Hola de nuevo. Pido por favor que disculpen la tardanza. Estaba algo indecisa, pero al final logre terminar el segundo capitulo, el cual espero sea de su agrado. Lo hice un poco mas largo que el anterior. Gracias por su paciencia. non
Celos
Lo miraba realmente escéptica. No podía creer lo infantil que su novio podía llegar a ser. En estos momentos veía la televisión y aparentaba como si ella no existiera. Sabía que él se molestaría si se olvidaba de su maldita leche. No lo hacia a propósito, simplemente no creía que fuese tan importante y dejaba el pedido de último. Pero por razones aún inexplicables, considerando su buena memoria, siempre terminaba olvidándose del encargo del chico. Y era precisamente por esta razón que no era ella quien hacía las compras.
-¿Cuándo te vas a dignar a dirigirme la palabra?-preguntó más que molesta la rubia mirando con el entrecejo fruncido a un joven de cabello tan negro que parecía violáceo y ojos pardos que se concentraba en cambiar rápidamente los canales de televisión.
-Ya basta Len. Creo que tu momento de retroceso a niño caprichoso puede terminar de una vez.
El chino ni siquiera se inmutaba en dirigirle una mirada. Su expresión era totalmente neutra mientras su dorada vista seguía estancada en el aparato en frente a él.
Anna sintió como le hervía la sangre a causa de la actitud del chico. Podía ser tan molesto a veces. Caminó desde donde estaba y se paró con las manos en sus cintura entre la televisión y él, interfiriendo su visión.
-¿Qué deseas Anna?-preguntó el joven chino con irritación tratando de mantener la calma.
-Quiero que madures de una vez por todas. ¿Tanto te molesta que haya olvidado comprar leche?
- Yo no soy el inmaduro. ¿Y qué te hace pensar que estoy molesto?-replicó con sarcasmo.
La rubia alzó una ceja. ¿Qué no era obvio?
-No me diriges la palabra y tienes un humor de los diablos, ¿Necesitas más?-le respondió la joven cruzándose de brazos, algo cansada de la situación.
-Por favor Anna yo no me enojo por tonterías.-dijo volviendo su atención a la televisión pues la chica se había retirado.
-Eso no es cierto. Tu siempre te molestas cuando olvido comprar leche.-le recordó mientras se sentaba a un lado de él.
-¡Que no estoy molesto por eso!...-volvió a decir, esta vez revelando que algo sí le fastidiaba.
-¡Sabía que algo te molesta! ahora me vas a decir que te pasa- exigió mientras se acercaba a él retadoramente.
El gruñó levemente y le contestó- Eso ya no interesa, igual iba a tener que hacer las compras ya que tu nunca lo haces-
Ah, así que era por eso...
-No veo cual es el problema. Sabes que estoy ocupada con la universidad y el negocio de las aguas termales en la pensión.- dijo sin preocupación mientras ahora ella era quien se dedicaba a ver la televisión y Len la miraba fijamente.
No sabía porque, pero eso de que estuviera en la casa de Yoh no le gustaba mucho al chico de cabellos oscuros.
-Claro que es un problema, yo también estoy ocupado con la empresa de mi padre y los estudios.-le dijo reprochándole.
-Eso nunca había sido un obstáculo antes... últimamente te pone de muy mal humor ir de compras.
Len gruñó por segunda vez y desvió la vista.
Anna lo miró, se acercó a él y juntó su frente con la de Len quedando ambos muy juntos.
-Sé un buen chico y anda por las compras, ¿si?- le susurró y a continuación pasó sus brazos por el cuello de su novio atrayéndolo en un abrazo. Parpadeó un par de veces con una pequeña sonrisa esperando su respuesta, que por supuesto seria afirmativa.
-Esta bien- respondió Len atrapándola entre sus brazos.
Anna sonrió ampliamente, satisfecha de haberse salido con la suya mediante la ayuda de sus encantos...
-Pero tu vendrás conmigo- terminó el chico sonriendo con malicia.
...O tal vez no.
Después de muchas protestas por parte de Anna, ambos se encontraban afuera de su departamento en camino a la tienda de comestibles. Len la llevaba prácticamente arrastrando de la mano. Ahora no podía decir que le fastidiaba del todo. Ver a su novia enojada era algo que de alguna manera le divertía.
-Espero que no tardemos, estoy muy cansada y tengo hambre... por cierto tu cocinas hoy.-le recordó la rubia.
-Claro. Sabes, siempre deberíamos venir a hacer las compras juntos ...- sugirió con una sonrisa el joven.
Anna sólo le dirigió una mirada de fastidio.
En pocos minutos llegaron al supermercado, pues no estaba muy lejos del departamento.
-Bueno ¿que nos hace falta?-preguntó Len mientras veía de un lado a otro.
-Creo que huevos, pan, queso, leche, jugos... ¿me estas prestando atención?-cuestionó al percatarse de que el chico se encontraba algo distraído.
-¿Eh? Si, si, mejor empecemos antes de que se haga más tarde.
-Sí, tienes razón.
Ambos empezaron su recorrido y después de unos 15 minutos los jóvenes se encontraban por fin en la sección de lácteos.
-Creo que ya puedes ser feliz, estás en el paraíso, Len. Escoge la leche y vámonos que aquí hace frió- le dijo la rubia mientras miraba detrás de ellos con curiosidad.
-Ja, ja, ja, que graciosa. – dijo sarcástico mientras ponía su atención en buscar su bebida favorita.
Anna sintió un escalofrió horrible al observar como tres chicas de su misma edad los observaban fijamente. Desde donde estaba podía escuchar sus risitas tímidas y el leve sonrojo que les llenaba la cara. Y ese escalofrío se convirtió en una pequeña ola de calor al observar con detenimiento que no era a ellos a quienes veían, esas niñas dirigían sus miradas mal disimuladas únicamente hacia Len quien no notaba en absoluto sus presencias.
La rubia frunció el ceño y una indescriptible cólera la invadió al verlas acercarse. Se giró levemente y jalando del brazo a Len le preguntó si ya había terminado.
-Si, creo que eso es todo aquí. Vamos por el pan.- le respondió y ambos se marcharon.
En lo que transcurrió de las compras las niñas fastidiosas parecían seguirlos a todos lados. Y cada vez se acercaban más y su ojos no dejaban de observar a Len. Anna sintió algo de desesperación pues no soportaba que los siguieran y estaba a punto de decirles que los dejaran en paz cuando algo cruzo su mente. ¿Acaso la furia y ese resentimiento que se iban extendiendo cada vez más podían ser... celos?
Rápidamente descartó la idea, ella no era celosa. No había manera de que se pusiera celosa por una tontería como esa. Len era un chico muy guapo, de eso estaba conciente, pero si se llegaba a enterar que por alguna razón lo celaba, su orgullo se vería afectado.
Así que no eran celos...no... ¡¿pero que?!
Esas antipáticas seguían detrás de ellos y sus ojos clavados en SU novio.
Anna no lo pensó dos veces antes de mandarles una mirada fulminante. Pero al parecer ellas no se percataban o eran tan descaradas que no les importaba en lo absoluto.
La rubia las seguía mirando con insistencia, tratando de intimidarlas pero nada resultaba. Sólo esperaba que terminaran rápido para poder irse.
-Anna... Anna, ¿me estas escuchando?... ¿qué es lo que ves?-preguntó el joven y dirigió su dorada mirada hacia la dirección en que la rubia mantenía su atención.
Y lo que encontró ya se lo esperaba.
Eran las mismas latosas que lo seguían. Ellas eran la razón principal por la cual no le gustaba hacer las compras. Y al parecer Anna ya se había dado cuenta. Sonrió levemente ante la idea de que la rubia estuviese celosa, eso era algo que le gustaría ver.
-¿Quiénes son ellas? ¿Las conoces?- preguntó con inocencia, aparentando no saber quienes eran aquellas jóvenes.
-¿Qué? Claro que no, ¡Y no las mires! No ves que nos han estado siguiendo toda la maldita tarde.- dijo irritada al ver como suspiraron al instante en que Len las miró.
-¿Enserio?- se hizo el desentendido sólo para comprobar que la rubia reaccionaría como el esperaba- No me había dado cuenta- dijo mintiendo mientras se dedicaba a mirar un par de frutas al frente de él.
-Debes estar bromeando- le dijo mirándolo sin creerle-Nos han seguido desde que llegamos, ¡claro que te has dado cuenta!
-¿Qué te hace pensar eso?-preguntó curioso con una pequeña sonrisa arrogante en sus labios.
Anna rápidamente frunció el ceño ante su respuesta. Era más que obvio que él se había dado cuenta. Al parecer le agradaba el hecho de que esas chiquillas lo siguieran y admiraran, lo que le inflama el ego cada vez más, cosa que a Anna no le gustaba nada. Lo que ella no sabía era que a Len le fastidiaba hasta el punto de aburrirlo, pero ver que su novia se moría de celos era algo que no se apreciaba todos los días.
-Como si no te conociera... ¡Te habías dado cuenta que nos seguían y tu no decías nada!
-¿Qué querías que hiciera? Ellas tienen buenos gustos, eso no hay que olvidarlo.-comentó arrogante.
Ese último argumento disgustó a la chica más de lo que Len esperaba. Esta bien, talvez había sido demasiado altanero.
Se escuchó un fuerte golpe por el pasillo del supermercado seguido de la insípida presencia del silencio.
-Eres un idiota, arrogante y cínico, Len Tao- después de haber descargado su coraje, se dirigió hacia las chicas que contemplaban la escena, estupefactas. Anna pasó cerca de ellas, y sin detenerse ni mirarlas les dijo- ¿Por qué no le toman una foto? Esas duran mucho tiempo.
El joven de ojos pardos se quedó parado en el mismo lugar, muy sorprendido de lo que había pasado y aún tratando de digerir que su novia le había proporcionado una cachetada en frente de todos, cosa que no pasaba muy a menudo.
Bueno, eso era algo que no sabía de ella. Anna era celosa, muy celosa. Y él tenía la culpa de su golpe por haberla provocado, error que nunca volvería cometer.
Suspiró y caminó en la dirección por donde la rubia se había ido, esperando que no se encontrara muy lejos.
Caminaba colérica hacia la puerta del supermercado. Jamás se hubiera imaginado una respuesta así por parte de Len.
-Es un engreído, ¿como puede decir eso?
-Anna, espera un segundo-pidió el chico antes mencionado sujetándola del brazo.
-Mejor termina de hacer las compras, estoy segura que deleitaras a más de una.-sus palabras eran veneno puro, y él lo sabía muy bien. Esta situación ya no le era divertida, no cuando su novia empezaba a hacer certeras indirectas.
-Sabes bien que lo que dije no era en serio, sólo estaba...
-¿Estabas que?-preguntó algo amenazante arqueando una ceja.
-Sólo quería ver tu reacción, era todo.
¿Así que la estaba probando?
-¿Y bien? ¿Acaso fue de tu agrado?-
-En realidad no lo estoy disfrutando mucho- dijo sincero sin poder evitar que un tono de arrogancia se combinara con su voz.
-Pues que lastima.- le dijo la rubia y a continuación dio media vuelta para irse, lo cual Len no permitió.
-Vamos Anna, no te molestes -continuó mientras la tomaba del brazo y la acercaba a él, lo suficiente como para poder susurrarle- Sabes que eres la única que puede hacerme rogar si quiere, así que por favor ten piedad y espera a que termine para irnos ¿si?.
Era una petición simple, pero el tono que el joven utilizo para con ella fue tan suave y persuasivo que pareció surtir efecto en la chica de ojos negros pues hizo que se calmara y aceptara no sin antes mirar de soslayo al Tao e indicarle que se apurara.
Después de un par de minutos ambos se encontraban a fuera de la tienda camino a su departamento. Ella estaba unos pasos delante de el, evitando hablarle. Aunque hubiese pasado mucho tiempo la rubia no se podía olvidar fácilmente de su orgullo.
Por suerte, cuando se trataba de Anna, el joven Tao no se acordaba de lo obstinado que era.
-¿Acaso no piensas dirigirme la palabra en toda la noche?-preguntó cuando llegaron al departamento. Después de esperar una respuesta que nunca llegó habló nuevamente.
-Por favor, Anna, no seas tan infantil, sólo trataba de molestarte, no tenía que pasar a mayores.
-¿Infantil? Yo no soy la que te fastidia para divertirme un rato-dijo enojada, preguntándose porque siempre tenóa que aguantarlo de esa manera.
Sin previo aviso el joven de cabellos negros se le acercó y la rodeo en un fuerte pero tierno abrazo.
-Sabes que no lo hago a propósito. Me encanta cuando te pones de ese humor. Creo que se ha vuelto algo mecánico hacerte enfadar.-respondió con una sonrisa seductora la cual no pasó desapercibida por la hermosa rubia quien se sintió algo sofocada debido a leve sonrojo que le cubría la cara. Ah si, por eso lo aguantaba.
-Pues espero que ese hábito desaparezca por tu bien- contesto mientras le devolvía el gesto.
Con serenidad el apuesto joven se fue acercando a ella hasta poder juntar sus labios en un sutil roce, el cual hizo a la rubia suspirar. No contento con eso Len la sujeto con fuerza atrayéndola más hacia su cuerpo, y aprovechando la cercanía, profundizó el contacto de sus labios obteniendo total acceso al interior de la rubia.
Ella se dejaba llevar olvidándose de lo que pasaba a su alrededor, concentrándose únicamente en los cálidos besos y las deliciosas caricias que su novio le otorgaba a su cuerpo. Después de interminables segundos, ambos se separaron, sin alejarse mucho el uno del otro. Sólo la voz del pelinegro se dejó escuchar.
-Perdón por haberte hecho enfadar.
-Disculpa aceptada- respondió abrazándolo nuevamente- Por cierto, de hoy en adelante, haremos las compras juntos.
-Esa idea me gusta ¿pero sabes? no hay nada de malo con que te pongas celosa una que otra vez, es nor...-
-¡Yo no me puse celosa!-
Luego se eso se escucharon colisionar varios objetos en las paredes. Todo porque él no pudo quedarse callado. Pero en fin, pelearse no era novedad entre esos dos. Y ahora Len había encontrado un nuevo método para hacer enfadar a su novia: Tenerle presente a cada tiempo y lugar lo extremadamente celosa que era.
