El diario de la perla

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Avisos

1. Aunque la historia tenga lugar en el universo de Inuyasha, tiene características AU, es decir que no sigo al 100% ni la historia ni la personalidad de los personajes.

2. Es rate M porque se utiliza lenguaje explicito de escenas subidas de tono o violentas.

3. Inuyasha le pertenece a nuestra quería Rumiko Takahashi.

Recursos

1. "blah blah blah." pensamientos, o los pensamientos de Kagome transmitidos al diario.
2. — blah blah blah
Habla alguien.
3. -blah blah blah.-
La acción de hacer algo.
4. Blah blah blah
Cambio de escena, lugar o tiempo.

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Capítulo 2

"¿Qué es este lugar? ¿Qué ha ocurrido?"

La confusión se aglomera en su mente, todo ocurrió demasiado deprisa para notar algo o tan siquiera reaccionar. Quizás, estaba muerta.

— Ya estás despierta, creí que te costaría más recuperarte pero fue un milagro.

Escuchó la voz de una mujer, al dirigir la mirada hacia ella, vio a una señora mayor con el pelo blanco y con una extraña vestimenta. Ahora que se fijaba en su alrededor, todo era muy extraño y apagado.

— ¿Quién es usted? ¿Qué me ha pasado? -suelta un quejido llevándose las manos a la cabeza, la cual le empezó a doler al escuchar su propia voz.-
— Yo me llamo Kaede. Y no tengo respuestas a tus preguntas. Te encontré tirada cerca del río. -le respondió sentándose junto a ella.-
— ¿Del río? -preguntó algo confundida.-
— Así es, ¿de dónde vienes? Esa ropa es muy extraña. ¿Estás de viaje a algún lugar?

No sabia a ciencia cierta quien era aquella anciana. Era muy extraña y no entendía nada, era todo muy confuso. Pero debía confiar en ella si quería volver a casa.

— Yo no se como he llegado aquí, solo recuerdo entrar al templo y ver negro de repente.
— ¿Al templo? Que extraño, ¿no sabes donde se encuentra?
— En Tokio. -responde ilusionada y se levanta quedando sentada frente a la anciana.- ¿sabe cómo llegar?
— ¿Tokio? No se donde se encuentra esa aldea.

Perdió toda ilusión al escucharla. ¿Cómo que no sabia donde estaba Tokio? Por dios, si seguía en Japón.

El color de su rostro cambio poniéndose pálida. Más recta que una tabla, se levantó y salió corriendo hacia la primera salida que encontró.
Parpadeando para librarse de la molesta luz del sol, observó a su alrededor.

"¡No puede ser! ¿Qué es este lugar? Mejor dicho, ¿cuándo es?"

Niños jugaban y correteaban, habia mujeres hablando entre si. Pero los detalles eran lo extraño. Vestían de época y las casas alrededor eran de madera, y solo había vegetación alrededor. No era Tokio, ni era 1997.

Algún tiempo después.

La luz del sol se vio opacada por unos ojos claros, una persona con el cabello atado a una cinta pero que aun así le llegaba hasta la cintura. Su flequillo tapaba su frente pero no sus mejillas rojizas. Delgada que utilizaba una vestimenta tradicional para su trabajo, una camisa blanca que se sujetaba por su pantalón rojo, el cual se iba ensanchando según bajabas la vista. En sus pies, unas sandalias, protegiendose con unos calcetines blancos. En sus manos, ocupaba una flecha y un arco.

— ¡Kyaah! -gritó lanzando la flecha iluminada finalmente contra aquel monstruo.-

Al deshacerse de él, se colocó de nuevo el arco en su hombro y se dirigió hacia su aldea.

— Vieja Kaede. -llamó a la anciana al ingresar a la vieja cabaña.-

Al instante la chica sintió un golpe sobre su cabeza. Terminó sobandose por el dolor, como siempre producido por aquel bastón que la anciana llevaba, más que para andar, para defenderse.

— ¿Cuántas veces debo decirte que no me llames vieja? -la regañó.-

Debía recordar lo sensible que estaba la anciana respecto a su edad.

— Si, lo que digas. Vengo de matar a otro demonio. -le informó sentándose sobre un cojín junto a la hoguera.-
— ¿Otro más?

Aunque la anciana no era de reproducir sus sentimientos en su rostro, la joven la conocía de sobra como para reconocer la preocupación en su voz.

— Si, es muy raro que vengan tantos a la vez. Por lo menos, estoy atenta a los alrededores para que no lleguen a entrar a la aldea.
— Esa no es tu labor como sarcedotisa. -la reprimió.-
— Ya ya. Pero, ¿qué quieres que haga? ¿Qué me quede de brazos cruzados? Debo proteger a todos.
— Kagome... -mencionó su nombre en un susurro.- Creo que es ya es hora de que hablemos.
— ¿Sobre qué?

Llevaba algún tiempo junto a aquella anciana, ya era como su abuela, como su familia. Los primeros días en la aldea había estado callada y deprimida al no poder volver a su época. Pero gracias a Kaede, encontró un oficio ayudando a las personas y cada día veía una sonrisa y dirigida hacia ella por parte de todos. Aún si era feliz allí, le faltaba algo más.

— Sobre ti. Tu poder espiritual no para de crecer con el paso de los días, te haces más fuerte y hay una luz en tu interior que llama a los demonios.
— ¿Una luz en mi interior?
— Es hora de que te hable de mi querida hermana. -la interrumpió.- Mi hermana, Kikyo, era la sacerdotisa protectora de una poderosa joya llamada perla de los cuatro espíritus, la perla Shinkon. Pese a todo el poder que alguien pueda obtener de esta perla, su vida se vuelve un infierno y termina en una tragedia. Así murió mi hermana, traicionada. Y decidió ser quemada junto a esa joya maligna.
— Y, ¿eso qué tiene que ver conmigo?
— ¿Quieres dejarme terminar? Niña impentinente. -le dio un coscorrón.- De esto ya han pasado cincuenta años, y cuando tu volviste. La luz que vivía con mi hermana, volvió a aparecer.
— ¿Quieres decir que yo tengo esa perla? -la anciana le dirigió una mirada molesta por haberla interrumpido.-
— Puedo decir segura que la perla vive en ti, y que el alma de mi hermana, está en ti.
— ¿Quieres decir que soy tu hermana? -se empezó a reír.- eso no tiene sentido.
— No lo se con exactitud. Pero tu eres su reencarnación.
— Vieja, no se de que hablas. Yo no soy la reencarnación de nadie. Yo soy Kagome. -se levantó dispuesta a irse pero la anciana la agarro por el hombro haciendo que su arco se cayera.-
— No quiero decir lo contrario. Pero tu eres ambas.

Se suelta bruscamente de su agarre y se dirige a la salida.

— Yo no soy tu hermana y no tengo nada que ver con su pasado. -le gritó antes de salir.-

Quizás se hubiese pasado un poco, pero un malestar ocupó su corazón al ser comparada con otra persona que ni conocía.
Un sensación maligna la distrajo por un momento. Otro demonio se dirigía hacia la aldea. Sin dudarlo salio corriendo hacia el lugar que lo sentía.

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