Hola de nuevo, en esta parte trataré de aclarar algunos asuntos que quedaron pendientes en la parte anterior, espero les guste :D
*Narra Viktor*
Me encontraba en mi oficina, contemplando todas las riquezas que traían
usualmente ladrones, hace unos días Lynn y Armin se estaban tomando un "Descanso" para evitar ser atrapados, así que todo de momento estaba muy calmado. De repente un hombre que vestía un traje negro se acercó a mí, nunca había visto a tal persona.
- Buenas tardes, ¿Señor Viktor? – Dijo aquel hombre de manera seria y fría.
- Buenas tardes. Sí, soy yo. ¿Necesita algo? - me puse de pie y me acerqué un poco al hombre mientras lo analizaba con la mirada
- Soy Dakota Petrovsky, pero puede llamarme Dake. Vengo aquí a negociar con usted.
- Por favor siéntese. – Señalé la silla que se encontraba delante de él. Dakota obedeció sin dudarlo. - ¿Sobre qué quiere negociar?
- Bueno, Verá. Soy un representante de la Mafia de Nueva York, mi jefe ha visto que dos de sus ladrones, Lynn y Armin, son muy buenos en lo que hacen. Sin embargo, esto es malo para nosotros por motivos confidenciales. Así que él, mi jefe, quiere deshacerse de ellos definitivamente y necesitamos de su ayuda para lograrlo. – Lo decía de forma tan tranquila que incluso sonaba muy sádico. – Sabemos que "Un ladrón no traiciona a los suyos". Así que para que lo reconsidere le ofrecemos 100.000 dólares en efectivo.
- ¿100.000 Dólares? – Ahora me encontraba muy confuso, Lynn y Armin eran mis mejores ladrones y además si los padres de Lynn se enteran tendría graves problemas; Pero 100.000 dólares era una gran cantidad de dinero y era una oportunidad que no se presentaría de nuevo.
- Ah, sí. Olvidé la parte más divertida. – Dake sonrió siniestramente. – Si usted no acepta será asesinado, recuerde que somos la mafia más grande de Nueva York, así que no se podría ocultar de nosotros. – Finalmente soltó una pequeña carcajada.
- ¿Podría darme un tiempo para pensarlo? – Mi voz sonó un poco ahogada. Ahora sí estaba asustado, pues la mafia nunca bromea, y él no quería morir aún. Sabía que el gremio y la mafia ya habían tenido muchos problemas anteriormente, pero de una u otra forma habían llegado a algo parecido a un acuerdo de paz.
- Sólo tiene hasta el día de mañana, estaré aquí a las 7:30 A.m. – Después de decir eso Dake se puso de pie y salió del lugar, de forma muy tranquila.
Habían pasado cinco horas desde que Dake había estado en mi oficina, en ese tiempo no pude evitar leer los papeles del sobre, allí había una gran cantidad de documentos sobre los dos chicos, la mafia y sobre el gremio, pero especialmente sobre mí. Me encontraba muy nervioso, pero creía ya haber decidido que si quería seguir vivo tendría que colaborar con la mafia, sólo tendría que ingeniar algún plan para luego pasar inadvertido.
Podría tomar los 100.000, una parte de las riquezas obtenidas en el gremio y luego dejar a alguien más a cargo. Para después cambiarme el nombre y mudarme a Canadá, donde tendría una vida totalmente nueva. Sí, eso iba a hacer, ya tenía todo decidido.
Al día siguiente, justo a las 7:30 A.m. como había dicho el día anterior, Dake ya se encontraba en el asiento donde se había sentado anteriormente, en sus manos traía un maletín y detrás de él estaban dos hombre, al parecer eran los hombres que me asesinarían si no aceptase.
- ¿Y bien? ¿Qué decidió? – Dake sonrió mostrando su curiosidad ante mi respuesta, y ahora estaba completamente decidido.
- Decidí aceptar el trato. ¿Qué necesitan que haga? – La penetrante mirada de Dake me hizo sentir un repentino escalofrío.
- Sólo tendrás que decirles que les ofrecieron un trabajo, donde informaban que habían dos diamantes en el crucero que pasará por el Whitehall, también debes decirles que tendrán un contacto, el cual usted tendrá que escoger y entregarle esto. – Dake chasqueó los dedos y uno de los hombres se acercó a Viktor y le entregó un sobre, que al parecer contenían varios papeles. – Puede agregar alguna cosa para que sea más creíble; Nosotros nos encargaremos del resto.
- Entiendo, ¿Algo más? – Abrí uno de los cajones de su escritorio y guardé el sobre.
- Si puede escriba una nota para la chica explicándole que habían sido traicionados y que Armin se encuentra en peligro, si todo sale según lo planeado, ella entraría en la trampa de forma voluntaria. Esto es todo lo que necesita saber, aquí está su dinero. – Dake le entregó el maletín donde se encontraban los 100.000 dólares. – Bueno, hasta luego.
Dicho esto Dake y sus hombres salieron del lugar. No pude evitar abrir el maletín con cierto entusiasmo, y más al ver todo ese dinero sabiendo que era todo mío.
Empecé a hacer todo lo que tenía planeado, y comenzaría con el contacto. Tendría que ser alguien que les inspirara confianza, así que recurrí a la madre de Lynn fingiendo interés por la chica.
- ¿Y ella tiene algún amigo cercano, a parte de Armin? – Dije de la forma más desinteresada, para mi suerte, Sarah era una persona muy confiada, un gran error.
- Si, un muchachito de su instituto, Maxx. Vive a tres calles de aquí, en una casa azul oscuro si mal no recuerdo. – Sarah sonreía de forma amigable mientras hablaba.
- Mmm, ya veo. – Tenía un objetivo, pero pensé que sería mejor si sabía más del chico. – Háblame de él.
- Es un chico muy tierno, aunque no lo parece. Vive con su padre ya que su madre murió cuando apenas era un niño. Su padre, John, parece dispuesto a hacer cualquier cosa por su hijo. – Ella seguía hablando y por un segundo pensé que nunca se callaría, pero lo importante es que ya tenía la información que necesitaba.
- Ah, sí, interesante. Me divertí hablando contigo Sarah, pero tengo algunos asuntos pendientes.
Me alejé de ella para poder ir a mi oficina y empezar con la nota, escribí en una pequeña hoja lo que creía que funcionaría. Sin embargo, nada de lo que escribía me convencía del todo, escribía algo y a los minutos terminaba arrugando la hoja y tirándola al cesto que se encontraba a su lado. Hasta que por fin pensé en algo que sonaba muy convincente: "¿Así que encontraste la caja fuerte, Lynn? Sería una lástima que alguien los hubiera traicionado, suerte con eso. Por cierto, no olvides buscar a tu querido Armin" - ¡Eso era justo lo que buscaba! – Pensé mientras sonreía de forma aterradora, incluso para mí. Aunque aún, muy en el fondo de mi mente, sentía dolor de tener que hacer esto… más que todo por Lynn, siempre me sentí algo atraído por ella.
Luego de escribir la nota tomé el sobre que anteriormente me había dado Dake y me dirigí a la salida del lugar mientras guardaba la nota allí. Empecé a dirigirme a la casa de Maxx guiándome por los torpes e inocentes comentarios de la madre de Lynn. Cuando encontré la única casa de color azul oscuro golpeó la puerta tres veces, creyó que nadie estaba en aquella casa y pensó que era mejor volver luego pero la puerta se abrió rápidamente, dejando a la vista a un hombre de treinta y pico de años, que al verlo le sonrió.
- Buenos días, señor – decía amablemente el hombre.
- Buenos días, ¿Es usted el Sr. John? – Traté de sonar amigable, sonriendo como un niño y hablando de la forma más educada posible, que por cierto salió a la perfección, tal vez serviría para ser actor.
- Sí, señor, ¿Necesita algo? – Preguntó algo sorprendido.
- Bueno, necesito de su ayuda.
- Claro, Por favor entre. – Me indicó.
Lentamente empecé a explicarle que necesitaba de su ayuda para poder cumplir la misión de la mafia, evitaba mencionar a Lynn en lo absoluto, si sabía que ella estaba involucrada probablemente se negaría inmediatamente.
- Y me han pedido directamente que le entregue este sobre. – Le pasé el sobre, John se veía algo… Asustado, aunque he de admitir que si yo estuviera en su posición yo también lo estaría.
Después de eso hablé un poco más con él y me retiré del lugar, el convencerlo completamente dependía de Dake y los suyos. Mientras tanto, yo tenía otras cosas que hacer, ya que al día siguiente Lynn y Armin regresarían. Tenía que planear qué diría para convencerlos. Volví al gremio y pensé varías veces que iba a decir para después irme a casa.
Al día siguiente, muy temprano ya estaba en el gremio y ahora tendría que cumplir mi parte del plan, engañarlos.
Ellos ya habían llegado y era el momento de hablar, de hacerles creer que tenían un gran trabajo.
- Chicos, tendrán que ir a un crucero que cruzará por aquí, tenemos un contacto allí que nos dijo que hay un – Suspiré algo emocionado – ¡Un par de diamantes!
- ¿¡E-Enserio!? – Prácticamente gritaron los dos al unísono
- ¿Cuál es el truco? – Dijo desafiante Armin
- Esperaba que dijeras eso. – Solté una pequeña carcajada ante esto. – El truco es que tendrán media hora para buscar el lugar, obtener los diamantes y escapar junto a nuestro contacto en una lancha. Esa persona tendrá más información allá. – De alguna forma había recordado que en uno de esos papeles del sobre mencionaba que tendrían un tiempo límite, era mejor aprovechar esa información desde ahora.
Terminaron aceptando, justo lo que yo quería que hicieran, ellos tendrían que irse en una hora y después de eso, tendría que hacer algunos papeles para poder cumplir mi plan de marcharme a Canadá.
Después de la partida de Lynn y Armin, sólo me había demorado media hora obteniendo el cambio de nombre; Ahora sería conocido como Jonathan Booth.
También había logrado obtener un vuelo hacia Canadá, por suerte tenía un contacto allá que me ayudaría a reubicarme fácilmente.
La única cosa que me separaba de su destino era poner a alguien a cargo. Lo analizó por un par de minutos y decidió dejar al padre de Lynn, Claude, ya que en cierto modo sabía que sería como un reconstituyente de mi parte.
Al hablar con el padre de Lynn, nada más lo detenía de mi destino, así que agarré todas mis cosas: Mi dinero, una foto vieja de lo que solía ser mi familia hace muchos años, algunas pertenencias, como mi computador. Luego encontraría la forma de llevar mis cosas hacia mi nuevo hogar.
Al llegar al aeropuerto esperé aproximadamente una hora para luego poder subirme a mi vuelo, a mi lado se sentó una chica morena, de ojos verdes y cabello castaño. Pero en ningún momento le presté atención, pues todo el camino dormí plácidamente.
Apenas llegué mi celular sonó, era Dake.
- Veo que cumpliste tu parte del trato, ambos chicos están muertos y ahora todo el mercado vuelve a ser nuestro, me enteré de que ya no eres el jefe del gremio, ¿verdad? – Decía de forma rápida pero muy comprensible, su voz aún me asustaba un poco.
- Si, decidí alejarme del gremio y ahora está a cargo otra persona, supongo que es lo mejor para todos – Especialmente para mí, no soportaría estar más tiempo en ese lugar.
- De momento no tendremos problemas con el gremio ni contigo. Sin embargo, te conviene estar enterado de las actividades de esos ladrones y tener cierto control, ya sabes, no querrías tener problemas más adelante. – Dijo esto último con un tono sarcástico para luego colgar sin dejarme decir ni una palabra al respecto.
- Bueno… Aquí estoy – Me dije a mí mismo, estaba dispuesto a vivir una nueva vida olvidando mi pasado, pero nunca olvidaría que mi nueva vida llena de lujos y dinero había costado las dos vidas de aquellos jóvenes a los que les había prometido lealtad sin importar las circunstancias.
