geniales xD Me entretienen jaja!

Trina: Que escribas un review mediante tu celular es genial, aprecio tu esfuerzo! xD No te preocupes, que con saber tu opinión yo estoy feliz. ¡Graciaaaaaas! :)

Tierna Orfelina: ¡Hay, que alegría! Se supone que este fic es cómico, pero siento que no soy muy buena escribiendo eso, estaba insegura... ¡Wii! Jaja, sí, es que, si lo analizas detenidamente, Momo es demasiado tierna, y al principio quería que fuera maestra de kinder o niñera, pero no podía relacionarla con la vida del empresario Hitsugaya. Porque si Shiro-chan fuera real, no me cabe duda que se metería en cosas muy serias como lo es ser un empresario, o incluso abogado, doctor, o cualquier cosa similar, ¿No crees? En cuanto a Renji, ¡Jajajaj, es que es tan... loco! En serio, lo amo. No te preocupes por el otro fic :D Pero...Dios, ¿Lloraste? Haaay nooo! ¿Es en serio? xD Y waaaa, me siento muy alagada, tal vez no sea mente de escritoria, quizá solo sea... Locura y mucho tiempo libre. Así lo resumiré xD De igual forma, si lo que tú quieres es dedicarte a esto, en efecto, esfuérzate, escribe escribe y escribe. Estoy segura que lograrás lo que buscas!:) Gracias por tu review!

Helado Derretido: ¡Gracias y gracias! Waa, de hecho no, no quiero ser escritoria...Sería muy divertido pero hay veces en las que me bloqueo, y bueno, eso sería un problema...Hay que hacer lo que más nos gusta, no negaré que me encanta escribir pero normalmente son fanfics. Donde puedo unir a las parejas que me encantan (Hitsuhina, cof, cof) Y si escribo oficialmente algo así, Tite me demandaría... T.T Oye, es una gran idea...así lo conozco en persona y hago contratos con él. ¡Wii! (Ok, no, ignórame xD) Espero te haya gustado este cap, gracias por el review!

Gasai: ¡No mueraaaas! xD Que aquí sigo dando señales de vida. Gracias por tu review!

Allison95: Te entiendo, me he enamorado de fics que adsfadsfadsf, ¡Oh dios mío! Jajaja, pero waa, mi fic no es para tanto... espero mejorar! JAJAJAJJAA Es que ver a Shiro en esas situaciones es de lo mejor xD Me muero jajaja, ¡Gracias por el review! Un abrazo psicológico~

BlackMoon9631: ¡Genial! Quería que fuera un poco gracioso, aunque no estaba segura del resultado, gracias por decírmelo! Oh, ah, perdón, creo que no redacté bien esa parte T.T Jaja, ¡No! Yo no le daría una estatura alta a estos dos, es como...¡Su esencia! ¿Realmente te imaginas a Shiro más alto que Gin? Dioooos! si de por sí este parece un poste de luz... Lo que pasa es que en mi mente, en esa escena Hitsugaya ya estaba de pie, y Gin sentado en su escritorio. Por eso lo miró "por encima del hombro" espero haberme explicado x3 sino, dime y con gusto ahh, no sé... tan sólo diré que Hinamori y Hitsugaya miden casi lo mismo, en mi mente Momo es igual a la serie, pero puse un poco más alto a Toshiro para que...pues...se viera más como un "empresario de veintiún años" pero no le llegaría ni de chiste a Ichimaru! xD Jajaja espero haber aclarado esto! :3 ¡Gracias por tu review, y por todos los demás, en serio, gracias!

Nevada-chan: ¡Waaa, gracias! Aquí tienes la continuación!

Marhaya: Jajjaja x3 No quiero que se vea taaaan agresiva, pero si hubiera sido yo, hubiera reaccionado igual! Porque Shiro se pasó! No iba a escribir que se ponía a llorar, nonono, que por algo es una teniente! xD Me alegra que te haya gustado! Y muchas gracias, creo que sí seguiré esto, me esforzaré e intentaré crear una trama interesante. ¡Gracias por tu review! espero hayas quedado conforme con este cap.

¡Gracias por los lindos comentarios! Sí, al parecer este fic seguirá. Aún no pondré una fecha exacta, pero supongo que será cada semana, si a lo mucho dos. Por ahí irían los tiros. La verdad es que si pongo fecha me sentiría de alguna manera presionada, no sé por qué xD ¡Pero no los dejaré esperando mucho, lo prometo!

Nos leemos en el siguiente capítulo! ¡Graaacias! :)