Hello…
Jejej nos volvimos a ver más pronto de lo que esperaban.
Jeje solo por hoy doble dosis de capitulo espero que les guste.
nnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn
La oscuridad le segaba los ojos, pero aun así podía distinguir la porquería y el olor a humedad de la habitación donde había entrado, siguió caminando en la aparentemente vacía habitación hasta que choco con un bulto que parecía inerte sobre el suelo.
-Lumus-, de la punta de su varita salió una brillante luz que ilumino prácticamente toda la habitación. El bulto con el que se había tropezado parecía haber vuelto a la vida y escapaba velozmente de la luz.
-¿Qué es lo que te pasa Cerberus?-, dijo con voz grave mientras se acercaba lentamente al joven que se había refugiado en las sombras. Ilumino su pálido rostro con su varita y el joven enseguida se tapó la cara con la mugrienta capa negra que vestía.
-No me gu… gustan… esas cosas-, dijo atropelladamente el joven señalando a un punto al otro lado de la habitación.
Con su varita apunto a donde había señalado el joven y siseo unas palabras en un lenguaje extraño. Rápidamente una enorme serpiente salió de debajo de la cama y se arrastró lentamente hacia fuera de la habitación.
Volvió a apuntar con su varita al joven que seguía temblando y ocultándose de la luz como si esta quemara.
-Escúchame bien, tendrás que acostumbrarte a su presencia. Voy a ausentarme por algún tiempo y necesito que las cuides-, el joven tembló fuertemente. –Necesito que lo hagas.- repitió con fastidio. -y que también cuides de la anciana.
-Ella no me quiere a lado suyo-, dijo el joven más tranquilo pero aun ocultándose detrás de la capa. -No soporta mi presencia.
-¿Y quién lo haría?-, pregunto con una expresión de asco marcada en su rostro. -Pero la anciana tendrá que aprender a quererte y si no lo hace solo tendrás que utilizar esa poción que les das a tus victimas para tranquilizarlas mientras abusas de ellas, así por lo menos se quedara tranquila.
El joven se deshizo de la capa al fin y enfrento a su hermano, pero este le apunto ferozmente con la varita y el volvió a refugiarse con su capa.
-T… tú me o… obligas a hacerlo-, dijo el joven temblando.
-Eres una porquería. ¿Tengo que recordarte porque lo hago?-, dijo mientras una sonrisa despreciable se formaba en su rostro. –Si fueras normal no habría necesidad de hacer todo esto, no me sirves para nada más, eres repugnante.
El joven temblaba en el suelo mientras su hermano apagaba la luz proveniente de su varita y se alejaba lentamente hacia el otro lado de la habitación donde agarro un pequeño frasco que se encontraba en la mesa alado de la cama, enseguida salió apresuradamente de la habitación sin dirigir de nuevo la mirada a su hermano.
Al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse el joven se arrastró hacia el mismo lugar alado de la cama y se acurruco en la misma posición donde lo había encontrado su hermano.
Harry caminaba rápidamente por el casi desértico ministerio búlgaro. Había llegado a las 6 de la mañana y había arreglado rápidamente lo de su equipaje con una llorosa Agnis, a la que él esperaba no encontrarse y, si no fuera porque está prohibido, pensaría que se había quedado a dormir en el ministerio.
Al llegar al departamento de relaciones mágicas internacionales, se dio cuenta que el jefe de aurores, Igor Petinev, ya lo esperaba con una expresión cansada y un rostro que reflejaba su característico mal humor mañanero.
-Buenos días Igor-, saludo Harry en tono cortante. -Pensé que el primer ministro también estaría aquí.
-Buenos días Potter,- respondió Igor mientras miraba con desdén a Harry de arriba abajo. –Pues no, él no vendrá, me encargado muy encarecidamente de darte las ultimas indicaciones a mí.
La tensión era evidente. Harry desde que llego siempre había sido bastante insolente con su jefe, criticaba la forma en que llevaba las cosas y sobretodo el hecho de que enviaba los demás aurores a misiones de protocolo a las que Harry consideraba de poca importancia, restándole personal a él, que era la cabeza del centro de investigaciones para la detención de magos tenebrosos. Petinev por supuesto siempre se sintió amenazado por Harry y las indirectas del ministro, que mostraba favoritismo hacia Harry, no ayudaban para nada.
-Muy bien, estoy esperando que me digas lo que tienes que decir y largarme-, dijo Harry despotmente.
-A penas llegues el jefe de aurores ingles te dará las indicaciones del caso y te pondrá a cargo de las investigaciones. Tendrás principalmente a una compañera, es la que ha estado llevando el caso hasta ahora, pero el ministro me dijo que contarás con todo el personal que necesites.
-No necesito ninguna compañera, solo quiero hombres disponibles a mi mando y que me dejen trabajar en paz.
-Potter, la tendrás te lo aseguro-, repitió Igor con una sonrisa burlona. –Esta vez no vas a tener al ministro de magia para que cumpla con tus estúpidos caprichos. No quiero nada de trabajos en solitario, esta vez trabajas con ella. Tengo entendido que su nombre es Hermione Granger, hija de padres muggle-, acoto con un tono de asco en la voz. Harry lo miro con desprecio. –Creo que tiene tu misma edad y estuvo en la batalla de Hogwarts, en donde tú derrotaste a quien tú sabes.
-¿Eso es todo?- dijo Harry intentando zanjar la cuestión y que Igor despareciera lo más rápido de su vista.
-Si Potter eso es todo. Trokic es el encargado de tu traslador y el también será el encargado del traslado de tu equipaje- respondió señalando al joven croata de larga melena negra que se encontraba atrás de ellos.
Petinev se lo quedo mirando por unos segundos antes de girar sobre sus talones e irse sin despedirse. Harry desvió su vista hacia Trokic que movía su varita de una manera muy extraña y algo torpe sobre la vieja copa de oro que serviría como traslador para Harry.
-En unos minutos estará listo su traslador Señor Potter-, dijo en voz chillona.
Harry se acercó lentamente hacia donde estaba Trokic. -Quiero que te encargues de que todo lo de mi equipaje llegue en perfectas condiciones. Hay una bolsita-, continuo bajando más la voz mientras Trokic se acercaba a él. - que mi secretaria le indicara cual es, que tiene que ser transportada con el mayor cuidado posible, ¿entendiste?
-Si Señor Potter descuide- dijo Trokic torpemente. –Déjemelo todo a mí. Su traslador está listo señor por favor sosténgalo.
Harry se lo quedo mirando, por supuesto que no confiaba en él, era conocido por todos lo estúpido que era, pensó en llamar a alguien más para que se encargase pero ya era demasiado tarde, agarro con la punta de sus dedos la vieja copa y al instante sintió que el mundo le daba vueltas.
Hermione Granger iba desnuda de un lado al otro de su pequeño departamento en busca de sus cigarrillos. Hace algún tiempo había hecho la promesa de dejar de fumar en casa pero ese día no hallaba manera de tranquilizarse y ya estaba harta de que sus uñas se llevaran la peor parte.
Miraba angustiosamente el reloj de pared que se encontraba enfrente de ella, faltaban diez minutos para las siete. Cansada de buscar se sentó en el sillón y comenzó a revisar el correo que le había llegado hace algunos minutos. Montón de papeles sin ninguna importancia y un sobre blanco que sus manos sostuvieron al final de tirar el resto.
-No quiero más cosas desagradables en mi día-, se dijo mientras tiraba el sobre.
La noticia de que su caso iba a ser entregado a otro mago le había caído como un balde de agua fría. Ella se había sacrificado mucho en ese caso, era el primero desde que pidió su traslado al grupo de investigación de homicidios del cuartel de aurores. Sabía que era un grupo joven y que estaba muy atrasado con respecto a otros países debido a la guerra y claro al poco apoyo del ministro, pero de eso a pedir ayuda internacional y dejarla al mando de alguien a quien no conocía y que seguramente la iba a tratar como una novata estúpida, le parecía demasiado.
Lo peor de todo es que además de quedar como una completa incompetente le culpaban a ella de que la información hubiera sido filtrada en la prensa y que todo el cuartel fuera catalogado como de mala manera.
Suspiro resignada y observo que eran ya las siete en punto. Salió como un rayo y se vistió lo más rápido que pudo. Al salir recogió un montón de papeles que tenía regados y unas carpetas que se arrimaban en pilas en la mesa de centro de sala, lo metió todo en una bolsita pequeña y se dirigió rápidamente al espejo de cuerpo entero en el cual se dejaba ver su esbelta figura. Se quedó mirando su rostro en busca de alguna imperfección o algo que necesitara un retoque, cogió su varita e hizo una floritura que acomodo su enredado cabello lo más que se pudo.
-Vamos a ver si por lo menos causamos una buena primera impresión-, se dijo mientras desabotonaba un botón en su camisa dejando entrever su perfecto busto, se observó y sacudió cabeza. –Eres incorregible Hermione- volvió a abotonarse la camisa. –Recién ayer estabas llorando por ese estúpido de McLaggen, perfecto como siempre te enamoraste y nunca más te llamo después de acostarse contigo y ahora me vienes a decir que vas a seducir al tipo nuevo que solo estará unos días en este país y el cual siquiera conoces.
Suspiro profundamente y se encamino hacia la chimenea. Antes de llegar un gato con cara aplastada y ojos amarillentos se le atravesó y ronroneo mientras se paseaba alrededor de sus piernas.
-Hola precioso. Mama se tiene que ir bebe. Espero que cuides la casa por mí- le dijo al gato mientras se agachaba a rascarle detrás de la oreja.
Hermione se levanto y llego por fin a la chimenea. Le esperaba un largo día, lleno de más sorpresas de las que tenía en mente.
-¡Maldita sea, ¿puedes terminar con eso ya?!- dijo Harry con voz irritada.
-Lo siento Señor Potter es que todas estas pociones no constan en la lista que tenemos aquí. Por lo tanto tenemos que revisar si no tiene algún tipo de sustancia toxica o si se trata de alguna sustancia ilegal o…
-Si claro-, interrumpió Harry mientras maldecía internamente su suerte.
Desde que piso el ministerio Ingles había sido objeto de miradas incrédulas y personas que sin ningún tipo de reparo buscaban en su frente su cicatriz y corroborar que la persona a la que estaban viendo pasar era realmente Harry Potter.
Se sintió más tranquilo cuando al llegar al lugar donde llegaría su equipaje, el tipo encargado se había mostrado totalmente desapercibido con su presencia. Aunque quizás hubiera preferido que se quede atontado como el resto, porque al parecer estaba totalmente empecinado en alargar más su estancia en ese lugar.
-Mira se trata todo de un error. Al encargado de Bulgaria se le ha de haber olvidado enviar el pergamino con los permisos para los medicamentos-, dijo por fin Harry fingiendo un tono de paciencia y pensando la manera de hacer pagar a Trokic por eso. –Además son ''pociones'' muggles, son totalmente inofensivas.
-Lo siento pero…
-¡Aquí estas!, te he estado buscando por todos lados, pensé que había pasado algo con el traslador.
Un hombre moreno y de una altura imponente había interrumpido en la pequeña habitación donde se encontraba Harry. Su voz resonaba fuertemente mientras hablaba como si estuviera utilizando algún hechizo que aumente la potencia de su voz.
-Disculpe, ¿lo conozco?- pregunto Harry, levantándose lentamente de la silla debido al calambre en sus piernas por haber estado tanto tiempo sentado.
-OH, lo siento-, dijo el hombre mientras se acercaba y estrechaba fuertemente la mano de Harry. –Mi nombre es Kingsley Shacklebolt, soy el jefe del cuartel de aurores.
-Mucho gusto, normalmente daría mi nombre pero creo que en este lugar no hace falta.
Kingsley sonrió de lado y se dirigió al encargado que todavía observaba los medicamentos uno por uno.
-¿Por qué la demora Seamus?
-Son estas pociones…
-¡Medicamentos!-, interrumpió Harry.
-Bueno lo que sean, no constan en la lista que nos envió el ministerio búlgaro. Como comprenderá se debe hacer un papeleo extra para este tipo de sustancias que podrían ser…
- Ya entendí. Déjalo pasar este vez -, Seamus parecía querer refutar pero Kingsley siguió hablando rápidamente. –El señor Potter está haciéndonos a todos un favor al estar aquí, además se nota que son medicamentos inofensivos. Si tienen algún reclamo diles que yo respondo por ellos, ¿está bien?
-Si señor- respondió Seamus no muy convencido y guardando uno por uno los medicamentos en la bolsa en donde habían venido.
-Muy bien, ahora Harry por favor acompáñame a mi oficina.
Harry miro a Seamus que terminaba de poner el último medicamento en la bolsa y enseguida se la arrancho de sus manos. Siguió a Kingsley por los espaciosos corredores del ministerio de magia inglés. Ver a todo ese lugar lo desconcertaba, lo había imaginado diferente, parecía que los magos de aquel lugar habían superado de alguna manera todo lo sucedido, todos habían seguido adelante dejándolo a él atrás, encerrado en aquel pasado.
Sin darse cuenta Harry había llegado a la puerta de la oficina del primer ministro de magia. Al percatarse de donde estaba se paró en seco y vio como Kingsley pasaba sin tocar. Harry observo desde fuera y noto que la puerta no daba directamente a la oficina del ministro sino a una especie de recibidor donde se encontraba un pequeño escritorio lleno de pergaminos, atrás de eso se encontraba una mujer regordeta de mediana edad con un moño muy extraño en su cabello y que se resaltaba de manera graciosa por algunos avioncitos de papel voladores que flotaban alrededor encima de ella.
-¿Alguna novedad?-, la voz de Kingsley sobresalto a la mujer que enseguida se levantó y algunos de los aviones de papel salieron esparcidos al chocar con su ridículo moño. –Disculpa Berta, sabes que no acostumbro a tocar la puerta.
-No se preocupe señor Shacklebolt solamente estaba revisando unas formas. Nada importante- dijo Berta volviéndose a sentar y concentrándose de nuevo en los papeles.
Kingsley negó con la cabeza y siguió su camino hacia la otra puerta que conducía a la oficina del ministro. Al notar que Harry no lo seguía se plantó en seco y giro a verlo.
-¿Pasa algo?
-Me dijeron que no había necesidad…-, al notar la voz de Harry, Berta alzo rápidamente la mirada al chocarse con la de él tembo un poco y volvió a bajarla rápidamente enfocándose de nuevo en los pergaminos. Harry frunció el ceño y siguió hablando. – de tratar ningún asunto con el ministro. Según tengo entendido todo lo relacionado con la investigación y mi estancia aquí seria tratado directamente con usted.
-No te preocupes Harry-, dijo Kingsley sonreído. –El ministro de magia no está aquí.
Harry lo miro sorprendido mientras Kingsley daba media vuelta y entraba a la oficina del ministro. Harry lo siguió y entro rápidamente en la lujosa oficina. Al sentarse Kingsley inmediatamente tomo una de las carpetas que estaba sobre su escritorio y comenzó a hojearla.
-Bueno al punto. Este es el informe completo del caso que me imagino que te mostraron antes de venir aquí.
Kingsley extendió la carpeta, Harry enseguida la tomo y comenzó a leer rápidamente su contenido. Por fin tenía más información sobre lo ocurrido, no podía negar que a pesar de todo estaba impaciente, le encantaba tener información al día sobre sus casos era una especie de adicción.
La joven Anna Kiehl de ascendencia danesa vivía en las afueras de Kent a unos 5 kilometros del lugar donde fue hallado el cuerpo. La policía muggle local había recibido una llamada a las 8 de la mañana de un vecino del apartamento en donde vivía Anna quejándose de que su hijo de 9 años gritaba con desesperación en busca de su madre. A las 10 en punto del mismo día el cuerpo fue hallado por un hombre del sector que había sacado el perro a pasear, el ministerio contaba con un auror encubierto dentro del condado el cual dio el aviso del caso. El ministerio de magia ingles se encargó del caso desde ahí.
-¿Por qué tenían un auror en Kent?
-Sé que no eres ningún tonto Harry, quizás te lo dijeron o no, este no es el primer caso.-, Harry lo siguió observando sin decir nada. -Pero quiero que tengas en claro que los motivos por los cuales te trajo Scrimgeour son muy diferentes a los míos. A mí sí me importa este caso, yo si quiero agarrar a este hijo de puta. Yo he oído hablar mucho de ti. No me refiero a la guerra, eso yo también lo viví Harry no necesito escucharlo de nadie-, se apresuro a decir al ver el cambio de expresión en el rostro de Harry. –De lo que has hecho en Bulgaria, transformaste completamente el cuartel de aurores y eso es lo que precisamente quiero que hagas aquí. Usa tu experiencia, prepara a mis aurores para llevar este tipo de casos y utiliza ese don que tienes de meterte en la mente de este tipo de sicópatas para hacerlo pagar por toda esta miarda. Yo no te traje aquí para callar al profeta, no soy como él.
-¿Por qué estamos en su oficina?-, pregunto Harry mientras cogía despreocupadamente uno de los sobres que estaba en la mesa. Kingsley se sorprendió por la pregunta pero enseguida sonrió con ironía.
-Está de viaje, así que me dejo a mí a cargo. Pero aquí entre nos, no necesariamente se tiene que ir de viaje para que me pida que haga su trabajo-, respondió Kingsley.
Harry asintió con la cabeza mientras seguía leyendo el informe. Kingsley lo observo por unos segundos y luego arrugo el entrecejo.
-Bueno y, ¿Qué me dices Potter sobre lo que te pedí?
-Está bien-, dijo parcamente Harry.
-¿Está bien?- pregunto Kingsley, mostrando que esa obviamente no era la respuesta que esperaba. -¿Qué está bien?
-En realidad eso era lo que tenía pensado hacer, venir atrapar a este tipo e irme. Si quieres que tus aurores aprovechen para aprender algo, pues no me lo tienes que decir a mi sino a ellos. Diles que estén atentos a lo que hago y como lo hago, yo no pienso dedicar mi tiempo a darles cursos o a enseñarles cómo hacer un hechizo de desarme- dijo Harry con una burla al final.
-Mis aurores están bien preparados- dijo Kingsley acaloradamente.
-Si lo estuvieran yo no estaría aquí.
-Muchos de ellos al igual que tu vivieron horrores en la guerra y lucharon también.
-Ellos no tienen ni idea…
-¿De qué?, ¿de lo que tu hiciste?, ¿de lo que tu sufriste? ¿Acaso fuiste el único? Hablas como si solo hubieras sido tú el que lucho en esa guerra.
-Yo mate a Voldemort y tuve que pasar por muchos de sus mortifagos antes de llegar a él. Me convertí en un asesino a los diecisiete años. Nadie puede ni siquiera imaginar lo que sentí ni mucho menos lo que estoy viviendo ahora.
-Muchas personas murieron en ese lugar.
-¿Y PIENSAS QUE NO LO SE?-, grito Harry. ¿PIENSAS QUE NO TUVE QUE PASAR POR EN MEDIO DE ELLOS? Noches enteras tengo pesadillas sobre lo que paso en ese lugar, camino por pasillos sin salida llenos de cuerpos desparramados de toda clase, mujeres, niños, adultos; ¿y sabes que es lo primero que se me viene a la mente?, que preferiría mil veces estar muerto al igual que ellos.
-Pero Harry tu…
-Usted no tiene ni idea de lo que me hizo al traerme a este lugar-, dijo Harry mientras bajaba la mirada y alborotaba nerviosamente sus cabellos. - Por eso no me pida nada más de lo que tengo pensado hacer. Yo hare mi trabajo y me iré.
-¿Tienes un lugar donde quedarte?
Harry levanto la mirada sorprendido.
-Yo me las arreglo con eso. ¿Tengo entendido que tengo una compañera?- pregunto Harry tratando de aprovecharse de la situación. -¿quizás tu...?
-No puedo Harry, esas fueron ordenes de tu superior en Bulgaria no mías-, Harry arrugo más el entrecejo. –Pero descuida Hermione es una de las aurores más capaces que puedes encontrar. Mientras estés aquí tendrás al cuartel a tu disposición serás prácticamente el jefe. Además no creo que Scrimgeour llegue pronto, por eso desocupe mi oficina y ya pedí que tus cosas sean enviadas allá para que tú dispongas de ellas.
-No era necesario lo de la oficina.
-Muy bien creo que hemos charlado lo necesario-, dijo Kingsley mostrando su mejor sonrisa y no disimulando muy bien el hecho que no quería más a Harry en su oficina.
Este entendió la indirecta y se dispuso a ponerse de pie, saco su varita e hizo que el montón de carpetas y sobres redujeran su tamaño hasta caber en la palma de su mano.
-Le diré a Berta que te ayude a llegar al cuartel de aurores.
-No es necesario-, Harry levanto su rostro, su mirada resplandecía más sombríamente que de costumbre. –Dumbledore siempre me hablo bien de usted-, dijo mientras miraba de arriba abajo a un sorprendido Kingsley. -Su voz y su porte parecen reflejar un hombre seguro y un mago capaz, pero el hecho de que este aquí bajo sus órdenes-, continúo refiriéndose a Scrimgeour-, y no haga nada al respecto solo demuestra que es un cobarde.
Y sin esperar respuesta Harry salió rápidamente de la oficina. Al salir no pudo evitar distraerse con los pergaminos voladores que ahora parecían empecinados en arruinarle el elaborado moño a Berta. Siguió caminando sin desviar la mirada de esa atípica escena hasta que choco con algo.
-¿Por qué no se fija por donde va?
Las voces de los dos sonaron al unisonó. Harry trato de observar con quien se había chocado pero solo pudo ver el resplandor de una cabellera pelirroja.
-Por lo menos debería ayudarme-, exclamo la mujer de mal humor mientras se agachaba rápidamente a recoger el montón de pergaminos que cargaba y los cuales habían salido despedidos por toda la habitación.
Harry se hizo para atrás dejando espacio para que la acalorada mujer recogiera todo. El ambiente se encontraba inundado de un envolvente aroma floral que a Harry se le hacía extrañamente familiar, sorprendido se agacho para ayudarle a recoger los pergaminos, no sabía porque, pero necesitaba ver el rostro de esa chica.
-Eran papeles muy importantes-, refunfuñaba la mujer sin alzar la mirada, mientras Harry muy de cerca mantenía su mirada fija en ella.
La mujer seguía con la tarea de recoger y ordenar cada uno de los pergaminos sin fijarse en la insistente mirada de Harry. Estiro lo más que pudo su brazo para alcanzar uno que estaba más cerca de la posición de él, Harry inmediatamente cogió el papel y ella se lo arranco de su mano, al hacerlo hubo un leve contacto entre sus dedos. Ella soltó inmediatamente el pergamino y mantuvo el contacto con la mano de Harry, la estiro y acaricio lentamente sus dedos, levanto lentamente la mirada y los ojos de los dos se encontraron. Harry se perdió en la profundidad de sus ojos cafés, nunca había visto una mujer tan hermosa como la que estaba en frente de él. El color de sus ojos hacían un juego perfecto con el color encendido de sus cabellos, su rostro era definitivamente perfecto. Su mirada era radiante y hacia que en el interior de Harry algo se iluminara pero a la vez se formara algo en el pecho que no sabía interpretar bien. Parecía que por un instante todo se había ido el dolor, la tristeza, el pasado no existía mas solo era ella. Su belleza hacia que se pierda.
Ella parecía tan conmocionada como él, separo su mano de la de Harry y la levanto lentamente hacia la cara de Harry, él inmediatamente llevo la suya hacia su frente para tapar su cicatriz, pero ella acaricio con la palma de su mano su mejilla. Un calor inundo todo su cuerpo solo ante aquel contacto. Era una situación a la que Harry nunca se abria enfrentado, no sabía cómo reaccionar pero no podía alejarse simplemente, algo no se lo permitía.
-Harry, ¿en verdad eres tú?-, la suave voz de la mujer retumbo en la mente de Harry y una terrible angustia se apodero de él, inmediatamente se levantó y ella hizo lo mismo.
-Harry yo… ha pasado tanto tiempo.
-Creo que me está confundiendo.
-Harry soy yo Ginny, Ginny Weasley-, ella lo miro directamente a los ojos y el bajo rápidamente la mirada, esos ojos causaban algo poderoso en él y algo en su interior gritaba que no debía dejar que eso pasara. –Mírame Harry, no puedo creer que me hallas olvidado-, le tomo de nuevo el rostro y él se permitió perderse de nuevo en sus ojos. –Yo nunca lo hice, nos prometimos que pasara lo que pasara nunca nos olvidaríamos el uno del otro, ¿recuerdas?
Sus ojos, su aroma, lo suave de su piel, todo en ella le parcia familiar, pero definitivamente nunca había visto a esa mujer en su vida. ¿Quién era ella?, ¿Por qué causaba ese efecto en él? Y lo más importante ¿Por qué su mente gritaba que debía alejarse de ella?
-Usted se ha equivocado de persona-, dijo Harry mientras se alejaba de ella. Sin volverla a mirar siguió adelante y salió de la oficina del ministro. No podía soportar más tiempo alado de ella.
Ginny se quedó parada observando mientras Harry salía del lugar, no entendía lo que había pasado, era él, por fin estaba ahí pero se hizo el que ni siquiera la conocía. Sus ojos se aguaron pero ella no cedió a las lágrimas. Se agacho y recogió rápidamente todos los papeles.
-Al parecer siempre estuve equivocada-, se dijo a si misma mientras una lagrima traicionera se escapaba de sus ojos.
Nnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn
Espero les haya gustado gracias por leerme la próxima semana siguiente cap…
'El elegido'
